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martes, 15 de noviembre de 2022

De cara al porvenir: flor de un día

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Solo por verificar una hipótesis personal, le pregunté a unas cuantas personas el nombre de los dos candidatos que se enfrentaron en la segunda vuelta electoral   en Colombia y las respuestas me ratificaron lo que intuía: se les había olvidado el nombre del candidato que se enfrentó al actual presidente.

Y es que es claro que la aventura política del ingeniero Rodolfo Hernández estaba respaldada por el libre ejercicio democrático, más no por un proyecto serio, lo cual demuestra una vez más las debilidades del reconocido como “el menos malo de todos los sistemas”.

También quedó claro que la gente no votaba por él, sino contra el otro candidato, lo cual es válido, pero demuestra la pobre cultura política de los pretenciosamente denominados ciudadanos en Colombia.

El apoyo numéricamente importante a una persona respetable pero desconocida, deja mucho que desear con respecto a las dinámicas internas y a la poca credibilidad que hoy tienen los mal llamados partidos políticos.

Ahora bien, ese ilustre desconocido obtuvo 10.5 millones de votos respaldado en su consigna contra la corrupción, y se esperaba que al menos su independencia diera cabida a un nuevo tipo de oposición, lo cual, como era previsible no se dio ante la falta de estructura y de cuadros de su movimiento, pues una vez siendo perdedor, quedaba la opción de asumir o no la curul como senador a la cual tiene derecho legal y legítimo, pero que ante su impreparación e inexperiencia en el mundo parlamentario, pues terminó en que acaba de presentar su renuncia al senado para aspirar a un cargo público en su departamento, lo cual también es absolutamente válido y legítimo. Y es inevitable hacerse una pregunta hipotética: si siendo senador se vio desbordado por la realidad y se sintió “como Messi de arquero” ¿qué hubiera podido pasar de haber sido elegido presidente?

Poco participó mientras estuvo en el Congreso y poco le duró su relación con su fórmula vicepresidencial, ya que se distanció de ella por haber participado en algunos acuerdos políticos sin su consentimiento.

Flaco servicio a una democracia débil y cuestionada, bofetada limpia a los partidos y movimientos políticos, pero lamentablemente ese es el reflejo de la realidad política de nuestra exuberante, mal querida y mal manejada Colombia.

Quijotadas o irresponsabilidades como estas no se pueden volver costumbre en un país tan emproblemado como este.

Es de suponer que quienes se sintieron perdedores en las anteriores elecciones presidenciales y en las regionales que se realizarán de nuevo el año próximo, han comenzado ya y ya tienen claros los procedimientos para seleccionar sus candidatos de cara a la competencia electoral, afinando perfiles y teniendo un conocimiento claro de la situación que les correspondería enfrentar para poder presentar propuestas serias.

El no hacerlo, sería una invitación a que cayéramos en lo mismo, lo cual debilitaría aún más la credibilidad en los partidos y en la propia democracia.

Un ejercicio similar al mencionado al principio de este artículo podría hacerse localmente: ¿quiénes fueron los candidatos a la gobernación y a la alcaldía hace tres años? Y el resultado seguramente será el mismo: no los recordamos.

No es posible que en nuestra región no se pueda contar con candidatos que permitan asegurar que se tendrá un gobernador que por lo menos iguale el talante del actual y que en nuestra ciudad no se pueda contar con personas que superen el pobre perfil del actual alcalde y su equipo.

Y, si no se seleccionan buenos prospectos y resulta ganador algún candidato alternativo, ojalá luego no se pongan a buscar a través de movimientos de revocatoria del mandato revertir resultados ocasionados por malas campañas, ausencia de propuestas y malos candidatos.

¡Amanecerá y veremos!

