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miércoles, 21 de enero de 2026

De cara al porvenir: partidos políticos

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Un partido político es una organización que representa y promueve diferentes ideologías, intereses y agendas políticas en una sociedad democrática. Su principal función es participar en elecciones y contribuir al Gobierno y a la toma de decisiones.

Características de los partidos políticos

* Representan y canalizan los intereses y aspiraciones de diferentes grupos y ciudadanos en el sistema político.

* Facilitan la competencia democrática y la formación de gobiernos.

* Proponen candidatos para los cargos públicos y ofrecen apoyo electoral.

* Forman y socializan políticamente a los ciudadanos.

Cómo se crea un partido político

Para formar un partido político, es necesario:

* Definir una plataforma y agenda política.

* Registrar el partido ante las autoridades electorales.

* Reclutar miembros y simpatizantes.

* Participar en elecciones y ganar representación.

Papel en la vida democrática

Los partidos políticos desempeñan un papel fundamental en la democracia, ya que:

* Representan a los ciudadanos y defienden sus intereses.

* Forman gobiernos y toman decisiones políticas.

* Fomentan la participación ciudadana y la pluralidad de ideas.

* Ejercen control sobre el gobierno a través del parlamento.

Número de partidos políticos en una democracia sólida

No hay un número específico de partidos políticos que deba existir en una democracia sólida. Sin embargo, se considera que un sistema multipartidista es más representativo y permite una mayor diversidad de opciones políticas.

Diferencia entre monopartidismos, bipartidismos y multipartidismos

* Monopartidismo: un solo partido político controla el poder y no permite la competencia política.

* Bipartidismo: dos partidos políticos dominan el sistema político y compiten por el poder.

* Multipartidismo: varios partidos políticos compiten por el poder y representan diferentes ideologías e intereses.

Origen de la crisis y debilitamiento actual

La crisis de los partidos políticos se debe a factores como:

* La desconexión entre los partidos y la ciudadanía.

* La falta de representatividad y la corrupción.

* La polarización política y la radicalización de las posturas políticas.

Cómo pueden ayudar a superar la crisis actual de la democracia

Los partidos políticos pueden ayudar a superar la crisis actual de la democracia:

* Fortaleciendo la participación ciudadana y la pluralidad de ideas.

* Mejorando la representatividad y la transparencia en la toma de decisiones.

* Fomentando el diálogo y la negociación entre las diferentes fuerzas políticas.

* Adaptándose a las nuevas tecnologías y demandas cambiantes de la sociedad.

viernes, 6 de diciembre de 2024

Pobre Colombia

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

No hay derecho a que, a nuestra querida patria, se le haya sometido a tan grandes cantidades de vejámenes y violaciones, como los que hemos tenido en este Gobierno, disque del cambio.

En mis 68 años de vida yo no había visto un grado de corrupción, derroche, irresponsabilidad y odio superior al que estamos viviendo con este Gobierno, que cambió las sendas del progreso y la prosperidad, por las sendas de la destrucción.

Estamos viviendo una tormenta permanente, que parece no tener fin, todos los días se arrecian más las aguas, cuando todos añoramos que llegue la calma.

Pobrecita Colombia, debemos cuidarla y contemplarla, aún más en estos momentos en los que quienes nos desgobiernan, han acelerado el proceso de saqueo, despilfarro y destrucción; están desesperados, como aves de rapiña, arrasando con todo, convencidos de que el poder no es para servir, si no para servirse.

Sigo convencido de que le llegó el momento a los partidos y movimientos políticos para activarse en democracia, recordando que cerca de la mitad de los colombianos dicen no pertenecer a ningún partido ni movimiento político, por el grado de desprestigio en que se encuentran. Precisamente por no estar activos en democracia, sus seguidores no están censados, no están carnetizados, no están definiendo sus candidatos a Cámara y Senado –ojalá en listas únicas–, no están definiendo su precandidato único a presidencia y menos, definiendo su interés en participar en la consulta popular de oposición que deberá decidir el candidato único que se enfrentará al candidato de los movimientos petristas que nos tienen en estas lamentables circunstancias.

Hoy más que nunca, debemos acompañar y respaldar a nuestros gobernantes locales, que desde las regiones están dando la batalla de supervivencia en la peligrosa emergencia que estamos viviendo.

Debemos respaldar a las instituciones, confiados en que lo que nos queda de ellas, será suficiente para atajar, todas las descaradas barbaridades, que día a día se le van ocurriendo a este Gobierno nacional.

Debemos respaldar la valentía investigativa de nuestros periodistas que han destapado muchísimos entramados de corrupción, aprovechando informaciones de valientes colombianos que nos negamos a sucumbir en esta tormenta.

Pedimos al Señor dotar de mucha sabiduría, valentía y responsabilidad, al Consejo Nacional Electoral, a la Comisión de investigaciones y Acusaciones de La Cámara de Representantes y a La Corte Suprema de Justicia, para que aceleren los procesos que podrían destituir al presidente y librarnos de este karma, que nos tiene sumidos en la tristeza, la desesperación y el desánimo, viendo como espectadores aterrados, como se hunde nuestra querida Colombia.

La lista de los males que nos aquejan ya se hace interminable, más cuando todos los días surgen nuevas y penosas situaciones, que empoderan más a la protegida delincuencia, todos los días debilitando más a los colombianos de bien.

Ojalá nuestros senadores y representantes, se pongan la mano en el corazón y entre ellos se vigilen para evitar que unos pocos pícaros sigan llevando la imagen del Congreso a lo más bajo de la percepción de los colombianos. Deben evitar convertirse en cómplices del desastre, oponiéndose a las reformas que tramita este Gobierno actualmente en esta legislatura próxima a concluir, con una cascada de reformas que no auguran nada bueno para esta pobre Colombia.

martes, 2 de abril de 2024

De cara al porvenir: ¿Quién es el Petro de Petro?

