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viernes, 10 de julio de 2026

Hay que reconocerle al país abierta y francamente los errores cometidos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Primero. No haber sido jurídica, política y socialmente capaces como sociedad y oposición. Congreso y justicia debieron haber hecho valer el triunfo en las urnas el “NO” entre octubre de 2016 y agosto 7 de 2018.

Segundo. Que de 2018 a 2022 había una misión y un compromiso con la nación que no se cumplió, el electorado y la democracia debían retornar a la legalidad plena.

Si se sabía que el referendo no se respetó y se impuso el “SÍ” a golpe de corrupción de Santos y sus operadores delincuenciales en el Congreso y en la Corte, se instauró la JEP y la Comisión de la Verdad por encima de la voluntad popular, la tarea era volver a la legalidad y se incumplió a sabiendas de que el mandato de cumplir los acuerdos era ilegal y producto del dolo que llamaron mermelada porque se sabía que todo eso era un montaje delincuencial, y ni el nuevo Gobierno, ni el Congreso, ni los fiscales, procuradores y contralores ni las Fuerzas Armadas constitucionales hicieron nada. Mientras, el único que resultó en la casa por cárcel injustamente fue Uribe quien respaldó a Santos, a Zuluaga y a Duque.

Fallaron los tres poderes públicos y los órganos de control, y los partidos políticos al igual que los parlamentarios, el Centro Democrático y el gobierno Duque.

No cumplieron el mandato para el cual se les eligió en materia de legalidad.

Cuando no se tiene el valor de reconocer los errores cometidos en el pasado ni la voluntad de enmendarlos, se está condenado a seguir pagando las consecuencias.

¿Volverá el país algún día a la normalidad en materia de legalidad o seguiremos cuatro años locos reclamando la unidad de propósito nacional en ese sentido mientras el show político de los ilegales continúa bailando al son del dinero mal habido de toda la delincuencia pública y privada que tiene el país inundado de dólares y corrupción?

En 100 días lo veremos.

martes, 10 de febrero de 2026

Escondites de poder

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Entra el gato y corren a buscar hendija los ratones. Cómo ocurre en un ruedo cuando sale un toro que le mete miedo a todos los artistas, nadie quiere pisar la arena y los que están adentro, todos buscan burladero, esperando a que salga un valiente y dé la cara. Reina el pánico propio de las caras largas que anticipan la tragedia, hay silencio y se alborota un grave olor a lirio por todo el callejón. Sálvese quien pueda.

Otro tanto ocurre en la corraleja política cuando es el toro de la justicia el que bufa y el que embiste, así sea el poder del presidente del gran país del norte haciendo lo que quienes están al frente de nuestras instituciones se han tragado; quien suena clarines y timbales anunciando lo que puede ser una tragedia para todos los que llevan gran parte de este siglo abusando del poder a costa de pueblos y naciones indefensas de nuestra región.

Están desesperados buscando un “burladero de poder”, los hermanos Santos y todos sus camaleónicos y embusteros secuaces vendepatrias en el proceso que descarriló esta democracia, pues bien saben que en toda esta saga de la caída del Castrochavismo y sus secuaces pueden salir a la luz pública y a la justicia norteamericana, muchas cosas tan o más graves que las que puede saber el Departamento de Justicia de los Estados Unidos sobre las repartijas de Odebrecht en Colombia. En las mismas andan Zapatero, Pedro Sánchez y muchos más que temen a las declaraciones de Alex Saab y de tantos “canaritos” que irán a la jaula y faltan por cantar.

Buscan burladeros de poder las personas que participaron activamente o se lucraron de la gestación de unos acuerdos de paz con las FARC-EP, que se planearon y se adelantaron a espaldas del pueblo colombiano hasta que Francisco Santos los denunció públicamente.

También están buscando burladeros de poder, los asesores y alcahuetas criollos, españoles e internacionales que ayudaron a instaurar los diálogos y las negociaciones de Cuba, la JEP como justicia paralela, inquisidora, costosa e inoperante, y los que les dieron crédito y recursos a esos ideólogos de la falsaria Comisión de la Verdad.

Pasa igual con los que luego ayudaron a que se desconociera el resultado del referendo y con ello la voluntad del constituyente primario, y se inventaron el “fast-track” y lo aprobaron en el Congreso poniendo la manito y la tostada, a sabiendas de que ambos actos eran inconstitucionales e ilegales, fraudulentos.

Saldrá a la luz pública un día la forma en que después lograron la aquiescencia de la Corte Suprema “de alguna manera mágica” con tal de firmar y de hacer los shows, el de Cartagena y el del teatro Colón, para lograr dos propósitos siniestros: otorgarle impunidad total, derechos y participación política directa, ilegítimamente, a criminales de lesa humanidad de las FARC-EP, abriendo el camino a un cambio del sistema de libertades democráticas a una autocracia cleptócrata que puede terminar en una dictadura constitucional; y colgarle a un miserable vendepatria el premio Nobel de Paz para satisfacción de su ego y sus ambiciones y vanidades, propias de un complejo de grandeza histórica que hoy al contrastarlo con el valor estoico de María Corina Machado, languidece por falta de ética y valores, algo que tanto le ha costado a Colombia.

Vienen unas elecciones, tal vez las más importantes en nuestra historia, votemos a conciencia, pero seamos capaces de exigirle a quienes manejan las instituciones y a todos los que reciban el mandato popular de gobernar en función del bien común y el interés general.

jueves, 1 de junio de 2023

Una sociedad secuestrada y con síndrome de Estocolmo (1)

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Comentarios al artículo: “La captura del pasado” del doctor Néstor Raúl Correa, publicado en mayo 29 de 2023 en el portal La Silla Vacía: https://www.lasillavacia.com/historias/historias-silla-llena/la-captura-del-pasado/

Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Agradezco al doctor Carlos Enrique Moreno Mejía quien nos compartió la importante y bien lograda contribución del doctor Néstor Raúl Correa al análisis de coyuntura actual, titulado “La captura del pasado”, que contiene un magnífico análisis de obligada lectura para quienes dedicamos tiempo al estudio de cómo entender las realidades y tratar de volver a reestructurar un “balance de país” positivo y sostenible en lo económico, social y político.

De manera respetuosa, me permito algunos comentarios personales a este importante escrito:

1. Es muy bien lograda la conclusión y la lógica del escrito. El informe de la tal “Comisión de la Verdad”, termina siendo una narrativa a medias y por tanto sesgada y embustera. Adolece totalmente de equilibrio lógico, humanitario y analítico. Definitivamente se soporta en una selección parcial y acomodada de testimonios que tapa gran parte de la totalidad del espectro de la verdad tal y como aconteció. Por tanto, la Comisión de la Verdad le faltó a la verdad.

