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viernes, 25 de agosto de 2023

Persecución

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

La Iglesia Católica atraviesa en Nicaragua por sus más difíciles momentos. Su verdugo ha resultado ser su antiguo socio de la revolución sandinista, Daniel Ortega, quien ha encarnado en la vida real el famoso adagio popular: “no hay cuña que más apriete que la del propio palo”.

A mediados de los 70 el pueblo nicaragüense ya no aguantaba más la dinastía de los Somoza. Las injusticias reflejadas siempre en estos males propios de nuestra gente: pobreza, desempleo, hambre, carencia de educación y salud, violencia, violación de derechos humanos, se convirtieron en el caldo de cultivo perfecto para que el sufrido pueblo se sublevara y soñara con un mañana mejor. La revolución sandinista se convirtió en la mejor opción y un sector importante de la Iglesia decidió apoyarla abiertamente, tan decididamente que cuando asciende al poder en 1979, entre sus líderes sobresalen en altos cargos del Estado varios sacerdotes, recuerdo entre otros a Miguel D’Escoto como Canciller, Ernesto Cardenal como ministro de Cultura y su hermano Fernando, jesuita, como ministro de Educación.

Sin embargo, tan romántica relación comenzó a deteriorarse relativamente pronto. El afán de poder y de querer perpetuarse en él como fuese, suscitó una distancia crítica en el seno de esa junta revolucionaria, lo que llevó a que fueran desfilando uno a uno los antiguos socios para convertirse en opositores del nuevo régimen. La visita de Juan Pablo II en 1983 terminó resquebrajándolas aún más. El pontífice tan activo políticamente en su natal Polonia regañó duramente a los que en estas latitudes hacían lo propio, pero del otro lado. Su amarga experiencia con el comunismo no podía tolerar coqueteos con un marxismo pragmático que utiliza y manipula todas las formas de lucha para hacerse al poder. Treinta años después la historia le dio la razón y hoy, muchos de los que colaboraron con Ortega, están arrepentidos.

Ortega se ha ensañado con sus antiguos amigos. Ha profanado templos, ha expropiado bienes, expulsado religiosos y sacerdotes extranjeros, cerrado ONG de ayuda internacional, encarcelado obispos, desterró al Nuncio meses antes de romper relaciones diplomáticas con el Vaticano. La semana pasada confiscó la UCA, acusándola de promotora del terrorismo, entre otras cosas. A la misma que en momentos de efervescencia le otorgara un doctorado Honoris causa, ahora le quitó la personería jurídica a la Compañía de Jesús.

Dicen que “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. Lo más triste es que conocemos esa historia y la repetimos, no sé si por deliberada terquedad o por estupidez crasa. La Iglesia Católica se mueve siempre en “delgadas líneas rojas”, fronteras no siempre claras y definidas, que la obliga a no cohonestar con las antievangélicas malas prácticas que atenten contra la dignidad humana y los valores que promulga. Y eso hace que tome distancia de aquellos que en su momento fueron sus amigos, llámense de derecha o de izquierda, del partido o corriente política que sea. Eso es lo que no puede aceptar el amnésico Ortega que hoy procede igual o peor que el Somoza que derrocó. A ver si aprendemos, aunque seamos viejos. Ojalá no sea tarde y todavía estemos a tiempo, espero.

jueves, 20 de octubre de 2022

Vigía: entre lo inmoral y lo geopolítico

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda*

El desbarajuste moral del gobierno Ortega-Murillo está certificado no solo por la OEA sino por la Unión Europea, que declaró persona no grata a la embajadora nicaragüense Zoila Müller en retaliación por la expulsión de la diplomática Bettina Muscheidt, a lo que se agrega el “rechazo absoluto” de Managua al embajador norteamericano Hugo Rodríguez; la calificación de injerencista a la diplomática neerlandesa para Centroamérica; la exclusión del Nuncio apostólico y la señalación del Papa como “santo tirano”.

Diplomacia y moral

El pasado 12 de agosto, Colombia y Nicaragua estuvieron ausentes de la sesión extraordinaria que culminó con una sanción de la OEA a Managua por su violación a los DDHH, especialmente contra la iglesia católica, 7 de cuyos sacerdotes siguen retenidos por la dictadura mientras 18 monjas teresianas han tenido que buscar refugio en la vecina Costa Rica.

El Palacio de Nariño en Bogotá informó de una orden directa y expresa de Petro y su canciller Leyva para tal ausencia, “por razones humanitarias”: 21 presos políticos, entre ellos cuatro aspirantes a la Presidencia y unas 200 organizaciones humanitarias purgadas, entre ellas la Academia Nicaragüense de la Lengua. Se habló en el momento de una censura del nuevo canciller, con quien nos encontramos en Lima recientemente. La misma se hizo a puerta cerrada el pasado septiembre 09 y, retractándose, el canciller aclaró que “Se va a firmar una moción de condena en Ginebra junto a 52 países y Colombia va a firmar. Hay que condenar al señor Ortega”; “El obispo encarcelado en Nicaragua (monseñor Rolando Álvarez) no tiene nada que ver con el caso de La Haya”, remató el diplomático. No mencionó su interés en firmar una carta posterior que adhiriera a la condena mayoritaria de la OEA. En el entretanto, la justicia argentina investiga a la dictadura centroamericana por crímenes de lesa humanidad.

Desde el pasado 21 de septiembre, Ortega-Murillo había nombrado su embajador en Colombia, un veterano diplomático con experiencias en Irán, Yugoslavia, Ecuador y Costa Rica. El 3 de octubre, el recientemente nombrado embajador de Colombia en Managua, se posesionó. Algo turbio pero discreto, corre entre Petro y Ortega-Murillo, vía Leyva y Muñoz.

El asunto geopolítico

El 4 de octubre, la Corte Internacional de Justicia de La Haya conminó tanto a Colombia como a su contraparte “nica”, a que eviten consideraciones estrictamente técnicas sobre la solicitada extensión de 200 millas de Zona Económicamente Exclusiva adyacente a los cayos e islas circundados por el nuevo mar nicaragüense, lo que podría extender la soberanía del país centroamericano a proximidades a Cartagena. La misiva, dirigida a Arrieta y su coagente Cepeda, quienes renunciaron a los pocos días de la llegada de Petro a la presidencia, deja al canadiense Donald M. McRae, juez ad hoc de Colombia ante la CIJ, como el pilar visible de la defensa jurídica del país frente al embate consistente de Nicaragua. A escasas semanas de una nueva ronda de alegatos, no se sabe aún quiénes serán los designados para representar a la nación en La Haya, generando una gran incertidumbre sobre los intereses geoestratégicos de Colombia en su soberanía marítima.

En una charla con el almirante en retiro Roberto Serrano, nos explicó los eventuales aportes novedosos que su hijo, establecido en La Haya desde que dejó la Escuela Naval, podrían hacer gracias a la aplicación de un artículo de la reglamentación de la misma Corte, que permite revisar fallos a la luz de nuevos descubrimientos. Escuchado por almirantes retirados asesores del grupo legal autocesado, no parece que tales hallazgos hayan sido lo suficientemente sólidos para convencerlos. El fallo de los 75 mil kilómetros cuadrados de mar, quedará en firme el próximo mes de noviembre.

Tanto Petro como su canciller oportunista, guardan silencio mientras los militares retirados y activos, primeros interesados en la soberanía nacional y la ciudadanía en general, miran con preocupación el futuro inmediato. ¿Perderemos la soberanía económica de esa parte marítima del Caribe? ¿Se armará un rifirrafe aeronaval, ahora que Rusia hace fuerte presencia en Nicaragua, con el apoyo de Cuba y Venezuela? Aprovechando la afinidad ideológica con Petro, Maduro, Díaz-Canel y Ortega-Murillo, ¿“dejarán así” este litigio estratégico?