Por Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

Seguiré insistiendo hasta la saciedad, que para que una democracia de verdad exista, debe estar soportada por unos verdaderos partidos políticos con filosofía, políticas, estructura de funcionamiento, propuestas y cuadros claramente determinados.

A falta de lo anterior, pues consolémonos entonces con movimientos o pichones de partidos que, al momento de la verdad, es poco lo que aportan.

Si adicionalmente habláramos de una democracia seria y robusta, tendríamos que implementar claros esquemas de relación gobierno-oposición, lo cual, en nuestro país, todavía es mirado como algo herético, ya que la política y los políticos, con sus excepciones notorias como en cualquier actividad humana, viven y sobreviven de los recursos públicos.

Qué falta hace un verdadero partido de oposición, de control político y de seguimiento y evaluación de los resultados que presenta el gobierno de turno, siendo independiente y no mendicante de las dádivas, los contratos o los cargos burocráticos que hoy se presentan como “mermelada”, “mantequilla” o “vaselina”, pero que finalmente son una forma de corruptela institucionalizada donde todos comen y donde todos se quedan callados, empezando por una ciudadanía inerme y ladina, que también fácilmente entra a jugar el juego de la anti democracia.

Es lamentable tener que reconocer que la imagen que hoy se proyecta, es que la principal función hoy por hoy y desde hace ya varios gobiernos de un ministro de Gobierno o del Interior, sea comprar votos -por diferentes vías- entre los congresistas para poder sacar adelante las propuestas del gobierno de turno.

Con poquísimas excepciones recientes, no ha existido en el Congreso Nacional un dirigente que encarne la verdadera oposición política, seria, estudiosa, respaldada en realidades, que le exija, le advierta y ponga al gobierno de turno alerta con respecto a aquellos manejos o posturas que van en contravía de lo anunciado y lo propuesto en campaña y plasmado posteriormente en el mal llamado “Plan de Desarrollo”, o en la manera como enfrenta los hechos y acontecimiento de coyuntura.

Épocas aquellas de Gaitán, Laureano, Alzate Avendaño, por mencionar solo algunos de la época dorada, contando con un Robledo o con un Petro en épocas recientes.

Sin embargo, hoy, se nota ese gran vacío en el Congreso Nacional. Obviamente hay personas bien intencionadas que defienden a sus respectivos líderes a falta de partidos políticos, y quienes, en un malentendido ejercicio del empleo del Estatuto de la Oposición, se han plegado a las estrategias mediáticas tradicionales, y a las redes sociales para decir cosas, opinar sobre cualquier cosa y muchas veces vociferando ante la falta de argumentos por falta de conocimiento y falta de estudio.

jueves, 29 de febrero de 2024

¡Los partidos políticos en vías de extinción!

Alberto Avelino Saldarriaga Piedrahíta
Por Alberto Avelino Saldarriaga P.

Abarcan todo el espectro político en todos sus puntos cardinales; izquierda, centro y derecha, además de todas las combinaciones y matices entre sí. Hay para todos los gustos, y todos tiran para su costal y propio beneficio.

Estando a punto de perderse nuestra patria, no es el momento de agitaciones partidistas que generan disociaciones de orden ideológico y que contribuyen al caos y al despelote.

Solo hay dos tendencias hoy en día en nuestra amada patria…

Están quienes sucumbieron ante el hechizo de Petro con su PH de claras tendencias de izquierda y que se quiere perpetuar en el poder para enriquecerse y asemejarse, poco a poco, a su vecina Venezuela y similares; con una pátina de comunismo; una caterva de bandidos para llenarse de billete y convencer incautos… los Petro-seguidores hoy son cada vez menos por estos fatídicos resultados en tan solo 18 meses de desgobierno.

El otro bando lo constituyen millones de colombianos que no nos queremos dejar arrebatar la patria como les pasó a los venezolanos y cubanos, entre otros.

No es sino ver el deterioro físico de sus ciudades y de sus gentes en estos países cooptados por el comunismo, prestos a emigrar a la primera oportunidad a riesgo de perder sus vidas, con tal de respirar un hálito de libertad. La diáspora va en 8 millones en solo Venezuela, y sigue en aumento.

Los Castro, Chávez y Maduro pasarán a la historia encabezando la lista como los hptas más grandes que ha parido la humanidad… y Petro haciendo la fila para que lo pongan en la lista.

Chávez con su lenguaje explosivo dividió a su pueblo con sus arengas llenas de odio.

Usando el lenguaje de los pilotos, nuestro país como un avión, está entrando en pérdida rumbo al desastre.

Solo los dolientes (nosotros), podemos evitar la hecatombe que se avecina. Mandatorio es escoger un líder que aglutine a los inconformes con este Gobierno mamerto y mal intencionado. Ni la ONU, tampoco la OEA, ni mucho menos la CIDH,que no tienen por qué inmiscuirse en los asuntos del Estado al presionar a la CSJ para nombrar fiscal. Muy curioso que Petro, calle ante tal intromisión, cínico.

Una vez que salgamos de esta aventura petrista, retornarán los partidos y volverán a ser los cimientos de la democracia.

Cuando salgamos de este psicopático y mal intencionado presidente, retornará la esperanza y volverán a resurgir los partidos políticos cuando se den cuenta de que el comunismo he traído solo atraso, desolación y odio.

Es mandatorio, en mi sentir, crear un grupo de oposición férrea y muy organizada en contraposición al petro-comunismo que tiene el país al borde del colapso.

Debe haber una cabeza y un cuerpo directivo que coordine y conmine a los millones de colombianos que quieren un cambio de verdad y dar los pasos pertinentes antes que sea demasiado tarde.

El cambio es sacar a este Gobierno con muy claras intenciones de implantar el comunismo, reemplazarlo por gente idónea para que retorne la senda del progreso.