2. El artículo del doctor Correa, estriba en la premisa correcta de que sólo se entra en procesos transformadores si se construye reconociendo errores, pero sobre la base sólida de los principios fundacionales éticos y morales que asisten en derecho, al pacto social que le dio entidad y libertad a una nación. Por el contrario el reporte de la Comisión de la Verdad, como se hizo bajo los criterios orientadores de la “sastrería De Roux”, hace parte de una ideología que históricamente soporta procesos revolucionarios comunistas, que parten siempre de la premisa de destruir conceptual y físicamente todo lo existente y por tanto adolecen de fundamentos afines al desarrollo sostenible y la función del Estado de generar bienestar equitativo, más no necesariamente igualitario, en función del sistema de garantías sociales y libertad de empresa y mercados. Entendamos que el uso de narrativas acomodadas es el eje esencial del estupro populista y su dialéctica demagógica inversa que pulula hoy por la región. Un ejemplo es toda la retórica Castro-Chavista y el discurso de Lula promocionando de frente todo tipo de narrativas sesgadas, a medias y falsas.

3. El proceso cultural educativo y evolutivo de los pueblos equivale a una de las acepciones de lo que se conoce como la formación de una civilización, y ello, de nuevo, es un camino largo y difícil que implica errores y logros, que deben reconocerse y corregirse con objetividad, con sensatez y entendiendo las circunstancias de tiempo, modo y lugar, sin el sesgo propio de los odios de clase, y con el propósito de ir eliminando la violencia en función de la sana y constructiva convivencia.

El análisis del artículo del doctor Correa en ese sentido es excelente. A diferencia de la sana convivencia, de “La Paz” como concepto se abusa todo el día, sin respetar que se trata de un ideal loable y al que toda sociedad tiene que aspirar, pero que tal vez es inalcanzable de forma total y no relativa, en la medida que existan diferencias y hechos como: la violencia y el terrorismo y narcoterrorismo de organizaciones ilegales e incluso ejercido por el propio Estado o por colectividades políticas, y mientras la sociedad presente variables de comportamiento humano individual o colectivo (crimen organizado), que demandan la existencia de la coercibilidad del derecho como estabilizador del funcionamiento del pacto social.

4. Es claro que toda generación pagará los errores de los antepasados y también por los propios, pero el costo de ello no debe incluir, ni permitir que se obstaculice el proceso evolutivo de un pueblo o nación y su sociedad, en función del desarrollo sostenible sobre las bases fundacionales del derecho constitucional que asiste su pacto social, con odios, resentimiento, violencia conceptual, verbal o física, terrorismo ejercido por ideólogos o ejecutores de actos punibles, ni tampoco con habilitadores como la teoría que empieza por el perdón y el olvido, pero que en el fondo conlleva a un cambio doctrinario de las realidades históricas en función de “X o Y” ideología política.

5. El artículo destaca cómo el reporte de la Comisión de la Verdad ,resulta parcializado y, por ende, con vicio de falsedad pues está dirigido y elaborado por un grupo que no es imparcial pues no está compuesto por personas caracterizadas por su ecuanimidad o que siquiera representen diferentes ideologías, y esto convierte el extenso e incompleto reporte, en una herramienta elaborada a conveniencia de la narrativa de justificación revolucionaria destructiva, y claramente acomodada y parcializada de la historia, ignorando cientos de miles de hechos violentos, denigrantes actos dolosos y degenerados contra la dignidad humana y crímenes atroces y de lesa humanidad, tal y como sucedieron y se reportaron en tiempo real.

Para mí, el reporte de la Comisión de la Verdad es una ofensa al periodismo y a la ética en la comunicación social, que como lo expresa la crítica del doctor Correa, omite los adelantos y progresos colectivos en matera de desarrollo de nuestra nación, el valor y la solidez de nuestra democracia, y, además, ofende profundamente a muchas de las víctimas, sus familias y sus pares.

6. En mi opinión, la forma en que se utiliza en Colombia la acepción “conflicto armado” corresponde al significado vulgar del diccionario, pero no al jurídico en derecho internacional y, por tanto, no se usa correctamente. Es, en esencia, un vehículo o herramienta revolucionaria que significa la apertura de la puerta giratoria que distorsiona la realidad y habilita este tipo de informes fraudulentos, como apalancamiento de la impunidad total y modo de evadir, evitar y burlar el necesario cumplimiento de la legalidad.

¿Por qué lo digo? Porque reconocer el conflicto armado es un error elemental que jamás se debe cometer en un Estado de Derecho verdaderamente democrático, pues ello significa calificar de legítimas o legitimar todas las actividades de las organizaciones criminales contra el Estado, la sociedad o los ciudadanos y personas naturales o jurídicas.

Reconocer un conflicto armado o llamar guerra a las actividades violentas y criminales contra la ciudadanía y el Estado significa, ni más ni menos, que poder equiparar el terrorismo y el narcoterrorismo a la legalidad de la utilización de la fuerza coercitiva del derecho, en manos del Estado.

Por tanto que se reconozca un conflicto armado –como perniciosamente lo hicieron Samper y Santos e inocentemente se los compraron gran parte de la comunidad internacional de ONG y muchos medios de comunicación–, internacionalmente en derecho, equivale a validar el “estatus de beligerancia” de las organizaciones crimínales alzadas en armas y equipararlas a las Fuerzas Armadas constitucionales del Estado. Pero lo peor y lo real es que al hablar de “conflicto armado o guerra”, se le da paso a la teoría del derecho internacional que le otorga reconocimiento del “Derecho de rebelión”, lo cual a su vez da pie para la barbaridad que representa la apertura a la teoría de la “conexidad de delitos” en procesos que, en lugar de sometimiento a la justicia, terminan en imposibles y falaces negociaciones con el terrorismo, que en el fondo terminan siempre en viabilizar y consolidar la impunidad total.

Esta secuencia burla el fundamento del derecho penal doméstico e internacional y garantiza la impunidad de los crímenes de sangre o delitos de lesa humanidad, cuál fue el caso del ilegal, espurio y tramposo acuerdo del gobierno Santos  con las FARC-EP realizado en territorio jurisdiccional dictatorial, ajeno al derecho colombiano y validado por dos dictaduras totalitarias y comunistas antidemocráticas y por unos observadores que sirvieron de idiotas útiles que también violaron conceptualmente el derecho constitucional colombiano, al asistir el proceso de toda suerte de narcoterroristas que tenían ya juicios y órdenes de captura en Colombia y en el resto del mundo.

7. El escrito del doctor Correa respalda con su lógica, el hecho de que este tipo de reportes caen en el espectro viciado de lo falaz y además validan el ejercicio del poder a manos de delincuentes o exdelincuentes, terroristas o psicópatas que siempre cuestionaron la legitimidad de la legalidad constitucional, de acuerdo con los fundamentos del pacto social de una nación y por tanto lo desnaturalizan al abrir la puerta a la validación de formas anárquicas, que pasan muy rápido a ser autocráticas y luego dictaduras o regímenes totalitarios disfrazados de democracias, propios del mal llamado socialismo del siglo XXI, abiertas a todo tipo de abusos a la libertad y a reformas o cambios de constitución, y a la financiación ilegal de la política y del propio Estado, que al final se traduce en terrorismo de Estado y en una nueva forma de esclavitud colectiva a manos de una nueva minoría ilegítima que controla el poder.

