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sábado, 2 de abril de 2022

Escoger, apoyar, votar y vigilar

Gabriel Jaime Hurtado Restrepo

Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

Dada la encrucijada que se cierne sobre Colombia ante las elecciones presidenciales cuya primera vuelta se realizará el 29 de mayo próximo y las muy irregulares y cuestionables situaciones que se presentaron con los escrutinios de las votaciones del 13 de marzo pasado, los ciudadanos tenemos un gran reto y una inmensa responsabilidad.

Debemos adelantar todas las actuaciones legales que estén a nuestro alcance para preservar nuestra democracia y libertades.

Lo primero que se nos impone es informarnos muy bien sobre todos y cada uno de los candidatos, sus antecedentes, sus ejecutorias, sus acompañantes, sus programas, sus propuestas, sus aciertos y desaciertos.  La coherencia entre lo que han hecho y lo que ahora dicen que son o harán, deberá ser el criterio por excelencia para discernir adecuadamente.

Lo segundo es escoger, apoyar, hacer proselitismo y votar por la fórmula de candidatos a la presidencia y vicepresidencia que realmente represente y defienda nuestras convicciones.

Pero no basta con escoger de buen modo, apoyar arduamente y votar masivamente.  Esta vez votar no será suficiente.

Necesitamos cuidar todos y cada uno de los votos.  Debemos vigilar las votaciones y los escrutinios.

Entre los diferentes actores del proceso electoral revisten especial importancia los jurados de votación y los testigos electorales.

Los jurados de votación, seis por cada mesa, son ciudadanos mayores de 18 años y menores de 60, cuyas principales funciones consisten en atender el proceso de las elecciones, efectuar los escrutinios de mesa y registrar los resultados de la mesa en las actas de escrutinio.  Los jurados son seleccionados por la Registraduría Nacional del Estado Civil, mediante sorteo y su designación es de obligatoria o forzosa aceptación.  Los jurados pueden votar en la misma mesa en la que les correspondió desempeñarse como tal.

Los testigos electorales son los veedores voluntarios del proceso electoral, que representan a las agrupaciones políticas (partidos y movimientos políticos, grupos significativos de ciudadanos o comités promotores del voto en blanco), vigilan el proceso de la votación y de los escrutinios, pueden presentar reclamaciones escritas cuando se configuren las causales que establece la normativa electoral y solicitar la intervención de las autoridades.  Los testigos deben votar en la mesa en que tengan inscrita su cédula.

Los testigos electorales no pueden interferir, en ninguna forma, en las votaciones ni en los escrutinios que realicen los jurados de votación. Tampoco puede ser acompañantes de los votantes; ni hacer insinuaciones a los electores, jurados o comisiones escrutadoras; ni realizar ningún tipo de propaganda electoral; ni manipular formularios electorales; ni ceder a terceros su credencial.

Las agrupaciones políticas, coaliciones o promotores del voto en blanco participantes en la elección, esto es, que inscribieron candidatos, pueden postular testigos electorales.  El testigo podrá acreditarse para vigilar más de una mesa.  En ninguna mesa podrá actuar más de un testigo por agrupación política.

Existen dos tipos de testigos electorales, de votación y de escrutinio.  El primero actúa ante la mesa de votación el día de la elección, y el segundo actúa ante las comisiones escrutadoras.  Cada clase de testigo se identifica con una credencial diferente.

Los testigos electorales de votación pueden intervenir en las tres etapas del proceso electoral el día de la votación, en la instalación de la mesa de votación antes de empezar la jornada electoral (de 7:00 a 8:00 am), durante el desarrollo de las votaciones (de 8:00 am a 4:00 pm), y al cierre y escrutinio de la mesa (de 4:00 a 11:00 pm).  En cada etapa tienen diferentes funciones.

Los testigos electorales de escrutinio tienen como funciones las de presenciar que los datos de las votaciones sean leídos del acta de escrutinio de los jurados y velar por el normal funcionamiento de los escrutinios.

Ambas clases de testigos pueden presentar reclamaciones, que deberán formularse por escrito, cuando el número de sufragantes de una mesa exceda la cantidad de ciudadanos que podían votar en ella, aparezca de manifiesto que en las actas de escrutinio se incurrió en error aritmético al computar los votos, y los dos ejemplares de las actas de escrutinio de los jurados de votación (Formulario E–14), no estén firmados al menos por dos de ellos.

Mi invitación entonces es a que escojamos, apoyemos, votemos y vigilemos.

