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sábado, 4 de junio de 2022

No al voto en blanco en la segunda vuelta

Gabriel Jaime Hurtado Restrepo
Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

El pasado 29 de mayo se celebró la elección en la que los colombianos escogeríamos a los nuevos presidente y vicepresidente de la República. Como ese día la fórmula ganadora no obtuvo al menos la mitad más uno de los votos válidos, se realizará una segunda vuelta el 19 de junio próximo, en la que solo participarán las dos fórmulas de candidatos con mayor votación.

En los medios de comunicación y redes sociales se escuchan voces, unas descontextualizadas y otras malintencionadas, que promueven el voto en blanco en la segunda vuelta.

Analicemos un poco esa iniciativa.

Según el artículo 190 de nuestra Constitución Política, el presidente será el candidato que en segunda vuelta obtenga el mayor número de votos. O sea que para nada importa, ni incide, el voto en blanco.

En gracia de discusión, si el voto en blanco obtuviera en la segunda vuelta una mayor votación que alguno de los candidatos (escenario improbable dados los resultados de la primera), el presidente será el aspirante más votado de los dos participantes, aunque ese aspirante haya obtenido menor votación que el voto en blanco.

En síntesis, el voto en blanco no tiene efecto en la segunda vuelta.

De manera que, dadas las circunstancias actuales y las características, antecedentes y acompañantes del candidato de la izquierda, el voto en blanco además de inútil es peligroso. Su promoción es una más de las múltiples, habilidosas y manipuladoras estrategias de la izquierda para embobar a los electores.

En sus cálculos estiman que quienes ya votaron por ellos en la primera vuelta no votarán en blanco en la segunda. Le están jugando a que quienes votaron por los candidatos que quedaron en el tercer, cuarto, quinto y sexto lugar si voten en blanco como una protesta contra lo que no comparten del candidato que quedó de segundo, de manera que no le sumen votos a este.

El eterno candidato del pacto hasta con el diablo y aspirante a tirano, no ha ganado, pero tampoco ha perdido.

En cuanto al otro candidato, el que quedó de segundo en la primera vuelta y que sorprendió con sus resultados, probablemente su estilo y algunas de sus propuestas no nos gusten o no nos satisfagan plenamente. Esforcémonos en informarnos y conocer sobre él, su preparación, su entorno personal, familiar y social, su experiencia, ejecutorias, realizaciones, fracasos y desaciertos.

Pero es que, del otro, el que quedó de primero en la primera vuelta, nada nos gusta y todo nos preocupa.

No es poco lo que está en riesgo en Colombia. No ensayemos poniendo en práctica teorías políticas esbozadas desde lo abstracto y desprovistas de asidero práctico. Debemos tener sentido de la oportunidad y de la realidad.

En segunda vuelta el voto protesta no juega. Eso es lo que hay. Esas son las dos únicas opciones. Uno de los dos será el próximo presidente de la República.

Por todo lo anterior, abramos los ojos, no al voto en blanco en la segunda vuelta presidencial. Es inútil y muy peligroso.

No nos equivoquemos.

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jueves, 14 de abril de 2022

Oración y acción

Gabriel Jaime Hurtado Restrepo
Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

Del 10 al 17 de abril celebramos la Semana Santa correspondiente al año 2022.

Para los cristianos de todo el mundo la también llamada Semana Mayor tiene una muy especial y trascendental significancia. Son muchos los sagrados misterios de la vida terrenal de nuestro Señor Jesucristo a los que nos unimos, vivimos y celebramos en estas fechas. Los principales de ellos son la última cena y la institución de la eucaristía, la oración en el Huerto de los Olivos, la flagelación, la coronación de espinas, la cruz a cuestas camino al calvario, la crucifixión y muerte, y la resurrección.

Jesús pasó por el mundo anunciándonos el Reino de Dios y llamándonos a la conversión. Jesús no se impuso ni se impone, la vivencia de su mensaje es voluntaria, cada uno es libre de aceptarlo o no.

Creo no ser atrevido si manifiesto que el mensaje central, la almendra, la médula del cristianismo es el mandamiento del amor.

Y ese amor es pleno, como lo dice Pablo en la Primera Carta a los Corintios:

“El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia. El amor no presume ni se engríe, no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.”

La religión no es más que un estilo de vida con una visión de futuro. Para los cristianos ese estilo de vida es la imitación de Cristo. Y esa visión de futuro es la vida eterna. La vida terrena es pasajera y no tiene sentido sin la que viene después, cuando el espíritu se separa de la materia, que esa sí es para siempre.

