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martes, 11 de marzo de 2025

Sr., Sra., Srta. congresista: ¿cuánto cuesta su voto?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Siempre en los parlamentos, cuando el partido de Gobierno no tiene la mayoría absoluta, se arman coaliciones a base de ministerios, empleos y prebendas, para lograr la aprobación de los proyectos de ley que presenta el Ejecutivo.

En Colombia nunca tuvimos régimen parlamentario, pero los gobiernos completaban mayorías comprometiendo congresistas. Al representante X se le colocaba el hijo bobo; al senador Y se le nombraba la querida...

A veces el voto se compraba enviando al parlamentario a conocer Italia...

Aquellos eran “pecados veniales”, pero luego se inventaron los auxilios parlamentarios, los cupos indicativos y otros eufemismos, para disimular el soborno, hasta llegar finalmente a la mermelada.

Esta última, por su inocente nombre, empezó a repartirse cada vez con menor sigilo bajo Juan Manuel Santos, y constituye el mecanismo supremo del actual Gobierno, que la reparte ahora sin tapujos, en cifras, esas sí, galácticas.

Ahora en el Congreso hay dos grupos que no reciben mermelada: los del Centro Democrático —por estar en la oposición—, y los del Pacto Histórico —por ser del Gobierno—. Entre esos dos extremos hay muchos congresistas de partidos que se dicen democráticos y hasta “independientes”, cuyos votos están en el mercado, lo que quiere decir que su precio depende de la oferta y la demanda.

La oferta es “elástica”, en el sentido de que hay legisladores que no siempre venden el voto, sea por tardía conversión moral, sea por temor a ser señalados. Del mayor o menor número de votos ofertados, el demandante, es decir el Gobierno, determina hasta dónde puede o quiere pagar...

Lo anterior significa, ni más ni menos, que hay leyes más costosas que otras...

A partir de agosto 2022, en Colombia solo hay bonanza en dos sectores: el narcotráfico y el legislativo. El primero vende estupefacientes, y el segundo, votos.

El precio del voto parlamentario es fluctuante, porque se cotiza en una bolsa clandestina y de pocos operadores, pero en general tiende al alza, porque a mayor desgaste y desprestigio del comprador —el Gobierno—, aumenta el poder del exigente vendedor.

Por otra parte, la mermelada es adictiva y conduce a ingesta compulsiva, pero para tranquilidad de los vendedores, los proyectos de ley que la requieren son abundantes.

Las cifras de $3.000 millones para el senador Alfa y $1.000 millones para el representante Beta, están al parecer ampliamente superadas. Según indicios, los billones “direccionados” a los congresistas desde la UNGRD no son los únicos destinados a esos fines por el Gobierno, porque se siguen conociendo otras fuentes. Noticias Caracol (marzo 5/25) “conoció una lista en poder de la Fiscalía —suministrada por la señora Benavides, asistente del ministro Bonilla—, que hace parte de las pruebas que demostrarían cómo se repartieron contratos de Invías por más de $350.000 millones de pesos entre los miembros de las Comisiones Económicas del Congreso.

Si dividimos esos $%350.000 millones entre los 27 legisladores, ya señalados con nombre y apellido, da un promedio de 12.962 millones por contrato, suma que, después de compartir con el ingeniero cómplice, debe dejar una cifra apreciable de 40 o 30% del monto, en el caso improbable de que la carretera sí se construya...

La generalización anterior es, desde luego, apenas didáctica, para dar idea de lo que puede rendir la mermelada. Tocaría a la Fiscalía desmenuzar contrato por contrato y legislador por legislador, cosa que tardaría varios años antes de conclusiones, suponiendo que ese organismo fuera impoluto y no dejara precluir la investigación, etcétera.

Por eso, estas notas buscan solamente llamar la atención sobre la aterradora dimensión de la corrupción y sobre la imposibilidad de que un Congreso embadurnado detenga los letales proyectos de ley con los que el actual desgobierno llevará al país al caos y la miseria, con la eficaz ayuda de tantos congresistas, que saldrán, cuando Colombia esté como Venezuela, a gozar vida de multimillonarios en España, mientras sus compatriotas padecen el hambre y todas la carencias médicas y asistenciales que vendrán con la reforma a la salud, que acaban de aprobar.

***

¿Habrá también mermelada para magistrados, jueces y grandes medios de comunicación?

martes, 11 de junio de 2024

De cara al porvenir: una pausa en el camino

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Parece mentira pero estamos a pocos días de terminar este primer semestre del 2024, plagado en el ámbito internacional de noticias terribles alrededor de la Franja de Gaza, del conflicto Ruso-Ucraniano, de los desastres provenientes del cambio climático, de las masacres y atentados que se generalizan en el planeta, del juicio a Trump, de la salud del Papa Francisco, entre otros varios titulares que por lo recurrentes se vuelven sosos y pierden fuerza al disminuir su atención entre los humanos de todas las latitudes, físicamente por cansancio.

Ni que hablar de lo que sucede en la parroquia: Petro trina y trina Petro. Que apagón sí, que apagón no, los escándalos por corrupción se multiplican como verdolaga en playa y no pasa nada, a no ser el amarillismo mediático temporal, las malditas “disidencias” siguen haciendo de las suyas, los pretendidos diálogos con el ELN siguen “viento en popa hacia la deriva”, las masacres siguen en aumento, así como los asesinatos siempre impunes de líderes sociales, padecen de atentados cada vez más frecuentes nuestros soldados y policías que parecen abandonados a su suerte en pueblos no tan lejanos, el desprestigio de la clase política parece no tener límites y la manera como se discuten, se aprueban o se desaprueban los proyectos de reforma del Gobierno, dejan para todos, muchas dudas sobre la claridad de sus procedimientos de aprobación. El triste saldo es que, en el imaginario colectivo, el Estado está perdiendo presencia y peso, cada vez, en una mayor extensión de nuestro territorio. No se nos puede olvidar la aparición del peligroso embeleco presidencial, de la posible convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, que como mínimo, será un gran distractor y consumidor de energías. Llegan a ser protagonistas por sus desafueros y delitos, apellidos de personajes desconocidos y nefastos para el país.

Llegados a este punto del calendario, aparecen el circo local y el circo planetario: ya en Colombia se adelantan los cuadrangulares finales del Torneo Profesional de Fútbol Colombiano, con la ausencia de mi muy amado Atlético Nacional, que ha realizado uno de los osos más peludos de toda su historia. Los gobiernos locales tramitan ante Asambleas y Concejos sus mal llamados Planes de Desarrollo, en su mayoría desfinanciados y disfrutamos de varios “puentes festivos” en el país del Sagrado Corazón.

Estamos recién pasadas la Europa Ligue y la Champions Ligue que son torneos internacionales que para un país subdesarrollado como el nuestro son aproximaciones ciertas a la denominada globalización.

Arranca en forma el calendario ciclístico internacional de ruta y ya obtuvimos el subcampeonato del Giro de Italia, quedando a la espera del Tour de Francia y la Vuelta a España.

Ahora comienzan los Olímpicos de París, la Copa América y la Europa Ligue y los avivatos de siempre, a lo largo y ancho del planeta, aprovecharán la distracción y la entretención colectiva para hacer sus fechorías y tomar decisiones de las cuales nos daremos cuenta cuando comencemos a padecer sus efectos nocivos.

Pareciera que nuestro destino en este momento histórico fuera signado como esclavizados a una noria. Terminamos un año, empatamos con otro, el tropel del día a día nos absorbe y cuando menos pensemos estamos ad-portas de despedir un año que nos pasó como un huracán, nos dejó cosas buenas, regulares y malas y finalmente nos consumió un año más de vida.

