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miércoles, 17 de junio de 2026

De cara al porvenir: normalizar lo que se repite

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Hace algunos años, después de un largo tiempo de conflicto interno en Colombia, algunos analistas hablaban de que la guerrilla se había convertido en “parte del paisaje”, puesto que nos habíamos acostumbrado a coexistir con ella.

Hoy por hoy, la guerrilla crece y han aparecido nuevos actores del conflicto con distintas denominaciones y un común denominador: el narcotráfico.

Es común que se presenten diariamente actos terroristas, tomas de poblaciones, atentados permanentes contra la fuerza pública y la población civil, aumentan las extorsiones, los secuestros, el sicariato indiscriminado y el asesinato de líderes sociales, y todos tan campantes, Gobierno y ciudadanía nos limitamos con conversar y comentar sobre el “acontecimiento nefasto del día” y a comparar con las estadística o datos oficiales del año anterior o del año en curso, es decir, aprendimos a coexistir y convivir con los agentes que actúan por fuera de la ley y a tener un Estado débil conformado por gobiernos torpes y timoratos.

No es que nos contentemos o nos tranquilicemos con que el dato esté por encima o por debajo del período con el cual se compara. Es que ese dato actual debe ser CERO para el total de víctimas de cualquier tipo de agresión.

Yo ya estoy mamado de oír las declaraciones y las explicaciones insulsas y repetidas ―como si fuera un guion previamente preparado― del presidente de turno, de los ministros, de los generales, de los comandantes de ejército y policía, de la Fiscalía, de la Defensoría del Pueblo, de funcionarios de nivel alto, medio y bajo, de prelados y de simples ciudadanos que anuncian lo de siempre: consejos de seguridad extraordinarios, investigaciones exhaustivas, aumento del pie de fuerza (trasladándola de un lugar a otro como Simón el Bobito que sugiere abrir un hueco para poder echar allí un volumen de tierra que está expuesto), e invitando a la convivencia.

Ni que hablar de la inseguridad cotidiana en las distintas ciudades del país a través de la llamada delincuencia común.

Este Estado fallido debe reconocer que le quedó grande controlar el cien por ciento del territorio y lo que se requiere son medidas extremas como la solicitud de ayuda a la ONU para que mande los Cascos Azules, o solicitar de un “gobierno amigo”, ―comprometiendo la soberanía nacional― a que nos ayude a salir del problema en términos militares o de apoyo económico como ya lo hemos hecho con anterioridad, con algunos resultados temporales.

La reubicación física de los comandos del ejército trasladándolos a los epicentros del conflicto, la declaratoria de Ley Marcial en territorios y departamentos neurálgicos, el llamado de la reserva mientras se capacitan nuevos contingentes, son medidas que suenan como obvias pero que no se han ensayado, creo yo, porque de pronto resolvemos el problema.

Y para complicar más el asunto, el tema de la corrupción sigue creciendo de manera desbordada en todas las instancias y en todos los niveles. Todos los días un nuevo escándalo y nuestro aparato de justicia apenas si alcanza a judicializar, pero muy rara vez a condenar.

En estos tiempos recientes el asunto ha pasado de castaño a oscuro, se ha salido de madre y no pasa nada.

¿Nos volvimos todos cómplices de la corrupción?

¿Qué medidas se están tomando?

¿Cuáles son los ladrones de cuello negro, blanco o rosado que ya están en la cárcel?

¿Quién asume la responsabilidad?

¿Se imaginan ustedes un joven que estará pensando de tener o intentar tener un futuro en Colombia?

¡Qué cansancio!

¡Qué país miserable!

Sin embargo, tratemos de perseverar asegurando que ¡todo sea por Colombia y nada sea contra Colombia!

viernes, 26 de diciembre de 2025

La responsabilidad es de todos

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

La escalada del horror con los ataques con drones a la fuerza pública, toma de pueblos, colocación de explosivos en las vías, confrontaciones armadas entre grupos de narcoguerrilleros, reclutamiento forzado de menores, masacres y daños a la infraestructura, nos confirma que este dantesco panorama de violencia, terrorismo e inseguridad es la peor secuela de la llegada de la extrema izquierda al poder.

No existirá solución posible mientas permanezca este régimen o una continuidad de este al frente de los destinos de la patria. Necesitamos con urgencia la sustitución de esa perversa ideología tanto en la Presidencia como en el Congreso Nacional.

¿De quién es la responsabilidad en esta inaplazable tarea? De todos los colombianos habilitados para votar. Ha llegado el momento de sacudirnos de la pereza y de los prejuicios inútiles y materializar nuestro patriotismo, salvando a la nación de la terrible hecatombe que se nos vino encima. Con un Congreso compuesto por gentes honorables y con valor suficiente para enfrentar a los enemigos del país y un presidente que lidere la defensa de la patria y su reconstrucción espiritual y material, podremos ganar esta batalla y enfrentar esta tenebrosa inseguridad.

