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viernes, 19 de abril de 2024

Saludos desde Honduras

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

En Colombia poco, casi nada, sabemos de Centroamérica. Es una región prácticamente desconocida. Cuando miramos hacia el norte lo hacemos de México hacia arriba, a lo sumo Panamá y si acaso Costa Rica. De modo que de los otros países a duras penas las noticias: que el dictador Ortega en Nicaragua, que Bukele en El Salvador, que el ron Zacapa de Guatemala es muy bueno, pero de Honduras o Belice, la Honduras Británica, como se le llamaba, pocón, pocón.

Pues yo mismo no había tenido pretexto alguno para venir por estos lares. Excepto en Costa Rica y Nicaragua, ya había estado en los otros países y siempre resulté sorprendido. Uno tiene a veces imaginarios reducidos o apocados de estas naciones y resulta que como en todas partes hay gente bella y acogedora, ancestros indígenas, pueblos de mucha religiosidad popular, artesanos y artistas de variado colorido, también desarrollo y progresos evidentes y claro, como en toda Latinoamérica, una similitud muy grande en muchas cosas, la mayoría de las cosas con lastres problemáticos: abismos sociales, inequidad y pobreza por doquier, politiquería, corrupción…

Por las horas de llegada y salida en el moderno aeropuerto de Palmerola, no hubo manera de disfrutar mucho el entorno. El viaje de más de dos horas hasta el lugar de reunión me dejó entre extenuado y medio muerto. Vine a una reunión continental de la CLAR, Confederación Latinoamericana de Religiosos, una entidad presidida por la joven, bella e inteligente hermana Liliana Franco, colombiana, religiosa de la Orden de Nuestra Señora o Compañía de María, las mismas que dirigen los tradicionales colegios de La Enseñanza, quien además es de las pocas mujeres que participan en el Sínodo con voz y voto.

En la reunión somos 60 personas de 22 conferencias de religiosos. No pudieron estar de Haití y Nicaragua (ya podemos deducir por qué). Dentro del grupo estamos cuatro jesuitas: dos que son provinciales presidentes de Perú y Colombia, un teólogo chileno que funge como tal en el equipo asesor de presidencia y el suscrito como miembro del Consejo Económico. Hombres y mujeres, maduros y jóvenes, con hábitos o sin ellos, muy distintos todos, representan los 150 mil religiosos sacerdotes, hermanos o religiosas que hay en Latinoamérica. También está el obispo secretario general del CELAM y por supuesto que un grupo valioso de laicos en tareas de apoyo.

A pesar del avejentamiento de las comunidades religiosas, la escasez de vocaciones y un cúmulo de problemas que se presentan en cada país, llama muchísimo la atención la alegría, el dinamismo entusiasta, la esperanza puesta en Dios, la fe celebrada con fidelidad creativa y la mística que se le pone a la causa. Se respira fraternidad, se expresa con facilidad el afecto, admira el compromiso con las misiones apostólicas tan plurales que tenemos en la Iglesia y la formación recibida puesta al servicio de las tareas entre manos.

Regreso a Colombia sin conocer mucho de este pequeño país de no más de 10 millones de habitantes. No podía quedarme más tiempo. Eso sí, he disfrutado su gastronomía con tortillas y frijoles, sus paisajes secos golpeados por el fenómeno del niño, hasta la visita de un pequeño zorro que vino a ver cómo estaba y lo más interesante: la sencillez y el calor humano de sus gentes. ¡Saludos desde Honduras!

martes, 9 de mayo de 2023

De cara al porvenir: unos mueren, otros viven

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Con unos 6 decenios de retraso, por fin estamos comenzando a ver que algunos de los proyectos de infraestructura asociados a las llamadas vías 4G, o Autopistas de la Prosperidad, van siendo entregadas casi totalmente concluidas, sabiendo de antemano que una vía requiere de algún tiempo de “asentamiento” para su operación normal.

