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martes, 27 de julio de 2021

De cara al porvenir: noticias

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En un planeta con siete mil y pico de habitantes, y un país con cerca a los 50 millones de habitantes, no es de extrañar que todos los días sucedan cosas, hechos, acontecimientos, que finalmente se vuelven titulares de prensa y de noticieros y que rápidamente son reemplazados por otros acontecimientos, en un tropel vertiginoso y continuado de ires y venires históricos, azuzados por unos medios de comunicación ávidos de lo que en la jerga periodística se llaman “chivas” o noticias frescas y ojalá exclusivas.

Veamos algunos ejemplos:

Recientemente vemos como el mar se incendiaba ante una fuga de hidrocarburos en una plataforma marítima en el Golfo de México.

Estados Unidos anuncia con bajo perfil, –ya que sale con el rabo entre las patas– que se retira de Afganistán, después de haber armado el despelote universal.

La revolución está de revolución –se corrompe la sal– y en Cuba hay protestas callejeras por el mal estado de las cosas, sin que se tenga mucha información al respecto.

El empresario Richard Branson inaugura, a nivel de prueba, el turismo espacial.

El Gobierno de Biden estudia la posibilidad de hacer emisión monetaria.

Reaparece el expresidente Donald Trump, abriendo espacios para su posible nueva candidatura, antes de que de pronto sea condenado por defraudar al fisco.

Lamentablemente se quebranta la salud del Papa Francisco y debe ser intervenido quirúrgicamente.

Colombia recibe el informe de la Comisión Internacional de Derechos Humanos con respecto al manejo de las recientes protestas y como era obvio, llama la atención sobre lo que todos vimos, pero, además, como es obvio, se tiene una reacción, como mínimo pueril e inmadura, por parte del Gobierno, negando lo innegable y quedando mal de nuevo, ante el concierto internacional por el manejo torpe de los asuntos internacionales.

Para que no digan que no tenemos presencia internacional, ahora resulta que hay un grupo de colombianos presuntamente implicados en el asesinato del presidente de Haití, dentro de los cuales hay algunos exmilitares. ¡Qué pena!

De manera inesperada, el Gobierno Departamental anuncia que le quiere vender a EPM su participación en Hidroituango, tratando de allanar caminos entre las dos entidades, ante los líos jurídicos que hoy se tienen, lo cual es válido, bajo el entendido de que una cosa es lo que piensa el potencial vendedor y otros los intereses del potencial comprador.

Personalmente considero que el Departamento debe defender y cuidar esta inversión, que es la única que le garantiza ingresos futuros, teniendo en cuenta una estructura fiscal anacrónica heredada desde la colonia y que es la que hoy tienen los Departamentos en Colombia.

Se anuncia que dentro de unos 2 meses se entregará la primera vía perteneciente a la generación 4G que unirá a Medellín con Buenaventura y reducirá el tiempo de viaje de un camión de 15 a 10 horas. ¡Enhorabuena! Es una obra que varias generaciones hemos estado esperando. Lamentablemente en términos logísticos, 10 horas sigue siendo demasiado tiempo para pensar en ser competitivos. Además, estas grandes obras de infraestructura vial deben estar acompañadas de manera paralela de grandes obras de infraestructuras férreas que permitan la continuidad en el flujo de personas y mercancías.

Pronto alcanzaremos la cifra récord de casi medio centenar de precandidatos presidenciales sin que nadie por ahora, y como será más adelante, haga ningún tipo de propuesta para enfrentar las situaciones estructurales y de coyuntura que hoy vive el país. ¡Bendita democracia!

Y para rematar, nuestra amada Selección Colombiana de fútbol vuelve a quedar de Primera Princesa.

¡Amanecerá y veremos!

jueves, 15 de julio de 2021

Vigía: si el castrismo cae

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Las inéditas protestas de Cuba, pone sobre el tapete, de nuevo, la situación y posible futuro de la isla de los Castro. Para cualquier persona con un mínimo de educación política en democracia, es claramente perceptible la domesticación física y mental a la que han sido y siguen siendo sometidos los cubanos.

