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miércoles, 9 de abril de 2025

Conversatorio con Antonini De Jimenez

 


Para el conversatorio de la semana en El Pensamiento al Aire, el invitado en esta oportunidad es Antonini De Jiménez el economista de las cosas pequeñas con quien Antonio Montoya H. habla sobre la verdadera libertad y como vivirla. No dejes de verla Antonini de Jiménez es un economista español, licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, y especializado en economía del comportamiento y finanzas personales. Conocido como el economista de las cosas pequeñas, se ha dedicado a divulgar cómo las decisiones cotidianas impactan la economía individual y colectiva. A través de sus publicaciones y conferencias, promueve una visión accesible y práctica de la economía, enfocándose en el poder transformador de los pequeños hábitos financieros.


viernes, 17 de enero de 2025

Colombia y Venezuela guardan esperanzas

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Ambos países están encartados con sus presidentes. Los dos llegaron ilegítimamente al poder, uno sobrepasando todos los topes electorales establecidos por la constitución y el otro, ocultando las actas electorales que le dieron el triunfo a otro candidato. Los dos presidentes, el de Colombia y el de Venezuela, han venido capoteando las situaciones, aprovechando el manejo institucional que tienen, habida consideración del avance de permeación logrado en cada uno de los dos casos, siendo el de Colombia un poco inferior al de Venezuela.

Es por eso que, mientras en Colombia las esperanzas están sentadas en el proceso que por indignidad, y como consecuencia la pérdida del cargo, que se adelanta en la Cámara de Representantes y que ya cuenta con denuncia ante la Corte Suprema de Justicia contra los congresistas investigadores por dilación y no cumplimiento de la constitución y la ley, en Venezuela, las esperanzas están sentadas en que miembros del ejército, de niveles inferiores a los generales de la rosca del Gobierno, en compañía de mercenarios y caza recompensas, puedan llevar a cabo una operación que permita la captura simultánea de Maduro, Diosdado y Padrino, motivados por una recompensa ofrecida por Estados Unidos que asciende a 65 millones de dólares, lo que convertidos a pesos colombianos, son unos $286.000.000.000 millones de pesos.

Ambos presidentes están concentrados en evitar las consecuencias de sus actos, utilizando la retórica del odio, del miedo, del engaño, de la mentira y han descuidado totalmente sus obligaciones de gobernantes, afectando sensiblemente las economías de los dos países, oscureciendo más, todos los días, el futuro de colombianos y venezolanos.

Petro, en su defensa, ha acelerado sus ataques a todos los sistemas donde exista participación privada: servicios públicos como los de energía y gas, obras públicas concesionadas y APP, salud, pensiones, petróleo, café, etcétera, además de los castigos a las regiones que se le oponen, como Antioquia, con todo tipo de medidas opresoras y que obstaculizan. Mientras tanto, Maduro arreció sus ataques a los opositores, encarcelándolos, torturándolos, expidiendo órdenes de captura y ofreciendo recompensas por doquier. Detiene extranjeros en su territorio para acusarlos de milicianos caza recompensas a quienes obliga a auto incriminarse. Son más de ciento cincuenta personas detenidas, de 25 nacionalidades, incluidos colombianos.

Ambos fortalecen y protegen a fuerzas irregulares, guerrilla, paramilitares y narcotraficantes, para contar con su apoyo en caso de necesitarlos.

Siendo realistas, las esperanzas de poder prescindir de los muy malos servicios de estos dos presidentes son cada día más remotas, pero como la esperanza es lo último que se pierde, contemos con que la Corte Suprema de Justicia obligue, de alguna forma, a actuar a la Cámara de Representantes que está obligada a aplicar el artículo 109 de la Constitución Nacional, y a los mandos medios del ejército venezolano a diseñar y ejecutar un plan que dé con la captura de sus tres demonios para que puedan cobrar la jugosa recompensa ofrecida.

Seguimos en oración por estos dos pueblos sufridos y oprimidos por sus gobernantes.

viernes, 10 de enero de 2025

Venezuela libre

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Escribo estas líneas a pocas horas del viernes 10 de enero, fecha crítica, señalada como el día tope para que Nicolás Maduro entregue el poder absolutista que ha venido ostentando desde que fuera ungido por el finado Hugo Chávez, que evidentemente perdió en las elecciones y que no ha querido aceptar, convirtiéndolo ante todo el mundo en un descarado fraude.

