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miércoles, 5 de junio de 2024

Petro, ¿polpotiano?

José Alvear Sanín

El comunismo tiene sus ismos: leninismo, estalinismo, castrismo, chavismo, tantos como los líderes, pero en el fondo todos son lo mismo. Varían en la intensidad, la represión, las matanzas y en la eficacia en la destrucción del modelo económico y social. El ideal de todos ellos es hacer tabula rasa y edificar sobre las ruinas un orden nuevo, definitivo e implacable.

Como Petro es marxista-leninista confeso y de obediencia cubana, no podemos ignorar que su hoja de ruta es hacer de Colombia otra Venezuela.

Está muy cerca de lograrlo, porque pronto llegará la firma del “acuerdo de paz” con el ELN (yo con yo), para poner en marcha las normas “vinculantes” y obligatorias (es decir, la nueva y verdadera Constitución), redactadas por el Comité Nacional de Participación, como se ratificó y convino en el primer punto del acuerdo entre Gobierno y ELN, firmado el 25 de mayo pasado.

¿Pero Petro se quedará allí?

Desde luego, lo anterior es un imposible jurídico (deber ser), pero será un hecho cumplido (Realpolitik). Ese aterrador convenio solo ha tenido la oposición de un puñado de columnistas, impotentes frente al Gobierno y los líderes políticos “democráticos”, que callan de manera culpable sobre este mecanismo de destrucción masiva del Estado de derecho.

A mí no me queda duda de que firmar ese convenio constituye un gravísimo delito, pero ambas partas signatarias están acostumbradas a actuar por fuera (y contra) la ley.

¿Y qué? Si la Fiscalía es de ellos. La Comisión de Acusaciones, también. Los directorios políticos, callados. El Congreso, pagado. Los medios de comunicación masiva, pautados. Las Fuerzas Armadas, emasculadas.

La procuradora general es valiente. Pero ¿hasta dónde puede actuar como solitaria golondrina veraniega?

***

Volvamos atrás para pensar en la respuesta al interrogante de si a Petro le basta con llevarnos a ser otra Venezuela.

En la toma cubana de Colombia hay varias líneas. Hasta hace algún tiempo las FARC llevaban la voz cantante. Siguen siendo muy influyentes y el Gobierno seguirá dialogando (cediendo) ante ellas, pero la orden al Ejército de atacar las disidencias es tan debilucha como que equivale a una palmadita en la muñeca (slap on the wrist), mientras al ELN se le autoriza todo: reclutar menores, cobrar sus “impuestos”, secuestrar, y redactar, a través del tal Comité Nacional de Participación, la Constitución de la venidera República Roja.

Por lo anterior no es de extrañar que las FARC quieran recuperar el protagonismo proponiendo a Petro un mecanismo más expedito para su Constituyente, como lo ha propuesto Leyva.

En esas condiciones, no queda duda de que, ahora, el actor principal de la revolución y partner del Gobierno es el ELN.

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Conviene entonces considerar cuál es la verdadera orientación ideológica de Petro y hasta dónde esta coincide con la del ELN.

Al contrario de los grandes comunismos iniciales, que eran desarrollistas, el Gobierno de Petro es partidario del decrecimiento económico, que viene logrando con la demolición de Ecopetrol, el despilfarro y el desorden fiscal, la política tributaria, las determinaciones erráticas y cortoplacistas, un personal impreparado e ignorante, todo lo cual causa desestímulo de la actividad económica y la inversión.

Petro, además, ha dicho y repetido que la acumulación de capital es la causante de todos los males que ocasionan la previsible extinción próxima de la humanidad. Como los sistemas de salud, pensional y sanitario, son acumulaciones de capital, no es de extrañar su obsesión en acabarlos. Pol-pot, más avanzado en ese mismo orden de ideas, llevaba su odio a la acumulación de capital hasta el extremo de eliminar la moneda y ordenar la demolición de las ciudades.

Como el ELN es un movimiento implacable, radical e irracional, que con su ideología maximalista jamás da tregua o cuartel, no puede ocultar su parecido con los jemeres rojos en el propósito de devolver la humanidad a un estado prehistórico, primitivo, de mera naturaleza.

Para estos grupos, el ser humano es un animal como los demás, sometido al ciclo inexorable —nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte—, para el cual basta con una alimentación elemental. Para nada se requiere de religión, arte, ideales, literatura, pensamiento, ciencia y cultura. La medicina, si mucho la de hierbas e infusiones. Nada de exámenes, farmacopea, cirugía... En esa concepción de la vida sobra la odiosa medicina moderna y capitalista, bastará entonces con los “médicos” cubanos y los tratamientos “ancestrales”, acoto, previstos en los proyectos sanitarios del actual Gobierno.

El indigenista es el único sector donde Petro todavía, al parecer, es popular y donde encuentra personal para engrosar sus lánguidas manifestaciones, porque se trata de un movimiento regresivo y primitivista, negativo de todo cuanto signifique progreso, libertad individual, de corte pol-potiano sin duda alguna.

En gracia de brevedad no nos ocuparemos del derecho y la libertad individual, despreciables superestructuras burguesas...

La eliminación de los hidrocarburos, de los vehículos contaminantes (con excepción de los aviones para quien sabemos) y de las carreteras para “los ricos” es tan virtuosa como la supresión de la variedad y buen gusto en los alimentos, lujos innecesarios y superlativos en una saludable vida primitiva...