NOTA: Como dice mi distinguido amigo el doctor Alberto Merlano, “No expectativas, satisfacción asegurada”.

viernes, 8 de julio de 2022

De cómo llegamos a «Petro presidente»

María Cristina Isaza
Por María Cristina Isaza*

El siguiente es un pequeño análisis sobre la participación de diferentes personajes y sectores de la sociedad para que en Colombia haya llegado la extrema izquierda a la Presidencia. Hablo de quienes, sin ser de extrema izquierda, ayudaron de una u otra forma a fortalecer su discurso, su narrativa buenista, al no tener una doctrina y valores claros, al ser vergonzantes, por omitir información, «seguir la corriente» y caer en la corrección política. Otros, por simple y vulgar conveniencia.

Partidos políticos de centro derecha – derecha: no promulgan abiertamente las ventajas de la libertad de mercado, de mayor inversión extranjera, más comercio internacional, menos proteccionismo, menos impuestos, menos capitalismo clientelista, menos regulaciones y más facilidad de emprender para superar la pobreza vía generación de empleo y demanda agregada, y no vía redistribución de riqueza por parte del Estado mediante la entrega de subsidios, que en muchos casos no son focalizados, pertinentes ni temporales, y lo único que hacen es prolongar la situación de pobreza. Además, en la subasta de «¿quién da más subsidio?» los políticos inescrupulosos siempre propondrán mayores sumas a un mayor número de personas, así no sea técnicamente viable hacerlo. Como dice Thomas Sowell: «Cuando quieres ayudar a la gente, les dices la verdad. Cuando quieres ayudarte a ti mismo, les dices lo que quieren escuchar».

Por otro lado, también vimos el cambio de principios como una constante a la hora de negociar con el nuevo presidente cuotas burocráticas y presupuesto «Estos son mis principios, si no le gustan… tengo otros». Me pareció especialmente vergonzosa y decepcionante la posición del Partido Conservador. Bien hizo el señor Ómar Yepes en renunciar a la Presidencia de este, que quedó en manos del senador antioqueño Carlos Andrés Trujillo, quien no dudó en respaldar a un gobierno elegido bajo unos principios diametralmente diferentes a los profesados por este Partido.

Rodolfo Hernández: el de «conmigo no se roba más», «vamos a quitarles la chequera», «mírenme a los ojos, no les voy a fallar». Que su campaña en Antioquia estuviera rodeada de personajes tan cercanos al siniestro alcalde Quintero ya era una señal de alarma, pero esperábamos que fuera por falta de conocimiento acerca de las movidas corruptas del alcalde que tenemos en nuestra ciudad. Hoy al «unir cabos» pienso que fue una ficha más en el ajedrez para que llegara «el gobierno del cambio Petro – Samper II – Santos III».

El abrazo zalamero con quien se supone no comparte principios , pues Petro está rodeado de los corruptos de siempre; no va a ajustar el gasto, por el contrario, anunció la creación de dos nuevos ministerios y una reforma tributaria (por un valor de más del triple que por la que atizó a la gente a salir a las calles hace poco más de un año), para poder pagar todos los favores de quienes lo llevaron a la Presidencia y a quienes se han arrimado a su gran acuerdo nacional en busca de la respectiva tajada burocrática. Más sorprendente aún ¿usted se abrazaría así con quien mancilló la memoria de su hija desaparecida y gracias a quien estaba amenazado de muerte?

Periodistas y analistas: que con su «corrección política» y relativismo moral han legitimado la narrativa de la extrema izquierda. Muchos críticos al gobierno de Duque, que, bajo la luz de los hechos y los datos, hizo una buena gestión. Además, ese periodismo que, sin considerarse de izquierda, sirve como caja de resonancia a toda la narrativa progresista victimista y a la impunidad buenista generadas por procesos como el acuerdo de paz o que no dudaban en poner en tela de juicio las operaciones llevadas a cabo por nuestras FF MM.

Empresarios: que juegan a doble banda, apoyando económicamente al candidato de extrema izquierda o empresarios que lo apoyan exclusivamente, buscando asociarse con su gobierno para obtener el amparo de reglas de juego proteccionistas y poco amigables con la creación y crecimiento de otras empresas en su sector, que les permita consolidarse prácticamente como monopolio, para mantener el mercado capturado y garantizar así su permanencia y beneficios.

