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viernes, 7 de noviembre de 2025

La Crónica: la coyuntura actual

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

Nuestro país atraviesa un momento crítico en su historia caracterizado por una compleja combinación de problemas sociales, políticos y económicos que demandan acción.

En seguridad la situación ciudadana se ha deteriorado por el fracaso de la Paz Total. La violencia y la criminalidad generan temor y desconfianza. En el terreno económico el gasto público crece sin control impulsado por la proliferación de contratos temporales (OPS), el aumento colosal de la nómina estatal y los subsidios que han llevado a la violación de la regla fiscal, el endeudamiento creciente. La persistencia de la corrupción mina la estabilidad financiera y la credibilidad institucional.

El panorama político se encuentra marcado por la polarización y la falta de diálogo entre Gobierno y la ciudadanía que frena la corrección de reformas erróneamente propuestas. La invitación a una asamblea constituyente ha despertado temores de un giro autoritario, la fractura de algunas instituciones debilita la gobernabilidad y la de implementar políticas de largo plazo.

En lo social, millones de colombianos continúan en condiciones de pobreza y exclusión. El acceso limitado a salud, educación y vivienda, incrementados por medidas absurdas, sumado al desplazamiento por el conflicto armado, refleja una deuda con los sectores vulnerables.

En el ámbito internacional, el país enfrenta sanciones y aislamiento. Petro, con su cercanía al Cartel de los Soles, Hamas, los GAOS y la pelea con Trump denunciados por los medios locales e internacionales, se ganó la cancelación de visas, la inclusión en la Lista Clinton, la desertificación de la patria y la pérdida de confianza en el escenario global.

No obstante, existen perspectivas de recuperación. La inversión extranjera y la innovación tecnológica son vistas como motores clave para la reactivación económica. Entre las medidas urgentes destacan la restauración de relaciones internacionales, la reducción drástica del gasto público, la recuperación de la seguridad ciudadana y la reforma de la consulta ambiental para facilitar proyectos transcendentales. Igualmente, resulta esencial intensificar la lucha contra el narcotráfico y los cultivos ilícitos disparados en este desgobierno.

Los hidrocarburos y la minería sostenible podrían aportar ingresos significativos manejados con responsabilidad. Sin embargo, la verdadera clave radica en la participación ciudadana y de la clase dirigente: exigir y apoyar los cambios necesarios, involucrarse en la vida pública y contribuir a la construcción de una sociedad más justa. La historia demuestra que nuestra patria tiene capacidad de reinventarse frente a la adversidad, como lo recuerda el dicho popular: “no hay mal que dure cien años”.

Finalmente, enfatizo en la importancia de elegir un Congreso responsable integrado por todos los sectores y un presidente capaz de unir y tomar drásticas e impopulares medidas tendientes a recuperar al país de la desolación que vivimos y construir un futuro prometedor. ¡Ojo con el 26! El peligro latente no ha desaparecido. La solución esta en nuestras manos y en la unión.

El Rincón de Dios

“Al acercarse un final podemos vislumbrar un nuevo comienzo, porque en Dios siempre hay nuevas oportunidades”. Anónimo

jueves, 11 de mayo de 2023

La polarización extrema: ¿Una nueva manera de las guerras civiles?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez.

(Ensayo conceptual – Serie: En defensa de la legalidad)

Objetivo. Este corto ensayo es una invitación abierta a la reflexión en procura de encontrar formas de mejorar nuestras democracias y preservar su institucionalidad. (Lo expresado en este texto solamente compromete al autor).

Conclusiones. Esperemos que surjan en toda la región Iberoamericana y caribeña nuevos liderazgos públicos y gremiales, desprovistos de ideas preconcebidas, de vicios filosóficos e ideológicos, innovadores, capaces de hacer el bien con la utilización ética de las nuevas tecnologías enfocadas en promover el desarrollo socio-económico sostenible, y que los gobiernos de los Estados Unidos algún día entiendan la importancia de considerar dentro de sus prioridades y políticas de Estado a Latinoamérica, haciendo honor a la relación cultural, económica que ha existido entre las naciones de todo el hemisferio desde que se inició la construcción de nuestras democracias, y la importancia de trabajar unidos por la liberación de la opresión que viven los pueblos cubano, nicaragüense y venezolano.