Aislada moral y diplomáticamente, la dictadura no pasa por su mejor momento y será difícil encontrar en el futuro una Nicaragua más propensa a ceder en sus intereses geoestratégicos en el mar caribeño. Difícil perspectiva para la geopolítica regional, decidida desde Europa, desde donde se insiste en un tratado binacional.

jueves, 25 de agosto de 2022

Vigía: soberanía en riesgo en el Caribe

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda

Si son comunes los asesinatos de cristianos en Oriente Medio y África, ya es tiempo de entender que en América central existe un país con una dura persecución contra sus practicantes católicos. Se trata de Nicaragua. El nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag fue expulsado en marzo; unas 18 monjas de la Asociación Misioneras de la Caridad, de la orden de la madre Teresa de Calcuta abandonaron el país; 9 sacerdotes y otros colaboradores permanecen incomunicados en la cárcel de El Chipote; Rolando José Álvarez, obispo de Matagalpa, se encuentra reducido a prisión en su residencia familiar en Managua; 8 radioemisoras y 3 tele canales cristianos fueron cerrados y un sin número de fieles han sido detenidos e interrogados por las fuerzas policiales de Ortega y su esotérica esposa Rosario Murillo.

Ante el pedido de 17 organizaciones opositoras, el reciente llamado papal a una charla entre el gobierno y la iglesia católica nicaragüense fue claro, aunque repetitivo: "Quiero expresar mi convicción y mi deseo de que, a través de un diálogo abierto y sincero, se puedan encontrar las bases para una convivencia respetuosa y pacífica" dijo Francisco en su discurso del pasado domingo.

Lo anterior palidece frente a la cruda realidad de la ausencia de Colombia en el Consejo Extraordinario de la OEA que condenó la histórica reacción del gobierno nicaragüense frente a las críticas sazonadas del púlpito católico. Con 27 votos afirmativo, 1 en contra, 4 abstenciones y dos ausencias, las de Colombia y Nicaragua, la sesión extraordinaria del Consejo culminó con una condena generalizada a la tiranía de Ortega-Rosario por “hostigamiento” y violación a los derechos humanos.

El recientemente designado embajador en ese país, exparlamentario León Fredy Muñoz, fue retenido en el aeropuerto José María Córdoba, el 31 de mayo de 2018, con 146 gramos de cocaína. Un delincuente frente a las leyes actuales y quien ya está llamado a responder por su delito por la Corte Suprema de Justicia. El embajador ante la OEA, magistrado Luis Ernesto Vargas, tampoco apareció en el evento, siendo la colombiana una de las más nutridas delegaciones de país alguno. La cancillería explicó que la no presencia de estos personajes se debió a que no tenían el reconocimiento oficial como representantes diplomáticos de Colombia ante las autoridades de la embajada de Nicaragua y de la OEA. Vanas justificaciones y débiles argumentos frente a un severo riesgo contra nuestra soberanía pues, si como dijo el presidente electo habrá que cumplir el fallo de la Corte de la Haya sobre los nuevos límites marítimos en el Caribe, las cartas parecen estar jugadas frente a sus compinches de Nicaragua y Venezuela.

En la actualidad existe un litigio pendiente ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, del 16 de septiembre del 2013, para una delimitación de la Plataforma Continental Extendida, más allá de las 200 millas. El otro, del 26 de noviembre del 2013, por supuestos incumplimientos al fallo del 2012, ya fue aclarado por la mencionada Corte.

El ex embajador de Estados Unidos en el país centroamericano, Arturo McFields, hizo una declaración pertinente: “Colombia todavía, si lo quiere, puede mandar una carta a la OEA y pedir que lo pongan como patrocinador de la resolución en contra de Ortega y pedir que su voto cuente a favor de la condena a los abusos de derechos humanos. Todavía está a tiempo de redimirse; eso sería algo extraordinario”.

Y el empresario cristiano brasileño Leandro Ruschel dijo: “Haciendo aún más claro su alineamiento con el movimiento totalitario de extrema izquierda en América Latina, Petro ordenó a sus diplomáticos abstenerse de la sesión de la OEA prevista para condenar los crímenes de Daniel Ortega en Nicaragua”.

“La posición de Colombia frente a la situación en Nicaragua, al abstenerse de condenar la aberrante y violación sistemática de derechos humanos del gobierno de Ortega, es una gran vergüenza…”, trinó el 14 de agosto el excandidato presidencial colombiano Sergio Fajardo.

Y tras esa timidez, va la cesión de soberanía como lo ha hecho el país desde 1810, entregando un 54% de su suelo a diferentes nacionalidades, inclusive a la nicaragüense.

viernes, 19 de agosto de 2022

Así paga el diablo...

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

La dictadura en Nicaragua es tan evidente como descarada. Daniel Ortega, quien en otrora fuera uno de los líderes de la revolución popular sandinista, hoy día, apoltronado en el poder, ha olvidado los principios revolucionarios que un día lo inspiraron y se ha convertido en un tirano. No exagero si afirmo que eso pasa en las derechas y en las izquierdas y que es un mal genético de quien se queda en el poder por mucho tiempo. Y si no pregúntele a Fidel o a Pinochet, tan diametralmente opuestos en lo ideológico, como parecidos a la hora de hacerse sentir como capataces de sus pueblos.

Por eso desde estas líneas manifiesto mi malestar con la posición que adoptó la delegación colombiana en la OEA, al final de la semana pasada, cuando optó por retirarse de la sesión donde se condenó a Nicaragua por la violación de derechos humanos. Esa falta de compromiso con la carta fundamental deja mal sabor diplomático. No entiendo qué pretensiones hay con esa actitud de querernos congraciar con la dictadura de Ortega. ¿Bajar la tensión por el conflicto que tenemos en la corte de La Haya a propósito de San Andrés y sus cayos?, ¿entrar en el club de la izquierda latinoamericana haciéndose pasito con uno de sus exponentes? Mala cosa, porque la consistencia del discurso tiene que ser la misma aquí y acuyá. Uno no puede protestar aquí y hacerse el de la vista gorda allá. Derechos humanos fundamentales son los mismos para unos y para otros. No puede haber distintos raseros.

Ortega, el gran detractor de Somoza en los 70, hoy es su réplica empeorada. Uno a uno fue sacando a codazos a sus compañeros de revolución, uno a uno ha ido echando a la cárcel a todos los que no piensan como él, una a una ha cerrado decenas de instituciones y ONGs, una a una ha expulsado comunidades religiosas y ahora ataca ferozmente a la iglesia católica, esa misma que un día lo apoyó en su lucha revolucionaria y estuvo en la junta que ganó la revolución en 1979 con personajes como De Escoto y los hermanos Ernesto y Fernando Cardenal. “Así paga el diablo a quien bien le sirve”, sentencia la máxima popular. Así paga el diablo de Ortega y su siniestra esposa que buscaron el poder, no para servir al pueblo sino para lograr sus siniestros propósitos.

Los principios y valores que el evangelio defiende deben permanecer incólumes, llueva, truene o relampaguee. No son plastilina manipulable al caprichoso vaivén de los de turno, o de sus estados anímicos, o de las conveniencias ideológicas y políticas. Deben conservar su libertad e independencia, su frescura y conciencia crítica. Cuando la Iglesia le da por jugársela tomando partido por un partido político no le va bien, nunca le ha ido bien, porque su servicio no es al poder de la fragilidad humana, sino a la causa del Reino que predicó Jesucristo. Ahora, la Iglesia nicaragüense, vilipendiada y humillada, perseguida y ultrajada por el régimen ha decidido no claudicar, no dar el brazo a torcer, mantener la frente en alto y seguir adelante. Su causa no es politiquera, su razón de ser es esencialmente religiosa para promover la vida, la dignidad humana, la verdad, la justicia, la paz, el amor. Lecciones de vida que se repiten para que aprendamos, de una vez por todas.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Gobierno del partido cuyo nombre es tabú

Por José Alvear Sanín

Tabú: (del polinesio). Lo prohibido: condición de las personas, instituciones o cosas a las que no es lícito mencionar o censurar (DRAE).

