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lunes, 5 de agosto de 2024

Tres bloques en gestación para competir con el Pacto Histórico

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Se empezaron a mover las fichas para las elecciones del 26, hay tres bloques en gestación, dos de oposición y uno de independientes, diría yo, pero los tres buscan un objetivo común, derrotar a Petro y su Pacto Histórico, en las próximas elecciones presidenciales y de Congreso.

En la oposición están el bloque del Centro Democrático y de Cambio Radical, con los siguientes posibles precandidatos: María Fernanda Cabal, Miguel Uribe, Germán Vargas, Paloma Valencia, José Manuel Restrepo.

En la oposición, pero cada uno por su lado, diría yo, por el momento: Juan Manuel Galán, Sergio Fajardo, Claudia López, Enrique Peñalosa, etc.

El tercer bloque, que consideró como independientes, por tratarse de los liberales, los conservadores y los de la U, que piensan que el régimen de Petro no es conveniente para el país, por el momento no han mostrado sus cartas de precandidatos iniciales.

Por otro lado, el Pacto Histórico, anda buscando consolidar en un solo partido, a todos los movimientos que acompañan hoy al Gobierno, inclusive, sumando a los liberales, conservadores y de la U, que han estado acompañando al Gobierno Petro.

Este análisis, a la luz de las últimas encuestas, nos daría que un 30% apoyaría al Pacto Histórico y un 70% a los candidatos de los 3 bloques descritos, más otros partidos y movimientos.

Si los tres bloques en gestación, no se unen y buscan bajo un procedimiento de consulta popular un candidato único, veo difícil poder superar al candidato único del Pacto Histórico, más los liberales, conservadores y de la U, que los apoyan.

El riesgo es aún más grande, cuando los temas de reelección, ampliación de periodos, vía referendo, cumplimiento acuerdos de paz, decretos de emergencia, etc., siguen gravitando fuertemente en el ambiente, muy a pesar de las múltiples manifestaciones del ministro Cristo, tratando de dar tranquilidad a los opositores, gremios y demás colombianos que conformamos ese 70% de inconformes con este desastroso e irresponsable Gobierno.

Por más que varios ministros quieran dialogar y hasta concertar, el presidente solo quiere pelear, desacreditar, irrespetar y sembrar odio, lo que hace que reine la desconfianza y el temor, y más ahora con la posición cómplice con Venezuela, que solo nos demuestra que la democracia no es propiamente lo que más le guste a Petro. Sus actos y formas lo hacen súper propenso y adicto a la dictadura, acompañada de una infinita corrupción, como la que hemos visto hasta el día de hoy y que seguramente se multiplicará hacia el futuro, hechos que al parecer pasarán impunes, como está ocurriendo con múltiples situaciones por todos conocidas. 

Que el Señor nos proteja y el Espíritu Santo ilumine a los líderes y precandidatos de los bloques en gestación, para que unidos podamos lograr el objetivo común.

lunes, 13 de junio de 2022

Votemos en contra de las bandas criminales

La campaña sucia impulsada por el Pacto Histórico, la búsqueda del poder en la que todo vale es lo que califica el doctor Antonio Montoya H., en su nuevo editorial para El Pensamiento al Aire, como una banda delincuencial a la que no debe permitírsele hacer política y muchos menos alcanzar la presidencia del país. Escúchelo.


martes, 31 de mayo de 2022

De cara al porvenir: prudente optimismo

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

De cara a los acontecimientos que por estos días nos entretienen, tengamos en cuenta algunos aspectos que nos obligan a no tirar la toalla, a persistir, insistir y nunca desistir, pero manteniendo siempre un prudente optimismo.

Acaba de concluir la cumbre de Davos que volvió a ser presencial y los analistas muestran preocupación por una probable recesión económica mundial. No hemos terminado de dominar al COVID-19 y ya vamos por la cuarta de “N” dosis y están apareciendo nuevas variantes. Una de las principales ciudades chinas, Shanghái, continúa encerrada por cuarentena. Crece de nuevo el nivel de contagios a nivel mundial, aparecen nuevas variantes y para colmo, aparece la llamada “Viruela del Mono”. Continúan los tropiezos en los flujos logísticos de aprovisionamiento a nivel planetario y la guerra entre Rusia y Ucrania va para largo. Y sin que podamos pasarlo por alto, el cambio climático comienza a mostrar pequeños pero graves anticipos de lo que serán sus impactos y repercusiones a nivel mundial.

