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miércoles, 17 de junio de 2026

De cara al porvenir: normalizar lo que se repite

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Hace algunos años, después de un largo tiempo de conflicto interno en Colombia, algunos analistas hablaban de que la guerrilla se había convertido en “parte del paisaje”, puesto que nos habíamos acostumbrado a coexistir con ella.

Hoy por hoy, la guerrilla crece y han aparecido nuevos actores del conflicto con distintas denominaciones y un común denominador: el narcotráfico.

Es común que se presenten diariamente actos terroristas, tomas de poblaciones, atentados permanentes contra la fuerza pública y la población civil, aumentan las extorsiones, los secuestros, el sicariato indiscriminado y el asesinato de líderes sociales, y todos tan campantes, Gobierno y ciudadanía nos limitamos con conversar y comentar sobre el “acontecimiento nefasto del día” y a comparar con las estadística o datos oficiales del año anterior o del año en curso, es decir, aprendimos a coexistir y convivir con los agentes que actúan por fuera de la ley y a tener un Estado débil conformado por gobiernos torpes y timoratos.

No es que nos contentemos o nos tranquilicemos con que el dato esté por encima o por debajo del período con el cual se compara. Es que ese dato actual debe ser CERO para el total de víctimas de cualquier tipo de agresión.

Yo ya estoy mamado de oír las declaraciones y las explicaciones insulsas y repetidas ―como si fuera un guion previamente preparado― del presidente de turno, de los ministros, de los generales, de los comandantes de ejército y policía, de la Fiscalía, de la Defensoría del Pueblo, de funcionarios de nivel alto, medio y bajo, de prelados y de simples ciudadanos que anuncian lo de siempre: consejos de seguridad extraordinarios, investigaciones exhaustivas, aumento del pie de fuerza (trasladándola de un lugar a otro como Simón el Bobito que sugiere abrir un hueco para poder echar allí un volumen de tierra que está expuesto), e invitando a la convivencia.

Ni que hablar de la inseguridad cotidiana en las distintas ciudades del país a través de la llamada delincuencia común.

Este Estado fallido debe reconocer que le quedó grande controlar el cien por ciento del territorio y lo que se requiere son medidas extremas como la solicitud de ayuda a la ONU para que mande los Cascos Azules, o solicitar de un “gobierno amigo”, ―comprometiendo la soberanía nacional― a que nos ayude a salir del problema en términos militares o de apoyo económico como ya lo hemos hecho con anterioridad, con algunos resultados temporales.

La reubicación física de los comandos del ejército trasladándolos a los epicentros del conflicto, la declaratoria de Ley Marcial en territorios y departamentos neurálgicos, el llamado de la reserva mientras se capacitan nuevos contingentes, son medidas que suenan como obvias pero que no se han ensayado, creo yo, porque de pronto resolvemos el problema.

Y para complicar más el asunto, el tema de la corrupción sigue creciendo de manera desbordada en todas las instancias y en todos los niveles. Todos los días un nuevo escándalo y nuestro aparato de justicia apenas si alcanza a judicializar, pero muy rara vez a condenar.

En estos tiempos recientes el asunto ha pasado de castaño a oscuro, se ha salido de madre y no pasa nada.

¿Nos volvimos todos cómplices de la corrupción?

¿Qué medidas se están tomando?

¿Cuáles son los ladrones de cuello negro, blanco o rosado que ya están en la cárcel?

¿Quién asume la responsabilidad?

¿Se imaginan ustedes un joven que estará pensando de tener o intentar tener un futuro en Colombia?

¡Qué cansancio!

¡Qué país miserable!

Sin embargo, tratemos de perseverar asegurando que ¡todo sea por Colombia y nada sea contra Colombia!

viernes, 26 de diciembre de 2025

La responsabilidad es de todos

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

La escalada del horror con los ataques con drones a la fuerza pública, toma de pueblos, colocación de explosivos en las vías, confrontaciones armadas entre grupos de narcoguerrilleros, reclutamiento forzado de menores, masacres y daños a la infraestructura, nos confirma que este dantesco panorama de violencia, terrorismo e inseguridad es la peor secuela de la llegada de la extrema izquierda al poder.

No existirá solución posible mientas permanezca este régimen o una continuidad de este al frente de los destinos de la patria. Necesitamos con urgencia la sustitución de esa perversa ideología tanto en la Presidencia como en el Congreso Nacional.

¿De quién es la responsabilidad en esta inaplazable tarea? De todos los colombianos habilitados para votar. Ha llegado el momento de sacudirnos de la pereza y de los prejuicios inútiles y materializar nuestro patriotismo, salvando a la nación de la terrible hecatombe que se nos vino encima. Con un Congreso compuesto por gentes honorables y con valor suficiente para enfrentar a los enemigos del país y un presidente que lidere la defensa de la patria y su reconstrucción espiritual y material, podremos ganar esta batalla y enfrentar esta tenebrosa inseguridad.

Son muchas las áreas que habrá que atender. Por ejemplo:

1. Reanudar las buenas relaciones con nuestros tradicionales aliados, Estados Unidos e Israel, para modernizar la dotación de nuestra fuerza pública y adquirir los últimos adelantos en materia de drones, comunicaciones, transporte aéreo, así como la tecnología que exige la guerra en la actualidad.

