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viernes, 31 de julio de 2026

El peregrino de fiesta

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, es decir, los jesuitas estamos de celebración especial y lo vamos a hacer esta vez encontrándonos para acompañar a dos hermanos que serán ordenados presbíteros.

No se ama lo que no se conoce, decimos. Como jesuita, en la medida que he ido conociendo a mi padre fundador, lo admiro más, lo quiero más. Y la razón es muy sencilla: me fascina de su personalidad, la de un ser humano común y corriente que creció, maduró, evolucionó todo el tiempo, como él mismo se definió en la autobiografía: “hombre de grandes deseos”, asunto que irá demostrando en el cambio de la búsqueda de sí mismo a la búsqueda de la “mayor gloria de Dios”. 

El magis (más) es un superlativo y también toda una dinámica. El bien, entre más universal, más divino. Ir allí donde haya mayor necesidad, por ejemplo.  Es no contentarse con lo básico, lo mediocre.  Para grandes cosas nos ha creado Dios, de modo que la respuesta no puede ser mezquina, apocada.  Por eso, muchos hermanos que me han precedido desde hace casi cinco siglos han sido realmente unos colosos apostólicos:  Francisco Javier, Mateo Ricci, Roberto de Nóbili, Theilhard de Chardin, Karl Rahner, Tony de Mello, Pedro Arrupe, Francisco, por citar algunos… la lista es larga y motivo de sano orgullo de familia.   

Ignacio nunca se estancó, siempre estuvo en movimiento. Se autodenomina también “el peregrino”; su advocación: la Señora del Camino; su historia: un permanente discurrir por diversas latitudes; su dinámica existencial “buscar y hallar la voluntad de Dios” a través del discernimiento espiritual; su escuela: los Ejercicios Espirituales.

He podido seguir algunas de las etapas de su vida más impactantes: por supuesto, Loyola: la solariega casa en Azpeitia, su niñez, su juventud, su familia numerosa;  Madrid: donde las seducciones de la vana gloria lo animaban a grandes conquistas humanas, las del servicio a la Corte y el galanteo a la hija del Emperador; Barcelona: donde sienta cabeza, reflexiona, se deja ayudar, ve la importancia de prepararse bien, ora, discierne; Roma: donde ejerce su gobierno como General y se dedica a pensar estratégicamente la Orden fundada, escribe las constituciones y lidera la naciente empresa apostólica hasta el final de sus días.  Me falta París: no he estado en esos sitios claves donde se formó académicamente, donde conoció a los amigos claves para fundar la Compañía, donde se emitieron los votos… Lo cierto es que por donde estuvo dejó huellas, dejó amigos y también detractores. No podía pasar desapercibido alguien auténtico, único, irrepetible. Un “loco por Cristo” (otra de sus definiciones), visionario, emprendedor, apasionado, cerebral y a la vez pletórico de afectos que debió ordenar.

Felicitaciones mi carismático padre Iñigo, Ignacio, Nacho. Nos inspiras, nos alientas, tu espiritualidad está más fresca y lozana que nunca. Te dejaste permear, invadir, transformar, por la Divinidad y con ello nos has evidenciado que cuando eso sucede, alrededor nuestro suceden grandes cosas. Quiero, aunque sea modestamente, seguir esos pasos como peregrino. Y tú que ahora me lees, ayúdame a que eso sea posible. ¡Así sea!

viernes, 15 de agosto de 2025

En Manizales hay un colegio...

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

De visita en Manizales, la ciudad de las puertas abiertas, estuve en el colegio San Luis Gonzaga, el último de los grandes colegios en ciudades capitales, fundado por los jesuitas en 1954, a pesar de que desde comienzos del siglo pasado ya habían hecho presencia con residencia y templo.