Son muchas las áreas que habrá que atender. Por ejemplo:

1. Reanudar las buenas relaciones con nuestros tradicionales aliados, Estados Unidos e Israel, para modernizar la dotación de nuestra fuerza pública y adquirir los últimos adelantos en materia de drones, comunicaciones, transporte aéreo, así como la tecnología que exige la guerra en la actualidad.

2. Reorganizar y fortificar la inteligencia militar y de la policía en todos los rincones del territorio nacional, para evitar que sigan cumpliendo los facinerosos con su infernal agenda criminal, tomando de sorpresa a las fuerzas del orden.

3. Pasar de la pasividad que ha impedido a nuestros efectivos defenderse hasta en extremas situaciones donde han sido secuestrados y despojados de sus armas, a una estrategia de combate dirigida a la eliminación o neutralización de todos los grupos irregulares dedicados al narcotráfico, terrorismo y criminalidad en general. Prioritariamente, se debería combatir a sus cuadros directivos y destruir instalaciones tales como campamentos, laboratorios, depósitos de armas y de alucinógenos.

4. Aumento del pie de fuerza que efectivamente esté destinado al combate; recuperación de la misión para la que fueron creadas las fuerzas del orden; reapertura de bases estratégicas y fuerzas de acción conjunta suspendidas.

5. Destrucción de los cultivos de alucinógenos en todo el país, mediante la utilización de drones, aeronaves teledirigidas, fentanilo y supresión de erradicación manual y de subsidios a cocaleros.

6. Programas especiales para detectar y suprimir el lavado de activos, adquisición de precursores, cesación de la minería ilegal, persecución al secuestro y la extorsión y otros medios de financiación de los grupos armados.

7. Revisión de partidas presupuestales destinadas al orden público e incrementar los ingresos de la fuerza pública para cubrir sus necesidades en la compra de equipos y mantenimiento de sus operaciones.

8. Organización de una red nacional de voluntarios para la defensa de la seguridad, cuyas funciones serán: Informar a las autoridades todo hecho sospechoso, mantener comunicación con sus vecinos más próximos para la defensa de sus hogares mientras llega la presencia de las autoridades y recaudar pruebas fotográficas o de otro tipo que sirvan en los procesos que se adelanten contra los delincuentes.

9. Debe estructurarse un Estatuto Nacional de Seguridad, mediante un proyecto de ley elaborado por un grupo bicameral compuesto por amigos de la seguridad y la democracia en unión con el gobierno que sea elegido, que incluya, entre otros, los siguientes aspectos: a) Penalizar con cadena perpetua el narcotráfico, terrorismo, secuestro, reclutamiento de menores y masacres; b) Prohibición de beneficios penales para condenados por estos delitos; supresión de libertad provisional para porte de armas o explosivos, y eliminación del delito político como justificación para cualquiera de estos delitos; c) Organización de cárceles en lugares alejados, con niveles de alta seguridad, sin posibilidad de comunicación exterior para los reclusos, que serán vigiladas por un organismo compuesto por veteranos de las fuerzas armadas; d) Reforma a la administración de Justicia, cambiando el sistema de elección de magistrados para que no haya intervención de la política, encargando de su juzgamiento a la Comisión de Aforados, sancionando el incumplimiento de términos en materia penal, estableciendo vigilancia permanente de los despachos judiciales a cargo de la Procuraduría.

10. Diseñar plan de interceptación aérea y marítima en conjunto con los Estados Unidos para eliminar el transporte de alucinógenos desde Colombia a otros países.

La ignorancia o la ingenuidad ya no nos servirán de excusa para no actuar responsablemente. Hagamos caso a esta advertencia: “Es terrible, en efecto, que la ignorancia y la excesiva complacencia sean más poderosas que la sabiduría(Meditaciones, Marco Aurelio)

jueves, 16 de octubre de 2025

Un Estado para todos, no solamente para los bandoleros

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Escuché dos noticias que revelan la triste realidad que debemos soportar los colombianos bajo el yugo del régimen narco-comunista. En el corregimiento de Palocabildo, municipio de Jericó (Antioquia), sufrieron sus habitantes un ataque armado atribuido al Clan del Golfo contra tropas del Ejército Nacional. Me sorprendieron las declaraciones del alcalde de Jericó, Sebastián Garcés, pidiendo a los actores del conflicto (Ejército y guerrilleros) que cesaran el enfrentamiento. O sea, puso en el mismo nivel a unos delincuentes que están cometiendo un acto de terrorismo con la fuerza pública que arriesga sus vidas para defender a la población. ¿Es que acaso nuestros soldados deben permanecer acuartelados mientras los delincuentes masacran a la población civil?

