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viernes, 9 de enero de 2026

Efectos de la caída de Maduro en la política colombiana

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

No se hicieron esperar las reacciones del régimen petrista en contra de la magistral operación estadounidense que culminó con la aprehensión del criminal de lesa humanidad, Nicolás Maduro.

Y era de esperar que así respondiera su principal aliado, que ahora debe estar recordando el antiguo refrán español Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. No quedó a la obsoleta izquierda radical otro camino distinto a seguir repitiendo las falacias de siempre. Que hay que privilegiar el diálogo y los canales diplomáticos a sabiendas de que, tanto en Colombia como en Venezuela, solo han servido para que se recrudezca la violencia, se brinde protección a los capos de la mafia guerrillera y se mantenga esclavizada a la población civil.

Vuelve y juega la cantinela de que hay que proteger la vida y la dignidad humana, puestas en peligro supuestamente por la captura del cabecilla del sucio negocio del narcotráfico, el usurpador Maduro. ¿Por qué nunca han protestado los camaradas que detentan ilegalmente el poder en Colombia por los miles de venezolanos asesinados en 26 años de dictadura castrochavista? ¿Dónde están sus acciones en defensa de la dignidad humana de los presos políticos, los torturados, los perseguidos injustamente por la tiranía de Chávez y Maduro? Seamos coherentes, por favor. No sigamos engañando con falacias trasnochadas en las cuales ya nadie cree.

Para sustentar sus estrambóticos planteamientos llegó el camarada Petro a hacer el oso, reforzando la frontera dizque para prepararse para la crisis que sobrevendría por el operativo estadounidense. Nada ocurrió. Se olvidó que la migración forzada de 9 000 000 venezolanos ha sido causada por la acción de los dictadores Chávez y Maduro, no por la captura de un sanguinario delincuente. La prueba es que ninguna migración se ha producido. Por el contrario, venezolanos radicados en todos los confines del planeta salieron a celebrar la caída del sátrapa y esperan la normalización que se ha iniciado, para retornar a su país.

Para Colombia, el efecto, indudablemente, será beneficioso. Con la caída de Maduro se ha iniciado un proceso de recuperación política y económica de Venezuela, la cual volverá a ser el principal socio comercial de Colombia como antaño lo fue. Lo ha vislumbrado el candidato de la Espriella: “Sería la mejor reforma tributaria para Colombia”.

En las próximas elecciones presidenciales, no podrá contar el candidato de las FARC, Iván Cepeda, con las abultadas contribuciones de dineros sucios procedentes de Venezuela que llevaron a Petro a la presidencia. Delcy Rodríguez, recientemente posesionada como presidenta encargada, no podrá disponer de tales ayudas, pues su mandato está sujeto a las obligaciones de cooperación contraídas con los Estados Unidos. Esta circunstancia, unida al prudencial retiro de aportes por parte del sector privado de Colombia que no querrá comprometerse en tan dudosa aventura, afectará contundentemente las finanzas del candidato apoyado por los amigos de Maduro.

Se ha notado cómo la acción decidida de Donad Trump ha incidido en la conducta del camarada Petro. Quien antes desafiaba al imperialismo yanqui y se negaba a seguir sus demandas para combatir la cocaína, ahora pide su apoyo tecnológico y estratégico para reducir los cultivos. Repetidamente sus ministros confirman que mantienen las mejores relaciones de cooperación con las fuerzas militares norteamericanas. No será fácil para el guerrillero camarada, en este escenario, continuar impulsando sus locuras inconstitucionales para mantenerse en el poder, aplazar las elecciones, o intentar la aprobación de una nueva constitución de bolsillo, como lo acostumbran sus correligionarios de la extrema izquierda en los países que han colocado bajo sus garras.

La polarización entre la izquierda radical que representa Cepeda y la defensa del Estado de derecho, la libertad, la justicia, la seguridad, la trasparencia en el manejo del Estado y la recuperación de los valores fundacionales que promueve el candidato mayoritario, Abelardo de la Espriella, generará un crecimiento del voto de opinión, de quienes, sin compromiso con las vetustas castas políticas, prefieren votar por quien tiene la capacidad y el entusiasmo para defender la Patria, “el tigre” Abelardo de la Espriella. Cada vez más, los colombianos comprendemos que al país no lo salva ni la abstención ni el voto por los tibios candidatos de centro, enfocados más en derrotar a Abelardo que en combatir a muerte contra nuestro enemigo común: la sanguinaria y corrupta izquierda radical representada por Petro y Cepeda.