Estamos llamados al amor. Al amor con obras. Y no solo a amar a quienes nos aman, eso es relativamente fácil, debemos amar a quienes no nos aman, a nuestros enemigos, a nuestros opuestos, a nuestros contrarios, a nuestro prójimo, he ahí el mayor reto. Tenemos que ver en cada ser humano a un hijo de Dios, a nuestro hermano. En esa línea de amor, la preferencia y la primacía tienen que ser hacia los más necesitados, los indefensos, los pobres, no solo en el aspecto económico sino en las múltiples facetas del ser humano.

Esta es una semana de recogimiento y reflexión. Cada uno, en ejercicio de su libertad, la vivirá a su manera. Algunos se dedicarán a la oración, otros participarán en las ceremonias religiosas, otros entrarán en una íntima conexión con Dios, otros serán indiferentes, otros se irán de paseo o descanso laboral, algunos tendrán que trabajar o seguirán absorbidos en sus actividades diarias, no faltará quienes se opongan y descalifiquen estas festividades. La vida nos da esta oportunidad, cada uno la toma o la deja, y la aprovecha o no a su manera, según su saber, entender y posibilidades.

Este año la Semana Santa transcurre en un escenario de cercanía con las elecciones presidenciales del próximo 29 de mayo.

Serán unas votaciones en las que el país se jugará su futuro. En el menú de opciones aparecen modelos políticos, sociales y económicos diferentes y opuestos.

Unos, emulando o imitando lo que ha pasado y pasa en hermanas naciones latinoamericanas, prometen y pretenden destruir, arrasar, quitar, barajar y volver a repartir amañadamente. Llama la atención el hecho de que siendo las cifras de nuestros vecinos desastrosas y que muestran palmariamente que la pobreza en vez de reducirse ha aumentado y que el acceso de la población a los servicios básicos cada vez es más limitado, quieran importar hacia Colombia esos modelos fallidos. Vale la pena preguntarse ¿por qué es que nuestras calles y caminos están llenos de hermanos venezolanos que buscan en Colombia la oportunidad que su patria les niega y no al contrario? Si el modelo correcto es el de allá, ¿por qué la migración es de allá para acá y no de aquí hacia allá? ¿Por qué Colombia está llena de venezolanos y no Venezuela de colombianos? Sofismas de distracción, cortinas de humo, son las salsas que adoban esas opciones del menú. No nos dejemos engañar. No comamos cuento. Ese modelo político, social y económico ¿si será el mejor para todos o al menos para la mayoría?

Otros de los modelos del menú de opciones buscan mejorar a partir de lo ya construido, de lo existente, fortalecer nuestras instituciones, corregir los errores, dejar las ineficiencias. Necesitamos superar tantas desigualdades e inequidades. Hay que acabar la corrupción, la delincuencia, la inseguridad. La situación económica de la mayoría de los colombianos debe y merece ser superior. La educación y la justicia requieren una reforma integral. Recordemos que el real y perdurable mejoramiento de la calidad de vida de la generalidad de la población solo es posible en libertad.

Los inaceptables escrutinios de las elecciones del Congreso realizadas el pasado 13 de marzo, de los cuales cada día se conocen situaciones irregulares, nos dejan llenos de dudas y añaden complicaciones adicionales a tan complejo horizonte.

En oración pido a Dios nos dé sabiduría y discernimiento a los colombianos, de manera que sepamos elegir al mejor presidente, que de verdad trabaje arduamente en pro del bien común para todos, no solo para unos cuantos.

Además de orar, debemos actuar. Oración, prescindiendo de la ortografía, es ‘ora de acción’, y la presente es la hora de actuar para poder vivir en un país con democracia y libertad. En las manos de cada uno está que esto sea una realidad.

Necesitamos escoger el mejor candidato, hacer proselitismo, votar masivamente, vigilar las votaciones y los escrutinios, impedir el fraude, ser testigos electorales, pronunciarnos como ciudadanos, utilizar los mecanismos legales y cívicos que tenemos disponibles a nuestro alcance, cuestionar e impugnar el conteo de votos si hay lugar a ello, etcétera.

Faltan menos de 50 días para esa votación. Que no nos coja la noche. Que no nos lamentemos por no haber hecho lo que hubiéramos podido.

Oración y acción.

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miércoles, 13 de abril de 2022

Crónica de un exitoso fraude anunciado

José Alvear Sanín

Por José Alvear Sanín*

La salud de las democracias depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario. Si el régimen electoral es acertado, si se ajusta a la realidad, todo va bien; si no, todo va mal.