En otro municipio antioqueño, Sonsón, se produjo una asonada en contra de tropas del ejército cuando adelantaban operativo contra el Clan del Golfo, resultando varios heridos e incinerados los vehículos oficiales. Cabe preguntar: ¿Cómo esperar que las fuerzas militares restablezcan algún día la seguridad en Colombia si deben luchar día a día contra la reducción de personal y de presupuesto de un lado, y, del otro, contra la complicidad de alcaldes y comunidades que, en lugar de apoyar su labor, piden que se retiren o se unen en asonadas por orden de los terroristas?

No podemos esperar que la situación cambie mientras no cambiemos nuestra propia actitud. Todos los colombianos de bien, como un solo hombre, tenemos el ineludible compromiso de convertirnos en defensores de la patria.

Es hora de que presionemos con nuestras voluntades a la costosa y sesgada maquinaria oficial para que se ponga al servicio del orden y de la seguridad y deje de apoyar la impunidad, el narcotráfico, la corrupción y todos los males que nos agobian.

Exijamos a los alcaldes, personeros, Defensoría del Pueblo y Procuraduría General de la Nación que nos garanticen nuestros derechos, comenzando por el derecho a la vida y a la tranquilidad. Denunciemos ante la Fiscalía General de la Nación cualquier información que tengamos sobre las organizaciones criminales, y los negocios de la coca, la minería ilegal, la corrupción, el tráfico de armas. Todos ellos deben cumplir con sus deberes constitucionales. No están allí para convertirse en cómplices o en convidados de piedra de la delincuencia.

Informémonos a diario a través de órganos independientes como La hora de la verdad (en Youtube),  https://lalinternaazul2.wordpress.com/, o https://alianzareconstruccioncolombia.org/.Y despertemos a nuestros compatriotas para que nos acompañen en esta quijotesca lucha contra los enemigos de Colombia.

Mientras llega el momento de la victoria contra este gobierno mentiroso, corrupto y tramposo, hagamos lo que esté a nuestro alcance para evitar que nos hundamos en la inmundicia del contubernio con la criminalidad.

jueves, 6 de junio de 2024

Posverdad: la relativización de la verdad

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

La verdad si bien tiene contextos y aristas, es una sola para quien presenta un hecho o una idea. Pero esa es la verdad de las personas. Otra cosa es la verdad factual de los hechos reales cuando ello no es un asunto de apreciación.

Y es eso, lo que hoy tratamos de tapar, cambiar, alterar o desconocer con la narrativa de posverdad que hace parte de las nuevas realidades de la deconstrucción, que a su vez es la careta revolucionaria de los cobardes que le temen al cambio por la vía de la transformación y el conocimiento tecnológico en un mundo tan real como digital.

Pero cuidado, que el cambio no es un asunto relativo. Los cambios reales siempre han sido tecnológicos y manifiestos en hechos incontrovertibles. No se puede pedir a Picasso cambiar un trazo, ni a Miguel Ángel los ojos de la virgen de la piedad para que oculte su tristeza. Igualmente, la posverdad no puede pretender que no son organizaciones terroristas Hamas, Isis, Hezbollah, ETA, IRA, ni narcoterroristas FARC-EP, ELN, Clan del Golfo, el Cartel de los Soles, el de Sinaloa, etcétera.

Será que es justificable o que no son esas organizaciones terroristas las que matan civiles inocentes con bombas, instalan minas antipersonas, ni los que les arrebatan mediante secuestro los hijos a indefensas familias campesinas para violarlos física y mentalmente y convertirlos en sus esclavos militantes, ni los que estimulan la venta de droga en las escuelas para convertir los jóvenes en adictos y por medio de ellos realizar el microtráfico.

La epistemología o el fondo del conocimiento no puede amarrarse o naturalizarse a algo por una creencia o un dogma ideológico, ni por incurrir en la falacia de la confrontación de hechos con supuestos.

La posverdad es uno de los elementos del nuevo caos como la deconstrucción del civismo, la legalidad, la justicia, el sentido común, el deber ser y el interés general, mediante la imposición legislativa de agendas minoritarias que por pura conveniencia electoral o en función de figuración individual, pretenden cambiar la realidad fáctica que pertenece a la gran mayoría.

Una cosa son los derechos humanos que todos debemos respetarlos como verdad incontestable y otra la utilización de estos como causa política con ideas preconcebidas.

No estoy de acuerdo con destruir para construir sobre ruinas. Eso viene causando millones de muertes desde la revolución francesa, pasando por el estalinismo, el nazismo y el fascismo que hoy resurge bajo la denominación de Socialismo del Siglo XXI en las Américas.