Otros empresarios que ante «el buenismo y la corrección política» deciden abanderar y mercadear, tanto dentro como fuera de sus empresas, las causas y colectivismos progresistas con los que luego la extrema izquierda los ataca. ¿Han notado que los colectivismos siempre terminan atacando al capitalismo, a los empresarios y los culpan de ser los causantes de todos los males del planeta?

También tenemos al empresario buenista que incluso se inculpa por el conflicto. Flaco favor hace a los empresarios que sufrieron la tragedia del conflicto y al restablecimiento del orden, necesidad que debe ser cubierta para que a un territorio llegue y se desarrolle de forma dinámica la actividad empresarial.

Padres de familia: desconectados de la enseñanza de sus hijos, no se percatan del adoctrinamiento, inversión de valores y enseñanzas tergiversadas a las que están siendo sometidos tanto en instituciones de educación públicas como privadas. No hablan de política frente a sus hijos.

Influenciadores / opinadores en redes: completamente despersonalizados, que no dudan en seguir la corriente a la hora de achacar a Uribe todos los males del país, que, aunque saben de su buena gestión no lo promulgan porque «hay que cancelar a Uribe». Sienten que hablar desde los hechos y los datos la gestión de su gobierno los hará «uribistas» … y no está de moda serlo. Prefieren seguir la masa y continuar el relato negativo y la crítica.

También están los indignados de teclado que, por ejemplo, sin entender primero el contenido de la Reforma Tributaria de Carrasquilla, que tenía varios elementos progresistas, y gracias al llamado irresponsable de líderes políticos como Fajardo y De la Calle, no dudaron en poner en sus perfiles la bandera de Colombia al revés, replicar fakes como las supuestas torturas por parte del Esmad a manifestantes en reconocidos almacenes de cadena, usar frases como SOS Colombia, nos están matando, dictadura, etc.

«Derecha progresista»: políticos, influenciadores, analistas y generadores de opinión que pretenden defender unas ideas de libre mercado, capitalismo, generación de empleo, trabajo, ahorro, defensa de la actividad empresarial, etc., pero atacan a los conservadores, aliados naturales en esta defensa, mientras gastan energía tratando de seducir a masas colectivistas adoctrinadas que piden todo tipo de soluciones desde el Estado. Hacen más daño a la causa atacando a sus aliados naturales, que lo que logran tratando de atraer progresistas para que defiendan la libertad de mercado.

Iván Duque: a pesar de su muy buena gestión y balance positivo, que incluye la economía que mejor se recupera de Latinoamérica post pandemia, el mejor manejo de pandemia en Latinoamérica, entrega de importantes obras de infraestructura, muerte a principales cabecillas de las disidencias de las FARC, etc., su Presidencia representó el desgaste de la «derecha» en Colombia. A mi modo de ver debido a pésima comunicación, desconexión con el electorado, con las regiones, con la masa popular, desde el inicio hizo a un lado a su partido de gobierno. gobernó con varios de sus amigos santistas, quienes ideológicamente no estaban alineados con el Iván Duque candidato y gobernó para complacer a quienes no le votaron.

Los egos que dividen y no defender el legado de Uribe: las opciones de centro derecha a derecha se diluyen en un amplio abanico de candidatos, además el no cumplir acuerdos y ser vergonzantes de un legado de prosperidad y seguridad que dejó Álvaro Uribe Vélez. La llegada de Quintero y ahora la de Petro son muestras de lo que no debemos repetir, cero y van dos veces que ganan a una derecha dividida y desorientada.

Sergio Fajardo: quien se dedicó a hacer una campaña de desprestigio atacando a Uribe, Duque y Fico.

Acuerdo de La Habana: su implementación ha trastocado los valores de nuestra sociedad. Hoy muchos ven con buenos ojos a asesinos de lesa humanidad y les parece normal que un exguerrillero, que cometió delitos, sea presidente. La «lavada de cara» a terroristas y a sus crímenes, incluso justificándolos, mediante una Comisión de la Verdad sesgada.