Este 9 de agosto hay que recordar que el Partido Comunista es un movimiento global, cuyo propósito es el establecimiento de la dictadura del proletariado mediante la combinación de todas las formas de lucha. Está dirigido por un pequeño grupo clandestino de revolucionarios profesionales. La democracia representativa, el derecho, las libertades, religiosa, económica y de pensamiento, así como la propiedad privada son, para ellos, mecanismos de las clases dominantes, las cuales deben ser exterminadas. Todo dentro de la revolución; nada, fuera de ella.

El fin justifica todos los medios para hacerla posible, empezando por el terror, que se ejerce de manera implacable para obtener la obediencia de las masas.

Siempre los regímenes comunistas han significado muerte, caos, hambre y despotismo. Un centenar de millones de víctimas, en Rusia, China, Corea del Norte y Vietnam…

En América Latina el castro chavismo es la corriente vigente. Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia exhiben los horrores del comunismo, y sin embargo Perú, Chile, y ahora Colombia, han elegido personajes leninistas para replicar la experiencia venezolana.

En estos países no se menciona por parte alguna el comunismo. Su nombre es tabú, porque son tantos y tan inocultables sus horrores que nadie votaría por ellos. Tienen entonces que camuflarse con rótulos cándidos, electoralmente atractivos. Así, se presentan como inocentes coaliciones de movimientos pacíficos e inocuos.

En efecto, en Chile son “Convergencia Social”; “Perú Libre” es el partido de Pedro Castillo; en Bolivia, “Movimiento al Socialismo – Soberanía de los Pueblos”; “Frente Sandinista de Liberación Nacional”, en Nicaragua; el “Partido Socialista Unido de Venezuela” es el de Maduro; y ahora llega en Colombia el “Pacto Histórico”.

En agosto de 2018, los medios masivos en este país, infiltrados todos ellos, titularon que la centro derecha había triunfado sobre el centro izquierda de Petro, en lugar de decir que la libertad había triunfado sobre el comunismo.

Algo hemos progresado hacia el conocimiento de los hechos, porque ahora Petro no es de centro izquierda sino de izquierda.

Ahora todos en Colombia están hablando solo de izquierda. Entiendo el disimulo tabuítico de los mamertos y también el mecanismo eufemístico de los demás, que hablan de izquierda para no reconocer que ha llegado, para quedarse, el comunismo.

Hacerle el duelo a la democracia moribunda es algo terrible. Por lo tanto, el reconocimiento del hecho fatal será gradual. Llegará cuando la ilusión de que aquí habrá un socialismo democrático se desvanezca ante el avance destructor y rápido de la revolución.

El único consuelo que nos queda es saber que habrá muchos años para el arrepentimiento: los unos, por no haber sabido oponerse eficazmente a Petro; los otros, por haber votado por él.

jueves, 16 de junio de 2022

Vigía: geoestrategia y programas

Coronel John Marulanda
Por John Marulanda*

Desapercibida en medio de la contienda electoral, se escurrió la noticia de la presencia de soldados, barcos y aviones rusos en Nicaragua. Desde hace casi tres décadas (primer gobierno sandinista 1979-1990), el país centroamericano viene coqueteando con el Kremlin y hacia 2014 se habló de la dotación de 10 vetustos tanques rusos T2 al autoritario Ortega y su esotérica esposa Rosario.

Ayer nomás, fue aprobado por la asamblea orteguista un decreto presidencial publicado el 07 de junio en el Diario Oficial del país, que renovaba la solicitud del dictador para la presencia de tropas y aprestos de guerra rusos con el objeto de “participar en ejercicios de adiestramiento e intercambio en operaciones de ayuda humanitaria”, en los espacios de Nicaragua en el Mar Caribe y en sus aguas jurisdiccionales. Tal autorización va del 1º de julio hasta el 31 de diciembre del presente año.

El orteguismo, que silencia voces como la de la Academia de la “Lengua cortada”, según dice Sergio Ramírez, mientras celebra el día del idioma ruso en Managua y León, también acoge la estación terrestre del Sistema Global de Navegación por Satélite (Glonass), una enigmática estación instalada desde 2016 cerca de la laguna de Nejapa, que se presume sea un centro de espionaje. De manera que Nicaragua, por todos lados, es una plataforma al servicio de Rusia, al igual que Venezuela y Cuba.

Con esos tres alfiles equipados militarmente por Moscú, pareciera que los motivos de la presencia rusa conllevan razones más oscuras, especialmente cuando una vocera en la televisión rusa dijo que “si los sistemas de misiles estadounidenses casi pueden llegar a Moscú desde el territorio ucraniano, es hora de que Rusia despliegue algo poderoso más cerca de las ciudades estadounidenses”. Sería como la reedición de la crisis de los misiles cubanos a principios de los 60. Lo que sí es claro, es el progreso propagandístico a través de RT (Russia Today) cadena televisiva que ofrece sus noticias en 23 países y en más de 300 proveedores de televisión por cable en la región, a través de su supérstite venezolana Telesur. Para el profesor Vladimir Rouvinski, “Moscú (…) parece estar ganando terreno en la batalla por la mente de los latinoamericanos”. Y cuando hablamos de mentes, hablamos de política.

Las frías relaciones Petro-EU han llevado a que uno de sus lugartenientes muestre su intranquilidad porque “la embajada americana o la DEA tengan como agenda impedir que Petro sea presidente”, dice quien tuvo una reunión con Terry Steers-González, consejero de Asuntos Políticos de US en el país: “Él ha hablado con Petro varias veces”, contó el alguacil petrista. “… Sepamos que hay una animadversión clara” remata. El candidato, asesorado por el comunista Sebastián Guanumen, proclama que hará ajustes a los roles de las misiones en la llamada “Doctrina de seguridad nacional”, que en su última encantadora carta a los soldados de tierra, mar y aire, titula “Política Integral de Seguridad”; asegura que impulsará la eliminación del fuero penal militar y muy probablemente se unirá en una abrazo solidario y revolucionario con sus pares Maduro, Diaz-Canel y Ortega, convirtiendo esta parte del continente en una plataforma “anti imperialista”, de la mano de Irán. Como Venezuela. La misiva de antier, dicho sea de paso, llena de melosidades y promesas irrealizables, muestra el camino clásico de los comunistas: enmelar a sus aparatos de seguridad para garantizar su lealtad como guardias pretorianos. Como en Venezuela.

El otro candidato, por su lado, señala que hay que definir una política clara que integre las necesidades de compra y modernización del equipo militar.

En un mundo convulsionado por la agresión rusa a Ucrania, “Inicio de la tercera Guerra mundial”, según el Papa, en proceso de reestructuración de alianzas internacionales, con graves amenazas económicas gravitando sobre todos nosotros, un rifirrafe marítimo fronterizo entre Nicaragua, apoyada por Rusia, Cuba, Venezuela y Colombia, eventualmente apoyado por US y otros países, a lo largo del meridiano 82 ¿estarán nuestras fuerzas aeronavales preparadas para defender ese espacio marítimo vital? Una circunstancia como esa puede enrarecer el mandato de quien sea electo, que esperamos sea RH. “Habría que ver también qué impacto podría tener frente al proceso electoral que está en marcha y que entra en su recta final” como plantea el general (R) Lemus Pedraza en su chat.

La pregunta es si frente a ese escenario geopolítico marítimo, los dos finalistas para la segunda vuelta han ofrecido algo con previsión estratégica o cederán ante el asedio de potencias extracontinentales como Rusia, precisamente. La respuesta la tendremos este venidero y tenso 19.

martes, 3 de mayo de 2022

De cara al porvenir: de fallo en fallo

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

“Perder es ganar un poco” dijo hace algunos años el doctor Francisco Maturana y llovieron las burlas y las críticas. Ahora, los miembros del equipo de defensa de Colombia ante la Corte Internacional de La Haya y, para mayor vergüenza, el presidente de la República, celebran el fallo de dicho organismo como si se tratara de una decisión favorable para el país. Aunque en tiempos de posverdad nada debería sorprendernos, resulta lamentable que se pretenda distorsionar la realidad dando vueltas y vueltas a argumentos y razonamientos peregrinos. Da pena ajena ver al señor Carlos Gustavo Arrieta haciendo malabares para que los colombianos pensemos que su labor ante La Haya fue impecable y que se obtuvo un gran resultado.