Los jóvenes no deben ser alejados de la realidad con verdades amañadas a ideologías o nuevos contextos. No podemos caer en el juego de desnaturalizar la epistemología a partir de las emociones políticas.

El adanismo es el vicio más marcado de personajes como Castro, Chávez, Petro y su libretista digital, y sus camaradas. Son los mayores exponentes de la empobrecedora y esclavizante dialéctica inversa populista neo-narco-estalinista, al pretender ser los primeros, los iluminados, los únicos que comienzan una nueva era con sus ideas y sus actos de derrumbamiento nacional.

La posverdad como la propusieron Camilo Torres y el oscuro padre De Roux, y como lo venden Petro y Bolívar asociados a lo más selecto de la corrupción de la política tradicional del país y a las mismas organizaciones criminales que aterrorizan y abalean a los indefensos, es el engaño a la razón y al deber ser, para cambiarle a la juventud la manera de pensar llenarle la cabeza de resentimiento y de odio social.

Estamos enfermando la niñez desde una nueva versión de la historia colombiana, negándoles los elementos, las herramientas y la libertad de pensar y sacar sus propias conclusiones.

Para terminar, con ejemplos de lo que produce la posverdad como relativización de la verdad, preguntamos: ¿qué bien le ha hecho al país la presencia de terroristas como Tornillo o Timochenko en el Congreso? ¿No es la JEP un sistema inquisitivo ideológico viciado en favor de la posverdad para destruir sectores económicos, empresas y personas a partir de los testimonios acomodados de quienes acuden a buscar beneficios a cambio de hacer acusaciones teledirigidas? ¿No se convierte la Corte Suprema en un cuerpo delictivo a causa del proceder desequilibrado por ideología o lucro de sus integrantes, al desconocer de plano la naturaleza de execrables crímenes de lesa humanidad o al cometer el despropósito de imputárselos a quienes han sido las víctimas?

lunes, 9 de octubre de 2023

Colombia: potencia de la muerte

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Entre las múltiples falsedades a las que nos tiene acostumbrados el infame régimen que padecemos los colombianos, nos llama la atención la multimillonaria campaña mediática que pretende identificar a Colombia como potencia de la vida, en abierta contradicción con la orientación del espurio Gobierno y con su nula gestión en defensa de la vida de los colombianos.

Ni al más desprevenido observador de la vida nacional se le escapa que el elevado índice de muertes violentas en nuestro atribulado país tiene como principales causas:

1. El terrorismo que durante más de seis décadas han perpetrado las guerrillas de extrema izquierda en contra de la población civil y la fuerza pública.

2. El cultivo y tráfico de cocaína y otros estupefacientes, generador de conflictos por el predominio territorial, ajustes de cuentas entre narcotraficantes y enfrentamientos con las autoridades, sin contar los daños a la salud de los narcodependientes.

3. La acción de bandas de criminales que, alentadas por el desmantelamiento de la fuerza pública, la impunidad galopante y la ausencia de una política de prevención y castigo al delito, han incrementado su accionar delictivo en contra de la integridad física de la población.

4. El discurso de odio de clases y de enfrentamiento y estigmatización de la camarilla gobernante contra todos aquellos que no comparten sus maléficas y destructivas doctrinas, que ha generado un aumento de asesinatos de líderes sociales, ataques a la fuerza pública, masacres y actos terroristas. Recientemente conocimos con horror cómo un grupo de partidarios del gobierno que se hacen llamar “guardias indígenas” secuestraron a varios agentes de policía y civiles y, a plena luz del día, degollaron a uno de los agentes de la autoridad, mientras el presidente se negaba a enviar auxilios a los secuestrados y uno de sus ministros calificaba el secuestro como un “cerco humanitario”.

Queda patente que el actual régimen marxista-leninista no está interesado en la defensa de la vida de sus gobernados. Por el contrario, patrocina el terrorismo y la violencia que guerrilleros y narcotraficantes practican con total impunidad, dejó de perseguir los cultivos de coca, y se ha empeñado en brindar impunidad total al crimen, justificándola con la falacia de la “paz total”, dizque para que los colombianos no nos sigamos matando. Aquí los únicos que matan son las guerrillas comunistas, los cabecillas del narcotráfico y los delincuentes que, en su calidad de aliados del régimen “mamerto”, reciben el perdón por sus fechorías y la protección del Estado, mientras el resto de la población trata de sobrevivir en uno de los países más inseguros de la tierra.

A este oscuro panorama debemos agregar el proyecto gubernamental para destruir el sistema de salud que obligará a las EPS a cerrar sus servicios, privando a los pacientes del acceso a la oportuna atención para sus enfermedades. Competiremos con el “paraíso comunista” de Venezuela en los índices de muertos por carencia de atención sanitaria.

