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viernes, 22 de julio de 2022

Ordinariez

José Leonado Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Eso es, vulgaridad, falta de educación, grosería, bajeza… y fue lo que vimos este 20 de julio en la instalación del Congreso de la República.

Los padres de la patria, como en algún momento los llamaban, esos que hay que decirles honorables y que se ganan un envidiable salario descansando varios meses al año, que tienen una reputación por el suelo y son sinónimo de los peores males que agobian a nuestra patria, esos mismos que no quieren trabajar más tiempo y que engavetaron la ley anticorrupción contrariando la voluntad manifiesta de una nación esquilmada, parecieran no escarmentar frente a la pésima imagen que tienen con la mayoría de los colombianos y por eso esta semana, buen número de ellos, se propusieron lucirse en vivo y en directo ante todo el país con su comportamiento vergonzoso, pelando el cobre en un hecho inédito que ha generado pena ajena.

Y no solo me refiero a los señores de la oposición del gobierno saliente sino, también, a los que posan de más mesurados, pero conversan con otros, hablan por celular, se distraen en su computador, se levantan de sus curules y pasean orondos por todo el recinto, cuando no duermen, entre otros vergonzosos cuadros. A mí me espanta ver que en tanto uno de ellos habla, nadie lo escucha porque todos, incluidos los miembros de la mesa directiva, se ponen a hacer cualquier otra cosa. Caótico.

El Congreso nuestro, elegido popularmente, no es otra cosa sino la expresión misma de los electores que ven en ellos sus mejores representantes. Tal para cual. Nuestra educación deja mucho que desear y por eso no hay que sorprenderse demasiado. Estamos cosechando de lo que hemos sembrado. No se le pueden pedir peras al olmo.

El presidente de la República, independientemente de que nos guste o no, que sea o no de nuestro partido político, que lo haya hecho bien, regular o mal en su gestión, merece respeto. Si la máxima autoridad de la nación es tratada de esa manera, ningún ciudadano de este pueblo nuestro se sentirá obligado a respetar a nadie. Ni a sus padres, ni a sus profesores, ni al jefe, ni al policía, ni al alcalde, ni a ninguno que pueda ostentar alguna autoridad, representatividad o liderazgo. Así las cosas, caminamos por la ruta fácil hacia la anarquía.  Siembra vientos y cosecharás tempestades, no gratuitamente nos advierte el adagio.

Lo que yo había entendido y visto hasta ahora desde que tenemos presidente electo era que se quería un gran diálogo nacional, abierto, franco, directo, constructivo, respetuoso. El país dividido no necesita que se le eche más leña al fuego, sino que haya gestos y acciones concretas de reconciliación e incluso perdón para lograr el cambio. Es verdad que de parte y parte hay muchas heridas abiertas, pero, a decir verdad, no creo que se curen mucho echándoles limón y sal. El legislativo es un espacio de debate nacional con argumentación y altura conceptual, no con gritos vulgares y groserías. Y esto va para las recalcitrantes derecha e izquierda que nos tienen hartos de sus estrategias rastreras del todo vale para conseguir sus propósitos. Hola, dejen esa ordinariez, ¡Ya no más!

viernes, 8 de julio de 2022

Ágere contra

José Leonardo Rincón Contreras S. J.
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio, plantea una conveniente estrategia para frenar en seco la posibilidad que tenemos de obrar mal a sabiendas que así lo estamos haciendo: el “ágere contra”. Si el objetivo del itinerario que propone es “ordenar la vida”, de lo que se trata es de liberarse de los afectos equívocos que uno tiene y para eso “hacer lo totalmente contrario” es realmente eficaz.

Dejo de hablar en parábolas y voy al grano: de lo que se trata es de dejar de atizar el fuego y darnos la oportunidad de construir, en cambio de radicalizar las divisiones que en este país han alimentado el conflicto y las confrontaciones en todos sus matices.

Más claro todavía. Pasada la campaña electoral, conocida la voluntad popular y elegido ya el presidente, deberíamos mirar hacia adelante, con prospectiva de futuro, con proactividad y con ganas de que las cosas mejoren para todos. De lo que se trata, repito, es de construir, de cambiar para mejorar, de echar pa’lante y de que las cosas evolucionen bien para el país y su gente.