No tengo duda que el reporte de la Comisión de la Verdad hace parte de una hoja de ruta narco-comunista, y es el vehículo que habilita las herramientas doctrinarias con que las minorías desacreditan la legalidad por la vía del libertinaje y someten la libertad de las mayorías.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

537 millones para la Academia de Historia y 117.000 para De Roux, en 2022…

José Alvear Sanín

Por José Alvear Sanín*

La lengua, el folklore y la historia están entre los factores que integran una nación. La importancia del estudio de la historia conduce a la pregunta acerca de la libertad con la que debe escribirse, tema sobre el que, a mi juicio, nadie se ocupó antes de Lenin.

Por incontables siglos la historia se basaba en la acumulación de relatos que, poco a poco se fueron codificando al servicio de los estados nacionales. A medida que estos se consolidaban, la historia se alineó con ellos y con sus gestas guerreras e imperiales, pero a nadie se le ocurrió que el gobierno tuviera la función de definir la historia y de atribuirse la última palabra sobre los acontecimientos pretéritos. Estos seguían siendo objeto de versiones y visiones diferentes, libertad que hace apasionante su estudio, porque la verdad absoluta es huidiza. Apenas podemos barruntarla.

En cambio, para Vladimir Ilich la historia es una herramienta para la edificación del socialismo y, por lo mismo, corresponde al partido establecerla, decir qué pasó, por qué, cómo pasó y cómo pasará en el futuro. En función de las necesidades de la revolución, el pasado es maleable y el partido puede modificarlo cuantas veces sea conveniente o necesario.

George Orwell comprendió mejor que nadie el pensamiento de Lenin. Lo resumió entonces diciendo que “quien controla el pasado controla el futuro y quien controla el presente controla el pasado”.

Sobre el control de la historia se edifica el Estado totalitario, que elimina toda competencia ideológica para el partido, sea de las iglesias, sea de las concepciones filosóficas, económicas y sociales diferentes. Como dueño y señor de la historia, el partido la va convirtiendo en una especie de deidad a quien rendir cuentas. Así Kruschev, el 18 de noviembre de 1956, después de masacrar a los húngaros, dirá que “La historia está de nuestro lado y los aplastaremos”, y Fidel Castro repetirá una y otra vez que la historia lo absolverá…

El tema es tan interesante como inagotable. Las Leyes de Memoria Histórica y las Comisiones de la Verdad, pueden, en muchos países, hasta multar y llevar a la cárcel a quienes se aparten de la “verdad oficial”. Esa no existía en Colombia, pero como no puede haber comunismo sin pravda (la verdad), del Acuerdo Final con las FARC nació un engendro burocrático, la “Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición”, formada por una caterva de mamertos comprometidos y presidida por un fementido sacerdote de hipócrita careta evangélica.

El cometido de ese organismo no es otro distinto que el de construir “verdad” a la medida del partido, para que la guerra sea la paz, la libertad sea la esclavitud y la ignorancia sea la fortaleza. Por eso no sorprende que el primer compromiso del gobierno comunista de Petro sea el de indoctrinar con “la verdad“ de De Roux.

La matanza, la violencia, la demolición de la economía, el secuestro, la violación de menores, el aborto forzado, se transforman así en actos virtuosos de los luchadores por la libertad, patrocinados, desde luego, por la inefable teología de la liberación, tan diferente de lo que enseñaban los padres jesuitas en sus colegios, in illo tempore.

Después de imprimir las novecientas y pico de páginas falaces en las que dice que lo negro es blanco, y lo blanco, negro, el protervo cura anuncia una investigación sobre la mafia, cuyo previsible resultado será blanquear a las FARC, el ELN y el Pacto Histórico en todo lo que dice al tráfico del alcaloide.

¡En el presupuesto de 2018 se aprobaron 18.500 millones para la Comisión de la Verdad; en el de 2019 se pasó a 81.480; en 2020 se apropiaron 95.824, y en 2021 se llegó a 117.992 millones para la promoción de la falacia y la tergiversación histórica! En cambio, para la Academia Colombiana de Historia, comprometida siempre con la imparcial investigación de nuestro acontecer, se apropiaron 537 milloncitos de pesos.

En el anterior cuatrienio, entonces, se dilapidaron así 313.796 millones en lo que algunos llaman Comisión de la Mentira y otros, Omisión de la Verdad, antro espeluznante, terrible hueco negro, aspiradora insaciable de recursos públicos que Procuraduría, Fiscalía y Contraloría jamás investigarán, a pesar de las juiciosas observaciones de distinguidos personajes como Jorge Enrique Vélez y María Fernanda Cabal, horrorizados justamente por la asignación de sumas ingentes para la propaganda subversiva.

viernes, 1 de julio de 2022

Tres satisfacciones

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Después de un tiempo de ansiedad e incertidumbre, tres alegrías diversas he experimentado esta semana: la 17ª estrella de Atlético Nacional, el informe final de la Comisión para el esclarecimiento de la verdad y el acuerdo nacional que el presidente electo quiere construir con los diferentes sectores políticos.

La estrella. Hincha del verde he sido desde cuando tenía siete años y era un equipo que solo tenía una estrella (la de 1954) y estaba de 12 entre 14 en la tabla de posiciones. Me ha tocado vivir su segundo campeonato en 1976, época en la que descollaban figuras como Raúl Ramón Navarro, Carlos Miguel Diz, Gerardo «el Mono» Moncada, los hermanos Campaz (Víctor y Teófilo), Francisco Maturana y el inolvidable goleador Hugo Horacio Londero, entre otros. No fui, pues, un hincha producto de la primera Copa Libertadores ni de la buena racha del Rey de copas. He padecido los tiempos difíciles en los que los carteles se infiltraron descaradamente en el fútbol y aquellos en los que su jugar mediocre nos puso a sufrir. Mi mayor orgullo fue haber hecho parte del comité asesor del comité ejecutivo del equipo, conocer personalmente a mis ídolos de niño cuando el equipo cumplió 60 años y disfrutar en el Atanasio la conquista de varias estrellas. Después de 5 años de obligados y traumáticos ayunos, por fin la 17 y frente a un gran rival que nos tenía acomplejados. Falta pelo pal moño para evidenciar nuevamente el talante y jerarquía como la que se alcanzó con Oswaldo Juan Zubeldía o Óscar Héctor Quintabani, para citar solo dos de sus mejores directores técnicos. Primera gran satisfacción de esta semana.