Nos damos cuenta, ante la evidencia contundente, de lo atrasados que estábamos en términos de infraestructura vial y que antes era pedirle mucho al Estado, en el sentido de tener una verdadera presencia territorial, lo cual demuestra que sin movilidad no hay posibilidad de democracia.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que como ante cualquier actividad humana, las decisiones tomadas favorecen a unos y pueden desfavorecer a otros.

En el caso de Antioquia con sus 125 municipios agrupados alrededor de 9 subregiones, el ejemplo es contundente. Un municipio tradicional se conecta al mundo gracias a una carretera principal que le atraviesa o que pasa por un costado de sus límites urbanos.

Si tomamos por ejemplo la nueva vía a Urabá, que está en un alto porcentaje de avance, vemos por ejemplo que algunos municipios otrora visibles, posiblemente entrarán a un proceso de arrinconamiento y de estancamiento profundo, si no se toman medidas para contrarrestar los efectos del cambio de ubicación de la “carretera principal”, lo cual los aislaría del flujo vehicular de donde depende su subsistencia.

Si salimos de Medellín hacia el mar de Urabá, que es uno de nuestros principales sueños históricos, en pasos grandes vemos que los desarrollos viales presentes y futuros han anulado el paso obligado por la cabecera municipal de San Jerónimo, Sopetrán, Santa Fe de Antioquia, y hasta ahí todo más o menos normal. Pero seguimos adelante y nos encontramos con el aislamiento de Giraldo, Cañas Gordas, Uramita, Dabeiba y Mutatá, y la cosa se va complicando pues la vía no pasa tan cerca como la vía tradicional en la actualidad, lo cual afecta las dinámicas sociales, económicas y políticas de estos territorios.

Más adelante Chigorodó, Carepa, Apartadó, Turbo, Necoclí y Arboletes van comenzando a sentir el impacto positivo de una más fácil integración con la capital del departamento, y aun cuando las vías no pasan por sus cabeceras, pero sí por sus costados, ven aumentar el flujo de vehículos y obviamente de viajeros que hacen transacciones, proveen recursos y consumen servicios.

Una vez entren a operar los nuevos puertos, es de esperarse que se incremente el flujo vehicular de carga, con todas las exigencias asociadas a la cadena logística que debe ser desarrollada y ubicada en el trayecto hacia y desde Medellín y otras ciudades colombianas.

Entender las vocaciones económicas tradicionales y proponer nuevas alternativas vocacionales es un trabajo que debe comenzar desde ya si no queremos ser testigos de desplazamientos poblacionales hacia Medellín y otros municipios cuando la situación económica comience a deteriorarse en los que no fueron impactados positivamente por las nuevas rutas de las nuevas vías.

La movilidad propiciada por la infraestructura, potencia la movilidad social y la movilidad económica.

Estas se pueden dar de manera espontánea, con todos sus beneficios y costos, o puede ser planificada, en teoría con más beneficios que costes.

Bajo otra perspectiva y en otra región, los municipios beneficiados por las regalías provenientes de la entrada en operación de Hidroituango y ante la transformación de parte de su escenario geográfico y su territorio por el impacto del reacomodo de las aguas del embalse, deberán plantear proyectos que garanticen el buen uso de estos nuevos recursos, ya que algunos de ellos enfrentarán un proceso semejante al que vivieron El Peñol y Guatapé hace varios quinquenios, cuando comenzaron a tener posibilidades turísticas gracias al embalse. Estos municipios son: Briceño, Buriticá, Liborina, Santa Fe de Antioquia, San Andrés de Cuerquia, Toledo, Puerto Valdivia, Yarumal, Sabanalarga, Olaya, Peque y obviamente Ituango.

Estos son otros temas que deberán ser tenidos en cuenta en las discusiones y propuestas que presenten los candidatos a la Gobernación de Antioquia y a las alcaldías de los municipios implicados.