La ilusión de la revolución bolivariana ha resultado un fiasco, como infelizmente resultaron también siéndolo la bolchevique o la sandinista, por citar solo dos, cuando instalados los señores del poder se apoltronaron en regímenes de terror y de muerte, iguales o peores a los que derrocaron.

Qué fracaso termina siendo un sueño trastocado cuando los nobles ideales que lo impulsaron se desdibujan contaminados por egos apasionados e insaciables que develan lo frágiles que somos los seres humanos cuando Dios está ausente y no hay principios y valores espirituales trascendentes.

Es increíble que la historia de la humanidad se repita porque las lecciones no han sido aprendidas. Qué ceguera, qué cerrazón mental, qué terquedad, qué estupidez. Y lo más grave: el precio que toda una nación, todo un pueblo, tienen que pagar.

Aferrados como están al poder Maduro y su séquito, dudo que finalmente acepten su derrota en las urnas y den un paso al costado. Qué tristeza ver su obcecación marchando irreversiblemente hacia un final infelizmente trágico, que es el destino donde desembocan las dictaduras y las tiranías.

Ocho millones de patriotas dejaron su tierra huyendo de la debacle. No hubo por años una oposición organizada y fuerte. También los egos fueron más fuertes. Ahora María Corina Machado se yergue altiva, valiente y retadora, y dado que no la dejaron ser candidata apoya a Edmundo González para que habite Miraflores.

No sé qué pase en las próximas horas, pero tarde que temprano Venezuela será libre y tendrá que rehacerse en un nuevo amanecer. Habrá dicho ¡basta! como lo hiciera hace dos centurias el auténtico Bolívar. "Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando la virtud y honor".

viernes, 22 de septiembre de 2023

Latires varios

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Me invitaron hace poco a grabar un capítulo del “Latir de la Memoria”, un seriado de programas que busca recoger la historia de la Compañía en Colombia en estos últimos 100 años, para que hablara de nuestros colegios. Ciertamente, al evocar con la memoria tantas gestas tan interesantes, el latir del corazón aumentaba su ritmo por los recuerdos, anécdotas, personas, situaciones…

Ayer, en el silencio de la madrugada, contra mi almohada pude escuchar perfectamente el latir de mi corazón sin necesidad de fonendoscopio, lo escuché cerca de un minuto y confieso que me impresionó bastante. Se sentía perfecto el músculo bombeando y a la par de que me gustó oírlo, me asusté: ese motor tiene más de seis décadas de uso y ahí está, trabajando sin parar. ¿Hasta cuándo? Pensé que la muerte no era otra cosa, sino que dijera ya no más, ya basta de trabajar.

Recordé, entonces, que va a ser dos años, el motor fue llevado a reparación eléctrica pues tenía un corto circuito y estaba sobre revolucionado con eso que llaman taquicardia, es decir, una arritmia. Aprendí entonces que otros han tenido problemas hidráulicos y les ha tocado destapar conductos, hacer baipases. Otros, problemas mecánicos porque una de las válvulas no se mueve. Lo mío fue eléctrico y el electrofisiólogo hizo un trabajo perfecto que ha funcionado hasta hoy. Agradecí a Dios seguir con vida.

Y es que cuando uno está en situaciones límite, aprende a valorar más la vida y también a relativizar muchas cosas. ¡Somos tan efímeros! Entonces se pone uno sensible frente a asuntos que para otros serían cuestiones demasiado banales, por ejemplo, el solo hecho de despertarnos cada día y continuar vivos como oportunidad para seguir creciendo… abrir los ojos y poder ver este mundo con su variopinto de colores… o poder oír el canto de los pájaros, una canción bella o lo que nos dicen los otros… o poderse mover de un lado a otro con autonomía, o disfrutar de las comidas que más nos gustan…. Respirar cada instante, imperceptiblemente, sin pagar uso de combustible natural…

Pero bueno, también admirarse del regalo de haber contado con una madre maravillosa, el tener muchos amigos tan especiales, amar a alguien y sentirse amado por ese alguien… poder trabajar y dejar huella con lo que hacemos… todo es un milagro… como el avión que pesando toneladas se eleva por los aires y nos lleva de un lado a otro en corto tiempo, como la barca que surca las aguas profundas manteniéndonos a flote…

Estos son algunos de los latires de la vida… son muchos, más de los que hemos hecho conciencia por supuesto, son fantásticos, son increíbles… y a veces no los valoramos porque no los consideramos como realmente son: ¡extraordinarios!