Para el segundo semestre, las noticias estarán girando alrededor de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de Norteamérica, los juicios a Trump, las guerras entre Israel y Hamás, Rusia y Ucrania y cualquier otro zaperoco que reviente, las catástrofes ocasionadas por la temporada de huracanes en el Atlántico occidental, la mitad del período de Petro, el juicio al expresidente Uribe, los trinos de Petro, el desgaste con lo de la pretendida Asamblea Nacional Constituyente y una serie de sucesos y acontecimientos que lamentablemente seguirán apareciendo como la realización de nuevas masacres, nuevos asesinatos de líderes sociales, atentados contra la fuerza pública, escándalos y más escándalos por corrupción y eso sí, una verdadera avalancha de entrevistas y declaraciones a funcionarios, dirigentes e implicados, que finalmente no sirven para nada.

Somos Macondo, el país de la verborrea.

¡Qué cansancio! Uno no necesita tener las bolas de cristal para más o menos saber con certeza cuál es el camino que tendremos que seguir recorriendo, desafortunadamente.

Lo que es cierto es que este país y nosotros sus habitantes tenemos una capacidad de aguante que raya en lo macondiano.

Recordemos a García Márquez con su sentencia en Cien años de soledad: “Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda capacidad de asombro, y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad. Era un intrincado frangollo de verdades y espejismos…”.

miércoles, 22 de febrero de 2023

Talante y revolución

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

La aterradora improvisación (de 1 hora 36 min.) en la Plaza de Armas, ante el mecanismo presidencial de seguridad formado por indígenas y guerrilleros, y un millar de empleados públicos, no lo es menos por la reducida audiencia como porque 50 millones de colombianos hemos sido amenazados de guerra civil, si las reformas “son entrabadas”.

Petro se radicaliza porque se siente seguro de la aprobación que el Congreso le dará también a las 21 facultades extraordinarias —leyes habilitantes, en la jerga chavista—, para permitirle revolcar el país, veloz e irrevocablemente.

A su parecer, así como contra todas las opiniones autorizadas la reforma tributaria salió, en las otras dos reformas letales —la de la salud y la pensional—, la mermelada logrará su rápida expedición.

Por esa confianza en el poder de la mermelada en el Congreso, su discurso es cada día más agresivo. No le falta tampoco razón cuando afirma que los ministros van menos rápido que él. Basta con ver su ritmo: nunca se sienta ante un escritorio. No lee ningún estudio sobre algún problema. Jamás delibera o corrige. Nunca está quieto. Pasa casi todo el tiempo en el avión, desde donde trina y retrina, habla y habla, sin la menor reflexión, víctima, además, de una manía ambulatoria irrefrenable.

De las metrópolis del mundo pasa a los caseríos, y tanto en las unas como en los otros expele su chorro de inauditos dislates, que se convierten a continuación en políticas públicas. Esas manifestaciones delirantes serían consideradas síntomas de desequilibrio en cualquier país donde todos los poderes no obedecieran a una voluntad omnímoda e inflexible, capaz de convertirlos en hechos administrativos, orientados a la eliminación del modelo económico-social de corte demoliberal por otro totalitario y marxista-leninista.

¿Qué modalidad seguirá la inminente revolución colombiana? Con las tres primeras grandes reformas, con las veintiuna que vienen tras las facultades extraordinarias, y con las que de mutuo acuerdo convengan Petro y el ELN para priorizar la colectivización del agro, la anterior pregunta es de la mayor importancia.

Según el DRAE, talante es el modo o manera de ejecutar algo; semblante o disposición personal; voluntad, deseo, gusto. Si el talante de Petro es delirante, mesiánico, obsesivo, narcisista, apabullante, vengativo y falaz, el pronóstico de su revolución no puede ser más aterrador. Durante este interminable semestre ha expresado su Leitmotiv, subdesarrollar este país para salvar a la humanidad. No a los hidrocarburos. No al capitalismo. No al Estado de Derecho. Su “democracia” es populista, tumultuaria y clientelista, es decir, comunista.

La obsesión de Pol-Pot fue la de eliminar la vida urbana. La de Petro es la eliminación del capitalismo. El resultado de ambas será el mismo, la masiva imposición mortífera de la miseria “virtuosa” para toda la sociedad, única manera de lograr la igualdad.

Para un individuo capaz de decir que “antes se moría más gente, pero con dignidad”, como argumento contra un sistema sanitario mejor, establecer una especie de ideal religioso inverso para cambiarlo todo y pasar invicto a la gran historia, está de acuerdo con una ambición desmesurada y amoral.

Las gentes, aterradas, confían en un milagro electoral en el octubre venidero, para detener la caída en el abismo, pero ganar sin unidad, carentes de maquinaria, dinero, medios de comunicación y contra una Registraduría confabulada, es muy poco probable.

Pero la monumental expresión de rechazo popular a Petro, en las gigantescas marchas del 15 de febrero, abre una ventana de esperanza, porque el pueblo es superior a los dirigentes políticos, enzarzados en componendas clientelistas e inanes. Por eso es necesario que la voluntad nacional se refleje en un rechazo ciudadano intenso, continuo, permanente y masivo, como una parálisis preventiva que nos ahorre la parálisis perpetua del castro-petrismo consolidado.

***

Las grandes “improvisaciones” de Churchill requerían larga y paciente preparación… ¡Qué diferencia!

martes, 15 de noviembre de 2022

De cara al porvenir: flor de un día

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Solo por verificar una hipótesis personal, le pregunté a unas cuantas personas el nombre de los dos candidatos que se enfrentaron en la segunda vuelta electoral   en Colombia y las respuestas me ratificaron lo que intuía: se les había olvidado el nombre del candidato que se enfrentó al actual presidente.

Y es que es claro que la aventura política del ingeniero Rodolfo Hernández estaba respaldada por el libre ejercicio democrático, más no por un proyecto serio, lo cual demuestra una vez más las debilidades del reconocido como “el menos malo de todos los sistemas”.

También quedó claro que la gente no votaba por él, sino contra el otro candidato, lo cual es válido, pero demuestra la pobre cultura política de los pretenciosamente denominados ciudadanos en Colombia.

El apoyo numéricamente importante a una persona respetable pero desconocida, deja mucho que desear con respecto a las dinámicas internas y a la poca credibilidad que hoy tienen los mal llamados partidos políticos.

Ahora bien, ese ilustre desconocido obtuvo 10.5 millones de votos respaldado en su consigna contra la corrupción, y se esperaba que al menos su independencia diera cabida a un nuevo tipo de oposición, lo cual, como era previsible no se dio ante la falta de estructura y de cuadros de su movimiento, pues una vez siendo perdedor, quedaba la opción de asumir o no la curul como senador a la cual tiene derecho legal y legítimo, pero que ante su impreparación e inexperiencia en el mundo parlamentario, pues terminó en que acaba de presentar su renuncia al senado para aspirar a un cargo público en su departamento, lo cual también es absolutamente válido y legítimo. Y es inevitable hacerse una pregunta hipotética: si siendo senador se vio desbordado por la realidad y se sintió “como Messi de arquero” ¿qué hubiera podido pasar de haber sido elegido presidente?

Poco participó mientras estuvo en el Congreso y poco le duró su relación con su fórmula vicepresidencial, ya que se distanció de ella por haber participado en algunos acuerdos políticos sin su consentimiento.

Flaco servicio a una democracia débil y cuestionada, bofetada limpia a los partidos y movimientos políticos, pero lamentablemente ese es el reflejo de la realidad política de nuestra exuberante, mal querida y mal manejada Colombia.

Quijotadas o irresponsabilidades como estas no se pueden volver costumbre en un país tan emproblemado como este.

Es de suponer que quienes se sintieron perdedores en las anteriores elecciones presidenciales y en las regionales que se realizarán de nuevo el año próximo, han comenzado ya y ya tienen claros los procedimientos para seleccionar sus candidatos de cara a la competencia electoral, afinando perfiles y teniendo un conocimiento claro de la situación que les correspondería enfrentar para poder presentar propuestas serias.