La verdad. Sabemos todos que nadie la tiene completa y por eso había que escuchar las verdades parciales de los actores de la guerra y de las víctimas. Nunca se conocerá la verdad completa, pero nos hemos aproximado bastante. Hay quienes han colaborado para su esclarecimiento y otros que, obcecadamente, se han opuesto a que se conozca. Debe ser porque la verdad duele, la verdad es incómoda, pero como decía el filósofo, la verdad es la realidad de las cosas. Por eso la doctora de Ávila hablaba de que la humildad es verdad, porque se trata de ver las cosas como sucedieron, como son, sin exagerar por exceso o por defecto, ni más ni menos. Mi hermano Francisco de Roux, con quien vivo en la misma comunidad, ha liderado un trabajo titánico junto con los otros miembros de la comisión. De felicitar no solo por la seriedad que han querido imprimirle a tan delicada tarea, sino por la fortaleza moral para aguantar tantas calumnias y tantos insultos. Para que este país madure democráticamente, tendremos que aprender a escucharnos con respeto, a debatir con argumentos, a superar la visceralidad con la razón, a tolerar la diferencia, a reconocer las propias limitaciones, a superar los dogmatismos que no es lo mismo que claudicar en los principios. Tarde que temprano la verdad saldrá a flote y ojalá no sea muy tarde pues hay que construir país por encima de nuestras propias mezquindades.

El acuerdo nacional. Tengo que decirlo honestamente. Me ha sorprendido la talla de estadista del presidente electo. Me resulta grato, ya lo dije en mi anterior escrito, su llamado a la reconciliación. Ya no estamos en campaña, ya no es cuestión de populismo. Una lección de democracia ha sido su encuentro con el expresidente Uribe y el tono de la conversación que deja abierto un canal de diálogo. Me ha admirado gratamente el reconocimiento unánime de su mandato. En un país polarizado por años en el que se esperaría un malestar indescriptible por su elección, veo que la gente quiere apostarle a una nueva etapa de país, soñar algo que no sea más de lo mismo. Quisiera creer que lo que he visto esta semana no es un colinchamiento oportunista en el bus de la victoria, sino el deseo sincero de darnos una nueva oportunidad como país. Ni Petro ha sido arrogante con su triunfo, ni sus detractores han dado muestra de ser ciegos obtusos, salvo vergonzosas excepciones de odios recalcitrantes que el expresidente enmarca en la pluralidad de su partido y de ese uribismo del que él mismo se declara curado. Creo que todos estaremos atentos a apoyar lo que nos haga avanzar como país, lo que busque equidad y justicia social, lo que construya patria, estado y nación, lo que nos permita a todos buscar “vivir sabroso” porque estamos en paz superando males perversos que tanto daño nos han hecho como el narcotráfico y sus secuelas, la corrupción con sus tentáculos destructores; la pobreza y el hambre que agobian a millones. Ojalá lo logremos.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Ante una prórroga político-electoral

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

La mal llamada Comisión de la “Verdad”, formada por un cura tránsfuga y unos activistas de extrema izquierda, todos muy bien remunerados por el gobierno, es un mecanismo propagandístico de especial importancia, porque, siguiendo a Lenin, el partido define lo que es la verdad ahora, mañana y también con retroactividad. Por eso, en el “Acuerdo Final” se impuso ese organismo para formar un trípode con el Centro de la Memoria Histórica y la JEP, con el fin de cambiar la historia y la justicia del país, y lograr el control ideológico de la sociedad.

Sin embargo, eso se les desarticuló parcialmente con el nombramiento de un probo historiador profesional para dirigir el Centro de Memoria Histórica, al cual se ataca diariamente con inaudita virulencia, mientras las otras dos patas del entramado continúan su labor de demolición de las instituciones y tergiversación de los hechos.

Ahora bien, el encargo de la Comisión de la Falacia estaba previsto para estos días del 5° aniversario del desconocimiento de la voluntad soberana, pero como esa Comisión constituye el embrión del futuro Ministerio de la Verdad —en el sentido orwelliano—, era necesario lograr su costosa prórroga, de tal manera que antes de las próximas elecciones para Congreso y Presidencia pueda inundar al país de propaganda revolucionaria.

No sobra recordar que ese organismo tenía cinco años para presentar sus conclusiones. Estas ya se conocían desde antes del nombramiento de sus integrantes: cambiar la historia de Colombia, de tal manera que la subversión sea considerada como un movimiento heroico y benévolo, siempre respetuoso de los derechos humanos, en especial de los “retenidos”, a los que se les ofrecía buena comida y cómoda cama. Todo ello se hacía en defensa de la infancia y de un pueblo oprimido y masacrado por un gobierno tiránico, perverso y criminal, formado por los explotadores, los negreros y los traficantes del dolor humano.

No se requieren dotes especiales para saber de antemano que el informe final de la Comisión saldrá completo después de las elecciones, pero oportunas filtraciones previas a ellas producirán efectos demoledores contra las fuerzas democráticas.

Desde luego esta prórroga, que no ha merecido comentarios —porque nos han enseñado a aguantar todos los abusos—, está inscrita en el plan de conquista de los escasos poderes que aún no están en manos de la subversión, como la mayoría parlamentaria y la Presidencia. Cuando estas caigan vendrá el cambio del modelo económico y social, que dará al traste con la república y condenará al pueblo colombiano a igual miseria que la venezolana.

***

Si cinco curules regaladas en el Senado y otras tantas en la Cámara ya desvirtúan gravemente el principio de la democracia representativa en el poder legislativo, ¿qué diremos de la situación el año entrante, cuando en la Cámara de Representantes el número de los escaños de la subversión suba de cinco a veintiuno? Tendrán entonces siempre el poder decisorio en esa corporación.

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Por agradecer con dinero público a algún periódico amigo, tiene que renunciar y es procesado el canciller Kurz en Austria, mientras los alcaldes progres en Colombia inundan diariamente los medios con ríos de mermelada.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Verdad que podemos

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Está concluyendo la 34ª Semana por la Paz, esa iniciativa que surgió como jornada bandera del Programa por la Paz de la Compañía de Jesús y que desde el comienzo contó con el apoyo de múltiples organizaciones de la sociedad civil. El dinero recaudado por la colonial joya de arte conocida como “la lechuga” se destinó enteramente a ese propósito y sus réditos le siguen apostando al deseo tan generalizado como desgastado de querer contar muy pronto y por fin con tan anhelado objetivo.

No es fácil. Como el pueblo del antiguo testamento, somos un pueblo de dura cerviz. No han sido suficientes los cientos de miles de muertos que han quedado tendidos en nuestros campos y ciudades y que han teñido de rojo nuestro suelo al punto de invertir simbólicamente el tricolor patrio para expresar qué tanto estamos patas arriba por el trastoque de valores.

Las heridas han sido muy profundas de lado y lado. Todas, producto de la inequidad y la injusticia en la que hemos estado sumidos por décadas y que ahora y de otro modo se manifiesta con la radical polarización política. El pueblo ha sido siempre el que pone los muertos. Los asesinos de rojo o azul, guerrilleros o paras, de izquierda o de derecha, sin excepción, menguan nuestra población y frustran nuestra esperanza.

De verdad que podemos. El asunto honestamente es si queremos. Porque querer es poder, pero pareciéramos no estar dispuestos a dar el brazo a torcer. Cada uno cree tener la verdad cuando en realidad posee una parte de LA verdad. Atrincherados en nuestras posiciones ideológicas, atornillados a nuestras convicciones, apoltronados en nuestros sentimientos más que en la razón, seguimos estancados y patinando en una guerra fratricida de nunca acabar.

