martes, 30 de noviembre de 2021

De cara al porvenir: los impajaritables

Por Pedro Juan González Carvajal*

Cada época trae su afán, y cada generación crea sus propias expresiones para comunicarse y facilitar las relaciones. En un mundo signado por la tecnología, los mensajes de pocas palabras, la abreviación obligatoria y los memes, el léxico cotidiano también adquiere y promueve nuevas palabras que son utilizadas hasta el cansancio, haciendo que el lenguaje pareciera un inventario precario de expresiones.

No me gustan ni el “parce”, ni el “parcero” y me impacienta el “o sea”. Personas sin distingo de edades ni de actividad, manosean y aporrean el lenguaje y muchas veces, como estribillo, toman una palabra y la emplean con inusitada frecuencia, ya sea espontáneamente o a la fuerza, en cualquier contexto.

¿Qué harían muchos personajes, sobre todo del mundo público, sin la palabra “articulación”? ¿Cómo engranarían sus ideas y sus acciones?

¿Quién en el mundo académico y empresarial no se ha sentido tentado a emplear la palabra “disrupción”, aún sin tener muy claro su significado? Una sociedad que mira con recelo el cambio como proceso difícilmente entenderá lo que implica esta expresión.

La pandemia nos contagió de virus y de temores, pero también nos trajo como secuela la palabreja “reinvención”, expresión sin la cual pareciera que, si no la empleamos, hubiéramos sobrevivido en vano.

Ni que decir de la palabra “resiliencia”. Todos nos hemos convertido en mártires y héroes de oficio. Personas, grupos, ciudades y países, por no hablar de continentes y planeta, nos hemos convertido en seres resilientes, capaces de volver a comenzar, como Sísifo, de manera permanente.

¿Y qué tal la palabreja “polarización”? Estamos haciendo eco de las posturas extremas y populistas que están de moda a lo largo y ancho del planeta y hemos recuperado esta expresión, que hoy por hoy es de las más usadas.

Finalmente, en este breve recorrido, llegamos al prefijo “post”. Hay que hablar de “post acuerdos de paz”, y cómo no, de “post violencia”; hay que mencionar la “post pandemia”, ya se escucha hablar de “post Otoniel” y no sobra quien se exprese alrededor de la “post verdad”… Lástima que ninguno de estos post se refiera a procesos debidamente concluidos.

Finalmente, lo importante es que nos entendamos y gracias a este compartir de expresiones, pues nos facilitemos la vida juntos.

Ojalá al menos hablemos claro, que los dialectos urbanos o segmentados no nos conviertan en guetos sociales y por qué no, que la sindéresis y la consecuencia nos permitan promover el hecho de ser coherentes entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que actuamos.

lunes, 29 de noviembre de 2021

El Partido Liberal

Por Antonio Montoya H.*

Ha sido vital para la subsistencia en el tiempo de la democracia en Colombia, aunado al Partido Conservador, y ambos han tenido la hegemonía en las decisiones públicas y en las grandes soluciones del país, pero, hoy me referiré únicamente al liberalismo, a sus ideales y principios y qué importancia tiene en la vida nacional este otrora importante partido.

Debo decir que soy liberal, convencido de que, a través de la libertad, la propiedad y la seguridad se puede desarrollar todo el ideario y buscar el bienestar de los ciudadanos con equidad y justicia social.  

También debo decir que respeto, tolero y comparto ideas conservadoras, porque mi vida la he regido conjuntamente con esas dos ideologías, que permiten de una manera armoniosa desarrollar a Colombia, bajo dos parámetros diferentes pero que al fin de cuentas tienen un objetivo común que es la convivencia sana, la libertad y la distribución del ingreso y la riqueza no quitando, sino estableciendo los medios para lograrlo, para ello es necesario promover la educación, el trabajo , la igualdad de oportunidades y la igualdad de condiciones.

Lo que si no entiendo es lo que ocurre hoy en el Partido Liberal, donde un expresidente se adueñó del poder, no hay discusión, no se somete al debate las alternativas que surgen para fortalecerlo, está entronizado y los aires de renovación no se ven, sus hombres se van retirando y montando rancho a parte para buscar nuevas alternativas políticas, no para trabajar con base en una ideología, sino para tener su grupo partidista como una empresa electoral, llena de ambición y de intereses personales, contrariando el pensamiento liberal.

Hoy se debe estar revolcando de la impotencia el fundador del partido José Ezequiel Rojas, quien el 16 de julio de 1848, en el acta de fundación fijó los principios que lo rigen y son vigentes actualmente, pero, que se olvidan por quienes manejan el partido, por cuanto una cosa es manejar y otra es liderar. Esta última se logra es con base en el trabajo, con el convencimiento, con la rectitud y el carisma, que logre inculcar en las nuevas generaciones esas ideas liberales, revolucionaria, pero respetuosos de la democracia, que permita a sus miembros sentirse orgullosos del papel que se representa como partido, en la vida nacional.

Sin duda alguna desde su fundación hemos tenido grandes hombres liderando las reformas sociales y económicas de Colombia, todos ellos progresistas, preparados, pensadores, luchadores que ante la adversidad se crecieron y dieron muestras de entereza moral y patriótica. Menciono entre muchos personajes al general Rafael Uribe Uribe, Enrique Olaya Herrera, Jorge Eliécer Gaitán, Eduardo Santos, Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso López Michelsen, Luis Carlos Galán y Álvaro Uribe Vélez. Algunos de ellos han gobernado el país y otros no lo lograron por ser víctimas de la violencia, el odio y el temor a sus ideas como Gaitán, Galán  y Rafael Uribe Uribe, hombres que bastante falta le han hecho al desarrollo de Colombia, a la fe que tenían puesta en la transformación social que lideraban y que por causa de los avatares del destino cayeron todos bajo la acción de asesinos que preferían su muerte, que el cambio en la forma de gobernar a Colombia con desarrollo social, orden y disciplina.

Todos ellos fueron acompañados de lideres regionales y departamentales que aportaron también grandemente a que sus movimientos ideas y liderazgo crecieran en todo el territorio nacional.

Llegó la hora de un cambio en el Partido Liberal, que sus bases se revuelquen, citen a una gran convención nacional, que allí se debata el devenir histórico para los próximos años, se recojan sus ideas, se respeten las decisiones, se cumpla el ideario y se combata de frente la corrupción, generando así confianza en los ciudadanos, y que se sientan representados en cualquier lugar del país, porque el partido es uno solo, sus principios no tienen diferencias sociales y son los que permitirán que se trasforme en la gran fuerza que combata el populismo, la mentira, la falsedad y coadyuve con otros partidos a la restauración social y moral de Colombia.

Ahora en épocas difíciles, pensemos en grande y contribuyamos a la consolidación y transformación del Partido Liberal y de otros que también están en mora de renovarse para obtener un sistema democrático sólido y con equidad, justicia, y desarrollo armónico social y económico.

domingo, 28 de noviembre de 2021

El partidismo en la modernidad

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio*

Muchos años atrás el Partido Liberal y el Conservador eran las grandes fuerzas políticas antagónicas con diferencias ideológicas que defendían a capa y espada sus postulados. El ejercicio democrático se respetaba, pero luego llegó el llamado Frente Nacional y la sombra de Maquiavelo comenzó a aparecer. Relativamente hace poco, se unieron para votar por el mismo, (Santos) en la llamada unidad nacional. Esto me llevó a la pregunta. ¿Qué tan necesario son hoy los partidos políticos? ¿Qué desdibujadas ideologías persiguen más el reparto burocrático que una causa mayor de buscar el interés general sobre el particular?

Hoy estamos a toda suerte de cruces ideológicos mimetizado en cantidad de partidos y grupos significativos de ciudadanos que se acomodan a las oportunidades del momento. Salen fórmulas de todas partes. Vote por el que diga este, vote por el que esté en contra del otro, qué viva el partido del chontaduro, del tomate, la Coalición de la Esperanza, de la Experiencia, el Pacto Histórico, el nuevo y viejo liberalismo, el equipo ganador, el centro-centro y cuánta impactante fórmula que sume votos.

Aparecen candidatos de todas las estirpes y con variopintas estrategias de marketing político. Salir sin camisa, cargando niños ajenos, comiendo sancocho en plaza, marchando por cualquier motivo o abrazado con algún influencer político.