Conformémonos con el derroche publicitario que muestra a Colombia como “potencia de la vida”, mientras pasamos a mejor vida con la ayuda de este infame régimen que, con todos los medios a su alcance, nos está convirtiendo a marcha acelerada en una potencia de la muerte.

jueves, 15 de septiembre de 2022

Vigía: de Manhattan a la selva del Chocó

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda*

El pasado 11 de septiembre, se celebró el aniversario 21 de los cuatro atentados suicidas de miembros de Al Qaeda contra las 2 torres del World Trade Center, símbolos máximos del capitalismo, y contra El Pentágono y en ruta a la Casa Blanca. Murieron más de 3.000 estadounidenses. Aún asombrado por las imágenes de la televisión, testimoniamos la reacción bélica norteamericana contra Afganistán, con una invasión patrocinada por la OTAN el 7 de octubre del mismo año, 2001. Una nueva era empezó en el mundo: la guerra contra el terrorismo. En el 2003, se desencadenaría la invasión a Irak, para llegar a Irán y Hezbolá, tan presentes en Venezuela y actuantes en la región.

En Latinoamérica, los efectos de tal guerra no se hicieron esperar y el delito de terrorismo se impuso en todos y cada uno de los países de la región. En Colombia, por ejemplo, sin ninguna discusión congresional, se instauró en el Código Penal el delito de terrorismo, una figura delictiva preexistente en el Estatuto Antiterrorista del 2003, entre otras.

Pero en estas dos décadas, muchas cosas han cambiado, especialmente de la mano de la tecnología cibernética y de las redes sociales vigentes.

Siendo Colombia el primer productor mundial de cocaína, el narcoterrorismo es una idea que se configura desde los años 80 y que hoy en día se aplica a las FARC, al ELN y a los carteles de la droga; sus recursos monetarios ilícitos alimentan y son el combustible de la violencia actual. 19 masacres mal contadas durante las cinco semanas iniciales del nuevo gobierno, con su raíz narcotraficante, plantean un verdadero reto para las fuerzas de seguridad del Estado.

Los 19,5 (29,2 Anif 2017) billones de pesos, un 2 % (3 % Anif 2017) del PIB nacional, son el combustible para este tipo de violencia criminal que ha ensangrentado diferentes comunidades desde Barranquilla, pasando por Santander y llegando hasta el Cauca. Siete de cada 10 gramos del narcotráfico global (Unodc) se exportan desde el país y el 80 % de las víctimas de homicidios habitan en municipios con cultivos de coca. Bandas como los “Pachenca”,  la “Oficina”, los “Costeños”, la “Local”, la “Cordillera”, los “Mexicanos” y otras organizaciones criminales, se articulan con carteles mexicanos, mafias europeas y organizaciones criminales transnacionales venezolanas que, como el Tren de Aragua y los Maracuchos, campean en el país.

La propuesta “Paz Total” y el reinicio de negociaciones con el Comando Central (COCE) del ELN, plantean el doble discurso vigente: la gerontocracia de esa organización sesentera, mantienen un discurso político de corte castrista. Están protegidos en Cuba. Pero sus huestes, frentes y cuadrilla, que suman unos 3.000 efectivos, están profundamente comprometidos con la minería ilegal y el narcotráfico. Creemos que la tal Paz Total para Colombia, un país con seis décadas de violencia interna, va a ser un fiasco mayor. Porque si eso es con el ELN, ¿Cómo será con las otras organizaciones narco criminales? Esperemos que el Alto Comisionado para la Paz, tenga una hoja de ruta clara pues la inseguridad en Colombia nos está afectando a todos, a lo que se agregan las crecientes afugias económicas.

De las torres de Manhattan a las negociaciones con el ELN en La Habana y en las selvas el Chocó, la lucha contra el narco terrorismo no ha perdido vigencia, mucho menos en Colombia en donde la guerra irregular está en pleno desarrollo. Y la civilidad de Nueva York no tiene nada que envidiarle al primitivismo de la selva chocoana en Colombia.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Vigía: septiembre, de primavera a otoño

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Mientras el adusto bombero neoyorquino tañía la campana en el aniversario del abatimiento de las Torres Gemelas, mi memoria voló rauda a septiembre de 1972, cuando, como aprendiz de periodista en Radio Manizales, bajo la tutela de Javier Giraldo Neira y las enseñanzas de Néstor Gardner, oíamos impactados y expectantes de qué manera 8 terroristas palestinos habían ingresado a la villa Olímpica en Múnich y secuestrado a la delegación israelita en sus habitaciones.