A este paso nos llevan a la destrucción y al desastre.

¡Petro o patria!

viernes, 4 de noviembre de 2022

Nuestro fracasado sistema político

Epicteto, el opinador
Por: Epicteto, el opinador

Concluimos, con el valioso aporte de nuestros contertulios, que el origen de la catástrofe que vive Colombia no reside en los acontecimientos previos a la campaña electoral. Más bien es el resultado de un proceso de descomposición del país en general y, en especial, del rotundo fracaso de nuestro fallido sistema político.

Una sociedad es lo que su clase gobernante quiere que sea. Siguiendo a James Burnham podemos afirmar: “la fuerza o la debilidad de una nación, su cultura, su capacidad de perdurar, su prosperidad y su decadencia dependen, en primer lugar, de la calidad de su clase gobernante” (BURNHAM, James, Los Maquiavelistas, Emecé Editores, 1945, pag. 118)

A la vista tenemos el resultado que nos dejan estos años de “dañado y punible ayuntamiento” de nuestra clase gobernante con la extrema izquierda que sólo busca la destrucción de nuestra Nación, con los carteles de la droga, y con los beneficiarios de la corrupción instaurada en los más altos niveles de los poderes públicos.

No olvidemos que han sido nuestros gobernantes con sus coaliciones mayoritarias en el Congreso, quienes, incurriendo en el mayor prevaricato de nuestra historia judicial, desconocieron la voz del pueblo que rechazó mayoritariamente en un plebiscito el acuerdo con los terroristas de las FARC.

Ha sido nuestra clase gobernante la que ha permitido que se lave el cerebro de nuestros estudiantes con los ponzoñosos brebajes del marxismo-leninismo, el materialismo y la destrucción de la familia tradicional. En el pasado gobierno, elegido por una coalición de “centro”, se ordenó editar una cartilla para enseñar la ideología de género a nuestros niños y jóvenes.

¿Quién, sino nuestra clase gobernante, ha permitido en los últimos 12 años el crecimiento desaforado de los cultivos ilícitos, suspendiendo la fumigación aérea y los bombardeos a los campamentos de los capos de la guerrilla narcoterrorista, y beneficiando a estos con impunidad y beneficios económicos?

¿No es nuestra clase gobernante la responsable de las reformas constitucionales que otorgaron excesivos poderes a la “dictadura judicial” que ahora cogobierna, legisla y falla políticamente o según le convenga al mejor postor?

¿Acaso el cúmulo de irregularidades en la contratación de las empresas que manejaron los escrutinios en las pasadas elecciones, la descarada compra de votos y las miles de inconsistencias denunciadas no son imputables a un organismo electoral diseñado por nuestros gobernantes y legisladores para falsificar la voluntad de los electores?

En ocasiones nuestros gobernantes han abdicado de los legítimos poderes que la legislación les otorga para el mantenimiento del orden y la protección de los ciudadanos y sus bienes, apelando a procedimientos hipócritas o a humillantes acuerdos con los enemigos del Estado, mostrando vergüenza de ejercer la autoridad o temor frente a la crítica de sus adversarios. Como consecuencia de su cobardía hemos llegado a una deplorable condición de inseguridad y de injusticia y a la decadencia económica y cultural que atravesamos.

Para nuestra clase gobernante ha sido prioritario actuar de conformidad con sus intereses personales, no con los de la comunidad o la nación. Priman los intereses materiales, los del presente, no lo que afecte a mediano y largo plazo a la sociedad. Por ello, los temas de las campañas están limitados a aquello que en ese momento pueda mover a las masas a apoyar sus candidaturas, no lo que pueda beneficiar a la comunidad en general.

Colombia está regida, estimados amigos, por un fracasado sistema político, que ha abandonado los principios tutelares de nuestra identidad nacional para acoger extrañas ideologías que han fracasado en el resto del mundo.

Carecemos de un sistema verdaderamente democrático, pues las camarillas que se eligen no representan ni siquiera a los ciudadanos que las eligieron. Juan Manuel Santos, por ejemplo, se hizo elegir para continuar el programa de gobierno de la Seguridad Democrática y. tan pronto se posesionó, rompió su promesa y lanzó al país al abismo de la entrega del poder en los brazos del narcoterrorismo. El Presidente Duque prometió modificar el acuerdo con los guerrilleros y fumigar los cultivos ilícitos, dos promesas que se quedaron sin cumplir.

Nuestro sistema democrático se fundamenta en la compra de votos, es decir, está corrupto desde sus raíces. Los partidos políticos son empresas electorales para llevar a unos individuos a posiciones donde buscarán alcanzar sus propios intereses, no los de sus electores.

No es confiable para nada, como se ha demostrado palmariamente en las últimas elecciones presidenciales, el sistema electoral, ni lo son los organismos encargados de su manejo y control.

Con una clase gobernante corrompida, un sistema que no representa a la gente, una democracia fallida en sus resultados y una absoluta falta de credibilidad en los funcionarios electorales ¿no es hora de que pensemos con inteligencia y decisión en cambiar esa deleznable estructura política?

¿Seremos capaces de convertir nuestras pacíficas y multitudinarias marchas en la semilla de un gran movimiento cívico a que aglutine a los colombianos, sin la intermediación de los políticos? ¿Por qué, en lugar de esos artificiales movimientos políticos inventados para engañar al pueblo, no nos manifestamos a través de comités de nuestra profesión u oficio, en cada región y ciudad para convertirnos en una verdadera avalancha democrática, cívica y popular?

