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viernes, 24 de octubre de 2025

Trabajo sí hay

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Muy bueno vivir en un país donde mucho, por no decir todo, está por hacer. Hemos crecido, hemos evolucionado, hemos mejorado bastante, pero todavía "falta mucho pelo pa’l moño" como para decir que estamos bien.

De joven escuché que las tasas de suicidios más altas estaban en los países más desarrollados, donde casi todo era perfecto, me decían "bosques de justicia, pero desiertos de amor". La pregunta obvia era, ¿por qué se suicidan entonces? Pues porque se aburrían en medio de tenerlo todo, porque no le encontraban sentido a la vida, porque no había una razón o un motivo para luchar, porque viviendo en medio de tantos solo se sentía soledad y falta de amor.

Y entonces, uno mira para acá y en contraste piensa que aquí está todo por hacer. Un país patas arriba, descuadernado, lleno de males de todo tipo, lo único que muestra claramente es que tiene abundantes razones de peso para rehacerlo, transformarlo, construir mejores estándares de vida para todos. Mejor dicho, trabajo es lo que hay.

Lo maluco del cuento es que la gente recién estudiada, recién graduada, ya quiere ser gerente, presidente y tener salarios millonarios. Pocos de quienes están bien preparados piensan hacer carrera, se pretende estar rápidamente en el curubito, ganando mucho y con poco esfuerzo. Estuve en la junta directiva de una importante empresa de tecnología que tenía una rotación anual de su personal superior al 35 %: la gente joven que llegaba allí no duraba mucho porque otros se los llevaban duplicando o triplicando sus ya buenos salarios. Claro, es un sector muy competido, pero no deja de ser perversa esa loca carrera salarial.

Al mismo tiempo, en el mercado laboral también hay mucha gente con títulos de pregrado y posgrado, pero cuya formación deja mucho que desear. Tienen los cartones y la supuesta preparación, pero va uno a ver y lo que encuentra es una rampante mediocridad: no saben leer, no son capaces de redactar una página, les da miedo hablar en público, no sostienen una conversación de cultura general, pierden el tiempo pegados a un celular devorando basura mediática, aislados en su mundito no soportan un trabajo demandante, no toleran que haya calidad y exigencia, dejan tirado el empleo porque para ellos la estabilidad laboral no es una aspiración y después pasan meses desempleados quejándose de que conseguir trabajo está muy duro.

Son, pues, dos realidades que coexisten simultáneamente. Poca gente bien preparada que sabe que sabe, pero que no quiere esforzarse, solo quiere mandar y pasarla bueno y mucha gente mediocre que no aspira superarse, instalados en su zona de confort, viendo pasar la vida, haciendo las cosas a medias...

Por suerte también hay gente joven inteligente y entusiasta, con las pilas puestas, que le mete el hombro a causas que valen la pena, con constantes deseos de superación y crecimiento, que saben que hay que trabajar duro para salir adelante y llegar lejos, ser felices y realizarse en la vida. Esa gente me gusta y alienta la esperanza de un país mejor. Ojalá no fuese la excepción sino la regla. Por eso sigo creyendo en el valor de la educación y que esta sea de calidad, porque trabajo sí hay, pero requiere gente no solo bien formada sino, también, con ganas de gastar su vida construyendo país.

martes, 13 de mayo de 2025

De cara al porvenir: ser subdesarrollados

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

A algunos les molesta que se emplee la palabra “subdesarrollo” para referirse a países “quedados” y prefieren el término “país en vías de desarrollo”, que simplemente es un eufemismo para tratar de ocultar tras la suavidad de las palabras, la realidad que se evidencia.

Un país subdesarrollado tiene un bajo nivel de vida, escasa riqueza y pocas oportunidades de desarrollo. Los países subdesarrollados suelen tener dificultades para garantizar a sus ciudadanos acceso a educación, salud, empleo y otros servicios básicos.