Ojalá que mientras nuestros corazones latan, sus latires sean al unísono con el corazón de ese Dios fuera de serie que nos hizo con amor y hace que nuestro corazón no descanse hasta que esté plenamente con Él.

viernes, 2 de junio de 2023

De cómo ganarse enemigos

Por José Leonardo Rincón, S. J.

Ofrezco un curso rápido y eficiente de cómo ganarse la animadversión de muchos en poco tiempo. Podría llamarse también “Curso intensivo de masoquismo”.  Se trata de muy breves lecciones que los sabios en la materia aconsejan para perder rating rápidamente y sin mucho esfuerzo en ambientes acomodados y bien instalados. Especialmente recomendado para aquellos que no están buscando el poder, sino que quieren hacer las cosas lo mejor posible y anhelan vivir en paz a pesar de la gratuidad de volverse detestables para los que se sienten inseguros y amenazados en su zona de confort. Por favor, si quiere tener éxito, siga cuidadosa y estrictamente el siguiente decálogo de instrucciones:

1. Sea auténtico, es decir, sea usted mismo. No use máscaras ni disfraces. Muéstrese como es. Expréselo en su rostro sin tapujos. Evidencie en sus gestos cuando esté a gusto y cuando no lo esté. No finja lo que no siente.

2. Haga las cosas bien, busque la excelencia y luche contra la mediocridad. Puede tener el efecto contrario, pero generalmente incomodará a los defensores del statu quo.

3. Sea políticamente incorrecto. Deje de lado la diplomacia, sea franco y directo. Parecerá imprudente, altanero y hasta grosero.

4. Trabaje por la meritocracia. Evite amiguismos y roscas. Rodéese solo de los mejores. No favorezca influencias y palancas.

5. Conserve la distancia ante su jefe. Niéguese a ser un áulico, obsecuente, lambón o capillero. Si no está de acuerdo, dígalo abiertamente.

6. Corrija a sus subalternos por más amigos que sean y si no le hacen caso después de decirlo varias veces, emberråquese de modo que coja fama de bravo y malgenio. Nadie recordará lo primero, pero todos lo segundo.

7. Ábrase el camino del éxito evidenciando logros y resultados. La gestión eficiente es lo que cuenta. No acepte palabrerías, promesas y bellos discursos de ocasión.

8. Busque ser libre. Tómese su tiempo para discernir decisiones importantes, pondere los pros y los contras. No acepte presiones con argumentos de autoridad.

9. Adopte posiciones claras y firmes. En cuestiones de principios y valores no negociables, no sea veleta, tampoco mimético camaleón. No busque darles gusto a todos, ni se deje manosear, así aparecerá terco e intransigente.

10. Finalmente, si ha seguido estos consejos, sin proponérselo usted, ha suscitado automáticamente celos y envidia. Es mejor despertarlas que sentirlas. No crea que la precisión suiza, la disciplina alemana, la justicia sueca o la puntualidad inglesa funcionan en Macondo. Aquí el tropicalismo y la improvisación son proverbiales. Esos rigorismos son propios de espartanos y anglosajones, culturas cuadriculadas. Es mejor tener como lema: “laissez fiare, laissez passer”, o “usted no se meta conmigo que yo no me meto con usted”, que en otras palabras significa “hagámonos pasito”. Suerte en el taller práctico. A usted le puede ir muy bien si se deja llevar por la corriente. Lo que no gusta es que usted posea una personalidad firme y segura, tenga agallas y cambie el curso de la corriente.

lunes, 17 de enero de 2022

Propósito común

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

En todo grupo social que esté unido y que además sobresale por el sentido de superación en el logro de objetivos, siempre se percibe que existe un propósito común, que es el que les da fuerza y coherencia al trabajo que se realiza. Para cada caso, para cada proyecto, el propósito común puede variar, pero siempre está presente la unidad del grupo y la perseverancia para obtener resultados.