Este doloroso asunto en que se perdieron 75.000 kilómetros cuadrados de aguas y podría perderse un significativo espacio de plataforma continental, ha estado plagado de desaciertos desde el principio y cuando en 2012 se profirió un fallo desfavorable para el país, como suele suceder, los responsables históricos pasaron de agache. Decisiones que debieron tomarse oportunamente cuando Nicaragua presentó su demanda en 1998, no se tomaron y quedamos sometidos a la decisión de un tribunal internacional, muy respetable, por cierto, para luego optar por la impresentable posición de no aplicar la sentencia, lo que en otras palabras se traduce en incumplirla. El nuevo y reciente fallo del mismo tribunal, aunque se quiera interpretar amañadamente en otro sentido evidencia las consecuencias del incumplimiento prohijado por nuestros gobernantes. Qué mal ejemplo incumplir fallos de tribunales legítimos a cuyas decisiones nos sometimos voluntariamente. ¿Qué diríamos si la sentencia del 2012 hubiera sido en nuestro favor y Nicaragua la estuviera incumpliendo?

Capítulo aparte merecen las declaraciones de uno de los candidatos más opcionados para ocupar la Presidencia de la República. No sé si por convicción, por desconocimiento o por el populismo propio de todas las campañas, el candidato Federico Gutiérrez manifestó que no negociará con Nicaragua –como lo recomienda el fallo– porque Colombia es una democracia y Nicaragua es una dictadura. Qué miopía y qué despropósito. Nicaragua podrá ser una dictadura, pero es un vecino y con los vecinos hay que coexistir y, si es del caso como en temas limítrofes, hay que negociar. Si esa es la visión de las relaciones internacionales del país para el nuevo cuatrienio, se confirma que todo es susceptible de empeorar.

jueves, 24 de marzo de 2022

Vigía: elecciones y ciberguerra

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Parece ser lo que está en desarrollo en Europa: guerras emblemáticas que se han librado en países limítrofes de las áreas de influencia de las grandes potencias, tal es el fenómeno Rusia - Ucrania. A su vez, Colombia, Nicaragua y Cuba forman parte de un cinturón de defensa cercana de US, afectado por los intereses zaristas rusos. Y ahora que el Kremlin insiste en bombardear a Mariupol, mucho se habla sobre la eventualidad de Rusia enviando activos y tropas a Venezuela y tecnología a Nicaragua y Cuba. Rusia mantiene cuatro estaciones de seguimiento satelital a su sistema de posicionamiento global Glonass, tres en Brasil y una en Nicaragua, en las orillas del lago de Nejapa; China custodia una estación militar de exploración del espacio profundo en Neuquén, Argentina, mientras sus miríadas de barcos pesqueros invaden nuestras aguas del Pacífico e Irán sostiene en Venezuela el mayor centro operativo mundial de Hezbolá fuera de su área de influencia.

Pero existe un elemento adicional que en el pasado no se conocía: las redes sociales. Cubrimiento global, instantaneidad y miles de millones de usuarios conforman ese andamiaje de las tales redes, síntoma inequívoco de nuestro tiempo. En medio de la desconfianza generalizada por los resultados electorales y por el registrador –que recuerda a Tibisay Lucena-, la fuga de alias “Matamba” y la visita de delegados de Biden a Maduro, la ciberseguridad pareciera olvidarse, ignorando los recientes ataques cibernéticos al DANE y al Invima.

Virtualidad, algoritmos, IA, IoT, 5G, Instagram, YouTube, WhatsApp, Snapchat, TikTok, WeChat, Messenger, iMessage, Multitasking, fake news, Amnesia digital, DDoS, criptomonedas, se confunden en un mundo en donde se mueven 65 millones de mensajes por minuto vía WhatsApp, con una fuerte actividad de phising, hackeo, suplantación de identidad, Ramsomware, extorsión, secuestro o robo.

Según el último informe del Foro Económico Mundial, en el primer semestre del 2021 los ataques cibernéticos crecieron un 151%. Y la desinformación produjo unos 2.600 millones de dólares aproximadamente, como registró Newsguard y Comscore. De acuerdo con una encuesta de Forrester Research Inc., en 2021, el 66% de los adultos estadounidenses usaron Facebook semanalmente y según EMarketer, las aplicaciones de mensajería fueron utilizadas por casi 3 mil 100 millones de personas en 2021, unos 500 millones más que en 2019.

Las interferencias de Pekín y Moscú en los diferentes procesos electorales, jaqueos a cuentas establecidas, filtración maliciosa de engañifas y cortos videos, son parte de la ciberguerra con nuevas armas a disposición de garajes o bodegas que, como en el caso de China, integran esos “batallones de cinco centavos” compuestos por cientos de jóvenes. Porque es la guerra cibernética lo que nos debe preocupar en estos momentos, dadas las denuncias públicas de injerencia cibernética en nuestras próximas elecciones presidenciales. Nos causa escozor el lavado cerebral que han venido realizando potencias extracontinentales como China, Rusia e Irán a través de sus medios masivos, RT, Sputnik, TV China, TV Iraní, Telesur, ahora que un Nuevo Orden Mundial asoma sus orejas en Europa y en estas sempiternas colonias.

Venezuela, por su lado, se ha convertido en la panoplia militar rusa latinoamericana con tanques de guerra T-90, misiles antiaéreos S-300, Pechora y Buke, aviones Sukhoi y helicópteros de combate M-35, radares estratégicos P-18 y otros accesorios de la “guerra dura” (hard warfare). Pero es en las bodegas en donde reside el mayor poder perturbador del hermano vecino, lo cual no deja de preocuparnos ante las avanzadas tecnológicas rusa, china e iraní que ponen lo mejor de su ciencia al servicio de la ideología comunista para someter a la “joya de la corona” latinoamericana. Así lo ha denunciado el expresidente Uribe en sus redes sociales, exhibiendo documentos confidenciales de la Contrainteligencia del vecino país. Además, Biden alertó el pasado lunes sobre ciberataques rusos a oficinas federales y empresas privadas en US.

La pregunta es si con Petro y su camarilla tendremos un Putin, un Jinping o un Ayatolá en Colombia; o un Castro, un Ortega o un Chávez: difícil predecir el final de esta dramática historia que estamos viviendo día a día.

Ante la opción de convertirnos en los esclavos de un nuevo Mundo Feliz o la de pelear por la defensa de nuestra vapuleada economía neocapitalista, elegiría la segunda opción; o, debido a mi edad, escogería emigrar a un país tranquilo. ”Desaparecer” en medio del carnaval triunfalista de los revoltosos que agitarán los gallardetes de su revolución, es otra elección que consideraríamos.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Vigía: Venezuela, ¿amenaza real?

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

La “blitzkrieg” rusa a Ucrania, ha puesto sobre el tapete la posibilidad de que Moscú envíe maletines nucleares tácticos a sus aliados de esta parte del mundo, para llevar perturbación a las fronteras de su archí enemigo tradicional, los Estados Unidos. Tal eventualidad, insinuada por el propio Putin y al parecer confirmadas por uno de sus vicepresidentes, el pasado febrero en Caracas, Managua y La Habana, plantea un riesgo real de una nuclearización total del mundo, poniendo en entredicho las capacidades militares tradicionales de países como Colombia, la “joya de la corona” de la región. Y es tal, por tres razones fundamentales: es el único país de la región que ha soportado cerca de 70 años de guerra irregular contra organizaciones comunistas, ha sido desde hace un siglo el gran amigo de Washington y posee una situación geoestratégica de gran valor para el subcontinente.