El camino a la victoria está plagado de peligros de los cuales debemos ser conscientes. Cuenta el sátrapa Petro con los millonarios recursos del presupuesto nacional, alimentados ahora con el irregular crédito contratado por 23 billones de pesos, los nuevos impuestos decretados bajo la emergencia económica, las contribuciones de sus aliados, los grupos narcoguerrilleros, de los capos de la mafia y de los corruptos beneficiados durante su régimen. Por otro lado, no podemos minimizar la influencia electoral que conlleva el irracional aumento del salario mínimo y la enorme contratación de nóminas paralelas compuestas por vagos cuya única labor es apoyar al régimen. Serán instrumentos que incrementará el régimen ante la pérdida de los aportes del narcomadurismo.

Se ha iniciado en todo el espectro mediático, en el ámbito nacional e internacional, una tarea de investigación y difusión de los crímenes del grupo criminal que ha gobernado a Venezuela, con el soporte de abundantes testimonios de víctimas apresadas y torturadas por sus discrepancias con el tirano. Influye notoriamente en el debate electoral colombiano, pues aparecen comprometidos dirigentes del santismo, enmascarados ahora como antipetristas de nuevo cuño, a la caza de votos para sus aspiraciones a la Presidencia o al Congreso.

miércoles, 12 de enero de 2022

Pidiendo peras al olmo

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

En la semana que acaba de pasar, el influyente periodista internacional Andrés Oppenheimer expresa su esperanza de que Boric presida un gobierno democrático de izquierda, porque en la campaña este denunció las falsas elecciones en Nicaragua y reconoció el carácter dictatorial de Maduro.

Con el fin de ganar la presidencia, Boric hizo esas manifestaciones, que tienen la misma validez de las medallas al cuello y el catolicismo de Fidel y de Chávez antes de alcanzar el poder… ¡París bien vale una misa!

En fin, la esperanza es lo último que se pierde y hay que agarrarse de cualquier detallito para no contemplar el horror. Así pasa con Chile, donde acaban de elegir a un individuo inestable, desequilibrado, impreparado (¡no fue capaz ni siquiera de ser abogado!), violento, vándalo, con un programa demagógico populista. La principal labor de su gobierno tendrá que ver con la redacción de una nueva Constitución, cuya dirección acaba de caer en manos de una extremista ¡con título de odontóloga, dicen unos, de epidemióloga, dicen otros, o de salubrista, como afirman los demás! ¡Algo así como un hortelano encargado de una unidad de cuidados intensivos!

No se requiere don profético para pensar más bien que la nación austral ha elegido un segundo Allende, que venera al primero, un fanático que hizo de Chile, en su momento, algo similar a la Venezuela del castro-madurismo.

Bueno, esperar algo positivo del inestable personaje que va para La Moneda en marzo es como confiar en el futuro del Perú con el sombrerón analfabeta del Palacio de Pizarro.

El mal ejemplo de Boric y de Castillo ya está dado para Colombia, atemperado por la aparente incapacidad del peruano para gobernar y por el silencio que rodeará a Boric antes de ceñir la banda. En los 60 días que nos separan de las cruciales elecciones para Congreso, la izquierda latinoamericana del Foro de Sao Paulo aparentará ser inocua, para no despertar temores en el electorado colombiano frente a Petro. Si este sube, ya se desencadenará la revolución a escala continental.

Hay que seguir con el simulacro del sonriente senador de “centro-izquierda” al que hay que blanquear, ocultando su pasado estremecedor y el futuro que depara su programa de radical y primitivo leninismo.

El avance hacia el poder absoluto es estratégico, continental e inexorable, camuflado por los medios masivos, mientras una derechita cobarde se opone, balbuciente, a la ofensiva castrista en todos estos países.

En realidad Oppenheimer, como tantos otros ingenuos, está pidiendo peras al olmo si cree que Boric va hacia la social-democracia sueca de un Tage Erlander, por ejemplo, que de lo primero solo tiene el rótulo electoral necesario para desarrollar un capitalismo progresista.

Volvamos a Colombia, donde en la campaña se va a omitir todo lo que sea conflictivo. Los buenos modales van a imperar, porque no se puede incomodar al “honorable senador” con temas tabú, como ha llegado a ser el de Venezuela, ni interrogarlo por su silencio frente a la actuación anterior y actual del ELN y los “grupos residuales organizados” de las “exFarc”, porque él es el respetable candidato de ambas guerrillas, de la narcoindustria y del orondo Secretariado que desde el Capitolio nunca dirá nada sobre la actuación de sus dizque “disidencias”.

