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jueves, 23 de julio de 2026

Una oportunidad histórica para Urabá

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

La entrada en servicio de Puerto Antioquia y la culminación prevista para el próximo año de la vía al mar con las obras del Túnel del Toyo, convertirán a Urabá en una plataforma estratégica para fortalecer la seguridad alimentaria y ampliar la exportación de productos agropecuarios.

El banano sigue siendo el pilar productivo de la región, con 32 465 hectáreas cultivadas, el año anterior sus exportaciones alcanzaron 81,9 millones de cajas y la productividad regional creció a un ritmo superior al promedio nacional.

A este liderazgo se suman otros renglones importantes: el plátano ocupa 36 000 hectáreas y sostiene a más de 7000 familias; la palma aceitera cubre 12 000 hectáreas y las nuevas tecnologías auguran un desarrollo exitoso; el cacao alcanza 10 446 hectáreas; la región cuenta, además, con el mayor cultivo de piña del país, el segundo hato de búfalos y 15 000 hectáreas de arroz con una condición hídrica privilegiada durante todo el año.

El potencial de crecimiento es inmenso. Según el Plan de Ordenamiento Territorial Agropecuario, Urabá cuenta con cerca de 350 000 hectáreas con posibilidades de expansión, aptas para cultivos como maracuyá, limón Tahití, arroz, cúrcuma, jengibre, granadilla, pitahaya y mangostino.

La ganadería es otro eje estructural. Urabá posee el hato bovino mayor de Antioquia con más de 626 000 cabezas distribuidas en 8200 fincas. Esta base abre espacio para impulsar modelos silvopastoriles, carne certificada y cadenas de lácteos con mayor valor agregado.

A este potencial productivo se suma un factor decisivo, la logística. Urabá es una plataforma exportadora natural: Puerto Antioquia y la conexión vial con el centro del país permitirán que los productos agrícolas lleguen a los mercados internacionales con menores costos y tiempos, una ventaja que pocas regiones agrícolas de la patria reúnen en igual proporción.

El principal desafío está en el ordenamiento institucional. La actualización catastral es clave para organizar el territorio, atraer inversión y garantizar seguridad jurídica a productores y empresas, y, de especial importancia, revisar la Ley 70 relacionada con los territorios afro del Chocó y Antioquia para facilitar un desarrollo agropecuario ordenado, sostenible y compatible con las realidades sociales de esas regiones.

Urabá no es solo una región agrícola: es la puerta de entrada para que el país dé el salto hacia una agricultura moderna, exportadora y sostenible. Colombia necesita una despensa estratégica y Urabá ya cuenta con el suelo, el clima, la ubicación, la tecnología y la gente para convertirse en ella.

El Rincón de Dios

“La medida del amor es amar sin medida”. San Agustín

lunes, 6 de julio de 2026

Crónica: la Antillanura

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

He decidido pasar del análisis político a las propuestas, e inicio insistiendo en la importancia estratégica de la Altillanura como región clave para garantizar la seguridad alimentaria, impulsar la exportación a gran escala de productos agropecuarios y promover la venta de bonos de carbono, pero esto debe realizarse en proyectos a gran escala debido a la escasez de infraestructura y, las cuantiosas inversiones necesarias, solo son recuperables a largo plazo. Muchos proyectos han sido aplazados por cuellos de botella jurídicos redactados por burócratas que jamás han tenido en sus manos un azadón ni han sembrado una mata en un jardín. Por ello, traigo como ejemplo La Fazenda, establecida en Puerto Gaitán, antes de que los cambios jurídicos limitaran el desarrollo de la región.

Agropecuaria Aliar, La Fazenda, trabaja 50.000 hectáreas cuya producción anual así reportó: carne de cerdo, 98,2 millones de kilos; 880.000 cerdos procesados; 114.206 toneladas de maíz; 50.256 toneladas de soya; 8 millones de litros de leche;1,6 millones de kilos de carne de res; 2.774 toneladas de derivados cárnicos y 276.000 toneladas de alimentos balanceados para consumo de sus animales.