En Colombia tenemos un sentimiento de nación, que es el que podemos diferenciar del concepto de Estado, y que entendemos por él, en un sentido simple, a “un grupo social delimitado espacialmente bajo el seno del cual se ejerce el poder político, económico y social”. Por ello aceptamos que Colombia, nuestro territorio, que linda con dos mares y las naciones de Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela y Panamá, se diferencie de ellos por el propósito, por el sentido de unidad, por la perseverancia en trabajar unidos y desarrollarnos por el apoyo de cada uno para que cada región sobresalga. Al final intentamos que cada parte del territorio prospere y logre superar las dificultades de su región y así el sentido de nación impere y mantenga su unidad.

Por ello, en mi opinión, es más importante el sentido de unidad, de propósito común, que el mismo territorio. Como ejemplo puedo decir que los palestinos y los israelitas, que son grupos humanos unidos por la historia, la tradición y sus creencias, fueron primero naciones que Estados.

Por lo tanto, hoy en Colombia debemos recuperar ese sentimiento de unidad, de propósito común, y para iniciar debemos aceptar que no hay lugar, región o sitio que sea más importante que otro y que cada conciudadano es igual, independiente de la gran ciudad que habiten o del pequeño lugar de residencia que tengan. Allí, en cada lugar, podemos tener un sentido de nación, aquello que nos hace sentir parte de algo, en este caso, de un territorio y de un Estado.

He tenido la oportunidad de recorrer nuestro territorio tanto la zona del pacifico,  como la del atlántico y desde Nariño  hasta la guajira y puedo afirmar que todas y cada una de las personas con las que comparto se sienten felices de vivir y haber nacido en Colombia, pero, todas ellas esperan y desean una mejor presencia del estado en sus territorios y con esos conceptos  podrán apreciar ustedes como el sentido de nación existe, pero imploran presencia del estado, por lo tanto en las regiones tenemos serios problemas económicos y sociales y debemos resolverlos.

Todo esto me lleva a pensar que es importante que pensemos, actuemos y cambiemos el modelo de gestión administrativo en nuestra Colombia. Debemos descentralizar, dar vida a la autonomía regional que implora la región de la costa y que también añora Antioquia, y así dividamos el país en regiones autónomas, que tengan más control y decisión de sus ingresos y de sus propios proyectos. No se trata de separaciones, seguiremos siendo un solo país más descentralizado, no dependiendo del centralismo que nos ahoga, y así las asambleas departamentales y los concejos municipales serán más importantes y valiosos en el desarrollo de cada región. Seguramente será una sola asamblea por región y se continuará con los concejos municipales.

Aprovecho la oportunidad de dar respuesta a un ciudadano, amigo mío, por cierto, que me dijo que yo prefería a los antioqueños por encima de los de las demás regiones, lo cual no es cierto. Así le respondí, porque tengo conocidos que valoro, aprecio y en general veo el esfuerzo de cada una de las personas de esas regiones por superarse y eso a mí me llena de emoción. Tienen mi apoyo, los impulso y quisiera poder hacer más por el mejoramiento de las condiciones de vida de ellos y sus familias, pero, lo que sí es cierto es que he logrado la unidad del territorio en muchos aspectos, en el respeto, la valoración de las características étnicas propias, sus tradiciones y necesidades. Reconozco la importancia de sus regiones y cómo se le aporta al folclor. Cada uno de ellos reflejan la sensación de unidad y de sentido de nación, por lo cual, al final de cuentas, no tengo sino agradecimiento y aprecio por todos ellos y sus familias.

Todo esto para reafirmar que cada región podrá superarse y crecer si sus dirigentes trabajan por la región, se crean empresa grandes o pequeñas, se respetan los dineros públicos y damos mejores condiciones de vida a nuestros hermanos colombianos.

Los invito a que ese sentimiento de nación, el querer pertenecer al Estado de Colombia, sea para mejorar, superarnos y pensar en el bienestar colectivo y no en el personal.