El no hacerlo, sería una invitación a que cayéramos en lo mismo, lo cual debilitaría aún más la credibilidad en los partidos y en la propia democracia.

Un ejercicio similar al mencionado al principio de este artículo podría hacerse localmente: ¿quiénes fueron los candidatos a la gobernación y a la alcaldía hace tres años? Y el resultado seguramente será el mismo: no los recordamos.

No es posible que en nuestra región no se pueda contar con candidatos que permitan asegurar que se tendrá un gobernador que por lo menos iguale el talante del actual y que en nuestra ciudad no se pueda contar con personas que superen el pobre perfil del actual alcalde y su equipo.

Y, si no se seleccionan buenos prospectos y resulta ganador algún candidato alternativo, ojalá luego no se pongan a buscar a través de movimientos de revocatoria del mandato revertir resultados ocasionados por malas campañas, ausencia de propuestas y malos candidatos.

¡Amanecerá y veremos!

NOTA: Como dice mi distinguido amigo el doctor Alberto Merlano, “No expectativas, satisfacción asegurada”.

jueves, 20 de octubre de 2022

¡Quien ignora la historia está destinado a repetirla!

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Con el ánimo de que el lector encuentre la referencia a tiempos actuales y reflexionemos sobre la importancia de las próximas elecciones parlamentarias para el futuro de nuestro país, transcribo esté artículo autocritico del parlamento de entonces, escrito en los años 50 por el entonces senador de la República, Luis Guillermo Echeverri Abad, quien fuera mi abuelo paterno titulado: Grandeza y pobreza del Parlamento.

Grandeza y pobreza del parlamento

Por Luis Guillermo Echeverri Abad

(Obra Completa. Pag. 307 Tomo I. Editorial Bedout. 1965)

Por cesión continua de atribuciones esenciales, que no era otra cosa que pereza del Congreso y desmedida ambición del Ejecutivo, llegamos al caótico ambiente que encontró́ la dictadura. Ella se inspiró precisamente en muchos errores del Congreso y en no pocos del Ejecutivo. En ellos se atalayó para desparramar arbitrariedades y corrupción; en ellos, desgraciadamente, hubo de encontrar respaldo seguro para no despreciable copia de iniquidades.

Ese continuo otorgamiento de facultades extraordinarias, no solo en lo expresamente previsto por la Ley de Leyes para la soberanía y el orden público, sino para casos de exclusiva competencia del Congreso, que forman como su esencia misma, creó el estado de relajación nacional que no podía menos de llevarnos al caos de la tiranía.

El Congreso, ocupado en intrigar ante el Ejecutivo, y este feliz con las intrigas –como medio ellas de robustecer su organismo– había abandonado los caminos y deberes propios, y aceptaba, de buen grado, sin resistencia ni oposición, que cada vez fuera menor su categoría y más débil su influjo legislativo, y menor la zona de sus atribuciones, para que a tiempo el Ejecutivo invasor y monopolista adquiriera suma abundosa y fuerte de poderes.

Al Ejecutivo lo llenó de poderes el Congreso, y para satisfacer sus anhelos de omnipotencia, no vaciló nunca en crear organismos, inútiles muchos de ellos, todo para surtir la demanda de las intrigas parlamentarias.

Gran parte de "Los Prostitutos" que en tanta cantidad existen, obra son de arreglos y concesiones recíprocas entre Congreso y Ejecutivo. Y qué tarea tan áspera será la de revisar cuáles sirven y cuáles estorban o dañan. Se han creado tantos intereses en torno a "Los Prostitutos", que será obra lenta estudiados para saber de cuántos debe prescindirse.

Existen algunos que francamente no tienen uso; que se ignora por completo la obra que hayan adelantado durante su existencia molondra, de pereza remunerada y costosa.

Muy oportuno, bueno, conveniente, necesario y urgente, sería que "Los Prostitutos" existentes produjeran sus memorias para el Congreso venidero, pues el país debe enterarse minuciosamente de lo que han hecho en esa selva burocrática, y conocer cuántos existen, lo que vale sostenerlos y la falta de armonía administrativa que establecen.

La actual desarticulación en el Gobierno depende, en parte apreciable, de la existencia de entidades autónomas, muchas de ellas sin control efectivo, arbitrarias en sus iniciativas y casi irresponsable. Esa delegación de funciones pródiga hasta la exageración, oculta responsabilidades y diluye los presupuestos. Los ministros no alcanzan a vigilar "Los Prostitutos", ni siquiera a conocerlos y el país sabe de ellos que los paga, pero poco, o nada, recibe como fruto de su acción. En ocasiones tienen atribuciones y campos de acción similares, y por ello no se sabe cuál debe obrar, ni a cuál debe recurrirse, más claramente, son un Estado dentro del Estado; una segunda administración a topa tolondra, costosa y en la mayoría de los casos superflua.

La lista de "Los Prostitutos" es larga, demasiado larga, y nadie sabe hasta hoy cuánto vale sostenerlos, ni se conoce, a decir cierto, si el gasto está o no remunerado, si tiene o no justificación. En esta nueva etapa de la vida nacional el Congreso tendrá, pues, que analizar con calma esa situación, pero para ello se requieren datos e informaciones precisas, porque seguramente el estudio esmerado llevará a refundir muchos de ellos, o a prescindir de no pocos.

Y entre "Los Prostitutos" que es de urgencia, de necesidad estudiar, hállase el Seguro Social, monstruo dilapidador y creador de grandes males. La experiencia nos está demostrando la orgía de gastas en que con dinero de jornaleros, empleados y patronos, ha vivido ese monstruo, que soporta un robo, que se conozca, de treinta millones de pesos. Ha sido escuela de ineptos y refugio de fracasados, llevados a él por meros intereses políticos, en el que los "conejos", a sueldo y jornal, han venido sirviendo para experimentación y aprendizaje.

En el campo el tal Seguro Social ha ocasionado violencia y abusos, y lejos anda de haber dado asistencia a los beneficiarios. Ha servido sí, para cobros indebidos y para vagabundear al personal de trabajadores y colaborar copiosamente en su desmoralización. Igualmente ha servido para que se refugie en él la oligarquía, a la que en las ciudades se dispensa, por demagogia y propaganda, toda suerte de cuidados y atenciones, mientras los pueblos y campos están abandonados. Si se abriera una encuesta entre los trabajadores y afiliados al Seguro Social, posiblemente daría como resultado el deseo de regresar a los servicios que las empresas y particulares les daban antes, muy superiores y más oportunos que los presentes. Son tantas las tachas, vicios, errores, que tiene ese instituto, que daría para varios artículos, luego es muy urgente que tenga listo su informe para que el Congreso estudie la conveniencia de liquidarlo, o la necesidad de sostenerlo, si es que esta existe.

Y como el Seguro Social hay muchos otros, que cuando se estudie su funcionamiento mostrarán males y errores tremendos, lo que apenas es natural dada la falta de interventoría, o la presencia de interventores complacientes; la ausencia de vigilancia pública y la exagerada autonomía que se les concedió.

Los reglamentos del Congreso, adoptados para épocas diferentes a las actuales, adolecen de fallas que reclaman enmienda inmediata. Son cedazo por donde se cuela la recursiva imaginación parlamentaria cuando de entrabar el debate se trata, o el interés eminentemente político quiere imponer su dominio sobre los de carácter nacional. Dan asidero para toda suerte de rabulerías, gracias a las cuales se hicieron en el Parlamento muchos prestigios vacíos y falsas eminencias. Se era buen congresista –y resulta oportuno memorarlo– tan solo por el aprovechamiento marrullero de los reglamentos; por el leguleyismo encaminado a torcer el sentido de las normas; por la habilidad en saber presentar una proposición de esta o de aquella clase, dirigida a prolongar debates o a desviados de sus fines. Es decir, en lo que solían llamar "templo de las leyes", los mismos encargados de hacerlas empezaban incumpliéndolas o dándoles interpretaciones acomodaticias, cuando ello valía para propósitos de la política, o del simple exhibicionismo empalagoso y petulante.