En el caso de Colombia, unidos por los principios que nos enseñaron en la casa, exigiéndole honestidad a quienes aspiren a ser nuestros líderes, las mayorías aún estamos a tiempo de evitar que se pierda la institucionalidad democrática cuando la confrontación entre en nuestras familias y en nuestros hogares. Algo que ya pasó en el siglo pasado.

Desarrollo. A causa de la puesta en marcha de la teoría del caos como resultado de la fusión entre la ideología socialista y el narco-comunismo con que se gobiernan las camufladas autocracias neo-populistas contemporáneas especialmente en Iberoamérica, en medio de una inmensa desconfianza social generalizada, los valores democráticos están agotándose en todo Occidente.

La confianza es el combustible de toda economía y es el factor que habilita la inversión y genera más emprendimientos, más empleo, crecimiento del producto interno y la formación de capital bruto; es la condición que determina el volumen y la velocidad del aporte del sector privado a la economía.

La confianza es, en esencia, el sentimiento colectivo de los ciudadanos y los mercados, y sólo se genera mediante la percepción positiva del riesgo que estriba en la estabilidad jurídica que ofrezcan la legislación y la forma en que se comporten un jefe de Estado y su gabinete, al cumplir con responsabilidad el encargo que les confió la ciudadanía: respetar la ley para facilitar el desarrollo socioeconómico y la formación bruta de capital (emprendimiento), en función de garantizar empleo y bienestar a la ciudadanía.

La confianza nace del buen manejo técnico de la cosa pública, de la formación de políticas de Estado serias, sólidas y sostenibles, no de la improvisación, la impredecibilidad, la politiquería o la violación constante al juramento de defender y hacer cumplir la Constitución y las leyes, que es a lo que se comprometen quienes acceden al poder, independientemente de cuánto hayan prometido o mentido para llegar a su posición, y de cómo se les dé la gana de interpretar la ley.

Recordemos que está totalmente demostrado que sin una actividad económica privada dinámica y pujante, ningún Estado puede pagar el costo del progreso de la ciudadanía, y que los factores que más desconfianza generan son la inseguridad física, la inseguridad jurídica, la polarización ideológica, el empobrecimiento colectivo y el control de las libertades sociales en manos de gobernantes populistas, motivados por intereses corruptos, ambiciones personales o preconcepciones ideológicas revolucionarias.

Para demostrar que existe una correlación inversa entre la confianza y la polarización, sea ella mediática, social, política o ideológica, de la cual se valen los gobernantes egocéntricos y populistas, me remito al “Edelman Report - 2023”, una encuesta internacional realizada desde 2001 consultando a un grupo significativo de empresarios a lo largo de muchos países sobre cuál es el factor de preocupación que más afecta, año a año, la confianza ciudadana, con el fin de sacar un indicador nacional y global.

Pues bien, en la versión 2023, los encuestados hablaron de “navegar en un mundo polarizado” como el factor que más les preocupa, y este problema lo clasifican en cuatro grupos a saber: Baja Polarización, Polarización Media, Alta Polarización y Polarización Extrema, resultando Argentina, Colombia, los Estados Unidos, España, Suráfrica y Suecia, como los países donde los encuestados dicen que ya existe una “polarización extrema o irreversible completamente irreconciliable”.

Como vivimos en una era digital que multiplica exponencialmente la información y las narrativas, resulta sensato pensar que la “polarización extrema” es la nueva forma de guerra civil entre bandos con posiciones contrarias.

Esta tesis se basa en la realización de una correlación lógica entre la forma en que esa polarización extrema pulveriza la confianza en la economía, la coherencia y consistencia de las actuaciones del Gobierno y los gobernantes, y la forma en que toda la comunicación digital, (T.V., radio, redes sociales y medios visuales o impresos), afectan el comportamiento colectivo.

Hoy, cuando el filtro editorial y la curaduría prácticamente desaparecieron de los medios digitales masivos, los datos que arroja la escucha en redes sociales demuestran cómo la formación de la opinión pública pasó de crearse en un espacio racional, a ser el producto de la explosión en tiempo real de reacciones masivas, que ya no son elucubraciones informadas sobre la base de opiniones sensatas y pruebas de autenticidad de lo que se publica, sino que están marcadas por acciones inmediatas o automáticas motivadas por los sentimientos y, por tanto, son impulsos que pueden llevar a individuos y masas a conductas violentas, sean ellas físicas, verbales o una combinación de ambas.

