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miércoles, 15 de junio de 2022

Ni calumniables ni elogiables

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Si el 19 de junio gana Petro por un puñado de votos, o si le añaden unos cuantos en la Registraduría para hacerlo presidente, Colombia cambiaría de clase dominante.

La actual está formada por empresarios, profesionales independientes, agricultores y comerciantes. A mí no me parece que esa enumeración constituya algo inconveniente, o que esas personas deban avergonzarse de su posición social y económica, porque en su inmensa mayoría son ciudadanos trabajadores y honestos, que aman sus familias, respetan las leyes y pagan impuestos. En cambio, está lista ya “una nueva clase” para reemplazarlos, encabezada por políticos con abundante prontuario, capos de la droga, guerrilleros y terroristas, y por un amplio, espeluznante lumpen intelectual. Nos dicen que el cambio es ahora... ¿Valdrá la pena?

Desde hace varios años se viene “destruyendo” la actual clase dominante. No hay calumnia que no se emplee para demeritarlos, arrinconarlos, avergonzarlos y denostarlos. No me voy a referir especialmente al presidente Uribe, víctima durante los últimos doce de diaria contumelia en forma de oprobio, injuria y ofensa, hasta convertirlo, en la imaginación de buena parte de la opinión, en monstruo innombrable.

Sin embargo, el expresidente no es la única víctima de esa campaña, porque los secuestradores y violadores del Secretariado denigran de los militares; los docentes, de los empresarios y agricultores; los vagos, de los que han estudiado; y los alcaldes mamertos destruyen las empresas e instituciones públicas para instalar en ellas a sus impreparados y rapaces nepotes.

En resumen: si, como desde Voltaire hasta Goebbels, la disociación avanza convirtiendo pequeñas mentiras repetidas mil veces, en grandes “verdades”, en Colombia todo se hace creíble, hasta llegar al hecho aterrador de que hasta un 48% y más de los encuestados están dispuestos a votar por un terrorista castro-chavista, filmado incluso con bolsas llenas de inexplicables billetes, que goza de permanente absolución mediática.

Pasando revista a los últimos años se observa que la calumnia es el arma política fundamental de una izquierda revolucionaria que avanza continuamente. Impera una ley del embudo, donde esta nueva clase política, agresiva y ascendente, monopoliza la calumnia contra los demás, que deben observar prudente silencio cuando se los difama, porque tanto una judicatura mamerta como una prensa sesgada, fallan siempre a favor de los nuevos catones, que disponen de bien entrenados difamadores profesionales y de centenares de abyectas “bodegas” que saturan al país de un asfixiante ambiente mendaz.

Estos energúmenos están por encima de toda preocupación, y además, saben recurrir a las leyes que han consagrado unos dizque “delitos de odio”, que en la práctica impiden la libre expresión de las gentes.

Vale la pena recordar quiénes son los principales partidarios de Petro y Francia, dos figuras lombrosianas que gozan de amplísimos y costosos medios.

Los primates de la nueva clase petrista forman un abigarrado grupo no calumniable, porque lo que se dice de ellos resulta cierto; ni tampoco elogiables, porque nadie recuerda nada bueno de ellos. El primer nivel está formado por el Secretariado de las FARC, una serie de congresistas que no pueden ser difamados, como tampoco pueden Juan Manuel Santos y la caterva de sus ministros hacer olvidar cómo se robaron un plebiscito, ni los entregadores de La Habana pueden ser más despreciables.

Nadie ha sido jamás capaz de decir que Roy Barreras fuera un buen médico, que Armando Benedetti haya sobresalido profesionalmente, que Piedad Córdoba sea honesta, o que Judas Francisco de Roux y Monseñor Monsalve sean sacerdotes virtuosos; ni Gustavo Bolívar, buen escritor; ni pinturita, alcalde íntegro; Claudia López, cuerda, o Hollman Morris buen esposo y padre.

Cuando repaso la lista de la nueva clase al acecho, recuerdo al ciudadano que ofrecía un millón de pesos a quien hablara bien durante un minuto de un manzanillo antioqueño, porque ¡nadie podía elogiar a ese político por más de diez segundos!