Los países en vías de desarrollo son en general los que no han logrado un nivel significante de industrialización relativa a sus poblaciones, y que no tienen un estándar de vida alto. Hay una fuerte correlación entre ingresos medios y un gran crecimiento de la población.

Sin embargo, habría que partir desde el principio. Se requiere ante todo que el país en mención sea un verdadero país, para lo cual hoy en día se requiere que adquiera la dimensión y la conciencia de ser Nación a partir de la existencia de un Estado que administre el territorio, a la población y ejerza el poder a través de un Gobierno legítimo, que garantice la paz y el respeto por la vida y bienes de los ciudadanos. Dejémoslo ahí.

Así mismo, una vez teniendo presencia sobre el territorio, establecer las vías y los múltiples medios de comunicación y de transporte necesarios para su integración con los diferentes centros de poder, creando una verdadera red de nodos grandes y pequeños que permitan, soporten y reflejen la actividad de los humanos.

Bajo esta perspectiva, existen indicadores que nos dejan a la vera del camino y nos ubican como subdesarrollados: el primero, kilómetros carretera por habitante y el segundo, kilómetros de ferrocarriles por habitante.

No nos referiremos al tema de las carreteras, pues entonces aparecerán los justificadores de turno que nos recordarán que tenemos un territorio muy quebrado al cual ingresa una Cordillera, la de los Andes, que se trifurca en el llamado Gran Macizo Colombiano al Sur del país.

Retomando aquel principio de que datos matan relatos y justificaciones, veamos lo siguiente:

Mientras nosotros nos mantenemos peleando entre nosotros desde los albores de la Independencia, en Estados Unidos, por ejemplo, se construyó el primer ferrocarril en 1827. Para 1840 ya existían 4.300 kilómetros de líneas férreas, para 1860 48.000 kilómetros de líneas y para 1870 se llegaría a 120.000 kilómetros de vías. Hoy Estados Unidos tiene una red férrea de 295.000 kilómetros. 

Para el caso de Inglaterra, para 1840 tenía 2.140 kilómetros de líneas férreas, pasando en 1850 a 10.655 kilómetros y hoy a 15.850 kilómetros de líneas férreas.

Para Francia, los datos son los siguientes: Para 1850 tenían 3.200 kilómetros de líneas férreas, pasando en 1870 a 22.500 kilómetros y llegando al hoy a 29.275 kilómetros.

Algunos dicen que la pobreza y el subdesarrollo son asuntos culturales, con lo cual estoy en mucho de acuerdo.

Hay que pensar en grande, no temerle a nada, ser ambiciosos y prudentes al mismo tiempo y tener disciplina y una férrea voluntad para hacer que las ideas se conviertan en proyectos y estos en obras de utilidad para todos.

En 1840, mientras nosotros peleábamos entre nosotros y rezábamos, el canadiense Samuel Cunard navegó su primer Barco de Vapor –el Britannia–, de Liverpool a Nueva Escocia, siendo este el primer viaje transatlántico en 12 días.

En 1851 se instaló una línea telegráfica submarina entre Gran Bretaña y Francia y en 1858 se dispuso un cable telefónico a través del Atlántico entre Estados Unidos y Gran Bretaña con una longitud de 3.200 kilómetros.

Para 1865 un mensaje entre Londres y Bombay tardaba 35 minutos.

Y así seguiría una innumerable cantidad de ejemplos que nos dejan ver como lo que somos: un pais subdesarrollado de mente pequeña y voluntad de pajarito enfermo, con una clase dirigente de baja categoría.

Ante el nuevo invierno, se volvió a desbordar La Mojana, y pronto habrá catástrofes alrededor del Canal del Dique, y todo seguirá pasando para que no pase nada.

Llegan las carreteras 4G con 60 años de atraso o más.

Teníamos mejores ferrocarriles y navegación por el Río Magdalena hace 70 años.

Como expone Juan Camilo Rincón en su libro “Ser colombiano es un acto de fe”. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia.