Colombia en la mira

Precisamente el presidente Duque alista su segundo viaje a EEUU este jueves para encontrarse con Biden, condecorarlo y probablemente plantearle la problemática geopolítica regional y la eventualidad electoral de este domingo 13. Esperemos que el mandatario norteamericano honre su disposición de hacer de Colombia su mejor aliado, tan como lo propone Bob Menéndez en su proyecto de “Colombia, principal aliado de US para la OTAN”. La reciente aparición de un submarino nuclear norteamericano que junto con un barco de guerra de ese país maniobraron en el mar Caribe al frente de Cartagena, acompañados por dos fragatas de la Armada colombiana, parece ser un buen indicio de lo que se puede esperar en este sentido. Gran parte de la parafernalia militar ruso-venezolana se movió en abril del 2021 al Apure, estado limítrofe con el Arauca colombiano, en otro capítulo de la guerra que enfrentó a células narcoterroristas de las FARC contra el ejército patriota. Ayer no más, un vasto desplazamiento de aprestos y hombres de las FANB en la “Operación Escudo Bolivariano 2022 Vuelvan Caras” fue denunciada en su página web por las FFMM colombianas, justo cuando una delegación de Washington visitó Caracas.

Amenaza a Brasil

Por otra parte, Brasil, el quinto país más extenso del mundo, ofrece una gran oportunidad para el espíritu belicista venezolano que ha movido tanques, helicópteros y mercenarios rusos a la frontera con Roraima, en donde las FARC han mantenido un campamento. Así pues, con Colombia en la mira y amenazando a Brasil, Miraflores le hace el juego al Kremlin mientras países como Cuba y Nicaragua, ayudan a conformar un triángulo pro ruso de gran impacto en Latinoamérica, especialmente por el diferendo fronterizo marítimo entre Managua y Bogotá, que puede llevar a algún tipo de confrontación armada en cualquier momento, con el apoyo inmediato de Venezuela y Cuba.

La pregunta que ronda en todos los centros de pensamiento y las academias del mundo es si habrá una nueva guerra fría en la región. Ese temor se extiende por todo el continente, particularmente con las demostraciones de las fuerzas militares venezolanas. La presencia de radares rusos P-18 en los estados Zulia, Táchira, Apure y Falcón y de militares de esa nacionalidad, han sido denunciadas por viejos amigos del régimen de Maduro, quien parece estar sacando su país de la tradicional hiperinflación.

El TIAR, la Convención de Palermo y la R2P, parecen formar parte del complejo ajedrez que tenemos al frente, en espera que la invasión a Ucrania se resuelva de alguna manera y podamos volver a un escenario previo, algo que parece, por ahora, imposible de predecir.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

AMLO o Pol Pot

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín*

No hay comunismo bueno, ni socialismo tampoco. Pero como hay versiones peores, vale la pena hablar de ellas.

El título de esta columna no es unívoco, porque implica una gradación entre el criptocomunismo incipiente y hasta ahora ineficaz de un viejo chocho, y el mayor horror político conocido hasta hoy, el de los jemeres rojos.

Antes de 1945 el único estado comunista era la URSS. Stalin superó el terror de Lenin, pero el primer dictador jamás fue el bondadoso gobernante que Kruschev pintaba por oposición al monstruo que lo sucedió.

Aun después de denunciar los crímenes de Stalin, el comunismo dominaba desde Berlín hasta Pekín, y por su nivel de atrocidad la peor dictadura era la de Corea del Norte, seguida por las de China y la URSS. Por comparación, las de Europa Oriental eran menos horribles…

Después de la llegada de Castro, en 1959, Cuba avanzaba en el ranking del terror para situarse entre China y Rusia. Luego Pol Pot se adueñó de Cambodia y su régimen superó los de Mao, Kim il-sung y Ho Chi Minh en atrocidad.

Actualmente los despotismos orientales de China y Norcorea oprimen de manera parecida a sus poblaciones, pero el control totalitario de corte tecnológico no alegra la vida de los pueblos carentes de libertad.

Ahora pasemos a la pobre Hispanoamérica, rumbo al socialismo del siglo xxi, dirigido por Cuba. Este ya está consolidado en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, y ha logrado recientemente la presidencia de Perú, Honduras y Chile. Además, cuenta con gobiernos proclives en México y Argentina y tiene buenas posibilidades de tomarse a Colombia y Brasil.

Por desgracia, en nuestro país la clase política parece resignada al posible triunfo de Petro y dispuesta a acomodarse con él. El CD está disminuido. Los señores del Equipo Colombia representan varias corrientes de la derechita cobarde, y hay otro equipo, santista, que agrupa los compañeros de ruta y los idiotas útiles…

Esta situación nos exige:

En los 85 días que nos separan de las elecciones de marzo y en los 135 que nos quedan hasta las de mayo, reclamar lucha frontal y decidida contra Petro, e Informar al país hasta dónde llegaría Petro en la escala del horror continental, si alcanza el poder.

De malo hasta peor, el socialismo del siglo xxi ofrece esta gradación: México – Argentina – Perú – Honduras – Chile – Bolivia – Nicaragua – Venezuela – Cuba.

En ningún país ese socialismo es benéfico, conveniente o democrático. En los primeros seis nombrados avanza y en los últimos cuatro ya ejerce la dictadura con mayor o menor intensidad.

Miremos ahora un posible gobierno de Petro: ¿Sería otro AMLO? ¿Otro Evo? ¿Otro Maduro?

Con seguridad que no sería igual al mexicano, porque tomaría impulso hasta convertir a Colombia en una segunda Venezuela.

Pero hay una posibilidad aún más letal, porque puede llegar a ser otro Pol Pot.

A pesar de la complicidad mediática y judicial con Petro, que se hace pasar por un reformador benévolo, enemigo apenas del “neoliberalismo”, una vez enunciadas sus propuestas descabelladas, son luego omitidas en los medios y borradas de las redes sociales.

En conjunto, lo que ese individuo propone conduce a la destrucción total del modelo económico, social y productivo del país:

Eliminar las industrias extractivas, las exportaciones y el ingreso de divisas.

Acabar con el poder adquisitivo de la moneda a través de emisiones astronómicas.

Incrementar los impuestos.

Colectivizar la agricultura.

Eliminar la industria azucarera y la ganadería.

Establecer pensiones no contributivas y cerrar los fondos de pensiones.

Eliminar las asociaciones público-privadas en obras públicas, lo que detendría el avance de la infraestructura.

Lo anterior nos exime de hablar de la renta básica universal, de la expropiación de las segundas viviendas y de la ocupación de áreas superiores a 65 m2 en ellas.

El país, entonces, con su comercio exterior reducido a la exportación de estupefacientes, tiene que repudiar la deuda externa y convertirse en un narcoestado por fuera de la comunidad financiera internacional.

Esa política de tierra arrasada conduciría al país a una revolución de tipo jemer rojo. Negarse a verlo denota criminal irresponsabilidad en los políticos y en los medios infiltrados, que siguen pintando a ese “honorable senador” como otro político normal y de “centro izquierda”…

***

Boric, muy parecido a Petro, pero sin prontuario…

***

El presidente argentino, Alberto Fernández, se ha comprometido a “acompañar, proteger y cuidar la vida de las mujeres y otras personas gestantes” (¡!)

***

Las masas nunca han sentido sed por la verdad. Se alejan de los hechos que no les gustan y adoran los errores que les enamoran. Quien sepa engañarlas será fácilmente su dueño; quien intente desengañarlas será siempre su víctima —Gustave Le Bon

viernes, 12 de noviembre de 2021

La izquierda no es mejor que la derecha

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Lo que acaba de vivir Nicaragua es realmente bochornoso, vergonzoso. Unas circenses elecciones que de antemano se sabían fraudulentas, porque el dictador encarceló a los siete candidatos que se le oponían. Ridículo.