Parece tarea de titanes, pero existen en la historia muchos ejemplos en los que el hombre se ha levantado para hacer valer sus derechos. El derecho a ser gobernado con arreglo a la razón y a la equidad es connatural al hombre. Por lo tanto recurro de nuevo a Marco Aurelio: “No pienses, si algo te resulta difícil y penoso, que eso sea imposible para el hombre, antes bien, si algo es posible y connatural al hombre, piensa que también está a tu alcance” (MARCO AURELIO, Meditaciones, Editorial Grados, 1977, pag.118).

lunes, 6 de diciembre de 2021

Yo afirmo

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Es indudable que uno de los grandes problemas que tenemos en Colombia es el de la elección popular a cargos públicos y entre ellos tenemos los de presidente, gobernadores y alcaldes, Congreso de la República (Senado y Cámara), diputados y concejales, para no referirme sino a los más representativos en la democracia. Esa problemática se da desde la Constitución colombiana que no exige sino edad y ser ciudadano en ejercicio para acceder a esos cargos públicos, y por ello, en mi opinión, tenemos el origen de las grandes dificultades que se tienen que sortear para poder tener leyes serias, coherentes, que faciliten la vida en comunidad y no como ocurre hoy que son leyes llenas de intereses personales, desconociendo el beneficio o interés colectivo lo cual no se perciben sino al final, después de ser aprobadas y estar vigentes.

En muchas ocasiones se aprovechan del desconocimiento de la misma ley, de la forma en que funciona el sistema de aprobar las leyes, las ordenanzas o los acuerdos, que los llevan a cometer grandes errores que perjudican a la comunidad. Ello se da porque no están preparados, no tienen experiencia publica, no son profesionales, ni técnicos, ni tecnólogos; muchos son hombres de bien que llegan a esos cargos con una gran voluntad, pero que rápidamente caen en los acuerdos y compromisos adquiridos.

Hay recordados casos, pero no quiero decir nombres para no molestar u ofender a las personas, que es de lo que más nos tenemos que cuidar, porque una mala frase, una palabra mal utilizada queda en la mente y el corazón de quien ofendemos y difícilmente se borra esa sensación de malestar y dolor, por ende, no incurriré en él. Solo manifiesto que en las campañas los políticos de carrera, curtidos en los avatares de elecciones recurren a personas muy reconocidas, buenas, con grandes logros en sus vidas, pero con un desconocimiento total de la vida política. Como magos que son los ilusionan y les pintan pajaritos prometiéndoles ayudarles a que sus comunidades mejoren la calidad de vida, y llegado el día se dan contra la tierra al vivir en carne propia, con crudeza, su triste realidad. Entienden que los llevaron a distintos sitios únicamente para contar con esos votos recogidos por el reconocimiento de sus glorias, y luego se ven abandonados, tirados, votando proyectos sin razón, qué triste eso.

Sin duda alguna la no exigencia de mayores requisitos para acceder a cargos públicos lleva a obtener los desatinos que permanentemente vemos en el texto de las leyes, por cuanto gobernar no es tarea fácil y menos cuando el desconocimiento de las normas conlleva al surgimiento de más problemas, leyes injustas, mal redactadas y con problemas jurídicos.

Podrán entender por qué en nuestro país no se reforma el Congreso. Una simple razón, porque ellos mismos lo deben hacer y por ende no existe el interés legítimo de reformarse, de dar muestras de trasparencia. La mayoría de los congresistas están maniatados, no tienen la fuerza necesaria los pocos que deseen disminuir el número de congresistas y los salarios, no hay con quien, la ignorancia y la torpeza impedirá la gran reforma que se requiere y los mismo en la justicia. Es que, sin estructura, sin entender el concepto de democracia, de respeto por la ley, sin conocimiento de las diversas ramas del saber, no podrán, más allá de sus narices, gobernar.

Por todo lo anterior, es que preocupa la forma en que se están conformando las listas para las próximas elecciones de Congreso, a dedo. Cada jefe o grupo las va armando de acuerdo con los intereses partidistas y no con base en el conocimiento, el respeto por la ley y el orden.

Estamos equivocando el camino, el país requiere desde sus gobernantes ortodoxia en el manejo público, que nos dirijan y gobiernen personalidades que enarbolen valores, prestigio, conocimiento, disciplina y orden, y lo que veo es lo contrario, personajes groseros, intolerantes exigen respeto, pero no lo dan, son enemigos de la democracia aspirando a los cargos públicos para coadyuvar a la destrucción de Colombia.

Es la oportunidad, única, última para reflexionar con seriedad al momento de ir a las urnas, no votemos por los amigos, votemos por quienes han sido verdaderos defensores de la democracia, que están preparados y tienen en su mente al territorio nacional y a ellos démosle todo el apoyo, fuerza moral y acompañamiento real.

Viva la democracia, viva la institucionalidad.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Bla bla bla

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

Leyendo la columna del padre José Leonardo Rincón Contreras, S. J., del viernes 5 de noviembre en el blog de El Pensamiento al Aire, y analizando el texto al cual hace referencia del autor mexicano, me pareció acertado y los invito a que lo lean y más la conclusión que el padre hace al final de su artículo.

Por ello, me permito complementar en algo lo expresado allí, y es que todo lo que se dice o se hace en nuestro país se convierte en un problema; acusaciones van y vienen, todos y cada uno son y creemos ser mejores que el otro, hablamos de corrupción, desfalcos, robos, crisis económica, decrecimiento en el empleo y todo es un caos, y como dice el padre Leonardo todo es un problema.

Hablemos seriamente, los únicos, y casi que lo afirmo sin temor, aunque pueden darse excepciones, que son serios en el diario vivir son los empresarios colombianos que calladamente soportan el crecimiento de la economía, se endeudan, invierten en nuevas tecnologías, generan empleo, trabajan duro y, además, constantemente tienen que aportar a los políticos y a sus múltiples grupos y subgrupos, a sus empresas electorales que son las generadoras del desfalco del Estado.

Es verdad que el Estado ayudó con el subsidio a la nómina, pero ¿a quién no ayudó en esta pandemia el mismo Estado? Tal vez muy poco a los autores, artistas y ejecutantes de nuestro país, pero ese será otro tema de análisis.