En lo local, hay un revolcón a nivel político, pues los poderes tradicionales han sufrido un descalabro electoral sin precedentes, ante lo cual tendrán que hacer un análisis de conciencia y sobre todo un gran propósito de enmienda que les permita no solamente ejercer una oposición adecuada, sino irse preparando como alternativa real para los comicios del 2026.

Los resultados de la primera vuelta son una bofetada enorme al establecimiento.

No se puede seguir pensando que temas como el mal gobierno, el deterioro de la imagen del expresidente Uribe, la corrupción, la impunidad y los permanentes escándalos se pueden seguir tapando con las manos, pues ante la evidencia de las urnas, pues no es así.

No podemos dejar a un lado ni la iniquidad, ni la pobreza, ni los impactos del narcotráfico, ni la crisis del campo, ni la informalidad de la economía, ni la problemática de la tenencia y la propiedad de la tierra, entre otros temas álgidos, que son todos asuntos estructurales, que deben ser enfrentados con creatividad, compromiso, continuidad y sobre todo con una verdadera voluntad política, así como comprometerse en serio, de una vez por todas, con el tema de la paz.

Ojalá se tuviera la claridad conceptual en términos políticos y la entereza moral y organizacional para enfrentar estos cuatro años que vienen bajo un verdadero esquema de gobierno-oposición, para comenzar a dar síntomas de que por el lado de los perdedores se está pensando en algo serio y diferente a lo tradicional.

Habrá que fortalecer a los partidos políticos y entender, por fin, que sin partidos políticos no hay democracia y que los llamados movimientos políticos son figuras temporales y de coyuntura.

Se ha criticado y se critica con enorme acidez a los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta, pero ¿se esperará de manera oportunista y descarada hacer parte de la burocracia del próximo gobierno?

¡Amanecerá y veremos!

Es el momento de poner los ojos sobre la sindéresis, la coherencia y la consecuencia de ganadores y de perdedores… Es lo malo de hacer campañas ofensivas y descalificadoras, pues finalmente, alguno tendrá que ganar y los perdedores querrán al menos sobrevivir en términos políticos.

Tengamos en cuenta que ninguno de los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta tiene mayorías en el Congreso de la República. Ojalá quien resulte electo como presidente de los colombianos y los Congresistas recientemente elegidos no nos salgan con más de lo mismo y que la mermelada, la mantequilla, la grasa, los ungüentos o la pomada no aparezcan de nuevo tratando de conseguir por parte del gobierno entrante, la gobernabilidad que se requiere para sacar adelante sus principales proyectos bajo el ejercicio democrático, contando con la coalición que le permita obtener las mayorías necesarias. ¡No más corruptela a la luz del día y ante los ojos de todos!

El sol seguirá saliendo, nacerán y morirán colombianos, tendremos que seguir trabajando, la Selección Colombiana de Fútbol sigue sin técnico y como dice la protagonista de la película “Lo que el viento se llevó”, Scarlett O’Hara en su última e histórica frase, “Mañana será otro día”.

lunes, 2 de mayo de 2022

Populismo y fraude contra la democracia colombiana

Luis Alfonso García Carmona
Por Luis Alfonso García Carmona*

No nos cansaremos de repetir que en las próximas elecciones presidenciales Colombia se juega su destino, no sólo por un período de 4 años, sino por el resto de su existencia.

No se trata, como algunos quieren hacerlo ver para engañar incautos, de una pelea entre los amigos y los enemigos del expresidente Uribe, sino de una confrontación entre los dos grandes sistemas que compiten por el poder a nivel global, a saber:

La democracia que garantiza el respeto a la dignidad humana y a sus libertades, la protección de la vida y de la familia tradicional, el derecho a la propiedad privada y la libertad de empresa, de un lado, y del otro, el totalitarismo marxista que persigue la sumisión del individuo y la familia al Estado, el despojo de los bienes privados (ahora lo llaman “democratización”), la pauperización de la sociedad para controlar a la población a través de subsidios de hambre y la instalación a perpetuidad de una camarilla de fanáticos, como ha ocurrido en Cuba o Venezuela.