Seamos testigos electorales, tanto de votación como de escrutinios, y para ello inscribámonos ante la agrupación política de nuestra preferencia, obtengamos la(s) credencial(es) respectiva(s), capacitémonos adecuadamente y preparémonos para regalarle nuestro tiempo y dedicación el 29 de mayo próximo a nuestra amada patria Colombia, su democracia y nuestras libertades.

Podemos hacer mucho, no seamos impávidos espectadores de la destrucción de nuestras instituciones.

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miércoles, 23 de marzo de 2022

¡Atención, canosos de hoy y de mañana!

José Alvear Sanín

Por José Alvear Sanín*

Si se tocan los ahorros, el efecto inmediato es lanzar el mensaje de “Comamos y bebamos, que mañana moriremos”. Eso es, de facto, lo que inspira y provoca la letal enfermedad que aqueja a la filosofía socialista.

—Winston S. Churchill, como Canciller del Exchequer, Mayo 19 de 1927.

Se ha llamado “grey power” al creciente de las canas en sociedades que envejecen. La nuestra, por desgracia, ya empieza a recorrer esa senda suicida, lo que debería ser motivo de reflexión en un país que no se percata de su inminente declive demográfico; pero por ahora nos debemos limitar a la más reciente amenaza de Petro, la de desmantelar los fondos privados de pensiones y apoderarse de los ahorros allí recogidos, para convertirlos en piñata demagógica.

Si las propuestas de Petro no fueran electoralmente muy productivas podrían considerarse apenas delirios de un loco. Para no ir más lejos, el rápido tren elevado y eléctrico entre Buenaventura y Barranquilla, para unir dos puertos que, obviamente, no intercambian cargas ni generan tráfico de personas entre el uno y el otro, solamente es comparable con la pavimentación del río Magdalena para convertirlo en autopista, como proponía Manuel Antonio Goyeneche.

Ese simpático orate bogotano del siglo pasado decía que “no quería sacar votos sino meterlos”. En eso se parece a Petro, porque este demagogo, prometiendo el oro y el moro, también quiere meter millones de ellos, unos de verdad y otros por cortesía de la Registraduría.

Pero ahí termina el parangón, porque hay mucha distancia entre el loquito inofensivo y el lunático destructor que quiere ser presidente con propuestas tan descabelladas como las del pobre Goyeneche.

Para detener al fanático castro-chavista hay que convocar a los canosos de hoy y a los que, por el inevitable paso del tiempo, pronto lo serán, para que se conviertan en una invencible fuerza electoral. Quienes vienen trabajando y ahorrando para la jubilación tienen que darse cuenta, ya mismo, de lo que para millones de pensionados actuales significaría la presidencia de Petro y lo que amenaza a las futuras cohortes de trabajadores. Estamos hablando, apenas, de unos 16 millones de compatriotas…

Desde luego, si a Petro lo llevan finalmente a la casa de Nariño, Colombia será una segunda Venezuela, con el hambre que todos sufriremos, pero las primeras y mayores víctimas seremos las personas de edad.

En efecto, una de las iniciales consecuencias de un gobierno suyo sería la emisión incontrolada y creciente de dinero, hasta llegar a la práctica desaparición de la moneda, con su inevitable secuela de anulación total del poder adquisitivo de las pensiones. Eso, para los jubilados, sería fatal, pero allí no para el asunto, porque la dilapidación del ahorro depositado en los fondos de pensiones privaría a millones de colombianos, en el futuro, de una pensión efectiva.

Todos los trabajadores colombianos tienen que dejar la apatía y el desinterés, derrotar la abstención acudiendo masivamente a las urnas, por eso llamo la atención del doctor Federico Gutiérrez, para que convoque tanto a los cotizantes como a los jubilados, de manera que salven sus ahorros, sus pensiones y su patria.

El doctor Gutiérrez ha sido consagrado en las urnas como el líder de la verdadera esperanza, muy distinta de la que encarnan los cómplices de Santos en la entrega del país al socialismo del siglo XXI. Por tanto, no son explicables ni comprensibles las expresiones frías y dubitativas con que se saluda su triunfo, manifestaciones que contrastan con los gestos de grandeza de Álvaro Uribe y Óscar Iván Zuluaga, cuando reconocen la consagración popular del nuevo líder de la democracia colombiana.

¡El que escruta electrónicamente… elige!


domingo, 27 de febrero de 2022

Insisto...

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

En continuar hablando del Pacto Histórico, de sus figuras predominantes, aspirantes al Congreso que están impregnados de historias nefastas y acusaciones que enturbian su accionar, del mal que le hacen a Colombia y de las consecuencias  económicas y sociales que tendremos si es elegido presidente del país Gustavo Petro.