Vi la galería de rectores y creo que ya estoy mayorcito porque los conocí prácticamente a todos: desde Roberto Martínez, el primero, hasta Aurelio Castañeda, el actual. Y paseando por sus enormes instalaciones que honran muy bien la falduda por no decir quebrada tierra caldense, porque hay que subir y bajar y volver a subir para volver a bajar, fui haciendo homenaje a esa docena de hombres que a su paso dejaron huella… esta capilla la hizo Jaime Salazar, el coliseo lo construyó Horacio Botero, fue Luis Carlos Herrera quien hizo el preuniversitario, y así… cada rincón, cada edificio, expresa el celo jesuítico de cada uno de ellos por buscar siempre lo mejor para las familias y sus estudiantes.

La emoción me embarga porque la última vez que vine, buena parte de su edificio central estaba vacío y lúgubre, y el resto de las instalaciones, aunque bien conservadas parecían condenadas a desparecer. Habían dado acogida a 1700 alumnos y en aquel momento 700 descendiendo, entre otras cosas porque la tasa de natalidad en la capital de Caldas en cuestión de 30 años bajó de tener 6.5 hijos promedio por familia a menos de uno hoy día. Sin embargo, hoy tiene más de mil estudiantes que ayer regresaron a formarse con una alegría similar a la de un carnaval.

Mas este colegio, en sus 70 años de historia, ha luchado por supervivir y lo ha logrado cuando ya estaba en los estertores finales. De hecho, a finales de los 70, un ejercicio de planeación lo había condenado al cierre, pero el rector que vino a cumplir la tarea concitó a los padres de familia y la institución pudo recuperarse y salir adelante. Y ahora, cuando la espada de Damocles está sobre las testas de cientos de colegios privados en todo el país, este coloso, ha logrado lo imposible: su planta física lejos de abandonarse se renueva y embellece: la horrorosa explanada de arena que dizque era la cancha de fútbol, ahora está vestida de verde sintético, con pista de atletismo, graderías y el balcón de una modernizada cafetería; su coliseo de rústicas y frías escalinatas de cemento para sentarse cuenta con cómodas sillas individuales como en los mejores escenarios deportivos. El alegre colorido de la pintura de sus edificios los hace ver jóvenes. Hay obras por todo lado y la positiva energía habla de que está más vivo que nunca.

Pero no es lo arquitectónico lo único que cautiva, la innovación pedagógica se ha hecho presente. La oferta educativa abarca desde el año y medio que tienen los caminadores hasta los que se aprestan a entrar en la universidad. El humanismo es la vocación basal y el bilingüismo la opción por convicción. La auténtica formación integral permea todo el currículo, de modo que cualquier manizaleño que quiera crecer armónicamente en todas sus dimensiones: espiritual, cognitiva, afectiva, sociopolítica, estética, corporal, etcétera, encuentra allí espacios para lograrlo. Me consta, por ejemplo, que cuentan con una banda musical preciosa que nos ha deleitado con conciertos de lujo. Y los resultados del Icfes lo ubican como el primer colegio de Calendario B tanto en la ciudad, como el departamento y en el ámbito nacional, entre los colegios que tiene la Compañía de Jesús. Lo administrativo-financiero se ha organizado al detalle. Por donde se le mire, el colegio está en el top de sus pares y todo gracias a un rector líder que cuenta con un equipo cualificado de profesionales de la educación que creen y aman con pasión lo que hacen.

Hay un colegio en Manizales que tiene mucho qué ofrecerle a la calidad educativa de nuestro país y se llama San Luis Gonzaga. ¡Congratulaciones!

viernes, 21 de junio de 2024

Mi hermano mayor

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

No tuve hermanos de sangre, pero para compensar ser el único hijo de la familia, ahora tengo 194 y Toño con sus 103 años es el mayor. Lo he venido a visitar a Medellín junto con los otros que viven en nuestra Casa Pedro Arrupe. Se trata de una visita que debo hacer debido a mi oficio, pero también es una de las más esperadas y gratas de cuantas debo hacer cada dos años.