Un Estado autonómico, respetuoso del derecho de las otras regiones, facilitará el apoyo y trabajo conjunto entre regiones para hacer un país grande y libre, así tendremos todos un propósito común.

jueves, 15 de julio de 2021

Vigía: si el castrismo cae

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Las inéditas protestas de Cuba, pone sobre el tapete, de nuevo, la situación y posible futuro de la isla de los Castro. Para cualquier persona con un mínimo de educación política en democracia, es claramente perceptible la domesticación física y mental a la que han sido y siguen siendo sometidos los cubanos.

Fidel Castro, como la figura cimera y emblemática de la mágica palabra “revolución”, arremolinó a su alrededor a gran parte de la intelectualidad latinoamericana, de aquellos que leyeron una página, un capítulo o un libro más que sus condiscípulos o contertulios. La solución a todos nuestros problemas cotidianos y nacionales era la revolución, proclamó esa intelectualidad, mientras tomaba vino en los cafés de París o whisky en los clubes sociales de Bogotá. Y Castro era el paladín de tal solución final. Había que perder los escrúpulos, eso sí, y fusilar y seguir fusilando, como lo declaró sin rubor el Che, el Carnicero de La Cabaña, en la Naciones Unidas.

La onda expansiva de la revolución cubana llegó a los lares colombianos con el ELN, que no fusilaba, sino que “ajusticiaba”. Y lo sigue haciendo hoy en día, bajo la mirada benigna de prelados católicos imbuidos de la moral de la teología de la liberación, que como diría un magistrado, entiende que matar a otros por el bien social, no es delito. Así la logística de esa máquina asesina sea el narcotráfico.

Urgido de sobrevivir a cualquier precio, el castrismo encontró en el chavismo una vaca que ordeñó hasta el agotamiento. Ahora extiende sus ambiciones a Colombia, a lomo de protestas sociales contaminadas por la violencia de células narcoterroristas del ELN y las FARC.

Pero, reventados por una letal y progresiva pandemia ‒a pesar de una vacuna artesanal‒ y por un hambre que a diario les punza el estómago, los cubanos no aguantaron y salieron a la calle con un grito que simboliza muy bien lo que es un régimen comunista: “No tenemos miedo”.

Lo inesperado de esta protesta social cubana, abre la gran oportunidad de demostrar la miseria de un régimen estalinista que sostiene una camarilla en el poder gracias a la represión. En esta coyuntura, que el gobierno colombiano rompa relaciones con Cuba, fracturaría una rodilla a ese monstruo que se arrastra por la región buscando una nueva víctima a la cual chuparle su energía y zombificarla como lo hizo con Venezuela.

La dificultad para tomar tal decisión reside en que la isla insiste en jugar un papel “pacificador” ante la amenaza que puede llegar a representar el ELN, su hijo dilecto, para la seguridad del país y la región. Así lo dicta el manual marxista-leninista: “asusta, inquieta, aterroriza y entonces ofrece tu solución”. Las permanentes ofertas y recomendaciones de diálogo y negociación con el ELN apuntan en esa dirección.

Engaño estratégico en el cual se cae fácilmente y que ahora tiene dos nuevos elementos que antes no existieron en el combate contra esta banda: las redes sociales y el apoyo y aliento de Venezuela, no sobra repetirlo, país rico ahora también en miseria y en diáspora debido al timón político cubano.

Resultados militares efectivos y contundentes contra la banda, serán la manera correcta de contener la amenaza de desestabilización orquestada desde La Habana, habilidosa enemiga de la democracia colombiana desde 1948. Pero romper relaciones con esa dictadura, es el procedimiento óptimo para que la democracia, a pesar de sus defectos, se mantenga y mejore en la región.

Si el castrismo cae, el chavismo-madurismo cae, el orteguismo cae y podría verse un nuevo horizonte político, social y económico, para una región en situación crítica y Colombia podría tener una desaceleración en el ciclo de violencia en que está entrando. Si Cuba rompe las cadenas que la esclavizan desde hace 70 años, renacerá la esperanza. Si Cuba cae, lo incómodo en lo personal, será que tendré que renovar la vergüenza de haberle gastado muchas horas a la estéril lectura de Granma, a los inútiles documentos de la Casa de las Américas y a los embaucadores audios de Radio Rebelde.

domingo, 18 de abril de 2021

¡El problema de haberle vendido el alma al diablo! Parte dos

El problema de haberle vendido el alma al diablo dos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por Luis Guillermo Echeverri Vélez

– Parte Dos. Del Populismo. (Serie Cultura de la Legalidad)

La política importa, y está en manos del sector privado y los medios productivos de la economía, que son los que generan empleo y bienestar, evitar que el populismo se trague la democracia.