La situación de la ascendente clase comunista es aún peor: ninguno alcanzaría siquiera cinco segundos de elogio... y ¡si el país se equivoca nos pueden gobernar por setenta años!

domingo, 20 de febrero de 2022

Salto al vacío

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Se da cuando no hay esperanza, después de estudiar alternativas, de buscar luces en el futuro, de haber sentido en el interior el fuego del desasosiego, el miedo, el dolor de los acontecimientos que lo han rodeado en la vida, la angustia. Al final el salto es la solución, no hay otra, es el final de todo, es la única forma de que la mente descanse y el cuerpo se relaje, ya no es posible cambiar el futuro, ni arreglar el pasado, es pues un salto sin retorno.

En esta disyuntiva estamos los colombianos, por un lado somos muchos los que creemos y pensamos que es posible, viable enderezar el presente y el futuro, que para superar las dificultades del pasado debemos encontrar las formas posibles, que las hay, para no continuar en ese despeñadero de la violencia, muerte, destrucción, corrupción, desconfianza ciudadana, indisciplina social y desorden, que han conllevado a que la democracia esté en jaque, esa posición del ajedrez que indica que el rey está riesgo y es así donde todo puede suceder: o se salva con una hábil jugada o queda en mate.

Pero, antes de perder la partida y considerando que estamos en riesgo, quiero de corazón y con la razón invitar a los ciudadanos colombianos que día a día dan todo por su familia, por el trabajo, por construir una buena forma de vida a que entiendan que el juego de la democracia es ahora o nunca, si se pierde perderemos todo lo que se ha construido en décadas y no se recuperara sino en 20, 30 o más años, cuando todo sea complicado y casi imposible de recuperarlo, cuando ya no quede nada de esta forma de vivir, porque estaremos en la pobreza absoluta, sin norte, ni brújula que nos permita tener un buen panorama, no existirán empresas, los capitales se irán lejos y aquí no existirá sino la oscuridad, el miedo, el terror y el acabose. Pellizquémonos, defendamos nuestro sistema que es bueno y aunque tiene problemas juntos las superaremos.

Invito a que pensemos en familia, con los amigos, en el trabajo, que los principios en los que se sustenta la democracia están en vilo, la libertad, la propiedad privada, la libre empresa, la libre determinación, el respeto por las instituciones, inclusive hasta las mismas amistades porque ellos se encargan de crear desunión y desconfianza entre nosotros mismos.

No se puede olvidar que la izquierda nunca puede mostrar resultados positivos, la economía es un fracaso, el apoyo social inexistente, el agro se pierde, las empresas desaparecen a una velocidad increíble ya sea por causa de las expropiaciones, o del mal manejo que le dan a las que adquieren, el deterioro de las familias se acrecienta, se alejan algunos, otros se odian por causa de la política, en fin. Ustedes tienen que recordar, leer sobre esos sucesos, entender que lo que ocurrió en Rusia después de la abdicación del zar Nicolás II, fue un desastre y generó desde ese mismo día la entrada del comunismo a esa región, y luego Stalin quien en el poder asesinó a más de 50 millones de rusos. Así reinó en esos largos años la pobreza y el desabastecimiento en el que vivió Rusia hasta que se tumbó el muro de Berlín, símbolo de la libertad. Pueden observar que fueron varias generaciones las que sufrieron el oprobio, la persecución y la muerte, sin posibilidades de defenderse.

Textualmente copio la frase recogida en una grabación de archivo de la BBC que dice así: “la revolución rusa llegó como un ladrón en medio de la noche. Sabíamos que iba a llegar, pero no teníamos idea cuándo. Y de pronto ya estaba ahí”.

En Colombia sí sabemos que ya están trabajando en la revolución, esperan simplemente el resultado de las elecciones, para ver si por las buenas o por las malas se toman el poder. Espero que no sea por la buenas y que por las malas sea imposible, porque estaremos los ciudadanos en pie de lucha para defender lo que no fuimos capaces de hacer cuando la primera línea intentó causar el caos y actuar como se actúa en las revueltas, con destrucción, terror y causando miedo.

