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miércoles, 26 de junio de 2024

Entrevista con Carlos Mario Restrepo Tamayo


Antonio Montoya H.
En esta oportunidad el invitado para la entrevista de la semana de El Pensamiento al Aire es el abogado Carlos Mario Restrepo, un hombre que tiene en su memoria la historia de Medellín de hace 40 años, en los que la ciudad vivió sus momentos más oscuros debido al narcotráfico. No dejes de verla. Abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, su ejercicio profesional lo inició el sistema radial Colibrí, organización que terminó gerenciando. Luego pasó a dirigir los destinos del periódico El Mundo, labor en la que conoció de cerca la época del terrorismo generado por Pablo Escobar. También estuvo vinculado como gerente general de Caribe Motors y luego se vinculó a otras marcas.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Entrevista con José Ignacio Penagos

Jose Ignacio Penagos Hincapié, comunicador y director de IFM, además de consultor en comunicación y transformación digital, es el invitado a la entrevista de El Pensamiento al Aire, oportunidad en la que se habla de periodismo y cómo ejercer la profesión en le marco de la violencia. No dejes de ver este testimonio de vida.

martes, 4 de mayo de 2021

De cara al porvenir: bloque de búsqueda

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En 1989 se estableció en Colombia una estrategia particular para atacar al Cartel de Medellín y posteriormente para capturar a Pablo Escobar, después de que este se fugara de la cárcel de máxima seguridad en Envigado.

Esta estrategia consistió en la conformación de un Equipo Élite de la Policía y el Ejército Nacional dedicada única y exclusivamente al logro de estos objetivos. A este Equipo Élite, a partir de 1992, se le denominó Bloque de Búsqueda, cuyos resultados operacionales se asocian al logro de los objetivos para los cuales fue creado.

A mediados del decenio pasado, se configuró la Operación Agamenón para enfrentar y desmantelar al denominado Clan del Golfo y a partir del 2020 se estableció la exitosa figura de Bloque de Búsqueda para dar con sus cabecillas.

Se ha demostrado que, con la necesaria voluntad política, con los recursos económicos y tecnológicos adecuados, y con perseverancia, estas estrategias han dado los resultados esperados.

La eficacia de esta estrategia radica en la definición de un objetivo, la definición de una estrategia, el aporte de los recursos necesarios y la voluntad de las partes para sacarla adelante.

Ante el cáncer creciente y la voracidad de la corrupción, ha faltado la voluntad política y la presión ciudadana para enfrentarla y erradicarla de una vez por todas.

Habrá que tomar medidas extremas y establecer condiciones de excepción para combatirla. Si hay que hablar de pena de muerte, pues hay que hablarlo. Si tenemos que configurar un Bloque de Búsqueda para ubicar, perseguir y castigar a los corruptos, pues hay que hacerlo. El ejemplo de Singapur es singular y extremo: en menos de 50 años salieron de la pobreza extrema y dieron el salto al mundo desarrollado y en ese período lograron no solo erradicar la corrupción, sino, además, crear una cultura de no corrupción entre la sociedad.

La voluntad de poder integra no solo el compromiso, sino la capacidad de actuar de manera efectiva. En Colombia nos ha faltado conciencia de la dimensión y las implicaciones del problema, la voluntad política de la sociedad y los gobernantes de turno y el compromiso de actuación para el logro del resultado esperado.

El no enfrentar este flagelo nos condena al subdesarrollo y nos convierte a todos en cómplices, activos o pasivos.

La erradicación de la corrupción debe convertirse para Colombia, en un objetivo nacional de primer orden. Esta lucha debe ser frontal y debe contar con la colaboración de todos los ciudadanos de bien y que caiga quien tenga que caer, y que pague el que tenga que pagar.

No podemos seguir siendo estrangulados y asfixiados como sociedad y como país por unos ladrones que hoy se pavonean burlándose de todos nosotros y de nuestro casi inexistente aparato de justicia.

Debemos fortalecer a nuestra justicia y debemos despolitizarla para que sean los más preparados, los más idóneos y los más probos quienes la organicen, la administren y la ejerzan.

¡Sin justicia no hay sociedad! Todos debemos aprender a querer y a respetar a la institución y a sus miembros y reivindicar el ejercicio sagrado y la función fundamental del señor juez. Y digo señor juez y no simplemente juez, pues este servidor es instrumento de la justicia y debe ser reconocido como pilar fundamental de la sociedad y baluarte de los principios democráticos.

Qué pereza una nueva campaña presidencial esta vez llena de precandidatos hablando babosadas y esquivando de manera irresponsable, miedosa y miope, el enfrentar los problemas que son. Propongo con toda la fuerza del espíritu que el tema central de la campaña sea la estrategia que cada uno de los aspirantes propone contra la corrupción, no en el sentido retórico de cómo se refieren al asunto, sino, de su compromiso abierto y a viva voz para acabar con este flagelo. Lo demás, a mí, personalmente, no me interesa.

Nota: es lamentable que se sepa con anterioridad que hay un altísimo porcentaje de certeza que habrá un rebrote después del día del paro, otro después del día del trabajo y otro después del día la madre, por la indisciplina social y la falta de respeto y solidaridad de los miembros de la sociedad. Como diría Echandía, “¡País de cafres!”.

jueves, 7 de marzo de 2019

La implosión, desquite simbólico


Por Andrés de Bedout Jaramillo

Andrés de Bedout Jaramillo
La caída del edificio Mónaco, fue como un desquite simbólico al mal que nos han causado, nos están causando y nos seguirán causando los narcotraficantes, que hoy son guerrilla, paramilitares y bandas criminales y que también extorsionan, secuestran, reclutan menores, forzan deserciones escolares, prostituyen mujeres, obligan abortos, vuelan oleoductos y se apoderan de tierras obligando a sus dueños a abandonarlas, contrabandean, lavan dinero y en el desarrollo de estas y otras actividades más, permearon, permean y permearán, con su sucio dinero, a los sectores público y privado de la sociedad.

