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jueves, 6 de junio de 2024

Posverdad: la relativización de la verdad

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

La verdad si bien tiene contextos y aristas, es una sola para quien presenta un hecho o una idea. Pero esa es la verdad de las personas. Otra cosa es la verdad factual de los hechos reales cuando ello no es un asunto de apreciación.

Y es eso, lo que hoy tratamos de tapar, cambiar, alterar o desconocer con la narrativa de posverdad que hace parte de las nuevas realidades de la deconstrucción, que a su vez es la careta revolucionaria de los cobardes que le temen al cambio por la vía de la transformación y el conocimiento tecnológico en un mundo tan real como digital.

Pero cuidado, que el cambio no es un asunto relativo. Los cambios reales siempre han sido tecnológicos y manifiestos en hechos incontrovertibles. No se puede pedir a Picasso cambiar un trazo, ni a Miguel Ángel los ojos de la virgen de la piedad para que oculte su tristeza. Igualmente, la posverdad no puede pretender que no son organizaciones terroristas Hamas, Isis, Hezbollah, ETA, IRA, ni narcoterroristas FARC-EP, ELN, Clan del Golfo, el Cartel de los Soles, el de Sinaloa, etcétera.

Será que es justificable o que no son esas organizaciones terroristas las que matan civiles inocentes con bombas, instalan minas antipersonas, ni los que les arrebatan mediante secuestro los hijos a indefensas familias campesinas para violarlos física y mentalmente y convertirlos en sus esclavos militantes, ni los que estimulan la venta de droga en las escuelas para convertir los jóvenes en adictos y por medio de ellos realizar el microtráfico.

La epistemología o el fondo del conocimiento no puede amarrarse o naturalizarse a algo por una creencia o un dogma ideológico, ni por incurrir en la falacia de la confrontación de hechos con supuestos.

La posverdad es uno de los elementos del nuevo caos como la deconstrucción del civismo, la legalidad, la justicia, el sentido común, el deber ser y el interés general, mediante la imposición legislativa de agendas minoritarias que por pura conveniencia electoral o en función de figuración individual, pretenden cambiar la realidad fáctica que pertenece a la gran mayoría.

Una cosa son los derechos humanos que todos debemos respetarlos como verdad incontestable y otra la utilización de estos como causa política con ideas preconcebidas.

No estoy de acuerdo con destruir para construir sobre ruinas. Eso viene causando millones de muertes desde la revolución francesa, pasando por el estalinismo, el nazismo y el fascismo que hoy resurge bajo la denominación de Socialismo del Siglo XXI en las Américas.

Los jóvenes no deben ser alejados de la realidad con verdades amañadas a ideologías o nuevos contextos. No podemos caer en el juego de desnaturalizar la epistemología a partir de las emociones políticas.

El adanismo es el vicio más marcado de personajes como Castro, Chávez, Petro y su libretista digital, y sus camaradas. Son los mayores exponentes de la empobrecedora y esclavizante dialéctica inversa populista neo-narco-estalinista, al pretender ser los primeros, los iluminados, los únicos que comienzan una nueva era con sus ideas y sus actos de derrumbamiento nacional.

La posverdad como la propusieron Camilo Torres y el oscuro padre De Roux, y como lo venden Petro y Bolívar asociados a lo más selecto de la corrupción de la política tradicional del país y a las mismas organizaciones criminales que aterrorizan y abalean a los indefensos, es el engaño a la razón y al deber ser, para cambiarle a la juventud la manera de pensar llenarle la cabeza de resentimiento y de odio social.

Estamos enfermando la niñez desde una nueva versión de la historia colombiana, negándoles los elementos, las herramientas y la libertad de pensar y sacar sus propias conclusiones.

Para terminar, con ejemplos de lo que produce la posverdad como relativización de la verdad, preguntamos: ¿qué bien le ha hecho al país la presencia de terroristas como Tornillo o Timochenko en el Congreso? ¿No es la JEP un sistema inquisitivo ideológico viciado en favor de la posverdad para destruir sectores económicos, empresas y personas a partir de los testimonios acomodados de quienes acuden a buscar beneficios a cambio de hacer acusaciones teledirigidas? ¿No se convierte la Corte Suprema en un cuerpo delictivo a causa del proceder desequilibrado por ideología o lucro de sus integrantes, al desconocer de plano la naturaleza de execrables crímenes de lesa humanidad o al cometer el despropósito de imputárselos a quienes han sido las víctimas?