Los ciudadanos deben ir más allá del simple partidismo e investigar la historia, trayectoria y propuestas de cada candidato. Es un gran paso para formar una cultura política que fortalezca la democracia.

En mi opinión personal la Ley de bancadas es una muestra de cómo a estas alturas se coarta el pensamiento. No se puede estar de acuerdo en todo. Cada persona debería tener autonomía sobre sus decisiones. Las curules no deberían ser de los partidos sino de las personas y cada quien debe hacerse cargo de su pensamiento e ideología más allá de los desdibujados partidos.

P.d.1. En las elecciones a Congreso del 2018 surgieron 1.4 millones de votos anulados y/o no marcados. Lo que denota un alto analfabetismo político.

P.d.2. En plena era moderna donde las tecnologías de las comunicaciones las tenemos en la palma de la mano debemos buscar una comunicación bidireccional permanente entre electores y representantes políticos.

P.d.3. El engaño al sufragante debe ser un delito sancionado con la destitución. Ocurre cuando se promete algo en campaña y se hace lo contrario luego de ser elegido. Es mejor sospechar de políticos que ofrecen ríos de leche y miel.

viernes, 26 de noviembre de 2021

Tortuoso camino

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Cinco años celebra el acuerdo de paz. Más de cuatro tomó firmarlo. Una década dilatarlo. Por lo menos 30 anhelarlo.

Belisario Betancur fue el primer mandatario que recurrente y formalmente, en su discurso, habló de la paz y de la necesidad de alcanzarla. Romántico y poeta soñador, suspiraba con el asunto, después de ser testigo de primera mano del desangre bipartidista y de los albores de la guerrilla. Banderas blancas y palomas resultaron ser icónicos símbolos que se fueron desgastando con el paso de los años, por los escasos resultados y por la falta de voluntad política para lograrla por parte de quienes tenían en sus manos hacerlo.

No ha sido fácil, no todo ha sido fracaso, pero es un hecho que, desde entonces, hemos recorrido un tortuoso camino hacia la paz. Hubo evidencias relativamente tempranas de que era posible. Sobresale lo logrado con el M-19, un grupo que siempre rompió el molde de la guerrilla convencional, comunista e influenciada ideológicamente por las líneas de Moscú o Pekín. Sin embargo, la paz ha tenido siempre enemigos y detractores, unos ocultos y soterrados, otros abiertamente manifiestos. Pareciera que la paz no es un unánime objetivo y eso resulta desconcertante.

Personalmente estoy convencido de que hay un grupo importante para quien la guerra, o conflicto armado, o como quieran llamarlo, es un negocio lucrativo. Al fin y al cabo, la venta de armamento a nivel global es rentable como toda industria que se respete. Tendrá, pues, que alimentar destrucción y muerte en cualquier latitud mundial, paradójicamente, para poder sobrevivir. Divide y reinarás es su consigna porque, como dice otro adagio: en río revuelo, ganancia de pescadores.

Para otros, no puede haber paz si no hay vindicación. La monstruosa guerra ha generado miles de víctimas en todos los bandos. Sabido es que muchas familias han padecido en carne propia la tragedia de perder miembros de uno y otro lado. El dolor es enorme y las heridas están abiertas. No es fácil eso de perdón y olvido. La memoria se mantiene viva y por eso la repetición es una amenaza constante.

Pero también el asunto es de justicia y equidad. En tanto no existan, la paz no será posible. Respecto de la justicia, duele en el alma la impunidad. Todo tipo de desgracias acontecen y no pasa nada. Sin Dios ni ley los delincuentes, vulgares y los de alto coturno, se pasean orondos y retadores, fortalecidos frente a un sistema penal debilitado, sin dientes ni recursos, cada vez son más descarados y agresivos. Respecto de la equidad, es vergonzoso saber que nuestro país es de los más inequitativos del mundo por la distribución de su riqueza: unos pocos tienen mucho y la gran mayoría poco o nada. Si eso que está de moda llamar capitalismo consciente se hubiera puesto en práctica antes, los ricos tendrían más riqueza, pero habría poca pobreza y una mayoritaria clase media con sus necesidades básicas satisfechas. Otro sería el cuento.

Hace casi 40 años el presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, escribió un texto magistral sobre los vacíos de la paz, un escrito ágil y asequible para comprender que, en tan complejo panorama colombiano, unas cuantas y acertadas decisiones hubiesen marcado un rumbo diferente y agrego yo, muchas vidas se habrían salvado y seríamos un país próspero y con mejores estándares en todo.

La paz seguirá su tortuoso camino hasta que dejemos de ser tan mezquinos solipsistas que solo pensamos en nuestro confort particular, así los otros estén en la olla, y, hasta que efectivamente y con hechos demostremos que ese cacareado amor por la patria se traduce en transformaciones sociales profundas. Es claro que solo los acuerdos firmados no eran suficientes y que por más fallas que pudieran tener eran el inicio de una nueva etapa, pero primó más el afán de retaliación, del “ojo por ojo y diente por diente”, así quedemos todos ciegos y muecos. Entre tanto, otros nos están sacando provecho. Así las cosas, hago un llamado a los tuertos que quedan para que tengan un tris de sensatez y cordura a ver si logramos salvarnos y vivir en paz.


jueves, 25 de noviembre de 2021

Vigía: de Rittenhouse a Cali

Coronel John Marulanda
Por John Marulanda*

El caso Rittenhouse en Estados Unidos es emblemático de lo que está sucediendo, no solamente allá, sino en Latinoamérica. Una guerra no declarada, en las calles y contra el establecimiento, contra la cultura occidental de familia, religión, propiedad privada, empresarismo, libertades y tolerancia. Un sometimiento de la ciudadanía pacífica a la violencia de unos pocos armados.

Marxistas leninistas en Estados Unidos

Kyle Rittenhouse formaba parte de un grupo de seguridad vecinal, activado a raíz del vandalismo que siguió a la muerte de George Floyd a manos de un policía blanco en mayo de 2020. Las protestas convocadas por Black Lives Matter (BLM), cuyas fundadoras y cabecillas (Garza, Cullors y Tometi) se declaran marxistas leninistas, seguidoras de Assata Shakur, una terrorista ex Pantera Negra asilada política en Cuba, en donde también están protegidos los cabecillas del ELN, todos con circular roja de la Interpol. Una turba atacó y derribó a Kyle, quien, haciendo uso de la segunda enmienda, portaba un arma larga. Desde el piso, abrió fuego y mató a dos de sus agresores: uno había pasado 14 años en prisión en el 2002, por abuso sexual contra menores, y el otro también había cumplido condena por violencia intrafamiliar y escándalo público en 2012. Un tercer agresor resultó herido y admitió que había apuntado su arma contra Rittenhouse, antes que este disparara.

Muchos políticos norteamericanos calificaron al joven de supremacista blanco (presidente Biden), hombre violento y peligroso (Di Blassio, alcalde de NY, que admira al Che Guevara) y la prensa demócrata pintó el caso como un incidente racista, a pesar de que ambos muertos eran blancos.

Pero un jurado sensato, entendió que Rittenhouse empleó el derecho universal a la legítima defensa y lo declaró inocente de los cargos de homicidio.

Recientemente, también en Colombia, un médico en legítima defensa mató a tres asaltantes en un puente peatonal en Bogotá. El hecho sucedió en enero y en julio de este año, un juez falló a favor del galeno. La opinión pública que en más de un 70% no cree la justicia neogranadina, que está abrumada por la inseguridad y que mira con desconfianza que hasta las armas traumáticas sean restringidas, tiene como referencia fresca este caso.

… Y en Latinoamérica

Colombia es el único país del mundo en donde no un joven civil como Rittenhouse, sino un soldado de la República, en cumplimiento de una orden de operaciones, uniformado, equipado y con un arma constitucional en sus manos, permitió que un indígena borracho y amenazante le colocara un machete en el cuello y entregara al azar su derecho a la legítima defensa. Entonces, los indígenas caucanos envalentonados avanzaron el pasado abril sobre Cali y la destruyeron. Consecuencias de un ejercicio de autoridad claudicante. Ahora planean volver a la misma ciudad, ante unas autoridades conciliadoras y convencidas de que los lobos son vegetarianos. Dudo mucho que esta nueva protesta indígena se realice en paz. Si así sucede, gran logro. Pero la experiencia nos dice que estos deseos pasan casi siempre como ingenuidad o inexperiencia.