En verdad, razón tiene Borges…

Por su parte García Márquez sostenía que: “Colombia, sobre muchos otros países, tiene una ventaja: si tú le quitas lo malo queda un gran país. A la inmensa mayoría de los países de este mundo tú le quitas lo malo y no queda nada”.

De igual manera decía que: “En Colombia, en una semana puede pasar de todo, pero si te vas diez años, todo sigue igual".

Premonitoria y cruda la caricatura de Mil publicada en El Tiempo del 6 de mayo donde expresa: “En caso de una eventual desmovilización del frente 33 de las disidencias… ¿Podrían aparecer unas disidencias de las disidencias?”

martes, 18 de abril de 2023

De cara al porvenir: pobreza de espíritu

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Uno de los pasajes más bellos del Evangelio que ha sido catalogado como la máxima expresión de la caridad por parte de Jesús, es el conocido como el “Sermón de la montaña”, donde se exponen lo que hoy conocemos como “Las bienaventuranzas”, de acuerdo con Mateo (5, 3-12), y que aquí recordamos:

Las bienaventuranzas:

* Primera bienaventuranza
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

* Segunda bienaventuranza
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

* Tercera bienaventuranza
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

* Cuarta bienaventuranza
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

* Quinta bienaventuranza
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

* Sexta bienaventuranza
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

* Séptima bienaventuranza
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

* Octava bienaventuranza
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

* Novena bienaventuranza
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

Es claro que la mansedumbre es un atributo especial, y que la pobreza de espíritu pues lleva a inclinarnos a pensar en los débiles de carácter y de criterio.

Sin embargo, estas bienaventuranzas deben servirnos para distinguir entre los comportamientos individuales y entre los comportamientos exigidos en el mundo organizacional. Otra mirada da la posibilidad también de mirarlas como marco de comportamiento ético, y por qué no, del nivel de exigencia que se debe tener en las organizaciones para sacar adelante los objetivos que nos han de beneficiar a todos.

Criterio, carácter, firmeza, tenacidad, pilas, perrenque, decisión, determinación resolución, impulso, energía, dinamismo, imaginación, creatividad, iniciativa, liderazgo, berraquera, enjundia, entusiasmo, riesgo, mando, gestor y gerente, son algunos conceptos que hoy se requieren con urgencia como parte de los atributos que deben poseer los directivos de turno de cualquier tipo de organización para pretender salir adelante de todas las crisis que en simultáneo se nos están presentando a lo largo y ancho del planeta.

Globalización, productividad, competitividad, son realidades planetarias que debemos entender y comprender para poder actuar con alguna posibilidad de supervivencia.

Cada organización tiene su ritmo y es obligación de sus integrantes acompasar dicho ritmo. Ya sostenía Mao que “la velocidad de un ejército de infantería está condicionada por la velocidad del soldado más lento”, lo cual no puede colocar en riesgo al conjunto.

A nivel latinoamericano, la lentitud en el pensar y en el hacer nos ha sentenciado hasta el momento, a tener un nivel de desarrollo inferior al de otras comunidades a pesar de las grandes riquezas de todo tipo que poseemos.

Lo describe muy bien el autor guatemalteco Cardoza y Aragón cuando podía burlarse de su ciudad natal, Antigua, diciendo que allí la gente no había nacido de un orgasmo sino de un bostezo”.

Flaco favor hacen a las organizaciones las personas que no tienen la velocidad que se requiere y que muchas veces los sentencian como ineficientes, lerdos o perezosos.

El ritmo actual del planeta es “ya, “now” dirán los anglosajones, quienes hoy marcan la pauta planetaria.

La tecnología impone nuevos ritmos y velocidades y es muy común que decisiones y acciones que deben ser inmediatas vean pasar los días, las semanas, o aún los meses sin que quienes tienen que liderarlas y empujarlas, siquiera se inmuten, acompañado lo anterior por un pésimo o inexistente sistema metódico de seguimiento.

No por ostentar un cargo con denominación de presidente, gerente, director, rector, general, entre otros tantos, se puede asumir que el comportamiento sea como tal.