Todos cometemos errores, eso está claro. El asunto difícil es, cómo reconocerlos y corregirlos. Y aquí, en la lucha por el poder, parece que se vale de todo y los partidos políticos ya le vendieron el alma al diablo del clientelismo.

Pareciera que en las próximas elecciones “vamos a pagar, justos por pecadores”, a cuenta de la ausencia de entendimiento de los partidos sobre lo elemental que implican los valores fundamentales de la democracia, y de las estúpidas e irresponsables indolencias de un fardo de inútiles que dicen que quieren ser presidentes, sin estar preparados para sortear la recuperación económica de un país entero después de una pandemia global, y que no se dan cuenta de su incapacidad para suplir en solitario, las necesidades de desarrollo socio-económico de la nación.

Colombia necesita la continuidad del camino trabajador y honesto, constructor de legalidad, que le ha marcado al país el actual presidente en medio de dificultades sin precedentes. No es criticando al gobierno que se conserva el espíritu democrático. Miremos bien en la frontera nororiental y en nuestras calles, las consecuencias de haber dejado descarrilar los valores esenciales de una democracia.

Se demanda una persona, sensata, honorable, con buena experiencia de vida y vocación de servicio, que sepa administrar y que sea capaz generar compromiso con el deber ser y la legalidad. No es solamente cuestión de un nombre reconocido en el sector público, ni de inflar un muñeco famoso de la política que nos presida por otro período. La cosa es, poder contratar a alguien debidamente acreditado para la responsabilidad democrática que confiere el mandato.

Aquí a un ciclista o a un futbolista para ser contratado o para llegar a la selección Colombia, a un profesional para ser gerente o presidente de una empresa privada importante, le toca pasar por un estricto proceso de acreditación y validación. Tiene que tener un parte de sanidad física y mental, credenciales que validen una calidad probada, una trayectoria efectiva y un buen comportamiento; en resumen, comprobar realidades que lo acrediten como el más competente para el oficio.

Pero cuando de ser candidato a presidente o de vivir del Estado se trata, parece que los criterios de selección de la gente se invierten y contradicen el deber ser y los valores de cualquier otro proceso de selección en búsqueda de excelencia.

Parece que para ganar el favor de los que se acreditan el poder de la formación de opinión, hay que manejar un discurso bien mentiroso y presentar todo un cuento que encubra las verdaderas intenciones que tenga un sujeto, pues, mientras más escandalosa y atrabiliaria sea su arenga, más mencionada y reconocida resulta ser la persona.

La cosa es, que no nos hagamos trampa con lo que digan las especulaciones tempranas de los medios y encuestadores, donde cualquiera puede ser candidato sin que medie un verdadero proceso de precalificación fundamentada en una trayectoria honorable y efectiva de servicio a la democracia que debían cumplir unos partidos que hoy solo están dedicados a la rebatiña por medrar de la misma canoa.

Tal y como se presenta el panorama actual, parece que vamos a un mundial en el báratro, con un equipo de mochos. ¿Habrá que volver a importar jugadores ajenos al manoseo de la hacienda pública, capaces de romper todos los esquemas politiqueros?

¿Será la elección, entre un mediocre incapaz de mantener el orden democrático que enmarcan las leyes y que garantiza la libertad, o caer al abismo totalitario a manos anárquicas de un corrupto faccioso con mascará de líder social de oposición al establecimiento y apoderado de un discurso propagandístico cargado de falsedades y resentimiento, que apele al descontento social y al odio de clases para engañar la juventud, en la misma forma que se pregona que ha sido engañado por quienes hasta ahora han tenido la responsabilidad de conducir la nación?

Pues el problema del populismo es como dice el refranero, que: “La mona, aunque la vistan de seda, mona se queda”. Y es que quienes se auto nominan y quienes se autodenominan de oposición, “ni rajan ni prestan el hacha”. Son lo mismo de lo mismo, ya que sus actos y sus conductas personales solo encubren un pasado y un presente corrupto y en veces hasta criminal, pues todos practican una politiquería clientelista, sucia y parasitaria que no podemos desconocer.