2. Reorganizar y fortificar la inteligencia militar y de la policía en todos los rincones del territorio nacional, para evitar que sigan cumpliendo los facinerosos con su infernal agenda criminal, tomando de sorpresa a las fuerzas del orden.

3. Pasar de la pasividad que ha impedido a nuestros efectivos defenderse hasta en extremas situaciones donde han sido secuestrados y despojados de sus armas, a una estrategia de combate dirigida a la eliminación o neutralización de todos los grupos irregulares dedicados al narcotráfico, terrorismo y criminalidad en general. Prioritariamente, se debería combatir a sus cuadros directivos y destruir instalaciones tales como campamentos, laboratorios, depósitos de armas y de alucinógenos.

4. Aumento del pie de fuerza que efectivamente esté destinado al combate; recuperación de la misión para la que fueron creadas las fuerzas del orden; reapertura de bases estratégicas y fuerzas de acción conjunta suspendidas.

5. Destrucción de los cultivos de alucinógenos en todo el país, mediante la utilización de drones, aeronaves teledirigidas, fentanilo y supresión de erradicación manual y de subsidios a cocaleros.

6. Programas especiales para detectar y suprimir el lavado de activos, adquisición de precursores, cesación de la minería ilegal, persecución al secuestro y la extorsión y otros medios de financiación de los grupos armados.

7. Revisión de partidas presupuestales destinadas al orden público e incrementar los ingresos de la fuerza pública para cubrir sus necesidades en la compra de equipos y mantenimiento de sus operaciones.

8. Organización de una red nacional de voluntarios para la defensa de la seguridad, cuyas funciones serán: Informar a las autoridades todo hecho sospechoso, mantener comunicación con sus vecinos más próximos para la defensa de sus hogares mientras llega la presencia de las autoridades y recaudar pruebas fotográficas o de otro tipo que sirvan en los procesos que se adelanten contra los delincuentes.

9. Debe estructurarse un Estatuto Nacional de Seguridad, mediante un proyecto de ley elaborado por un grupo bicameral compuesto por amigos de la seguridad y la democracia en unión con el gobierno que sea elegido, que incluya, entre otros, los siguientes aspectos: a) Penalizar con cadena perpetua el narcotráfico, terrorismo, secuestro, reclutamiento de menores y masacres; b) Prohibición de beneficios penales para condenados por estos delitos; supresión de libertad provisional para porte de armas o explosivos, y eliminación del delito político como justificación para cualquiera de estos delitos; c) Organización de cárceles en lugares alejados, con niveles de alta seguridad, sin posibilidad de comunicación exterior para los reclusos, que serán vigiladas por un organismo compuesto por veteranos de las fuerzas armadas; d) Reforma a la administración de Justicia, cambiando el sistema de elección de magistrados para que no haya intervención de la política, encargando de su juzgamiento a la Comisión de Aforados, sancionando el incumplimiento de términos en materia penal, estableciendo vigilancia permanente de los despachos judiciales a cargo de la Procuraduría.

10. Diseñar plan de interceptación aérea y marítima en conjunto con los Estados Unidos para eliminar el transporte de alucinógenos desde Colombia a otros países.

La ignorancia o la ingenuidad ya no nos servirán de excusa para no actuar responsablemente. Hagamos caso a esta advertencia: “Es terrible, en efecto, que la ignorancia y la excesiva complacencia sean más poderosas que la sabiduría(Meditaciones, Marco Aurelio)

jueves, 14 de agosto de 2025

Hermano asno

Fredy Angarita
Fredy Angarita

El 10 de julio de 2025, Colombia amaneció con una noticia que no debería existir: disidencias del ELN utilizaron un burro como medio para ejecutar un atentado. Un hermano menor, como lo llamaría San Francisco de Asís.

Treinta años sin noticias de esta índole, y aun así, la historia se repite, con el eco amargo de lo que nunca aprendimos.

Al indagar un poco, entendí que esta aberración no es solo nuestra. Otros conflictos han arrastrado a los animales a la crueldad humana:

* Sri Lanka, guerra civil (1983–2009): Los Tigres Tamiles planearon usar elefantes bomba. Aunque no hay pruebas de que se concretaran los ataques, sí existen reportes sobre su entrenamiento.

* Afganistán e Irak (2003): burros y perros fueron convertidos en explosivos ambulantes para atacar tropas extranjeras en mercados y zonas rurales.

* Estados Unidos, Proyecto “Bat Bomb” (1942–1944): en plena Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos diseñaron un plan para soltar murciélagos con bombas incendiarias sobre ciudades japonesas.

* Unión Soviética (1941–1942): en el frente oriental, el Ejército Rojo entrenó perros antitanques, obligados a correr bajo los vehículos enemigos cargando explosivos.

El común denominador es brutal: la pérdida de cualquier código moral, una guerra sin alma, sin reglas. Los antiguos estrategas, como Sun Tzu, advertían que el arte de la guerra no está en el uso salvaje de la violencia, sino en su contención sabia. Una guerra sin honor es solo barbarie.

Los Convenios de Ginebra no tienen un artículo específico sobre el uso de animales en el conflicto, pero sí establecen un principio rector: la prohibición del sufrimiento innecesario. El Artículo 54[1] protege los recursos esenciales para la población civil: agua, cultivos, ganado. En ese marco, un burro también debería estar a salvo. Porque no es un arma, es sustento, es compañero, es carga y memoria rural.