No se puede negar, Colombia subsiste en su economía por el entramado empresarial, desde pequeñas, medianas y grandes empresas que aportan salarios, que pagan el sistema general de seguridad social, que pagan impuestos, que sufren los paros, trancones, violencia e inseguridad, ellos son los verdaderos salvadores de Colombia.

Los otros, los políticos, muchos de los que son diputados, concejales, representantes, senadores, alcaldes y gobernadores, están mirando al país desde otro ángulo, ajenos a la realidad. No hacen caso, son como autistas, no atienden el clamor ciudadano, a esa gran población que pide a gritos con referéndums, una gran reforma a la justicia, al congreso mismo, que espera que prospere la autonomía regional, y otros múltiples requerimientos a los que han sido oídos sordos porque no hay respuestas acertadas para los colombianos. Estamos en el bla bla bla, mientras vivimos a diario conflictos internos en los partidos, soluciones inviables de parte de algunos, y caos y destrucción por parte de otros.

Díganme ustedes, con franqueza, ya que estamos ad-portas de elecciones en nuestro país, ¿qué se ve en el ambiente? Nada, únicamente personas que a título personal quieren ser presidentes de la República y para ello buscan el aval de las firmas, otros, como Petro, intentan alianzas, quien claramente muestra cuál será el camino del cambio tan cacareado por él: bajar los arrendamientos, bajar el costo de los servicios, expropiar tierras, distribuir utilidades sin obtenerlas, bonito panorama. Hay quienes quieren a monto propio designar un candidato sin contar con el partido, como es el caso del presidente del Partido Liberal que está obsesionado con el doctor Alejandro Gaviria y quiere que se le designe sin discusión, ¿a cuenta de qué?

No termino la lista… otros reviven partidos como Oxígeno de Ingrid Betancur, El Nuevo Liberalismo con la familia Galán, el de Petro, en fin, son muchos los que quieren sus oportunidades de actuar en la vida política a través de movimientos que perdieron su personería.

¿Cuál es el aporte ideológico de todos ellos?, ninguno y si estoy equivocado que lo demuestren lo cual veo difícil porque no existe disciplina dentro de los partidos: el Conservador vive dividido, el Centro Democrático tiene en sus integrantes diversas tendencias, el liberalismo está en manos de un mesías, demagogo y populista que se perpetuó en el cargo, a Petro el que lo apoya luego se aleja, y sino pregúntenle a quienes lo acompañaron inicialmente en la alcaldía de Bogotá, ¿Roy Barreras? ¿Benedetti?, veletas al viento y al azar, en Cambio Radical, no sé qué pasa en su interior y los otros interesados, que son varios, no dan a conocer su programa ni dicen quiénes lo acompañan; en síntesis, no tenemos nada, pocos aportan, nadie lidera un gran acuerdo Nacional. Con este panorama dejarán la oportunidad de conservar la democracia por culpa de sus propios egos y facilitarán el acceso al poder de la izquierda y luego todos estaremos sometidos al régimen que llevará al país por el camino de la destrucción.

Por ello, invito a que todo no sea un problema, construyamos sobre lo fundamental, no todos pueden ser presidentes, pero sí pueden ser líderes de la democracia en los diversos cargos que puedan ocupar y allí desarrollar el potencial para tener una gran nación.

Es la última oportunidad que tenemos, están avisados, no se hagan como siempre los sordos, ciegos y mudos, la República está por encima.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Firmas y más firmas

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

La ilusión, el deseo de ser presidente, senador, representante a la Cámara, diputado, concejal,  gobernador o alcalde, lo han tenido o lo hemos tenido y lo tienen muchas personas a lo largo de la vida, para servir a Colombia sin ánimo de lucro o enriquecimiento indebido, simplemente por el deseo de contribuir al desarrollo del país, para tener un mejor nivel de vida y, obviamente, para contribuir al mejoramiento y lograr un el desarrollo, en lo social, económico, en todos los ámbitos, con estabilidad y paz.

Al final de cuentas no todos participan en la contienda electoral por múltiples motivos, unos de índole económico, otros porque no tienen avales, y otros porque respetan las decisiones familiares de no participar en estas lides electorales. Sin embargo, muchos se lanzan a la batalla y buscan los avales de los partidos políticos, lo cual unos lo logran y otros no, así es la vida.

Los que han logrado llegar a estos cargos de elección popular, celebran su triunfo, pero no saben lo que les espera, y es que después del éxtasis viene el trabajo, los proyectos, los debates y las decisiones. Los que están amparados en partidos tienen mejores resultados que aquellos que se lanzaron solos creyendo que así logran vencer la maquinaria y obtener buenos resultados para sus electores.

Son muchos los casos de deportistas, empresarios, sindicalistas, curas, en fin, que después de lograr el escaño soñado no pueden hacer nada y tienen que construir alianzas con otros grupos o sectores políticos para mostrar resultados. Allí, es donde esos elegidos tienen problemas, se comprometen a votar proyectos para que les ayuden a ellos y ese es el principio del fin porque quedan amarrados y por lo tanto su independencia tan cacareada se pierde y sus electores nuevamente sufren un nuevo golpe que acaba con la credibilidad en las instituciones.

En el caso presente, cuando estamos cerca de elecciones presidenciales nos encontramos con que, al día de hoy, 20 de septiembre de 2021, se ha inscrito más de 43 candidatos para aspirar a la presidencia de la República, lo cual de por sí es una cifra increíble, alta y difícil de entender.

La razón de ello es que no son muchos los partidos políticos, los dirigentes no someten a decisión de la asamblea del partido la consideración de los candidatos, son excluyentes y por consiguiente casi que son seleccionados a pupitrazo limpio por los directores de los partidos, y eso explica en parte la razón de no someterse a sus resultados.