Esos reglamentos, a más de ser complejos y andar regados en diferentes actos de consulta difícil y en ocasiones contradictorios requieren enmienda inmediata, si el Congreso realmente quiere adelantar trabajos metódicos, con respaldo serio y ansia de acierto. A la hora presente el discurso debe ajustarse al tema, abocado directamente, y con limitación adecuada de tiempo.

Por áspero que sea un tema, veinte o treinta minutos son suficientes para exponerlo, desde que el orador lo haya estudiado y entendido. No es preciso, tampoco, que sobre un mismo tema intervengan quince o veinte oradores, que por lo común hablan de cosas distintas al motivo de la discusión. Generalmente en un debate sobran diez o doce discursos, porque harto difícil es hacer creaciones o variaciones sustantivas sobre una tesis económica, o sobre un problema social, si el informe de la comisión está ceñido al fin y la exposición de motivos es clara y documentada. De allí que se justificaría una comisión que estudiara las exposiciones de motivos y únicamente aceptara, para la discusión en las comisiones respectivas, las que estuvieran presentadas con documentación y claridad, no esas improvisaciones ridículas con que se solían acompañar proyectos de leyes de implicaciones graves.

De allí que deba imponerse la obligación de presentar los proyectos con exposiciones de fondo, claras, documentadas, sencillas, para que las comisiones cuenten, desde el primer momento, con bases para adelantar el estudio, y que estas, a su turno, agoten la materia. De las comisiones debería salir el proyecto tratado por todos aspectos, y nombrar un vocero defensor del informe, y un opositor, solo en el caso de que en la respectiva comisión el asentimiento no reúna mayoría de dos terceras partes, u otra que se convenga.

Las comisiones deben ser de tal importancia y eficacia, que sus estudios eviten repetición de debates en las sesiones plenarias. Más claramente, el presente, y, los problemas tan graves que tiene el Congreso, no permiten el viejo sistema parlamentario, agotador, costoso y superfluo. Ahora será necesario dedicar el tiempo a análisis metódico y estudio serio, sin halago de vanidad y aplauso, en ambiente de estudio, reposado y tranquilo. El país no tolerará la malversación de tiempo en debates sin ton ni son, en intervenciones que nada llevan. Quiere trabajo, estudio, ambiente tranquilo, seriedad en la controversia, dominio de los temas, soluciones sensatas. Está fatigado de la fronda oratoria y desea ver en sus mandatarios ánimo de acierto, que no mero empeño por pronunciar discursos. Para hablar de crédito, moneda, impunidad, café, o de "Los Prostitutos", no es preciso citar a Platón ni agarrarse de Cicerón, para recorrer golosamente la historia luminosa de Grecia. Basta presentar sencilla y documentadamente los problemas y mostrar soluciones, tal se procede en los grandes negocios del mundo. El Congreso es asamblea de pensadores, así debemos anhelado, y no reunión arisca y excitada de papagayos ruidosos.

Pero la organización del Congreso no podrá lograrse sin elementos materiales adecuados. Se ha trabajado allí en forma pobre, apta para otros tiempos, pero de ninguna manera para el presente complicado. Los problemas actuales son de trascendencia e implicaciones tremendas, pues la sola revisión de los decretos leyes impondrá largo y cuidadoso estudio, que debe organizarse desde el comienzo en comisiones múltiples, distribuido el trabajo por materias, y con asesoría de expertos. Obrar de otro modo equivaldría a dejar vigente el caos legal y una trama de obstáculos fatales para la marcha futura del país. Esa maraña de disposiciones, si no se analiza con todo esmero y en ambiente propicio, podría crear graves problemas de interpretación y lentitud gravosa en la administración, pero para poderla cumplir, como lo desea y necesita el país, es urgente darles, a quienes hállanse obligados a adelantarla, elementos y medios adecuados. Sin empleados competentes, ni obras de consulta, ni oficinas, no será posible trabajar con método, y todo eso le falta al Congreso.

Además, el país, en muchos aspectos esenciales, se está rigiendo por normas transitorias, que no podrían caer de la noche a la mañana sin haber sido reemplazadas, pues el trastorno alcanzaría proporciones catastróficas, lo que por sí muestra la gravedad del momento y la necesidad de reposar en la oratoria para dedicar inteligencia, conocimientos, experiencia y tiempo, a la tarea inmensa de la reconstrucción institucional, que impondrá un esfuerzo sin tregua.

Debemos comprender que el próximo Congreso tiene cargas y responsabilidades excepcionales, y que, si fracasa, por faltas de sus miembros o ausencia de colaboración general, el fracaso no caerá sobre quienes lo integran sino sobre todo el país. Ya tenemos experiencia de que el descrédito del Congreso, por acción del Ejecutivo, descuido de los electores, mala orientación del trabajo, y cesión desmedida de atribuciones, condujeron al permanente régimen de estado de sitio, y a la dictadura, la desmoralización, la bancarrota, y la violencia. Estamos viviendo y padeciendo las consecuencias de no haber tenido Congreso, de haberlo cerrado, y le corresponde a este proceder, sin tardanza, a remediar los males y volver por la plenitud de sus derechos, su dignidad y prestigio, y al país, vigilar y colaborar para que así ocurra a fin de que el porvenir sea menos áspero y para que las nuevas generaciones, que no han podido entrar en vigencia, que no han podido actuar por los horrores padecidos, cuenten con una patria en paz, organizada y progresista, donde puedan colaborar como lo anhelan, con plenísimo derecho.

La generación que hizo el caos, obligada está a restaurar los contornos y perfiles que plasmaron la noble fisonomía de la República, y a reforzar las bases de su estructura constitucional y democrática; a dar ejemplo de laboriosidad y patriotismo, y a restituir parte de lo que en tormentosas horas de locura le arrebató a la tierra de los mayores, y a los hijos y nietos que han tenido que soportar, silenciosamente, inermes y atónitos, el desmoronamiento de la moral y la infame vigencia de la violencia devastadora.

El Congreso llegó a gastar meses en un debate cualquiera mientras el país esperaba ansiosamente soluciones para graves males, cuya vigencia iba abonando territorios de violencia. Llegó a convertirse en algo, también, que el público escuchaba, no para ilustrarse sobre problemas y angustias de la patria, sino para divertirse con tan jocoso programa radial.

El trato en los debates había venido a menos y alcanzado tono tal de desprecio y agravio, que fácilmente se pasó al atentado personal.

Teñido por sangre de congresistas el recinto de la Cámara, cundió desde allá el mal ejemplo fatal. No podía ya esperarse que el país desatendiera el inicuo llamamiento a la acción intrépida y despiadada, que a cada albear produce cosechas de vidas inocentes, segadas en lejanos pejugales por alevosas manos ensoberbecidas y endemoniadas.

Había llegado a nivel tan ofensivo el lenguaje de las controversias; valía tan poco el significado de los vocablos, que el Congreso daba –confesémoslo como arrepentimiento que avive propósitos de enmienda– la impresión de un baile de garrote en lejana explotación minera.

Llegaron a emplearse allí, ¿quién lo creyera?, pitos y medios obstaculizadores y ridiculizantes, y oprobiosos sistemas que abajaron la nobleza del mandato y desfiguraron la fisonomía del parlamento. Y volverán algunos de los pitadores, pero que estén ciertos de que ya el país no los tolerará, ni los toleraremos los congresistas. ¡Juro a Dios!