Los comunistas liderados en El Pacto Histórico, por Petro, Bolívar, Roy Barreras y otros más no pueden ganar, nunca han tenido una buena idea, no construyen empresas, ni han generado un solo empleo, atacan el Estado y viven de él.

Basta ya. ciudadanos colombianos los invito a escoger con serenidad, apoyando a la democracia y sin miedo de ejercer el derecho al voto. Hoy o nunca.

domingo, 27 de junio de 2021

Conclusiones sobre el Paro Nacional

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Hablar de las cosas después, con posterioridad a los hechos, no es bueno si es para pontificar sobre la forma en que se debió actuar y no creo que Colombia hoy necesite eso. Lo que se requiere es analizar de fondo qué está sucediendo en Colombia, a qué le estamos apostando y cómo los diversos actores de la vida política quieren tomar partido y beneficiarse del caos, lo cual genera desestabilización social y económica. Me permito precisar algunos puntos a saber:

Primero. El país no puede olvidar que la crisis social y económica se inicia con la pandemia, causada por el covid-19, cuando en marzo 19 de 2020, iniciamos una cuarentena prolongada que se fue extendiendo en el tiempo, para proteger la vida y no la economía. Se lograron resultados importantes en aspectos preventivos y fue así como la tasa de mortalidad se controló significativamente.

Pero, como todo en la vida, protegerla causó estragos en la economía y el empleo, se generó una crisis de hondas consecuencias, el desempleo se incrementó al 27%, la pobreza volvió a niveles del año 1998, algunas empresas quebraron o entraron en el proceso de insolvencia, y otras están esperando algo de mejoramiento, si no llegarán a ese estado también.

Segundo. A la par, y desde el inicio del mandato del presidente Iván Duque, Gustavo Petro y su Colombia Humana, expresaron públicamente que se opondrían, desde el primer día y en la calle, al gobierno, lo cual ha sido verdad y no es controvertible.

Tercero. Los promotores del paro, a pesar de la crisis, no supieron responderle a la sociedad, se sostuvieron en las marchas y de allí surgió la violencia, la cual, además, fue patrocinada por un senador de la República, Gustavo Bolívar, que financió la llamada primera línea de manifestantes.

Cuarto. El mal llamado Paro Nacional, promovido en todo el territorio, dividió aún más al país. Los marchantes no eran grandes mayorías y se diferenciaban porque algunos realizaban el ejercicio de la protesta pacíficamente, pero los otros, los que estaban pagados y financiados, tenían la orden de generar caos y vandalismo, y a fe que lo lograron y aún siguen haciéndolo.

Quinto. El Comité del Paro, que se autodenominó así, no tenía, ni tiene representatividad alguna; no se sabe quién los eligió, ni cuál es su misión. Han sido factor de distracción para el gobierno que se reúne con ellos para acordar no sabemos qué, ni por qué, solo entendemos que no representan a nadie, excepto a Fecode, y las centrales obreras.

Sexto. Responsabilidades. A los alcaldes se les salió de la mano el control del orden público, siendo ellos los directos jefes de la policía en cada ciudad. Los hechos de Cali, Bogotá y Medellín, además de Cauca, fueron indicadores del grado de violencia y odio que se presentaba en cada sitio de manifestaciones. Los daños causados no los van a pagar ellos, ni los promotores del paro… siempre sucede así, los pagamos con los impuestos los ciudadanos que a pesar de las manifestaciones tenemos que asistir a trabajar para sostener a los vándalos, bandidos, narcotraficantes, exguerrilleros y nuevos guerrilleros que no les duele los derechos de los demás, no piensan sino en la venganza y se regodean con el dolor de los que ven sus bienes, muchos o pocos, acabados y destruidos. Eso no puede ser democracia.

Séptimo. Reforma tributaria. Por todos los medios se le solicitó al presidente que se abstuviera de llevar al Congreso la reforma tributaria, aunque fuera con otro nombre, porque la reacción fue mucho mayor, no solo de los marchantes, sino de toda la ciudadanía; lástima que no hiciera caso y a los ochos días la tuvo que retirar.