Me decían desde niño, en mi casa y en el colegio, que uno se debía formar para capacitarse adecuadamente en los saberes que por gusto decida, pero más aun para contribuir al crecimiento y fortalecimiento de las comunidades donde se vive y por ende buscar que los ciudadanos tengan mejor calidad de vida. Ello sin duda alguna es el deber ser, crear condiciones de bienestar, pero trabajando y aportando al Estado y por consiguiente al desarrollo de los pueblos.

Escuché este fin de semana pasado algunas entrevistas al candidato Petro, en varios medios periodísticos nacionales y en todo ellos da grima, tristeza oírlo, siempre atacando la institucionalidad, a los empleadores, y en general expresando claramente su animadversión sobre el capital como fuente de ingresos para el país y de sustento para los que trabajan allí.

Se le pregunta si va a iniciar un proceso de expropiación y dice que no, pero a continuación dice sin sonrojarse que subirá los valores de los prediales y que aquellos que tengan más de una vivienda, estas se le comprarán, es decir no habrá incentivo para que las personas crezcan el patrimonio. Posiblemente procederán a vender sus bienes y se retirarán del país.

Yo insisto en expresar con claridad a los ciudadanos el peligro latente, real, que existe que este señor Petro sea presidente de Colombia, país que no se lo merece. Es un hombre con un pensamiento absoluta y totalmente contrario a los valores democráticos, los mismos que atacó como guerrillero del M-19, como promotor de la primera línea en las mal llamadas expresiones populares que se realizaron en el 2021, y que regresan nuevamente, en estos días, al escenario público. También, con sus palabras, en los diversos eventos que realiza por todo el territorio nacional, se evidencia que es un autoritario, que no sé por qué razón las juventudes menores de 25 años le copian.

Él dice abiertamente y sin titubear, que “la riqueza es de quien la necesita, no de quien la crea y quien posee riqueza en cualquier medida es en esencia enemigo del pueblo”, por ello, basta con leer esta frase, y no puede quedar duda alguna en la mente ciudadana que el camino de Colombia será el de la expropiación, la perdida de la propiedad privada, la destrucción de la empresa privada y por consiguiente el empobrecimiento generalizado del pueblo colombiano.

Remata diciendo que “la propiedad es casi siempre un hurto a los pobres, y la Colombia Humana se encargará de redistribuir en bien de ellos, lo que otros injustificadamente aluden como propio”. Además de mentir, va en contra del empresarismo, de esos hombres y mujeres que, por décadas, con esfuerzo y sufrimiento, han construido empresas, que acompañados de sus familiares y empleados se han mantenido en el tiempo y pagan impuestos, salarios, prestaciones sociales, aportan desarrollo y sostenibilidad a Colombia. Si solo pudiera decirnos que han construido ellos, bastaría para conformarnos, pero no, mienten, dan como verdades lo que no es cierto y entonces se convierten en los adalides de la justicia y el orden social, cuando desde su niñez ha construido violencia y odio, ese es el verdadero aporte de este ciudadano colombiano, que encarna la maldad.

Es pues un horror el solo pensar que sea posible la debacle para nuestro país. Estemos atentos, analicen con detalle el accionar de Petro y se darán cuenta de que no es posible votar por él y su grupo, ni en las elecciones de marzo 13, ni en las presidenciales. Ojo abierto que se acaba la democracia y el país de bienestar que podemos construir combatiendo la corrupción, y teniendo una mejor justicia y un legislativo serio, preparado y constructor de una mejor sociedad.

Están avisados.

miércoles, 23 de febrero de 2022

¿Inocuos los debates en televisión?

José Alvear Sanín

Por José Alvear Sanín*

Las cosas han llegado tan lejos que se esperan milagros de los debates de los candidatos en televisión. Vale entonces la pena contemplar ese tipo de confrontaciones en la Colombia actual, para analizar hasta dónde pueden influir en la próxima elección presidencial.

En 1956, Adlay Stevenson retó al incumbente, Dwight Eisenhower, a un debate por televisión. El presidente rechazó el encuentro. El primer debate en televisión se dio entonces en 1960 entre Richard Nixon y John F. Kennedy y estuvo dividido en cuatro sesiones. Se dice que para los televidentes el triunfador fue Nixon y para los radioescuchas el vencedor fue Kennedy. Ese sí fue un verdadero debate, que permitió a los ciudadanos formarse una idea más o menos realista sobre los pros y los contras de ambos.