Antaño el Congreso había servido de modelo y ejemplo. Era lugar de grandeza donde preclaras inteligencias vertían sus fulgores a través de lenguaje sencillo, severo y noble. Cuando afloraba la ironía no se sabía qué admirar más, si el efecto desesperante que producía, o la forma como iba jugando a escondidas el veneno urticante en la castiza habla gallarda. Por aquellos claustros discurrieron varones de conciencia limpia e irrevocable fe en la democracia, gentes de virtudes, que en laborioso proceso cimentaron la República y plasmaron en constituciones y leyes, la orientación de los destinos nacionales, hasta destacarse gloriosamente Colombia en el anchuroso panorama de América, y ser ella orientadora de pueblos y gobiernos.

Mas la ironía y la respuesta fina cambiaron de ropaje para desviar en insultos e injurias el lenguaje que venía de hontanares puros por cauces de Caros y Cuervos, Ospinas y Murillos, Restrepos y Uribes, Valencias y Suárez, y hartos más de alcurnia noble, y descaeció hasta confundirse en habla alegre, y vivaz por cierto, pero innoble y plebeya, de arrieriles faenas.

El trato caballeroso dejó de ser de parlamentarios, y el grito alcanzó más que la razón, y cuando este se ahogaba en rochela de desorden o en la algarabía de pitos, los disparos pudieron sobre los gritos y la razón; pudieron tanto que abrieron los amplios caminos por donde entró, como a su propia casa, la dictadura con todo el cortejo de sus males.

El Congreso –necesario es decido– derivó a decadencia fatal, no únicamente en cuanto a estilo en la oratoria y trato respetuoso entre sus miembros, sino por otros aspectos cuyo solo recuerdo acobarda y angustia.

Las influencias de algunos sectores capitalistas, o el miedo a las organizaciones sindicales, habían penetrado hondo, y a veces parecía que fueran ellos quienes movían las cuerdas de los autómatas y obedientes mandatarios del pueblo, para producir efectos de sus conveniencias. Fue fácil observar el juego de las influencias; fue sencillo descubrir los métodos de que se valían para alcanzar ciertos propósitos o entrabar determinadas iniciativas; fue sencillo descubrir el interés o el miedo. Pero preferible olvidar.

Estuvieron muy actuantes, en el desprestigio alcanzado, gentes que por razón de los intereses que representan, y por su misma categoría, no debieron nunca propiciar actos que a todas luces eran, son y serán reprobables. Más tarde tuvieron que jugársela toda para corregir el error, para salvar al país del mismo abismo a que ellos también lo habían empujado.

Convertir al congresista en defensor de un interés particular o en acusador de un proyecto de conveniencia común y nacional, porque él afectó transitoria o permanentemente un interés particular, es acto que merece pública reprobación y castigo infamante.

No pueden, quienes están cubiertos por prestigio y respaldados por altas posiciones, valerse de medios reprobables para obtener sus propósitos, y hacerla se confunde con traición a la patria, porque desmorona el prestigio del Congreso, en donde se asienta por derecho propio la democracia. Es tanto como desmoronar los cimientos de la patria. Equivale a colocarla al borde de la disolución o en manos de la dictadura.

Animado por colocar modestísimo aporte a la tarea de reconstrucción institucional, hube de escribir la serie de notas que hoy llega a su fin, sobre algunos vicios y errores del Congreso que reclaman enmienda en la etapa legislativa próxima.

El país confía en el Congreso y quiere hallar en él remedios para los males que nos afligen. El Congreso, de su cuenta, tendrá que responder a tales confianzas y anhelos, entregándose en cuerpo y alma, fervorosa, desvelada y tenazmente, a reconstruir la averiada administración pública y a detener los crímenes y la impunidad para salvar los patrimonios morales y materiales; a derrotar la miseria, que harto duro está hincando su garra y excitando revolución y delitos; a mejorar la higiene, más claro a establecerla; a fundar la educación, tan olvidada, desestimada, mal encauzada y peor realizada; a provocar estímulos para el trabajo y expansión para la agricultura y la ganadería; a obligar a los trabajadores a que trabajen, tal se obliga a los patronos a pagar salarios y prestaciones; a fundar también la justicia, venida tan a menos, caída tan abajo. Es que todo está arruinado, corrompido y deben echarse cimientos nuevos, sólidos y firmes, para que el edificio de la República se levante majestuoso, y nada, ni nadie, pueda en hora mala resquebrajado o averiado.

Corresponderá al Congreso llenar vacíos, corregir males, derogar normas absurdas y expedir muchas leyes, que con urgencia de necesidad reclama la ciudadanía. Sobre él pesarán responsabilidades y trabajo fatigoso de todos los días y horas, porque harto hondo y ancho fue el daño ocasionado por la acción destructora de la ignorancia, amparada por la tiranía, durante el largo y oprobioso comedia del estado de sitio.

Hubimos de llegar a cuanto padecemos porque había la consigna de desacreditar al Congreso, menguar su majestad y categoría, reducir el campo de sus atribuciones, abajarle su dignidad y mancillar su decoro. Y, penoso, pero preciso es apuntado, el Congreso, en harta parte, atizó con la intemperancia y violencia verbales, o con la negligencia y descuido, la candela encendida para quemar su grandeza y trocar en humo y ceniza el prestigio, su glorioso pasado, creador y fecundo. A veces hubo de ser colaborador experto en tan mezquino y peligroso empeño.

El parlamento posee ahora vigor y grandeza. Llega a la realización de su obra, después de largo y criminal receso, sin la mancha del pecado original del fraude, limpias sus credenciales, y entonces debe usar de sus atribuciones en forma alta, ennoblecida por las tremendas responsabilidades que se han confiado, y que está obligado a sobrellevar con decidido empeñó de acierto, para conducir su tarea sin desfallecimientos ni treguas, con ardoroso patriotismo y trabajo que, dando a un mismo tiempo ejemplo, dignifique, avive y halague el optimismo de las gentes, despejando, nubarrones y abriendo claros horizontes por donde, vuelva a colarse la luz de la esperanza!, y excitando las iniciativas privadas hasta que reverdezca y madure la confianza, y se estabilicen la justicia y la paz. En resolución, para que vuelva a ser justo y honorable el país; pura y organizada la familia; honrados los patronos y obreros; cristianos los católicos.

Sobre todos los aspectos de la vida colombiana existen normas de carácter extraordinario, fruto del interés personal algunas de ellas, inspiradas otras en propósitos solapados. Y perversos, necesarias también no pocas, pero improvisadas todas a estímulo y calor de la irresponsabilidad que infundía la omnipotencia de poderes. Modificar ese desastre, limpiar la legislación para imponerle severidad, claridad, generalidad y obligatoriedad, y cifrarIa de tal suerte que le asegure a los ciudadanos la plenitud de sus derechos, imponiendo, al tiempo, al Estado y al Gobierno, el riguroso cumplimiento de los deberes que le son propios, obra será de paciencia, estudio, abnegación indeclinable y sacrificio permanente, desde luego áspera, complicada, difícil, pero desde todo punto necesaria y urgente.

Al próximo Congreso, como antes a ninguno, le está reservado planificar el futuro y desmalezar de deshonor, ignominia y arbitrariedad, el pasado de ayer. Y quienes vamos a formarIo no podremos descansar ni ser inferiores a la confianza y responsabilidad que comporta el encargo recibido. Habrá que hacer un esfuerzo tremendo, sin pausas ni reposos, empapado de buena fe, embadurnado de generosidad espiritual, conducido por caminos de respaldo y tolerancia, presidido por austeridad, cordura y desinterés; avigorado por empeño noble de reconstruir la República. Si de tal suerte no obrásemos, o si desgraciadamente resultásemos inferiores al momento y gravedad de la hora, el país volvería, sin que nos quepa la menor duda, por caminos de fuerza y dictadura.