A ratos los nombres de los cargos les quedan grandes a las personas que los ostentan y que se refugian en su mediocridad para sobrevivir, pasando de agache, tratando de quedar bien con todo el mundo, sin asumir retos y responsabilidades directas y obviamente, sin meter goles.

Una cosa es la pobreza de espíritu asociada a la debilidad y otra es la pobreza de espíritu propia de los seres apocados o perezosos.

Nota: cualquier reforma que deje abierta la puerta para que el ciudadano, para poder ejercer y acceder a sus derechos, tenga que acudir a las distintas figuras y procedimientos que ofrece la justicia, como los derechos de petición y la tutela, debe ser desestimada de tajo por simple respeto al ciudadano.

No podemos caer en la trampa de que uno de los pasos para sacar adelante un reconocimiento a un derecho tenga que incorporar, por ejemplo, una tutela. ¡No hay derecho!

martes, 20 de octubre de 2020

De cara al povernir: palo porque sí, palo porque no

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Pareciera que la insatisfacción permanente es condición de nuestra especie, pero quiero concentrarme en lo que pasa en nuestro querido país, donde para darle gusto a la gente, definitivamente no se puede hacer nada. Si haces, te critican. Si no haces, también.

Al pobre presidente Duque, textualmente hablando, se “le apareció la Virgen” con esta pandemia y gracias a ella ha logrado al menos detener el deterioro creciente de su imagen debido al manejo mediático que le ha dado el asunto, del cual ninguno se eximiría ante la opinión pública por cuenta de algunas de las decisiones tomadas. Que nos tenemos que encerrar para salvaguardar la vida. Que tenemos que salir a reconstruir la economía. Que hay que evitar el contagio de las personas mayores. Que hay que exigir que no se discrimine a las personas mayores. Que tenemos que dar subsidios como salvavidas ante la pérdida de empleos. Que se nos dispararon los índices de endeudamiento. Que nos tenemos que lavar las manos permanentemente. Que aumentó el consumo de agua.

Ahora ni las FARC en sus procedimientos ante la JEP, se salvan de la inconsecuencia de los colombianos. Malo porque dicen la verdad. Malo porque no dicen la verdad. Malo porque dicen la verdad a medias. Malo porque dicen mentiras a medias. Malo porque niegan el reclutamiento de menores ante la percepción generalizada de que lo hacían. Malo que reconozcan haber participado en asesinatos como el de Álvaro Gómez Hurtado, porque se quiere culpar a otros. Malo que hayan asesinado a muchos colombianos. Malo que hoy los estén asesinando a ellos.

El día a día empresarial tampoco se escapa de la dicotomía: malo porque hay poca información disponible. Malo porque hay mucha información disponible. Malo porque hay muchos viejos resabiados. Malo porque hay muchos jóvenes inexpertos. Malo porque hay pocas ventas. Malo porque hay mucho servicio post venta. Malo porque decaen las exportaciones. Malo porque aumentan las importaciones. Malo porque sube el precio del dólar. Malo porque baja el precio del dólar. Malo porque llueve. Malo porque escampa. Malo porque hace calor. Malo porque hace frio. Malo porque se hacen reformas tributarias, malo porque no se hacen reformas tributarias.

Como dice el dicho, “no hay cómo cogerlos”. Cualquier cosa que se diga o se haga solo será utilizado como argumento en su contra.

Eso sí, la enorme capacidad de crítica es inversamente proporcional a la poca capacidad para proponer y para aportar.

La indolencia y la mediocridad son para mí, los dos calificativos que mejor expresan la realidad del conglomerado de la sociedad colombiana.

Eso de que “palos porque bogas, y palos porque no bogas”, ha sido asumido por muchos dirigentes para pasar de agache, para referirse a la realidad empleando solamente lugares comunes, o para decir lo políticamente correcto, aun cuando en su gestión no pase absolutamente nada. La gerencia implica resolver problemas, no aprender a coexistir con los problemas… Bueno, al menos eso dice la teoría.