A finales de los 70 y comienzos de los 80 la revolución sandinista era motivo de esperanzadora inspiración para los oprimidos países gobernados por déspotas y tiranos en Latinoamérica. La familia Somoza se había instalado en el poder por décadas empobreciendo al ya empobrecido pueblo nica. Los Chamorro, desde La Prensa hicieron oposición, pero fueron perseguidos, violentados, asesinados. Muchos clérigos, entre ellos el jesuita Fernando Cardenal, abierta y directamente se unieron a la causa revolucionaria, de modo que cuando cayó la dictadura la fiesta fue enorme y la alegría desbordante. Un nuevo amanecer había acontecido. El nuevo gobierno presagiaba cosas buenas: sacerdotes eran el canciller y algunos ministros. El pueblo se había sacudido del yugo y este triunfo icónico eran un hito histórico.

Tanta belleza no duró mucho y una vez más se confirmó que el poder corrompe, téngalo quien lo tenga. Porque, no nos digamos mentiras, querer el poder cuestionando a quien lo ostenta, no es para servir, sino para tener el turno de poder mandar y dirigir, para hacer lo que no se ha hecho, para tener el control de las cosas, para perpetuarse en él, para… repetir la historia. Daniel Ortega, otrora revolucionario de izquierda ha resultado peor que Anastasio Somoza. Uno a uno, los líderes del idilio fueron hechos a un lado y en los asomos de la democracia esos ideales se fueron trastocando.

El capitalismo salvaje, neoliberal indiferente, ha enriquecido unos pocos a costa de las grandes mayorías, abriendo brechas nada fáciles de superar. Los discursos populistas de corte socialista tienen allí, en bandeja, el pretexto para ofrecer un mejor mañana para todos. No es verdad. No lo ha sido ciertamente.  Qué pena, pero la revolución cubana instaló a los Castro en el poder por 60 años y si bien mostró resultados interesantes en salud educación, el precio de la libertad se pagó muy caro. La revolución bolivariana instaló a Chávez y a Maduro por más de 20 años y no parece verse al pueblo muy contento con sus resultados. En otras latitudes, cuando la oposición ha conquistado el poder, no ha sabido aprovechar su cuarto de hora para hacer un buen gobierno, mostrar gestión eficiente y evidenciar resultados. Han sido igualmente decepcionantes.

El comunismo no fue mejor que el capitalismo que tanto criticó. Tenemos que aprender en carne ajena. Las dictaduras militares y fascistas, las dictaduras socialistas y comunistas, los capitalistas rampantes, todos ellos, no velan sino por sus propios intereses. El pueblo siempre pierde y lo hace por ingenuo, seducido por floridos discursos engañosos, desesperado por el hambre y la necesidad. Nosotros, ad-portas de un nuevo proceso electoral, deberíamos parar un momento y pensar críticamente, no tragar entero, no comer cuentos. ¿Hasta cuándo la historia tendrá que repetirse?, ¿Cuándo seremos capaces de construir algo propio, novedoso, diferente, pero, sobre todo, justo y equitativo?

jueves, 11 de noviembre de 2021

Vigía: ejércitos en transformación

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

En mayo de 2013 murió el general Rafael Videla, en el baño de su celda del Penal Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires, olvidado de sus propios compañeros de armas y de todos aquellos políticos, empresarios y civiles que lo animaron a “enderezar” el rumbo del país, hoy en medio del desastre kirchnerista. Esas son las miserias del poder. En Venezuela, la muerte (¿homicidio?) del general Raúl Isaías Baduel, en la prisión de máxima seguridad de Fuerte Tiuna, presuntamente por covid-19, es una muestra de cómo actúan las dictaduras vestidas de civil mientras escarban la felicidad del pueblo. Esas son las consecuencias de las malas compañías. En Colombia, el general Jesús Armando Arias Cabrales cumple 35 años de condena por los supuestos desaparecidos del Palacio de Justicia, mientras los autores del holocausto disfrutan las prebendas del poder y uno de ellos puntea las encuestas para la presidencia. Así es la pérdida del rumbo moral del país neogranadino.

¿Desaparecen los ejércitos nacionales?

Además de los jefes militares, las instituciones castrenses también están siendo asediadas y afectadas. El miércoles 3 de este mes, en Bolivia, el presidente Luis Arce, de la cuerda del neo inca socialista Evo Morales, ha asumido el control total de los ascensos militares, excluyendo al ministro de Defensa y revocándole atribuciones para sugerir o decretar cargos en las Fuerzas Militares, aumentado de esta manera la injerencia política en la estructura castrense.

Dos días más tarde, en el Perú, el presidente Pedro Castillo ordenó el ascenso a generales de dos coroneles, hijos de un viejo amigo en su tierra natal en Cajamarca. Al negarse el comandante del Ejército por estar ya cerrada la selección, el presidente lo destituyó a él y al comandante de la Fuerza Aérea. Los militares retirados advirtieron en un comunicado, la politización del estamento militar y el proceso de desestabilización que esto significa, tanto como nombrar 10 ministros de Defensa en 100 días de gobierno.

Estos dos recientes hechos, son resultado de la estrategia del Foro de Sao Paulo para convertir los Ejércitos Nacionales de la región, a través de decisiones políticas y de nuevas doctrinas ajenas a las realidades de los países, en guardias pretorianas politizadas que garanticen la perdurabilidad de las camarillas que acceden al poder, como en La Habana desde hace 60 años, en Caracas desde hace 22 y en Managua desde hace 20. La alternancia en el poder, característica fundamental de una democracia, por supuesto que no se contempla en el ejercicio del totalitarismo marxista-leninista-maoísta, del castro-chavismo. Acaba de suceder en Nicaragua.

La “Doctrina Lleras”

Nunca, como en las actuales circunstancias, adquieren relevancia las palabras del presidente Alberto Lleras Camargo, en el Teatro Patria, el 9 de mayo de 1958: "Yo no quiero que las Fuerzas Armadas decidan cómo se debe gobernar a la Nación, en vez de que lo decida el pueblo; pero no quiero, en manera alguna, que los políticos decidan cómo se deben manejar las Fuerzas Armadas en su función, su disciplina, en sus reglamentos, en su personal...". Una clara aplicación de lo que desde 1904, Arthur Bentley había descrito en su teoría de élites y grupos de presión en cualquier gobierno, asignándole a los militares, además de su misión constitucional, un papel de defensa de sus intereses gremiales. Esta tarea, que debería recaer sobre los militares y policías retirados, desafortunadamente los encuentra por estos días dispersos y confusos en medio de una lucha política vinculada al crimen organizado transnacional.

Después de la constitución del 91 y con el nombramiento de los ministros de defensa civiles, la “Doctrina Lleras” se modificó fortaleciendo la subordinación militar al poder civil y demandando de políticos y burócratas nombrados para dirigir la seguridad nacional, un mayor conocimiento de los asuntos pertinentes. Esto, desafortunadamente, no se cumple a cabalidad y la miríada de expertos académicos y teóricos sobre la seguridad pública y la defensa nacional, ha concluido en el poco promisorio escenario colombiano y regional actuales. Y los militares y policías retirados, los veteranos, siguen esperando la oportunidad de aportar su invaluable experiencia.

jueves, 4 de noviembre de 2021

Vigía: desbarajuste funcional

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Una de las causas por la que los Estados latinoamericanos no salen de su “en vías de desarrollo” y de su enfermiza dependencia de las ayudas de países con menos recursos naturales, pero con mayor organización, es eso precisamente, la organización.

Disfuncionalidad a izquierda y derecha

A esa falencia organizativa contribuye en grado mayor la disfuncionalidad de las instituciones de los Estados, que es proverbial en los gobiernos de derecha y de izquierda. Especialmente los gobiernos de izquierda, como el de Venezuela, cuya obcecada ideologización les impide ver la realidad y priorizan la adherencia política al conocimiento y experiencia. Mentecatos de partido gerencian empresas sin conocimiento ni experiencia y los resultados están a la vista. El cuento de la “felicidad” del pueblo sigue vendiéndose para estúpidos, incautos y aprovechados. En la disfuncionalidad del Estado comunista las fuerzas militares, el ejército, tienen como prioridad misional garantizar la permanencia de la camarilla gobernante que, entre más se hunde más se aferra a las armas, institucionales o no, para defender su incompetencia. El fenómeno no es solo de Venezuela sino de Nicaragua, de Bolivia, de Cuba. En la isla, el cuento de “la dignidad”, tiene a los cubanos en diáspora, aguantando hambre y miseria desde hace 60 años.