«Nosotros tenemos la responsabilidad de que la historia no sea reescrita a la imagen de los terroristas y de hacer un control político responsable desde nuestro rol como ciudadanos».

sábado, 18 de junio de 2022

El camino al infierno está lleno de “bien-pensantes”

María Cristina Isaza
Por María Cristina Isaza

Bien-pensantes: personas que, escondidas tras citas filosóficas, el uso de un lenguaje almibarado con ínfulas de intelectualidad y la promoción de “buenas intenciones” se sienten arropadas por un manto de superioridad moral que les permite imponer a los demás, usando armas como la cancelación, las peores ideas por el simple hecho de que es lo que” se ve bien”, apelando más al sentimentalismo e instinto primario que al razonamiento crítico, los hechos y los datos. Son las personas que bajo la dictadura de lo “políticamente correcto” terminan imponiendo o facilitando la llegada de las doctrinas más dañinas para una sociedad, mientras ellos mismos se sienten como espíritus nobles a los que todo mal resultado se les debería perdonar porque al fin y al cabo querían solucionar una injusticia o fueron asaltados en su buena fe y supuestamente no esperaban el resultado nefasto que ya se sabía se podía obtener al implementar pésimas ideas. Personas que no toman posición en momentos determinantes o que se hacen del lado que les brinda beneficios, aun cuando esto signifique el detrimento de todos los demás. Bajo la excusa de las buenas intenciones se hacen elegir para luego ser ellos y su séquito de áulicos los únicos beneficiados. La arrogancia y la ambición son rasgos comunes bajo la careta del líder “bien-pensante”

Hoy Colombia está en peligro de elegir un modelo nefasto y ante este evidente riesgo no es responsable asumir posturas simbólicas como el voto en blanco o aliarse a la campaña de la tramoya, argumentando que las propuestas adversas han sido discutidas y mitigadas, cuando conocemos que es una campaña que no tiene problema en prometer para luego no cumplir y se conoce la baja calidad personal de quienes participan ella, comenzando por su líder.

Hay dos personajes que bien podrían ayudar a cambiar el rumbo electoral para que Colombia no caiga en un modelo totalitario, pero uno se decanta por el voto facilista, de no tomar partido, votar por el simbolismo y el otro corrió a los brazos de la campaña totalitaria, tal vez para no quedarse por fuera de lo que sabe, será la imposición del Estado fascista donde estará “todo dentro del Estado, nada fuera del estado”.

Al momento y sin avistar cambios de opinión, me atrevo a escribir lo que pienso de estas dos personas, ambos paisas, que hoy están cumpliendo un papel tan siniestro para nuestro país como el que cumplen los aliados del Pacto Histórico.

Alejandro Gaviria: la decisión de sumarse a esa campaña nefasta y no retractarse, a pesar de todo lo revelado, lo deja como el destape de uno de los mayores fraudes intelectuales y maquiavélicos que haya presenciado en mi vida. Me recuerda bastante a lo que hizo su exjefe Juan Manuel Santos. Al parecer, es la forma de actuar convencional en ese círculo, en los que pregonan unos principios y luego no tienen problema en traicionarlos para lograr sus objetivos. Ya en su artículo para el Financial Times, en el que expuso que el país exigía un cambio y que lo mejor podría ser una “explosión controlada”, se develó para muchos el apoyo que daba a la campaña de Petro, mientras posaba de aliado de Fajardo. Razón tuvo Jorge Robledo cuando declaró simplemente “Alejandro Gaviria es una mala persona”

“Fraude intelectual” creo que es lo mínimo que se le puede decir a una persona que conociendo y entendiendo las consecuencias y despropósitos de las propuestas del candidato populista engaña incautos, decide apoyarlo. Yo me pregunto ¿Es su verdadera esencia? O ¿Es tanto su afán de poder?