José Ortega y Gasset, en La rebelión de las masas

Pues bien, nadie, salvo el cínico registrador nacional, Alexander Vega, puede decir que en Colombia el fraude es imposible, porque existen numerosos mecanismos para blindar la pureza del sufragio.

Cuando la propia Registraduría reconoce que hubo “inconsistencias en 22.255 formularios E-14” y “posible responsabilidad penal en 5.109 mesas”, es imposible negarle eficacia a una maquinaria que sumó, tres días después del tal “preconteo”, 390.000 votos, solamente para un político, sin que se hubiera verificado, voto por voto, el auténtico resultado electoral.

Esos extraños votos del Pacto Histórico, que nadie ha visto ni contado, aumentaron súbitamente hasta 20 sus curules en el Senado, en detrimento de otros partidos cuyos votos sí son comprobables.

No se exigió, por culpa de la mayor parte de los partidos, la repetición completa y pública del escrutinio, como era necesario en vista de la multitud de hechos extraños en el proceso comicial. En cambio, bastó por parte de la Registraduría, con reconocer algunas “inconsistencias y errores” para que fueran aceptados unos resultados evidentemente trucados en beneficio de un movimiento extremista.

Nadie sabe si los 22.225 formularios E-14 tachados por la Registraduría han sido computados. Desde luego, deberían haber sido excluidos del cómputo, pero —repito— se ignora cuál ha sido su destino.

La conclusión inevitable es que los resultados de 22.225 mesas, por lo menos, son espurios, y ese número equivale nada menos que al 17 % de las mesas (¿pero son confiables los datos del 83 % restante?).

Se equivocaron entonces en materia grave el presidente de la República y la gran mayoría de los dirigentes políticos al aceptar las cifras del registrador, dando con premura y sin pruebas como buenos unos resultados nada confiables, en vez de provocar la salida (y hasta la denuncia penal) del protervo funcionario.

Sus antecedentes personales, sus viajes, las entrevistas con ciertos candidatos, los amigos, la destitución masiva de centenares de funcionarios y su reemplazo por vaya usted a saber quiénes, y sobre todo los contratos de costo astronómico otorgados a proponentes únicos, estrechamente vinculados con Juan Manuel Santos y con el gobierno social-comunista español, hacen previsible el fraude más aterrador y sin recursos viables para su impugnación. Y el carrusel de empleados entre Indra y la Registraduría…

En las elecciones de marzo 13 operó, bajo la autoridad electoral, el binomio de Fecode (que copa las mesas con jurados bien aleccionados) y Disproel (que computa y declara los “resultados”).

Dizque para corregir tanta podredumbre en la elección presidencial, se prometen algunos distractores cosméticos, como inocuas modificaciones en los formatos E-14 y el anuncio de misiones extranjeras de observación (inútiles, innecesarias y sesgadas), sin olvidar alguna capacitación para unos cuantos jurados, pero mientras opere ese mismo torcido binomio, siempre bajo Vega, los resultados nunca serán confiables.

Basta con algún algoritmo torcido para que un empate técnico se convierta en triunfo por un estrecho, pero plausible margen. ¡Con esta “estructura” para el escrutinio, Fico puede ganar en las urnas y perder en la Registraduría!

Por desgracia, a pesar de las valerosas denuncias de Andrés Pastrana, Fernando Londoño, Eduardo Mackenzie y el Foro Atenas, los grandes medios masivos y la mayoría de los partidos políticos pasan como sobre ascuas por este asunto trascendental y definitivo para la supervivencia del estado de derecho y la democracia.

Estamos a 31 días de la primera vuelta presidencial y el registrador Vega está atornillado por los presidentes de las cortes mamertas que lo eligieron, no habrá selección confiable de jurados y el cómputo lo harán los cuestionables contratistas.

¿Marchamos vendados hacia el abismo?

***

Como una candidata viene prodigando un “abrazo ancestral de amor”, pregunto si ese era el que daban los vendedores tribales africanos a sus hermanos de raza, antes de embarcarlos en las naves de los compradores portugueses de esclavos.

miércoles, 6 de abril de 2022

El lumpen al poder

José Alvear Sanín

José Alvear Sanín

En la terminología marxista, el Lumpen Proletariat está constituido por las clases desorganizadas y apolíticas de la sociedad, desinteresadas de la revolución. Este inevitable acontecimiento, sin embargo, puede ser acelerado por la acción decisiva del partido profesional revolucionario concebido por Lenin, dirigido por intelectuales que despreciaban lo que consideraban basura, porque Lump es, por definición, “rufián, belitre, canalla, trapo, andrajo, guiñapo”.