La Comisión para el esclarecimiento de la verdad, se ha encontrado con esa cruda realidad. Cada expresidente, cada actor protagonista de ese conflicto, del bando que fuere, cuenta su verdad, pero ¿Cuál es LA verdad? Porque el asunto sería exponerla sin tapujos ni mentiras, con auténtica transparencia, pero parece que no, que sigue habiendo cartas debajo de la mesa, ases bajo la manga, oportunismos políticos electoreros, tajadas gananciosas por sacar, goles olímpicos por meter. Cualquiera que sea su conclusión será juzgada por sesgada, se dirá que está mediada por intereses oscuros porque, como bien dijo El Maestro de Nazaret, los hijos de la noche y de las tinieblas son más astutos y sagaces que los hijos de la luz y del día y hay muchos intereses creados para sostener indefinidamente el lucrativo negocio de la guerra.

Verdad que podemos. Seguramente moriremos anhelando un mejor mañana para todos, un mañana que no será mejor porque ganó el más fuerte de uno u otro lado, sino porque se impuso la verdad, la justicia inmaculada que no prostituida. ¿Y cuándo será eso? El día que se nos dé la gana, el día que queramos de verdad la paz. ¿Verdad que podemos?

jueves, 9 de septiembre de 2021

Vigía: licantropía política

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

El fraile Francisco, en los siglos II y III de nuestra era, pleno medioevo, logró, con gran dosis de autoconfianza, dominar el lobo de Gubbio. Este animal feroz, rabioso, sangriento, inclemente, está presente en el Santoral cristiano (San Columbaro, San Patricio, San Froilán, San Eustaquia, Santiago Apóstol, Santa Quiteria y otros) pero es el Santo de Asís el que con mayor frecuencia se cita, como ejemplo de la bondad dominando la maldad.

De Asís a Bogotá

No pude menos que recordar a este símbolo de mi religión cuando en un foro, el jesuita Francisco de Roux me increpó por mis dudas sobre la sinceridad de los lobos del partido de los comunes. Mi duda racional, como lo manifesté en una sesión de la ilegítima Comisión de la Verdad, se basa en que lo que dice alias «Iván Márquez» en un video coincide con uno de los artículos del estatuto del antiguo partido FARC encabezado por alias «Timochenko». La sospecha, sin paranoia, forma parte de la saludable duda razonable que recomendaba Descartes para llegar a la verdad. Y ahí están las pruebas para sustentar la sospecha. La coincidencia señala la estrategia diseñada desde los 60 por su apóstol mayor alias «Tirofijo», la combinación de todas las formas de lucha que está en el ADN del marxismo leninismo. Y es que, en su paroxismo, los comunistas giran alrededor de una obsesión: la toma del poder. Y si hay que mentir, secuestrar, asesinar o narcotraficar, lo harán con tal de lograr este objetivo, que en su fantasía será el comienzo del arreglo de todos los problemas. La realidad monda y lironda, demuestra que es al revés. Ahí están Cuba, Nicaragua y Venezuela como una demostración palmaria del desastre que son los comunistas en el poder. Los talibanes de Afganistán, al menos son francos y claros en su atroz actuar, a diferencia de nuestros “talibanescos” comunistas, como bien lo explica José Alvear en un reciente artículo.

Sabiendo que la Iglesia es tradicionalmente una de las tres instituciones de mayor confiabilidad en la opinión pública colombiana, los arquitectos de la falaz Comisión de la Verdad, parida mal en La Habana, colocaron a un sacerdote a su cabeza, pero uno que abiertamente ha confesado sus simpatías por el grupo narcoterrorista del ELN, que tiene a sus cabecillas requeridos por la policía internacional y protegidos por Cuba y Venezuela.

Curas y lobos versión Colombia

Las narcofarc durante 60 años han sido los lobos de Colombia, asesinando, secuestrando, violando, siempre abrigados con la excusa de “por y para el pueblo y contra el imperialismo, la burguesía criolla y la oligarquía explotadora”. Y aunque algunos de ellos se ponen abrigos de oveja, sus orejas los delatan. La impunidad y el premio político y fiscal que obtuvieron en los acuerdos habaneros, generan aversión de la opinión pública: una reciente encuesta los condena con un escaso 8% de aceptación (el ELN registra un 2%) y la reacción de doña Carmenza López, en agosto del año anterior, al negarse a recibir un abrazo de la senadora narcofariana alias Sandra Ramírez, expresa un sentimiento nacional.

“«Timo» ha reconocido que ha asesinado y ha pedido perdón, yo he estado a su lado en estos eventos”, me sermoneó de Roux. ¿Le habrá puesto la pata en su mano, mansamente, como se relata en el capítulo 21 de “Las florecillas de San Francisco” y se muestra en la iconografía estándar?

En este torbellino de emociones negativas, el Íñigo Francisco de Roux, imposta a Francisco de Asís buscando una verdad que se sabe por todos viciada desde el principio, pues el sacerdote es adicto a la Teología de la Liberación, doctrina que justifica asesinar con tal de buscar un pedazo de pan para los pobres. Robinhoodismo tropical, y si no fuera por los antecedentes del clérigo, me atrevería a pensar en un fenómeno de licantropía política.

La paz no se ve en Colombia y el horizonte pinta complicado. Crimen organizado transnacional, corrupción en metástasis, justicia venializada, fortalecimiento de grupos armados ilegales apoyados desde Venezuela, debilitamiento de las fuerzas de seguridad del Estado. Y para rematar, una Comisión de Roux con un informe final perverso que, a como dé lugar, quiere convencer al mundo de que el Estado democrático es pecado, el socialismo es el paraíso y que los lobos son vegetarianos.

jueves, 8 de abril de 2021

Vigía: la combinación de todas las formas de fracaso

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

La civilidad trata de normas, leyes y reglamentos aceptados por todos los involucrados, para que haya certeza de juego limpio, de garantía a minorías y en consecuencia de legitimidad en la lucha por y para el ejercicio del poder.

En un Foro de la Comisión de la Verdad, creada por el acuerdo habanero FARC-Santos, se nos pidió hablar de la combinación de todas las formas de lucha, vulgo: del ´todo vale´. Claro que el ´todo vale´ no lo inventaron los marxistas-leninistas. La inminencia real de derrota o fracaso obliga a buscar recursos extremos de defensa o supervivencia; también el ansia de poder y el ejercicio de este, con frecuencia han roto los diques normativos y legales de la civilidad mencionada.

Los comunistas desde hace 100 años han sido siempre minoría. Aun así, han aprendido a llegar al poder con muchas argucias politiqueras, trampas organizacionales y claro, combinando todas las formas posibles de lucha, que incluyen las más abyectas como el secuestro, la extorsión y el asesinato. Una vez en el poder, siguen ejerciendo, y de qué forma, su vicio del “todo vale”. El terrorismo revolucionario y el terrorismo de Estado, forman parte del arsenal comunista. Y ahí están las minas antipersonales del Apure y los carros bomba del Cauca en Colombia, que diseminan un mensaje de incertidumbre y desánimo entre soldados y civiles.