A ese desempeño se suma un trabajo social destacable, la cooperación de La Fazenda con resguardos indígenas y las comunidades vecinas que no se limita a lo asistencial, se ha realizado una alianza de largo plazo basada en el respeto por el territorio, la transferencia de tecnología y la integración de las comunidades a la cadena productiva.

De gran importancia es el modelo de trabajo con los resguardos Sikuani, Achagua y Piapoco que ha permitido ampliar los cultivos de maíz y soya, generar ingresos para familias indígenas y fortalecerlas mediante asistencia técnica. La participación de los resguardos demuestra que la agroindustria es una herramienta de inclusión que reconoce el valor del conocimiento ancestral complementándolo con innovación, organización empresarial y acceso a los mercados; algo totalmente opuesto a las actividades de la minga caucana.

También es destacable la labor con los vecinos de la región, dándoles el apoyo a huertas familiares, proyectos de seguridad alimentaria, contratación de servicios locales y oportunidades para mujeres campesinas. Estas acciones ayudan a dinamizar la economía de Puerto Gaitán y fortalecen la confianza entre empresa, campesinos, comunidades indígenas y otros actores de la zona.

Mas allá de las cifras, la Fazenda muestra que la Altillanura puede desarrollar una enfoque integral, producir gran cantidad de alimentos, cuidar los ecosistemas, generar empleo formal y promover bienestar a las comunidades vecinas. Ese equilibrio entre productividad y responsabilidad social es el modelo que el país debería proteger y multiplicar.

Nota. La información de actividades de Agropecuaria Aliar fue obtenida de una página Web publicada en Internet bajo su autorización, agradecemos a sus autores.

El Rincón de Dios

“El Señor dará fuerza a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo con paz.” Salmo 29, 11. 

viernes, 10 de octubre de 2025

La Crónica: hidropónicos, un futuro verde sin tierra

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

En medio del ritmo acelerado de las ciudades, surge una revolución silenciosa: los cultivos hidropónicos. Esta técnica agrícola, que prescinde del suelo y utiliza soluciones nutritivas para alimentar directamente las raíces de las plantas, está transformando la manera en que producimos alimentos, especialmente en entornos urbanos como Medellín.

Aunque la hidroponía no es nueva –lleva décadas desarrollándose en distintos países– su auge reciente responde a desafíos contemporáneos: la necesidad de producir alimentos de forma más sostenible y en espacios reducidos. En Medellín, proyectos como Hidropónicos AVE y Aura Verde Hidroponía han demostrado que es posible cultivar lechugas, tomates, albahaca y otras hortalizas en espacios limitados, con menos agua y sin pesticidas. Para quienes visitan Orlando, vale la pena conocer este tipo de cultivos en el Epcot Center.

Uno de los mayores atractivos de esta técnica es su eficiencia. Un cultivo hidropónico puede utilizar hasta un 90 % menos agua que uno tradicional. Además, al desarrollarse en ambientes controlados, se reduce el riesgo de plagas y enfermedades, lo que permite cosechas más rápidas y constantes durante todo el año.

Pongamos un ejemplo: en el cultivo de tomates, dependiendo de la tecnología utilizada, se puede obtener desde 30 hasta 70 kilogramos por metro cuadrado al año. Las técnicas no son complejas, y en las páginas web de las empresas mencionadas se pueden consultar en detalle.

Pero más allá de lo técnico, la hidroponía tiene un profundo componente social. En barrios como La América y San Cristóbal, se han desarrollado huertas urbanas que no solo alimentan a las familias, sino que también educan, generan empleo y fortalecen el tejido comunitario. Incluso en los lugares más áridos, puede florecer la vida: Israel es un ejemplo destacado.

Por supuesto, el camino no está exento de retos. La inversión inicial puede ser alta, y se requiere capacitación para manejar adecuadamente los sistemas. Sin embargo, con el apoyo de universidades, emprendedores y políticas públicas, la hidroponía puede consolidarse como una alternativa viable para garantizar la seguridad alimentaria en las ciudades. Los cultivos en terrazas de Bogotá son otro ejemplo inspirador.

En tiempos donde el origen de nuestros alimentos importa más que nunca, los cultivos hidropónicos nos invitan a repensar la agricultura. No se trata solo de producir, sino de hacerlo con conciencia, innovación y respeto por el entorno. Medellín, con su adaptabilidad, creatividad y capacidad para aprovechar oportunidades, tiene todo para convertirse en un referente de esta nueva forma de cultivar.

