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martes, 6 de agosto de 2024

Agonía o muerte de los mecanismos electorales

José Alvear Sanín

Nunca dudé ni del colosal triunfo de María Corina, ni del robo de las elecciones. Lo que me sorprendió fue la desfachatez del fraude, su magnitud, y el descaro con el que se anunció, antes de los comicios, lo que iba a ocurrir, así como el desprecio por las consecuencias del atropello. Maduro y sus cómplices no se pueden ir, porque si entregan, llega, ahí sí, el dominó de Petro: Cae Cuba (shu), cae Petro (shu), cae Ortega (shu), cae Boric (shu), y no se reeligen ni el PT (shu), ni Morena (shu)...

Maduro todavía tiene que organizar simulacros electorales, mientras llega el momento de completar su versión del estalinismo tropical, como en Cuba. Entretanto, represión, supresión de las libertades, voto electrónico y Comisión Nacional Electoral de bolsillo, y cuando aun así los resultados le son adversos, robo descarado...

Siempre que se habla de democracia y elecciones, vale la pena recordar a Ortega y Gasset cuando resume magistralmente el tema:

La salud de las democracias, cualesquiera que sea su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico, el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario. Si el régimen de comicios es acertado, si se ajusta a la realidad, todo va bien; si no, aunque el resto marche óptimamente, todo va mal. (La rebelión de las masas. Madrid: Espasa Calpe; 1961, pág. 132)

La democracia se impuso, a medida que en muchos países dejó de ser cierto aquello de que “quien escruta, elige”, con la aparición de organismos electorales imparciales y apolíticos, que infundían confianza en los resultados electorales.

En Colombia, por ejemplo, la paz entre liberales y conservadores nunca hubiera sido posible sin la confianza que inspiraban la Registraduría y el Consejo Electoral durante el Frente Nacional; respeto que duró hasta las elecciones para Congreso de marzo 2022, computadas apresurada y electrónicamente con los extraños algoritmos de Indra, contratados por un registrador ambiguo y poco confiable. Así empezamos a transitar por la senda del fraude electoral, cuya secuencia inevitable fue la posterior elección de Petro para ocupar el solio.

Dejando de lado al África y la mayor parte de Asia, los regímenes políticos de elecciones libres y cómputo confiable se limitaban a las democracias de Europa, Japón, Corea del Sur, EEUU, Canadá, Oceanía y buena parte de Iberoamérica.

Pero en los últimos tempos el avance narco-comunista en nuestro continente, y el incontenible crecimiento en Europa y Norteamérica del globalismo marxista-cultural y woke del Deep State, orientado por la nefanda agenda 2030, han contaminado gran parte de los sistemas electorales.

Mediante la combinación de voto y cómputo electrónicos, y previa indoctrinación mediática y educativa del electorado, los resultados son cada vez menos confiables en las que fueron democracias ejemplares.

Como los narco-comunistas no dejan el poder jamás, los del progresismo populista están aprendiendo la lección, si consideramos los inocultables fraudes que dejaron amplio manto de duda razonable sobre la elección de Biden, la derrota de Bolsonaro, el paso de Lula de la cárcel a La Alvorada, y la elección reciente, en México, de la candidata de AMLO (el de abrazos en vez de balazos), acusado de favorecerla con maniobras que hermanan a Morena con el antiguo PRI.

Ahora bien, si con la duplicidad infame, artera y tramposa de Petro, Lula y AMLO, y con el terror desencadenado sobre la población, Maduro logra consolidar el mayor pucherazo mundial de los tiempos recientes, ese ejemplo podrá ser tenido en cuenta en muchos países, empezando por los Estados Unidos, para completar “la elección” de la horripilante Kamala Harris, o la reelección de Petro (en propio o en ajeno cuerpo).

Al fin y al cabo, en varios estados clave de la Unión, los mecanismos electorales ya están manejados por Dominion (asociado al parecer con la chavista Smartmatic), y en Colombia viene el voto electrónico, computado por esas mismas empresas, ya conocidas en Venezuela y los EEUU.