Como lo canta Aterciopelados, “Malo si sí, malo si no”.

viernes, 14 de febrero de 2020

Mediocres peligrosos


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Cada vez me convenzo más de que haber obtenido un título universitario de pregrado y aún de postgrado no garantiza necesariamente que el sujeto sea realmente idóneo como profesional. Podrá tener el cartón, podrá tener tarjeta o carnet que lo acrediten como tal, podrá haberse graduado en una de las mejores universidades del país, podrá ser muy simpático y contar con excelentes relaciones y contactos, pero eso no lo hará ni competente, ni excelente.

Imbuido en las lides de dirección de entidades y gremios, he podido comprender porqué a profesionales de una misma universidad y promoción, a unos les va súper bien y son exitosos y a otros les va regulimbis y no llegan muy lejos. No es tampoco solo cuestión de resultados académicos, llamémoslos altas calificaciones, sino de verdadero carisma y vocación para apasionarse por lo suyo y gozarse lo que hacen.

Hay de todo, entonces:

* Profesionales con más cartones que un tugurio, que no sirven para nada. A algunos los agobia el prurito de la titulitis y se la pasan media vida en ese plan, pero después uno no ve que les haya servido más allá de satisfacer su ego, porque no se observa la reciprocidad o compensación entre lo invertido y lo que producen luego. En el gremio de los educadores más de una vez quedé boquiabierto con profesores con maestrías, especializaciones y diplomados, pero que en el aula no veía uno su impacto positivo en la población estudiantil. Sacaban los títulos para ascender en el escalafón y ganar mejor salario, pero no porque les interesara transferir realmente su conocimiento y mejorar la calidad educativa de este país.

* Profesionales muy estudiados, egresados de las mejores universidades, con un currículo sorprendente, pero muy regulares en su desempeño laboral. Me atrevo a pensar que lograron pasar raspando las materias, esos que nunca llegaron a un cuatro (4): mediocres. Y hay profesiones donde no se puede ser mediocre. O se sabe y se sabe bien o no se sabe. El maestro Salustiano diría para consolarse que “media vara no es desplome” pero su axioma le salió por la culata al ingeniero: ¡si hubo desplome! O lo que pasó con el edificio Space o el puente de Chirajara, ¿qué fue?

* Profesionales estancados que se quedaron con sus conocimientos básicos y nunca se actualizaron o siguieron estudiando. Esos nunca supieron que el conocimiento tiene un crecimiento exponencial. Esta semana me pasó con dos abogados: uno, ¡citando en 2020 una ley obsoleta que la Corte Constitucional tumbó en 1994! Otro, citando un código civil que ya no existe porque fue reemplazado por el código general del proceso. O como el cura que se quedó con su teología tridentina y nunca supo que fue eso del Concilio Vaticano II, de seguro sigue predicando sobre la culebra que habla en el paraíso y no le preocupan los problemas de esta humanidad agobiada y doliente.

La cuestión no es de títulos, esa falsa ilusión que subyuga a los academicistas (que no académicos). La cuestión es de vocación, carisma y pasión. Claro, las dos. Porque se necesitan mutuamente. Porque uno podrá ser un médico muy fru-fru pero si para tomar la tensión al paciente le da pereza y también bosteza para recetar un acetaminofen, estamos llevados. O si le encanta la medicina, goza buscando dar vida y salud, pero es un tegua sin mayor preparación, ¡pobres pacientes!

Anda suelto mucho profesional mediocre. Resultan ser bastante peligrositos. Como la enfermera distraída que le dio la medicina equivocada al paciente y lo mató; o el cirujano que no era plástico y dejó desangrar a su reinita de belleza; o el arquitecto chambón con acabados de cuarta categoría; o el funcionario público que se la pasa chateando en vez de atender la larga fila; o el contador que se le fue un cero de más y trastornó los estados financieros de la empresa. Lamentablemente en nuestro país hay mucho profesional mediocre, con el título, pero sin pasión y carisma o con el título, pero sin buenas y serias bases académicas. Son un peligro. ¡Cuidado!

viernes, 18 de octubre de 2019

Actitudes que ofuscan


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Se va volviendo uno viejo y aunque pasan los años uno no acaba de conocerse. En la compleja realidad del auto concepto, el conocerse a sí mismo o auto conocimiento no sólo es la primera sino la principal tarea. Al fin y al cabo, es la base para lo que luego viene: auto aceptación, auto estima, etc.