Desde entonces, en multitud de países se organizan debates entre los candidatos. Pero no es lo mismo cuando se enfrentan dos pesos pesados, que cuando un candidato fuerte y experimentado se mide con media docena de personajes más o menos conocidos.

Lo que se está viendo en Colombia es inocuo. En la pantalla aparecen diez o doce aspirantes. Cada uno de ellos tiene que contestar preguntas cuidadosamente formuladas para no irritar a nadie. Estas se despachan en los dos o tres minutos que se les conceden cada vez. Así, en una hora, cada participante habla, si mucho, dos o tres veces, unos seis o siete minutos en total, y por eso los espectadores se quedan sin formarse una idea clara sobre lo que piensan realmente estos señores sobre el país y su futuro.

En cada debate, el moderador se esmera en ser eso precisamente, un conductor “moderado” y simpático con todos sus invitados…

Hasta el próximo 13 de marzo, los precandidatos seguirán saliendo casi como en los realities, o en las eliminatorias del Concurso Nacional de Belleza. Después de ese día quedarán Petro y los siete enanitos para disputar la primera vuelta. En los dos meses siguientes habrá, desde luego, “debates”, siempre en el terreno de los buenos modales, donde no habrá ni tiempo ni deseo de deliberar sobre los verdaderos problemas nacionales.

En cambio, lo que el país requiere es confrontar a Petro y desenmascararlo. Nadie en los medios, por desgracia, es capaz de acorralarlo, de increparlo sobre su pasado terrorista, sus estrechos vínculos con Chávez y Maduro, su espantosa Alcaldía, su benigno y fugaz “cáncer”, su prodigiosa mendacidad, su impreparación, las bolsas de dinero, las mansiones en cabeza de testaferros, su verdadero ideal económico de corte comunista, la irresponsabilidad de sus propuestas, sus extraños viajes y sus entrevistas con sospechosos operadores electorales, etcétera…

En realidad, Petro sería el candidato menos difícil de vencer, si el país lo conociera, pero en vez de atacar a la víbora por la cabeza, el establecimiento político-judicial-mediático lo viene pintando desde hace varios años como un señor de centro-izquierda, un senador normal, común y corriente, por el cual pueden votar sin temor, desde los curas y las ancianos, hasta los hijos de papi del estrato 7.

Así como no se habla de los antecedentes ni de los propósitos del candidato de las izquierdas, también en el actual momento político hay otros temas tabúes, empezando por Venezuela. Es increíble que con millones de venezolanos mendigando en nuestras calles, a Petro no se le pregunte por los consejos que dio a sus íntimos amigos Chávez y Maduro para destruir ese país, antes de que se le dé la oportunidad de destruir el nuestro. En cambio, ahora se organiza una falsa discrepancia entre él y Maduro, para dar la impresión de que ya no comulga con la revolución bolivariana de la que él fue uno de los principales y bien remunerados actores.

Ese no es el único tabú. Hay preguntas que no se harán en la carrera hacia la Presidencia, como:

¿Trajo la entrega a las FARC paz en Colombia? ¿Y cuál es la situación actual de orden público?

¿Debe negociarse con el ELN la entrega de lo que queda de la institucionalidad?

¿Conviene tener tres poderes públicos separados, o debe el judicial seguir usurpando los demás?

¿Puede el país cambiar el petróleo por los estupefacientes?

¿Debemos acabar con la ganadería?

¿Conviene hacer una reforma agraria al estilo de las que han dejado sin comida a varios países?

¿Conviene tener una policía inerme?

¿Será que la corrupción puede erradicarse eligiendo a los más corruptos?

¿Los alcaldes mamertos deben seguir a cargo del orden público?

¿Conviene ahogar la iniciativa privada con impuestos confiscatorios?

¿Convendrá seguir aumentando sin límites el gasto público y la burocracia?

Y estas no son todos los graves interrogantes que podrían hacerse.

Mientras el país no encare adecuadamente sus grandes y verdaderos problemas, nuestro futuro no podrá ser peor, porque vendrán a “resolverlos” quienes mayor responsabilidad tienen en su creación: los violentos, los fanáticos, los ignorantes, los corruptos, los narcos y los políticos revolucionarios. Quienes no comprenden que la revolución siempre ha sido el gobierno de los criminales, no entienden lo que se juega en Colombia en medio de un electorado en buena parte desorientado, apático, y donde el abstencionismo sigue superando el 50% del potencial electoral.

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Comprendo a Herman Tersch: pietra… pétreo… petro…