Desde luego, eso era así en la época de las revoluciones populares, en las que turbas hambreadas e irredentas, mediante el pillaje, la revuelta, las barricadas, el incendio y el caos, asaltaban el poder para que el partido, sobre las ruinas y la sangre, creara el impoluto y perfecto “hombre nuevo”.

Antaño, los lumpen proletarios (por tener prole) eran miserables, ignorantes y ebrios, y no constituían potencial electoral porque las elecciones —si las había— estaban reservadas a los propietarios o a quienes sabían leer y escribir.

Hoy, en cambio, hay un abundante lumpen intelectual, desinteresado, desde luego, por la revolución, pero que puede votar por quienes interpretan su miseria conceptual. Este nuevo lumpen se encuentra en todas las clases sociales. Hay desde nuevos ricos hasta indigentes. Pocos tienen hijos. Muchos ostentan flamantes títulos universitarios, conducen vehículos, habitan inmuebles cómodos, viajan por el ancho mundo y pasan horas enteras ocupados en la basura electrónica.

Este lumpen constituye entonces una fuerza electoral considerable, cortejada por una legión de docentes, comunicadores, faranduleros e influencers, que los conducen a las urnas para votar por los abanderados de una revolución que no osa decir su nombre, porque se presenta como “progresismo” en lugar de comunismo.

En América Latina, desde hace largos años avanza la revolución, dirigida por un staff secreto, permanente y dedicado, de revolucionarios profesionales, que ejecuta con precisión matemática la estrategia que requiere la demolición de los factores, creencias y principios del orden social, de tal manera que se puede llegar al poder por la vía electoral, bien acompañada siempre del fraude.

Quizás, hasta ahora, el logro principal de ese estado mayor clandestino consiste en la promoción del lumpen cultural que está decidiendo el rumbo de los países.  Los secretos conductores de la revolución han creado entonces un nuevo tipo de dirigente político, un lumpen personaje, empático para electores igualmente ignaros.

Cuando uno considera la preparación intelectual y moral de Maduro-Cilia, Ortega-Murillo, Evo y Boric (que no fue capaz ni siquiera de ser abogado), y del grotesco Sombrerón, comprende el despotismo, el hambre, la miseria y la corrupción que espera a la futura Unión de Repúblicas Socialistas de América Latina (URSAL), si en Colombia llegan Petro y Francia, dos incomparables ejemplares del lumpen intelectual, “el economista” y “la jurista” —tal para cual—, adalides del resentimiento, el racismo, la falacia, la farsa, para no hablar de su supina ignorancia, y no solo en lo relativo a las profesiones en que afirman ser titulados…

¡No faltará quién me diga que esos personajes no son los verdaderos gobernantes de los países que presiden, porque, en el comunismo, el poder lo ejercen camarillas secretas todavía peores!

 

lunes, 4 de abril de 2022

Un llamado a los líderes en las instituciones del sector privado

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Mucho cuidado, que la patria no corra con la suerte del ternero aborrecido y abandonado.

No más complaciente mamertería entre muchos miembros circunspectos de la dirigencia gremial, ni más “ANDI pa' arriba y ANDI pa' abajo”. Es hora que las agremiaciones del sector productivo cumplan con su mandato constitutivo, la defensa de los intereses de sus afiliados y sus empleados y del sistema de libertades que les permite trabajar.

El país es viable si se defiende la transparencia, se le exige pulcritud a la justicia y se le aplica sanción social a los privilegios y las concesiones al narcoterrorismo, fuente de corrupción.

Es el momento que los gremios se pongan en la tarea sistemática de explicarle a cada ciudadano, que, aunque seamos un país de ingreso medio con altos niveles de pobreza, esta solo se supera con oportunidades, con una economía creciente y no con las falsas promesas del populismo que ya anuncia a cuatro vientos la destrucción de los vectores de creación de valor.

Somos una nación libre y trabajadora llena de posibilidades, con un manejo económico diligente, un sistema de salud operante, construyendo cada vez mejor infraestructura, que conquistó el sueño de la gratuidad educativa para los más necesitados, con un mejor y más efectivo sistema de subsidios condicionados, que si bien tiene problemas de criminalidad que genera corrupción, esta, tan solo está en manos de unos pocos que desconocen la ley y que hoy apoyan descaradamente las propuestas lisonjeras de quien solo ha vivido por cuenta del Estado y pretende traer a valor presente todo el resentimiento acumulado en su trayectoria guerrillera.

