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jueves, 31 de diciembre de 2020

Espías rusos al servicio del régimen venezolano

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Hace casi dos años, en Bogotá, la Estambul de Latinoamérica, me preguntaba qué tenía Colombia para espiarle. Muy poco, casi nada, argumenté entonces. Pero hace pocos días, dos espías rusos, uno del SVR (Servicio de Inteligencia Exterior) y otro del GRU (Servicio de Inteligencia Militar) fueron expulsados del país.

El Colombia, hay oficializadas más de una docena de agencias extranjeras de información, de inteligencia, entre otras la CIA, NSA, FBI, DEA, naturalmente, el DGSE francés, el MI6, en CNI español, el BDN alemán, la Mossad, el SCRS canadiense, la ABIN brasileña, y por supuesto el G2 y el SEBIN, sin mencionar los agregados militares y las agencias privadas, subcontratadas por gobiernos. Actualmente, según cuentas no oficiales, la embajada rusa en Bogotá registra 43 diplomáticos, 23 de los cuales serían agentes de inteligencia, número muy crecido para un país que no produce tecnología de punta en lo militar, ni en lo cibernético, ni en lo químico, nuclear o biológico, ni nunca ha tenido vocación armamentista. Extraño que ahora la embajada rusa exponga a sus funcionarios en labores de desestabilización en un país suramericano, tarea que han venido cumpliendo desde los sesenta sus subalternos cubanos y permanentemente su aparato propagandístico. Pareciera que se repiten episodios de la Guerra Fría, cuando el espía de la KGB Nicolai Sergueievitch Leonov suministraba recursos y coordinaba los entrenamientos en los países soviéticos de la dirigencia comunista de las FARC. O cuando la periodista Helina Rautaavara, intercambiaba informaciones con el bandolero “Chispas”, miembro del PCC.

Y es que las agencias de seguridad del Estado ruso van al grano: en el 78, en Londres, asesinaron al desertor Georgi Markov, inyectándole una dosis letal de ricino, chuzándolo “accidentalmente” con un paraguas en una nalga. Y hace dos semanas, un agente de la FSB (Oficina Federal de Seguridad) reveló que al opositor Victor Navalny, le colocaron agente nervioso Novichok “en los calzoncillos”, en agosto de este año. La prensa occidental carga a los servicios secretos de Putín las muertes del diputado Yushenkov en 2003, del exespía Litvinenko, con polonio-210, y de la periodista Politkóvskaya en 2006, de la activista Estemírova y la cronista Babúrova en 2009, y del exministro y líder opositor Nemtsov en 2015. El exespía Skripal y su hija, sobrevivieron un intento de asesinato en 2018, también con Novichok, producido solamente en Rusia.

En el año en curso, espías rusos han sido expulsados de 6 países europeos, mientras Estados Unidos anunció la clausura de sus dos últimos consulados en Rusia, Vladivostok y Yekaterinburg. Pareciera una estrategia de amplio alcance que incluiría el evento de Colombia, amigo de siempre de Washington. Entre varias especulaciones, algunos explican la expulsión de los rusos de Colombia, por un documento del Comité de Espacio, Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de Estados Unidos (“Rusia intenta influenciar los mercados domésticos de energía de US, aprovechando los medios sociales”). En Colombia no se necesita que los rusos hagan eso. Aquí hay suficientes mentecatos comunistas, mamertos ignorantones, idiotas útiles y oportunistas, aplicando las directrices de políticos “en busca de la paz”, que promueven la protesta social contra el fracking y todo lo que sea tecnología energética, prefiriendo la leña para cocinar, como en Venezuela.

El crimen organizado transnacional (cocaína, minería ilegal, tráfico humano y otros ilícitos) sería un interés común de todas las agencias foráneas de inteligencia en el país. Pero en asuntos de inteligencia criminal, nuestra policía, la DEA y la Interpol se llevan las palmas. Si se trata de infiltrar, penetrar e influenciar esferas políticas, económicas y militares, mejor que espías son los lobistas que aquí abundan. Y los chinos, más sutiles y mañosos, dan cátedra al respecto a la Casa Blanca y al Kremlin.