El pueblo colombiano tiene todo derecho a vigilar celosa y constantemente que el Congreso cumpla sus deberes, y a mantener en mientes a quienes traten de entrabar la tarea de rehabilitación, o por mezquinos intereses políticos, egoísmo u otra cosa innoble, intenten estorbar la tarea que debe, adelantar el Congreso mismo.

La hora presente es demasiado grave para no concederle la importancia que merece. Estamos al borde de una catástrofe económica; por dondequiera el hambre pasa estimulando lucha de clases, excitando crímenes, sembrando pavura y desolación; por veredas de la patria se ha regado mucha sangre y están ariscos y prevenidos los espíritus; en las ciudades, en la misma capital, la vida y bienes están a capricho y voluntad de los perversos; la moral ha sufrido atroz bancarrota; la impunidad, mal que riega su mancha de oprobio y disolución para que imperen los antisociales y valgan más los delincuentes que los hombres de bien y de trabajo; la pobreza cada día es más, y para más; la juventud carece de horizontes; la educación y la higiene no existen, y ese angustioso panorama, esa horrenda y vergonzosa realidad no puede arreglarse o corregirse, o detenerse, mientras no haya un sincero y solemne acuerdo de los hombres de bien que encauce todos los esfuerzos a librar la campaña urgente de la recuperación. Cualquier desvío, negligencia, o falla, en estos momentos de angustia y desconcierto generales, nos conducirá implacablemente a la anarquía o nos llevaría nuevamente a la dictadura.

El Congreso tendrá que defenderse a sí mismo a par y tiempo que de sus enemigos; tendrá que defender al país en este momento, el más grave y duro de su existencia, y la ciudadanía tendrá que ayudarle en su tarea grande, áspera, dura, pero pidiéndole cuenta y razón a quienes no quieran servir como colombianos o pretendan mantener el estado de cosas que nos coloca a los linderos de hondo precipicio.

El presente, enrastrojado de problemas como nunca los tuviera el país más graves, reclama acción de conjunto, decisión, trabajo, desinterés, aplomo, patriotismo. No prestarle a la patria los servicios que está necesitando, equivaldría a jugar con sus destinos y suerte, y quienes así procedieran, deberían merecer la sanción que todos los pueblos reservan para quienes fugándose de los compromisos con la moral universal y la naturaleza, se convierten en traidores.

Solidarizarse con la impunidad y la violencia, hermanarse con el crimen, desposarse con el desorden, o de cualquier manera estimularlos o encubrirlos, es, ni más ni menos, traición a la Patria, y los traidores no pueden pedir clemencia ni los países tienen derecho a concedérsela en tales casos, a no ser que quisiéramos convertirnos, –que no lo creo– en protectorado o dominio de civilizaciones menos averiadas.

En resolución, el dilema es claro; o Congreso digno, responsable y laborioso, o ignominiosa dictadura. Tal es el punto a que hemos llegado. Y a los hombres de bien, que han merecido confianza de la Patria, tócales decidir en manos de quién vamos a quedar, y estamos precisamente en el momento de tomar la decisión.

viernes, 22 de julio de 2022

Ordinariez

José Leonado Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Eso es, vulgaridad, falta de educación, grosería, bajeza… y fue lo que vimos este 20 de julio en la instalación del Congreso de la República.

Los padres de la patria, como en algún momento los llamaban, esos que hay que decirles honorables y que se ganan un envidiable salario descansando varios meses al año, que tienen una reputación por el suelo y son sinónimo de los peores males que agobian a nuestra patria, esos mismos que no quieren trabajar más tiempo y que engavetaron la ley anticorrupción contrariando la voluntad manifiesta de una nación esquilmada, parecieran no escarmentar frente a la pésima imagen que tienen con la mayoría de los colombianos y por eso esta semana, buen número de ellos, se propusieron lucirse en vivo y en directo ante todo el país con su comportamiento vergonzoso, pelando el cobre en un hecho inédito que ha generado pena ajena.

Y no solo me refiero a los señores de la oposición del gobierno saliente sino, también, a los que posan de más mesurados, pero conversan con otros, hablan por celular, se distraen en su computador, se levantan de sus curules y pasean orondos por todo el recinto, cuando no duermen, entre otros vergonzosos cuadros. A mí me espanta ver que en tanto uno de ellos habla, nadie lo escucha porque todos, incluidos los miembros de la mesa directiva, se ponen a hacer cualquier otra cosa. Caótico.

El Congreso nuestro, elegido popularmente, no es otra cosa sino la expresión misma de los electores que ven en ellos sus mejores representantes. Tal para cual. Nuestra educación deja mucho que desear y por eso no hay que sorprenderse demasiado. Estamos cosechando de lo que hemos sembrado. No se le pueden pedir peras al olmo.

El presidente de la República, independientemente de que nos guste o no, que sea o no de nuestro partido político, que lo haya hecho bien, regular o mal en su gestión, merece respeto. Si la máxima autoridad de la nación es tratada de esa manera, ningún ciudadano de este pueblo nuestro se sentirá obligado a respetar a nadie. Ni a sus padres, ni a sus profesores, ni al jefe, ni al policía, ni al alcalde, ni a ninguno que pueda ostentar alguna autoridad, representatividad o liderazgo. Así las cosas, caminamos por la ruta fácil hacia la anarquía.  Siembra vientos y cosecharás tempestades, no gratuitamente nos advierte el adagio.

Lo que yo había entendido y visto hasta ahora desde que tenemos presidente electo era que se quería un gran diálogo nacional, abierto, franco, directo, constructivo, respetuoso. El país dividido no necesita que se le eche más leña al fuego, sino que haya gestos y acciones concretas de reconciliación e incluso perdón para lograr el cambio. Es verdad que de parte y parte hay muchas heridas abiertas, pero, a decir verdad, no creo que se curen mucho echándoles limón y sal. El legislativo es un espacio de debate nacional con argumentación y altura conceptual, no con gritos vulgares y groserías. Y esto va para las recalcitrantes derecha e izquierda que nos tienen hartos de sus estrategias rastreras del todo vale para conseguir sus propósitos. Hola, dejen esa ordinariez, ¡Ya no más!

lunes, 27 de junio de 2022

Reflexionemos y actuemos

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

Llegó la hora de reflexionar y actuar, pero con orden, después de que cada uno de nosotros los que perdimos la elección, hagamos el duelo y podamos analizar el presente y el futuro con serenidad, con estrategia y planeación para proyectar la forma de actuar coherente y masiva.

Debo expresar varias cosas para que ustedes y yo, en conjunto, podamos definir el camino a seguir, a saber:

*No olvidemos que los votos de la derecha fueron 10.454.000, que se perdió por 700 mil votos y que podemos afirmar que el país no solo tiene una división política, sino, también una división territorial, 17 departamentos con Gustavo Petro y 16 con Rodolfo Hernández. Esto nos lleva a concluir que el presidente no podrá actuar con total libertad cuando no cuenta con mayorías suficientes de ciudadanos y ello, lo hará reflexionar sobre la forma de acometer las reformas que pretende.

*La derecha está dividida a la vez en partidos y movimientos por firmas que obedecen a liderazgos individuales, no de grupos, lo cual conlleva a que las acciones de cada grupo serán diferentes entre sí y cada uno se creerá el dueño de la verdad. Esto hoy impide que se piense en forma colectiva, bajo unos criterios claros.

*A la vez, al interior de cada grupo o partido existen diferencias entre los miembros lo que conlleva a que su fuerza y liderazgo se pierda en la maraña de las discusiones haciendo imposible construir proyectos e ideas de largo plazo, por cuanto estas duran hasta las elecciones, no se trabaja la fuerza de unos principios coherentes y fijos que enmarquen el rumbo y que todos se sometan a ellos.

*Hoy, a ocho días del triunfo electoral de Gustavo Petro, se están efectuando reuniones entre el candidato elegido, los partidos políticos y sus líderes, buscando alianzas y un acuerdo nacional que permita tener gobernabilidad lo cual en sí mismo es válido, pero, puede traer consecuencias funestas el que los partidos se entreguen de una al gobierno de turno.