Mucho ojo que ser liberal y tener conciencia social ha sido también la identidad de gente honorable, es algo que no debe confundirse pues difiere mucho de todo lo que bajo un falso ideario esconde ese narco-comunismo parlamentario que disfruta de la opulencia que a cuenta de todos le brinda el Estado.

Hace dos domingos leí un escrito en donde el ideólogo del comunismo de caviar, le daba pasaporte social a la guerrilla, amparada hoy por la activación de todas las formas de lucha para conseguir el poder, a manos de la totalidad de las organizaciones crimínales que operan en Colombia y claro, por Cuba, Rusia, Venezuela y todo el comunismo internacional. 

Escondido tantos años en la casa editorial El Tiempo, en representación del comunismo colombiano, al igual que ocurrió en Marquetalia, ya destapó su juego, consistente en la mamerta validación social de su familia oligarca a la candidatura populista de la guerrilla.

Es “surrealista” la fascinación de los pichones de “El Tío” con el comunismo castrista, inspirada por el cura “in” del entonces, Camilo Torres, que hoy los lleva en medio de su traba pseudointelectual a jugar ruleta rusa con la ideología revolucionaria, la destrucción social y del valor económico. Es patético su empeño de promover desde la burguesía la revolución, que siempre ha sido un sello claro de su conocida y decadente degeneración.

Era de esperarse el endoso a un candidato guerrillero, por quien le maneja la conciencia al diabólico muñeco traidor que engañó en 2010 al electorado enarbolando los postulados doctrinarios de la seguridad democrática, para hacerse al poder y cometer el mayor estupro político conocido hasta hoy.

Actualmente, la estrategia es la misma: Engañó mediante dialéctica demagógica populista. Disfrazar al lobo de abuelita para tragarse a Colombia entera, como si fuera caperucita.

Son guerrilleros activos, el libretista y su candidato, ricos viajeros con visa americana que no pagan nómina y visten pinreles de marca, respaldados por toda suerte de mafias, por las FARC y el ELN. Pero aquí no les pasa nada. Incendiaron el país piloteando la primera línea desde sus curules parlamentarias, y los entes de control los tratan como ciudadanos de mejor derecho. Como si la destrucción de valor y la traición a la patria no fueran conductas punibles. La prueba forense está en la data de cualquier herramienta digital analítica de escucha de la actividad de redes sociales.

Entiendo que ir en contra de una sentencia de la Corte Interamericana que favoreció al alcalde corrupto salvándolo de la flagrancia, en teoría parece complejo, pero es el sistema democrático el que está en juego, es la libertad de toda una nación la que se nos va por el voladero. 

Que nadie se llame a engaño. Como Chávez, Castro, Ortega, Evo, los Kirchner y tantos otros, una vez en el poder, ejercerán la destrucción de valor propia de toda dictadura totalitaria.

No es posible competir en igualdad de condiciones con alguien que nunca ha reconocido ni respetado la ley y está respaldado electoralmente por las armas y el dinero del crimen organizado. Y sin embargo eso es lo que hay.

Si en todo el empresariado y la institucionalidad, no nos ponemos las pilas y defendemos el sistema exigiéndole a políticos y funcionarios hacer su trabajo de modo que la ley actué contra el hampa, puede quedar Colombia al igual que nuestros países vecinos: Como el ternero aborrecido por la vaca ladrona que lo abandona, vivo pero condenado a perecer a picotazos en manos de buitres y de hienas insaciables en su ambición de medrar, una vez conquisten el poder.

 

miércoles, 21 de julio de 2021

La sala de los precandidatos

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Desde hace siglos, en la política, es determinante el signo pesos ($), que se originó como una M a la cual se sobrepuso una S, abreviatura de Medici, que en la tipografía moderna se desdibuja en la forma habitual que conocemos. Sin embargo, otros le atribuyen un origen español, que en nada demerita la eterna importancia del dinero en la política, que tanto se notó en la era de los Medici, cuando esa familia de médicos se volvió de riquísimos banqueros que dominaron, directamente o mediante dependientes, el poder en Florencia.

Traigo esto a cuento porque debo recordar la influencia de los comanditarios en las empresas políticas, que no han desaparecido, a pesar de la abundancia y complejidad de las legislaciones sobre financiación electoral.

La verdad, lamentable desde luego, es que aquí y allá, por encima de las sumas que el Estado reconoce en función de los votos de las distintas corrientes, escrutados, los candidatos solicitan considerables “avances” extracontables porque las campañas se han convertido en empresas de costo exorbitante.