Del lado del Estado, hay que recordar que desde 2005 las FANB adoptaron la doctrina de la asimetría y la periferia, estilada por Jorge Verstrynge y en donde Venezuela, “lo infinitamente inferior”, enfrenta militarmente un enemigo como Estados Unidos, “lo infinitamente superior”. Esa estrategia, adoptada en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, contempla, por supuesto, la utilización de todas los medios disponibles, morales o inmorales, incluyendo los movimientos migratorios, para confrontar la amenaza imperialista yanqui.

En esta guerra de cuarta generación, las FNB resultaron enfrentando no a los US sino a “entidades transfronterizas y difusas”, organizaciones irregulares armadas que están aplicando técnicas de guerra de guerrillas. Ahora, equívocamente Miraflores pide apoyo internacional para desminado y para “parar la violencia colombiana contra Venezuela”, violencia de las narcofarc, invitadas a Venezuela por el propio gobierno chavista y reconocidas como “retaguardia estratégica de la revolución”. Lo de la frontera es otro fracaso de un Ejército bicentenario, ahora socialista, enhebrado en el cuento utilitario de la combinación de las formas de lucha y que, equipado con misiles y tanques rusos, pide auxilio ante una célula narcocomunista irregular.

Según Fundaredes, en la casa de la cultura de la población de Santa Cruz de Aragua, se han desarrollado reuniones entre representantes de alias Timochenco, jefe del Partido de los Comunes en Colombia, hasta hace poco el Partido de las FARC, alias Santrich, representante de la Narcotalia en Venezuela y autoridades del Ministerio de la Defensa de Venezuela.

Si la Narcotalia sigue las directivas de alias Tirofijo; si los estatutos del partido del común, adhieren también a los principios del mismo alias Tirofijo; si la doctrina militar venezolana incorpora esos mismos principios dentro de su concepto de guerra estratégica, estamos frente al desarrollo de un “todo vale” generalizado en la región que, como hemos visto repetidamente en el pasado, siempre termina en un fiasco, en sangre: ahora los venezolanos huyen en botes y mueren ahogados o se refugian en las ciudades al otro lado de la frontera.

El de abril de 1948, cuando aplicaron la misma metodología que hoy se quiere aplicar, el asesinado de Gaitán y El Bogotazo, originaron La Violencia en Colombia, que en una década dejó entre 100 mil y 300 mil muertos, según el color de la tinta que use quien escriba el relato.

Gobierno socialista, doctrina asimétrica, narcocélulas irregulares, migraciones, campos minados, combinación de todas las formas de fracaso, es el título de esta desastrosa experiencia.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Nuestro fracturado Ministerio de la Verdad

Por José Alvear Sanín*

Lenin resolvió el problema filosófico de la verdad decretando que el partido define lo que es cierto y lo que es falso. Y resolvió el problema de la historia, determinando que toca al partido interpretarla, juzgarla y escribirla.

Si a esos “principios” agregamos el primero, que es ético todo lo que sirve a la revolución e inmoral todo lo que la detiene, podremos entender la importancia que para el partido tiene la verdad si se convierte en herramienta de lucha política.

Cuando la verdad deja de ser la conformidad de los hechos con el concepto que de ellos se forma la mente, para transformarse en propaganda, y cuando la historia deja de ser la libre indagación de los acontecimientos del pasado para volverse relato político obligatorio, el control totalitario de la población hace posible la imposición de la nueva cultura necesaria para el surgimiento de ese “hombre nuevo”, liberado de todas las estructuras del pasado —familia, patria, libertad individual, religión, propiedad privada, derecho.

Entonces, el diario que determinará lo que hay que pensar se llamará Pravda (La Verdad) y luego aparecerá una enciclopedia que codificará las creencias y modificará la historia a la medida de las necesidades políticas. (Antes había que recoger y cambiar millares de volúmenes, pero ahora esas modificaciones se hacen muy fácilmente a través de los medios electrónicos). Desde luego, verdad e historia son mutables a medida de los dictados o caprichos del jefe.

Quien comprendió mejor que nadie la operación del estado totalitario, propia del comunismo, fue George Orwell. Por eso su novela 1984, arranca con la descripción del gobierno ejercido por cuatro ministerios: el del Amor, para administrar los castigos y torturas a quienes no amen al Gran Hermano; el de la Abundancia, para gestionar el racionamiento; el de la Paz, que se encarga de la guerra exterior permanente y de la consiguiente conformidad interna; y el de la Verdad, que se “dedica a manipular y destruir los documentos históricos de todo tipo (incluidas fotos, libros y periódicos), para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la verdad oficial de la historia…”

En Colombia venía avanzando la creación del “Ministerio de la Verdad” a través de dos organismos paralelos perfectamente coordinados, la Comisión de la Verdad —dedicada a la mentira—, y el Centro Nacional de la Memoria Histórica (CNMH), para la creación del material de apoyo indispensable para dar impresión de veracidad a las mentiras procedentes de dicha Comisión.

El producto de ese contubernio tendría salida en forma de textos para inculturar, a través de la obligatoria Cátedra de la Paz, en todos los establecimientos educativos.

Pero hace dos años y medio se rompió el tándem, porque un verdadero historiador —tanto por su doctorado como por sus objetivos libros y estudios, además de sus largos años de cátedra—, Rubén Darío Acevedo Carmona, fue nombrado director del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Para quien no esté familiarizado con el tema de la inculturación marxista para el cambio de la mentalidad y las creencias en una sociedad, cuyo principal teórico fue Antonio Gramsci, resultan inexplicables el odio, virulencia y sevicia con las que se lo ataca a todas horas y todos los días, desde la fecha de su posesión, en el Congreso, los medios masivos, las redes sociales y foros internacionales. Y como no han podido quebrantarlo ni tampoco se ha descompuesto en el cumplimiento de su deber, ni perdido la ecuanimidad, se aprestan a entregarlo a la JEP, brazo “jurídico” de la revolución.

Estos ataques no cesarán hasta que este o el próximo gobierno nombre a alguien comprometido con la historia que sale de la “Comisión” y de las facultades de “Historia”, que vienen formando el personal docente necesario para inculcar la versión marxista-leninista de todo nuestro pasado.

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¡Reconstrucción o catástrofe!

viernes, 28 de agosto de 2020

Decálogo para la paz en el país soñado

José Leonardo Rincón Contreras

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

El reconocido politólogo, hoy emérito profesor de la Universidad Nacional, Eduardo Pizarro Leongómez, publicó en El Tiempo en días pasados un lúcido artículo en el que esencialmente invita a la Comisión de la Verdad a que más que hacer memoria del pasado con señalamientos de culpables de lado y lado, haga una proyección de un futuro reconciliado donde las lecciones aprendidas nos convoquen a todos a construir en paz el país soñado. Por respeto con su autor y porque considero sensatas y brillantes sus propuestas, las transcribo literalmente:

“1. La izquierda jamás volverá a utilizar las armas como un recurso para intentar acceder al poder. Solo las vías constitucionales son legítimas.