Por lo anterior, creo que las guerras civiles en esta era digital, difieren de las de épocas anteriores, en que los campos de batalla ya no son solamente las calles o la ruralidad, sino, ante todo, sistemas o plataformas llenas de violencia digital y de posiciones extremas marcadas por intolerancia escrita y verbal que nacen de cambios dramáticos en la escala de valores de las personas, las familias o del colectivo con relación a una narrativa o información, ante la cual, las personas reaccionan de forma apasionada sin reflexionar sobre la autenticidad o conveniencia de lo que leen, ven o escuchan.

Hoy todo tipo de personas, cultas o ignorantes, ven o escuchan un mensaje o un titular y reaccionan, reenviando, escribiendo u opinando sin pensar; y la generalización de estas conductas afecta el debido funcionamiento institucional en un Estado de Derecho. Algo inevitable pero que demanda sindéresis.

Sin duda en Argentina, España, Suráfrica e incluso en los Estados Unidos, las sociedades están viviendo un fenómeno de polarización extrema. Pero a mi juicio en el caso de Colombia, este fenómeno es aún mucho más grave desde que la definición de paz se desconectó del grado de cultura y educación que requiere una sociedad, para tener una convivencia urbana y rural segura y sostenible que beneficie a todos los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones, en lugar de mecanismos para garantizarle impunidad y privilegios solamente a los criminales.

Ese grado extremo de polarización actual en Colombia es el producto de la irresponsabilidad con la cual la sociedad entera, con la complicidad de los medios de comunicación, ha permitido el abuso del ejercicio politiquero del poder en función de intereses personales e ideológicos, favoreciendo la consolidación de la cultura mafiosa que nos imprime el dinero fácil y todos los problemas asociados al narcotráfico.

En conclusión, hoy podemos decir que cuando un país es considerado por sus ciudadanos como que ha llegado a niveles de “polarización extrema”, cruzó el punto de no retorno, pues la diversidad de opiniones y posiciones ya no es reconciliable, ya que quienes las defienden no están dispuestos a ceder y a llevar sus ideas y concepciones, sean ellas auténticas o falsas, hasta las últimas consecuencias.

No hay duda de que ya en el ciberespacio colombiano, hay una guerra civil digital ideológica y una amenaza real a la institucionalidad democrática, acompañadas de un incontenible incremento de la violencia entre bandos criminales que compiten por territorios en los campos, y que está a punto de explotar en las áreas urbanas mediante la formación de milicias, hoy auspiciada por el Estado. Resulta vergonzoso que desde 2018 sea el actual jefe del Estado y varios de los actores políticos asociados a su forma de pensar, los agitadores digitales de la violencia física que vive el país.

jueves, 2 de junio de 2022

Vigía: del Salón Rojo del Hotel Tequendama a la cocina de Rodolfo

Coronel Jhon Marulanda
Por John Marulanda*

En 2013 Moisés Naím, exministro de Estado, exdirector del Banco Mundial y analista venezolano, publicó “El fin del poder” en donde argumenta que las fuentes de poder tradicionales se habían debilitado. Ahora vuelve al asedio intelectual con “La revancha del poder: cómo los autócratas están reinventando la política en el siglo XXI”, un vibrante ensayo que plantea, no tanto el ejercicio autocrático del presidente Nayib Armando Bukele en El Salvador, si no la teoría de las tres P: populismo, polarización y posverdad o propaganda.

“El populismo es simplemente una serie de trucos, tácticas y estrategias para obtener el poder y quedarse en él. Quien lo practica es capaz de usar cualquier ideología y adaptarla, usualmente con el mensaje de que representa a un pueblo noble, explotado por una élite depredadora y abusiva” dice Naím en una oportuna y aguda entrevista de Ricardo Ávila Pinto. Y sí: algo va del Salón Rojo del Hotel Tequendama, símbolo inequívoco del neoclasicismo partidista tradicional colombiano, a la cocina de Rodolfo, puesta en escena del populismo electoral en pleno desarrollo en el país, tanto que el propio Petro apareció ayer en pantalla jugando a ser cocinero en su propia cocinilla. Además, la polarización política se huele en el aire colombiano: 8 millones de votos por uno de la izquierda y 7 millones por Hernández. Estamos radicalizados.