Basta con repasar las propuestas del guerrillero que funge como candidato de la izquierda para concluir que están encaminadas a la destrucción del aparato productivo, al engaño del electorado con discursos populistas que ocultan venenosas intenciones y a convertir a los colombianos en nuevos esclavos del socialismo del siglo XXI.

Para asegurar su llegada al poder no tienen los “camaradas” el menor escrúpulo pues llevan en su ADN la consigna de que todos los medios son lícitos para implantar su llamada “revolución”. Han perfeccionado la máxima de Stalin de que “quien escruta, elige”, creando anticipadamente una percepción triunfalista mediante mítines transportados de pueblo en pueblo, encuestas sesgadas a favor de su candidato, periodistas u opinadores contratados para difundir lo que conviene a sus intereses.

No les basta con las viejas prácticas de comprar votos, pues descubrieron que es preferible utilizar la inmensa fortuna del narcotráfico en los centros de recaudo y contabilización de votos, mecanismo que demostró ser eficacísimo en las pasadas elecciones parlamentarias. De la noche a la mañana les aparecieron 500.000 votos de la nada; acepta la Registraduría que han detectado irregularidades en más de 22.000 mesas; miles de ciudadanos se han quejado pues desaparecieron sus votos o no les entregaron tarjetones si querían votar por movimiento diferente al del Pacto Histórico.

Ha llegado a tal extremo este monumental fraude que los entes de control se abstienen de intervenir para devolver la credibilidad al sistema electoral o para separar al inepto (por decir lo menos) funcionario responsable de los comicios.  Hasta el presidente de la República se ha lavado las manos con la excusa de que son “protuberantes” errores pero que no ameritan el reconteo de los votos.

Avanza, pues, a pasos agigantados la amenaza marxista sobre nuestra amada patria, sustentada en un vulgar discurso populista y un fraude monumental inédito en nuestra historia política.

¡Cómo se añora no haber contado con una derecha valiente dispuesta a jugársela para detener el zarpazo del marxismo y comenzar de una vez por todas la tarea de la reconstrucción nacional que el país requiere!

jueves, 21 de abril de 2022

Vigía: Colombia y Brasil ¿próximos a caer?

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

El escenario es complejo. Mientras la guerra ruso-ucraniana continúa en primer plano, la Cuba de los Castro cumple 60 años con un 90% de pobreza, un sueldo mensual mínimo de U$ 9 dólares y una economía pauperizada, Rusia advierte sobre el envío de activos nucleares si Finlandia y Suecia deciden unirse a la OTAN. “Y en ese caso ya no se podrá hablar de un Báltico sin armas nucleares” aclaró el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dimitri Medvedev. En ambos extremos del globo la situación pinta crítica pues mientras en la isla prisión, recordada por la crisis de los misiles de 1962, la gente sobrevive con un mínimo calórico, en el Báltico las amenazas rusas no son de jugar. Así lo aclaró el actual director de la CIA, William Burns: “(…) nadie puede tomarse a la ligera la amenaza que supone que pueda recurrir al uso de armas nucleares tácticas o de baja potencia”, afirmó el máximo responsable de la agencia de espionaje, en un discurso en una universidad de Atlanta.

En esta parte del mundo, el analista Andrés Oppenheimer, advierte que los dos próximos países que potencialmente podrían caer en manos de la izquierda extrema son Colombia en marzo y Brasil en octubre, cuando se celebren las elecciones presidenciales. El interés geoestratégico y de supervivencia de La Habana y de Moscú, ambos involucrados profundamente en Venezuela, está en estos momentos en Colombia en donde la campaña preelectoral está en uno de sus momentos más álgidos, especialmente por la embarrada del candidato de la extrema izquierda, Petro, quien: “ante notario y en documento público, bajo gravedad de juramento (…) no habrá ningún acto de expropiación contra ningún bien los colombianos en mi gobierno”. Frente este impromptu petrista, la senadora María Fernanda Cabal saltó a las redes con un “Chávez dijo lo mismo”, sembrando una muy merecida duda ante las promesas falsarias del extremista.