En un mundo dividido entre grandes bloques totalitarios, tanto en el Oeste woke y abortista — guiado por los movimientos LGTBQ etc.—, como en el Oriente, cada vez más despótico, las elecciones serán apenas simulacros electrónicos, mientras llega el momento de abolirlas por completo o convertirlas en certámenes de participación obligatoria en favor del partido único.

¿Marchamos entonces hacia ese aterrador escenario, ya vislumbrado por Orwell en su profético 1984, donde el mundo se divide en imperios antagónicos igualmente perversos y totalitarios, en permanentes equilibrios inestables?

¡Parece que asistimos a la desaparición de las elecciones libres!

sábado, 12 de noviembre de 2022

Vigía: un continente candente

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda*

A poco de cumplir 100 días en el poder, Petro ha declarado la emergencia nacional que, aunque la endilga a la crisis climática de La Niña, parece que se trata en realidad de la situación económica que nos tiene a todos con los pelos de punta. A todos, menos a sus áulicos. El cambio del dólar, la incertidumbre inversionista, la nueva reforma tributaria, sus declaraciones sobre cambio climático en COP27 ante unos 200 jefes de Estado y líderes globales y la tal paz total, entre otras realidades, han revolucionado el optimismo de un país con un crecimiento superior al de sus pares vecinos. El fenómeno no es solo de Colombia, ni de ahora.

En Brasil, los militares soportan la presión de la ciudadanía que enfrenta a un expresidiario Lula, con menos del 30% de poder parlamentario. Con manifestaciones en 11 estados, el Ministerio de Defensa debe presentar un informe técnico sobre el sistema de voto electrónico utilizado en las recientes polémicas elecciones.

En Perú, Castillo que acaba de nombrar su cuarto gabinete en este semestre, ha sido repetidamente denunciado por su comportamiento gangsteril. “Traidor a la patria” le gritan los peruanos enardecidos en Lima y 10 ciudades más. Los militares en activo guardan silencio, los retirados protestan y la policía ataca con gases lacrimógenos a los manifestantes en el centro de la capital.

En Chile, Boric y sus propuestas de reformas pensional y de salud, han impulsado la inconformidad cívica que desde aquí se percibe como un hijo con un papá mucho más joven. Con menos del 25% de favorabilidad, el estudiante venido a presidente es el vivo cuadro de un advenedizo. Para dónde va Chile, es la pregunta que flota en el ambiente pues el rechazo a la nueva constitución comunista nos envió un fresco de democracia a los colombianos. En ese país, los retirados no dicen ni mu, los del servicio activo continúan con sus maniobras de manual y la policía es atacada por ciudadanos inconformes en Santiago y otras urbes.

Venezuela es una nueva posibilidad que el actual Gobierno ha abierto con la actualización de vuelos, aunque en asuntos de seguridad fronteriza la situación no cambia radicalmente, mientras el nuevo ministro de Defensa balbucea después del más reciente consejo de seguridad en Arauca. ¡Hubiera sido mejor magistrado! La ímproba tarea de bloquear las trochas de ese límite binacional es un imposible físico para la FFPP colombiana.

Juanita Goebertus, la nueva directora de la ONG Human Rights Watch, lo ha repetido claramente: hay un “crecimiento y ampliación de poderes de regímenes autoritarios tanto de derecha como de izquierda donde el eje común es una pérdida dramática de la confianza en la democracia, en los partidos, en el Estado de derecho y en las instituciones”. Como nunca, la ciudadanía latinoamericana pinta horizontes de autoritarismo tipo Bukele, lo que nos pone a todos al borde de la silente subordinación, pobreza al mayoreo o emigración forzosa a países con mejores climas económicos.

Todo el continente, en fin, renueva su tradicional convulsión que esperamos no se convierta en cotidianidad y, lo que es peor, en un giro violento hacia la derecha, hacia regímenes autoritarios.