En cuanto a la posverdad o propaganda, las redes sociales obtienen más resultados en el balotaje que las plazas llenas de fanáticos y de curiosos ondeando banderines y tocados con gorras con el nombre de su potencial candidato. Esas redes marcan la diferencia en estas calendas de tecnología comunicacional global e instantánea: nos abruman a todos por igual. Hernández, a sus 77 años, lo sabe bien y con un horizonte de vida limitado solo le resta aplicar su reciente experiencia virtual. No se llega a esa edad sin haber aprendido algo.

La corrupción, que siempre ha sido la comidilla histórica del país, ha adquirido dimensiones reales en esta campaña y se ha convertido en el punto focal de todas las propuestas presidenciales. Cualquier trabajador honrado se duele de los grandes peculados de funcionarios del Estado o de empresas contratistas y oportunistas. Al mismo tiempo de su ataque a los corruptos –“suspender de manera indefinida la operación y funcionamiento de los vehículos y demás equipos destinados al uso de los senadores y representantes a la Cámara”, “Voy a arrasar con todos”, le dijo a Vicky Dávila–, poco sabemos de las propuestas programáticas estructurales de Hernández, aunque esperamos conocerlas en estos días. Con un ideario incompleto –¿qué va a hacer con los cultivos ilegales que se extienden por todo el país?–  y con ítems aún vacíos, tres semanas le quedan a Rodolfo para llenarlos con su talante gerencial.

Cambio, es otra palabra talismán atractiva para incautos, desinformados y oportunistas. Muchos cambios hoy cuando países como Chile, rumbo al despeñadero y Perú, en donde un fiscal investiga un caso de corrupción del primer mandatario, ejercen una poderosa “brisa bolivariana” (del mismo Diosdado Cabello que hoy se queja de la influencia de US) sobre toda la región, que podría llegar a convertirse en un bloque amenazante para la seguridad territorial de Estados Unidos: Rusia, China e Irán deben estar muy preocupados.

Por supuesto que no esperaría que, como en Nicaragua, Hernández ordenara cerrar la Academia Colombiana de la Lengua y otras 82 ONG, ni que, como en Cuba, apresara más de 1.000 personas por protestar; ni que obligara el desplazamiento de unos 7 millones de conciudadanos por toda la región, como lo hace Maduro. Pero sí que, bajo la orientación estratégica de un publicista argentino, exasesor de Santos en el 2014 y de Petro en el 2018, Hernández entre al mundo contemporáneo de libertades y responsabilidades.

A la luz de estas alarmas o “sirenas”, como las llama Naím, vale la pena analizar si estamos frente a un texto programático de transgresión cultural comunista, que propone el Pacto Histórico según el manual de Antonio Gramsci, o frente a un cambio de rumbo urgente, sin corrupción, que pide la ciudadanía.

viernes, 17 de julio de 2020

Tres comentarios puntuales

José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras

Cuarentenas: visto el panorama global y particularmente el comportamiento humano después de 120 días, estos encierros resultan realmente inútiles porque, si bien detienen temporalmente los contagios y muertes masivas, en realidad lo que evidencian es una carencia dramática de infraestructura hospitalaria que los gobiernos no quieren ver colapsada. La solución no es parar la actividad humana sino ordenarla, en tanto aparece la dichosa vacuna inmunizadora. Si la gente sigue disciplinadamente los protocolos de bioseguridad: protección, aseo, distanciamiento, etc., no hay razón para seguir aumentando la crisis económica y los índices de miseria. Vivir encerrados es un enmascaramiento postizo que lejos de solucionar, agrava los problemas. Conciencia de orden, cuidado y disciplina social es lo que realmente necesitamos.