Con una población de 50 millones de ciudadanos, de los cuales más del 70 % son católicos cristianos, el país registra a la fecha 33 masacres por cuenta de los grupos armados organizados, una situación en la cual la mayoría de los ciudadanos expresa su repudio y rechazo, siempre con la cocaína como excusa del actual conflicto. Para algunos estudiosos del sesentero conflicto interno, la causa y raíz de las guerras civiles de Colombia siempre ha sido la Constitución y no me cabe duda de que Petro, como lo aclara uno de sus excompañeros, no busca la reelección sino la insurrección de acuerdo con su evidente egolatría: morirá Sansón y todos los filisteos, dirá luego de su fracaso electoral que se huele en el ambiente. Y la culpa será de la malinterpretación de los postulados de la Constitución "burguesa" del 91. O de los electores, que equivocarán sus votos. Y aunque los colombianos podríamos dar una sorpresa como la del plebiscito del 2016 cuando inesperadamente le dijimos NO a los acuerdos espurios de La Habana, estamos en los prolegómenos de otra guerra civil según estos académicos.

Para Oppenheimer, las posibilidades de Petro de llegar a la Casa de Nariño son pocas, comparadas con la izquierda de Lula quien avanza en su candidatura apoyado en el supuesto descrédito político de Bolsonaro. Colombia en cinco semanas y Brasil a fin del año, corren el riesgo inminente de convertirse en satélites de gobiernos comunistas productores de bienes de consumo, como China que ha logrado sacar de la extrema pobreza a unos 99 millones de personas en los últimos 8 años, según los cantos de Jinping. Aunque se está dando la calculada casualidad de que el nuevo imperio chino, tiene un pie en toda la región, retando la supremacía económica y tecnológica de Washington, el polo que nos debe guiar a los latinoamericanos.

En el entretanto, en Cuba la ONG Prisoners Defenders denunció recientemente la “separación forzosa” de sus padres de unos 5.000 niños; con el dictatorial gobierno orteguista nos estamos viendo la cara en la Corte en La Haya hoy jueves 21 y en Venezuela se respiran aires de ¿probable modernización? El Kremlin amenaza con reforzar militarmente estos países y China permanece discreta y atenta a los acontecimientos. Así rueda este mundo.

En este entramado post pandemia, alistarnos para votar por el mejor programa de gobierno, es parte fundamental de nuestra obligación ciudadana.

sábado, 19 de marzo de 2022

Sensatez para elegir el conductor de bus en el que vamos todos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Llegó el momento en que los colombianos tenemos que razonar con sensatez, sentido común y con acierto sobre nuestro propio destino. Hay dos caminos, la opresión totalitaria tras la destrucción que ha seguido a las promesas populistas, o el difícil camino de mantener la democracia en función de libertad, igualdad y fraternidad.

Saliendo de un ciclo económico adverso y entrando en otro de dimensiones aún desconocidas, ambos caracterizados por choques exógenos de naturaleza global; el COVID-19 y la inhumana e innecesaria guerra contra Ucrania y Occidente, generan una incontrolable carestía, afectan oferta y demanda de la movilidad mundial, mercados financieros, términos de comercio internacionales, y acentúan la pérdida de poder adquisitivo en términos reales de todas las monedas del mundo.

La prohibición de reelección deja al gobierno Duque sin la oportunidad de seguir realizando la tarea que contra viento y marea ha conseguido adelantar en tan poco tiempo. El balance del país, presentado por este gobierno acompañado por la tenacidad del emprendimiento nacional y de los trabajadores colombianos, es bueno y loable, lo acreditan cifras, resultados y un comparativo con la situación de naciones vecinas.

En medio de esta elección, lo que no puede perder Colombia es el rumbo que lleva el bus en que vamos todos. Si queremos continuar el camino productivo y no el de la destrucción y miseria por el que optaron gobiernos vecinos siguiendo a Cuba y Venezuela, se puede cambiar con sensatez la titularidad de la conducción del Estado, pero no perder la continuidad y estabilidad que demanda nuestro desarrollo.

A nada bueno conduce el engaño populista. Equivale a entregarle el volante del bus en que van nuestros hijos al colegio a un conductor terrorista, ebrio de poder, resentido y asociado a un largo historial criminal, o la administración de una guardería a pirómanos y violadores reconocidos disfrazados de maestros educadores.