Múnich, Manhattan y El Callao

Todo terminaría mal 21 horas más tarde, cuando la operación Sinnenschein fracasó en su intento de rescate y 17 personas fueron asesinadas, entre ellas 11 atletas judíos, 5 terroristas y un policía alemán. Septiembre Negro, se llamó el grupo extremista palestino de este episodio y el noveno mes de nuestro calendario gregoriano, quedó impreso con letras de sangre. Los asesinos fueron cazados uno por uno por las fuerzas de seguridad israelita en la operación Cólera de Dios, que sirve de argumento de la película “Múnich”, dirigida por Steven Spielberg. “Se hizo justicia”, me chatea un buen amigo desde un kibutz.

Lo de Manhattan, casi 30 años después de lo de Múnich, cambió muchas cosas de nuestro mundo. La profunda herida en el orgullo nacional norteamericano aún ronda como fantasma cada 11 de septiembre, al tenor de la monódica lectura de nombres de seres humanos inocentes, sacrificados por fanáticos a un dios inclemente y sanguinario. Después de dos décadas y 6.4 billones de dólares gastados en la subsecuente guerra contra el terrorismo, el mundo sigue siendo un lugar inseguro y la incertidumbre ronda por las cuatro esquinas entreverado en pandemia, clima y sectarismos.

Por confluencias del destino, a las 04:00 horas de este mismo sábado 11, en el Centro de Reclusión de Máxima Seguridad de la base naval de El Callao, falleció alias “presidente Gonzalo”, la “Cuarta espada del comunismo”, profesor de filosofía y fundador de “Sendero luminoso”. Y es que, si los extremistas de Al Qaeda asesinaron en Nueva York tres mil ciudadanos en 102 minutos, Abimael Guzmán asesinó 30.000 peruanos, algunos dicen que fueron 70 mil, en poco más de una década, en los 80. Estaba próximo a cumplir 89 años, cumpliría 29 de su cadena perpetua y murió asfixiado en los efluvios pulmonares de su maoísmo. ¿Se hizo justicia?

Preocupan ahora los vínculos de varios ministros y funcionarios del nuevo presidente Castillo con esta banda narcoterrorista que, en mayo pasado, asesinó a 16 adultos y niños, como advertencia a los votantes por la Fujimori.

Nuevo terrorismo

En nuestro obituario revolucionario también septiembre tiene su historial, que sería largo enumerar. Baste mencionar en 1983 la toma de Cutufí, Apure, frontera con Colombia, por parte del ELN, banda que este mismo sábado 11, asesinó a 5 e hirió 6 soldados colombianos en Saravena, Arauca, frontera con Venezuela. No esperemos justicia.

En el 2021, hay un elemento nuevo que marca la diferencia entre Múnich, las Torres Gemelas y tantos otros eventos terroristas mayores ocurridos en esta calenda: las redes sociales. La razón por la que el terrorismo catastrófico del 9/11 no se ha repetido es porque otras tácticas, hasta ahora, han funcionado mejor, más rápido y mucho más barato”, dice Emerson T. Brookings de Digital Forensic Research Lab (DFRLab). La “caída de Kabul”, por ejemplo, no fue solo un asunto militar de barbudos misántropos y radicales con muchos muertos como se pronosticaba: las redes sociales jugaron un papel importante en esta nueva derrota septembrina del imperio norteamericano y están siendo una herramienta sustancial en el diseño del “nuevo proyecto islámico” talibán. Y no mencionamos tecnologías nuevas que están cambiando rápidamente no solo al mundo sino al mismo ser humano, tales como inteligencia artificial, algoritmos, realidad virtual amplificada, conexiones 6G, criptomonedas, etc., que hacen que las subametralladoras y los carros bomba parezcan artificios bélicos medievales, desafortunadamente aún activos y efectivos.

Volviendo a septiembre, queda para el registro que también el 11 de ese mes, en 1973, el mando militar bajo la dirección del general Augusto Pinochet, asaltó el poder en Santiago y reversó el avance comunista en Chile. Episodios de septiembre, mes asignado a Vulcano.

viernes, 2 de julio de 2021

Basta ya de tanta violencia

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Esta locura que estamos viviendo tiene que pararse ya. Al paso que vamos, si lo que impera es la ley del talión del “ojo por ojo”, pronto vamos a ser un país de tuertos o de ciegos. No es chiste. Es dramática realidad. Recuerdo el caso de dos familias guajiras, los Cárdenas y los Valdeblanquez que literalmente se extinguieron mutuamente con esa consigna.