Mientras al país no se le haga ver quién es Petro y quiénes están detrás de él, la Colombia Humana” seguirá avanzando, con las crecientes posibilidades electorales para quien es tratado con la más exquisita cortesía, que no merece ese lobo con piel de oveja.

***

Tanto Libardo Botero Campuzano como Alfonso Monsalve Solórzano despidieron el año con sendas y bien urdidas novelas. La del primero, “Réquiem por una ilusión”. Batiburrillo de recuerdos de un cándido, recrea su parábola vital en medio de los conflictos del medio siglo político que ha vivido. El segundo hace, con “La Internacional de los Inútiles”, el relato distópico de lo que viene tras la confrontación entre USA y China, en un futuro dominado por la inteligencia artificial y el desempleo masivo planetario. ¡Para ambos, felicitaciones!

jueves, 30 de septiembre de 2021

Vigía: la iconoclastia del odio

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Un Bolívar con falencias tácticas pero decidido, solitario en su grandeza, pero bien respaldado por unos coroneles imbuidos en su misión, navegó más que Colón y Vasco de Gama, anduvo 10 veces más que Aníbal, tres más que Napoleón, el doble de Alejandro Magno y fue derrotado en seis de las 472 batallas que peleó.

Historia para un depósito

Con el apoyo de sus amigos ingleses, el caraqueño expulsó a los españoles de estas tierras y gestó la creación de seis naciones en una campaña militar asombrosa: luego de la batalla del Pantano de Vargas, (julio 1819), en donde murieron 300 patriotas, según el comandante español Barreiro, siguieron las de Boyacá (agosto del mismo año) con cerca de 100 bajas; Carabobo en Venezuela (junio 1821) con unas 300 bajas patriotas; Bomboná en el sur de Colombia (abril 1822),con más de 600 bajas; Pichincha en Ecuador (mayo 1822) con 350 bajas patriotas; Junín en Perú (agosto 1824) con unas 150 bajas, y Ayacucho, Perú, (diciembre 1824), con cerca de 1.000 bajas patriotas en combate contra Canterac y De la Serna, dos de los últimos generales españoles expulsados de suelo sudamericano.

Todos estos sacrificios se empezaron a reconocer públicamente desde principios del siglo anterior y en 1963 se inauguró el Monumento a los héroes, que recordaba el costo en vidas y sangre de esa proeza que nos parió como naciones soberanas y libres, en lo posible, claro. Y aunque en 2006 el Ministerio de la Cultura lo declaró bien de interés cultural del ámbito nacional, la Alcaldía de Bogotá, argumentando el paso del proyectado Metro, demolió la torre a martillazo limpio con la promesa de un nuevo centro cultural en otra parte de la ciudad, desatendiendo la ley, pues los bienes culturales deben ser protegidos, preservados y restaurados por mandato constitucional.

Como los vándalos de la tal Primera Línea vilipendiaron y pintarrajearon el monumento con grafitis de odio, de rabia, de una nueva historia de caos, pues la mesa estaba servida.

Bolívar, el idolatrado fetiche de la robolución bolivariana, fue evacuado del monumento en andas, a medianoche con todo y montura, y guardado en un depósito ante el riesgo de que algún muchacho ignorante y alucinado lo decapitara. Es un “canalla cobarde, brutal y miserable” dirían esos mozalbetes aprendices de nazis, citando a Marx (1858). No importa que estemos hablando del “el americano más prominente del siglo XIX”, como lo calificó recientemente la BBC de Londres.

Reescribiendo una historia feliz

Este desafuero es una demostración palmaria de la estrategia de la izquierda cuando llega al poder: borrar la memoria histórica vigente y recomponerla según su versión, por aquello de que quien gana es quien escribe la “verdad”.

El reemplazo de la historia oficial empezó de pleno a partir de los acuerdos habaneros. La Comisión de la Verdad oficia, espuriamente, como tribunal inquisitorial velado que en su Santo Oficio proclamará la nueva verdad: esos soldados patriotas que hace 200 años se sacrificaron y sus sucesores de hoy, todos, son culpables. Su memoria será maldita. Los generales y coroneles del Ejército bicentenario de hoy son estigmatizados, los soldados y policías colombianos asesinados por la espalda. La demolición de sus símbolos y monumentos es necesaria.

Y sus sustitutos ya están en camino. El buenazo líder campesino de alias "Monito Jojoy" es un buen alterno; alias "Timochenco" es un paradigma viviente del verdadero espíritu narco revolucionario que creará una nueva patria; alias "Sandra", maternal ella, que jura que los secuestrados tenían una “buena camita” y “buena comidita” en los campos de concentración de su amigo Jojoy, no puede ser mejor opción para la nueva historia.