Podríamos debatir horas enteras acerca de las reformas estructurales deseables y convenientes para la financiación de campañas, pero de momento tenemos que alejarnos del deber ser para ubicarnos dentro de la Realpolitik.

Dejando de lado al candidato Petro, cuyas abundantes fuentes de financiación obviamente desconozco, considero que para derrotarlo hay que desarrollar desde ahora una campaña con vocación de triunfo (no 40 campañas). Esa invitación al electorado exige un esfuerzo programático, incesante, coherente, inteligente, llamativo y técnico, a través de tv, radio y redes sociales, especialmente. Ese esfuerzo demanda centenares o miles de millones de pesos y ninguno de los 40 precandidatos democráticos dispone de esas sumas, ni puede conseguirlas, a menos que alguno de (o algunos) de los magnates que en Colombia llamamos “cacaos” les facilite(n) buena parte de sus requerimientos en calidad de préstamo, mientras llega la reposición después de las elecciones.

El problema consiste en que 40 señoras y señores, patrióticos y respetables, aspiran a la presidencia de la república al mismo tiempo, pero ninguno dispone de fondos para adelantar una campaña que permita alcanzar el segundo puesto en la primera vuelta.

Quien quede de placé en la primera ronda, seguramente tendrá apoyo considerable, in extremis, para disputar la segunda vuelta. Por eso, de momento, es urgente pensar en la financiación, antes de hacer el ridículo y lanzarse apenas para figurar. Ya van, repito, como 40, y cada día aparecen más aspirantes.

Si las cosas siguen así, en toda solicitud de empleo se preguntará: “¿Ha sido usted candidato presidencial?”

Hace algunas noches tuve una agradable ensoñación, de aquellas de las burlas veras. En la antesala de cada cacao habían tenido que habilitar una sala de espera para candidatos, con tinto, gaseosas, prensa, tv, música ambiental y amables relacionistas, para hacer menos tediosa la interminable espera de los solicitantes, porque ningún potentado puede atender tantos aspirantes. El sueño terminó cuando en la sala resonó el refrán de “tanto pobre junto pierde la limosna”…

miércoles, 7 de abril de 2021

¡Siempre amables con el honorable senador!

José Alvear Sanín

Por José Alvear Sanín*

El tiempo todo lo normaliza. Por eso nos hemos acostumbrado a considerar que Cuba es un país normal con el que se pueden mantener relaciones amistosas. Con Venezuela vamos por el mismo camino. ¡Con la ideología de género en las escuelas! ¡Con la JEP! ¡Con Fecode! ¡Con el prevaricato habitual de las altas cortes! ¡Con la Registraduría sesgada!…

Con los políticos pasa lo mismo. Parece normal que se enriquezcan. Parece legal que los peores delincuentes ocupen curules. Se acepta que cada congresista cueste unos cien millones mensuales.

Así, poco a poco, se van derribando todas las defensas mentales que la civilización puso al servicio del derecho y la democracia.

El relativismo moral no solo lleva a tragar todos los sapos y culebras, sino que también ha enseñado a disimular todas las conductas inadmisibles hasta hace pocos lustros. Se aceptan leyes que prohíben expresar la realidad con las precisas palabras seculares. Se tolera la existencia de comisiones para decirnos qué fue lo que pasó y qué lo que no pasó.

Están pues en lo cierto quienes dicen que la batalla del lenguaje es la decisiva.

Así que cuando tratamos de “honorable” a ciertos individuos, nos estamos rindiendo, negamos los hechos y olvidamos las evidencias.

Por ejemplo, todos los exabruptos del honorable senador Petro, en vez de ser rechazados con energía y contundencia, son respondidos con la cortesía debida al jefe de la “Colombia Humana”, exalcalde de Bogotá, candidato de una cierta “izquierda democrática” y titular de varios pregrados y posgrados. Se trata pues, de una persona ilustrada, “progresista” y respetable.

Todas estas excelencias hacen intolerable que se recuerde su pasado, porque el tiempo ya ha normalizado su actividad subversiva, el contubernio con Chávez, el detrimento patrimonial ocasionado al Distrito, las bolsas repletas de dinero y la inagotable financiación de “bodegas” y “bodeguitas”.