Terminemos diciendo que tristemente no existen en Colombia verdaderos movimientos y partidos políticos con valores, y que esto es: “río revuelto, ganancia de pescadores”, pues se perdió la verdadera vocación democrática y los conceptos ideológicos partidistas fueron reemplazados por las mentiras más convenientes para engañar al pueblo que todos pregonan representar.

Reflexionemos. Hablémosles a los padres, y como padres a los jóvenes con sinceridad sobre nuestros errores, hablémosle de la importancia de que, en su sed de cambio, no se dejen endulzar el oído por el populismo y perdamos los rieles de la libertad y el orden sobre los cuales rueda la justicia que acarrea el desarrollo en las democracias.

lunes, 15 de marzo de 2021

Perdemos el rumbo

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

No soy pesimista hoy, ni antes, sobre el futuro de nuestra democracia, pero, creo que tenemos riesgos inminentes que pueden llevar a que se tome un camino diferente al del respeto de las libertades, al derecho a la propiedad privada, al derecho a la libre empresa, por múltiples causas. Sin duda alguna se debe exclusivamente a que perdimos la disciplina y el orden, el respeto por los demás, el respeto por la institucionalidad, no creemos en la justicia, las leyes, los gobiernos y menos en caminar juntos cuando pensamos diferente. Por ello creo que vale la pena analizar estos asuntos y que busquemos la mejor forma de encontrar puntos que nos unan y no que conduzcan a caer en las manos de gobiernos populistas que sí tienen un objetivo común, el de desestabilizar la democracia y apoderarse de ella con todas sus fuerzas impidiendo por lo menos que en 20 o 25 años volviéramos a retomar el camino y así varias generaciones perderían la oportunidad de aprovechar las bondades de estudio, trabajo, creatividad, libertad de movimiento que hemos tenido nosotros. Tendrían una vida en la pobreza, de persecución y sin alternativas diferentes a optar por ir a vivir en otro país, terminando su vida en la nostalgia y la tristeza.

Disciplina, que es vital en la cotidianidad, hoy está ausente en todo. Los hijos no tienen disciplina para estudiar, los padres no educan a sus hijos, no respetamos las normas mínimas de convivencia, ni en la calle, ni en los lugares públicos; el trasporte público es estresante, allí todo tipo de personajes abusadores pululan y entre las sombras y la aglomeración atentan contra la dignidad de los usuarios y sobre todo de las mujeres. Los conductores de vehículos no acatan la norma, los de motos son un peligro, se pasan de carril en carril, por la mitad y no respetan semáforos; la delincuencia crece exponencialmente, en fin, es una locura lo que se ve y todos lo han sufrido. Esto es causa de lo más elemental que es la disciplina y sin ella no saldremos adelante sino con el uso de la fuerza. Eso no generaría sino problemas. Entonces, de alguna manera, las consecuencias de la indisciplina, crean ustedes o no, da un ejemplo del pensamiento de nuestra gente, de la sociedad y de lo que ese comportamiento conllevará.

El orden, palabra que hace parte de nuestro escudo nacional, implica la máxima expresión de nuestra nacionalidad. Un país ordenado, eso sí, con respeto por la diversidad en toda su magnitud, nos lleva al éxito, si no, seremos siempre un país que se desplaza de un lado al otro y pierde su norte como objetivo de desarrollo.

Miren ustedes que entonces hoy se perciben claramente que tenemos excesos de libertades y poco orden, en que hoy se maneja más el país con el criterio de cobertura para las minorías, pero no de apoyo a las mayorías que son las que soportan la estabilidad del país. Esto no implica que no apoyemos la inclusión en la sociedad de todas las personas sin distinción de sexo, raza, religión o condición, pero eso no puede llevar a que ellos estén por encima de los derechos de los demás. Por eso debe ser igual para todos, sin excepción alguna, y así respetamos el pensamiento amplio de tener una Colombia unida de verdad.

Los docentes públicos manejados por Fecode, paran la educación de nuestros niños y jóvenes cuando quieren no respetan acuerdos y al final quien pierde es la familia.