De la JEP y la Comisión de la Verdad a la condena y de allí al derribamiento de monumentos, que ya se inició ante la indolencia generalizada, mientras se reescriben las cartillas escolares que recitarán las nuevas felices generaciones. En eso vamos.

jueves, 20 de mayo de 2021

Vigía: Colombia ¿en el despeñadero?

Coronel John Marulanda (RA)
Por Antonio Montoya H.*

El bloqueo de vías en Colombia y su consecuente escasez de alimentos, de combustible y de insumos médicos, que llevó a la muerte a varios pacientes de covid-19, fue la culminación de un paro que perdió momentum. Los jefes de la intentona lo saben y debieron llamar a un refortalecimiento de la acción, con una nueva movilización general ayer 19. Esta situación fue también el asomo de un contra paro que puede terminar muy mal. Una reacción de la comunidad contra minorías que están arruinando la vida de millones no es de desestimar y las secuelas pueden ser de largo aliento y muy complicadas

Estrategia asfixiante y peligrosa

La izquierda no cede. Sus angustiados capataces desde sus apartamentos y fincas ven como naufraga la estrategia de recuperación del poder en la región, iniciado con la toma de las calles a finales del 2019. Se proclamó entonces “la brisita bolivariana”. Un año después y pandemia de por medio, en Chile no es claro que la izquierda vaya a lograr su constitución tal como lo proclamó mientras quemaba iglesias y saqueaba supermercados; en Perú, la balanza se inclina fuertemente hacia la Fujimori ante un Pedro Trujillo confuso y penalmente indiciado por mentiroso; en Bolivia, Evo Morales perdió bases electorales en más provincias de las esperadas y en Ecuador, el visir del sátrapa Correa, no cuajó. Queda Colombia, la “joya de la corona”. El asedio a su sociedad y el ataque a sus fuerzas militares, que vienen desde 1948, continuará a pesar de la corrección de errores cometidos y la apertura al diálogo por parte del Gobierno.

Lo sucedido en Cali es solo una mínima muestra de lo que puede suceder en todo el país con la estrategia de la “regionalización del conflicto”, pero también es un asomo peligroso de una reacción espontánea e incontrolable de una comunidad hastiada, en un país en donde se calcula hay más de dos millones de armas de fuego circulando ilegalmente.

41 asociaciones de militares y policías retirados, reunidos alrededor de Acore (Asociación Colombiana de Oficiales de las Fuerzas Militares en Retiro), lo advirtieron en un reciente comunicado a la opinión pública: “Advertimos graves riesgos de rechazo social violento por parte de la gran mayoría de ciudadanos cansados de tantos actos violentos absurdos que están causando desabastecimientos, crispación, aumento de la crisis pandémica y muertes”.

Una batalla virtual perdida

Con una sociedad agobiada por el desempleo y la pobreza, airada por las imprudentes propuestas fiscales del gobierno y manipulada por una minoría violenta, las redes sociales y los medios masivos le vendieron al mundo la matriz de opinión de un gobierno dictatorial ‒alguien lo comparó con el de Birmania‒ y una policía masacradora de inocentes protestantes. Esa simplificación estandarizada por cuenta de quienes están detrás de todo el entramado, cómodamente sentados frente a sus pantallas, forma parte de la estrategia de desestabilización. Plataformas desde Bangladesh, Corea y China diseminan una realidad virtual que poco tiene que ver con la realidad real de una minoría violenta y una mayoría expectante. La propia ONU, la OEA, la Unión Europea, el Parlamento alemán, el New York Times y los matasiete de siempre, como Vivanco, han desconocido vulgarmente la realidad de los policías asesinados a cuchillo, de las instrucciones de “ofrecerles café con veneno” a los policías, del intento de quemarlos vivos en sus cuarteles.

Otro punto que advierten los militares y policías retirados de Acore en su comunicado, es el relativo a la intervención extranjera en la crisis colombiana: “rechazamos cualquier intervención extranjera, provenga de donde provenga, que a través de redes sociales o medios cibernéticos, apoye las acciones de perturbación y desestabilización del país y difunda falsas informaciones para crear un ambiente internacional hostil al gobierno elegido democráticamente y las fuerzas armadas legítimas y legales de Colombia”. 24 horas después de este pronunciamiento, Bogotá expulsó al primer secretario de la Embajada de Cuba por actividades indebidas; hace cuatro meses expulsó a dos espías rusos; hace poco menos de un mes, un avión ruso de inteligencia violó el espacio aéreo colombiano a la altura de la Guajira y la presencia de venezolanos en las células de terrorismo urbano, es frecuente. Esto confirma el plan que se está aplicando al país, certificado por el propio Maduro en una alocución televisada.