La ley del machete, es la que parece estar imperando en las protestas “pacificas” colombianas, con un claro propósito de desestabilización preelectoral.

El uso de la fuerza letal es válido por parte de militares y policías, ante una grave e inminente amenaza contra su vida. Las condiciones de proporcionalidad, discriminación, advertencia, etcétera, no impiden que una agresión con un machete, dirigida a la humanidad de un uniformado, pueda ser repelida por uno o varios disparos. Un proyecto de seguridad ciudadana, radicado por el gobierno de Duque, urge ante cifras de homicidios al alza (+18.3%) y de lesiones personales subiendo (+18.7%). En lo relacionado con la legítima defensa, el proyecto establece presunciones legales que favorecen a las víctimas.

Cota: la eventual decisión del gobierno demócrata norteamericano de excluir a las Narcofarc de la lista de organizaciones terroristas, a pesar de sus estrechos vínculos con Hezbolá en Venezuela, demuestra el desinterés de Washington por las dinámicas regionales. Pero la injerencia cubana y venezolana a través de las FARC, el ELN, Hezbolá, Rusia, China e Irán en las turbulencias preelectorales colombianas, es una amenaza directa a la seguridad de US. Tanto como el caso Rittenhouse.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Ante el Gulag colombiano

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

En la literatura del siglo xx ocupa un importantísimo lugar la novela, si así puede llamarse “El Archipiélago Gulag”, de Alexandr Solzhenitsyn, un inmenso documental sobre las infinitas facetas criminales y carcelarias que sirvieron de fundamento al Imperio Soviético.

No han faltado en la historia la crueldad y el terror, la guerra y la dominación, pero esas situaciones siempre fueron consideradas como abusos criminales, mientras en el sistema marxista-leninista devinieron el propio fundamento del Estado, porque la revolución divinizada, fuente del derecho, solo puede realizarse a través de la creciente y deliberada violencia que requiere sustentarla.

Una cosa es aceptar y practicar la violencia, y otra es reconocerla frente a la humanidad. Mientras más violento, represivo, cruel y sanguinario, más intenso el esfuerzo publicitario para presentar un régimen de terror como el abanderado único de la paz, la justicia social y la benevolencia. Hay que recordar las imágenes que se difundieron para pregonar la bondad de Lenin —el ideólogo del terror—, y de sus más aventajados seguidores, el “padrecito Stalin” y “el Gran Timonel” Mao Tse-tung, para no detenernos en los Kim, los jemeres rojos y Fidel.

Ahora bien, a partir de la Revolución Rusa, una propaganda tan falaz como exitosa afectó, a partir de la educación y los medios, a centenares de millones en Occidente, que llegaron a creer en el paraíso que el comunismo ofrecía, después de la derrota del nazismo, dictadura igualmente atroz. A partir de 1945, la propaganda decidió que la historia se divide entre lo negro y aterrador, el fascismo, y lo blanco y refulgente, el socialismo.

Afortunadamente los abismos del horror comunista no pudieron ocultarse definitivamente, a medida que investigaciones históricas, económicas y políticas demostraron que el comunismo solo produce barbarie, opresión y hambre. Las juventudes europeas, a partir de los años 70-80, fueron abriendo los ojos. Buena parte de este descubrimiento se debe a obras tan descriptivas como las de George Orwell, “La granja de los animales”, y “1984”; “El cero y el infinito”, de Arthur Koestler; “La noche quedó atrás”, de Jan Valtin, “La hora 25”, de Virgil Georghiu y “El doctor Zhivago”, de Boris Pasternak, entre muchas que revelaron los aspectos más aterradores del comunismo en los desventurados países que lo padecían. Pero ninguna fue tan contundente como “El Archipiélago Gulag”, narración sobre ese inhumano sistema, tan extensa como detallada.

Después de la aparición en Occidente de la obra de este gran escritor ruso, ignorar esa denuncia constituye mala fe.

El lector excusará este proemio, porque en Colombia el avance de la propaganda comunista entre la juventud indoctrinada en las universidades ha creado un clima cultural predominantemente marxista, muy parecido al que sufrió la juventud europea, como hemos visto atrás, porque  en nuestro país se viene montando una narración maniquea, donde las luces las exhibe la izquierda, mientras los demás son “fascistas”, corruptos, asesinos y “de extrema derecha”, que tienen a su servicio, para reprimir y asesinar al pueblo, a las fuerzas armadas.

Contra la anterior situación de derrota cultural y política, los gobiernos no han reaccionado hasta ahora. Al contrario, la tolerancia ha sido la costumbre, hasta llegar a la entrega de la justicia, a la Asonal Judicial; de la educción, a la Fecode; de los medios, a los mamertos; y en el Legislativo se han escriturado unas dos docenas de curules a los perores criminales de lesa humanidad. Y como si esto fuera poco, el futuro de las fuerzas militares depende de la JEP, uno de los tentáculos de la hidra de las “altas cortes”, que usurpan todos los poderes públicos.

En medio del desolador panorama anterior, debemos celebrar la tardía pero ejemplar respuesta de las fuerzas militares, que acaban de entregar a la JEP una denuncia de más de 9000 páginas, con el inventario detallado de las atrocidades de la guerrilla contra los niños, los campesinos, los secuestrados, los militares, los policías, y acerca de los campos anegados en petróleo, los mutilados por minas, el auge de los narcocultivos y miles más de crímenes.

Sin embargo, no basta con entregar ese estudio a la JEP, organismo al servicio de la subversión donde ni siquiera lo van a abrir. Hay que resumirlo en un tomo accesible al lector común, divulgarlo a través de los medios masivos con igual intensidad a la que recibió la lucha contra el covid (porque perder la libertad es peor que la muerte), hay que llevarlo a la academia, y así sucesivamente, para que el pueblo conozca el futuro que nos espera, si las elecciones las gana el candidato de las FARC, del narcotráfico, del castrochavismo y del Foro de Sao Paulo.

Hoy, no basta con una breve reseña de esa denuncia, para olvidarla luego, como tantas otras. Ese esfuerzo no puede convertirse en otro documento histórico inocuo.

***

El candidato de marras dice que es cosa de Uribe lo que la congresista norteamericana María Elvira Salazar dice de él (“ladrón, marxista y terrorista”). En vez de amenazar y vociferar, ojalá ese individuo fuera capaz de refutarla. En Colombia, en cambio, ¡es el “doctor” y el “honorable senador” por aquí y por allá, una y otra vez!

martes, 23 de noviembre de 2021

De cara al porvenir: no ha faltado el sirirí

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

El sirirí es un ave caracterizada por su mal humor y su territorialidad, pero en nuestra cultura se le relaciona con la insistencia excesiva o, en otras palabras, por ser atormentador y cansón.

En este artículo no se hará referencia a la fauna política, repleta de estas aves, sino a nuestro deporte bandera, el ciclismo, en el que hemos estado desde hace casi cuatro décadas en la élite mundial ganando, incluso, las tres grandes vueltas, pero en el que se hubieran podido tener más triunfos si, a lo largo del tiempo, no hubiera existido un sirirí.

En los años sesenta nuestro máximo ídolo ciclístico y mejor deportista del siglo XX, Cochise, intentó varias veces obtener el título mundial en su especialidad de pista, los cuatro mil metros persecución individual y… allí encontramos al primer sirirí: el suizo Xaver Kurmann. Por fortuna en 1971 en una carrera memorable Cochise obtuvo un merecido triunfo frente al también suizo Josef Fuchs.

En los años ochenta del siglo pasado llegó el primer desembarco masivo de ciclistas colombianos a Europa. Sin mucha técnica, sin ningún sentido de la estrategia, pero con mucho coraje y condiciones innatas, empezaron a disputar carreras del circuito aficionado, como el Tour del Avenir. Llegaron Alfonso Flórez y Patrocinio Jiménez, entre otros, y encontraron su sirirí. El soviético Serguéi Sujoruchenkov, más conocido como Suko, privó a los escarabajos de muchos triunfos en etapas de montaña y de títulos en vueltas. Sin embargo, el inolvidable Alfonso Flórez Ortiz, el Petit Diable, en el año 1980 logró un apoteósico triunfo en el Tour del Avenir venciendo al sirirí.