jueves, 2 de junio de 2022

Vigía: del Salón Rojo del Hotel Tequendama a la cocina de Rodolfo

Coronel Jhon Marulanda
Por John Marulanda*

En 2013 Moisés Naím, exministro de Estado, exdirector del Banco Mundial y analista venezolano, publicó “El fin del poder” en donde argumenta que las fuentes de poder tradicionales se habían debilitado. Ahora vuelve al asedio intelectual con “La revancha del poder: cómo los autócratas están reinventando la política en el siglo XXI”, un vibrante ensayo que plantea, no tanto el ejercicio autocrático del presidente Nayib Armando Bukele en El Salvador, si no la teoría de las tres P: populismo, polarización y posverdad o propaganda.

“El populismo es simplemente una serie de trucos, tácticas y estrategias para obtener el poder y quedarse en él. Quien lo practica es capaz de usar cualquier ideología y adaptarla, usualmente con el mensaje de que representa a un pueblo noble, explotado por una élite depredadora y abusiva” dice Naím en una oportuna y aguda entrevista de Ricardo Ávila Pinto. Y sí: algo va del Salón Rojo del Hotel Tequendama, símbolo inequívoco del neoclasicismo partidista tradicional colombiano, a la cocina de Rodolfo, puesta en escena del populismo electoral en pleno desarrollo en el país, tanto que el propio Petro apareció ayer en pantalla jugando a ser cocinero en su propia cocinilla. Además, la polarización política se huele en el aire colombiano: 8 millones de votos por uno de la izquierda y 7 millones por Hernández. Estamos radicalizados.

En cuanto a la posverdad o propaganda, las redes sociales obtienen más resultados en el balotaje que las plazas llenas de fanáticos y de curiosos ondeando banderines y tocados con gorras con el nombre de su potencial candidato. Esas redes marcan la diferencia en estas calendas de tecnología comunicacional global e instantánea: nos abruman a todos por igual. Hernández, a sus 77 años, lo sabe bien y con un horizonte de vida limitado solo le resta aplicar su reciente experiencia virtual. No se llega a esa edad sin haber aprendido algo.

La corrupción, que siempre ha sido la comidilla histórica del país, ha adquirido dimensiones reales en esta campaña y se ha convertido en el punto focal de todas las propuestas presidenciales. Cualquier trabajador honrado se duele de los grandes peculados de funcionarios del Estado o de empresas contratistas y oportunistas. Al mismo tiempo de su ataque a los corruptos –“suspender de manera indefinida la operación y funcionamiento de los vehículos y demás equipos destinados al uso de los senadores y representantes a la Cámara”, “Voy a arrasar con todos”, le dijo a Vicky Dávila–, poco sabemos de las propuestas programáticas estructurales de Hernández, aunque esperamos conocerlas en estos días. Con un ideario incompleto –¿qué va a hacer con los cultivos ilegales que se extienden por todo el país?–  y con ítems aún vacíos, tres semanas le quedan a Rodolfo para llenarlos con su talante gerencial.

Cambio, es otra palabra talismán atractiva para incautos, desinformados y oportunistas. Muchos cambios hoy cuando países como Chile, rumbo al despeñadero y Perú, en donde un fiscal investiga un caso de corrupción del primer mandatario, ejercen una poderosa “brisa bolivariana” (del mismo Diosdado Cabello que hoy se queja de la influencia de US) sobre toda la región, que podría llegar a convertirse en un bloque amenazante para la seguridad territorial de Estados Unidos: Rusia, China e Irán deben estar muy preocupados.

Por supuesto que no esperaría que, como en Nicaragua, Hernández ordenara cerrar la Academia Colombiana de la Lengua y otras 82 ONG, ni que, como en Cuba, apresara más de 1.000 personas por protestar; ni que obligara el desplazamiento de unos 7 millones de conciudadanos por toda la región, como lo hace Maduro. Pero sí que, bajo la orientación estratégica de un publicista argentino, exasesor de Santos en el 2014 y de Petro en el 2018, Hernández entre al mundo contemporáneo de libertades y responsabilidades.

A la luz de estas alarmas o “sirenas”, como las llama Naím, vale la pena analizar si estamos frente a un texto programático de transgresión cultural comunista, que propone el Pacto Histórico según el manual de Antonio Gramsci, o frente a un cambio de rumbo urgente, sin corrupción, que pide la ciudadanía.