Fidel Castro, como la figura cimera y emblemática de la mágica palabra “revolución”, arremolinó a su alrededor a gran parte de la intelectualidad latinoamericana, de aquellos que leyeron una página, un capítulo o un libro más que sus condiscípulos o contertulios. La solución a todos nuestros problemas cotidianos y nacionales era la revolución, proclamó esa intelectualidad, mientras tomaba vino en los cafés de París o whisky en los clubes sociales de Bogotá. Y Castro era el paladín de tal solución final. Había que perder los escrúpulos, eso sí, y fusilar y seguir fusilando, como lo declaró sin rubor el Che, el Carnicero de La Cabaña, en la Naciones Unidas.

La onda expansiva de la revolución cubana llegó a los lares colombianos con el ELN, que no fusilaba, sino que “ajusticiaba”. Y lo sigue haciendo hoy en día, bajo la mirada benigna de prelados católicos imbuidos de la moral de la teología de la liberación, que como diría un magistrado, entiende que matar a otros por el bien social, no es delito. Así la logística de esa máquina asesina sea el narcotráfico.

Urgido de sobrevivir a cualquier precio, el castrismo encontró en el chavismo una vaca que ordeñó hasta el agotamiento. Ahora extiende sus ambiciones a Colombia, a lomo de protestas sociales contaminadas por la violencia de células narcoterroristas del ELN y las FARC.

Pero, reventados por una letal y progresiva pandemia ‒a pesar de una vacuna artesanal‒ y por un hambre que a diario les punza el estómago, los cubanos no aguantaron y salieron a la calle con un grito que simboliza muy bien lo que es un régimen comunista: “No tenemos miedo”.

Lo inesperado de esta protesta social cubana, abre la gran oportunidad de demostrar la miseria de un régimen estalinista que sostiene una camarilla en el poder gracias a la represión. En esta coyuntura, que el gobierno colombiano rompa relaciones con Cuba, fracturaría una rodilla a ese monstruo que se arrastra por la región buscando una nueva víctima a la cual chuparle su energía y zombificarla como lo hizo con Venezuela.

La dificultad para tomar tal decisión reside en que la isla insiste en jugar un papel “pacificador” ante la amenaza que puede llegar a representar el ELN, su hijo dilecto, para la seguridad del país y la región. Así lo dicta el manual marxista-leninista: “asusta, inquieta, aterroriza y entonces ofrece tu solución”. Las permanentes ofertas y recomendaciones de diálogo y negociación con el ELN apuntan en esa dirección.

Engaño estratégico en el cual se cae fácilmente y que ahora tiene dos nuevos elementos que antes no existieron en el combate contra esta banda: las redes sociales y el apoyo y aliento de Venezuela, no sobra repetirlo, país rico ahora también en miseria y en diáspora debido al timón político cubano.

Resultados militares efectivos y contundentes contra la banda, serán la manera correcta de contener la amenaza de desestabilización orquestada desde La Habana, habilidosa enemiga de la democracia colombiana desde 1948. Pero romper relaciones con esa dictadura, es el procedimiento óptimo para que la democracia, a pesar de sus defectos, se mantenga y mejore en la región.

Si el castrismo cae, el chavismo-madurismo cae, el orteguismo cae y podría verse un nuevo horizonte político, social y económico, para una región en situación crítica y Colombia podría tener una desaceleración en el ciclo de violencia en que está entrando. Si Cuba rompe las cadenas que la esclavizan desde hace 70 años, renacerá la esperanza. Si Cuba cae, lo incómodo en lo personal, será que tendré que renovar la vergüenza de haberle gastado muchas horas a la estéril lectura de Granma, a los inútiles documentos de la Casa de las Américas y a los embaucadores audios de Radio Rebelde.