Que buscan influenciar las elecciones del 2022, es muy probable. Esa inevitable guerra cibernética ya la testearon durante las elecciones del 2018, cuando se registraron más de 60 mil ataques a la página de la Registradora Nacional, rastreados hasta Venezuela y Ucrania.

La presencia y actividad de todos estos “espías” en Colombia, solo tiene una explicación razonable: la inmediata vecindad con Venezuela y el plan en curso de Miraflores para desestabilizar la región.

jueves, 18 de junio de 2020

Vigía: la Estambul de Latinoamérica

Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda (RA)
Luego que Santos desmanteló el DAS y la inteligencia militar, el máximo nivel de confidencialidad que se maneja en el país es el de la discreción personal. Hoy, todo secreto se puede comprar. Las agencias gubernamentales de inteligencia que aún operan lo hacen con tecnología prestada de EUA, de Inglaterra o comprada a proveedores que venden los mismos equipos, y mejorados, a nuestros potenciales rivales. Los principales casos de corrupción nos los revelan el FBI, la DEA, la CIA, el MI5 y algunas de las 15 agencias extranjeras de inteligencia y contrainteligencias registradas oficialmente. Las pruebas de esos escándalos se venden a la prensa amarillista y los acusados se ríen de cualesquiera de los tres sistemas de justicias actuantes, ninguno confiable, todos “adquiribles”. A pesar de su inopia, funcionarios de contrainteligencia han detectado recientemente: un extremista islámico vigilando la Brigada de Fuerzas Especiales en Melgar, un cubano merodeando la Base Aérea de Palanquero, venezolanos penetrando el Comando Aéreo de Transporte Militar en Bogotá y la Base Naval de Puerto Carreño, de donde se “volaron” tres lanchas de combate de la Armada. Diplomáticos chavistas coordinando con las FARC y el ELN y policías maduristas observando unidades militares en la Guajira o comprando la ciudadanía colombiana. Capítulo aparte son los carteles mexicanos que, según una viciada investigación particular, controlan el narcotráfico en el país. Ahora se destapa la red de corrupción y espionaje del agente chavista Alex Saab, quien ojalá no corra la misma suerte de Walli Makled (2011), devuelto por el Nobel a sus patrones en Miraflores.

Espías y mercenarios han sido parte de la historia de Colombia. En 1948, durante la Conferencia Panamericana, agentes comunistas complotaron durante el Bogotazo; en 1961 el “coronel” Antonio Dahud entrenó a “Tirofijo”, con dineros enviados por un ruso desde México; la seudo periodista finlandesa Heina Rautaavara, posó con alias “Chispas”, miembro de PCC, en 1962 ; el agente del gobierno alemán y amigazo de los narcoelenos Werner Mauss (1983) revivió la organización castrista; el israelí Yahir Klein capacitó paramilitares y el británico Peter McCleese, realizó dos tures, el primero para atacar a las FARC y el segundo para atacar a Pablo Escobar, ambos a mediados de los 80; tres explosivistas irlandeses en el 2001 entrenaron las FARC; en el 2007, una holandesa despistada y otras europeas, cohabitaron con las FARC; un argentino, un chileno, ecuatorianos y venezolanos, esbirros al servicio de los carteles de las FARC o el ELN, por citar unos casos, han delinquido en toda la geografía nacional. Hace poco, mercenarios norteamericanos lanzaron desde la Guajira colombiana una ridícula invasión a Venezuela. No es de extrañarse: en 1818 la guerra contra España contó con la participación de mercenarios británicos, irlandeses (James Rook) y hannoverianos.

Especial mención merece Cuba, que posee el dosier de todos quienes desfilaron por sus instalaciones durante el negociado narcoterrorista Santos-FARC. Grabaciones secretas, fotos, videos, documentos, reposan en los archivos del G2, que, de acuerdo con la conveniencia, los compartirán con el Sebin y la DGCIM venezolanos, con el DID nicaragüense o con quien consideren conveniente. Los oficiales e informantes del G2 campean por el país, hilando contactos, analizando dinámicas sociales y políticas del momento, planeando escándalos desestabilizadores, filtrando noticias, ayudando a caotizar al país mientras células de Hezbolá lavan dinero y acumulan información sobre potenciales blancos norteamericanos o judíos.