Alejandro Gaviria aterriza con su refinado léxico y tufillo de intelectual a la campaña en la que:

·         ¡Todo vale! En la que “se corre la línea ética”, en la que no dudaron en atacarlo y tratarlo mal, en la que “fabrican contradicciones” y fake news para desprestigiar al contrario. En la que incumplen cada uno de los 7 puntos del manifiesto que ellos mismos crearon, titulado: “Por una campaña limpia”. Alejandro Gaviria con su permanencia legitima el sicariato digital y moral usado en esta campaña.

·         Se revictimiza y ataca constantemente a una familia víctima del atroz delito del secuestro y desaparición forzada.

·         Se persiguen a los detractores, en la que de ser elegido seguramente borrará la libertad de prensa. Una campaña que no acepta perder (claro que en esto tiene experiencia, como cuando no se aceptó el resultado democrático del NO), que extorsiona con una Primera Línea y un “Estallido Social” (eufemismo para vandalismo, atentados, bloqueos). En la que se instrumentaliza a los jóvenes.

·         Se pretenden vender como el cambio y es apoyada por Benedetti, Roy, Samper, Piedad (la mercader de secuestrados), Cepeda, entre muchas otras rancias figuras de la política. También es apoyada por el partido Comunes, conformado por algunos de los peores terroristas que hemos padecido en el país, que no tienen ningún respeto por la vida y que gracias al gobierno Santos les fue “lavada la cara”. Además, hace solo 6 meses en entrevista con El Colombiano, Gaviria reconocía que Petro era sin lugar a duda un cambio para empeorar. Hoy miente sin sonrojarse al decir que Petro representa el cambio responsable.

·         Están las propuestas más dañinas para la economía de nuestro país, generando déficit fiscal e inflación, como la pretensión de confiscar las pensiones privadas, imponer mayores impuestos a las empresas, acabar de tajo con la exploración petrolera, dejar de vender carbón a Alemania para que lo compre el Estado Colombiano, hacer un tren elevado que costaría la módica suma de 40 veces la reforma tributaria por la que incendiaron el país hace un año, etcétera.

·         Se usan eufemismos: Alejandro Gaviria apoya un programa de gobierno en el que aparece repetidamente la palabra democratizar: Democratizar el espacio, la tierra fértil, el espacio urbano, el espacio virtual, el saber, etcétera. Pero muchos están tranquilos por la voluntad de no expropiación que firmó el candidato en notaría, en un acto circense.

·         Se busca pactar con los peores delincuentes ofreciéndoles no extradición a cambio de votos.

·         Tiene apoyo de todo tipo de grupos al margen de la ley: ELN, Clan del Golfo, “Disidencias” FARC, etcétera, que amenazan a las poblaciones de zonas vulnerables afectadas por el conflicto para que voten por el candidato del Pacto Histórico. Esta semana fue silenciada la voz del líder indígena Misak, Jesús Antonio Montaño… ninguno de los “bien-pensantes” se ha pronunciado en rechazo. Claro que, en el fortalecimiento de estos grupos ilegales, Alejandro Gaviria tuvo un papel determinante cuando en el año 2015 solicitó que se dejara de fumigar, aplicando “el principio de precaución”, porque un estudio de la OMS indicó que el glifosato es “probablemente cancerígeno”. Gracias a esto, pasamos de menos de 60 mil hectáreas sembradas de Coca en 2010 a casi 300 mil hoy, lo que ha derivado en más violencia, más ajustes de cuentas, mayor empoderamiento de grupos armados ilegales, más microtráfico, incluso en zonas sanas como el suroeste antioqueño… el microtráfico está dañando a la juventud. Gaviria expuso que el debate sobre el glifosato no es académico, sino ético… ¿La ética de la violencia, del dinero sucio, de envenenar las mentes jóvenes?