Volviendo a Colombia, esta escena no solo nos enfrenta a la crudeza del conflicto, sino también a algo más profundo: la erosión moral de una sociedad que ya no reconoce límites, que no respeta ni a los más inocentes.

Quizá por ser animales de trabajo y no mascotas de sofá, no haya marchas ni luto mediático por ellos. Pero el dolor no se mide por el tamaño del animal, sino por la calidad de nuestra humanidad.

Decía San Francisco de Asís que su cuerpo era “el hermano asno”, simple, resistente, obediente, y que cargaba con todo. Nos toca ahora mirar si, como sociedad, no hemos convertido al otro, humano o animal, en ese hermano asno: en alguien que sirve solo para cargar nuestras miserias, sin voz, sin defensa, sin duelo.

Y si eso es así, nos queda una sola salida decente: recuperar la compasión, y no solo la indignación. Porque un país que usa burros como bombas no solo está en guerra, está perdido. Y porque los animales, como nosotros, también tienen historia, y merecen memoria.

miércoles, 15 de enero de 2025

De qué se queja el que le vende el alma al diablo

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

A mí me enseñaron que el que miente, roba, y el que roba siempre es un cobarde. Y aquí muchos de los que se ufanan de ser líderes, viven en el engaño propio de que se puede jugar con el bien y con el mal al mismo tiempo.

De “El diario de Frank”, de Bernardo Vélez Isaza, publicado en 1953: “¿De qué le sirven al hombre la civilización y la cultura de que alardea, si se revuelca en el fango de la infamia y la degeneración?”“Hoy el mundo está dividido en dos bandos opuestos e irreconciliables: civilización cristiana y comunismo. Colocarse en el centro equivale a tomar una posición falsa y absurda, en la que es imposible guardar el equilibrio. Hay hombres que encienden una vela a Dios y otra al diablo. Si se ven obligados a definirse, apagan la de Dios…”

Para que una democracia sea operativa y no un telón detrás del cual todo se vale, la legalidad debe estar totalmente alinderada y que enmarque todo el acontecer sociopolítico y económico de la nación.

Lo que no funciona y no se debe hacer nunca, es utilizar la democracia para encubrir delincuentes y validar la criminalidad al otorgar impunidad a organizaciones e individuos que eligen el crimen como forma de vida, y luego exigen reconocimiento legal, social, político, económico y un estatus que los presente como el ejemplo a seguir.

No se vale eso de dialogar, negociar ni validar a quienes oficialmente o de forma enmascarada representan el crimen organizado, la cleptocracia que gobierna, la cultura mafiosa y la ideología narco-comunista bajo la cual el terrorismo controla gran parte del territorio y el devenir nacional.

Consentir y acomodarse a cogobernar con criminales, es engañar y condenar a la desigualdad, la inequidad y al empobrecimiento a la gente indefensa.

Como se explica uno que haya “personajes” que por conveniencia se hacen clasificar como líderes de oposición y con tal de figurar se presten para la validación de criminales y bufones mediáticos. ¿No es eso tan contraproducente socialmente como venderle el alma al diablo?

Cuando una sociedad es cómplice de la delincuencia, pierde sus valores, la integridad y la fuerza de su institucionalidad democrática. Tiene un grave problema cultural que si no corrige está condenada a que la gobiernen y la representen criminales y sus organizaciones.

El movimiento globalista que impone las agendas minoritarias a las mayorías es propio del mal llamado progresismo, que es lo más distante al interés general de las naciones, y es lo más opuesto a la globalización del conocimiento humano que es lo que paradójicamente ha llevado nuestra civilización a avanzar más en los últimos 25 años que en los últimos tres milenios.

Lo que hoy se vive y se padece en materia de atraso y deterioro socioeconómico en nuestra región no es izquierda socialista, es terrorismo narco-comunista modelo siglo XXI, que esclaviza en la pobreza a millones de seres humanos mientras promueve la formación de capitales ilegales.

Los líderes que hoy alcahuetean y no son capaces de enfrentar al crimen organizado y a quienes lo representan, son los mismos que dejaron narcotizar las fronteras con Venezuela, Ecuador y con ambos océanos, pues de sus posiciones mamertas solo emana lo que va atado a su propia conveniencia, a sus intereses individuales, a sus ambiciones de fama, poder o riqueza.

Qué se puede esperar en un país donde el presidente ondea la bandera del M-19 y un ministro luce el uniforme político de las FARC-EP, organizaciones criminales narcoterroristas que utilizaron el engaño a la democracia para hacerse al poder y que están dedicadas a la destrucción de todos los principios y valores fundacionales de la nación.

¿No está hoy el país vendiéndole el alma al diablo al alinearse con los Estados controlados por el terrorismo y correr voluntariamente el lindero de la soberanía y legalidad democrática para fortalecer una unidad ideológica opresora con el narcoestado vecino manejado por un tirano y toda clase de maleantes?

Los problemas no se arreglan solos. Ya quedó claro en Venezuela que una elección se la roban y no pasa nada. Aquí y allí estamos en manos de una chusma criminal que lamentablemente solo comprende su propio aterrador lenguaje e instrumento: “dar chumbimba”.