El objetivo proyectado de esta renovada intentona, será la defenestración de Duque, la anulación del Congreso y la instauración de un nuevo gobierno popular, de un nuevo Estado.

Ante esta perspectiva, un ilustre venezolano amigo, mirándome burlonamente, me recordó: “no vale, no te creo”.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Vigía: comunistas planeando grandes desastres



Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Desde 1992, el Estado Mayor del Bloque Oriental, la columna Juan de la Cruz Varela, el frente 22 de las FARC y el ELN urbano, estaban cercando Bogotá. En 2003, un gobierno decidido lanzó la Operación Libertad con la Fudra, las Brigadas 13 y la Móvil 8, y puso en fuga a los terroristas, obligando al aparato militar fariano a volver a la guerra de guerrillas. Ya desde el 2000, Castro y Chávez intentaban crear un bloque político latinoamericano utilizando el embrujo de su palabrería, los petrodólares venezolanos y el apoyo de intereses extracontinentales. Unasur, Alba, Celac, etcétera, solo estropicios. Su antecedente referencial histórico era La Gran Colombia de Bolívar, que duró una década. Hoy, convergen para una nueva intentona, los apremios de un chavismo decadente y las ambiciones de personalidades sicópatas.

Asesorado por cubanos jugadores de estrategias y espoleado por Rusia, China e Irán, enemigos declarados de Estados Unidos, Maduro insiste en preconfigurar un gran bloque regional comunista, aprovechando los descosidos de la paz colombiana que ayudó a diseñar y utilizando a las FARC, al ELN y al narcotráfico.

Para tener una idea de la angurria de Miraflores, tome un mapa Colombia – Venezuela y localice Tumeremo, al oriente del estado Bolívar, Venezuela, en donde cuadrillas del ELN principalmente, y de las FARC controlan la extracción de oro, coltán y otros metales. Ahora trace una línea hasta Puerto Inírida departamento de Guainía, Colombia (cuadrillas Acacio Medina y 16 FARC); de allí, prolónguela hasta San José del Guaviare (cuadrilla 1 FARC) y a Puerto Asís, frontera con Ecuador (cuadrilla 48 FARC). Continúe con la línea hasta Tumaco (ELN, FARC, EPL, Sinaloa, Contadores y otros) y ahora suba la línea hasta Unguía, Chocó (Clan del Golfo, frente de guerra occidental ELN y cuadrillas 18 y 36 FARC). Entonces, gire a la derecha y tire la línea hasta Cúcuta, (Cartel del Golfo, frente de guerra Darío Ramírez ELN). Cierre el polígono en Tumeremo. Esa es la nueva patria de Bolívar, el sueño de Chávez, el proyecto de Maduro y la codicia de Márquez y sus secuaces.

No es de poca monta el trasfondo del video show de las FARC, aunque tampoco la tienen fácil: entre narcos vanidosos nada es seguro. Pero si Enrique Santiago, Felipe González, Pepe Mujica, un tal Jaramillo, un alcalde izquierdista en Bogotá y reconocidos quintacolumnistas meten la mano en el asunto, este impromptu geoestratégico nos llevará a una sangría. Por culpa de Venezuela.

martes, 30 de julio de 2019

No lo soporto


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Cada vez me sorprende más la pasividad, indolencia, inactividad de la clase política colombiana, que, por estar pensando en sus intereses personales, están permitiendo que el país continúe por la senda de la inestabilidad, política, moral y social; se perdió el norte, no hay quién lidere un acuerdo para pensar en grande.

Son culpables, sin excepción, sin excluir a ninguno, los presidentes o directores de los partidos políticos, porque o no están previendo la magnitud del problema social que enfrentamos o son parte de él y se hacen los de la vista gorda, seguramente pensando en un futuro hacer parte de las fuerzas políticas contrarias, para ellos no perder el poder.

Estoy desengañado, triste, pero no derrotado y eso me hace persistir. Siempre he dicho que primero la muerte, que perder sin luchar, sin intentar modificar lo que está mal o va empeorando. Por ello invito hoy tan siquiera a uno solo de los que nos leen para que creamos en nuestro país, para unir intereses comunes entre pensamientos e ideologías diferentes y que exijamos, empezando por nosotros mismos, un cambio en nuestro accionar. Es imperativo que definamos que desde donde actuemos debemos respetar, ser solidarios, generar empleo, cero corrupción, y tengamos disciplina y orden. Es más fácil de lo que creemos, porque yo soy el primero en decir que me he equivocado y eso no me impide corregir el rumbo y buscar mantener la democracia.