Sergio Fajardo: el arrogante Irresponsable. Su orgullo no le permite tomar la decisión solidaria por el país, aun conociendo todo lo descrito anteriormente. No es hora de simbolismos, él sabe muy bien que el voto en blanco no es una opción legítima en esta segunda vuelta, pues no tiene efectos jurídicos. Hay que elegir Sí o Sí entre el candidato del Pacto y Hernández, no hay más opciones. Fajardo sabe que la campaña sucia, del desprestigio viene por el candidato del Pacto y aun así no da su respaldo irrestricto a la campaña de Hernández, la única opción para detener al tirano. Llegó a exigir para dar su apoyo, en un momento en el que el país necesita decisiones desprovistas de intereses y cálculos políticos. Se queda en blanco, tibio y simplón. Sólo es decidido cuando puede pavonear su ego, ahora sostenido en menos de 1 millón de votos, que, aunque pocos, son decisivos para el destino de nuestra democracia. El voto en blanco hoy sirve al Pacto, de esta forma Fajardo ayuda a que se instale en la Casa de Nariño la campaña sucia que se dedicó a matonearlo, la campaña peligrosa que lo ha querido envolver en líos jurídicos con Hidroituango.

No tuvo la estatura política para respaldar sin condición la opción viable. A Fajardo le hieren el ego, entonces el hiere nuestra democracia… sino es conmigo, bajo mis condiciones, entonces ¡vámonos al infierno!

Por eso, solo agradecimiento a dos excelentes personas como Fico y Lara, a quienes apoyé y les di mi voto en la primera vuelta: sin titubear respaldaron la campaña de Hernández: ¡hay grandeza en su corazón! También a Enrique Gómez Martínez a quien admiro y con quien comparto muchas de sus ideas y a Jhon Milton Rodríguez, persona que, aunque no conocía me dejó una buena imagen de su ejercicio político: Todos ustedes nos demostraron con el ejemplo lo que es defender la democracia y la libertad, no dudaron en ponerse al lado de Colombia sin esperar a cambio favores particulares o que los atendieran con alfombra roja. ¡Líderes como ustedes son los que necesita el país! ¡Gracias!

viernes, 3 de junio de 2022

Carnicería

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Los resultados de la jornada electoral del domingo pasado nos han dejado súpitos. Que ganara Petro en la primera vuelta no fue sorpresa, pero que Fajardo no obtuviera siquiera un millón de votos refleja que no hay perdón ni olvido por no haber tomado claramente partido hace cuatro años. Fico que se perfilaba de segundo, se desplomó al tercer lugar y, finalmente, de pronto, como volador sin palo, Hernández se convirtió en el contrincante de Petro para la segunda vuelta.

La arena política está ardiendo desde que se conocieron los resultados. Es un auténtico circo romano y los seguidores tanto del uno como del otro han salido literalmente a despedazarse en una carnicería inmisericorde. Esto está de alquilar balcón, dicen unos. Otros, prefieren saltar a la arena y contribuir al circense espectáculo. El objetivo no es ganar limpiamente y con altura. No. Se trata de destruir al contrario como sea. El poder es el poder y hay que conquistarlo a como dé lugar. Hay que escarbar el pasado y el presente, y hallar evidencias que destruyan letalmente. Las redes sociales están inundadas de mentiras, pero la gente no solo se las cree sino, que, además, las difunde para atizar los odios viscerales. El populacho está enardecido y enceguecido. Los que hasta hace pocos días eran enemigos a muerte, ahora se abrazan alineándose en las mismas filas.

La política es dinámica, se justifican. No importan las propuestas argumentadas. No. Hay que impedir que el otro gane, así después nos vayamos todos juntos al abismo. Eso se sabe, pero libre y conscientemente se elige el camino. Es increíble la inmadurez política y la nula formación de la conciencia crítica. Si sorprende el fenómeno en las masas manipulables, realmente desconcierta en las élites que se pensaba estaban formadas. El todo vale es la consigna. Yo no sé cómo va a hacer al otro día el que gane con lo que quedó del resto. Podrá tender la mano y mostrarse generoso, pero el abismo es infranqueable y se prometen cuatro años de feroz oposición. En tanto, el país sigue desangrándose ante la mirada complacida de los pescadores foráneos que recogen buena cosecha en río revuelto. Divide y vencerás. Fragmenta y fácilmente conquistarás.