La región entera no tendrá libertad de ningún tipo hasta que la ciudadanía no se vea obligada a organizarse en una resistencia que pueda combatir la tiranía y el crimen organizado, recuperar el sistema democrático y las libertades económicas, tener un sistema judicial que ofrezca garantías de legalidad y unas fuerzas armadas capaces de hacer valer la constitución y las leyes.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Reacción contra la iniquidad

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Con inusitada frecuencia me repiten amigos y contertulios que jamás en toda su vida habían presenciado una iniquidad tan monstruosa como la que vivimos en Colombia desde hace dos años. Entiéndase iniquidad como maldad, gran injusticia.

Pero no aciertan los interlocutores a desentrañar las causas de nuestra desgracia colectiva ni el origen del acelerado proceso que nos ha conducido a esta crisis integral. Probablemente hemos detenido nuestra atención en las diarias banalidades de la politiquería, alimentadas por las “cortinas de humo” generadas por la tiranía, omitiendo un análisis más profundo y enriquecedor del problema.

Comencemos por reconocer que nuestra joven democracia ha desperdiciado muchos años en estériles luchas intestinas en las que las masas han sido arrastradas a la conquista del poder para beneficio de los caciques políticos y sus seguidores, quienes han usufructuado el manejo de los presupuestos, la contratación y las abultadas nóminas en favor de sus propios intereses.

Desde su fundación ha aprovechado el comunismo toda deficiencia en la gestión de los países democráticos y capitalistas que pueda generar descontento en la población para extender su influencia a través de la violencia y Colombia no fue la excepción. Desde hace 6 décadas, con la intermediación de la dictadura cubana, se intentó la toma del país creando grupos terroristas de inspiración marxista como las FARC, el ELN, el EPL, el M-19 y otros. Durante 60 años sembraron el terror, destruyeron oleoductos, tomaron poblaciones por la fuerza, cometieron sanguinarias masacres, reclutaron menores de edad, desplazaron campesinos de sus parcelas y establecieron el cobro de extorsiones a todos los propietarios y comerciantes. Para aumentar sus ilícitos ingresos introdujeron el secuestro, la minería ilegal, y, finalmente, se convirtieron en el mayor cartel de cocaína del mundo.

A pesar de haber devastado gran parte del territorio nacional y consumido enormes recursos estatales en el mantenimiento del orden, la reparación de los daños y la investigación de los responsables fracasó la labor desoladora de la guerrilla, principalmente por dos factores que vale la pena resaltar:

a) Los principios y valores mayoritariamente aceptados por la sociedad colombiana son contrarios a la doctrina comunista, a la supremacía del Estado sobre la dignidad de la persona humana, y a la supresión de la propiedad privada y la libertad de empresa; y

b) Las Fuerzas Armadas de Colombia derrotaron a la mayor y mejor financiada guerrilla del mundo en un inhóspito territorio como el de las selvas tropicales de nuestro país.

Caído el comunismo internacionalmente y derrotada la guerrilla comunista en Colombia, cambió la extrema izquierda su estrategia y dejó en un segundo plano la lucha armada para concentrarse en la “batalla cultural”, permeando con la dañina doctrina marxista-leninista todos los estamentos de la sociedad.

En Colombia, mientras el país disfrutaba de un remanso de paz entre los militantes de los viejos partidos durante los 16 años del Frente Nacional, el comunismo empezó a infiltrarse en todos los estamentos sociales. En los sindicatos, algunos de los cuales apoyaron financieramente a las nacientes guerrillas; en las universidades, con fanáticos marxistas como catedráticos pagados por los gobiernos democráticos y activistas profesionales que permanecen indefinidamente en las aulas disfrazados de estudiantes; en la administración de justicia, desde la cual se libra una permanente batalla litigiosa en contra de los militares, agentes del orden y contradictores de la doctrina comunista y se premia con impunidad a los guerrilleros, vándalos, narcotraficantes y criminales amigos de la izquierda radical; en los medios de comunicación, las artes, la literatura, las instituciones culturales y comunitarias, donde circula sin parar la financiación estatal condicionada al soporte de la doctrina totalitaria del marxismo.

Partió el comunismo de la premisa de que el capitalismo era un sistema llamado al fracaso y, sobre ella, construyó toda su doctrina. Pero ocurrió que, en el siglo XX, con posterioridad a la Segunda Guerra, vivió el capitalismo su mayor florecimiento y superó con creces el nivel de bienestar que en toda la historia había alcanzado la humanidad. Quedaba, entonces, sin piso la lucha de clases y el odio al capital, lo que llevó al socialismo a reinventarse para alcanzar una homogeneidad agrupando una serie de pequeñas identidades bajo un denominador común contra la supuesta “opresión”. El antagonismo de clase, carente de sustentación en una sociedad cada vez más desarrollada fue reemplazado por múltiples antagonismos: El de los LGTBI, el indigenismo, el racismo, el género, el ecologismo, el feminismo, etc. Como lo hemos observado entre nosotros, la extrema izquierda, en especial bajo el régimen actual, pretende exacerbar esos antagonismos sin ningún fundamento. En Colombia no ha existido racismo sino un mestizaje donde no es posible distinguir grupos en plan de antagonismo. El ecologismo carece de importancia si se parte del escaso potencial de contaminación que en el globo terráqueo alcanza nuestro país. Las mujeres tienen en la Ley y en la práctica reconocida su igualdad de derechos frente a los hombres. Las distintas tendencias sexuales son respetadas socialmente, pero ello no puede convertirse en una imposición de privilegios frente al resto de la población. Frente a la excesiva generosidad del Estado que ha convertido a los indígenas en poderosos terratenientes, son los propios movimientos guerrilleros de tendencia comunista quienes los mantienen todavía bajo su yugo.