Los jesuitas tenemos dos casas de adultos mayores. La otra queda en Bogotá. Ambas albergan a esos hombres que en su momento dieron lo mejor de ellos mismos colaborando en la misión de Cristo. Impacta ver a los otrora referentes, formadores, titanes apostólicos, mentes lúcidas, eximios académicos, celosos pastores, ahora limitados, disminuidos, venidos a menos físicamente. Si no fuera por la paz interior que traslucen, alegres sonrisas y efusivos abrazos, esta experiencia sería muy dura. Pero no. No lo es. Se respira en el ambiente la conciencia de la misión cumplida, la tarea realizada.

La casa es acogedora y el personal que los acompaña para que estén bien no puede ser más idóneo en lo profesional y más afectuoso en lo humano. A algunos de mis compañeros les aterraba la sola idea de tener que terminar sus días aquí, pero ahora no. Incluso algunos piden venir a vivir. No puede ser de otra manera en una comunidad que ora por la Iglesia y la Compañía, y donde no hay tiempo para aburrirse porque si no es la eucaristía o los actos religiosos comunitarios, es la conversación fraterna, la lectura compartida de un libro, una buena película o programa de televisión o una serie de actividades lúdicas como yoga, ejercicios físicos, karaoke e incluso baile. Juegos de mesa, paseos o salidas a tomar el algo, como decimos en Antioquia a las onces de la tarde.

Y allí, en medio de todos ellos, nuestro Toño Silva. El mismísimo que se atrevió a desafiar las reglas ortográficas de nuestra preciada lengua castellana, el escritor de poemas y cuentos para niños, el que nos distraía con su bompivaro, carruseles y juegos. El autor de “Te contaré” una picante y humorística columna donde le escribía al Provincial una carta pública para exponer sin pelos en la lengua, sin ofender, sus pareceres sobre los jesuitas. No le pasan los años y lo único que lo afecta es la sordera que logra manejar con un buen audífono. Solo toma una aspirina diaria como pretexto para tener una medicina que tomar. Es un niño grande y picarón que de tiempo atrás se declara cibernauta, pues efectivamente navega en internet y mantiene contacto vía mail con muchos de nosotros. De hecho, hace poco, respecto de un video que sobre la educación jesuita se publicó, me hizo interesantes preguntas. Está lúcido y yo creo que más de uno de nosotros, si quisiera llegar a viejo o vivir tanto, quisiera hacerlo como Toño, mi hermano mayor, un viejo que nunca dejó de ser niño, un hombre fascinante por su claridad mental, por su simpatía, don de gentes y grata conversación. Un hermano que quiero de corazón. 

viernes, 19 de abril de 2024

Saludos desde Honduras

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

En Colombia poco, casi nada, sabemos de Centroamérica. Es una región prácticamente desconocida. Cuando miramos hacia el norte lo hacemos de México hacia arriba, a lo sumo Panamá y si acaso Costa Rica. De modo que de los otros países a duras penas las noticias: que el dictador Ortega en Nicaragua, que Bukele en El Salvador, que el ron Zacapa de Guatemala es muy bueno, pero de Honduras o Belice, la Honduras Británica, como se le llamaba, pocón, pocón.

Pues yo mismo no había tenido pretexto alguno para venir por estos lares. Excepto en Costa Rica y Nicaragua, ya había estado en los otros países y siempre resulté sorprendido. Uno tiene a veces imaginarios reducidos o apocados de estas naciones y resulta que como en todas partes hay gente bella y acogedora, ancestros indígenas, pueblos de mucha religiosidad popular, artesanos y artistas de variado colorido, también desarrollo y progresos evidentes y claro, como en toda Latinoamérica, una similitud muy grande en muchas cosas, la mayoría de las cosas con lastres problemáticos: abismos sociales, inequidad y pobreza por doquier, politiquería, corrupción…