Y llega la era del profesionalismo y se asume el reto de correr contra los monstruos del ciclismo mundial. Era la época gloriosa de Bernard Hinault y allí llegaron Herrera, Parra, Pacho Rodríguez y otros grandes corredores, a terciar en las grandes vueltas y cuando se retira Hinault aparece un sirirí: Laurent Fignon. Y cuando no está Fignon y parece que, por fin, se podrá coronar una gran vuelta, aparece el vaquero Greg Lemond de Estados Unidos, un país al que en el espectro ciclístico no se le tenía en cuenta para nada, y ganó tres veces el tour de Francia. Pero, bueno, aún en esta época un colombiano, Lucho Herrera, ganó por primera vez la vuelta a España.

Pasó el tiempo, hubo cierto bajón en la participación en grandes vueltas, solo algunos ciclistas colombianos, entre ellos Santiago Botero, se destacaron y hay un lapso dominado por una figura excluyente, un monstruo con pies de barro: Lance Armstrong con sus siete tours. Y llega una nueva camada colombiana encabezada por Nairo Quintana. En su primer Tour de Francia es segundo en la general, ganador de la camiseta blanca y de la emblemática camiseta de la montaña y parecía que inevitablemente vendría una cadena de triunfos en grandes vueltas y en parte lo logró con un Giro de Italia y una Vuelta a España, pero en el Tour de Francia... apareció un nuevo sirirí: Christopher Froom y allí fueron otro segundo lugar y uno tercero para Nairo y un segundo lugar para Rigo Urán.

Cuando coincide la decaída de Froom por una grave lesión con la aparición del nuevo fenómeno, el joven Egan Bernal, quien gana el primer Tour de Francia para Colombia y un Giro de Italia, aparecen de la nada y de un país sin mayores antecedentes ciclísticos dos nuevos sirirís: los eslovenos  Primoz Roglic, ya veterano, y sobre todo Tadej Pogacar quien a sus veintitrés años se presenta como el sirirí al que tendrá que enfrentar Egan Bernal y los ciclistas colombianos en general si quieren volver a ganar una gran vuelta y, en especial, el Tour de Francia.

Pero también podemos verlo desde la otra orilla y, con seguridad, Egan, Nairo, Rigo, López, Higuita y otros más de los que en Colombia se producen de manera silvestre, seguirán siendo los sirirís para los corredores europeos y obtendrán nuevos triunfos en las grandes vueltas.

¡Que viva el ciclismo!

lunes, 22 de noviembre de 2021

Aspirantes a la Presidencia

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

En Colombia nos movemos al vaivén de los acontecimientos diarios, no trabajamos la planeación, ni menos lo hacemos por objetivos; la opinión cambia de un lado a otro de acuerdo con el comportamiento, opinión, o manifestaciones de los políticos, quienes no tienen planes de trabajo, no quieren pertenecer a los partidos tradicionales, y quieren ser ellos, sin exclusión alguna, los salvadores de la nación, creyendo que, con sus propias ideas, permitirán el avance y desarrollo de Colombia.

Están equivocados de principio a fin. Ninguno, ni el más inteligente, avezado e intelectual o el más ignorante de todos, que son varios, lograran dar unidad a Colombia si no existe un propósito común. Si no, díganme ustedes si alguien que llegue a la Presidencia de la República podrá gobernar con independencia si una mayoría no lo acompaña en el Congreso y así lograr sacar avante los proyectos y promesas que efectúa en la contienda electoral.

Hoy casi sesenta (60) candidatos están en el ruedo buscando ya sea por firmas, avales o partidos acceder a la contienda electoral. Cuánto dinero no se está moviendo entorno de ellos, porque conseguir las firmas requeridas vale dinero, y mucho, seiscientas mil firmas requieren una movilidad de personas en cada región del país para conseguirlas, una tarea no inferior a los mil doscientos millones de pesos ($1.200.000.oo), sino es más; entonces multipliquen por los que están recurriendo a ellas y son miles de millones de pesos los que se están invirtiendo en una aventura electoral, que al final tendrá, en la segunda vuelta, dos candidatos, y por ello la pregunta es ¿quién los financia, por qué y para qué?

Esa es la pregunta que nos hacemos la gente del común, los ciudadanos de a pie… qué sentido tendrá ser presidente de Colombia, por cuanto esa posición a la que se llega ya está vendida y pone en riesgo ese triunfo a la economía, la seguridad jurídica y al desarrollo del país, al tener comprometida la gestión por deber favores y dinero.

Por ende, la primera propuesta que les efectúo en el día de hoy es que las campañas presidenciales sean financiadas por el Estado, que no se admita ni un solo dinero privado, ni de empresas y menos de personas naturales; que trabajen al momento de cierre de inscripciones con dineros estatales, que no sean excesivos, que tengan el mismo acceso en tiempo a la radio, televisión y prensa, que no se vote el dinero, que no se comprometa el futuro del país con financiadores privados, sean personas naturales o jurídicas, que son las que impiden el desarrollo armónico del país.

Sabemos todos que de estos candidatos que están en la mira pública, llegarán a la primera vuelta electoral un máximo de diez (10), unos serán los que se acuerden por la Alianza Verde; otros, los de la experiencia, los de la esperanza, Centro Democrático, liberales, conservadores, los de Petro (el solo) y alguna otra facción que se me olvida en este escrito. De todos ellos llegarán a la segunda vuelta únicamente dos… entonces vuelvo y pregunto, los otros ¿qué harán para pagar las obligaciones económicas que les quedan luego de ser aspirantes, o será que ese solo hecho les genera rendimientos económicos? Vaya pregunta y la respuesta no sé quién nos la puede dar. Lo que sí les puedo decir es que el fenómeno de la corrupción es lo que más afecta la credibilidad ciudadana, nadie cae preso, nadie reintegra dineros o poco es lo que se logra, y por ello no podemos permitir que sean ellos los que financien las campañas.

Me decían en una tertulia el día de ayer que Colombia es modelo de democracia comparada con Nicaragua, Venezuela y otros países suramericanos, países en los que meten a la cárcel a los aspirantes despejando el camino para la reelección a quien gobierna. La respuesta que yo les di y reitero hoy es que eso de allá no es democracia, es una dictadura absurda, un remedo, un abuso de poder y que por ende no es posible ni viable comparar esos países con ninguno otro. Que debemos es derrocarlos y convocar a elecciones libres, que permitan prosperar esas economías y dar mejores condiciones de vida a los ciudadanos de esos países.

Digo y me reafirmo, que cuando un país tiene 60 o más candidatos presidenciales no conlleva eso a afirmar que es una democracia legitima, diría yo que es una democracia endeudada, sujeta a los que están detrás del poder, al acecho, esperando la retribución de los servicios ofrecidos a través de dadivas y auxilios; ellos son los verdaderos corruptos que acaban con las arcas públicas enriqueciendo a unos y empobreciendo a la mayoría.

En conclusión, puedo afirmar que la proliferación de candidatos no es una muestra de democracia, que lo que es cierto es que la ausencia de partidos serios, con ideología y principios conlleva al caos de nuestro país. Por consiguiente, invito a los ciudadanos a que nos pellizquemos, pensemos en una verdadera democracia con responsabilidad y que obtengamos gobiernos que sí crean en la democracia, no la utilicen y no obtengan beneficios para ellos; será la única forma de que las libertades y opiniones prosperen en Colombia.

Nunca es tarde para obtener un mejor país.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Y, ¿quién defiende nuestra soberanía nacional?

Luis Alfonso García Carmona
Por. Luis Alfonso García Carmona

Olvidamos los colombianos los grandes temas que afectan al país para dedicarnos a las estériles discusiones puntuales sobre los personajes, sus intrascendentes discusiones, o, simplemente, para dar rienda suelta a nuestros pasionales odios o afectos en materia política.