No tolero el lenguaje de los exguerrilleros, que hablan de concordia, y respeto por la democracia, y llegan a otros escenarios como el foro de Sao Paulo y dicen otra cosa, o van a Venezuela y allí se esconden, se recuperan y desdicen de nuestro país ante los ojos de los venezolanos que defienden el régimen. Así escuché a Maduro, despotricando del expresidente Uribe y vi, lamentablemente para mí, la sonrisa en la cara de Piedad Córdoba, que no sé aun a que juega en este país.

No tolero el desparpajo de la izquierda en Bogotá y la estupidez de los candidatos de centro que se mantienen desunidos. Así van a perder irremediablemente la elección. Son tercos, poco prácticos y no ven más allá de sus propios intereses. Mal ejemplo para la democracia. Desde aquí los invito a que cesen las diferencias y busquen caminos de unidad, que es la única que nos salvará del desastre.

No entiendo cómo nosotros, los ciudadanos, después de haber visto el desastre económico y social de Bogotá, de ciudades capitales del sur del país, persistamos en elegir gobiernos de izquierda, que además han fracasado rotundamente en Suramérica, Centroamérica y Rusia. La única explicación posible que llega a mi mente es que creen en ellos, porque no les contamos las historias trágicas ocurridas en esas regiones por causa de un gobierno de la izquierda.

Tenemos mucho por hacer para generar trabajo, estabilidad social y bienestar, salud y recreación, que al final es lo que todo gobierno debe propender, pero lo debemos lograr en el ejercicio de la democracia.

Soy entonces amigo del referendo, que se promueve a través de Herbin Hoyos, y comparto la promoción de otros cambios a saber: disminución del Congreso de la República, quitar la casa por cárcel para los corruptos privados y públicos, doble instancia sin retroactividad a partir de la aprobación de la ley, que la JEP sea una sala adicional en la corte suprema de justicia, máximo tres periodos en el Congreso, quitar beneficios a los condenados, pena de muerte para el violador y para el secuestrador, así nos creerán y aceleraremos la reconstrucción del país.

sábado, 13 de julio de 2019

"Yo desaparecería el ejército": Presidente


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Las guerras entre hermanos se dan por la sucesión o la herencia. Lo mismo sucede con el poder, especialmente en estas subculturas políticas en donde cada uno se siente el iluminado, el providencial, el salvador. Así evolucionamos, debido a una dieta escasa en proteínas y así nos educó el catolicismo: más Providencia que previsión.

Todo relevo de alto mando conlleva tires y aflojes, lealtades y traiciones, dudas y desgastes. Las turbulencias sucesorales de nuestro Ejército Bicentenario no son nuevas. Desde 1800 con José María Córdova hasta los 60 con el General Revéis Pizarro. En los 90 fui testigo de excepción de la transición Bedoya-Bonnet. Complicado asunto.

Algunos oficiales, boquiabiertos por la paz santista, la doctrina Damasco y la OTAN, se resisten a aceptar la reavivación del conflicto que los obliga a dejar sus cómodas oficinas para volver a la tienda de campaña, al estrés operacional, a la incertidumbre jurídica. Esos comodones herederos de la narcofarsa habanera lloriquean bajo el peso del fusil y tratan de socavar la intención del actual comandante del ejército de liderar la fuerza en el terreno de la realidad. Para la mamertada, no es conveniente un ejército combatiente sino un ejército combatido; para la prensa interesada, probables generales corruptos son una buena cortina de humo para escándalos mayores como el de Odebrecht y la reelección de Santos, y para ciertos políticos, eso de ser la institución más apreciada, no es conveniente, además de mortificante.

A lo anterior se agrega la ladina manipulación de la izquierda al asunto de la sanidad militar. Así, mientras el mando se desgasta, la tropa se desanima sin certeza hospitalaria y el brazo armado fariano se fortalece con el narcotráfico y la minería ilegal. Ahora empezó el hostigamiento contra de la Dirección Nacional de Inteligencia por parte de reconocidos comunistas.

No se trata de encubrimiento: la milicia es “profesión de hombres honrados” y quienes hayan trasgredido los límites disciplinarios, administrativos y/o penales, deben ser severamente sancionados.