En Colombia, un aspecto de la disfuncionalidad misional de las FFMM se ha vuelto rutina, con costos muy altos para el futuro de la estabilidad del país. Soldados que reemplazan su fusil de dotación por azadones para arrancar matas de coca, no logran relevar al país como primer productor de cocaína mientras el Ejército se convierte en rey de burlas. Cultivadores de coca y marihuana, insultan, detienen, retienen, secuestran a soldados y policías encargados de erradicar sembradíos ilegales. Machete en mano, los vocingleros representantes de los acorralados campesinos llaman estos desafueros “cercos humanitarios”. Habilidosa expresión para justificar su accionar ilegal, ilegítimo, delincuencial, a favor de las organizaciones narcotraficantes.

¿Un incidente esperando suceder?

Los militares soportan estoicamente improperios y hasta golpes. Las imágenes de un sargento comandante de pelotón arrastrado fuera de su base por indígenas desafiantes, aún perdura en la memoria. Y la de un indígena borracho colocando su machete en el cuello de un soldado armado y equipado, también persiste.

Los frecuentes sometimientos de unidades militares del tamaño de escuadras (7-8 hombres) o equipos (14-14 hombres), saltaron a pelotones y la semana pasada confinaron 6 pelotones, 180 efectivos. A este paso, los cocaleros del Cauca y del Catatumbo paralizarán un batallón entero, con comandante y plana mayor incluidos.

Los problemas de mando y conducción que generan estos incidentes harán crisis cuando algún soldado, suboficial u oficial saturado de insultos y ofensas, desesperado, haga uso de su arma de dotación. Entonces todo el peso de la prensa fletada y de la izquierda partidista y congresional, caerá sobre los militares, con el apoyo de organizaciones internacionales a quienes esos escándalos les reditúan ventajas políticas y beneficios económicos. Entretanto, las FARC y el ELN siguen aumentando su pie de fuerza y su armamento, gracias a los cultivos de coca más grandes del mundo en las fronteras con Ecuador y con Venezuela, que Duque nunca fumigó. No faltará algún “colectivo melón” (verde por fuera, rojo por dentro) que proponga cambiar los fusiles por armas no letales como dotación del Ejército, para evitar un incidente. Parece increíble, pero puede suceder. Si hasta el capo mayor del narcotráfico en Colombia, alias Otoniel, con el apoyo del senador comunista Cepeda, aspira a meterse a la JEP y quedar libre, probablemente refugiado acá en Venezuela. Porque para la izquierda continental, el narcotráfico es asunto de pragmatismo político, no es asunto moral: en La Habana logró que ese delito transnacional se convierta en conexo al delito político. De nada valdrán azadones y el desprestigio será para los militares. Disfuncionalidad que desbarajusta al Estado.

jueves, 23 de septiembre de 2021

Vigía: conflicto colombo - nicaragüense ¿solo hipótesis?

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

En el perfumado Palacio de la Paz de La Haya las delegaciones de Nicaragua y Colombia dan otra vuelta a la manivela que gira el añejo litigio fronterizo entre los dos países. Viejas discusiones que pueden darnos sorpresas, ahora que la “Caída de Kabul” irradia incertidumbres globales y Estados Unidos no pasa por su mejor momento.

El mar colombiano en el Caribe

El Caribe es la frontera de seguridad próxima norteamericana y ha sido desde siempre objetivo geoestratégico de Rusia y otras potencias. Recordemos la crisis de los misiles de octubre de 1962 y la ostentación de bandera del crucero nuclear Pedro el Grande y 4 barcos de guerra en el 2008. Hoy, la reconfiguración del avance de los intereses de China, Rusia, Irán, Turquía y otros países en América Latina, con una cabeza de playa muy bien establecida en Venezuela y sólidas posiciones en Nicaragua y Cuba, hace pensar seriamente que cualquier rifirrafe fronterizo marítimo entre el país de Ortega y el gobierno colombiano, puede escalar a un incidente que obligue a Washington a involucrarse y entonces se arme un bochinche mayor. El triángulo, ¿eje?, Managua - La Habana - Caracas, aupado por Rusia, puede provocar un embrollo aeronaval. Además, mientras Estados Unidos se lame la herida de Afganistán y trata de reordenar su casa, AMLO cargará a favor del triángulo mencionado cualquiera que sea la situación.

“¿Peligra la Plataforma continental colombiana?”, se preguntó el mayor de la Reserva Activa, Ramiro Zambrano Cárdenas, exveterano diplomático, presidente de la Academia Colombiana de Historia Militar y miembro de la Asociación Colombiana de Oficiales de las Fuerzas Militares en Retiro, Acore, en un interesante conversatorio este miércoles 22. Sus conclusiones fueron poco tranquilizadoras. Ya se perdieron 75 mil kilómetros de mar (95 mil según el gobierno sandinista), a pesar de que “la soberanía la defendemos hasta la muerte y hasta el último centímetro" como proclamó Santos, en San Andrés, en 2015, y que defenderemos los intereses de Colombia en La Haya”, según dijo Duque desde España. Los jueces de La Haya pueden estar pensando otra cosa y desafortunadamente, la historia ha sido inclemente con pacifistas alborotados y con ingenuos.

Advertencias geoestratégicas

Desde 1983, el general Alberto Ruiz Novoa, excomandante del Ejército y para ese año presidente de Acore, escribió en el Boletín número 118 de la Sociedad Geográfica de Colombia: “En sus pretensiones, Nicaragua contará con el apoyo de Cuba y Venezuela (..) Es decir, que Colombia, en un momento determinado se verá obligada a atender tanto el frente nicaragüense como el venezolano, con las previsibles consecuencias de pérdida de su territorio”. Y hace 38 años, el mayor general Gustavo Berrío Muñoz, también en la Sociedad geográfica, anotó: “(…) Se ve claro pues que Colombia puede verse abocada en un determinado momento a atender a dos frentes; Venezuela y Nicaragua”. Chávez y el socialismo del siglo 21, no actuaban en el juego.

En noviembre de 2013, el almirante Vladimir Ruban declaró desde el muelle de un navío de guerra ruso anclado en el puerto de Corinto: “Apoyaremos a Nicaragua si se desata un enfrentamiento armado”. Su Embajada desmintió al militar, aclarando que “…no habrá quien consiga sembrar una sombra de duda en los sentimientos de franqueza, amistad y mutuo entendimiento propio de las relaciones de Rusia y Colombia”. Desde ese entonces las violaciones del espacio aéreo por aviones militares y de inteligencia rusos, la expulsión de espías de ese país y el permanente merodeo de soldados rusos en territorio venezolano fronterizo, son señales inequívocas de una activa presencia del Kremlin en la región. Recientemente Moscú intervino en las Naciones Unidas a favor de un diálogo con el ELN y hace pocos días expresó repetidamente su interés particular en el caso Alex Saab. Rusia, Venezuela, Cuba, ELN: no se necesita ser muy experto para entender ese vínculo. Colombia, además de errático en el proceso litigioso, carece de las capacidades disuasivas estratégicas para garantizar la integridad del país que, de acuerdo con la novela ucrónica de Nicolás Martínez el “El archivo Cóndor”, puede sumirse en un catastrófico Plan B, orquestado por los enemigos de su débil democracia.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

¡Ante un país que podría morir!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Con un gran libro, En Colombia, el terror nunca fue romántico, que Cangrejo- Editores acaba de publicar, Eduardo Mackenzie advierte que,

[el nuestro] es un país que podría morir, porque las instituciones liberal-conservadoras que sus líderes y ciudadanos edificaron durante más de 200 años con tantos sacrificios (…) están siendo demolidas (…) fuerzas totalitarias quieren transformar a Colombia en un satélite miserable de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Así arranca la más reciente obra del principal analista e historiador de la permanente intentona del partido comunista colombiano por conquistar el poder. Es verdad que este nunca pudo triunfar, ni electoral ni militarmente, pero a partir del acuerdo de La Habana logró —como afirma Mackenzie— “parcelas del Estado y de la sociedad”.