Hablemos, por ejemplo, de la soberanía nacional. El concepto de soberanía es, desde la época de Jean Bodin, el poder absoluto y perpetuo de una república; y soberano es quien tiene el poder de decisión, de dar leyes sin recibirlas de otro, es decir, aquel que no está sujeto a leyes escritas, pero sí a la ley divina o natural.

Nuestra carta política lo consagró en su artículo 3º. “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece”.

Es, ni más ni menos, que el fundamento de la existencia de Colombia como país independiente y, como tal, debemos preservarlo por encima de otras consideraciones.

Sin embargo, no ha sido así en la última década, lo cual, ha contribuido en forma determinante en la crisis política que ahora nos golpea.

El pueblo, depositario por mandato de la Constitución del poder soberano, rechazó en el plebiscito de 2016 la negociación adelantada por el presidente Santos y la guerrilla de las FARC. No obstante lo anterior, una mayoría del Congreso se abrogó la facultad de ratificar el acuerdo que el pueblo soberano había rechazado y una Corte Constitucional prevaricadora avaló semejante engendro jurídico, con la complicidad de la izquierda nacional e internacional.

Luego, mediante un procedimiento no contemplado en nuestra normatividad, el fast track, se incorporaron normas espurias a nuestra carta política, como la que dio origen a la llamada Justicia Especial para la Paz (JEP). Nuevamente se violentó nuestra soberanía al permitir que un grupo de extranjeros (curiosamente de ideología marxista-leninista) designaran los magistrados de este exótico tribunal y que expertos juristas extranjeros intervengan en sus procesos (Art. 7º. A. L. 01 de 2017). Desde la época colonial los colombianos no habíamos sido juzgados por extranjeros.

Un Estado soberano no permite la injerencia de otros países o de organizaciones internaciones en sus asuntos internos.

Después de la sesgada actuación de los comisionados de Naciones Unidas permitiendo toda clase de engaños al Estado colombiano en la desmovilización de guerrilleros y en la entrega de armamento, esta organización se ha dedicado a exigir estricto cumplimiento de los acuerdos a una de las partes (el Gobierno) obviando el incumplimiento de la otra (la guerrilla). Como premio, el presidente Duque le prorrogó los contratos de asesoría a los delegados de esa “cueva de mamertos” en que se ha convertido la ONU. De otro lado, la CIDH de la OEA se convierte en altoparlante de los movimientos subversivos declarando que ha habido violación de derechos humanos por parte de la fuerza pública en la toma guerrillera de las ciudades colombianas, sin mencionar para nada los crímenes de lesa humanidad cometidos por los vándalos alentados por los movimientos de izquierda.

Sobra mencionar, porque es de todos conocida, la abierta intervención de la dictadura cubana impulsando la subversión en nuestro territorio desde hace varias décadas. No hace mucho asiló a los autores del genocidio cometido contra alumnos de la Escuela de Policía y se niega sistemáticamente a extraditarlos pasando por encima de la debilidad de nuestro gobierno en materia de defensa de la soberanía.

Para rematar, nos informan de un acuerdo celebrado por el presidente Duque con la Corte Penal Internacional, según el cual el Gobierno se compromete a blindar hacia el futuro a la JEP, a cambio de que la CPI cierre unos procesos iniciados contra nuestro país. Se hipoteca nuestra capacidad de dictar nuevas normas para modificar esa fábrica de impunidad, entregando de paso nuestra soberanía a este organismo.

Ya es hora de contar con un Gobierno con el carácter requerido para defender nuestra soberanía, cuya conquista representó muchas vidas y mucha sangre derramada. Al parecer, no es un tema que interese a nuestros gobernantes ni a los candidatos a la Presidencia. Entonces, ¿quién podrá defendernos?

viernes, 19 de noviembre de 2021

Caos capitalino

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

La diatriba no es contra la alcaldesa, porque manejar un monstruo de ciudad como esta no es ni será fácil para quien aspire a ganarse tamaño dolor de cabeza. Un solo funcionario, por más bueno que sea, nunca podrá hacer mayor cosa si no es de la mano de la cooperación ciudadana.

Bogotá, como capital del país, es y debe ser una ciudad abierta a todos. No es el pueblo de los rolos, es la capital de la República, es el centro de la nación entera. Esa es su fortaleza, pero también es su mayor debilidad: ser de todos y ser de nadie. Porque aquí todo el mundo se siente con derechos, pero pocos quieren cumplir con sus deberes y así no debe ser.

He vivido y conocido bastante otras ciudades y la gente quiere lo suyo. Lo siente como propio, lo cuida y lo defiende. Bucaramanga y Pasto, por ejemplo, son vivideros muy agradables. Cali era el modelo de ciudad cívica y desde hace algún tiempo comenzó a dejar de serlo, particularmente después del paro es un auténtico caos. Medellín, otro ejemplo, a pesar de su desbordante crecimiento en un valle que ya no aguanta más edificios (el 75% vive en propiedad horizontal) y cuyas estrechas vías no soportan un vehículo más es, sin embargo, todavía, una ciudad con alto nivel de civismo. Ejemplar la cultura Metro: la limpieza y organización de sus estaciones, los vagones impecables, el celo que hay en todos por cuidar este bien común. Hay cultura ciudadana, hay sentido cívico.

Ad portas de entrar en los 60 y debe ser por eso, porque me voy volviendo viejo, no dejo de lamentar que hayan suprimido en el currículo escolar las clases de urbanidad y cívica, comportamiento y salud, educación moral y religiosa y que esté en crisis la de ética y valores. No nos digamos mentiras, ni seamos políticamente correctos, una población maleducada como la que hoy tenemos es germen de muchos males sociales.

La experiencia que yo tengo a diario es que aquí la gente hace lo que se le da la gana. La agresividad de quienes conducen un vehículo es su nota característica pues impera la ley del más fuerte. Así los otros se perjudiquen, se trata de imponerse y hacer sentir su fuerza y poderío. Motociclistas, ciclistas y peatones, literalmente, se lanzan a los carros en actitud retadora y hasta grosera. Se atraviesan, cierran el paso, invaden el carril de velocidad para imponer su ritmo lento, nadie quiere ceder el paso al otro y si pone las direccionales pidiendo cambio de carril más rápido aceleran la marcha para impedirlo. La malla vial da grima y evidencia lo chambones que han sido muchos de los contratistas que la han “arreglado”. Por haber querido desestimular el uso del vehículo con un restrictivo pico y placa, lograron duplicar las ventas de automóviles para tener en casa la otra placa y poder movilizarse.

La inseguridad aumenta y la delincuencia rampante se pasea oronda. El 77 % de los capturados en flagrancia quedan en libertad para seguir haciendo de las suyas. Se sabe que estamos en un país de impunidad, donde desde el ladrón de barrio y el de cuello blanco, hagan lo que hagan, no les pasa nada y, si les pasa, al poco tiempo quedan libres para disfrutar lo robado y seguir cometiendo fechorías.

Desde hace muchos años, no tengo noción de que el pueblo capitalino asegure haber tenido un buen alcalde, todos son juzgados duramente y hay descontento, pero la fiebre no está en las sábanas, tenemos un pueblo inculto y carente de mínimos modales, agresivo y violento, sin sentido de pertenencia y de lo cívico, que exige todo y no aporta nada. Y vamos a estar peor si no hacemos algo pronto para cambiar este panorama. El caos capitalino es evidente. 

jueves, 18 de noviembre de 2021

Vigía: entre bombas, sicarios y políticos

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Pocos ejércitos, si alguno en el mundo, y con certeza ninguno en América Latina, puede presentar estadísticas más estremecedoras que el colombiano en las décadas recientes.

Catarsis

Según el informe Catarsis, entregado a la JEP, justicia diseñada en Cuba por el secretario del Partido Comunista español, 5.707 militares fueron desaparecidos, 18.841 asesinados fuera de combate y 316 secuestrados, con corte a 2016. De las 269.573 víctimas militares que registra el informe preparado por el ejército y varias universidades, la JEP hasta ahora solo ha reconocido a 320.

Después de Afganistán, Colombia llegó a ser el país con más minas antipersonales sembradas en el mundo. Como consecuencia del empleo por parte de las FARC de estas armas prohibidas en el tratado de Ottawa de 1997, 7.829 víctimas son militares, pero solo 2.195 están reconocidas en el Registro Único de Víctimas. 71,9 % de los militares afectados, aún no pueden acceder a un sistema de reparación integral.