De la vivienda como aspiración familiar y paraíso doméstico ni hablar, porque basta con un jergón en la habitación colectiva...

Esa radical actitud ante la vida explica tantas cosas del actual Gobierno, único en el mundo capaz de gozar con el estrecho abrazo del régimen del vecino país, donde la cuarta parte de la población ha preferido, equivocadamente, la miseria en el extranjero a la felicidad en su afortunada tierra.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

AMLO o Pol Pot

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín*

No hay comunismo bueno, ni socialismo tampoco. Pero como hay versiones peores, vale la pena hablar de ellas.

El título de esta columna no es unívoco, porque implica una gradación entre el criptocomunismo incipiente y hasta ahora ineficaz de un viejo chocho, y el mayor horror político conocido hasta hoy, el de los jemeres rojos.

Antes de 1945 el único estado comunista era la URSS. Stalin superó el terror de Lenin, pero el primer dictador jamás fue el bondadoso gobernante que Kruschev pintaba por oposición al monstruo que lo sucedió.

Aun después de denunciar los crímenes de Stalin, el comunismo dominaba desde Berlín hasta Pekín, y por su nivel de atrocidad la peor dictadura era la de Corea del Norte, seguida por las de China y la URSS. Por comparación, las de Europa Oriental eran menos horribles…

Después de la llegada de Castro, en 1959, Cuba avanzaba en el ranking del terror para situarse entre China y Rusia. Luego Pol Pot se adueñó de Cambodia y su régimen superó los de Mao, Kim il-sung y Ho Chi Minh en atrocidad.

Actualmente los despotismos orientales de China y Norcorea oprimen de manera parecida a sus poblaciones, pero el control totalitario de corte tecnológico no alegra la vida de los pueblos carentes de libertad.

Ahora pasemos a la pobre Hispanoamérica, rumbo al socialismo del siglo xxi, dirigido por Cuba. Este ya está consolidado en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, y ha logrado recientemente la presidencia de Perú, Honduras y Chile. Además, cuenta con gobiernos proclives en México y Argentina y tiene buenas posibilidades de tomarse a Colombia y Brasil.

Por desgracia, en nuestro país la clase política parece resignada al posible triunfo de Petro y dispuesta a acomodarse con él. El CD está disminuido. Los señores del Equipo Colombia representan varias corrientes de la derechita cobarde, y hay otro equipo, santista, que agrupa los compañeros de ruta y los idiotas útiles…

Esta situación nos exige:

En los 85 días que nos separan de las elecciones de marzo y en los 135 que nos quedan hasta las de mayo, reclamar lucha frontal y decidida contra Petro, e Informar al país hasta dónde llegaría Petro en la escala del horror continental, si alcanza el poder.

De malo hasta peor, el socialismo del siglo xxi ofrece esta gradación: México – Argentina – Perú – Honduras – Chile – Bolivia – Nicaragua – Venezuela – Cuba.

En ningún país ese socialismo es benéfico, conveniente o democrático. En los primeros seis nombrados avanza y en los últimos cuatro ya ejerce la dictadura con mayor o menor intensidad.

Miremos ahora un posible gobierno de Petro: ¿Sería otro AMLO? ¿Otro Evo? ¿Otro Maduro?

Con seguridad que no sería igual al mexicano, porque tomaría impulso hasta convertir a Colombia en una segunda Venezuela.

Pero hay una posibilidad aún más letal, porque puede llegar a ser otro Pol Pot.

A pesar de la complicidad mediática y judicial con Petro, que se hace pasar por un reformador benévolo, enemigo apenas del “neoliberalismo”, una vez enunciadas sus propuestas descabelladas, son luego omitidas en los medios y borradas de las redes sociales.

En conjunto, lo que ese individuo propone conduce a la destrucción total del modelo económico, social y productivo del país:

Eliminar las industrias extractivas, las exportaciones y el ingreso de divisas.

Acabar con el poder adquisitivo de la moneda a través de emisiones astronómicas.

Incrementar los impuestos.

Colectivizar la agricultura.

Eliminar la industria azucarera y la ganadería.

Establecer pensiones no contributivas y cerrar los fondos de pensiones.

Eliminar las asociaciones público-privadas en obras públicas, lo que detendría el avance de la infraestructura.

Lo anterior nos exime de hablar de la renta básica universal, de la expropiación de las segundas viviendas y de la ocupación de áreas superiores a 65 m2 en ellas.

El país, entonces, con su comercio exterior reducido a la exportación de estupefacientes, tiene que repudiar la deuda externa y convertirse en un narcoestado por fuera de la comunidad financiera internacional.

Esa política de tierra arrasada conduciría al país a una revolución de tipo jemer rojo. Negarse a verlo denota criminal irresponsabilidad en los políticos y en los medios infiltrados, que siguen pintando a ese “honorable senador” como otro político normal y de “centro izquierda”…

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Boric, muy parecido a Petro, pero sin prontuario…

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El presidente argentino, Alberto Fernández, se ha comprometido a “acompañar, proteger y cuidar la vida de las mujeres y otras personas gestantes” (¡!)

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Las masas nunca han sentido sed por la verdad. Se alejan de los hechos que no les gustan y adoran los errores que les enamoran. Quien sepa engañarlas será fácilmente su dueño; quien intente desengañarlas será siempre su víctima —Gustave Le Bon