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martes, 28 de abril de 2026

Votar no es cambiar la Constitución, es cumplirla

Fredy Angarita
Fredy Angarita

En este momento estamos en una campaña electoral para la presidencia en Colombia. La primera vuelta será el 31 de mayo de 2026, está generando una fuerte polarización.

Para mi gusto, dejó de ser una campaña limpia. Es una de las campañas presidenciales más polémicas y divisoras que me ha tocado vivir. Como dirían los abuelos: “una pelea de perros y gatos”.

Es una campaña que no se ha dedicado mucho a hablar de propuestas. En lugar de discutir el futuro, se enfoca en frases como: “usted hizo…”, “ustedes dañaron…”, “ellos son peores…”. Es una campaña basada en culpas históricas, no en soluciones.

En los debates se repiten los mismos temas:

1. Conflictos mediáticos (debates, reglas).

2. Escándalos y declaraciones.

3. Ataques personales.

4. Polarización ideológica.

5. Narrativas de miedo (violencia, amenazas).

Uno de los temas que más se menciona es la “Asamblea Constituyente”. Algunos candidatos están de acuerdo y otros no, pero en algún momento todos la nombran, así sea para apoyarla o rechazarla.

Al ver esta situación, recordé una columna de El Tiempo del 12 de octubre de 2021[1], escrita por Alfonso Gómez Méndez, quien para mí es uno de los grandes juristas del país. Allí señala la cantidad de veces que se ha hablado de cambiar la Constitución, pero hace un llamado de atención sobre el artículo 3 de la Constitución de Cúcuta de 1821, que dice:

“Es un deber de la Nación proteger, por leyes sabias y equitativas, la libertad, la seguridad, la propiedad y la igualdad de todos los colombianos”.

Y añade: “Probablemente Colombia sería otra si se cumpliera solo el artículo 3.°”.

La invitación es a no quedarnos solo en lo mediático. Como ciudadano, y desde la escritura, la invitación es a votar, independientemente de sus gustos o de las campañas polarizadas. Salir a votar. Solo hazlo.

Al salir a votar, tenemos una decisión en nuestras manos. Así como la Constitución tiene deberes, nosotros también.

Lo que hace Gómez Méndez no es historia… es diagnóstico. No estamos fallando en escribir la ley; estamos fallando en cumplirla.

1821 prometía protección.

1991 amplió derechos.

2026 nos enfrenta a una evidencia incómoda: seguimos sin garantizar lo básico.

No es falta de Constitución, es falta de voluntad.

Mientras discutimos reformas, el país sigue esperando lo mínimo: seguridad, igualdad, dignidad. No se trata de cambiar el texto, se trata de que el texto deje de ser promesa.

Porque al final, votar no es solo elegir quién gobierna. Es decidir si seguimos administrando el incumplimiento… o empezamos, por fin, a exigir que la ley se vuelva realidad.

viernes, 6 de marzo de 2026

Vote bien, no bote su voto

José Leonardo Rincón Contreras, S. J.
José Leonardo Rincón,S.J.

Hay que salir a votar. No importa si el día es soleado o lluvioso. No se confíe en las encuestas creyendo que son apodicticas y no hay reversa. No permita que otros decidan por usted. Deje de lado la pereza dominical y ejerza su derecho ciudadano de participar y elegir. La historia ya nos ha dejado lecciones que no se pueden repetir. 

Cada coyuntura es importante y tiene sus particulares preocupaciones. Esta que vivimos ahora no lo es menos y lo sabemos. El contexto global es cada vez más complejo. Nuestros destinos como nación tienen que ser regidos autónomamente con una amplia manifestación democrática, respaldada por la decisión de un pueblo libre que quiere expresar su voluntad inclinándose por éste o aquel candidato.  Cuando el rio está revuelto la ganancia es de los pescadores. Cuando hay anarquía o las multitudes son indiferentes y apáticas, otros aparecen para tomar el control y hacerse fuertes con la debilidad de los otros.

Botar el voto es no informarse oportunamente y rayar un tarjeton señalando cualquier casilla, o rayándola mal para hacer que el voto sea nulo, o votando en blanco porque no se sabe a quien elegir. Es verdad que nos falta formación sociopolítica y nos dejamos llevar por lo que otros dicen, por las tradiciones familiares, por las apariencias engañosas, por discursos elocuentes pero mentirosos y, qué vergüenza que la práctica subsista, por la compra de votos.

Votar bien implica indagar por los aspirantes, conocer sus currículos, haberse enterado de sus propuestas, saber de sus realizaciones, tener la conciencia crítica para no tragar entero todo lo que de ellos se dice. En el juego sucio que se alborota por estos días, a algunos los demonizan y a otros los canonizan, sin más, solo para desprestigiar, para hacer daño. Absurdo. No hay que ser ingenuos. Claro, discernir no es fácil, tomar distancia buscando ser objetivos cuando alrededor los ánimos se exacerban y las pasiones se recalienten, no es fácil. Con tantas decepciones pasadas, con tantas desilusiones vividas, la pregunta es si al perro lo pueden operar varias veces. ¿Otra vez?