Urgen carácter, decisión y mano fuerte para evitar que la institución siga en el camino de la politización inoculada por Santos y su mando, pues sería sumamente grave para la existencia misma de la nación. “Si por mí fuera, yo desaparecería el ejército y lo convertiría en guardia nacional”, dijo hace pocos días López Obrador. Aquí, algunos desean hacer lo mismo para transformar los militares en guardia pretoriana de alguna nomenklatura criolla. Como en Venezuela.

sábado, 29 de junio de 2019

¿La culpa la tiene Gallup?


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Ante el trastorno moral del país, la izquierda nacional e internacional y los oportunistas de siempre, arrecian sus ataques contra nuestro ejército bicentenario, tratando de demeritarlo. Se refriegan las ejecuciones extrajudiciales; se publicitan las confesiones lacrimosas de coroneles sin carácter; el senador de la bolsa y los billetes, igualan el entrenamiento militar con la tortura (tortura es verlo a él y sus conmilitones de las FARC pontificando sobre lo público); se intenta amplificar el suicidio en las filas, que toca al 0,01% de la institución; en titulares de primera página, se pone a los militares a la cabeza de la violencia contra la mujer y en carátulas se habla de macabros silencios y terribles presiones al interior del ejército. Buscan desprestigiar la institución, mientras sus soldados comparten con militares y civiles de Paraguay, México y otros países, experiencias sobre reglas de enfrentamiento, garantías del DIH y respeto de los DDHH en las operaciones.

Y aquí, miles de reservistas de todos los grados y de las cuatro fuerzas se agitan en foros, en la calle, organizándose y tratando de darle cauce a la corriente anticomunista y cristiana que se percibe en el ambiente. La izquierda, por su parte, intenta maliciosamente hacerse al calor de los reservistas insatisfechos, supuestamente defendiendo sus reivindicaciones y aprovechando la dispersión de sus intereses.

En su encuesta de mayo, Gallup reiteró a los militares como la institución de mayor confiabilidad de los colombianos, mientras hundió en la sentina de la opinión pública a las FARC, los partidos y el Congreso. Retrato de un volcán político que desvela a avinagradas élites, a narco comunistas y que explica el ataque a nuestra institución más preciada.

Erosionar la moral institucional y sembrar la disensión y la desconfianza entre las filas de nuestros militares, es conducir el país al caos de la narcoviolencia, mucho peor que la de los terroristas marxistas leninistas sesenteros. Las fallas que existen en esta institución sui generis, deben ser tratadas con el rigor, la disciplina y la prudencia que el delicado asunto de las armas de la República requiere.

Lo que se está haciendo de manera tan irresponsable, solo conduce a la atonía institucional y de ahí a la entrega de las banderas, no hay sino un paso. Con la institución militar no se juega, pues termina siendo un juguete de tiranos y déspotas, en un narco estado estaliniano. Como en Venezuela.

lunes, 17 de junio de 2019

No tenemos líderes


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
En las crisis se mide el talento de un pueblo, de un gobernante y de los líderes de los partidos políticos que representan a los ciudadanos. Por ello, hoy vemos con preocupación la falta de liderazgo en quienes representan la institucionalidad colombiana, con una subsistencia de la democracia en juego, un país polarizado, una economía que aún sigue estable, pero con signos de alerta; un congreso lleno de personajes que no han sido juzgados, otros inmersos en narcotráfico, y la justicia sin decidir; qué bonito ejemplo para los ciudadanos.

Por otro lado, miremos los partidos políticos, y hay que decirlo clarito, no dan sino pena ajena, no aportan, no construyen identidad, no generan confianza, dan la sensación de que viven en otro mundo, piensan es en la inmediatez de las elecciones, pero el para qué, con quién y qué pretenden no lo sabemos, no hay una ideología que defender, un camino a mediano y largo plazo, con ideas y proyectos que convoquen; es entonces la simple razón de ser elegidos y como no saben qué van a hacer cuando lleguen a gobernar, se los traga la tierra porque no conocen y no entienden como se dirige una comunidad.

Si me pongo a enumerar líderes del Partido Liberal, observo con tristeza que sigue el expresidente Gaviria al mando, de qué, no lo sé, porque ese partido no está cohesionado, se disgregaron y muchos han montado rancho aparte como empresas electorales que se volvieron.

Cambio Radical, con el doctor Germán Vargas ausente de la dirección, está disgregado y sin mucha fuerza, aunque debo reconocer que el mejor plan de gobierno era el de él.

El Partido Conservador, quiere dejar de ser una fuerza de apoyo y recuperar terreno, pero aún le falta cohesión y dinámica, les falta creer en ellos mismos.