En toda mi existencia no he dejado de ver violencia por doquier, las de antes: la que trajeron los conquistadores arrasando la población indígena nativa; la de las guerras de independencia; la de las luchas intestinas de la patria boba que luego se volvieron civiles por el control del poder; la de los mil días entre conservadores y liberales y que siguió por décadas bañando de sangre nuestros campos y ciudades, y las de hoy: la de las guerrillas; la del Estado con su doctrina de la seguridad nacional por allá en los 70 y 80; la paramilitar; la del narcotráfico; la de la delincuencia organizada; la de los falsos positivos… Y como si no fuera suficiente: la violencia cotidiana, la que se da a nivel intrafamiliar, pero también la que se da contra las mujeres y contra los niños inocentes; la escolar con el bullying; la de la calle, todos los días, que roba y asesina; la de los vándalos que destruye por destruir todo a su paso y nos acrecienta la miseria; la del Esmad cuando excede su poder y su fuerza contra de la población civil; la de las redes sociales cargadas de odios viscerales, insultos e improperios. La lista sigue. Es tanta-tanta que he pensado si es que estamos condenados a ella para siempre, si es que se trata de un problema genético-ontológico del colombiano, si es que es un problema cultural arraigado muy difícil de superar o qué es, pues, lo que nos pasa en nuestra deteriorada alma que hizo a San Juan Pablo II definirnos como un “país moralmente enfermo”.

De lo que me voy convenciendo es que esto ya es patológico grave y no veo a nadie, ni líderes relevantes, ni instituciones creíbles que quieran y puedan detener esta locura. La violencia en su espiral devastadora se nos volvió paisaje. Es más, nos ha convertido en sedientos vampiros que más bien extrañamos el día que no haya muertos. La televisión y el cine dejaron hace rato de ser ficción y la realidad la supera cual zaga de Netflix dolorosa y cruel. En otros países, un solo muerto hubiese dado para manifestaciones multitudinarias de rechazo. Aquí no, aquí más bien hay quien no solo las justifique y se alegre, sino insensatos de lado y lado que pidan aumentarla, ya para vengarse de esa sociedad rica e indolente que por siglos le ha importado un bledo el hambre y la miseria, ya para reprimir con mano dura y como se merece esa enardecida chusma ignorante, culpable del retraso de nuestro país. Tan vergonzosa realidad hace entender mejor la frase de Jesús en la cruz: “perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen“

Lo sabemos, violencia genera violencia. Abre dolorosas heridas en el corazón y suscita traumatismos existenciales difícilmente curables en el corto plazo. El resentimiento que produce puede ser eterno. Hay quienes buscan superar esas laceraciones para no dejarse llevar por los sentimientos de venganza y de querer cobrar justicia por propia mano ante una justicia que no hace justicia. Se necesita mucho valor, mucho coraje, para pasar la página. Pocos logran superarla con una memoria no vindicativa, voluntad de no repetición y decisión de reparación.

Estamos en una coyuntura decisiva frente a la cual no podemos equivocarnos. Basta ya de extremistas polarizantes, detestables y dañinos que se culpabilizan mutuamente y con razón, porque es verdad que juntos han producido esta desgracia, han demostrado por décadas su incapacidad para reconstruir el país y cerrar las brechas sociales, han evidenciado su corrupta voracidad sin tener voluntad política para siquiera menguarla. El pueblo ya les dio la oportunidad y la desaprovecharon. Hay que optar por un camino distinto, refrescante, oxigenante, que, sin dejar de afrontar la realidad de un pueblo generalizadamente maltrecho por toda clase de males, combata las raíces estructurales de estos males agobiantes y de modo propositivo, cual ave fénix, reviva desde las cenizas humeantes, con vida y esperanza, un mejor presente para todos, más humano y digno. Ojalá haya gente que quiera hacerle eco a esta alternativa.

jueves, 30 de enero de 2020

Vigía: nuevo-viejo terrorismo


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Los actos terroristas estimulan la amígdala cerebelosa, el centro del miedo ‒mecanismo de supervivencia‒ en una inveterada práctica para doblegar voluntades y someter colectividades al logro de determinados objetivos políticos o delincuenciales. En Latinoamérica, Colombia es el país con mayor experiencia en asuntos de terrorismos, ambos de derecha y de izquierda. A pesar de esa larga historia, algunos “analistas” confunden a un asesino en serie o a un aislado masacrado con un terrorista, como en el caso de Pozzeto (1986); otros mezclan terrorismo con sabotaje, como en el caso de las voladuras de oleoductos; un sacerdote graduó de terroristas a las barras bravas futboleras de Bogotá y varios luchan por quitarle el adjetivo terrorista a sus amigos revolucionarios. “Luchan por el pueblo” dicen sin sonrojarse, “por la paz”, y disimulan una sonrisa. Actualmente, las patologías políticas regresionistas FARC, ELN, EPL, AUC y otros, se han transformado en terrorismo delincuencial, narcoterrorismo puro y simple.