He creído importante que, además de criticar los dislates de este desgobierno, promovamos ideas sobre temas innovadores y que pueden ofrecer desafíos y opciones para el futuro.

El Rincón de Dios

“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros –declara el Señor–, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de daros un futuro y una esperanza”.

martes, 31 de mayo de 2022

De cara al porvenir: prudente optimismo

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

De cara a los acontecimientos que por estos días nos entretienen, tengamos en cuenta algunos aspectos que nos obligan a no tirar la toalla, a persistir, insistir y nunca desistir, pero manteniendo siempre un prudente optimismo.

Acaba de concluir la cumbre de Davos que volvió a ser presencial y los analistas muestran preocupación por una probable recesión económica mundial. No hemos terminado de dominar al COVID-19 y ya vamos por la cuarta de “N” dosis y están apareciendo nuevas variantes. Una de las principales ciudades chinas, Shanghái, continúa encerrada por cuarentena. Crece de nuevo el nivel de contagios a nivel mundial, aparecen nuevas variantes y para colmo, aparece la llamada “Viruela del Mono”. Continúan los tropiezos en los flujos logísticos de aprovisionamiento a nivel planetario y la guerra entre Rusia y Ucrania va para largo. Y sin que podamos pasarlo por alto, el cambio climático comienza a mostrar pequeños pero graves anticipos de lo que serán sus impactos y repercusiones a nivel mundial.

En lo local, hay un revolcón a nivel político, pues los poderes tradicionales han sufrido un descalabro electoral sin precedentes, ante lo cual tendrán que hacer un análisis de conciencia y sobre todo un gran propósito de enmienda que les permita no solamente ejercer una oposición adecuada, sino irse preparando como alternativa real para los comicios del 2026.

Los resultados de la primera vuelta son una bofetada enorme al establecimiento.

No se puede seguir pensando que temas como el mal gobierno, el deterioro de la imagen del expresidente Uribe, la corrupción, la impunidad y los permanentes escándalos se pueden seguir tapando con las manos, pues ante la evidencia de las urnas, pues no es así.

No podemos dejar a un lado ni la iniquidad, ni la pobreza, ni los impactos del narcotráfico, ni la crisis del campo, ni la informalidad de la economía, ni la problemática de la tenencia y la propiedad de la tierra, entre otros temas álgidos, que son todos asuntos estructurales, que deben ser enfrentados con creatividad, compromiso, continuidad y sobre todo con una verdadera voluntad política, así como comprometerse en serio, de una vez por todas, con el tema de la paz.

Ojalá se tuviera la claridad conceptual en términos políticos y la entereza moral y organizacional para enfrentar estos cuatro años que vienen bajo un verdadero esquema de gobierno-oposición, para comenzar a dar síntomas de que por el lado de los perdedores se está pensando en algo serio y diferente a lo tradicional.

Habrá que fortalecer a los partidos políticos y entender, por fin, que sin partidos políticos no hay democracia y que los llamados movimientos políticos son figuras temporales y de coyuntura.

Se ha criticado y se critica con enorme acidez a los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta, pero ¿se esperará de manera oportunista y descarada hacer parte de la burocracia del próximo gobierno?

¡Amanecerá y veremos!

Es el momento de poner los ojos sobre la sindéresis, la coherencia y la consecuencia de ganadores y de perdedores… Es lo malo de hacer campañas ofensivas y descalificadoras, pues finalmente, alguno tendrá que ganar y los perdedores querrán al menos sobrevivir en términos políticos.

Tengamos en cuenta que ninguno de los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta tiene mayorías en el Congreso de la República. Ojalá quien resulte electo como presidente de los colombianos y los Congresistas recientemente elegidos no nos salgan con más de lo mismo y que la mermelada, la mantequilla, la grasa, los ungüentos o la pomada no aparezcan de nuevo tratando de conseguir por parte del gobierno entrante, la gobernabilidad que se requiere para sacar adelante sus principales proyectos bajo el ejercicio democrático, contando con la coalición que le permita obtener las mayorías necesarias. ¡No más corruptela a la luz del día y ante los ojos de todos!