Polarización: se ha recrudecido encegueciendo a todos como si la realidad fuese sola blanca o negra, y no cargada de matices multicolores. Los odios viscerales alentados por sus más enconados rivales, cabecillas siniestras por lo enfermas, acolitadas por lugartenientes de baja estofa, apelan a toda clase de estrategias mentirosas y señalamientos públicos para desacreditarse en los albores de la campaña electoral. Y el pueblo borrego, en análogo espectáculo romano-circense, se deleita con el desangre patrio, mientras le toca el turno de saltar a la arena para ser destrozado por las fieras. La justicia por propia mano se da cuando no hay una justicia igualmente equitativa para todos, cuando viendo no se quiere ver y sistemáticamente se niega la verdad, cuando se quiere imponer la autoridad de modo dominante sobre los demás, cuando la voracidad económica quiere lucrarse a como dé lugar, cuando la maldita corrupción hace su agosto saqueando las arcas comunes, cuando se es intolerante ante la diferencia y la diversidad, cuando se es incapaz de buscar una sociedad más justa y más humana.

Congreso de la República: su desprestigio lo acompaña desde que me conozco.  Se necesita ser muy cínicos para seguir procediendo mal a sabiendas de la animadversión popular. No son todos, es verdad, pero sí la mayoría. Son tantos, que logran anular, eclipsar, echar al suelo, las mejores propuestas, los mejores proyectos. Incapaces de auto reformarse, bajarse el sueldo, sacar adelante las leyes anticorrupción… Este 20 de julio inician sesiones pero mientras el pueblo humilde no ha dejado de exponerse todos los días al covid-19, ellos siguen discutiendo si tienen validez sus sesiones virtuales, y por eso, ni van presenciamente, ni trabajan remotamente. ¡Vagos! Por eso eligen de líder a uno de sus más cuestionados miembros, el campeón del ausentismo y de las excusas médicas no creíbles. En tiempos difíciles, cuando se requiere renovarse, reinventarse, recrearse, ellos siguen lo mismo, por la senda de sus inveteradas mañas y vicios. Sinvergüenzas irredentos, descarados. Su indolencia clama al cielo, ese cielo que ignoran deliberadamente porque disfrutan vivir en su propio infierno.

sábado, 25 de mayo de 2019

El odio y la polarización



Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Ni las advertencias de los directores del Banco de la República y la ANDI, que claramente y de frente le han pedido al sector político colombiano un acuerdo sobre lo fundamental, no más odio ni más polarización, advirtiendo el daño que le están causando a la economía del país, al crecimiento del país, al empleo del país, a la sociedad colombiana, a las familias colombianas, lo han logrado. Si estas advertencias no hacen que los políticos se sienten a pensar y a conversar sobre nuestro futuro y que continúen con su egoísta política de hacerse visibles a costas del odio y la polarización, van a acabar con el país.

Que no le paren bolas a todas las personas que en todos los tonos hemos venido insistiendo de tiempo atrás, por una política de reconciliación, de inclusión, de perdón, de diálogo, para que todos podamos trabajar en la generación de riqueza, de empleo, de felicidad, empujando hacia el mismo lado, es seguir desconociendo que debe primar el interés general sobre el particular, es seguir cultivando odios, es seguir trabajando para el hartazgo, la infelicidad, la pobreza, el desempleo. Es que lo están diciendo los directores de la ANDI y del Banco de la República y para que esos señores se atrevan a ello, es que la están viendo muy peluda.

Está más que probado que somos viscerales en la política, que votamos verracos y que esa es, inclusive, la estrategia. Así decía un político, hoy candidato a la alcaldía, que fue el primer valiente que se atrevió a hablar del tema, al contar inocentemente la diabólica estrategia para manejar a los votantes viscerales; pero le supo a cacho, fue expulsado, desheredado y le retiraron todos sus afectos. Cuál útil habría sido permitirnos un análisis profundo sobre el manejo político del odio y la polarización, que hoy tiene destruido a este país, en el que tenemos que caber todos, para que entre todos podamos sacarlo adelante.

No más odios, no más polarizaciones, no más egoísmos; sentémonos todos a pensar cómo podemos ceder, para que sea el interés general el que triunfe, que nuestra clase política muestre su grandeza, muestre su amor por el país, muestre su verdadero objetivo, su verdadera razón de ser: servir a las comunidades.