Por otro lado, según el consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación, a 13 mil exnarcos terroristas farianos cuyas garantías asignadas en el acuerdo habanero vencían en agosto de 2019, esta administración se las prorrogó por tiempo indefinido. Es el proceso más garantista de todos los procesos de reincorporación en el mundo, asegura el funcionario, mientras en Colombia hoy se asesinan diariamente un promedio de dos miembros de la fuerza pública, por la espalda y en estado de indefensión.

Y la guerra política

Los resultados operacionales de las fuerzas militares y de la policía, son aprovechados retóricamente para desprestigiar las instituciones, minar su moral y entorpecer su operatividad. Los bombardeos, por ejemplo, legales y legítimos a la luz del DIH, son “asesinatos de niños” y cínicamente se exculpa a los terroristas del reclutamiento y presencia en sus campamentos de menores de edad. Imposible negar los “falsos positivos” por parte de miembros de la institución, pero la JEP especula con unas 6.400 ejecuciones extrajudiciales, sin nombres, fechas, lugares, como lo denuncia la candidata María Fernanda Cabal, una mujer de carácter. Este número arbitrario recuerda los 1.000 muertos de las bananeras de García Márquez (que no fueron más de 17, pero “había que llenar un vagón…”) y los 30 mil desaparecidos durante la dictadura en Argentina (inventados, no como frivolidad sino como política, como confesó el exmontonero Luis Labraña). Ya se sabe: lucha política. La creación de una sala especial para militares dentro de la JEP, es más urgente que nunca y ayudaría a aliviar la desconfianza que la gran mayoría de colombianos siente hacia esa ilegítima supracorte profariana.

En reciente sentencia, la Corte Constitucional autorizó el linchamiento público de varios comandantes militares, con un afiche titulado “¿Quién dio la orden?”, pregunta que de por sí, indica la incertidumbre de la situación. Sin un proceso legal completo, sin ser condenados en firme, se intenta estigmatizar ante la opinión pública los militares allí señalados, mientras los autores confesos de crímenes de lesa humanidad campean en el Congreso sin cejar en su lucha por el poder político, en paralelo con sus colegas que en la selva y con el apoyo de Venezuela, arrecian el terrorismo armado.

A pesar de esta campaña la institución militar del país neogranadino sigue siendo estadísticamente la más apreciada en el sentir nacional. En una reciente encuesta entre jóvenes, en un importante diario bogotano, a la pregunta “Qué tanta confianza tienen en…”, la respuesta fue, tratándose de jóvenes, sorprendente: primero las iglesias con el 43%, seguidas en segundo lugar por el Ejército con el 42%.

Siendo la institución con mayor confianza y, por ende, con mayor piso político en el país, la evidente falacia política de su maldad puede pasar una cuenta de cobro muy dura, como lo seguimos advirtiendo.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Los candidatos están biches

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

La cosecha de candidatos presidenciales es de varias docenas. Quizá sería mejor hablar de precandidatos a candidotes, porque la gran mayoría de las distinguidas personas que se han lanzado no reúne las condiciones de reconocimiento nacional y trayectoria suficiente. Todos ellos, además, carecen de partido, financiación, equipo y programa, que son los prerrequisitos de una verdadera campaña.

Conscientes de su debilidad, ninguno proyecta lo más esencial: ¡Ganas de ganar!

Como las elecciones se vienen encima –porque estamos a cuatro meses de las parlamentarias y a seis de las presidenciales–, grupos de ciudadanos preocupados, gremios, centros de pensamiento y revistas, organizan foros y paliques con aspirantes al solio de Bolívar. Los organizadores escogen algunos nombres, para que media docena de personas intercambien opiniones, que precisamente por la desmesura de la ambición a nadie convencen.

Quien haya seguido, por ejemplo, el reciente coloquio de Semana no puede ocultar su desánimo. Allí, algunos invitados coincidieron en la expresión de su opinión en el sentido de que Petro no va a ser presidente. Alguno recordó que fue un alcalde pésimo; otro hasta se atrevió a decir que ese señor es una mala persona y que haría daño al país… ¡y un tercero dijo que, si él no quedaba de segundo, votaría luego por Petro…!

La sensación que ese foro deja es que todos los participantes son buena gente, con alguna experiencia ocasional en puestos públicos, pero que ninguno es líder, estadista o jefe político.

Para dirigir cualquier país, especialmente uno aquejado por todos los males –como es ahora el nuestro– se requiere líder, estadista y jefe político. Petro, en cambio, que tampoco es líder, estadista ni jefe, sí tiene ganas, enormes ganas, financiación inagotable, equipos mediáticos, muchas “bodegas”, lamentables e influyentes apoyos internacionales, y un proyecto político coherente pero atroz, que él sabe disimular con un lenguaje melifluo, ambiguo, ladino, sinuoso, hipócrita, falaz y todo lo que usted quiera…

Pero en vez de enfrentarlo y recordarle al país sus antecedentes, su castro-chavismo, su mendacidad incontenible, su alcaldía depredadora y costosa, y su innegable capacidad de convertir a Colombia en una segunda Venezuela, en los medios masivos y las reuniones a las que asiste invitado por dirigentes pusilánimes, se le trata con exquisita cortesía y respeto.

Los pueblos son desmemoriados, y entre olvido, temor y culpable cortesía, el personaje se crece hasta la alarmante cota preelectoral que le han permitido alcanzar.

Ahora bien, si las fuerzas democráticas siguen atomizadas, la reacción empanicada después de las parlamentarias puede ser tardía e insuficiente, o no darse. No olvidemos que, ese día muchos responderán más bien a la pregunta tradicional: ¿Quiénes vamos ganando?

Con franqueza debo decir que, con una o dos excepciones, las docenas de candidatos se han madurado biches. En general son profesionales honestos, bien preparados, amables, flexibles y transaccionales. Si en lugar de aspirar a imposibles se unieran, podrían formar un gabinete ministerial de lujo para un verdadero candidato líder, estadista y jefe.

¿No será posible, a última hora y al borde del precipicio, el entendimiento patriótico de las fuerzas democráticas, para que surja un verdadero candidato nacional, apoyado por tantos señores que primero deben ser ministros, antes de soñar con cimas inalcanzables?

Bien sé que lo que acabo de anotar equivale a la creación de un nuevo Frente Nacional, y aunque tampoco ignoro los abismos que separan las formaciones democráticas y sus jefes, si este no se da a partir de diciembre, el pronóstico para Colombia es reservado…

***

La necesaria intervención de EPM no puede seguir siendo aplazada. Hay que terminar con la esa administración alocada y a golpes sobre la marcha, de Pinturita, porque es imperativo evitar el cambio de contratista, que no solo retarda y encarece la obra, sino que puede atraer la mayor coima en la historia nacional.

martes, 16 de noviembre de 2021

De cara al porvenir: inconsistencias

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

En el país del sí pero no, que es nuestra querida Colombia, ya no causan ni admiración ni espanto las situaciones que se presentan de manera permanente y que se alejan cada vez más de la lógica elemental o de la sindéresis fundamental con la cual un conglomerado humano que se dice civilizado debe actuar y comportarse.

Algunos de nuestros variopintos ejemplos recientes cubren varias realidades:

La primera, en un país que se dice por fin que está preocupado por la deforestación, se reconoce que 1.200.000 personas todavía tienen que emplear leña para suplir sus necesidades energéticas básicas, lo cual a todas luces es un exabrupto (El Colombiano, lunes 25 de octubre de 2021).

Pareciera que, con unos pocos billones de pesos, de los muchos billones que se pierden por corrupción, podríamos llevar energía eléctrica a todos los municipios que hoy no la tienen, con su impacto positivo para corregimientos y veredas que es donde se establece la verdadera Colombia rural.

Otra situación absurda es la discusión pública entre la autoridad del registro civil y la autoridad de información del país. Registrador nacional y director del DANE, entran en una discusión pública insulsa, pero preocupante, por una diferencia de casi 5 millones de habitantes en Colombia, lo cual afecta negativamente la credibilidad del censo electoral ante la proximidad de unas elecciones signadas por la polarización y la desconfianza.