Esto es increíble, además de inadmisible, que se juegue con los ciudadanos en este aspecto que es de vital importancia para el país. De allí, que la primera conclusión en este artículo es que los partidos deben ser estructurados, fuertes, con afiliación, estatutos claros y reglas de juego precisas para que sus afiliados se sometan tranquilamente al proceso electoral propio y confíen en su liderazgo para obtener el apoyo del partido.

Hoy nos encontramos con una realidad que no admite discusión, dieciocho (18) de los candidatos a la Presidencia de la República, quieren inscribir su candidatura con firmas, es decir, buscan el apoyo individual de quienes desean, confían y quieren ser dirigidos por el candidato.

Es necesario contarles a ustedes respetados lectores que cada uno de ellos debe recoger por lo menos quinientas mil firmas para inscribirse como candidato, tarea que no es fácil, que requiere de apoyo no solamente ciudadano, sino el apoyo económico para sufragar los gastos de la recolección de firmas, lo cual no se obtiene de la noche a la mañana y en ese empeño muchos claudican.

Por todo ello, creo que se debe trabajar en una gran reforma electoral, obviamente constitucional, para que las personas en forma individual no puedan aspirar a ningún tipo de cargo público.

Los partidos son la base de la democracia, sobre ellos recae la institucionalidad y la preservación del sistema, los individualismos conducen al populismo y este al caos.

Invito a quienes creen en esa gran reforma, a que apoyen la democracia y los partidos, para que así y evitemos jugar al mesianismo, porque creo con convicción que con ellos nunca se logra nada, y sí se logra, es temporal y no se mantiene en el tiempo; luego vendrá el caos. En cambio, un partido fuerte, serio, con inscripciones, permite la lucha democrática y el ejercicio de la toma de decisiones coherentes y ordenadas.

No más al individualismo, sí al trabajo en equipo y al liderazgo de los partidos para bien de Colombia.

viernes, 5 de marzo de 2021

Partidor presidencial

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Comienza a agitarse la cosa política de cara a las elecciones presidenciales en 2022 y nos corresponde como ciudadanos responsables y serios iniciar igualmente nuestro discernimiento para buscar la mejor opción, según nuestro leal saber y entender. El cuentico ese de que como en mi casa o en mi familia hemos sido todos del partido tal, por disciplina de partido se vota por el que el partido señale. No hay tal.

De madurez política es conocer muy bien a los candidatos: su plataforma ideológica y las propuestas que plantea, el equipo de trabajo que lo rodea, su experiencia de gobierno y de manejo de lo público, su comportamiento ético, la formación que tiene, los principios y valores que lo animan, los resultados de su gestión donde ha trabajado, su amor sincero por la patria y el compromiso honesto con sus gentes en aras del bien común.

Como “el palo no está pa’ cucharas”, es menester elegir un buen presidente. Creo, como la mayoría de los colombianos, que estamos cansados de los mismos con las mismas. Nos han prometido el oro y el moro, nos han engañado y defraudado tanto, porque con tal de ganar votos mienten descaradamente, que sería el colmo que nos volviera a suceder. Nuestra amnesia no puede ser tan patética. Estamos hartos de polarizaciones extremas irreconciliables. Estamos cansados de discursos veintijulieros que dicen mucho y no dicen nada. Estoy seguro de que queremos algo nuevo, alguien diferente a los mismos que han estado en la escena politiquera todos estos años.

Personalmente voy en serio por una figura alternativa en tanto nueva y distinta. No es afán de esnob, ni credulidad ingenua, es urgencia de oxígeno político para un país descuadernado. Soy consciente de que esa persona, hombre o mujer, se enfrenta a una monstruosa maquinaria que, o la deja sola gritando en el desierto o se la traga irremediablemente con apoyo a cambio de prebendas. La corrupción generalizada que cual bacteria se ha inquistado y campea oronda por la institucionalidad pública no tolera intentos transformadores. Es una lucha dramática por lo desigual, pero sigo creyendo que si se presenta alguien que valga la pena, que convoque, lidere, tenga ascendencia y credibilidad, se puede esperar una alborada de renovación y cambio.

Van apareciendo nombres interesantes. Me gustaría ver en el abanico más mujeres. Se necesita inteligencia práctica y teórica, carácter, firmeza, experiencia, respeto por los adversarios. Menos fake-news con calumnias e insultos de lenguas viperinas y más propuestas transparentes y realistas. Se necesitan candidatos auténticos e independientes y no aduladores genuflexos o perritos falderos de caciques mandados a recoger. Colombia y su gente se merece un buen presidente, pero este no puede salir del listado de los que pudiendo haber demostrado ya su talante, se quemaron por andar como veletas al viento, oportunistas que le batieron cola al mandatario de turno y que han mariposeado por doquier, haciéndole el juego a los ratings y al sol que más alumbre. El partidor presidencial está abierto y nosotros atentos.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Progreso nacional

Andrés de Bedout Jaramillo

Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Desde hace dos semanas, no escribo, no opino, miro comportamientos de los que se consideran de izquierda y de derecha, tratando de buscar coincidencias donde se puedan encontrar, para que dentro de un inventario de temas pudiésemos empezar a trabajar como colombianos, haciendo un gran esfuerzo, para dejar a un lado los odios y lograr progreso nacional.

 

En primer lugar, es claro para todos que somos colombianos que ocupamos nuestro territorio, donde todos tenemos que caber, cumpliendo nuestras obligaciones y ejerciendo nuestros derechos en forma pacífica y lo más importante, comprometidos al máximo a decir toda la verdad, por más dolorosa que ella sea, reconociendo errores y cediendo un poco para podernos encontrar, en la búsqueda del progreso nacional.