Yo no sé ustedes, pero yo “estoy mamado” de la polarización política y de que se perpetúen los odios, las retaliaciones, los conflictos eternos entre el pueblo raso que es capaz de matarse hasta el desangre total, en tanto la clase política, con sus camaleónicas virtudes, mueve los hilos a discreción y a su antojo, se mimetiza y se acomoda para su propio beneficio.

Hay gente patológicamente enferma. Así sea de día, afirman que es de noche. Se resisten a aceptar las verdades evidentes llevados de sus tercos pareceres y radical contumacia. Cargados de rencores, envenenados en sus almas, no pueden reconocer nada nuevo y bueno en quienes han sido sus tradicionales enemigos. Anhelan la violencia, desde la verbal hasta la de las armas, porque les resulta ser un productivo y hasta lucrativo negocio. Son ciegos, sordos y mudos y quieren conducir este país al abismo del caos, la radicalización del conflicto y la destruccion, paradójicamente usando un discurso de preservar la institucionalidad, garantizar la libertad y el orden y dizque buscar el bien común.

Cuando el ambiente ha sido de zozobra, cuando la ansiedad y la incertidumbre han reinado, cuando muchos quisieran salir corriendo, huyendo de esta crítica situación y de un contexto realmente complejo, el “ágere contra” precisamente es hacer lo contrario, esto es, darnos el beneficio de la duda, dar la oportunidad al contrario de demostrarnos que puede hacer las cosas bien, sembrar esperanza, apostarle a la vida, calmar la angustia y el estrés, apostar por un mejor mañana, ayudar a construir, quedarse para colaborar y empujar hacia un futuro promisorio y ser capaces de dialogar y reconciliarnos. Lo que he visto en estos días me da pie a pensar que sí es posible, que las mezquindades personales pueden superarse en aras del bien general, que es hora de darnos nuevas oportunidades, que el país no aguanta más inequidad y miseria, que es hora de que las cosas sean distintas.

Los enemigos de la paz y la reconciliación critican a un Uribe dialogante y sensato, a un Hernández que renunció a incendiar los ánimos, a un Petro que escoge gente cualificada como ministros. El “ágere contra” es pasar la página y escribir una nueva historia. Es decisión nuestra inaplazable si de veras no queremos más desgracias de las que ya hemos tenido. Por lo menos yo le apuesto a eso.

viernes, 1 de julio de 2022

Tres satisfacciones

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Después de un tiempo de ansiedad e incertidumbre, tres alegrías diversas he experimentado esta semana: la 17ª estrella de Atlético Nacional, el informe final de la Comisión para el esclarecimiento de la verdad y el acuerdo nacional que el presidente electo quiere construir con los diferentes sectores políticos.

La estrella. Hincha del verde he sido desde cuando tenía siete años y era un equipo que solo tenía una estrella (la de 1954) y estaba de 12 entre 14 en la tabla de posiciones. Me ha tocado vivir su segundo campeonato en 1976, época en la que descollaban figuras como Raúl Ramón Navarro, Carlos Miguel Diz, Gerardo «el Mono» Moncada, los hermanos Campaz (Víctor y Teófilo), Francisco Maturana y el inolvidable goleador Hugo Horacio Londero, entre otros. No fui, pues, un hincha producto de la primera Copa Libertadores ni de la buena racha del Rey de copas. He padecido los tiempos difíciles en los que los carteles se infiltraron descaradamente en el fútbol y aquellos en los que su jugar mediocre nos puso a sufrir. Mi mayor orgullo fue haber hecho parte del comité asesor del comité ejecutivo del equipo, conocer personalmente a mis ídolos de niño cuando el equipo cumplió 60 años y disfrutar en el Atanasio la conquista de varias estrellas. Después de 5 años de obligados y traumáticos ayunos, por fin la 17 y frente a un gran rival que nos tenía acomplejados. Falta pelo pal moño para evidenciar nuevamente el talante y jerarquía como la que se alcanzó con Oswaldo Juan Zubeldía o Óscar Héctor Quintabani, para citar solo dos de sus mejores directores técnicos. Primera gran satisfacción de esta semana.