Por las horas de llegada y salida en el moderno aeropuerto de Palmerola, no hubo manera de disfrutar mucho el entorno. El viaje de más de dos horas hasta el lugar de reunión me dejó entre extenuado y medio muerto. Vine a una reunión continental de la CLAR, Confederación Latinoamericana de Religiosos, una entidad presidida por la joven, bella e inteligente hermana Liliana Franco, colombiana, religiosa de la Orden de Nuestra Señora o Compañía de María, las mismas que dirigen los tradicionales colegios de La Enseñanza, quien además es de las pocas mujeres que participan en el Sínodo con voz y voto.

En la reunión somos 60 personas de 22 conferencias de religiosos. No pudieron estar de Haití y Nicaragua (ya podemos deducir por qué). Dentro del grupo estamos cuatro jesuitas: dos que son provinciales presidentes de Perú y Colombia, un teólogo chileno que funge como tal en el equipo asesor de presidencia y el suscrito como miembro del Consejo Económico. Hombres y mujeres, maduros y jóvenes, con hábitos o sin ellos, muy distintos todos, representan los 150 mil religiosos sacerdotes, hermanos o religiosas que hay en Latinoamérica. También está el obispo secretario general del CELAM y por supuesto que un grupo valioso de laicos en tareas de apoyo.

A pesar del avejentamiento de las comunidades religiosas, la escasez de vocaciones y un cúmulo de problemas que se presentan en cada país, llama muchísimo la atención la alegría, el dinamismo entusiasta, la esperanza puesta en Dios, la fe celebrada con fidelidad creativa y la mística que se le pone a la causa. Se respira fraternidad, se expresa con facilidad el afecto, admira el compromiso con las misiones apostólicas tan plurales que tenemos en la Iglesia y la formación recibida puesta al servicio de las tareas entre manos.

Regreso a Colombia sin conocer mucho de este pequeño país de no más de 10 millones de habitantes. No podía quedarme más tiempo. Eso sí, he disfrutado su gastronomía con tortillas y frijoles, sus paisajes secos golpeados por el fenómeno del niño, hasta la visita de un pequeño zorro que vino a ver cómo estaba y lo más interesante: la sencillez y el calor humano de sus gentes. ¡Saludos desde Honduras!

viernes, 19 de febrero de 2021

Arrupe inolvidable

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

En 1981, al volver de su último viaje a las Filipinas, en el aeropuerto de Fiumicino, en Roma, el Superior General de los Jesuitas sufrió una trombosis que lo postró en cama por 10 años hasta su muerte, el 5 de febrero de 1991. Hoy, 30 años después y en homenaje suyo, escribo estas líneas.

Como dirían los antiguos historiadores “corría el año de Gracia del Señor” de 1977 y mi “traga” por la Compañía de Jesús estaba en su pleno apogeo. Era un estudiante de San Bartolomé, cuando por los medios de comunicación me enteré de que nos visitaría el Papa Negro, así denominado el General de los jesuitas, el vasco y muy parecido físicamente a su fundador, Pedro Arrupe Gondra.

Para mi decepción, ese 16 de agosto, nos dieron tarde libre, de manera que por mis propios medios decidí irme a casa, ponerme los mejores chiros que tenía y volverme al colegio. Mi objetivo era conocer de cerca a tan famoso personaje y, quizás, si tuviera suerte, saludarlo personalmente. El corazón se agitó cuando lo vi llegar por la plazoleta, caminando junto a Gerardo Arango, el entonces provincial. Venían a buen paso, parece sobre el tiempo, de manera que no hubo tiempo de nada. Lo vi pasar raudo por las escaleras, hacia la sala de comunidad donde se reuniría con los jesuitas de las dos comunidades que había en el edificio, la del Mayor y el Centro Loyola.