Es el momento de comprender que la política importa. La responsabilidad hoy es de nosotros los ciudadanos. Es ahora cuando el sector privado y sus líderes institucionales, defiendan el sistema de libertades. Cada madre, padre, hermano, trabajador, empleador, cliente, proveedor, pariente o amigo, debe explicarle a los demás que requerirnos unirnos para elegir un presidente honorable y responsable.

 

No se trata de cambiar para empeorar. Menos dejar el camino del desarrollo que nos permite transformarnos en una sociedad próspera, engañados por la dialéctica de la retórica demagógica que históricamente ha utilizado el populismo para sembrar miedo, odio, envidia y resentimiento en las sociedades. Tenemos que estar más unidos que nunca en nuestra propia diversidad.

Para comprender que el valor de la unidad de propósito como nación está atado a la transformación enfocada en la cultura, la convivencia ciudadana, el desarrollo y respeto por los principios y los valores éticos consignados en nuestro pacto social, debemos entender el valor de la Declaración de Derechos Humanos en contraposición a la herida que dejó la embriaguez sanguinaria de poder de Robespierre emulada por el populismo actual y que es solo la máscara detrás de la que se esconde la opresión que sobrevino a  los procesos revolucionarios de Francia, Rusia, China, Alemania Nazi, Corea del Norte, Cuba, Venezuela y todas las naciones que han bebido la cicuta del comunismo.

“Libertad y Orden”. Pueblos e individuos libres, dentro del marco de la legalidad. Jamás sometidos por las fuerzas anárquicas aliadas al crimen organizado. “Igualdad”. Asegurada por una administración de justicia que garantice que las oportunidades sean para quienes cumplan sus obligaciones ciudadanas, y no para personas de mejor derecho que están por encima de las normas y anteponen intereses personales e ideas políticas al bien común y el interés general. “Fraternidad”. En la conducción del Estado con sentido social, garantizando el emprendimiento y la inversión responsables y solidarias, como única forma de generar valor y poder mantener la democracia.


domingo, 27 de febrero de 2022

Insisto...

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

En continuar hablando del Pacto Histórico, de sus figuras predominantes, aspirantes al Congreso que están impregnados de historias nefastas y acusaciones que enturbian su accionar, del mal que le hacen a Colombia y de las consecuencias  económicas y sociales que tendremos si es elegido presidente del país Gustavo Petro.

Me decían desde niño, en mi casa y en el colegio, que uno se debía formar para capacitarse adecuadamente en los saberes que por gusto decida, pero más aun para contribuir al crecimiento y fortalecimiento de las comunidades donde se vive y por ende buscar que los ciudadanos tengan mejor calidad de vida. Ello sin duda alguna es el deber ser, crear condiciones de bienestar, pero trabajando y aportando al Estado y por consiguiente al desarrollo de los pueblos.

Escuché este fin de semana pasado algunas entrevistas al candidato Petro, en varios medios periodísticos nacionales y en todo ellos da grima, tristeza oírlo, siempre atacando la institucionalidad, a los empleadores, y en general expresando claramente su animadversión sobre el capital como fuente de ingresos para el país y de sustento para los que trabajan allí.

Se le pregunta si va a iniciar un proceso de expropiación y dice que no, pero a continuación dice sin sonrojarse que subirá los valores de los prediales y que aquellos que tengan más de una vivienda, estas se le comprarán, es decir no habrá incentivo para que las personas crezcan el patrimonio. Posiblemente procederán a vender sus bienes y se retirarán del país.

Yo insisto en expresar con claridad a los ciudadanos el peligro latente, real, que existe que este señor Petro sea presidente de Colombia, país que no se lo merece. Es un hombre con un pensamiento absoluta y totalmente contrario a los valores democráticos, los mismos que atacó como guerrillero del M-19, como promotor de la primera línea en las mal llamadas expresiones populares que se realizaron en el 2021, y que regresan nuevamente, en estos días, al escenario público. También, con sus palabras, en los diversos eventos que realiza por todo el territorio nacional, se evidencia que es un autoritario, que no sé por qué razón las juventudes menores de 25 años le copian.

Él dice abiertamente y sin titubear, que “la riqueza es de quien la necesita, no de quien la crea y quien posee riqueza en cualquier medida es en esencia enemigo del pueblo”, por ello, basta con leer esta frase, y no puede quedar duda alguna en la mente ciudadana que el camino de Colombia será el de la expropiación, la perdida de la propiedad privada, la destrucción de la empresa privada y por consiguiente el empobrecimiento generalizado del pueblo colombiano.