Los terroristas de la izquierda latinoamericana no lograron llegar al poder a pesar de más de medio siglo de depredación e intimidación, pero el terrorismo como método delincuencial está al alza, refinando el ejemplo del cartel que a punto de carros bomba sometió al Estado en 1989. El ELN y las FARC están detrás del entrenamiento y la animación de los vándalos que, acunados en universidades como lo confirmó el fiscal general Martínez, agreden a nuestros policías y destruyen nuestra infraestructura urbana aplicando tácticas y técnicas del anarquista Black Bloc. Repiten lo que hicieron en Ecuador, en Chile y en otras latitudes.

Como elemento fundamental de esta estrategia, los carteles farianos, elenos, mexicanos, del golfo, las bandas, los combos, generan incertidumbre y la comunidad angustiada descarga su estrés contra las autoridades, en un fenómeno conocido como transferencia, que aprovechan agentes internos y externos para debilitar las instituciones militares y policiales, y facilitar el camino hacia el imperio del caos. No sobra enfatizar que estamos acosados por el crimen organizado transnacional y no hay ningún contenido político en la violencia que está creciendo en el país.

Con la mayor producción de cocaína en el mundo, fronteras incontrolables, impunidad, corrupción y una fuerza pública asediada, revaluar el concepto de terrorismo en la política del país y en el relatorio penal, es una necesidad evidente. Y urge tomar decisiones, como la de Bolivia, de suspender relaciones con Cuba, isla que protege y prohíja a los narcoterroristas que nos agobian.

martes, 5 de febrero de 2019

De cara al porvenir: de frente


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González
Es más que lamentable que en este dichoso país tengamos que convivir con la intranquilidad y la violencia como compañeras permanentes de viaje.

No podemos pasar un período de tiempo razonable sin que se dé un acontecimiento de alguna magnitud que nos estremezca a todos, sin dejar de reconocer que a diario se suceden una cantidad de aconteceres que lamentablemente se convirtieron en parte del paisaje, como el asesinato de líderes sociales, de soldados, de policías,  de reinsertados, de niños, de niñas y de mujeres violentadas, aunados a los crímenes propios de la delincuencia común y asociados a las inseguridades varias en medio de las cuales sobrevivimos.

Cada tanto actualizamos la tragedia de turno y cambiamos el tema de conversación. Alguien sostendrá que ¡ya basta!, que ¡los buenos somos más!, y que ¡los malos no pasarán! Frases de cajón enmarcadas dentro del manejo simbólico del derecho en el que se escudan quienes tienen las riendas del Estado y brillan por su incapacidad para enderezar el camino torcido hace muchos decenios.

Las malas noticias no hacen sino distraernos de asuntos que están temporalmente en proceso y sobre los cuales no se vislumbran soluciones, lo que hace que estemos caminando permanentemente en medio del estercolero, levantando esporádicamente las cabezas ante los sucesos infames, para luego seguir con nuestra febril trayectoria hacia la deriva.

Por más dolorosa que sea la tragedia de turno, no podemos bajar la guardia con los otros variados temas que nos afectan hasta la médula y sobre los cuales muchos intereses ocultos tratan de opacar con cortinas coyunturales de humo: la viabilidad de Hidroituango, la iniciativa de seguir vendiendo por pedazos a Ecopetrol, las nuevas solicitudes de licencias mineras para la explotación del Páramo de Santurbán, la audiencia por pérdida de investidura de Macías, la captura de la secretaria de la Fiscalía Anticorrupción, la presentación de nuevas pruebas en contra del fiscal por parte del senador Robledo, las movilizaciones por la educación y la corrupción, la denuncia sobre la mala calidad de distintas obras de infraestructura en proceso o por entregar y la crisis de los refugiados venezolanos, entre otros varios.

Ahora comenzarán las campañas electorales del orden departamental y municipal, para completar nuestro tradicional sainete.

Es vergonzosa la cantidad de gobernadores y alcaldes enredados en este cuatrienio por causa de la corrupción. No podemos dejar que esto pase. Sería un grave pecado de complacencia, tolerancia o complicidad, permitir que personajes oscuros se presenten a la competencia democrática y mucho menos, llegar a elegir a personajes de dudosa reputación. Como decían los abuelos, “en la duda, abstente”.

Sería importante que la Procuraduría y la Fiscalía asumieran el compromiso histórico de tomar las acciones que sean aplicables para no permitir la aparición de este tipo de sujetos o de sus testaferros, situación que hasta el momento no se ha presentado.

De igual manera, exigir claridad con respecto al compromiso de los candidatos con relación a la continuidad o no de las obras y programas que encontrarán en proceso o en desarrollo.

Insistimos en la necesidad y conveniencia de dotar a Medellín con un adecuado centro de espectáculos, de un velódromo techado y de un autódromo que cumpla con las exigencias de la Fórmula 1.