El Centro Democrático, tiene líder, le sobra talante, conocimiento y pasión, pero, están generando resistencia y podrían dejar de ser esa fuerza arrolladora que han sido. Hay que decirlo, sin ese partido y su gente no tendríamos hoy democracia, habríamos caído en las garras del populismo y la ambición sin límites.

Los partidos de izquierda, que son varios, tienen el mismo objetivo de obtener el poder a como de lugar, trabajan día y noche para ello, pero, en las ocasiones que han logrado gobernar la capital, el ejemplo ha sido pobre, los resultados bajos, la corrupción ha imperado y se vuelven soberbios y dueños de la verdad, unos en la cárcel, otros encauzados y otros sin credibilidad.

Si miramos el panorama no es alagüeño, son los mismos en todos los partidos desde hace décadas, el cambio generacional no se ha dado, en el Congreso repiten y repiten, y los resultados magros, se enquistaron en las mieles del poder, pero, sin resultados.

Entonces sin dudar les digo que no tenemos, a excepción del Centro Democtrático que hasta para elegir los candidatos acordaron mecanismos  de elección y de sujeción al acuerdo, ningún otro partido que muestre ese talante de respeto por la democracia.

Cambiemos para bien, comercialicemos en debida forma las ideas y programas, lleguemos al pueblo. Con diez puntos seremos capaces de liderar este país y cohesionarlo para que nos pongamos de acuerdo sobre los valores y acciones que debamos acoger como fuente de entendimiento y desarrollo de Colombia. No tenemos líderes, cuando lo aceptemos cambiaremos.

lunes, 3 de junio de 2019

Me molesta


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Y mucho, que la Corte, el Consejo de Estado y la misma JEP, estén como la esfinge de la justicia, con una venda negra que impide mirar el horizonte y más grave aún, que hace que olviden el presente y tomen decisiones catastróficas, contra toda evidencia, por una simple razón, porque la justicia da tumbos, no tiene un norte, no se respeta la jurisprudencia, oscilan sus fallos de acuerdo al vaivén  que va tomando el país, que casi todos lo sabemos y negamos esa realidad, que no es otra que el de la izquierda visceral del odio y el poco aporte.

Pero, más que lo anterior me molesta ver a Santrich, ahora sí erguido, levantando la mano, con aire triunfador, exuberante de salud y no como hace quince días, en silla de ruedas, como una víctima subiendo al cadalso, directo a la clínica porque estaba al borde del colapso y esa actuación no era sino una payasada más, de las muchas que permanentemente realiza la izquierda colombiana. Es como la de Márquez, El Paisa, arrogantes, no sometiéndose a la justicia, y diciendo que no hubieran entregado las armas; pues que las cojan y que se vayan al monte, que por las armas intenten lograr algo de lo que no pudieron ganar en 55 años de conflicto. Con Santos lo lograron en una paz espuria, no ganada ni en las armas ni en votación libre. Son comportamientos de uno y otro que hacen ver una sola verdad, y es que nos creen estúpidos, que a punto de cuento nos van a convencer que aceptan el ejercicio de la democracia.

Molesta, que la juventud coma cuento. Tal vez entiendo la razón, que es la de ver el pobre espectáculo que dan en el congreso personas como Roy Barrreras, Benedetti, y otros senadores y representantes que piensan en el interés personal y no en el desarrollo de la sociedad.

Molesta, que la historia de este país se desconozca, que la repitamos y de una y otra forma sea la misma, muerte, venganza, odio y más violencia.

Molesta, que para ser candidato a las gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos, la mayoría, habiendo sido miembros de los partidos, busquen el aval por firmas. ¿Dónde quedaron los partidos que es la base de la democracia?, ya sean liberales, conservadores, verdes, del polo o cualquier otra  denominación que se le quiera dar. Una democracia para que sobreviva, requiere de la disciplina, orden y trabajo de los partidos; lo cual hoy, junio 3 de 2019, es inexistente.

Molesta que la izquierda, critique, acuse, despotrique de la sociedad colombiana, que no cejen en su empeño malicioso y molesto de no aportar y apostarle a la catástrofe, para ellos convertirse en los salvadores de la unidad nacional.

Por último, invito a los que quieren un cambio de rumbo del país, a que den una mirada a los países que han tenido gobiernos de izquierda en los últimos 20 años, qué desarrollo tienen, qué infraestructura han implementado, cómo está el turismo, el empleo, la educación y su sector empresarial, y luego decidan con criterio si es bueno ese rumbo y puedan llegar a una conclusión clara y precisa, antes de caer en las garras del populismo.