En estos días conversaba con alguien tranquilamente y de pronto, de un momento a otro, exploté. Yo mismo fui el primer sorprendido: ¿cómo podría, en tan solo un segundo, pasar de la paz y la sofrosine a la ofuscación y la ira? Caí en cuenta, casi que inmediatamente, que me enardecen ciertas actitudes en los demás. Atención: dije actitudes, no actos. Son dos cosas diferentes: el acto es puntual, sincrónico. La actitud es reiterativa en el tiempo, diacrónica.

No somos perfectos, es verdad. Y yo, el primero, en reconocer que adolecemos de muchas limitaciones y habilidades. El asunto es poseer, como diría San Ignacio, la actitud al menos de “deseos de tener deseos”, es decir, tener ganas de querer mejorar. Porque, precisamente, como no somos perfectos, que al menos tengamos ganas de ir mejorando poco a poco, esto es, ganas de ser mejores, ganas de trascender. Por eso mismo, acepto con paz que cualquiera, en acto, se puede equivocar, una, dos, tres… pero ¿seguir equivocándose permanentemente? No. Esa sería, a mi modo de ver, una actitud estúpida. Porque a un gato, a un perro, lo regañan y castigan por algo malo que hizo y no lo vuelve hacer. Será conductismo, pero funciona. En cambio, el ser humano, con su enorme libertad, deliberadamente recurre en el error. Eso me parece del todo absurdo.

Entonces, me propuse elaborar el listado de actitudes que me ofuscan, que me sacan de casillas. Por mostrarme auténtico en reaccionar frente a ellas, he ganado y he perdido puntos. Gano en ser yo mismo, sin fingimientos. Pierdo dizque en madurez, porque uno debe ser políticamente correcto, o sea, fingir paz y tranquilidad, así esté que se explote. Prefiero la primera y por eso no me dan migrañas, ni úlceras, ni somatizaciones. Veamos esas actitudes que ofuscan:

Mentira: porque valoro su opuesto, esto es, la verdad. Es una realidad engañosa que conduce al error, la equivocación y a tomar malas decisiones. Hace perder credibilidad y confianza. Las cosas como son. La verdad es la realidad de las cosas, ni más ni menos.

Hipocresía: porque valoro la transparencia. Nada más peligroso que alguien que te sonríe por delante y por detrás te clava el puñal. Con razón Jesús de Nazaret los trató de sepulcros blanqueados (por fuera relucientes, pero por dentro solo carroña pútrida).

Obsecuencia: porque valoro la dignidad. Me chocan los genuflexos y arrodillados, los lambones aduladores, los áulicos y turiferarios, que endulzan el oído a sus superiores, trepadores incapaces de afrontar verdades que, con tal de quedar muy bien, buscan ganar ascensos y prebendas.

Mediocridad: porque valoro la búsqueda de la calidad y la excelencia. Las cosas hechas a medias no duran y hay quienes se contentan con poco. Me gusta la superación y la trascendencia, aspirar alto, soñar en grande, llegar lejos, hacer las cosas bien hechas, eso que Ignacio de Loyola llama el “magis”.

Pereza: porque valoro la presteza y la diligencia. Los vagos, los recostados, los que esperan que otros les hagan las cosas, los arrimados y vividores que no mueven un dedo, pero pretenden usufructuar todo. Nada como la gente pila, echada pa’lante, los que dicen y hacen.

Indecisión: porque valoro el coraje, la tenacidad y la firmeza. Me fastidian los “veletas” que cambian de posición según corra el viento. Seres sin criterio ni carácter que hoy dicen una cosa y al rato dicen otra para adaptarse ante el interlocutor.