Octavo. Políticos. No sabemos dónde estaban, se escondieron, no dieron la cara ni tuvieron el talante de dirigirse a los manifestantes para parar el destrozo, salvo, como siempre ocurre, que algunos para bien o para mal, opinaron, como los expresidentes Uribe y Gaviria, y como Germán Vargas, además de algunos miembros del Centro Democrático, y de Petro y Bolívar que lo hicieron para azuzar a los marchantes; de resto senadores, representantes, concejales y diputados desaparecieron del escenario público.

Noveno. El Congreso tampoco dio la talla, no acogió las peticiones públicas de control a los salarios, al número de congresistas, al pago único en época de sesiones, en fin, sí aprobaron proyectos, pero aún no entienden que el país no les tiene confianza.

Décimo. La policía y el Esmad. Duro les dan los medios de comunicación y los comités de derechos humanos, pero, nadie los felicita. Ellos salvaron las ciudades y tuvieron en sus filas más de mil hombres heridos, aporreados, masacrados. Estuvieron impávidos porque no podían defenderse ya que los acusaban de ser violadores de derechos humanos. Todos sabemos que los excesos no son buenos, pero pregunto yo ¿quién atacaba… ellos o los vándalos? La respuesta es simple los vándalos, con piedras cócteles molotov, palos, patas, puños, es decir, con rabia… qué horribles noches.

Si hubo excesos es de los dos lados.

Décimo primero. El ejército. Actuó con serenidad en los lugares en que se solicitó que actuara, de resto estuvieron quietos esperando órdenes.

En fin, señores, lo que sucedió y está ocurriendo tiene su origen no solo en la pandemia, sino en el mal acuerdo de paz, que, aunque se perdió, lo sostuvieron. Ahí están las consecuencias, fallas en la justicia, los exguerrilleros que sin remordimiento atacaron al país por décadas, que violaron, secuestraron, mataron, se tomaron ciudades y municipios, y pusieron bombas, ahora están legislando, autorizados por una paz que no generó la tranquilidad que se esperaba, que dividió y polarizó nuestra patria… qué mal trabajo el de un señor Santos, que nos engañó a todos.

En conclusión, debemos todos bajar los ánimos, pensar en la Colombia que es de todos, en la que unos pocos vándalos no pueden ganar; no se puede destruir el sueño de una gran nación con autonomía y soberanía nacional, debemos seguir luchando por una nación emprendedora, que impulse el trabajo, que genere mejor calidad de vida y que sea la mejor para bien de todos.

lunes, 31 de mayo de 2021

No más, paren ya

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Pensé no escribir esta semana ningún artículo, por cuanto considero que existen exceso de palabras y diagnósticos sobre lo que pasa en Colombia, escritas desde la izquierda, la derecha, el centro, en fin, desde todos aquellos grupos políticos que representan a un país polarizado, que destruye lo bueno para generar el caos y convertir a Colombia en un país socialista, empobrecido y rabioso. Está perdido de la realidad, sumado en protestas vandálicas, sin sentido, realizadas por personas pagadas que no saben qué representan, ni el daño que hacen y sus consecuencias.

Sin embargo, considero que no hablar es claudicar ante el desorden y el caos, por lo que debo, por el contrario, continuar alzando mi voz y lo mismo deben hacer muchos colombianos que desean la disciplina, el orden, y el crecimiento social para poder cubrir las necesidades de los más necesitados, lo cual no es demagogia, es la realidad. Si no hay empleo, habrá pobreza y violencia.

Comparto con quienes creen que Petro es el dirigente general de este paro, que incita en trinos a continuar las marchas y el paro general, a mantener el país paralizado para derrotar la oligarquía y quien, acompañado de su secuaz y locuaz Gustavo Bolívar, mantienen engañados a muchos grupos sociales, metiéndoles en la mente que con este paro continuado se tumbará el gobierno y ellos asumirán el poder. Nada más mentiroso, Petro nunca asumirá la presidencia de Colombia, porque ya se destapó lo que ya sabíamos que él quiere, la oscuridad para nuestro país, golpearlo, arruinarlo para el gobernar y convertirlo en un desastre social. Allí, en la impunidad, hacer lo que el odio lo ha movido desde su época de guerrillero, acabar con el empresariado, eliminar pensiones de jubilados, colapsar aún más el sistema de salud para luego anunciarse como el salvador y trasformador de Colombia.