Abunda el número de precandidatos a la Presidencia de la República, pero hay escasez enorme de propuestas, de posturas y mucho menos de compromisos. La mediocridad es enorme y la presentación de programas inteligentes y viables brilla por su ausencia.

El delicadísimo tema de Hidroituango se está volviendo más cansón que una telenovela mexicana de las malas. De importancia estratégica para el país, puede llevarse por delante la reputación y la estabilidad financiera del Municipio de Medellín, de Empresas Públicas de Medellín y de la Gobernación de Antioquia. No cicatrizadas aun completamente las heridas que dejó en la relación Nación - Antioquia la construcción y esquema de financiación del Metro de Medellín, ahora caemos en esta nueva y lamentable situación. Después los paisas bobos o soberbios nos quejamos porque dizque el resto de Colombia no nos quiere o nos tiene envidia. (¿Envidia de qué?).

Ni qué hablar del panorama judicial donde expresidentes, exgobernadores, exalcaldes, exparlamentarios, exfuncionarios públicos y funcionarios de todos los niveles en ejercicio están a la espera de resolver sus situaciones jurídicas.

Está bien que una investigación no se le niega a nadie, pero esta situación que se volvió parte del paisaje, raya en lo absurdo. Lo costoso es el deterioro de la imagen de las distintas instancias judiciales, que, gracias a los tejemanejes de los respectivos acusadores y defensores, entran en verdaderas contradicciones y confrontaciones, que no benefician a nadie, pero sí le hacen perder credibilidad a nuestra resquebrajada administración de justicia.

Las escenas y las situaciones observadas en las transmisiones de las sesiones del Congreso Nacional dan en muchos casos, ganas de llorar. ¿Cómo debo votar? Le pregunta un honorable representante a la Cámara a la presidenta de la Cámara de Representantes en plena votación y a viva voz…. Y la presidenta le dice qué hacer y cómo votar. ¡Qué vergüenza! ¡Qué dolor de patria!

Las denuncias de la existencia de obras inconclusas denominadas como “Elefantes blancos” a lo largo y ancho del país, denunciados por el contralor general en sus múltiples viajes y por el noticiero CM&, todos los lunes, no pueden quedarse ahí. ¿Quién asume las investigaciones? ¿Cómo asegurar su culminación? ¿Ya están investigando y castigando a los responsables? ¿Las investigaciones si llegan a algún lado? ¡Amanecerá y veremos!

No cabe de la dicha el Gobierno Nacional por la captura del líder del denominado Clan del Golfo y eso está bien. Para quienes no tienen memoria, o no tienen por qué tenerla, lo mismo sucedió con Pablo Escobar, los Rodríguez, el Mono Jojoy, Reyes y otros tantos y finalmente… ¡no pasa nada!

Pan y circo era la máxima romana cuando el César veía que el pueblo presentaba algún descontento por alguna causa. En Colombia los subsidios hacen las veces de pan, y payasos para el circo, pues abundan. Lástima que nos hayan tocado payasos tan malos.

lunes, 15 de noviembre de 2021

En Colombia, la gente está gravemente enferma de envidia

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por. Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Digámonos la verdad. ¿A quién jode, y cuál gran mentira y engaño descubre, el éxito del presidente Duque en su contacto con el colombiano de las regiones y en sus exitosas actuaciones internacionales en favor de todo un país?

Preguntémonos ¿cuál es la comparación que está haciendo la opinión calificada de todo el mundo sobre Colombia gracias a la dedicación y la forma seria, profesional y eficiente en que Duque representa al país?

El presidente Duque trabaja como una hormiga y construye una buena imagen de país, y como una abeja produce resultados que nos benefician a todos. Es un hecho incontrovertible.

Critican a Duque y a todo lo que representa su entorno por trabajar con éxito por Colombia día y noche con el propósito de recuperar el tiempo y el producto interno de la nación, perdidos durante el COVID, y, por otro lado, quienes deberían ser sus propios defensores partidistas, lo critican también por no pelearse con los medios sobre noticias falsas y críticas personalizadas en contra de su persona y su familia, que no pasan de ser materia malévolamente descontextualizada e imaginativa.

Pero lo grave y lo triste no es solo eso. Nada tiene de malo si la familia inmediata acompaña al señor presidente en un viaje. Ellos hacen parte de la familia que representa a Colombia ante el mundo. Y hay que ver, de qué manera ejemplar, bonita, simple y dedicada lo hacen, sin dejar de ser unos seres humanos comunes y corrientes, además de que los caracteriza igual que al presidente, la demostración continua de una conducta de vida ejemplar.

Lo más grave es la calumnia. Pero el país sabe que está bien gobernado y al final la vida no se queda con nada.

Mienten desvergonzadamente. Y le mientan al país en la cara unos pocos seres llenos de envidia y de resentimiento que desde los medios parecen no ser capaces de nada diferente a un constante ataque personalizado al presidente, a su gestión y a todos los suyos. Y mienten tendenciosamente, quedando como alimañas cuando la realidad es que, por ejemplo, en este viaje a Escocía, Dubái e Israel, no iban ni la señora, ni los hijos, ni comitivas de 130 invitados que es la noticia acomodada con la cual se despista al escucha, al televidente o al lector.

La realidad es, que Presidencia incluyó en la comitiva a Glasgow por motivo de ingreso a ese importante evento mundial, a todos aquellos que justificamos la importancia de la asistencia en favor de los intereses del país.

¿Porque será que hay unos que todo lo distorsionan y lo sacan de contexto y en lugar de escribir o reportar con talento notas afirmativas andan es a la casa de oportunidades para generar controversia?

Y se pregunta uno, ¿Por qué hacen daño al buen nombre de otras personas y no les pasa nada?

Eso de qué Duque abuse de sus prerrogativas presidenciales, es solo un sartal de paja. El hombre es austero y le sirve al país en función del interés general y eso, incomoda a quienes solo se sirvieron del poder para vanagloriarse personalmente por el resto de sus días.

Y sí, su hermano lo acompaña y lo asiste y ayuda muchísimo en sus recorridos. No tiene cargo, ni representa intereses de nadie, ni promueve fundaciones o causas propias ni ajenas, pero respetuosamente siempre y de forma discreta, ayuda a su hermano y a todos los que viajan con él.

Soy testigo de que Andrés Duque trabaja y colabora como cualquiera de los que hacen parte de las comitivas en viajes donde lo único que se hace es trabajar para dejar en alto el nombre de Colombia.

Yo fui a Glasgow y fui a Dubái, por mi cuenta, y fui incluido en la comitiva de Glasgow pues fui a representar al Grupo Ecopetrol, y en ninguna parte vi 130 integrantes de una comitiva. No eran ni 30 los que acompañaron al doctor Duque.

Pero eso sí, nadie menciona que ahí mismo en la comitiva “viajan” los periodistas y camarógrafos de todos los medios. Ni que estos, hacen parte de la comitiva y trabajan duro como lo hace siempre el señor presidente.

Es decir, es evidentemente falaz y perniciosa la crítica a los viajes del presidente, porque los medios siempre tienen ahí su propia gente. Y ellos ven quién viaja y quién no en un avión tanquero donde solo hay 8 sillas en la cabina principal, y el resto es un espacio donde todos los viajeros se ven la cara, y sea dicho de paso en ese tanquero militar no hay 130 aciertos, ni de casualidad.

El ataque personal es permanente y está teledirigido, desde otra parte, no hay duda.

Y claro que hay invitados especiales que también llevamos un propósito patrio en los viajes en que participamos como parte de unan misión de representación del país.

El caso es darle palo a este presidente por obrar con transparencia y corrección. Porque, al que vendió la constitución y los fundamentos de la democracia por propia vanagloria y a favor de la delincuencia en La isla de Cuba, nunca lo criticaron por la romería que llevaban a la isla a traicionar la patria y entregar la legalidad a los propósitos del narcoterrorismo. Ni criticaron a su familia por viajar y rumbear con sus amigos como parte importante de su cotidianidad.

Para mí, toda la crítica rastrera y mezquina a Duque se origina en los celos de los expresidentes que controlan aún segmentos de una caótica prensa inmediatista y mamerta.