En este escenario, y con la complicidad de gran parte de la dirigencia política, religiosa y gremial, se produjo el robo al plebiscito que autorizó el claudicante pacto de La Habana. No se consiguió con este monumental fraude la cesación de la violencia y el terror, pero sí se concedieron toda clase de privilegios a la guerrilla que han propiciado la expansión de la violencia y de la criminalidad en el territorio nacional.

Fue la antesala para el Gobierno de transición que pavimentó el acceso al poder del camarada Gustavo Petro, responsable de todo el maremágnum que estamos atravesando y de las oscuras perspectivas que aguardan al país en las próximas décadas.

Nuestra reacción frente a una hecatombe de estas proporciones debe sujetarse a dos grandes propósitos:

Primero.- Derrocar al camarada presidente por los medios establecidos en la Constitución: a) El art. 109 permite la separación del cargo de quien haya violado los topes financieros de la campaña, como se ha demostrado ampliamente en el caso del camarada Petro; y,

b) Los arts. 217 y 218 de la Constitución Política estatuyen que es función primordial de las Fuerzas Militares y de Policía mantener el orden constitucional, permanentemente violado por el camarada Petro y sus secuaces del Gobierno.

Segundo.- Devolver a la sociedad colombiana los principios y valores que forman parte de la nacionalidad y de la cultura mayoritaria de la población, que van en contra de la doctrina comunista, del crecimiento del Estado, de la violación de los derechos de la persona humana y de la aplicación de la verdad, la justicia y la moral en la gestión pública. Para ello debemos crear una nueva fuerza que comparta esos objetivos y esté dispuesta a luchar por el bien común para todos los colombianos.

lunes, 24 de octubre de 2022

Ya se sabía

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Los seres humanos somos tercos, además olvidamos la historia reciente y la pasada, creemos que todo es susceptible de mejorar, pero, es todo lo contrario, nos encontramos un día cualquiera de frente con la realidad que nos agobia, para donde miramos hay angustia, desazón, lo que creíamos estable desaparece y llega la incertidumbre y la nostalgia y de ahí en adelante nos surgen los lamentos, las exclamaciones nefastas, los reclamos, el desanimo y la incertidumbre, sin embargo, al final tendremos que aceptar que el otro, el opuesto no es el culpable de nuestro destino, somos nosotros y solo nosotros los culpables de permitir que estos males anunciados y vividos en épocas pasadas regresen aumentando el área de cobertura. Un día fue una capital hoy es un país completo, y tarde que temprano llegará a afectar a cada persona que esté en ese territorio, aun a los que son hoy sus áulicos.

Esta es la historia de Colombia, de tragedia en tragedia, de épocas de crecimiento y otras de recesión, de mucho empleo formal, y otras de exceso de informalidad llegando a cifras de 58 % de desempleo formal en la población apta para trabajar.

También hemos sufrido todos los males, como las siete plagas de Egipto y grandes trasformaciones sociales, económicas y políticas, que afectaron positiva o negativamente en su momento a miles de personas, familias enteras dejando en ellas consecuencias terribles de sufrimiento, deseo de venganza y en muchas ocasiones perdón y olvido, pero siempre la huella queda. Me permito simplemente enumerar algunas en este caso de ingrata recordación a saber:

* 49 conflictos y 9 guerras civiles en el siglo XIX.

* Pérdida de Panamá.

* Asesinato del caudillo liberal Rafael Uribe Uribe.

* Hegemonía conservadora entre 1900 y 1930.

* El periodo de trasformación social con Alfonso López Pumarejo.

* Asesinato del gran jefe liberal Jorge Eliécer Gaitán.

* Conflicto entre liberales y conservadores.

* Golpe de estado o golpe de opinión como se denominó en su momento. General Gustavo Rojas Pinilla.

* Derrocamiento de la dictadura. Los llamadas cacerolazos. Ciudadanos molestos, enojados y dispuestos a todo.

* Pacto de Benidorm, acordado en esta ciudad española entre Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo.

* Surgimiento del Frente Nacional. Acuerdo bipartidista para rotar el gobierno 16 años. Con un solo error, fue excluyente.

* Surgimiento de las guerrillas lideradas por Jacobo Arenas y Marulanda (Tirofijo).

* La Anapo, movimiento de Rojas Pinilla. Perdió las elecciones en 1970, con Misael Pastrana Borrero.

* Surgimiento del M19. Jaime Bateman, y otros lideres surgidos de las FARC y el ELN.

* Muerte y violencia por parte del M19, asesinato brutal del sindicalista José Raquel Mercado, presidente de la CTC, enjuiciado por el M19.

* Robo de las armas al ejército colombiano.

* Robo de la espada de Bolívar.

* Detención de los lideres del M19, muerte de Bateman, Iván Mariano y otros lideres.

* Proceso de paz de Belisario Betancur. “Paloma de la paz”.

* Toma del Palacio de Justicia.

* Acuerdos de paz con EPL, M19, Quintín Lame y otros grupos. Siempre salen otros peores y más violentos.