Remata diciendo que “la propiedad es casi siempre un hurto a los pobres, y la Colombia Humana se encargará de redistribuir en bien de ellos, lo que otros injustificadamente aluden como propio”. Además de mentir, va en contra del empresarismo, de esos hombres y mujeres que, por décadas, con esfuerzo y sufrimiento, han construido empresas, que acompañados de sus familiares y empleados se han mantenido en el tiempo y pagan impuestos, salarios, prestaciones sociales, aportan desarrollo y sostenibilidad a Colombia. Si solo pudiera decirnos que han construido ellos, bastaría para conformarnos, pero no, mienten, dan como verdades lo que no es cierto y entonces se convierten en los adalides de la justicia y el orden social, cuando desde su niñez ha construido violencia y odio, ese es el verdadero aporte de este ciudadano colombiano, que encarna la maldad.

Es pues un horror el solo pensar que sea posible la debacle para nuestro país. Estemos atentos, analicen con detalle el accionar de Petro y se darán cuenta de que no es posible votar por él y su grupo, ni en las elecciones de marzo 13, ni en las presidenciales. Ojo abierto que se acaba la democracia y el país de bienestar que podemos construir combatiendo la corrupción, y teniendo una mejor justicia y un legislativo serio, preparado y constructor de una mejor sociedad.

Están avisados.

lunes, 29 de marzo de 2021

Inadmisible

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

Estoy aterrado, impresionado… es la primera vez en mi historia de vida, que no es poca, que las encuestas de esta última semana, final del mes de marzo de 2021, a catorce meses de las elecciones para la Presidencia de Colombia se muestra como favorito a Gustavo Petro, y por ende, no sé si estoy desvariando o el país está perdiendo las perspectivas de la realidad, porque el señor Petro, no puede ser presidente de Colombia, no porque yo lo considere así, sino porque su trayectoria como guerrillero, sus antecedentes como gobernante, sus actuaciones personales, llevan a que lo considere inviable para ocupar el cargo. No tiene la empatía frente al sector empresarial del país, no es confiable en su forma de gobernar, es un ególatra, impredecible y sin respeto por la institucionalidad de la República de Colombia.

Espero que esa encuesta vaya cambiando con el trascurrir de los días y meses previos a la elección, tiempo en el que los ciudadanos podrán reflexionar y cambiar de opinión sobre lo que se vendría para nuestro país bajo el gobierno de este personaje, a quien ni sus propios compañeros que tuvieron la oportunidad de trabajar con él y conocerlo a puertas cerradas, repetirían una experiencia como esa. No concilia con nadie, no respeta ideas, lo único que sirve es lo que él diga y eso lo vivieron en la época que fue alcalde de la ciudad de Bogotá. (gobierno que fue un fracaso).

El problema que tenemos en Colombia, es que no tenemos memoria, algunos por que la callamos creyendo que de esa manera borramos el sufrimiento, otros por comodidad y otros esperando que actúen por ellos y así quienes no vivieron esa época los llamados milenios y la generación Z, están siendo manipulados, comiendo cuento, por quiénes hicieron tanto daño en ese momento, Petro y sus secuaces, que les lavan el cerebro. Estos jóvenes lamentablemente no conocen la historia de nuestro país, no se las enseñaron en el colegio, ni sus padres, no sufrieron las consecuencias del narcotráfico, de la violencia guerrillera, ni las muertes de miles de ciudadanos que no hacían parte del conflicto, ni del dolor de las familias que cubrían con sus cuerpos  sus muertos en cada ataque guerrillero, ni les contaron de las minas que cegaron la vida de soldados de Colombia y de campesinos inermes en el campo, es pues una historia sin recuerdo, sin respeto, porque hoy se ignora y no se repudia.

Cada familia de Colombia tiene una pérdida, un dolor que no se olvida, sufrimos la muerte de un padre, hermano, hijo, pariente o amigo cercano, nadie se salvó, aun hoy, nos duelen los recuerdos, no hemos superado los traumas, porque no solo es muerte, sino el impacto psicológico que padecimos en ese momento, las bombas, secuestros y daños materiales ocasionados por esas acciones que hacían difíciles la vida diaria.