Nos quedan 15 días y no estoy tan seguro de que la gente se siente a pensar responsable y sesudamente. Se trata de elegir al presidente de la República, no al payaso de turno, no al títere de intereses extranjeros. En juego está el futuro y decirlo no es un lugar común sino la escueta realidad. Si gana la izquierda no olvide que esta será su única oportunidad para mostrar que puede hacer un buen gobierno. Si lo hace no dudo que siempre estará como alternativa de poder. Si fracasa estruendosamente no tendrá ninguna opción por muchos años. Si gana el populismo de derecha, igual, o se rodea bien para gobernar no con bravuconadas e insultos sino con gestiones convincentes. Unos y otros lo saben. De lo contrario, volveremos a ver instalados en el poder a los mismos politiqueros tradicionales con las mismas mañas para quedarse otros 40 años. Se habrá desaprovechado esta ocasión única y feliz de ver un cambio real y efectivo. ¡Quedan 15 días para pensarlo bien!

viernes, 20 de mayo de 2022

Cierto olor a podrido

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Algo huele mal en nuestra sociedad, decía José Luis Martín Vigil en ese ya clásico literario. Parafraseándolo en nuestro contexto, diría yo, algo huele mal en nuestra sociedad colombiana. ¿Algo? Bueno, ¡tal vez todo!

La descomposición política que estamos presenciando con ocasión de la campaña presidencial es apenas un reflejo de lo que en realidad estamos viviendo como sociedad. Insultos, calumnias, infiltraciones, espionaje, mentiras, fake news, el “todo vale” con tal de llegar a la primera magistratura del Estado. ¿Con qué cara, con qué autoridad moral? Después de haberse despotricado directamente o por otros, de haberse descalificado, insultado, ofendido, ¿con qué cara va a salir el ganador a decir el día del triunfo que ha pasado el debate y que ahora será presidente para todos los colombianos y que buscará la unidad, la paz y la concordia entre todos? Primero nos masacramos, imponiéndonos a la brava y después nos tendemos la mano. ¿Habrá alguno medianamente avispado que se coma ese cuento?

Porque hemos llegado a tal nivel de degradación que se han abierto heridas profundas. Hay mucho dolor, resentimientos, odios, revanchismos, acumulados. La polarización no es solo ideológica ni se mueve en el plano de los debates de atrevidas propuestas programáticas. No es una confrontación partidista tradicional. Es ruin, miserable, rastrera, vergonzosa y muestra las mezquindades más sobresalientes. ¡Oye! ¿De quién o quiénes se rodean esos que nos van a gobernar un día? De qué baja ralea y maloliente estopa son los alfiles y peones de esas campañas. Un debate limpio y de altura es posible o ¿solo es una vana ilusión?

Ganarse la Presidencia de este país, tal y como estamos, propiamente no es el premio mayor. Quien gane, de entrada, sabe que tiene medio país en contra y que le espera un calvario de cuatro años de feroz oposición. No gratuitamente quienes por allí han pasado salen con sus cabezas encanecidas no propiamente con tinturas. Quizás ellos mismos se encarguen de embarrarla y den papaya para vivir los años más aciagos. Eso lo saben, pero, además de satisfacer egos, debe haber muchas ganas de estar en el poder para lograrse propósitos no siempre manifiestos. ¿El poder para qué? ¡Para poder! ¿Poder servir y contribuir al mejoramiento de las condiciones del país y de su gente? Jejejeje, bueno, para disfrutar el cuarto de hora y algo más. Sin duda que tamaña dosis de masoquismo no es ingenua ni desinteresada, algo muy atractivo debe haber desde que se busca a codazo limpio el asunto. Algo me huele mal, es cierto olor a podrido…