* Asesinato de Carlos Pizarro León Gómez.

* Tomas guerrilleras, secuestros, asesinatos, violaciones, vulneración al derecho de los niños, carros bomba, motos bombas, bicicletas bomba, burros bomba, tomas de poblaciones, retención de soldados y civiles, el desastre total.

* Surgimiento de los carteles de la droga, a principios de los años 80, Pablo Escobar y sus bandidos, los Herrera y Rodríguez, en fin miles de personajes que no trajeron sino muerte y dolor al pueblo colombiano. Juventudes perdidas por la droga y las ansias de poder económico.

* Ciudades en llamas, víctimas del terrorismo de los narcotraficantes.

* Asesinato de Luis Carlos Galán.

* Ubicación y muerte del bandido mayor Pablo Escobar.

* Negociaciones de paz fallidas en Venezuela, México y otros países.

* Ciudades y municipios sitiados por causa del conflicto, las denominadas pescas que eran en realidad secuestros. Fincas abandonadas.

* Presidentes en el ojo del huracán. Elefante a sus espaldas.

* Líderes sociales asesinados.

* Secuestro y posterior asesinato de Álvaro Gómez Hurtado.

* Ocho (8) años de retoma del orden público con autoridad. Ejército recuperó la moral y obtuvo grandes éxitos. Álvaro Uribe Vélez.

* Ocho (8) años de gobierno de un hombre que entrego al país. Perdió el referéndum y aun así firmo el acuerdo de paz.

* Sin justicia, ni verdad y menos reparación.

* Pandemia, muerte, recesión, país en toque de queda.

* Buen presidente que evito la catástrofe y atendió con éxito la salud de los colombianos.

* Elecciones, nuevo gobierno y presidente el cual genera incertidumbre y polarización, marchas ciudadanas pacíficas, atmósfera social en ebullición, reformas tributaria, pensional, compra de tierras, no fraking, afectación a Ecopetrol, ministros incompetentes, ejército desmembrado, policía con otro rumbo.

Estamos ante un panorama difícil de predecir. Así trascurrió el gobierno de la ciudad de Bogotá hace algunos años, mucha algarabía, poco resultado.

Lo grave de esto es que lo sabíamos, el resultado era esperado y solo estamos en el tercer mes de Gobierno, pero ya quieren ampliar periodo y expresan la necesidad de gobernar por lo menos 15 años si no es más. Gobiernan con el retrovisor y no aceptan que fueron parte activa de los grandes desastres económicos y sociales de Colombia.

Esperamos que el barco no se acabe de hundir y en las próximas elecciones del año 2023, retomemos el control de los departamentos y municipios de Colombia, para reconstruir y avanzar con firmeza en la formulación de una gran política social de crecimiento y fortalecimiento de las regiones.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Entrevista con José Ignacio Penagos

Jose Ignacio Penagos Hincapié, comunicador y director de IFM, además de consultor en comunicación y transformación digital, es el invitado a la entrevista de El Pensamiento al Aire, oportunidad en la que se habla de periodismo y cómo ejercer la profesión en le marco de la violencia. No dejes de ver este testimonio de vida.

domingo, 13 de febrero de 2022

Sucesos de la semana

En su editorial para esta semana, el doctor Antonio Montoya H., revisa y se pronuncia sobre cinco temas que hoy son noticia: (1) la guerrilla que siempre hace presencia con sus actos terroristas cuando estamos en época de elecciones debe ser enfrentada con toda contundencia, (2) el Movimiento de Salvación Nacional que sigue los pasos del líder Álvaro Gómez Hurtado se está convirtiendo en una importante alternativa, (3) a pesar de lo que diga el alcalde Daniel Quintero, su proceso de revocatoria continúa, (4) se espera que el diario El Colombiano siga trabajando por la ciudad y el departamento a pesar del cambio de accionistas, y, (5) El mal camino que le da Fecode a la educación pública y la amenaza de un nuevo paro nacional. No dejes de escucharlo.


viernes, 26 de noviembre de 2021

Tortuoso camino

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Cinco años celebra el acuerdo de paz. Más de cuatro tomó firmarlo. Una década dilatarlo. Por lo menos 30 anhelarlo.

Belisario Betancur fue el primer mandatario que recurrente y formalmente, en su discurso, habló de la paz y de la necesidad de alcanzarla. Romántico y poeta soñador, suspiraba con el asunto, después de ser testigo de primera mano del desangre bipartidista y de los albores de la guerrilla. Banderas blancas y palomas resultaron ser icónicos símbolos que se fueron desgastando con el paso de los años, por los escasos resultados y por la falta de voluntad política para lograrla por parte de quienes tenían en sus manos hacerlo.

No ha sido fácil, no todo ha sido fracaso, pero es un hecho que, desde entonces, hemos recorrido un tortuoso camino hacia la paz. Hubo evidencias relativamente tempranas de que era posible. Sobresale lo logrado con el M-19, un grupo que siempre rompió el molde de la guerrilla convencional, comunista e influenciada ideológicamente por las líneas de Moscú o Pekín. Sin embargo, la paz ha tenido siempre enemigos y detractores, unos ocultos y soterrados, otros abiertamente manifiestos. Pareciera que la paz no es un unánime objetivo y eso resulta desconcertante.