No conforme con tan fugaz encuentro, en el que me impactó su menuda figura y su sencillez al saludar y sonreír con quienes se topó a su paso, decidí quedarme a la misa de Últimos Votos que presidiría esa noche en nuestra colonial iglesia de San Ignacio. Aproveché el tiempo intermedio para cranear qué hacer para tenerlo más de cerca. Con mis amigos Alirio Aguiar (hoy jesuita Hermano) y los acólitos Jairo y Francisco Martínez (hoy director de la DTI en la Javeriana), nos levantamos tres grabadoras. Jesús Sanín, el Rector de la Iglesia sería nuestro cómplice y el pretexto sería abordarlo a propósito del Apostolado de la Oración, obra de la que el General era su director mundial, Sanín el nacional y el suscrito coordinador de AJUO, la sección juvenil criolla, de lo que luego se llamó MEJ.

Llegada la hora bonita, al finalizar la eucaristía, observé que mientras se quitaba los ornamentos, Arrupe quedó sólo. Entendí que era mi oportunidad y sin temor alguno me le acerqué y le dije: Paternidad, somos del Apostolado Juvenil de la Oración, ¿podría usted regalarnos una entrevista? Y para mi sorpresa, accedió con gusto, me tomó por el brazo y en la antesacristía nos ofreció unos consejos. Estábamos tan deslumbrados que cuando quisimos oír la grabación de sus palabras, encontramos que ninguna de las tres grabadoras estaba bien: una tenía mal colocadas las pilas, la otra estaba sin volumen y en la tercera en vez de hundir simultáneamente las teclas play y récord, solo lo hicimos con la primera, de modo que la cinta del casette corrió, pero no grabó. ¡Qué fiasco! Una ocasión única: perdida.

Mi osadía no tuvo límite, abatido pero no vencido, noté que Arrupe dialogaba con algunos jesuitas. Me fui acercando, de modo que cuando hubo un espacio, le dije la verdad y para mi total sorpresa accedió nuevamente, volvimos al sitio, esperó que los aparatos estuviesen a punto y nos dijo estas palabras que he grabado en mi memoria, una por una: “Ahora que sois jóvenes y perteneceis a esta asociación del Apostolado Juvenil, debéis tener en cuenta que vais a ser mucho más perfectamente apóstoles cuando hayáis crecido y desarrollado más porque, naturalmente, cuando tengáis más conocimiento de Dios, más conocimiento de la vida, ciertamente podreis desarrollar el apostolado mucho mejor. Pero para eso se necesita prepararse y para prepararse, una condición necesaria, para ser apóstoles, es ir como iban antiguamente los discípulos del Señor a decirle: Señor, enséñanos a orar, Señor, enséñanos qué significa esta parábola, así que, si vosotros vais con frecuencia al sagrario con ese sentido, a la eucaristía, Él os revelará lo que significa realmente el Evangelio. ¿Está bien? Y cuando vayáis a Roma algún día, me llamáis al Borgo Sancto Spirito 5 y os saldré a recibir, ¿eh?”.

Creo que no hubo esa noche un ser más feliz que yo sobre la faz de la tierra, pero también más empecinado y terco, de modo que, como si no hubiese sido suficiente, nos hicimos tomar una foto cuando iba a comenzar la cena y al finalizar, lo asalté para tomarle un autógrafo que aún conservo, junto a su foto, en mi habitación. Me volví fan Arrupiano al 100%, me devoré sus escritos, especialmente “Este Japón increíble” y año tras año, hasta que me hice jesuita hace 40 años, tuve cercanía epistolar con él. Guardo, cual reliquia y tesoro, sus cartas y tarjetas autógrafas de Navidad y doy gracias a Dios por haberme permitido conocer en vida a un santo. Arrupe lo es. Fue encarnación plena del carisma Ignaciano. Fiel hombre de Iglesia le tocó vivir y liderar al interior de la Compañía el impacto renovador del Vaticano II, pero también padecer la incomprensión e incluso la persecución, más desde dentro que desde fuera, sin tambalear nunca en su amor apasionado por Cristo.