 

Veo que para ambos extremos es claro que debemos asistir a los más pobres, que por ser niños o ancianos, requieren ser asistidos en las satisfacción de sus necesidades básicas insatisfechas, al igual que a las personas desempleadas, por lo menos, mientras consiguen empleo. Hay propuestas del gobierno y de unos pocos congresistas de todos los sectores políticos, que se podrían concertar para sacar algo rápidamente, para reforzar los programas que vienen funcionando bastante bien desde años y gobiernos anteriores, además de las medidas de emergencia que ha tomado el gobierno actual. Lo importante es el foco, propender siempre por tener la mayor parte de la población atendida en la satisfacción de las necesidades básicas insatisfechas, no la de hacer política de búsqueda de figuración, para conseguir votos, desprestigiándose y mintiendo permanentemente, mientras las consecuencias las sufren las poblaciones más vulnerables, lo que impide el progreso nacional.

 

Para ambos extremos es claro, que el Estado no es viable sin el sector privado, que requiere de seguridad jurídica y política para poder generar los empleos y los impuestos que necesita el país para su funcionamiento. Esto solo se logra con un trabajo conjunto entre lo que hemos llamado Universidad-Empresa-Estado, que aglutina a todas las instituciones que están dispuestas y ansiosas, en hacer el aporte de todas sus fuerzas y capacidades en la recuperación del país, por lo menos al ritmo que traíamos antes de la pandemia, para bajar los niveles de pobreza, aumentando los niveles de empleo; para esto, es absolutamente necesaria una tregua, que permita poner el foco donde lo requiere el interés general, lograr avanzar en el progreso nacional.

 

Tanto la derecha como la izquierda y el centro, condenan la violencia y la destrucción en las marchas, ocasionados por los sectores a los que solo los favorece, el desorden, la confusión y confrontación, que mantienen bien ocupadas a nuestras fuerzas de policía, a nuestros gobernantes a todos los niveles y de todos los partidos, además de los altos costos económicos y perjuicios a los sectores público y privado, en una economía apenas volviendo a arrancar, en esta pandemia que aún no termina, frenando el progreso nacional.


Yo creo firmemente que todas las buenas ideas, si se manejan sin el picante y la malicia que le está imprimiendo la política individualista a todo, se pueden sacar adelante, porque se encontrará el necesario consenso; hay muchos temas, como el programa subregional de transformación integral del ámbito rural, incluido en el proceso de paz, que son bien importantes para el progreso nacional; hay proyectos para los cultivos ilícitos (cannabis y coca), que pueden permitir ir metiéndole el diente al problema más grande que tenemos, es más, en la parte agrícola ya se incluye como política el apoyo al cultivo del cannabis, que al igual que el café, el banano, el aguacate, las flores, etcétera, ocupará un lugar muy importante dentro de los productos exportables, generadores de divisas, para el progreso nacional.

 

Si todos nos volvemos más prudentes, más respetuosos, más educados, más humildes, más sencillos, pensando en el interés general, por encima del interés particular, estoy seguro de que saldremos adelante; no nos quedemos pegados en las peleas, en las ofensas, en las actitudes violentas, encaminadas a generar violencia, porque la violencia atrae más violencia. Apoyemos los miles de iniciativas buenas que hay en los sectores públicos y privados, generemos empleo a todos los niveles para que se mueva esta economía, que todo lo que hagamos sea por el progreso nacional.

 

Perdamos el miedo, recuperemos confianza, demos buen ejemplo, trabajemos duro, estudiemos mucho, los colombianos somos una raza muy fuerte, muy resistente, dispuesta a superar esta crisis económica, política y social, no vamos a retroceder ni a destruir lo mucho que hemos avanzado, de la mano de Dios, vamos a salir adelante y vamos a lograr el progreso nacional.

lunes, 18 de mayo de 2020

Políticamente qué somos


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Después de vivir esta época diferente de la humanidad, de palparla  en forma directa y real, de sentir el dolor de la muerte aunque lejana aun para mí, sí cercana por ser los fallecidos de la ciudad, barrio, o afín a amigos y conocidos nuestros, y de leer, observar el acontecer diario de la vida pública y privada, me viene a la mente una inquietud ya desde el punto de vista político y social, que vale la pena plantearla porque de ahora en adelante las cosas cambiarán radicalmente; puede que sea lenta e imperceptiblemente, pero es seguro que no serán iguales al día antes de la pandemia. Hay una específica y quiero expresarla porque hace referencia al comportamiento de nuestros líderes, de los políticos que tienen el cuidado y bienestar de la comunidad.

Hoy no importa de qué partido político hacemos parte, o a qué líder preferimos, no vemos diferencia entre el centro, la derecha, la izquierda; no son mejores los malditos guerrilleros, ni son mejores los funcionarios públicos, hoy estamos todos dedicados a sobrevivir, a pasar un día detrás de otro, para no ser víctimas del virus, para no llevar la peste encima y no terminar la vida gracias a una enfermedad que no tiene preferencias, que simplemente llega y nos lleva.

La política debe ser considerada hoy de otra manera, debe ser más humana, más sensible, menos llena de odio, más tolerante, sin corrupción, proactiva, buscando la esencia de esta que es el bien y cuidado de la ciudad, pensando en el ciudadano y el mejoramiento de las condiciones de vida.

No es época de violencia verbal, que repugna; de debates insulsos, que no tienen ningún sentido; de conflictos por las reuniones virtuales del congreso, que si son validas o no, que si se puede votar o no, es una absoluta irrelevancia en las circunstancias de país que vivimos; nadie quiere ver ese comportamiento, agresiones, insultos, no se habla con propiedad, no se analizan los temas en profundidad, es un descuadre total y absoluto en donde debe primar el sentido común, la cordialidad y unificar un pensamiento en beneficio de todos los colombianos.