Veamos. El hombre lleva 5 salidas del país cada una más exitosa que la otra. Y eso a algunos los tiene enfermizos.

Fue a Brasil, Corea a NYC y WDC 2 veces, a Escocía donde lideró con ejemplo en la conferencia de cambio climático, paso a París a consolidar su excelente relación con Macron, atendió en Dubái a la Expo Mundial y luego pasó a Israel a solidificar esa importante relación. Todo en tres meses alternando con su presencia en muchos rincones del país como La Mojana, Turbaco. Barranquilla, Leticia, Antioquia, Caldas, Cartagena, los Llanos Orientales, etc.

Y lo curioso es que sin duda en todo evento y en toda reunión de trabajo el hombre habla con coherencia, gestiona resultados, produce anuncios positivos, promueve al país y los comentarios de los presentes es que en todo saca 5/5.

Señores dejen ya la mezquindad, construyan y destaquen lo bueno, el país está cansado ya de sus embustes, y pongan cuidado, es por su propio bien, hablar con la verdad no hace daño, ojo vivo que se los come la envidia y con tanta falsedad en lo que expresan van a terminar creyéndose sus propias mentiras y enfermos en un hospital mental.

domingo, 14 de noviembre de 2021

Yo confieso

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Ahora, al cabo de los años, cuando el tiempo ha pasado, me preguntan lectores de El Pensamiento al Aire, algunas otras personas conocidas y muchos desconocidos que me escriben, que por qué no aspiro a ocupar un cargo público de elección popular en estos comicios que se avecinan, a lo cual les contesto que prefiero aportarle al país con alguna idea, opinión o cuestionamiento, a través de este medio, en el que llevo ya escribiendo desde 2013, en forma continua y semanal, en compañía de otros 10 columnistas que día a día aportan con su opinión a construir un mejor país.

Pero debo confesar que, desde niño, desde la época de colegio en San Ignacio, tuve siempre la ilusión de participar activamente en la vida pública y ser alcalde de Medellín o gobernador de Antioquia, e inclusive, tuve un gabinete escrito en una servilleta en el que cada uno de mis compañeros, de acuerdo con sus habilidades o creencias, en ese tiempo ocupaban una secretaria especifica. Eran las horas de conversaciones como próximos bachilleres en el que los sueños estaban a flor de piel y teníamos miedos al enfrentar el próximo paso que era la universidad, pero sentados conversábamos de Colombia y sobre lo que sucedía. Y nosotros, con nuestro pobre conocimiento, expresábamos ideas sobre ello.

Tal vez ninguno visualizó el caos que se nos vino en los siguientes años por cuenta del narcotráfico, la narcoguerrilla, las autodefensas y las bandas criminales, la corrupción, la mentira y el engaño, y por la apertura del mundo, las comunicaciones, el internet, las redes sociales, en fin, un mundo que no conocimos. Vivíamos con el conocimiento que en las conversaciones y tertulias familiares obteníamos y con el aprendizaje en el colegio, espacio en el que sí aprendimos de historia, geografía, matemáticas y sobre todo de ética y valores, y disfrutamos de la amistad que aun pasados casi 50 años perdura en el tiempo como si este no trascurriera.

También con mis padres Froilán Montoya Mazo y Marina Hoyos, comentaba de mis sueños, acrecentados por el empuje y ánimo que me daban, porque no olvido el ejemplo que me dieron, su formación en valores, la enseñanza sobre la amistad, el respeto por los demás y el valor de la familia, bagaje que son para mí las riquezas de la vida y que nadie me quita. Allí sentado, con ellos jugando ajedrez y tertuliando como ya lo dije, fui forjando mis sueños. Con el paso del tiempo fui cumpliendo cada uno, sin prisa, con constancia y persistencia y gracias al apoyo y amor de mi esposa, mis tres hijos, mis hermanas, mi sobrina, mi sobrina nieta, y los amigos que me han acompañado en este breve recorrido de la vida terrenal.

Un día cualquiera, ya profesional, opté, por decisión personal, dedicarme al ejercicio del derecho y logré ser abogado de empresas, consultor, gerente, negociador y conciliador. En cada momento aprendí a conocer a mis congéneres, a compartir el día a día, mejorando procesos o luchando en los estrados judiciales, pero nunca dejé de pensar en el bienestar de Colombia, en lo que podía hacer yo para obtener para todos mejores condiciones de vida en nuestro país, un territorio en el que pudiéramos caber sin necesidad de matarnos, respetáramos las diversas opiniones y concertáramos, para así mejorar las terribles nubes de odio, rencor y muerte que sufrimos y aún tenemos encima.

Tuve, en dos ocasiones, la opción de aspirar e inclusive encabezar una lista para concejo, pero les cuento que, reunido con el grupo de trabajo que conformé inicialmente, realicé una reunión casi qué final para darle vida al proyecto y se me vino a la mente un recuerdo de mi madre diciéndome que ella sufrió acompañando día a día a mi padre en su larga vida política. Ella le aportó ideas y sin duda alguna fue un valioso soporte que tuvo mi padre, en su extensa vida pública, en las buenas y malas. Recordé entonces que me dijo que no la hiciera sufrir nuevamente esas angustias ni las trasladara a la familia… por eso consulté con mi almohada en un momento de silencio y decidí dejar ese camino a un lado, aborté la aspiración.

Sin embargo, no he dejado de escribir, leer, prepararme, conocer en detalle este país, conversar con las personas, oír y soñar, y aportar a través de mis escritos para que en algo logre influir en los servidores públicos que hoy ejercen cargos de elección; pequeña pretensión, pero es la que me mueve, me motiva y me satisface.

Actualmente participo como ciudadano como uno de los miembros fundadores de Primero Antioquia, en el proceso de revocatoria del actual mandatario de Medellín, movimiento civil que defiende a capa y espada la institucionalidad, el respeto por la tradición, los valores y la antioqueñidad, y que hace parte del Pacto por Medellín.

Esta confesión personal, me quita un peso de encima, dejando claro que no puedo, ni quiero aspirar a cargo alguno. Y quiero agregar que quien nos represente debe tener claro que:

* Se trabaja por intereses generales, no por los propios.

* El orden y la disciplina deben ser la base de su actuar.

* El respeto, la solidaridad con los demás, la concertación, la tolerancia y ética tienen que estar por encima de cualquier otro interés.

* Es indispensable que genere condiciones de vida a través del trabajo, no del subsidio, para todos los ciudadanos, sin tener en cuenta la edad o condición.

* Debe hacer respetar la ley a toda costa.

* Hay que impedir que las manifestaciones públicas perjudiquen a la mayoría de los ciudadanos; no aceptación de paros y menos vandalismo, duro con los promotores y contra los que dañan los bienes públicos.

* A través del Ministerio del Trabajo y de Agricultura forjar una verdadera acción, constante, para recuperar el campo, protegiendo al campesino y fomentando, por medio del cooperativismo, fuentes de trabajo.

* Es prioritario darles vida económica a los 1.125 municipios, de los cuales, muchos de ellos sobreviven en condiciones de pobreza graves. Por ello, se deben dotar de buenas escuelas, profesores que no sean de Fecode, comercio activo, el ejército y la policía actuante, que sepan quién vive y qué hace en el lugar, propiciar la recreación, incentivar el deporte y dar trabajo a todos, que es fácil, no imposible; así construiremos un mejor país.

* No menos importante es la necesidad de apoyar a los empresarios y a la industria que es la que genera empleo de valor.

* Y, por último, promover y apoyar una reforma a la justicia, al Congreso, cambiar las condiciones para aspirar a cargos públicos y sobre todo evitar estar allí para obtener beneficios personales.

Hay muchas más ideas, viables, sencillas de ejecutar, para lograr un cambio en la mentalidad de los ciudadanos, que crean en la democracia, la respeten y la apoyen, de lo contrario vendrán tiempos difíciles.

Así termino hoy mi confesión, pensando que he sido coherente, que creo en la gente, la democracia, la familia, la propiedad privada, la libertad de cultos, el trabajo, la libertad de escoger arte, profesión u oficio, y sobre todo que, educando en valores y principios desde el colegio y la familia, recuperaremos el norte.