Arrupe fue un hombre grande y doy público testimonio de su bondad y afectuosa acogida, de su sencillez y humildad que me resultaron fascinantes en alguien que con razón bien podría sentirse importante, porque lo fue. Un profeta visionario que inspiró el horizonte apostólico de la Compañía y la vida religiosa misma. El General que nombró Provincial al joven Bergoglio sin saber que ahora de Papa lo puede inscribir en el catálogo de los Santos. Inolvidable Arrupe, Arrupe, ¡inolvidable!

viernes, 4 de diciembre de 2020

En homenaje a mis Hermanos

José Leonardo Rincón Contreras

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Racha, debacle, catástrofe son, entre otros muchos, los calificativos que tratan de definir lo que nos ha pasado a los jesuitas en estos 15 días: hemos perdido 13 hermanos, 12 sacerdotes y un hermano, casi uno diario. Diez de ellos por covid-19 y tres por otras causas.

En breve semblanza de cada uno quiero rendir mi postrer homenaje a estos hombres que el Señor nos puso en el camino de la vida y con quienes compartí en diversos momentos como jesuita en mis ya casi casi 40 años de Compañía.

Luis Carlos Herrera. Humanista, apasionado por la literatura, especialista en Rivera y García Márquez. Profesor en la Javeriana, también fue rector de los colegios San Luis en Manizales y San José en Barranquilla.

Carlos Alberto Cardona, contador javeriano se especializó en educación. Fue vicerrector en nuestro colegio de Barranquilla y actualmente era el director de pastoral en la Javeriana Cali.

Gabriel Montañez, religioso hermano, como todos los de su época, trabajador incansable en oficios varios, sencillo y humilde, sin mayores protagonismos, sirvió generosamente toda su vida.

Marco Tulio González, decano de psicología dejó una huella imborrable en cientos de profesionales. Fue rector en la Universidad Mariana en Pasto y Vicerrector en la Universidad Ruiz de Montoya en Lima.

Roberto Triviño, consagró su vida entera a dar Ejercicios Espirituales al clero colombiano y la vida religiosa desde nuestro Centro de Espiritualidad.

Jorge Uribe, comunicador social desde la Javeriana, el antiguo Cenpro, varios medios de comunicación, creó emisoras regionales y a través de ellas ejerció su apostolado.

Gonzalo Amaya, párroco en varias partes del país, consejero espiritual de la vida religiosa y en los sectores populares, se caracterizó por su enorme bondad con todos.

Leonardo Ramírez, dejó en un punto muy alto nuestra colonial Iglesia de San Ignacio. La mayor parte de su vida se dedicó al apostolado en diversas cárceles de Bogotá.

Guillermo Hernández, psicólogo, creador de las Escuelas de Padres en nuestros colegios, su fortaleza estuvo en la pastoral y consejería familiar.

Álvaro Jiménez, psicólogo, decano en la Javeriana de Bogotá y vicerrector en la Javeriana Cali, escribió cerca de 30 libros de amplia difusión.

Fortunato Herrera, psicólogo y educador en las dos sedes de nuestra universidad y varios colegios, fue también un apasionado de nuestra historia y custodio de los archivos más antiguos que tenemos los jesuitas.

Alfonso Llano, doctor en filosofía y doctor en teología, profesor de ética, decano en la facultad de medicina, pionero de la bioetica en el país, director de Cenalbe, capellán de palacio, dejó una huella grande en miles de colombianos a través de su columna dominical en el periódico El Tiempo.

Rodolfo de Roux, doctor en teología, profesor de Eucaristía, escritor de novelas, poeta, autor de varias canciones e himnos, académico de la lengua.

Todos ellos gozan ahora de la presencia del Dios amor. Perseveraron hasta el final y cumplieron feliz y fielmente su misión. ¡Bendito sea Dios!