Hoy siguen en las mismas. Los extremos, por un lado, liderados por Petro, y sus seguidores, y el Centro con su grupo, y por otro lado una serie de periodistas que lo único que hacen es picar y picar para que las partes se respondan mutuamente y aumente la agresión; periodistas que no respetan al gobierno, hablan de la vicepresidenta, y no valoran el trabajo que están haciendo en beneficio de todos sin exclusión alguna.

Eso hace que los bandidos aprovechen la crisis de la salud, de la economía y continúen su carrera del mal, acabando en el Cauca con todo a su paso y sobre ello, lamentablemente no veo pronunciamiento de los partidos.

Quisiera que alguien me dijera si los políticos han actuado acordes con la crisis o están aprovechando para sacar partido de ella. En qué han contribuido a que la sociedad mejore, se sostenga o por lo menos mitigue sus angustias… yo la respondo diciendo que en nada.

Por ello, al final invito a los ciudadanos a que pensemos en construir una política social sin partidos, con personas que no pretendan robar el dinero público, que en las ciudades y municipios se valore el humanismo, ese respeto por el otro, que seamos solidarios con el desamparado, que valoremos lo mucho o poco que tengamos y no le quitemos nada al otro, que lo ha trabajado diariamente.

Menos politiqueros, más humanismo, menos egoísmo y más solidaridad. Esa es la política que necesitamos y queremos. No a la izquierda, el centro o la derecha si no aportan beneficio social.

domingo, 19 de enero de 2020

Estatuto de oposición: ¿adelanto o atraso político?


Por Santiago Cossio*

Santiago Cossio
Comenzaré este escrito recordando una frase de Luis Carlos Galán. "No hay democracia si no se entiende a la nación como una misión colectiva y un compromiso de todos".

Con la ley 1909 del 9 de julio de 2018 se otorgan garantías de participación política a los partidos y movimientos. Estos desde el primer día de gobierno se declaran, ya sea en oposición, en independencia o de gobierno.

La forma como se hace política en Colombia donde se habla mal de la panela del vecino para vender la propia y donde la crítica destructiva e incendiaria es el pan diario, se convierte en el factor fundamental para torpedear un avance político colectivo.

El estatuto de oposición como tal tiene muchos beneficios y promete participación y un equilibrio de poderes, pero desde el caleidoscopio que se mire, y la forma como se ejecute, será un avance o atraso político.

Un país donde los mismos apellidos de siempre componen la clase política, nos vemos avocados a sufrir de caudillismos que terminan en idolatría, egocentrismo y fácilmente en buscar la eliminación del otro.

El atraso político ha llevado incluso a montar falsos testigos con tal de sacar del camino a quien piense diferente y no estamos pensando en el debate, en los problemas y soluciones de país. Recordemos que el interés nacional esta sobre el particular.

Aquí es donde hacemos sugerencias buscando esa construcción política colectiva:

*Limitar los periodos para los cargos de elección popular.
*Siempre argumentar las proposiciones con el cómo, el por qué y el para qué.
*Cambiar la crítica destructiva por crítica constructiva, acompañada de soluciones.
*Mayor educación social para la cultura política.
*Incentivos a la participación social más allá del estatuto de oposición.
*Las UTL del congreso (unidades de trabajo legislativo) deben tener por lo menos un asesor con título de magíster o doctorado.
*Incentivar al electorado a elegir bien a sus representantes. Las propuestas deberían ser lo fundamental para tomar decisiones.
*Los gobernantes deberían presentar ternas de hojas de vida de sus ministros y secretarios a las corporaciones llámese congreso, asamblea o concejo, para que sean estos quienes elijan, así como se hace actualmente con algunos cargos.

El debate es amplio sobre el tema y lo propositivo debe ser bienvenido.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Las víctimas y los victimarios



Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Hoy están hablando y debatiendo sobre las 16 curules o puestos en el congreso de la República, para las víctimas.

El problema radica en que como hay víctimas de lado y lado, porque hay victimarios de lado y lado, esas 16 curules terminarán inclinando la balanza hacia el lado de las víctimas de la guerrilla o hacia el lado de las víctimas de los paramilitares, o hacia el lado de las víctimas de los desafortunados falsos positivos de la fuerza pública.

¿Será que se determinan el número de víctimas, se dividen por el número de curules y se le asignan curules a cada uno de los 3 casos? ¿Tantas curules para las víctimas de la guerrilla, tantas curules para las víctimas de los paramilitares y tantas curules para las víctimas de los desafortunados falsos positivos de la fuerza pública?

Viene otro problema, cuando hablamos de víctimas hablamos de personas fallecidas violentamente, muertos, y los hay de cadáveres identificados, sin identificar y desparecidos. En los desaparecidos los hay encontrados e identificados y no encontrados, supongo con declaración de muerte por desaparecimiento y con indicio de posible victimario.

Mejor dicho, las curules serán para repartir entre sectores que defenderán los intereses de los grupos de izquierda, donde se ubican supuestamente los guerrilleros y exguerrilleros, sectores que defenderán los intereses de la derecha donde se ubican supuestamente los paramilitares y la fuerza pública.

El tema es tan complejo, que razón tiene el Presidente al proponer que sean los partidos políticos los que cedan esas curules a las víctimas; al fin y al cabo, son ellos los que pretenden defender a los victimarios en sus equivocadas actuaciones, supuestamente motivadas y provocadas por actuaciones de otros victimarios.

El error está en que no nos hemos puesto de acuerdo en el hecho de que los victimarios deben todos correr la misma suerte independientemente de dónde vengan: guerrilla, paramilitares y fuerza pública.

Como el problema es de origen político, es la política la que lo tiene que resolver. De ahí la importancia de los partidos políticos, de la institucionalidad, del respeto a las autoridades y lo más importante, de comportarnos bien, como nos enseñó nuestro Señor Jesucristo.

Yo no sé por qué me metí en este tema tan maluco. En fin, de pronto mi análisis sirva de algo o a lo mejor no sirva de nada, pero me atreví.