La jornada electoral de este domingo es doblemente importante:

-        Vamos a elegir nuestros representantes en las corporaciones públicas de la rama legislativa. Hay que mirar bien a quienes vamos a escoger porque después no habrá excusa para quejarnos si no nos hemos manifestado.

-        Y también podemos participar en las consultas partidistas que pretenden escoger, dentro de varias opciones, los respectivos candidatos presidenciales.

Ambas elecciones son tan delicadas como importantes. A veces nos despreocupamos del tema, porque finalmente todo seguirá siendo lo mismo. Ahí está lo grave. En comernos ese cuento arrastrados por inercias históricas. Cuando uno participa y lo hace en conciencia puede tener la frente en alto y mirar de frente. Se puede ganar, se puede perder, pero se habrá podido participar y esa es la esencia de la democracia.  ¡Pilas, pues!

viernes, 27 de mayo de 2022

Claridades

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón S. J.

Llegó la hora de elegir a nuestro presidente. Felizmente estamos en una democracia y podemos hacerlo responsable y libremente, siguiendo el dictamen de nuestra conciencia. Llueva, truene o relampaguee, hay que salir a votar, es decir, a ejercer el derecho que como ciudadanos tenemos. Afortunadamente se permiten las diferencias y aunque en el ejercicio de la libre expresión se han dicho mentiras y ha habido maltratos e insultos, en un franco abuso de tal derecho, no hay un sistema dictatorial y opresor que nos impida participar porque toma las decisiones por nosotros.

Al llegar a este crucial momento, frase que parece de cajón pero que es totalmente cierta, en verdad nos estamos jugando el futuro de nuestra democracia. Por eso considero pecado mortal por omisión no ir a las urnas. No tendremos ninguna autoridad moral para luego quejarnos de los resultados, lamentarnos de lo que nos tocó vivir, si no nos hemos manifestado. Ganemos o perdamos, pero votemos. Votemos en conciencia y no caprichosamente o de modo inmaduro. Es verdad que “nos falta mucho pelo pal moño” en formación sociopolítica y de nuestra conciencia crítica, pero reprochable sería vender nuestro voto, traicionar nuestros principios y valores solo por la inercia de una tradición familiar, o porque las encuestas muestran una tendencia y hay que subirse cómodamente en el bus de la victoria. Se debe elegir después de conocer los planteamientos programáticos, pero eso prácticamente nadie lo hace.

Con el correr de los días uno va teniendo sus claridades y hoy les comparto las que voy logrando, invitándolos por supuesto a que ustedes tengan las suyas propias.

No envidio la suerte de Cuba, Venezuela o Nicaragua y no quisiera estar en un contexto similar. Si estos países están ahora como están, no es solo por culpa del fracaso del socialismo que los administra. Primero lo fue de un capitalismo indolente que exacerbó la pobreza y las diferencias sociales y que desembocó en revoluciones de final infeliz. Aquí nos espera un futuro parecido, repito, no por culpa de una izquierda ideologizada, cargada de comunismo, sino porque la derecha prepotente cargada de capitalismo neoliberal le importa un bledo el hambre, el desempleo, la falta de salud y de educación, la inseguridad y la campante corrupción.

Observo a los diferentes candidatos y me pregunto por sus hojas de vida.

Su formación académica es un elemento importante, pero sobre todo su gestión y los resultados obtenidos, además de su trayectoria política y experiencia de gobierno. Me pesa mucho su talante personal y sus calidades humanas. Me dice mucho aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres”, es decir, de quién está rodeado, cuáles son sus socios políticos, qué está transando a cambio de votos. Muy importante su actitud ante sus contrincantes, la manera cómo afronta la feroz oposición.

Un presidente que maneje situaciones de crisis es realmente recomendable. Los problemas sociales y de orden público no se solucionan a punta de Esmad. El mandatario saliente perdió la oportunidad de oro servida en bandeja para lucirse como estadista convocando un diálogo nacional amplio y directo con los actores del conflicto. Se perdió la feliz ocasión para establecer mesas de conversaciones multipartidista, plurales, con todos los líderes de los diferentes sectores. Esto no se arregla echando plomo sino apuntando a la solución de fondo de nuestros problemas. Se necesita un líder empático que escuche los clamores populares y que simultáneamente tenga bien agarradas las riendas de una nación desbocada.

Miren muy bien, por favor, por quién van a votar. No boten su voto. Su opinión cuenta, su sufragio vale. En medio de estas incertidumbres nebulosas y de un panorama tan sombrío, no podemos equivocarnos. Esto no puede seguir siendo la patria boba. O salimos adelante o de veras esto no tiene futuro. ¡Qué Dios nos ayude!