Que Nuestro Señor Jesucristo nos ilumine y nos proteja a todos los colombianos.

viernes, 24 de mayo de 2019

Acuerdo nacional urgente


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón ContrerasHay que parar esto o vamos a terminar muy mal como país. La polarización tiende a radicalizarse porque la intolerancia hacia quien piensa de forma divergente está exacerbada. Personalmente, desde esta tribuna de opinión de forma libre, auténtica y crítica, he expuesto mi pensamiento. Pareciera mejor no haberlo hecho. Me aterra el radicalismo de las posiciones extremas, por lo ciegas, por lo tercas, por su incapacidad de reconocer algo bueno en el contrario. Es lamentable, vergonzoso, desastroso. Son posiciones obnubiladas, obstinadas.

Hay quienes creen que Maduro es bueno y que sólo ha sido víctima del imperialismo yanqui. Hay quienes juzgan que es poco serio decir que la revolución cubana fue un fracaso. Hay quienes les parece un acierto acabar sistemáticamente con esos líderes izquierdistas y comunistas. Hay quienes dicen que quieren la paz, pero a su estilo, es decir, después de haber aniquilado a los enemigos. Hay quienes sostienen que este país se le entregó a la guerrilla. Hay quienes solo les interesa explotar los recursos de este país, así sea con la política de tierra arrasada. Hay quienes consideran simplista criticar a unos y otros.

Definitivamente, esto no puede seguir así. Al presidente Duque ya le han comenzado a pedir desde diferentes sectores que tome las riendas y lidere él mismo, pensando y actuando como presidente de los colombianos todos, no como gobernante de unos y excluyendo a otros. Ese es el principal reto que tiene: cumplir su propósito de ayudar a reconciliar al país. El tiempo corre. La paz apremia. Si seguimos así vamos a terminar en una guerra civil. Es increíble, repito, el grado de intolerancia al que hemos llegado: no reconocer nada, absolutamente nada bueno en el otro. De oportunismo político y de morbo fue juzgado el proceder del senador de las FARC que prestó humanitariamente primeros auxilios al senador del Centro Democrático. ¡Qué horror!

Al presidente Duque le están pidiendo un gran acuerdo nacional para detener esta locura. Tendrá que revestirse de valentía, prescindir de la agobiante tenaza de sus radicales copartidarios y pensar en alto, pensar en grande, convocando y escuchando a todos. Este es su cuarto de hora si quiere ser un gran presidente y pasar a la historia como tal. Colombia es un país muy diverso, plural, multicolor. Es su riqueza, pero también su realidad compleja que de no manejarse correctamente lo llevará a su desgracia. A los convocados habrá que pedirles igualmente pensar en alto, pensar en grande, renunciar a sus egoístas y mezquinos intereses sectoriales y pensar en el país futuro que quieren dejarles a sus hijos.

He recordado por estos días a Álvaro Gómez en su llamado de hace décadas a promover un acuerdo sobre lo fundamental. No se le escuchó, no se le hizo caso, y las espirales de la inequidad, la injusticia, la pobreza, la violencia, por solo citar unas cuantas, ha crecido. Tenemos que sentarnos y caber en una misma mesa todos los actores políticos líderes de los diferentes partidos y matices, y establecer los puntos fundamentales, esenciales, sobre lo que debemos estar de acuerdo. Es imposible pensar que no podamos llegar a unos consensos mínimos, básicos, para poder convivir. Es verdad que no en todo podamos estar de acuerdo, apenas normal. El problema no es que pensemos distinto, el problema es nuestra incapacidad de escucha, de diálogo, de razonable inteligencia para dejarse interpelar por el otro y buscar mirar objetivamente el variopinto complejo que somos.

Por lo pronto, mi aporte será contribuir a esa tarea de explorar los puntos básicos, claves, sobre los cuales podemos construir juntos un mejor mañana. Creo que me resultará imposible no pronunciarme si hay procederes erráticos que nos hagan daño, vengan de donde provengan. No podría ser cómplice con mi silencio. Seguiré apostándole a la educación como la mejor herramienta para formar y transformar personas. 35 años allí me han demostrado que cuando se quiere se puede, y que cuando se puede, hay que hacerlo sin dilaciones, sin procrastinar. Los países que decidieron hacerlo y le apostaron en serio, hoy son nuestros referentes. Pongámonos de acuerdo en lo fundamental a nivel nacional. Es realmente urgente.