Tienen aliados ávidos de dinero, en la política de derecha, de izquierda y de centro; en la justicia, en el comercio, en la industria, en los servicios, en la policía, en el ejército, mejor dicho, podría asegurar que todos los colombianos hemos tenido relación con el narcotráfico, directa o indirectamente, voluntaria o involuntariamente, y el daño que han causado, causan y seguirán causando, es de unas proporciones tales, que acabarlos es prácticamente imposible.

Hoy tenemos más de 300.000 hectáreas de coca, de la que dependen miles de familias campesinas y gran parte del sector de la informalidad, que representa el 50% del sector laboral colombiano. Es tal el poder y la dinámica del sector, que cuando es dado de baja o capturado un cabecilla, inmediatamente es remplazado por otro cabecilla. Ya no alcanzan ni las cárceles, ni las estaciones de policía, ni las brigadas militares, ni los despachos judiciales, para guardar a los delincuentes y eso que faltan cientos de miles por ser judicializados, capturados y encarcelados.

Me tocó tener muy cerca a Pablo Escobar, símbolo del mal en todas sus manifestaciones, y a otros narcotraficantes. Eran mis vecinos en Torrelavega, el primer edificio de oficinas que se construyó sobre la avenida de El Poblado, cerca de lo que hoy es el Centro Comercial Oviedo. Inicialmente el edificio estaba habitado por industriales y profesionales muy prestantes. En los años 70 se presentó una fuerte crisis económica que afectó fuertemente a la industria y al comercio, pero llegó la bonanza de las mafias de la coca, que compraron todo lo que estaba para la venta, a precios que solo ellos podían hacerlo, para blanquear sus dineros, mejor dicho, eran la tabla de salvación para sacarle el mayor rendimiento posible a los inmuebles (oficinas, casas, lotes, apartamentos, fincas, empresas grandes, medianas y pequeñas).

Definitivamente el pasaporte de ingreso a la sociedad, fueron, son y seguirán siendo los dineros de la mafia, el poderío económico que tanto nos gusta a los humanos. De un momento a otro el Edificio Torrelavega fue ocupado por estos personajes de la naciente y poderosa mafia criolla, que todo lo permeaba. Para esa época los narcos no tenían guardaespaldas, se movían por todas partes con la mayor tranquilidad posible. Además de ser admirados y perseguidos, hacer negocios con ellos era lo mejor y las mujeres más bonitas caían a sus pies.

Todos muy amables y saludadores, cuando nos encontrábamos en el ascensor, en los pasillos, en el garaje… en el Torrelavega guardaban los famosos Renault 4 que utilizaban en las carreras y desde allí, hasta salían a trotar para preparase físicamente.

Crecieron sus fortunas de tal manera que se consideraban dueños hasta de la vida de las personas. Se convirtieron en la plaga más horrible, que hoy, 50 años después, todavía nos toca padecer, con paramilitares, cientos de bandas de malandrines, guerrilleros, políticos corruptos y lavadores de dinero infiltrados en todas las actividades. Todo ha sido y es permeado por las mafias del narcotráfico y lo peor, su cultura se arraigó en nuestra sociedad.

Yo personalmente, cuando cayó el Mónaco sentí un fresquito. Allí funcionó la fiscalía durante varios años y me tocó ir a ese edificio. Qué paradoja, porque desmontamos un negocio de separación de basuras, de los paracos mafiosos, protegidos y alcahueteados por políticos y funcionarios, separación que causaba situaciones ambientales terribles, además, a unos costos que estaban llevando a la quiebra a las EVM. La retaliación no se dejó esperar, me denunciaron penalmente por delitos contra el medio ambiente, por derrame de lixiviados cuando yo no había llegado siquiera a la dirección de esa empresa. Al Mónaco fui a rendir indagatoria y a pedir permiso cuando debía salir del país. Fueron cuatro años frenteando el proceso.

En el acto que organizó la alcaldía en el Club Campestre, para la implosión, todos los ciudadanos que en una u otra forma nos hemos visto afectados por el narcotráfico, sentimos un alivio cuando cayó el Mónaco. Fue como la venganza simbólica contra los mafiosos, los guerrilleros, los paramilitares, las bandas criminales, que, con su sucio dinero, disponen de la vida, la honra y los bienes de los colombianos. Qué contrasentido, cuando son las autoridades de los 3 poderes: legislativo, ejecutivo y judicial, con sus autoridades militares y de policía, las establecidas para defender la vida, la honra y los bienes de los colombianos.

Solo en Antioquia hay más de 80 organizaciones de víctimas, reclamando verdad, reparación y no repetición, mientras los narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares y demás bandas criminales, siguen aumentando el listado de víctimas, aumentando la informalidad y las lavanderías de dineros del narcotráfico están funcionando a mil por hora, generando condiciones desiguales de competencia, en todas las actividades de la economía formal. El enemigo número uno de la formalidad es la informalidad.

Si a través de la historia ha servido la legalización del tabaco, del alcohol, de la marihuana, ¿por qué no va a servir la legalización de la coca? Esos torrentes de dinero en la economía formal, serían muy útiles en la lucha contra la inequidad: más salud, más vivienda, más educación, menos hambre, más empleo, inclusive para los adictos, para los indigentes, para los presos.

Dios mío, ilumina a los dirigentes del mundo para definir si en aras del interés general sobre el interés particular, se debe legalizar la cocaína, manejando sus efectos nocivos como se manejan los del alcohol, el tabaco, y aprovechando los efectos medicinales como se aprovechan los del alcohol y la marihuana.