Terquedad: porque valoro la apertura y la flexibilidad. La cerrazón mental y el no querer ver las cosas desde otra perspectiva, me parece configura una actitud errónea. Es verdad que uno debe defender sus posiciones, pero es verdad también que nadie tiene la verdad completa. El mundo no es solo blanco y negro, es un variopinto multicolor con cientos de tonalidades. Admiro la mente abierta.

Orgullo y soberbia: porque valoro la humildad. Si Jesucristo siendo Dios, no hizo alarde de su condición, sino que se abajó y acogió a todos sin acepción de personas, dado que, finalmente, todos somos iguales, ¿cuál es la razón entonces para creerse más que los demás? He conocido personas muy “importantes” y a la par, absolutamente sencillas, asequibles, de “lavar y planchar”.

martes, 16 de abril de 2019

De cara al porvenir: metamorfosis


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Resulta por lo menos curioso, confrontar las actitudes y posiciones de ciertas personas cuando ocupan un cargo, y luego cuando lo dejan.

Les insisto a mis alumnos que es la persona, el ciudadano, el profesional, quien debe darle brillo al cargo y no al contrario.

Cualquier cargo o posición es temporal y por lo tanto su nivel de poder e influencia, efímeros.

Comportamientos soberbios mientras se ocupa el cargo y opaca, inocua e intrascendente existencia, medrando los círculos de poder, para poder aspirar a nuevos aires, cuando no los ocupan, es propio de los mediocres.

Varios expresidentes hablan duro, con fuerza y razones para legalizar la droga y critican abiertamente la ineficaz política antidrogas impulsada por los Estados Unidos desde hace algunos decenios, mientras que cuando ocupaban el alto cargo, mantenían posturas sumisas y genuflexas alrededor del tema, eso sí, con rodilleras nuevas para cuando se tenían que reunir con su homólogo del norte.

Pareciera que todos los exministros se vuelven inteligentes cuando abandonan el cargo, mientras la mayoría desarrollaban ejecutorias mediocres mientras lo ocupaban.

Ni qué decir de los políticos que en su ocaso quieren fungir y aparecer como patriarcas, olvidando o haciendo olvidar que en su lejana juventud se abrían paso oficiando como “tirapiedras”.

Simpáticos los exempresarios o exaltos ejecutivos que predican lo poco necesario que es tener algunas comodidades como oficina y baño privado, secretaria y conductor, cosa que no reconocían cuando disfrutaban de las mieles de sus altos puestos.

Extraño el divorciado (a) que le reconoce puntos favorables a su expareja.

Dichosas las novias que todas se ven bonitas y los fallecidos que en la mayoría de los casos eran unos prohombres, haciendo caso al dicho de que “No hay novia fea ni muerto malo”.

Humildad y sencillez no son sinónimos, pero si son posturas y comportamientos necesarios dentro de una relación respetuosa entre los distintos grupos de humanos. Equidad, justicia, respeto, son atributos necesarios para realizar una convivencia civilizada. La promoción de estos valores es responsabilidad de la casa como primera escuela, y de la escuela como segunda casa.

No es necesario ser débil ni complaciente para poder ejercer la autoridad. Las decisiones deben ser tomadas dentro de la lógica y la racionalidad propias de los seres inteligentes. Cualquier toma de decisión toca intereses de algún tipo y para algunos grupos específicos. Sin embargo, la decisión debe ser tomada. Nadie tendría por qué recordar a los subalternos que él es quien manda. Postura mediocre que demuestra inseguridad y falta de altura con respecto a las relaciones entre humanos.

Insistimos en la conveniencia de dotar a Medellín de un adecuado centro de espectáculos, de un autódromo que cumpla con las especificaciones de la Fórmula 1 y de un velódromo cubierto. De igual manera, darle continuidad al esfuerzo de intervención de las aceras y los separadores de toda la ciudad.