Personalmente estoy convencido de que hay un grupo importante para quien la guerra, o conflicto armado, o como quieran llamarlo, es un negocio lucrativo. Al fin y al cabo, la venta de armamento a nivel global es rentable como toda industria que se respete. Tendrá, pues, que alimentar destrucción y muerte en cualquier latitud mundial, paradójicamente, para poder sobrevivir. Divide y reinarás es su consigna porque, como dice otro adagio: en río revuelo, ganancia de pescadores.

Para otros, no puede haber paz si no hay vindicación. La monstruosa guerra ha generado miles de víctimas en todos los bandos. Sabido es que muchas familias han padecido en carne propia la tragedia de perder miembros de uno y otro lado. El dolor es enorme y las heridas están abiertas. No es fácil eso de perdón y olvido. La memoria se mantiene viva y por eso la repetición es una amenaza constante.

Pero también el asunto es de justicia y equidad. En tanto no existan, la paz no será posible. Respecto de la justicia, duele en el alma la impunidad. Todo tipo de desgracias acontecen y no pasa nada. Sin Dios ni ley los delincuentes, vulgares y los de alto coturno, se pasean orondos y retadores, fortalecidos frente a un sistema penal debilitado, sin dientes ni recursos, cada vez son más descarados y agresivos. Respecto de la equidad, es vergonzoso saber que nuestro país es de los más inequitativos del mundo por la distribución de su riqueza: unos pocos tienen mucho y la gran mayoría poco o nada. Si eso que está de moda llamar capitalismo consciente se hubiera puesto en práctica antes, los ricos tendrían más riqueza, pero habría poca pobreza y una mayoritaria clase media con sus necesidades básicas satisfechas. Otro sería el cuento.

Hace casi 40 años el presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, escribió un texto magistral sobre los vacíos de la paz, un escrito ágil y asequible para comprender que, en tan complejo panorama colombiano, unas cuantas y acertadas decisiones hubiesen marcado un rumbo diferente y agrego yo, muchas vidas se habrían salvado y seríamos un país próspero y con mejores estándares en todo.

La paz seguirá su tortuoso camino hasta que dejemos de ser tan mezquinos solipsistas que solo pensamos en nuestro confort particular, así los otros estén en la olla, y, hasta que efectivamente y con hechos demostremos que ese cacareado amor por la patria se traduce en transformaciones sociales profundas. Es claro que solo los acuerdos firmados no eran suficientes y que por más fallas que pudieran tener eran el inicio de una nueva etapa, pero primó más el afán de retaliación, del “ojo por ojo y diente por diente”, así quedemos todos ciegos y muecos. Entre tanto, otros nos están sacando provecho. Así las cosas, hago un llamado a los tuertos que quedan para que tengan un tris de sensatez y cordura a ver si logramos salvarnos y vivir en paz.


lunes, 9 de marzo de 2020

Muertos y más muertos


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
En Colombia somos prolíficos en biodiversidad, tenemos dos mares, costa por casi la mitad de los límites territoriales, en general un gran territorio lleno de riquezas minerales, vegetales y fauna, en fin, somos privilegiados en todas partes.

Lamentablemente también somo un país lleno de conflictos sociales, de violencia, producimos paracos, guerrilleros, bandas criminales y generamos a gran escala masacres. Son grupos que se comportan como verdaderos creyentes, no en Dios, sino en que consideran que fuera de su verdad, mando y orden no existe nada más, que se puede disponer de la vida de un semejante por que es contrario a su pensamiento, que la tierra que les gusta, si no se la venden se muere o los desplaza, y así sucesivamente. En cada pueblo se cuentan historias como las de aquel paraco que decía que en ese pueblo las mujeres vírgenes tenían que ser de él, antes que de otro. Son locuras infames, las que las comunidades han vivido y soportado por años y años, y la solución no se ve.

Debo poner el grito en el cielo sobre este y otros asuntos que agobian a los ciudadanos diariamente. Hoy, menos que nunca se entiende, porque venimos de un proceso de paz, largo, tedioso, que dividió al país antes que unirlo, que las cicatrices del conflicto no se cierran, por el contrario, se ahondan con cada muerto, violación o crimen incluyendo el secuestro. Es decir, ninguno de los delitos que se cometían se terminaron, simplemente al inicio del posconflicto se disminuyeron, pero la violencia volvió a recrudecer y hoy es un nuevo flagelo que nos azota, persigue y genera dolor y muerte.

Miremos el panorama actual, la guerrilla del ELN, creció en número de combatientes, algunos de las FARC, regresaron al conflicto armando disidencias, el control territorial es hoy un grave problema para las comunidades, las bandas criminales crecen en las ciudades, la JEP, camina lento, todo el mundo quiere entrar en esa jurisdicción, pero nadie ha sido condenado pronta y eficazmente por ella, mucha diligencia, declaraciones y nada de fallos, y llevamos tres años de la celebración del acuerdo.

El problema, claramente puedo decirlo, está fundamentado en la ausencia del Estado en las comunidades; cuando hablo del Estado hablo de la justicia, de la salud, trabajo, educación, recreación… así sucesivamente podría enunciar más y más ausencia del Estado que conlleva a que los ciudadanos pierdan la fe y resuelvan sus conflictos y necesidades con base en sus propios criterios ya sean buenos o malos.