La verdad. Sabemos todos que nadie la tiene completa y por eso había que escuchar las verdades parciales de los actores de la guerra y de las víctimas. Nunca se conocerá la verdad completa, pero nos hemos aproximado bastante. Hay quienes han colaborado para su esclarecimiento y otros que, obcecadamente, se han opuesto a que se conozca. Debe ser porque la verdad duele, la verdad es incómoda, pero como decía el filósofo, la verdad es la realidad de las cosas. Por eso la doctora de Ávila hablaba de que la humildad es verdad, porque se trata de ver las cosas como sucedieron, como son, sin exagerar por exceso o por defecto, ni más ni menos. Mi hermano Francisco de Roux, con quien vivo en la misma comunidad, ha liderado un trabajo titánico junto con los otros miembros de la comisión. De felicitar no solo por la seriedad que han querido imprimirle a tan delicada tarea, sino por la fortaleza moral para aguantar tantas calumnias y tantos insultos. Para que este país madure democráticamente, tendremos que aprender a escucharnos con respeto, a debatir con argumentos, a superar la visceralidad con la razón, a tolerar la diferencia, a reconocer las propias limitaciones, a superar los dogmatismos que no es lo mismo que claudicar en los principios. Tarde que temprano la verdad saldrá a flote y ojalá no sea muy tarde pues hay que construir país por encima de nuestras propias mezquindades.

El acuerdo nacional. Tengo que decirlo honestamente. Me ha sorprendido la talla de estadista del presidente electo. Me resulta grato, ya lo dije en mi anterior escrito, su llamado a la reconciliación. Ya no estamos en campaña, ya no es cuestión de populismo. Una lección de democracia ha sido su encuentro con el expresidente Uribe y el tono de la conversación que deja abierto un canal de diálogo. Me ha admirado gratamente el reconocimiento unánime de su mandato. En un país polarizado por años en el que se esperaría un malestar indescriptible por su elección, veo que la gente quiere apostarle a una nueva etapa de país, soñar algo que no sea más de lo mismo. Quisiera creer que lo que he visto esta semana no es un colinchamiento oportunista en el bus de la victoria, sino el deseo sincero de darnos una nueva oportunidad como país. Ni Petro ha sido arrogante con su triunfo, ni sus detractores han dado muestra de ser ciegos obtusos, salvo vergonzosas excepciones de odios recalcitrantes que el expresidente enmarca en la pluralidad de su partido y de ese uribismo del que él mismo se declara curado. Creo que todos estaremos atentos a apoyar lo que nos haga avanzar como país, lo que busque equidad y justicia social, lo que construya patria, estado y nación, lo que nos permita a todos buscar “vivir sabroso” porque estamos en paz superando males perversos que tanto daño nos han hecho como el narcotráfico y sus secuelas, la corrupción con sus tentáculos destructores; la pobreza y el hambre que agobian a millones. Ojalá lo logremos.

miércoles, 29 de junio de 2022

Espera y expectación

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Nunca se nos permitirá saber si Petro ganó en las urnas o en la Registraduría, pero siempre sabremos que Colombia perdió.

La derrota estaba cantada desde cuando no se escogió con tiempo un candidato viable. El azar llevó al señor Hernández a disputar la Presidencia: ¡Tres semanas de monotema táctico contra doce años de calculada estrategia!

Faltan meses para saber si el nuevo gobierno será de modelo Amlo, o Maduro, o si finalmente vamos a un fundamentalismo tipo Castro o Pol Pot.

Entre tanto lo juzgaremos objetivamente, por sus hechos. Hasta ahora solo conocemos algunos inquietantes nombramientos y, detrás de un propuesto acuerdo nacional; vemos asomarse el espectro lívido de una constituyente.

¡Ecopetrol, la visionaria creación de Ospina Pérez, expira, y en las casas de cambio no hay un dólar!

lunes, 10 de agosto de 2020

Fe

 Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.

Son días difíciles los que se viven en el mundo por la pandemia, que origina muerte, desesperanza y crisis económica, que, además, en algunos lugares se incrementa por la violencia, por explosiones terribles que destruyen ciudades, por partidismos, racismo y miles de focos de violencia generados por la actividad humana. Para mí es inconcebible que en un planeta minúsculo se genere tanta violencia y muerte sin razón diferente a la del odio y a la destrucción por seres humanos que no tienen ningún valor para construir y por ello la maldad es la forma de trascender; pobre beneficio a la humanidad.