Los paros que desde hace dos años promueve Petro, no cesan, paralizan la ciudad, dañan los bienes públicos y quien sufre las consecuencias son los dueños de los establecimientos, por que no he visto nunca que un vándalo de esos sea condenado a pagar, con excepción de una youtubera en Bogotá. Es pues otro tema de exceso de la libertad de expresión, de protesta y lamentablemente nadie controla, ni protege a la comunicad, brilla por su ausencia el respeto por los demás.

Podría continuar narrando sucesos repetitivos, constantes de violación a los derechos fundamentales que desestabilizan el país, que hace perder la credibilidad en los gobiernos y si eso continúa así perderemos la democracia. Un gobierno bueno, es el que además de impulsar el desarrollo social protege a los ciudadanos de bien, que es una inmensa mayoría y que al final de cuentas será la victima de su destrucción.

Dejó este mensaje para que analicemos qué queremos, cuál es nuestro verdadero destino y si es el de la institucionalidad y la democracia, actuemos de conformidad y todos participemos en la defensa de ella.

lunes, 20 de julio de 2020

Por la libertad

Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.

En Colombia tenemos todos los días nuevos acontecimientos que de un tajo borran las noticias del día anterior, conllevando con ello, al olvido y a la poca importancia de lo pasado. Es algo a lo que nos vemos abocados y sirve para todo, desde tapar comportamientos indebidos, hasta sacar al aire los actos de corrupción porque los mismos personajes saben que al día siguiente no volverán a estar en la picota pública y eso es consecuencia sin duda alguna de la avidez de la noticia y de la primicia; queda poco para el estudio, análisis y seguimiento de lo ocurrido ya este sea bueno o malo.

La democracia tiene una reglas claras, libertad de prensa, libertad de opinión, derecho a la propiedad privada, a la libre iniciativa, libertad de empresa, de trabajo, de oficio, respeto por los demás y de sus creencias y manifestaciones de género, respeto por las razas, religión, política, en general podemos decir que son todas las libertades y posibilidades de desarrollo humano, pero eso sí, respetando el derecho de los demás, ceñimiento a la verdad, no a la especulación, a la falsedad y a la mentira. Todos nos sometemos a ese gran logro de la revolución francesa “libertad, igualdad, fraternidad”, que son en los que se basa nuestra democracia, siendo aportes de dicha revolución al constitucionalismo moderno.

En nuestra democracia actual, por causa de la polarización tan severa que tenemos, estamos llegando al límite de la estabilidad institucional, por cuanto todas las partes están tomando partido o simplemente aprovechan para sacar beneficio propio de lo que está sucediendo, lo que no es bueno, por el contrario, es nefasto para el desarrollo social y económico del país.

Lo hemos dicho en varias oportunidades, la democracia subsiste si la institucionalidad funciona, si las ramas del país son independientes unas de otras y así puedan ejercer sus precisos objetivos, para la justicia, la aplicación pronta de la ley, para el congreso, legislar con análisis y probidad la creación de las leyes, y para el ejecutivo, aplicar y dar vida a las políticas económicas y sociales en las cuales debe enmarcar su acción diaria.

Hoy no tenemos nada de eso, ni la justicia opera, ni el congreso genera credibilidad y el ejecutivo, por causa de la pandemia, tiene dificultades en el desarrollo normal de su actividad. Aquí es donde aprovechan las fuerzas del desorden para desestabilizar a incitar a la desobediencia ciudadana, a crear caos, porque allí ven una oportunidad para vencer y llevar a este país hermoso, por sus riquezas naturales y su gente, al despeñadero, igual al camino escogido por sus amigos gobernantes venezolanos.

Por ello, conversando de estos temas con el exmagistrado Jose Gregorio Hernández, coincidimos, que él, con su medio de la “Vos del derecho” y yo, con “El Pensamiento al Aire”, en que antes de que lleguemos al caos total, debemos buscar voluntades de todas partes de Colombia que ayuden a través de la “academia del derecho” a encontrar los caminos de estabilidad jurídica y económica para enrutar nuestra institucionalidad. No se trata de un partido político, se trata de aprovechar el conocimiento, la experiencia, la vocación de servicio, de miles de profesionales del derecho que aún creen que podemos sentarnos a repensar este país, bajo el único principio de mantener la democracia y fortalecer la gobernabilidad. Es una oportunidad única para dar un salto que evite la confrontación y construyamos juntos una gran democracia.