Reitero que ya es hora de terminar el paro, por las buenas o utilizando las herramientas que el ordenamiento jurídico permiten, la fuerza pública, defendiendo la institucionalidad y la democracia. Nos asustamos porque los indígenas pagados, borrachos y enceguecidos por la droga intentan bloquear la ciudad de Cali, nos aterrorizamos porque los vándalos se aprovechan de las manifestaciones pacíficas a lo largo y ancho del país para generar pánico social, nos asustamos porque los estudiantes, a pesar de los beneficios que se les otorgaron, no quieren reiniciar clases, nos asustamos porque los que limpian carros en los semáforos se desaparecen a la hora de la turba y regresan luego a seguir pidiendo después de haber recibido dinero por generar caos, nos asustamos porque en ciudades como Medellín, se acaba con el sector comercial, con los bancos, con entidades como el Jardín Botánico, las estaciones del metro y se impide el trabajo honesto.

Eso es lo que quieren y eso no se puede aceptar en un país democrático donde la obligación constitucional es la de proteger la vida, honra y bienes de los habitantes. Por ello el presidente debe continuar actuando con firmeza, sin ceder ante los bandidos, protegiendo a los buenos que son los que trabajan día y noche sin descanso y que, para alimentar a su familia, no roban, no incendian, no ultrajan, por el contrario, luchan sin desfallecer por sí mismos, el país y su futuro. Ellos y nosotros somos más, no nos dé miedo, reaccionemos ante el vandalismo, exijamos que quien dañe un bien ajeno, así sean extranjeros que llevados por el dinero acaban con todo, lo paguen con trabajo o con sus bienes, o si son menores, sean los padres los responsables de semejante atropello contra el país. No nos dejemos, somos más y mejores.

No puedo dejar de expresar mi enojo porque los que defienden a los ciudadanos, los policías de Colombia, son lo que salen en los noticieros, en la prensa, como si fueran los responsables de los desmanes, y eso no es así. Están en el ojo del huracán y podemos ver con estupor como la turba enloquecida, llena de odio, se aprovecha cuando tiene a uno de ellos acorralado y le dan patadas, con rabia, enceguecidos, y el policía, sin defensa, recibe en su cuerpo los golpes más cruentos e inhumanos y son, además, quemados por bombas incendiarias. Hoy llegan a casi mil heridos y nadie lo que están sufriendo ni cómo la están pasando sus familias.

Solo reciben investigaciones por sus excesos, pero yo me pregunto cuáles excesos cuando los atacados son ellos. No es la fuerza pública la que está enervada y enloquecida, es la turba, incitada por… ya sabemos quiénes, que desahogan sus angustias, rabias y propios sufrimientos, en los hombres que nos cuidan y protegen.

Por último, les digo que no sé quiénes son los del denominado grupo promotor del paro y quién los designó para negociar con el gobierno, a quién representan. Que nos digan, porque no sabemos, con excepción de los mismos de siempre, es decir, de Fecode y sindicatos, quienes son y que hacen los otros, porque es increíble que un grupo de desconocidos, sin trayectoria económica, empresarial o social se endilguen el derecho de hablar por nosotros. O qué aporte le han hecho al país para convertirse en dirigentes de un paro que ponga en jaque a Colombia. Seamos serios y exijamos trasparencia, conozcamos por qué están allí.

No más, paren ya.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Quiénes son y qué pretenden

Antonio Montoya H.