Es ahí donde surgen las bandas criminales que se adueñan del territorio y que se convierten en la ley y el orden, imponen el terror no existiendo más el imperio de la ley. Todo ello se ve en el Chocó, y en el sur del país: Caquetá, Guainía, Vaupés, Vichada, Amazonas, y en otras regiones más específicas como Tumaco y barrios de las grandes ciudades.

Esta anarquía debe controlarse, sino entraremos como en los tiempos de la Conquista en América, y de los vaqueros del viejo oeste americano a que los ciudadanos creen sus propias formas de defensa y ahí sí viene el caos.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Las víctimas y los victimarios



Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Hoy están hablando y debatiendo sobre las 16 curules o puestos en el congreso de la República, para las víctimas.

El problema radica en que como hay víctimas de lado y lado, porque hay victimarios de lado y lado, esas 16 curules terminarán inclinando la balanza hacia el lado de las víctimas de la guerrilla o hacia el lado de las víctimas de los paramilitares, o hacia el lado de las víctimas de los desafortunados falsos positivos de la fuerza pública.

¿Será que se determinan el número de víctimas, se dividen por el número de curules y se le asignan curules a cada uno de los 3 casos? ¿Tantas curules para las víctimas de la guerrilla, tantas curules para las víctimas de los paramilitares y tantas curules para las víctimas de los desafortunados falsos positivos de la fuerza pública?

Viene otro problema, cuando hablamos de víctimas hablamos de personas fallecidas violentamente, muertos, y los hay de cadáveres identificados, sin identificar y desparecidos. En los desaparecidos los hay encontrados e identificados y no encontrados, supongo con declaración de muerte por desaparecimiento y con indicio de posible victimario.

Mejor dicho, las curules serán para repartir entre sectores que defenderán los intereses de los grupos de izquierda, donde se ubican supuestamente los guerrilleros y exguerrilleros, sectores que defenderán los intereses de la derecha donde se ubican supuestamente los paramilitares y la fuerza pública.

El tema es tan complejo, que razón tiene el Presidente al proponer que sean los partidos políticos los que cedan esas curules a las víctimas; al fin y al cabo, son ellos los que pretenden defender a los victimarios en sus equivocadas actuaciones, supuestamente motivadas y provocadas por actuaciones de otros victimarios.

El error está en que no nos hemos puesto de acuerdo en el hecho de que los victimarios deben todos correr la misma suerte independientemente de dónde vengan: guerrilla, paramilitares y fuerza pública.

Como el problema es de origen político, es la política la que lo tiene que resolver. De ahí la importancia de los partidos políticos, de la institucionalidad, del respeto a las autoridades y lo más importante, de comportarnos bien, como nos enseñó nuestro Señor Jesucristo.

Yo no sé por qué me metí en este tema tan maluco. En fin, de pronto mi análisis sirva de algo o a lo mejor no sirva de nada, pero me atreví.

sábado, 23 de marzo de 2019

La Estambul de Latinoamérica


Por John Marulanda*

John Marulanda
¿Qué hay que espiarle Colombia? En asuntos de defensa nacional, no mucho. Luego de que Santos desmantelara el DAS y redujera al mínimo los recursos de la inteligencia militar, el máximo nivel de confidencialidad que se maneja es: la discreción personal. Hoy, casi todo secreto se puede comprar. La poca tecnología que se emplea, es prestada a EUA, a Inglaterra o comprada a proveedores que venden los mismos equipos, y mejorados, a nuestros potenciales rivales. En la inteligencia criminal, los principales casos de corrupción nos los revelan el FBI, la DEA, la CIA o el MI5, las pruebas se filtran a la prensa y los acusados se ponen a disposición de una justicia nada confiable, o lo que es peor, en manos de la espuria JEP.

Aunque la contrainteligencia está en manos de funcionarios voluntariosos pero inopes, en menos de tres meses, se han descubierto un iraquí vinculado al extremismo islámico en cercanías a la Brigada de Fuerzas Especiales en Melgar, un cubano merodeando la base aérea de Palanquero, venezolanos espiando el Comando Aéreo de Transporte Militar en Bogotá y la base Naval de Puerto Carreño, además de diplomáticos maduristas manteniendo contacto con las FARC y el ELN. Cuba, de probada y nefasta experiencia en espionaje, posee el dosier de todos quienes desfilaron por sus instalaciones durante los entreguistas diálogos con los narcoterroristas farianos. Grabaciones secretas, fotos, videos, documentos, reposan en los archivos del G2, que, de acuerdo a la conveniencia, serán compartidos con el Sebin y la DGCIM venezolanos y con el DID nicaragüense, organismos descendientes de la Stasi alemana comunista.

Los agentes e informantes del G2 campean por el país, analizando las dinámicas sociales del momento, planeando escándalos desestabilizadores, hilando contactos, filtrando noticias, ayudando a caotizar al país mientras las células de Hezbola lavan dinero y acumulan información sobre potenciales blancos. Los rusos se benefician de este escenario y USA participa protegiendo sus intereses geoestratégicos regionales. Así las cosas, USA, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, Irán, Inglaterra, Hezbola, China y Turquía por los laditos, convierten a Bogotá, por su excepcional ubicación frente al problema venezolano, en la Estambul de Latinoamérica, recordando la importancia de esta capital turca durante la Guerra Fría.

Ojalá la frontera colombo-venezolana no se degrade a la Siria de la región.