En efecto, “la negociación con las Farc fue una obra maestra de la revolución palaciega, obtenida por las vías de hecho, que condujo a la capitulación del Estado democrático ante las ambiciones del narco-comunismo”.

El primero y gran libro de Eduardo Mackenzie, Las Farc, fracaso de un terrorismo, en dos tomos que suman 485 páginas (Bogotá: Planeta; 2007), es, sin duda alguna, la mejor y más completa historia del comunismo nacional a través de sus vicisitudes y de su gran herramienta, la más criminal y despiadada guerrilla.

La desgracia mayor de nuestra historia es que la derrota de ese terrorismo —lograda a principios del siglo xxi con un gran costo social y humano—, que auguraba una vigorosa época de progreso nacional, haya sido transformada, en la mesa de negociación habanera, en la demolición institucional que condujo al actual gobierno de transición, y que puede llevarnos al abismo, si dentro de nueve meses el electorado, desorientado por unos medios falaces, políticos corruptos y el dinero inagotable del narcotráfico, se deja llevar por las sirenas de la demagogia promesera y dadivosa.

Formalmente, el libro recopila los artículos de su autor en 2020 y algunos del presente año, escritos para su infatigable blog y para los medios democráticos que los publican, pero en realidad constituye un completo e implícito análisis sobre la teoría y la praxis marxistas actuales en nuestro país, porque Mackenzie trata los asuntos siempre como calificado ensayista. En su trabajo subyace un conocimiento profundo del tema, de la realidad nacional y del contexto global dentro del cual se mueve la bien planificada estrategia que puede acabar con nuestra democracia y con el futuro de todos.

Eduardo, además, escribe muy bien. Todas sus páginas unen amenidad, precisión y observación original, para iluminar al lector sobre el trasfondo aterrador del proceso revolucionario, sigiloso y eficaz, que está socavando día y noche la sociedad colombiana.

Para quienes lo hemos seguido, el repaso de sus escritos permite apreciar mejor la estatura intelectual y moral de este campeón de la democracia, pero a quienes lo descubran gracias a este libro ya no les será posible continuar despreocupados frente al peligro supremo que tantos no quieren ver.

jueves, 17 de junio de 2021

Vigía: odisea policial

Por John Marulanda*

Con un 80% de los habitantes de Latinoamérica viviendo en ciudades, es entendible que la perturbación actual se esté desarrollando en las calles y que un objetivo prioritario de las organizaciones revoltosas de la izquierda regional sea sacar a la policía de allí. Cuando los gobiernos ceden a esta pretensión, apoyada por burocracias internacionales de marcado tinte mamerto, la transformación o la destrucción del aparato policial del Estado, conlleva graves consecuencias para la seguridad del ciudadano. Que lo digan la severa violencia y la alta inseguridad de Caracas, especialmente en aquellas zonas que engañosamente se llamaron zonas de paz, de las cuales se sustrajo la policía, con el argumento de que, sin el respaldo de la fuerza, la bondad natural humana permitiría la convivencia y el cumplimiento de la ley. Otra de las falacias del comunismo: la eterna felicidad.

Capeando el temporal

En Colombia, la reforma a la policía anunciada por el presidente Duque, no obedece a un proyecto programático del Gobierno sino a la coyuntura de perturbación social que después de cinco semanas deja una veintena de muertos, cerca de 2.000 heridos, ciudades vandalizadas, pérdidas por más de 15 billones de pesos, medio millón de desempleados y el mayor descrédito político de los jefes gremiales de tres sindicatos que no suman ni el 2% de la población colombiana.

La presentación al Congreso del proyecto de ley con la reforma propuesta a una institución crítica para la supervivencia del país, justo en momentos de zozobra, garantiza una discusión polarizada, poco racional, con resultados que pasarán cuenta de cobro más adelante. Es precario intentar la reforma de una institución al calor de incendios, denuestos y una virtualidad de redes sociales que han logrado estigmatizarla con opiniones engañosas que tienen como objetivo, finalmente, la desestabilización del país.

En medio de esta desastrosa pandemia, picando en 600 muertos diarios, y nuevos carros bomba en la frontera por cuenta del ELN, la reforma policial luce inadecuada y a su inoportunidad se abonarán la lentitud proverbial del Estado, las severas limitaciones presupuestales y las urgencias del orden público que no cederán a corto plazo. Todos estos factores pueden hacer que la reforma se transforme en un maquillaje que no podrá, en ningún caso, cambiar la esencia institucional que ha permitido que la Policía Nacional se adecúe a los cambiantes, pero repetitivos contextos de seguridad ciudadana del país.

Horizonte poco agradable

Las jerarquías, la disciplina y la subordinación, son pilares sobre los cuales no hay nada que discutir. Ellos garantizan la supervivencia de una institución armada de seguridad como la policía y son las condiciones mínimas, sin las cuales, se puede terminar en un desastre de consecuencias irreparables. La creación de un viceministerio parece señalar la mitad del camino hacia un Ministerio de la Seguridad Pública, una aspiración de vieja data de la izquierda política, que contempla un mayor control político de la policía para convertirla, como a los militares, en una guardia pretoriana contra los inefables “ataques del imperialismo y la burguesía criolla”, manido coro de los fanáticos de esta tendencia ideológica. Tal dependencia luce inconveniente.

Un viceministro a cargo de estructurar la política de seguridad ciudadana y guiar la policía por ese camino, ofrece el grave riesgo de una politización institucional, de lo cual ya Colombia tiene amargas experiencias en su pasado histórico, como en la llamada "Violencia" de los años 50. En 1993, durante el gobierno de César Gaviria, cuando se dio otra reforma circunstancial, la Ley 62 de agosto de ese año creó el cargo de Comisionado Nacional para la Policía, oficina que concentró un zaperoco de influencias políticas clientelistas que terminaron por opacar y desaparecer tal figura.

Reformas policiales, más políticas que técnicas, a cargo de gobiernos socialistas como Cuba, Venezuela y Nicaragua, son ejemplos dramáticos. En este último país, durante las protestas estudiantiles del 2018 fueron asesinados más de 300 estudiantes por la policía orteguista. Y no mencionamos aquí al FAES. Si definitivamente Colombia decide crear ese Viceministerio, se deberá ubicar allí a un conocedor en la materia y no a un político en ascenso o a un burócrata “de toda la vida” o a un miembro de la corte de lambones que siempre acompaña al poder. Como fuere, el camino hacia una institución policial inscrita en el Ministerio del Interior parece haberse iniciado.

Por otra parte, cambiarles el uniforme a los policías, no es significativo y si es costoso; la asignación de un código QR a cada uniformado, plantea serios riesgos a la seguridad de los policías más aún en esta época de ingeniería cibernética disruptiva y la profesionalización es un empeño de vieja data que ha permitido a la policía colombiana sobrevivir con un prestigio reconocido internacionalmente.

Hace poco, algunos legisladores de la bancada de izquierda echaron de manera humillante a policías encargados de la vigilancia de los recintos parlamentarios y dentro de unos días con seguridad que el informe de la CIDH no será nada benigno con la policía de Colombia, varios de cuyos miembros fueron asesinados durante los pasados disturbios. Ojalá y en el estudio del proyecto de ley se entienda el papel vital que juega la institución policial en la estabilidad del país y que el Gobierno, a pesar de los apuros por los que está pasando, tome decisiones bien pensadas con perspectiva de nación y no le haga el juego a la estrategia de desestabilización en desarrollo.