2. El monopolio de las armas es un patrimonio del Estado y de sus FF. AA.: nunca más aceptarán que grupos privados, promovidos por agentes estatales o élites regionales, ejerzan funciones de orden local o regional.

3. Nunca más ningún actor armado utilizará el secuestro (incluso bajo el eufemismo de retención) como un mecanismo de financiación, siendo como es un crimen de lesa humanidad.

4. El Estado y sus FF. AA. nunca más utilizarán como criterio de evaluación de la eficacia de sus miembros o de sus unidades el número de bajas (body count).

5. La Dirección Nacional de Inteligencia no volverá a ser una rueda suelta en el andamiaje del Estado y se definirán mecanismos claros de control institucional riguroso.

6. El cuerpo de la mujer no volverá a ser jamás un botín de guerra.

7. El uso de métodos de interrogatorio fundados en presiones físicas o psicológicas ilegales (tortura) jamás volverán a ser utilizados.

8. Las niñas, niños y adolescentes nunca más volverán a ser objeto de reclutamiento forzado.

9. Jamás los atentados contra oleoductos y pozos petroleros volverán a ocurrir, debido a su inaceptable impacto ambiental.

10. El país implementará medidas de distinto orden para reducir la pobreza urbana y rural, la desigualdad en la tenencia de la tierra y en los ingresos.”

Así las cosas, si bien es importante la memoria para que nunca más haya repetición de tantas barbaridades cometidas, se haga efectiva reparación y logremos la reconciliación, será necesario poner el énfasis más que en el espejo retrovisor que solo contribuye a mantener abiertas las heridas, a mirar hacia adelante, con esperanza, poniendo en ejecución este decálogo. ¿Qué opinan?

jueves, 30 de julio de 2020

Vigía: la Comisión ¿de la mentira?

Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda (RA)

Honesta y valiente la declaración del comisionado de la tal Comisión de la Verdad, el señor mayor de la Reserva Activa del Ejército de Colombia, abogado, Carlos Ospina. En una explícita carta, el mayor comisionado corrobora lo que el exministro de Defensa, Pinzón, había planteado a la opinión pública hace algunos días cuando dijo que la mayoría de los comisionados de ese ente.

Tuve la oportunidad de concurrir a una convocatoria de esa Comisión y durante un día en el hotel Cosmos de Bogotá percibí el ambiente mamerto del evento, con la mayoría de los participantes entusiasmados en imaginarios humanistas y con un viciado interés por la paz, coreando en cada exposición la culpabilidad única e histórica de las FFMM, los paramilitares, la oligarquía, el imperialismo, etcétera, mientras disimulaban cualquier referencia a los grupos narcoterroristas. Si se mencionaron las FARC o el ELN alguna vez, fue para proclamar la nobleza de su lucha por el pueblo. Por supuesto, Castro, Chávez, Evo eran nombres que se deslizaban entre mesa y mesa de trabajo. Algunos participantes, sin embargo, al conocer que yo era un militar retirado, se acercaron sigilosamente cuando iba al baño o en los descansos, algunos con clara intención investigativa y otros con un reprimido deseo comunicativo. El ambiente se tornaba aprensivo al momento de manifestar contradicción u opinión diferente al criterio imperante. Ante mis reclamos sobre la efectividad de esa comisión, fui acallado con un argumento que se ha convertido en el principal y más importante de sus operadores: es una comisión perfectamente legal, establecida de acuerdo al decreto tal y tal y encuadrada dentro de la constitución. Pero una cosa es la legalidad, y otra la legitimidad. En el plebiscito de octubre del 2016, la mayoría de colombianos deslegitimaron, democráticamente, el acuerdo de La Habana y todo lo nacido de ese negociado. Eso incluye la Comisión de la Verdad, que aún no logra credibilidad aceptable en el colectivo nacional.

El jefe de esa Comisión, el jesuita de Roux, no inspira confianza. Su paso por el Cinep y por el Magdalena Medio parece que lo volvieron taciturno y su simpatía con el narcoterrorista ELN (“El planteamiento mismo del ELN es muy de lo que en Colombia queremos, por supuesto”, “Nosotros no queremos el Estado capitalista… queremos que esto cambie…”), han aumentado el caudal de sus detractores. Su frecuente explicación de que los que critican su feudo presupuestal de casi 96 mil millones de pesos para este año, que salen de nuestros bolsillos, le tienen “miedo a la verdad”, recuerda la sentencia de un desafortunado lugarteniente de Santos quien, cínicamente, sentenció a los cuatro vientos que “todos somos culpables”. Menos él, claro, Salvador Jaramillo. Además, se queja de Roux, que no se le puede “quitar autoridad moral” a su aparato, que se agita en olor a ejército del pueblo, como lo proclama la Teología de la Liberación. Pero es claro que no se le puede quitar algo que no tiene, como lo demuestra el escrito del mayor Ospina.

Y como esa “verdad” perversa se quiere imponer a pesar de las evidencias, pues la Comisión de Roux aclarará contra viento y marea que los principales culpables históricos de lo sucedido son los militares, en tanto la desacreditada JEP, a su vez, demostrará que los principales reos jurídicos de lo acaecido, coincidencialmente, también son los militares. Lista la fullería. Será la nueva historia de Colombia. Nihil obstat

La censura impuesta al comisionado mayor (RA) Carlos Ospina, es una demostración más de los objetivos y el manejo de esa Comisión de la Mentira. Desde la Reserva Activa, va el aplauso y el reconocimiento de soldados, policías y ciudadanos simpatizantes de la Institución, por su valiente voz que sin ambages muestra la componenda con la que se está llevando el país al caos. La causa del mayor Ospina, es una invaluable oportunidad para que, desde diferentes frentes e intereses, se identifique la Reserva en una meta común: denunciar públicamente esa Comisión. Porque, para citar la Biblia, como vamos, vamos camino, no a Damasco, sino a Venezuela.

jueves, 5 de marzo de 2020

Vigía: entre la JEP, Comisión de la Verdad y la ONU


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
La JEP niega la condición de víctimas a los estudiantes militares de un centro universitario, que tiene protección especial de acuerdo con el DIH, atacado con un carro bomba (arma no convencional prohibida por el DIH y el protocolo de Kioto) en medio de un área residencial habitada por civiles. Se repite lo del Club el Nogal, que, según los narcoterroristas, era un centro de planeamiento militar. La JEP facilita la fuga de los cabecillas, avala vacaciones de asesinos confesos, recibe las declaraciones de los narcoterroristas farianos en recinto cerrado mientras permite que las barras bravas de la izquierda abucheen a los declarantes militares.

En esta misma corte inquisitorial impuesta desde La Habana, los narcoterroristas farianos declaran no haber secuestrado y contra toda evidencia documental y testimonial, juran nunca haber maltratado a sus secuestrados. Niegan sus campos de concentración, mientras la magistrada del caso, en trance de ensoñación, sonríe pensando en Arturo Cova, el de “La Vorágine” y no en alias «Tornillo», el senador.