El sol seguirá saliendo, nacerán y morirán colombianos, tendremos que seguir trabajando, la Selección Colombiana de Fútbol sigue sin técnico y como dice la protagonista de la película “Lo que el viento se llevó”, Scarlett O’Hara en su última e histórica frase, “Mañana será otro día”.

martes, 16 de marzo de 2021

De cara al porvenir: hace un año

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

Hace un año ya que tímida y casi que ingenuamente, comenzábamos a enfrentar el primer hito histórico del presente siglo: la aparición de una pandemia.

Primeros síntomas considerados como lejanos y focalizados comenzaban a ser tenidos en cuenta en los titulares de los noticieros, hasta que la Organización Mundial de la Salud, me imagino que, superando presiones desde todos los ángulos, finalmente se atrevió a hacer el anuncio que no esperábamos: El mundo enfrenta una pandemia.

Ni siquiera el Foro Económico Mundial del 2020 en sus documentos anuales, mencionaba el asunto, ya por desconocimiento, ya por omisión consciente, a pesar de la sintomatología y las noticias que se iban propagando.

Los gobiernos del mundo comenzaban a reaccionar estupefactos ante el convencimiento de que ningún país, ni ninguna institución planetaria estaba preparada para enfrentar, ahora sí, por fin, un asunto de carácter planetario.

Aprendimos a ver como de manera formal, los gobiernos de todo el mundo comenzaban a tomar medidas, todas de buena fe, en medio de un desconocimiento total del asunto y de una completa incertidumbre. Es decir, la improvisación se convirtió en el pan nuestro de cada día y todos éramos testigos de la restricción en orden creciente de elementos básicos de la democracia: restricción a la movilidad, impedimento para trabajar, así como cuarentenas de corto plazo, invitación a los ciudadanos para que se comportaran responsablemente, entre otras varias medidas.

Apareció una nueva jerga donde palabras como coronavirus, COVID, confinamiento, UCIS (unidades de cuidados intensivos), cuarentena y autocuidado, se volvieron significativas y recurrentes.

Todos los días aparecían (y siguen apareciendo) rankings alrededor del número de contagiados, número de muertos, ocupación de UCIS y personas que superaban el contagio, los cuales mirábamos entre estupefactos e incrédulos.

Como toda situación humana, las reacciones fueron diversas con respecto, por ejemplo, al personal médico que, por su trabajo, debía exponerse al contagio: unos los miraban como un peligro por la posibilidad de irradiar contagios y otros los miraban como a unos héroes.

Se hizo evidente que la vulnerabilidad y la iniquidad eran comunes denominadores a lo largo y ancho del planeta: La figura de la democracia estaba siendo juzgada por su incapacidad de haber generado condiciones dignas para todos los ciudadanos, sin que los otros modelos mostraran nada diferente.

Se desnudó la pobreza, la desigualdad y la iniquidad planetaria. Se evidenció la incapacidad de una clase política mediocre y la incultura ciudadana sin distingo de estratos en un país como Colombia.

Politiqueros oportunistas se echaban sus discursos inconexos, sembrando zozobra e incertidumbre por todos los continentes, y, cada quien, a prueba y error, reaccionaba con medidas propias y solo el tiempo diría si resultaban efectivas o no.

Afortunadamente el aprovisionamiento de alimentos no estuvo afectado para aquellos que tenían recursos para adquirirlos y los gobiernos trataban, a punta de subsidios insostenibles en el tiempo, de paliar la emergencia con los ciudadanos más vulnerables y las empresas, que también mostraron su real capacidad y dimensión, evidenciando que tenemos más negocios que empresas, pero que esos negocios son quienes generan la más importante masa de vinculación laboral, ya sea formal o informal.

El confinamiento llevó a la transformación de las actividades laborales y educativas, lo cual dio cuenta de la capacidad de adaptación en medio de las restricciones en todos los ámbitos.

Retomando a Darwin, solo las especies que se saben adaptar son las que sobreviven. Esta especie humana tiene unos exponentes que efectivamente son capaces de reacomodarse y adaptarse y otros que no.

Para los últimos, no hay vacuna que valga.