Si la juventud se tomara el tiempo de escuchar a quienes vivieron y vivimos ese momento, se darían cuenta de que fue la época más sangrienta que sufrió nuestra Colombia amada y de ese sufrimiento es culpable y parte activa Gustavo Petro. La gente no cambia y como decían los abuelos “genio y figura hasta la sepultura”.

A la gente se le olvida que este personaje mentiroso patológico, no respeta la democracia, la atacó, se fue lanza en ristre contra ella, formo parte del M19, y tiene en su haber la triste historia del Palacio de Justicia que conllevo a la muerte de honorables magistrados y civiles que perecieron allí.

El grupo guerrillero del cual el hacía parte apoyado por el narcotráfico pretendía hacer rendir a la democracia y tomarse el poder para gobernar con los narcotraficantes que les pagaron por esa toma y borrar los expedientes que los condenarían.

Alguien podría creer, que quien ha vivido toda su vida en la ilegalidad pueda tener los valores y principios para gobernar un país que está hastiado de la inmoralidad y la injusticia, sería como entregarle un banco a un ladrón.

Este señor como presidente, no generará empleo, por el contrario, se perderá, los empresarios saldrán corriendo de Colombia, no solo los nacionales sino el capital extranjero, no habrá un sistema de seguridad social integral porque si no hay empleo, no hay seguridad y el desempleo subirá a niveles superiores al 50% y se iniciará una estampida de ciudadanos desesperados deambulando por todo el territorio de América, conllevando miseria y desamparo.

No se nos olvide que ya este esquema de socialismo del siglo XXI, se está viviendo en otros países con único resultado de generar miseria, pobreza, vandalismo y hambre y esto es lo que prevalece; analicen si nuestro país vecino está generando riqueza o miseria, pregúntense ustedes por qué huyen los propios ciudadanos venezolanos, arriesgando su vida en la selva antes que vivir en el régimen que quiere toda Suramérica. Tontos e ilusos son los que no se dan cuenta de ello.

Díganme ustedes señores lectores, qué es lo que ofrece este candidato guerrillero para Colombia, además de violencia, desempleo y desarraigo, será que este hombre acompañado con voltearepas como Benedetti, y Roy Barreras, podrá encauzar a Colombia por senderos de crecimiento y estabilidad, lo dudo.

Benedetti, yo, desde el interior de Colombia y concretamente desde Medellín, lo considero un tránsfuga, un hombre que no genera confianza, es desleal y advenedizo, que se ha paseado impávidamente por todos los sectores políticos colombianos generando burlas, desconfianza y poca aceptabilidad.

Y el otro, el del Valle, Roy Barrera, ambos fracasados, quieren ampararse bajo cualquier sombra, en este caso la de Petro. Serán entonces confiables, ¿por que como dice el adagio popular “vaca ladrona no olvida el portillo”. Solo quieren protagonismo y mantenerse en la imagen pública a toda costa.

Hoy le pido a Colombia, a todos los grupos que la conformamos, a los empresarios, a los ciudadanos del común, a los trabajadores, a los funcionarios públicos, a los estudiantes, a las mujeres, a los campesinos, a las familias que no arriesguen por lo menos a soñar con un futuro digno a su estabilidad económica, que no lleven a Colombia, a su país a la debacle social, porque allí caeremos todos y no tendremos salvación, solo Petro y sus secuaces se beneficiaran del caos.

Los invito a que me crean, compartan conmigo y sus amigos porque yo no estoy en campaña, soy un ciudadano como ustedes que si estoy viendo el panorama social y económico que se viene, atrevámonos y defendamos la institucionalidad, la democracia, me preocupa y duele la indiferencia con que se está tomando esta problemática.

Les pido que me acompañen pidiendo que la justicia opere, que el Congreso disminuya y que el ejecutivo actué y que todos nos apersonemos de nuestro futuro.

martes, 6 de octubre de 2020

De cara al porvenir: ¿dónde están?

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Anuncia desafiante el presidente Trump que: “No me comprometo con una transición pacífica en caso de perder las elecciones”, como si fuera el pequeño presidenzuelo de un país marginal.

Estamos hablando del primer país del mundo en términos económicos, financieros, tecnológicos, militares, pero, sobre todo, adalid de la democracia, ejemplo y referente a seguir para muchos en todo el planeta.