En esa supracorte sin credibilidad, la barbarie y el sinsentido de la justicia comunista muestra todo su nauseabundo esplendor, avanzando entre malabarismos legales y falacias retóricas. Entretanto, la iñiguista Comisión de la Verdad insiste en recrear la historia, inventando nuevos héroes donde solo hay delincuentes y depredadores y estigmatizando a los soldados, los verdaderos héroes hijos del pueblo. La tenaza JEP ‒verdad jurídica negacionista‒, Comisión de la Verdad ‒verdad histórica revisionista‒, intenta reconstruir y legalizar el pasado para ofrecer un futuro socialista de pauperización y miseria. Como en Venezuela.

A ese contubernio se agregan los apuntes de un lagarto de la ONU, ciudadano de Italia, uno de los países con mayor consumo de cocaína en Europa, quien señala nuevas tareas a nuestro ejército, quiere cambiar el destino funcional de nuestra policía, propone acabar con el Esmad y acusa a nuestros policías de asesinos.

Mientras tanto, los carteles del ELN y las FARC y sus milicianos crecen en medio de estudiantes despistados y oligarcas del obrerismo. La mayoría de los colombianos miran con desconcierto e ira contenida todo este tinglado de imposturas, intereses mezquinos y mentiras aplaudidas por la mamertada nacional e internacional. Decisiones duras como desactivar la tal JEP, terminar la Comisión de Roux, poner a los agentes de la ONU en su sitio y romper con Cuba, adquieren sentido para frenar el inicio de un nuevo ciclo de violencia que se percibe en el ambiente.

miércoles, 19 de febrero de 2020

¿Solamente conflicto hay en nuestra historia?


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
La continua e implacable arremetida contra el doctor Darío Acevedo Carmona no cesará hasta que ese ecuánime profesional no salga del Centro Nacional de la Memoria Histórica, porque la batalla que daban en tres frentes los extremistas promotores de la revolución —Comisión de la Verdad, CNMH y Cátedra de la Paz—, se les debilita si pierden uno de esos tres fortines.

El control de la historia es fundamental en la creación de un “hombre nuevo”, carente de memoria y despojado de las creencias que han formado la nación, y tabula rasa sobre la cual se puede armar un nuevo entramado ideológico, una nueva cultura donde la verdad responda a un Diktat del partido: “Todo dentro de la revolución; nada por fuera de ella”.

No es mi propósito discutir sobre esa concepción que, desde luego, elimina la civilización como fruto de una larguísima sucesión de pensamientos, creencias, artes, ciencias, actitudes y sensibilidades, porque estamos en medio de una batalla cultural donde debemos sostener la posición del actual director del CNMH y exigir el desmantelamiento de la fementida Comisión de la Verdad, antes de que recuperen el Centro, y entre este, De Roux y sus compinches nos dicten una nueva historia oficial y mamerta, para adoctrinar, vía “cátedra de la paz” a las nuevas generaciones.

La estrategia está clara, pero nadie se preocupa realmente por detener los golpes tácticos. El más reciente, bien poco denunciado, es el de la decisión presidencial de dejar listo, antes de 2022, un museo nacional de la memoria colombiana.

He ahí un proyecto amable, otra atracción turística para Bogotá…, pero nadie se detiene a considerar el presupuesto, ni si es prioritario, ni el uso que se le va a dar como herramienta, o como arma, en la batalla de la historia.

La persona designada para levantar ese museo, el señor Fabio Bernal, es idóneo. Tiene amplia experiencia, adquirida en el Museo del Ejército, pero sus declaraciones iniciales son inquietantes en grado sumo:
“Estoy convencido de la importancia para el país de la construcción plural de la memoria histórica y la defensa del patrimonio cultural para forjar una nación incluyente y en paz. El Museo de la Memoria en Colombia es un compromiso del país con las víctimas”.

No tiene uno que ser muy suspicaz para leer en este lenguaje mamertoide el justificado temor del señor Bernal, que así trata de evitar ser otra víctima de la furia persecutoria del senador Cepeda y su combo.

Estamos notificados: la memoria histórica de Colombia se reduce al “conflicto”, a las “víctimas”, a “la paz incluyente” y demás monsergas.

Los quinientos años anteriores no cuentan, ni se contarán. La historia maravillosa de un gran país que al iniciar el siglo XX era más pobre que Haití, con menos de 500 universitarios y apenas 1.264 líneas telefónicas, y que cien años más tarde ya era la economía n° 26 del mundo no interesa, ni vale la pena ocuparse de su desarrollo industrial, urbanístico, sanitario, agrario, energético, vial, educativo, deportivo y cultural…, porque Colombia solo ha sido violencia, conflicto, y ahora “paz”.

Ese será el museo donde llevar cohortes de niños con el fin de adoctrinarlos, y de allí saldrá la iconografía de las masacres causadas por el Estado y las imágenes aureoladas de los valerosos defensores de un pueblo martirizado por las oligarquías y el imperialismo…, es decir, el museo como cuartel en la batalla ideológica. Remember el Museo del Ateísmo, de Lenin, en Moscú, primer antecedente de galerías como herramientas de transformación cultural.

Desde luego, este museo nacional tendrá sucursales en provincia, absorbiendo en primer lugar una “Casa de la Memoria” que hace tiempo funciona en Medellín y sobre la cual se acaba de pronunciar, en su calidad de concejal, el candidato derrotado a la Alcaldía, cuando propuso (El Colombiano, febrero 13/ 2020) “quitar del Museo Casa de la Memoria todo lo que tuviera relación con el conflicto armado, porque causa división”.

Tiene parte de razón, aunque sobre él han caído rayos y centellas. La función de los museos no puede ser la de servir como arsenal ideológico en la lucha político-revolucionaria. El modelo económico-social debe proceder del flujo de la historia, en lugar de ser el resultado de una “construcción” deliberadamente impuesta por un grupúsculo intransigente, feroz y sectario, que no encuentra resistencia en gobiernos timoratos y buenazos.

                                                                       ***

Me llama la atención una lectora que pregunta si es Comisión de la Verdad u Omisión de la Verdad.
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El asesinato de Juan Sebastián todavía horroriza a la mayoría de los colombianos, mientras la secretaria de la mujer, de Claudia (perdón, de Bogotá), reclama la expedición de la “más avanzada” despenalización del aborto, no solamente en los tres casos de la solapada tronera, sino para que pueda practicarse sin limitación en el tiempo; y que se elimine la objeción de conciencia del personal y de los establecimientos sanitarios, obligados a practicarlo bajo sanción penal…

Eso era de esperarse, pero nadie piensa en lo que será del país en unos pocos años, con la sustitución de la doctrina cristiana, en la educación primaria, por la ideología de género, que, junto con enseñanzas aberrantes, convence a niños y niñas de que abortar es un acto banal, desprovisto de cualquier significación ética, ocultándoles que el ADN del feto es diferente del de la madre, porque se trata de un ser humano distinto, único e irrepetible.