Colombia, nuestro país, sufre de todos los males anteriores, pero, tiene uno adicional y es el de la división casi que a niveles iguales porque el 52% del país tiene una idea de lo que debe ser Colombia y el otro 48% quiere una Colombia similar a la de otros países de la región, es decir, Venezuela o Nicaragua, en donde los sistemas comunistas, obtuvieron el país y estos se acabaron. Allá quieren llevarnos, sin compasión alguna, recorriendo los mismos caminos y similares estrategias.

Yo recurro a la fe, palabra que tiene muchas definiciones desde el punto de vista religioso, por ejemplo, la que indica que “es creer en la palabra de Dios y en la doctrina de la iglesia”. También la fe que “ve lo invisible, cree en lo increíble y recibe lo imposible”. O “es la creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior, que generalmente implica el seguimiento de un conjunto de principios religiosos, de normas de comportamiento social e individual y una determinada actitud vital”. Pero para mí, la fe “es la que nos hace vencer el temor que nos produce ver tantos acontecimientos negativos que suceden a diario en el mundo”, esa fuerza espiritual, que nos debe hacer volver al origen al entendimiento de la humanidad, a recuperar el camino, a trabajar con aquellas personas que desean con la fuerza de su corazón tener un país incluyente en el que las diferencias sociales se reduzcan, que las muertes sean solo las naturales, que el trabajo sea lo habitual y no la excepción como hoy, que las violaciones, asesinatos de mujeres, y que la violencia intrafamiliar sean solo un recuerdo negativo de nuestra historia, pero para ello debemos fortalecer nuestro interior, pensar no solo en nuestro propio bienestar, sino en el de todos los que hacemos parte de este territorio.

Una idea común, un proyecto común, para lograrlo requerimos que las fuerzas que hacen parte de nuestro sistema democrático den muestras de altura, que bajen las pasiones y no se dejen confundir por la izquierda recalcitrante, que divide para buscar su objetivo, el poder a toda costa y luego terminar con el sistema, empobreciendo más a los pobres y llevando al cierre al sector empresarial y afectando a toda la sociedad.

Debemos pensar en un gran acuerdo nacional, del que hagan parte los partidos, los independientes con un objetivo único de trabajo, definiendo 10 puntos sobre los cuales todos a una nos dediquemos a trabajarlos, para lograr despertar la mente de nuestra gente, haciéndolos compartir, luchar y vibrar por cada logro. La fe en este proyecto nos permitirá avanzar en la construcción de un gran país.

Como en todo, no se debe quedar uno en la teoría, por lo tanto, inicio proponiendo algunos cambios, que ya se han discutido en muchos escenarios y no han prosperado, No estoy inventando nada, simplemente los propongo porque me parece que pueden unir: (1.) Legislativo unicameral con limitación de salario. (2.) Justicia reformada y que en los nombramientos de magistrados no intervenga la rama legislativa, ni el ejecutivo. (3.) No a la reelección indefinida en el congreso. (4.) Mantener el sistema de gobierno y oposición. (5.) Descentralización. (6.) Fortalecimiento del agro, con grandes centros de acopio para favorecer al campesino. (7.) Salario mínimo diferencial para técnicos, tecnólogos y profesionales. (8.) Fortalecimiento de los municipios en salud, vivienda, trabajo y educación para motivar el regreso al campo. (9.) Seguridad total en las ciudades. (10.) lucha coordinada y constante contra la subversión y bandas criminales. Y (10.) fortalecimiento del sistema de seguridad social integral, motivando a la formalidad en el trabajo. Hay tenemos diez puntos, pueden ser otros o más, pero si nos esmeramos en tener una inclusión laboral y social iremos por buen camino.

Por ello, para finalizar, creo que la fe que tengo y la que podamos juntar toda la sociedad es la que nos puede dar la certeza de que recibiremos algo que aún no tenemos, abriendo la mente ante la adversidad y derrotando al enemigo con unidad y entereza.