Es claro que la democracia es un modelo de gobierno imperfecto, pero se supone que está basada en la autonomía de los tres poderes públicos y que, gracias a ello, los pesos y los contrapesos sirven para mantener viva la idea democrática de autorregulación.

No me causa tanta extrañeza la aseveración o amenaza del presidente actual, sino el silencio cómplice tanto del Senado con mayoría republicana, como de la Cámara con mayoría demócrata, y la posición asumida por los medios de comunicación y los intelectuales de ese país, que son muchos y muy prestantes.

Pero lo que más me asombra es el silencio del poder judicial y sus altos tribunales, quienes a pesar de lo que se viene viviendo y lo que se está observando, guardan un pasmoso silencio.

Lo malo del asunto es que si la primera potencia democrática del mundo tiene ese tipo de problemática interna, ¿qué podremos esperar de nuestra frágil democracia sometida al ejercicio de un Estado en construcción, instrumentada por gobiernos mediocres y donde el concepto de Nación no ha logrado consolidarse?

La estrategia de la creación de posturas polarizadas está dando ciertos réditos para algunos en el corto plazo, pero es insostenible. La presión hará que devenga en gobiernos autoritarios de cualquier extremo, o posiblemente, y ojalá así suceda, se pueda aún reaccionar y maniobrar para encauzar la barca democrática hacia aguas menos turbulentas.

Los distractores empleados históricamente en Colombia alrededor del miedo, el odio y la esperanza, han servido para mantener a la población en un cierto estado de shock, pero hoy, debido al auge de los medios de comunicación, del mejoramiento innegable de la infraestructura de comunicaciones en todos los frentes y de una cierta ampliación del alfabetismo y, por qué no, de la cobertura educativa básica y secundaria ‒aun cuando mediocre en sus resultados‒, la gente, que no los ciudadanos, ‒pues el concepto de ciudadanía y civilidad está en pañales en este país‒, ha comenzado a expresar su desacuerdo y su insatisfacción con el estado de cosas, escenario permanentemente enturbiado por el tema del narcotráfico y de la corrupción.

Se habla de “Estados fallidos” y pensamos en países del África subsahariana, de algunos países centroamericanos y, por qué no, de un país como Colombia.

Según Wikipedia, “el término Estado fallido es empleado por periodistas y comentaristas políticos para describir un Estado soberano que, se considera, ha fallado en la garantía de servicios básicos. Con el fin de hacer más precisa la definición, el centro de estudio Fund for Peace ha propuesto los siguientes parámetros:

·         Pérdida de control físico del territorio, o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza.

·         Erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones.

·         Incapacidad para suministrar servicios básicos.

·         Incapacidad para interactuar con otros Estados, como miembro pleno de la comunidad internacional.

Por lo general, un Estado fallido se caracteriza por un fracaso social, político, y económico, por tener un gobierno tan débil o ineficaz, que tiene poco control sobre vastas regiones de su territorio, no provee ni puede proveer servicios básicos, presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, refugiados y desplazados, así como una marcada degradación económica. Sin embargo, el grado de control gubernamental que se necesita para que un Estado no se considere como fallido, presenta fuertes variaciones. Más notable aún, el concepto mismo de Estado fallido es controvertido, sobre todo cuando se emplea mediante un argumento de autoridad, y puede tener notables repercusiones geopolíticas.

En un sentido amplio, el término se usa para describir un Estado que se ha hecho ineficaz, teniendo sólo un control nominal sobre su territorio, en el sentido de tener grupos armados (e incluso desarmados) desafiando directamente la autoridad del Estado, no poder hacer cumplir sus leyes debido a las altas tasas de criminalidad, a la corrupción extrema, a un extenso mercado informal, a una burocracia impenetrable, a la ineficacia judicial y a la interferencia militar en la política”.

Personalmente considero que cualquier Estado, ‒independientemente de su importancia y preeminencia‒ que contradice de cualquier forma sus fundamentos conceptuales y estructurales, va en camino de ser un Estado fallido, y que mientras más sea su preponderancia planetaria, mayores serán las consecuencias propias de este nivel de socavamiento de sus principios y mayor nivel de inestabilidad y de caos generará en el planeta.

¡Amanecerá y veremos!