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viernes, 12 de junio de 2026

De Madrid a Barcelona

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Mucho es lo que uno puede contar, así que me voy a detener en lo que más me ha impactado.

Toda esta primera semana ha estado enmarcada por la visita de León XIV a España. Hemos coincidido los primeros seis días, tanto en Madrid como en Barcelona. La afluencia de gente ha sido multitudinaria a todos los eventos programados. Lo he visto a través de la tele en su total sobriedad y sencillez, pero calando con su mensaje. Inéditos los 7 minutos de aplausos en el parlamento español donde hubo para dar y convidar a unos y a otros, y todos quedaron contentos. He visitado los mismos sitios por dónde iba a pasar o ya había pasado. Me ha admirado la organización y pulcritud en todo. Finalmente, he estado cerca suyo en la Sagrada Familia, esa majestuosa obra de arte diseñada por Gaudí y que se ha tomado cien años en concluirse. Escribiré capítulo aparte.

Les decía que me he movido en trenes todo el tiempo. Trenes de alta velocidad, los normales y los metros. Excelente la red ferroviaria, precios razonables y distancias largas que se acortan. Maravilloso.

En Zaragoza me encontré con dos amigos de vieja data, Delvys, colombiano, que me acogió en su apartamento y José Luis, aragonés. Ambos de mis tiempos de trabajos en escuela católica. Ya había estado allí hace años, pero fue bueno ir de nuevo al Pilar y concelebrar la eucaristía en tan bello santuario mariano. Tarde me enteré de que la hija de Luis Guillermo trabaja allí. ¡A pocos metros y no sabía! Conocer el edificio del antiguo seminario y enterarme de que fue regentado por la Compañía hasta la supresión. Dos figuras que pasaron por allí me emocionaron: Baltasar Gracian, reconocido hasta hoy por las escuelas de administración del mundo entero y José Pignatelli el santo que ayudó a la restauración de la Compañía. En su iglesia contigua supe que se ordenó José María Escrivá y pude constatar el enorme influjo que la Obra tiene en Aragón y en derredores. Admiré las instalaciones de nuestro colegio del Salvador y quedé fascinado por la belleza de la ciudad. Mis dos desayunos fueron los tradicionales chocolates con churros y volvería feliz al restaurante de sushi donde pude degustar todo lo que quise gracias al “tenedor libre” (mensaje subliminal para ir con Félix).

En Barcelona, en la estación de Sants, me esperaba mi maestro José Ma. Rambla, jesuita catalán que fue mi instructor de Tercera Probación, a quien encontré intacto en su apariencia y con admirable agilidad para los 92 primaveras que tiene encima. Sobre la estadía con él también escribiré líneas aparte pues tuve una “actualización” Ignaciana en mi sistema, que jocosamente llamamos Cuarta Probación. Fue grato encontrarme con Diana Constanza, prima que reside y labora allí desde hace dos años.

Así las cosas, antes del capítulo de Valencia a Badajoz, les contaré entonces dos apartados del primero: Baño de Ignacianidad / Gaudí fuera de serie. Lo haré en estos días, de modo que no habrá que esperar hasta el viernes. ¡Hasta pronto!

viernes, 5 de junio de 2026

Vuelta a España

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

No propiamente en bicicleta. Será en tren que, por cierto, aquí funcionan maravillosamente en una verdadera red ferroviaria que incluye máquinas de ritmo tradicional pero también los de alta velocidad. A propósito, me dio nostalgia del tren colombiano que alcancé a disfrutar varias veces (el Expreso del Sol o en el que uno bajaba a Girardot) y que los transportadores de carga erradicaron. “¡Que su carga vaya en tren!” Fue la postrera invitación que nos hicieron y que no funcionó ante tamaña ofensiva de tractomulas y camiones.

Ya estoy en Madrid. Aquí todo luce y media ciudad está bloqueada porque ya llega León XIV. Se esperan muchedumbres colmando el paseo de la Castellana y el Santiago Bernabéu. Para que no hubiera colapso total decidimos que él llegaría mañana. Luego nos veremos en Barcelona, pero de eso ya les contaré en ocho días.

Aquí estoy, pues, en mi primera estación. Disfrutando de mis vacaciones, de este país hermoso, de su capital tranquila y cada vez más grande y, por supuesto, de la compañía de mis familiares y amigos, porque como lo dejé bien claro, no vengo a hacer turismo sino a conversar con esos seres queridos que hacía tiempo no veía. Ya hoy cumplí ese propósito al encontrarme con Pablo, exalumno ignaciano y hoy día financiero en importantes entidades y luego con Andrea, amiga que participaba en mis eucaristías de La Soledad. Por cierto, me estoy quedando donde Álvaro, compañero de clases en mis tiempos de filosofía, hoy doctor de la Complutense y presidente de una ONG que apoya a inmigrantes. Mañana será un día con él para “adelantar cuaderno” y ver qué se puede hacer frente al cierre que mi tocayo Leo ha generado y que se suma a la que hiciera el conejito malo con sus conciertos y el suscrito con su periplo de vacancia (¡ojo! que no vagancia).

En nuestro próximo capítulo les hablaré de la ruta: Zaragoza – Barcelona – Valencia, donde les contaré de la iglesia del Pilar, la misma que fue primero sinagoga y luego mezquita antes de ser catedral. También de mi encuentro con Leo, las ordenaciones presbiterales, la inauguración de la Torre de Jesús en la Sagrada Familia y la estancia en tierras valencianas, las mismas de las deliciosas naranjas y exquisitos arroces y paellas. ¡Hasta pronto!