Ahora es “el honorable senador” y el favorito de los entrevistadores de la TV, con su habla impostada, su expresión entre meliflua e irónica, sus buenos sentimientos, que lo han llevado a convertirse en el moderado reformador del capitalismo para modernizarlo y darle carácter social…

Como Petro es el candidato presidencial puntero, el pueblo colombiano tiene derecho a que no sigan ocultando lo que realmente hay detrás de su verdadero programa, conducente a la misma miseria y dictadura que aqueja a nuestros hermanos venezolanos.

Nunca debe negarse a un comunista, leninista y chavista, el derecho a presentarse como candidato presidencial; pero lo que no es aceptable es que los formadores de opinión le ayuden a ocultar, minimizar o negar su extrema peligrosidad, como estamos viendo, porque Petro, en consecuencia, es publicitado como un senador normal, como un candidato normal…

El año venidero ya veremos la cortesía con la que lo mimarán los medios masivos durante la campaña presidencial y la amabilidad con la que se le tratará en los debates en la TV. Allí se enfrentará con varios prudentes gentlemen, de muy buenos modales, incapaces de apartarse de lo políticamente correcto contra el candidato comunista, porque esa es una palabra tabú que jamás debe emplearse en público por gentes bien educadas, contra otro candidato “común y corriente...”.

***

El pueblo colombiano necesita saber quién es el candidato de la narcoindustria. Y a otros nos gustaría también saber por qué el candidato del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) es también el del Partido “Verde”, afiliado al Foro de Sao Paulo.

***

En una conversación entre Alejandro Casona y Federico Carlos Sainz de Robles, este le explica por qué el dramaturgo es ignorado:

— ¡Ay! “La ley del silencio” de la Izquierda española es implacable. A quien se expulsa del “batallón del talento” se lo envía directamente al Calvario (…)

 https://elcorreodeespana.com/historia/263920832/Alejandro-Casona-cuenta-como-se-fue-al-exilio-Por-Julio-Merino.html#

miércoles, 31 de marzo de 2021

¡Apenas van 34 candidatos!

*Por José Alvear Sanín

Lo más posible es que los editores del Guiness Book of Records no se preocupen por la política colombiana, pero indudablemente 34 candidatos presidenciales —y faltan datos de otros municipios— marcan un nuevo record mundial. Hasta ahora, Ecuador con 16 aspirantes, tenía el título. ¡Y ya conocemos el reservado pronóstico del hermano país!

Las encuestas arrojan datos inseguros, es cierto, pero no pueden descartarse en el análisis político. La más reciente es aterradora: el candidato castro-chavista ocupa el primer lugar, con intención de voto del 23 %, y lo sigue el del socialismo caviar, con 11 %, lo que indica que esos dos individuos —si no hay un cambio dramático— van a la segunda vuelta para que el país escoja entre uno malísimo y otro todavía peor.

Esta comprobación de algo ampliamente percibido desde hace meses parece no asustar. La actitud predominante es la de que es imposible que un irresponsable, con nutridos y malos antecedentes, vaya a ganar. Por tanto, las señoras y señores de los estratos 5, 6, 7 y 8 siguen con la mayor tranquilidad participando en agradables juegos de salón, siendo el favorito el de lanzarse a la presidencia.

Si Petro y Fajardo suman el 35 % de los votos para la primera vuelta, queda un 65 % para disputarse entre 32 personajes intercambiables y similares por ancestros, posgrados, trayectoria profesional, reconocimiento social, etc.

La más sencilla división indica que cada uno de ellos sale del partidor con 2,0325 % de opinión electoral, mientras no se lancen más aspirantes…, y en esta lista no figuran todavía los posibles aspirantes del CD. 

Desde luego, no todos van a perseverar, pero es posible que 10 o 12 sigan hasta la primera vuelta, esfuerzo que solamente les permitirá ese día conversar con el más opcionado para negociar, con sus dos o tres congresistas afines, una cuota de poder: embajada, contrato o inspección de Policía.

Pensar que eso no pueda pasar aquí es una actitud lógica para gentes bondadosas, sencillas, desinformadas y bien-pensantes, como tantos abuelos, la cajera del supermercado, el jardinero… pero en la dirigencia —porque a ella pertenecen estos 32—, esa posición solamente puede indicar o que se ha perdido toda capacidad de reacción, o que se impone la resignación ante algo inevitable, frente a lo cual hay que acomodarse…

Antes de las elecciones siempre se espera la orientación de los expresidentes. Tenemos cinco: Gaviria y Samper, con Petro; Pastrana, hasta ahora callado; Uribe, indeciso, y Santos, que en el momento definitivo puede irse con su amigo Petro o con Fajardo…

Y si hablamos de plata y de medios, Petro es el único que los tiene, y por montones. 