Lo que se pretende es tener un mejor país, generando confianza y dando estabilidad jurídica, económica y social, pero sí debemos ser sigilosos ya que la izquierda radical del candidato ganador, no da nada gratis y pueden obtener todo.

A pesar de  los acuerdos, y de  algo de estabilidad, es necesario que nos preparemos en  las regiones, y por ello, debemos pensar de una forma diferente, protegiendo el entramado social que representan los departamentos y sus habitantes, no contando con los partidos que ya no existen, ni con los movimientos por firmas que es son el principio del fin de las democracias, sino contando con todos los ciudadanos, un movimiento cívico fuerte, con ideas precisas, con fundamentos que hagan parte inequívoca del movimiento, en el que quepan todas las personas porque el objetivo es el de fortalecer las regiones, no el de buscar independencia o separación del estado Colombiano, se respeta y acata la soberanía, la autoridad del ejército nacional, las relaciones internacionales, pero se busca dar fuerza económica a las regiones fortaleciendo sus ingresos disponiendo en forma directa de ellos y entregándole al Estado una menor participación. Así fortalecemos la economía, damos fuerza a la política con alcaldes y gobernadores elegidos popularmente, pero con un sentido de acción regional con más recursos a disposición y obviamente con diputados y concejales que realmente puedan promover normas y gravámenes propios que ayuden al desarrollo de la región.

Las regiones o comunidades autónomas son claramente una forma de descentralización política, financiera y administrativa en la que sus habitantes tendrán más competencias para aprobar sus propias leyes. Será un gran cambio que facilita que las regiones se desprendan del centralismo que agobia.

En Antioquia existe un grupo de ciudadanos, como bien lo dijo  Bernardo Guerra en su artículo de hoy en las páginas del Colombiano, de diversas profesiones y oficios liderado por ciudadanos prestantes como Jesús Vallejo, Héctor Quintero, Félix Alfazar, Rodrigo Sanín, Julio González, Luis Fernando Duque, Óscar Urrea y otros más, grupo del cual hago orgullosamente parte, que está luchando y promoviendo la autonomía de las regiones incluyendo a Antioquia  y que en próximos días fijará el rumbo y la invitación a los ciudadanos a que hagan parte de esta propuesta de cambio económico, político y social en Colombia.

Propongo que el siete de agosto los antioqueños en muestra de acompañamiento al movimiento autonómico, se vista de verde para mostrar de una forma inequívoca que cree en la autonomía y en el fortalecimiento de la región de Antioquia.

Que viva la autonomía. Que viva Antioquia la grande.

viernes, 11 de marzo de 2022

Nuestro Congreso

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Si hay una institución desprestigiada en nuestro país es el Congreso. Un ente bicameral muy numeroso, oneroso, poco eficiente. Sinónimo de corrupción, de mañas malucas, que se niega a cambiar a pesar de que la mayoría de los colombianos lo cuestionamos. Sin embargo, sigue ahí. Muchos sueñan con llegar allí y los que a él acceden no quisieran dejar tan lucrativo y cómodo trabajo: sesiones de martes a jueves y apenas durante unas horas, con derecho a buen sueldo, oficina, asistentes, vehículo, viajes, prebendas.

Algunos, noblemente aspiran estar allí para trabajar por los demás. Sin embargo, efectivamente, las deliciosas mieles del poder pronto los hace olvidarse de tan loables propósitos. Son pocos los que realmente sacan la cara, trabajando y mostrando resultados.

Si el Congreso no es mejor es porque con nuestra indiferencia y apatía de participar en lo político dejamos que otros decidan por nosotros. Pues bien, este domingo nos toca elegir quiénes lo conformarán. Si queremos renovarlo, en nuestras manos está escoger a los mejores. Se trata de un deber ciudadano indelegable, no endosable. ¿No nos gustan los actuales congresistas? Pues elijamos a conciencia, descalifiquemos con la no reelección a todos esos que son auténticos vividores, vagos irredentos, vociferantes parlanchines, politiqueros de baja estopa que compraron votos y engañaron incautos para ganarse la plata fácil y sin mayor esfuerzo. A los camaleones transfugistas que un día están con unos y al otro día con otros, decepcionando a todos.

Así como está el Congreso es un mal necesario, pero como demócratas sabemos que el Congreso es un bien necesario para un país saludable, si así decidimos que sea. Su importancia en una democracia radica en la representatividad y en la diversidad y pluralidad de sus miembros pues es el ágora donde se construye país debatiendo las mejores opciones. Por eso las dictaduras cierran el parlamento, porque no toleran el pensamiento divergente. Por eso se hace ingobernable un poder ejecutivo que quiere hacer de las suyas y choca de frente contra un Congreso que no es genuflexo.

Este domingo en las urnas tenemos una responsabilidad muy grande como ciudadanos: votar por los aspirantes a senado y cámara con quienes ideológicamente nos identificamos. Con las consultas internas de coaliciones y pactos sabremos quién queda en el cedazo para la contienda presidencial definitiva. Imperdonable no votar. Si tan aburridos estamos con los politiqueros, es nuestra hora para ir cambiando las cosas. Después no vale quejarse, refunfuñar, criticar y maldecir. Dejemos la pereza y la indiferencia pronunciándonos, haciendo sentir nuestra inconformidad y nuestro deseo de un estado de cosas diferente, más justo, más equitativo, más humano.

sábado, 2 de octubre de 2021

Votemos en blanco para las elecciones de Senado y Cámara

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

En 160 días, algo más de 5 meses, los colombianos debemos decidir si vamos a seguir permitiendo que los congresistas se sigan burlando de nosotros o les vamos a dar con el voto en blanco, única y más inmediata herramienta que nos permite la Constitución, un primer escarmiento, por su mal y abusivo comportamiento.

Expresemos en las urnas, con el voto en blanco, coherencia con los niveles de desaprobación que tenemos sobre los senadores y representantes; que sientan que esa inconformidad es de verdad, que si no se autorreforman, vamos a ser capaces de llegar hasta una constituyente para de una vez por todas terminar con sus odiosos y abusivos procederes y exagerados sueldos, regímenes pensiónales y prebendas.

No nos dejemos asustar con la teoría de que el voto en blanco es como botar el voto; no señores, el voto en blanco es un voto sanción, es un voto de inconformidad, que si lo hacemos la gran mayoría de insatisfechos, no solamente por el escaso y poco fructífero trabajo de los senadores y representantes, indignados por la exageradas diferencias que ellos mismos han tejido para gozar de salarios, prebendas y regímenes especiales, que no aguantan ningún análisis de costo - beneficio, además de ser insostenibles en el tiempo, de los que se han venido contagiando las demás corporaciones públicas (asambleas departamentales y concejos municipales), las otras dos ramas del poder público (ejecutiva y judicial) y las autoridades de vigilancia y control (contralorías, personerías, fiscalías, procuradurías, etcétera) entidades que tampoco están rindiendo y que necesitan racionalización urgente en sus tamaños, salarios, prebendas y terminación urgente de los regímenes diferentes a los de los demás colombianos.

El voto en blanco que propongo es el voto responsable y libre que vamos a depositar en urnas el común de los colombianos; no queremos que venga de un grupo significativo de ciudadanos que se inscriba como promotor del voto en blanco, para luego poder reclamar como cualquier político, las gabelas económicas para la financiación de la campaña por el voto en blanco y menos el reconocimiento económico por cada voto obtenido.

Si no utilizamos esta herramienta del voto en blanco, seguiremos patrocinando el abuso y la burla de los congresistas que elegimos en las pasadas elecciones, donde son muy pocos los senadores y representantes que hacen o mejor, intentan hacer su tarea.