Por Antonio Montoya H.*

Armando Benedetti, Roy Barreras, Gustavo Petro, Jorge Robledo, Gustavo Bolívar, Claudia López, Angélica Lozano, Inti Asprilla, Ángela Robledo, Carlos Caicedo, Feliciano Valencia, Juan Manuel Santos, Timochenco, Lozada y los otros senadores y representantes del partido político de las FARC, además de otros más, de cuyos nombres por alguna razón no quiero recordar en este momento, son todos ellos políticos de profesión, de origen colombiano, que han hecho del ejercicio de la política, el norte de su vida, no sé si cumpliendo el verdadero significado de la política, que no es otra cosa que la búsqueda del bien común, y por ello tengo dudas de que sus actuaciones a lo largo de su carrera tengan ese objetivo de protección y mejoramiento de la vida de los ciudadanos colombianos, como lo podremos ver más adelante.

Podemos definir la política, “como la actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos”. Aquí es donde surge la posibilidad de formar partidos, tener opiniones e ideas contrarias, debatirlas, someterlas a votaciones, elegir sus propias listas, es decir ahí veo el pleno ejercicio de la democracia, donde todos cabemos y a nadie se excluye. Se puede ganar o perder, pero seguimos sometidos a las reglas, esperando una nueva oportunidad, eso es la democracia, entendida en todo su esplendor, que desarrolla la iniciativa, permite la creatividad y al final mejora las condiciones de vida de los pueblos.

Debo aclarar que no conozco personalmente a ninguno de los personajes mencionados inicialmente, pero, para mí son conocidos por sus opiniones, por su presencia en la vida pública, y por su propia vida. Por ello pregunto yo, si personas como Benedetti y Roy barreras, que han pasado por todos los partidos políticos, que han sido aliados, amigos, compadres del expresidente Uribe, que luego lo atacan, se van contra él, pasan a otros partidos, los lideran y luego como informaron en días pasados, se retiran y forman rancho aparte, quién puede creer en ellos, qué seriedad, qué estabilidad pueden darle a Colombia, cuando ellos mismos no saben qué quieren. Sería bueno que ellos mismos dieran respuesta a estas inquietudes y por qué se mueven en la arena pública con esa rapidez y facilidad, como una cometa al viento.

Gustavo Petro, fue guerrillero, luego examnistiado, en fin, está en todo y su gestión como alcalde de Bogotá estuvo, los cuatro años, de lío en lío. Gustavo Bolívar apareció en la política en las últimas elecciones, el listado de exguerrilleros es largo y sus nombres reales también, pero ellos tienen una historia de sangre, dolor y lágrimas en Colombia. No los han seguido como partido, pero ahí están confesando, sobre todo Carlos Lozada, que, además de la autoría en el crimen del doctor Álvaro Gómez, también confesó el crimen de Bejarano, y seguramente, con el paso de los días, confesara otros más, sin embargo, no sabemos si son verdad y qué se busca con esas confesiones.

De Feliciano, supongo que siempre ha sido líder indígena en la región del Cauca y que allí tendrá extensos dominios, porque tierra sí tienen, no propiamente en desarrollo agrícola, sino llena de laboratorios.

Juan Manuel Santos y las FARC, como grupo político, son el resultado de los acuerdos espurios, de cambiar una derrota en votos, en un acuerdo del que muchos se arrepienten y nos arrepentimos. No sabremos el verdadero objeto e intención de nuestro expresidente en empecinarse en la negociación, en los términos de esta y en prometer cosas que no cumplió, como la de que nunca llegarían al congreso los guerrilleros sin haber pagado sus condenas.

En fin, ahí están actuando, promoviendo paros, marchas de indígenas, de excombatientes que van legando hoy o mañana a Bogotá, de estudiantes, trabajadores, en fin, como lo pronóstico Petro desde el día que perdió la elección a la presidencia, que estarían actuando permanentemente en la calle.

Hoy tienen todos estos personajes su campo de acción en Bogotá, en el sur del país con los guerrilleros Santrich y Márquez, pero, tienen como objetivo el resto del país, fundamentalmente a Antioquia, y específicamente a Medellín y su área Metropolitana, lugares que, si perdemos, perderemos el resto del país. Por ello, estemos atentos, actuemos en defensa de la democracia y la vida, cumplamos los objetivos de crecimiento económico, empleo, salud y bienestar, porque en ausencia de estos, ellos, astutamente, se pegarán de eso, la izquierda obtendrá el control y la democracia se perderá.

¡Ojo colombianos!