A mí no me da temor señalar el peligro mortal en que se encuentra un país que sale arruinado por la pandemia, carcomido por el narcotráfico e invadido por la corrupción. 

Colombia, al borde del abismo, necesita con urgencia un Churchill o un De Gaulle, porque la respuesta no puede venir de esos 32 amateurs. 

Quod deus vult perdere, prius dementat (Si los dioses quieren perder a alguien, primero lo enloquecen), es uno de los pocos latinajos que recuerdo, y en Colombia parece que estamos enloquecidos y tal vez ya poseídos por la pulsión de muerte de la que hablaba Freud.  

miércoles, 24 de marzo de 2021

¡Corruptos sí... pero con votos!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

Precisamente por ver diariamente las noticas de Deutsche Welle y recibir las Schlagzeilen de Der Spiegel, no pienso que Alemania sea un país modelo, pero sus recientes acontecimientos electorales suscitan algunas reflexiones. El hecho es que los cristiano-demócratas (la Unión de la CDU y la CSU), que casi siempre han gobernado desde 1949, solos o en coaliciones, ha obtenido su peor resultado de los últimos 50 años en las elecciones de tres Länder, de cara a las generales de septiembre. Este fracaso se debe en gran parte al descubrimiento de que dos, quizá tres, diputados de la Unión se han lucrado en contratos sospechosos para el suministro de elementos necesarios en esta emergencia sanitaria.

No ha valido la expulsión de los implicados del partido, para que la percepción de alguna corrupción en sus filas cobre elevada factura. La sensibilidad del electorado alemán frente a la corrupción contrasta con nuestra indiferencia o insensibilidad ante una verdadera pandemia política y social que arruina la democracia y nos tiene al borde del abismo.

Aquí, desde humildes políticos chocoanos hasta encumbrados expresidentes de la república disfrutan de las fortunas económicas o políticas obtenidas gracias a la corrupción, amparados por la solidaridad de sus copartidarios, el silencio de los medios masivos y la inactividad, cuando no, de la colaboración judicial.

Esto sería menos terrible, si no fuera por el hecho de que los corruptos conservan sus votos o los acrecientan, pase lo que pase. Para ninguno de mis amigos lectores es difícil cerrar los ojos y en pocos segundos repasar la lista de dirigentes podridos en alcaldías y cuerpos colegiados, y entre exministros, magistrados y toda suerte de políticos, todos enchufados, reelectos o reelegibles.

Ahora hablemos de Petro: después del valiente reportaje de Vicky Dávila, en vez de terror he notado una sensación de alivio (¡Por fin se destapó del todo este tipo!). Más de uno me ha dicho que es imposible que tamaño irresponsable llegue a la presidencia, así venga creciendo hasta ahora en las encuestas y ocupe en ellas el primer lugar en la carrera hacia la casa de Nariño.

Bueno, el exterrorista, exguerrillero (porque en Colombia se puede ser ex de tales oficios), y el exhombre de las bolsas, sigue disfrutando de impunidad judicial y mediática. Es verdad que ahora se ha quitado la careta y en su arrogante discurso ya no oculta su programa narco-castro-chavista.

Este programa será cada día más atractivo para el 80% del electorado, sumido en la miseria de la pospandemia, que ha agravado las condiciones precarias de la mayoría y ha pospuesto sus esperanzas en el futuro.

Además del Foro de Sao Paulo, las FARC, el ELN, Fecode, narcotráfico, minería ilegal y los medios mamertosos (de los cuales no omito la DW), Petro dispone de mecanismos publicitarios eficaces, especialmente en las redes, pero su gran palanca está en las promesas demagógicas, que les parecen ridículas a las gentes bienpensantes en las altas esferas (y no a todas, porque también hay un amplio grupo socialista-caviar en el estrato 7)

No quiero alargarme, pero tenemos muy cerca la historia de Daniel Quintero (Pinturita), individuo desconocido, que proponiendo apenas rebaja en los servicios domiciliarios ganó la Alcaldía en Medellín, para repetir allí los desastres de Petro en Bogotá y disponer de billones para las elecciones de 2022, al igual de la Claudia…

No nos cansemos de gritar “¡Qué viene el lobo!”, porque sí viene. Ojalá en Colombia no se repita el cuento del feroz animal y los chanchitos, porque en su versión original no existe casita de ladrillo a la última hora y simplemente la fiera sí se come a los tres cerditos, que jugaban, danzaban y cantaban en torno a las docenas de candidotes presidenciales que se disputan el electorado que no tienen.