Ya no tenemos nada más que perder, el voto en blanco en los tarjetones de Senado y Cámara será el inicio del cambio responsable en Colombia, será la muestra del arribo a una madurez política, que permita al interés colectivo ponerse por encima del intereses particulares que hoy reinan en nuestro país.

Que nuestro Señor Jesucristo nos ilumine para que la insatisfacción la manifestemos votando en blanco, para que tenga algún valor, porque la insatisfacción de las encuestas no vale nada ya que no obliga a nuestros senadores y representantes, por el contrario, se burlan de ellas.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Tocó subirles el sueldo a los congresistas

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo

Con esa noticia rematamos el año de la pandemia, de la pérdida de millones de empleos, de la quiebra de miles de empresas, del crecimiento de los niveles de pobreza.

El incremento de los congresistas arrastró el de los magistrados, presidente y demás funcionarios de altísimos sueldos, más infinidad de costosísimas prebendas.

No podía terminar el año más duro de los últimos siglos con semejante abuso. Es que el descaro, la desproporción, la injusticia, estaban planeadas con antelación, con toda la fuerza constitucional y legal, para obligar el alza salarial desproporcionada e injusta inclusive para momentos distintos a estos de pandemia, desempleo, hambre y pobreza.

Qué tan rato que, para frenar este despropósito, no se pudieron inventar ni mensajes de urgencia, ni fastrack, ni extras, ni nada, ni el más mínimo esfuerzo de ninguno de los vivos y descarados congresistas, que ya se habían burlado del mensaje permanente de inconformidad de los colombianos y lo seguirán haciendo, hasta que sea la revocatoria lo que de pronto los frene.

Hace unos meses escribí a son de chiste, la propuesta del incremento a los congresistas y resultó siendo una descarada realidad.

Muy bueno para ellos, los altos del Estado, pero qué vergüenza frente al pueblo colombiano, la tradición de diferencias que ellos han venido estableciendo en su egoísta y descarado favor, aprovechando su calidad de legisladores irresponsables y ventajosos, para hacerse ver como seres superiores y distintos al resto de los colombianos.

Definitivamente no haberle ni siquiera puesto freno a esta situación, los hace ver como los más corruptos del aporreado país, con el agravante de que por ser los más odiados y despreciados, tocará incrementarles sus esquemas de seguridad, haciéndolos aún más costosos, frente a los nulos beneficios que prestan al país, que reclama fuerza pública, ocupada al servicio de los altos del Estado.

Ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo en lo fundamental que beneficie al interés general, solo se ponen de acuerdo en lo particular, en lo individual que los beneficie a ellos solitos.

Mal fin de año para todos, bueno para ellos, la vaina es ¿hasta dónde vamos a aguantar? ¿Qué nos va a pasar, de seguir por este camino? ¿Qué irá a pasar en el incierto 2021 que pronto se inicia?

Que nuestro Señor Jesucristo nos dé paciencia y mucha sabiduría para poder enfrentar el peor de nuestros males.

De todas maneras un feliz año para todos; Jesús no nos desampara.

sábado, 1 de agosto de 2020

Propongo redondearle el sueldo al salario de los congresistas de Colombia

Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Este artículo lo escribí hace 4 meses, me abstuve de publicarlo disqué por respeto; con los últimos hechos, son capaces de esto y mucho más.

Todos los esfuerzos, todos los debates, todos los escritos, todas las expresiones de los colombianos, inclusive manifestadas en las urnas, han sido ignoradas por los congresistas. Ganaron la batalla, ni la crisis del covid-19 les movió el corazón para reducir a justas proporciones sus salarios y prebendas y hasta la aparente campaña que desde el interior del congreso hicieron algunos de sus miembros de izquierda, de derecha y de centro, fueron estruendosamente derrotadas al interior de la corporación. Hoy ni ellos respetan ni apoyan sus propias propuestas.

Frente a tal situación yo propongo subirles el sueldo de $35 millones/mes a $40  millones/mes, aumentarles de 45 millones mes a $50 millones mes, los gastos de sus unidades de trabajo legislativo y comprarles 600 camionetas Toyota, blindadas, de alta gama, para cambiarles por nuevas las que actualmente tienen en Bogotá y en sus municipios de origen, y como cada día el país se pone más peligroso con el creciente desempleo, se les debe incrementar sus esquemas de seguridad, retirando 1.200 policías de las calles de las principales ciudades para que cuiden a nuestros congresistas y a sus familias.

Las camionetas no pueden ser de fabricación nacional, por no cumplir con los lujos, comodidades y finura de las importadas; inclusive las camionetas y las motos para los escoltas deben ser también de alta gama e importadas del exterior.

Como el riesgo de contagio es tan alto y el transporte aéreo está tan difícil, se les deben facilitar los aviones del Estado para su movilización y en su defecto se les deben contratar aviones charter y abolir la corrida de lista en las comisiones y en las plenarias.

La compra de los vehículos la pueden incluir en la de las nuevas camionetas aprobadas para los otros altos funcionarios del estado, que ya las tramitan aceleradamente, inclusive todas podrían ser del mismo color, ojalá rojas, para que sean fáciles de distinguir y podamos todos abrirles paso en sus recorridos, para que los trancones no los afecten y de una vez se facilite la programación de las cámaras de seguridad que imponen los partes por violaciones a las normas de tránsito, de las cuales deben quedar exceptuados.

Como la plata está escaseando y las empresas se están quebrando y no podrán pagar más impuestos, tasas, contribuciones, ni multas, se debe autorizar la venta de las reservas de oro que reposan en el Banco de la República, para poder sufragar los gastos de congresistas y demás altos funcionarios de las tres ramas del poder público del Estado.

Estas medidas moverán fuertemente la economía y reactivarán el país en esta destructora pandemia; además se deben extender rápidamente a los Departamentos y Municipios, buscando la equidad entre los altos funcionarios.

Congresistas y altos funcionarios del Estado tendrán prioridad en los subsidios y créditos que está ofreciendo el Estado para estos tiempos del coronavirus, con la particularidad de no tenerlos que invertir en la generación de empleos, ni siquiera en el sector agropecuario y de hacerlo, en este u cualquier otro sector productivo de bienes y servicios, estarán exentos de licencias ambientales, pago de parafiscales, impuestos prediales, de industria y comercio, renta, etcétera.

Sus proyectos productivos serán incluidos automáticamente en los planes de ordenamiento territoriales municipales y departamentales, y podrán estar en las zonas de reservas ambientales y parques naturales, establecidos.

Los sembrados de coca y canabis, pasarán a ser propiedad del Estado, administrados por congresistas, se considerarán legales y para efectos medicinales, mientras los otros países del mundo terminan el acelerado proceso de legalización para uso recreativo. Todos sus trabajadores ingresarán al sistema formal de la economía.

Las bandas criminales con sus armas, se incorporarán a las fuerzas del Estado, con un entrenamiento especial para cuidar nuestras fronteras y reforzar aún más los esquemas de seguridad de congresistas y altos funcionarios del Estado, en el desarrollo de las nuevas actividades productivas legales y formales.

La minería ilegal, también pasará a manos del Estado, quien incluirá a todos sus trabajadores en sus nóminas, cumplirá con las mitigaciones ambientales y pagará las regalías correspondientes a departamentos y municipios.

Estas minas serán manejadas al igual que los cultivos de coca y canabis, por los congresistas.

Estas medidas garantizarán la tan anhelada y reclamada presencia del Estado en las apartadas zonas de cultivos ilícitos y minería ilegales, que ya no serán manejadas por grupos ilegales al margen de la ley, serán los congresistas. Serán estos funcionarios de mayor remuneración, los responsables del funcionamiento de estas actividades. reduciéndose sustancialmente, la informalidad que hoy supera el 50% de la economía nacional.

Empecé este artículo como un chiste y se terminó volviendo “el programa de gobierno”. ¿Usted qué opina?