¿Qué hay para espiarle a Colombia? En asuntos de defensa nacional, muy poco. Pero a Bogotá, por su excepcional ubicación frente al problema geoestratégico venezolano, USA, México Nicaragua, Cuba, Venezuela, Rusia, Inglaterra, Alemania, Francia, España, Irán, Hezbola y China, y Turquía por los laditos, la han convertido en la Estambul de Latinoamérica, recordando la importancia de esta capital turca durante la Guerra fría. Y las consecuencias están a la vista: un nuevo ciclo de violencia que estalla. (Hace 48 horas alias Gentil Duarte nos asesinó 6 soldados e hirió siete más, mientras un verborreico senador, maliciosamente acobardó al Estado para que suspendiera los legales y legítimos bombardeos. ¡Que insensatez!). Miren a Venezuela.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Técnica de la defensa del Estado


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Entre 1931 y hoy, la técnica del golpe de Estado, recogida por Malaparte, no ha avanzado mucho en lo que dice al uso de medios físicos contra los puntos más débiles como el transporte público, la electricidad y hasta el acueducto, para generar con su destrucción la desesperación y el caos, pero sí ha progresado exponencialmente en lo tocante al uso de los medios de comunicación. Las redes sociales son prácticamente incontrolables y el uso universal del celular facilita la difusión de consignas, indica para dónde moverse y extiende el clima de zozobra, que muchas veces va acompañado por el goce del desorden, la destrucción y la participación en la consiguiente orgía de la masa en torno a ritmos primitivos y el fuego hipnotizante…

Paralelamente, la técnica de defensa del Estado ha avanzado de igual manera. Su espina dorsal viene desde Richelieu, creador de los renseignements generaux suministrados diariamente por una red de informantes. Esta, ahora, en los estados modernos, está reforzada por los servicios de espionaje y las escuchas electrónicas. A esto se le llama “inteligencia”. El gobierno que sabe lo que se prepara dispone de medios superiores a los de sus enemigos de la subversión y el crimen, empezando por la policía y el ejército, sin olvidar la batería de instrumentos constitucionales que puede emplear para conservar el orden público, como los estados de excepción.

Desde hacía meses sabíamos que se preparaba algo muy grande para el 21 de noviembre. Siguiendo el adagio de que “Guerra avisada no mata soldado”, se pensaba razonablemente que el gobierno tomaría todas las medidas preventivas previstas por los protocolos de que se dispone, fruto de experiencia centenaria, internacional, histórica y técnica…

No fue así. La guerra avisada, por fortuna, causó un número mínimo, aunque lamentable, de muertes, pero metafóricamente mató al gobierno. Este ya había dado muestras frecuentes de debilidad y pusilanimidad, pero después del 21 consolida como el más lánguido en la historia de Colombia. Desde don Manuel Antonio Sanclemente no se veía nada igual…

El gobierno, en vez de apoyarlo, cambió un inepto ministro de defensa cuando por excepción había acertado. A esta mala señal siguió el nombramiento de otro personaje igualmente impreparado para la inminente jornada subversiva.

Así llegamos al 21 con ejército acuartelado, presidente que delegaba sus funciones en mil y pico de alcaldes, confiables algunos, incapaces muchos, y varios, abiertamente enemigos, sin declaratoria de conmoción y sin ordenar las restricciones informativas requeridas por la ocasión.

Basta pensar en los destrozos que unos cuantos miles de soldados desplegados a tiempo hubieran podido evitar en la Plaza de Bolívar, en las estaciones de Transmilenio y en los centros comerciales, para no hablar de Cali.

Afortunadamente, aunque hubo muchos estragos, pasó mucho menos de lo que esperaban sus organizadores, que, no obstante, deben estar muy satisfechos con los resultados obtenidos de esta tentativa de golpe, que sin embargo resultó un buen ensayo. Ya saben cómo harán más exitosos los incesantes paros que vendrán.

En Chile todo estaba muy bien preparado dentro del mayor sigilo. El presidente Piñera fue entonces sorprendido por el inesperado estallido, lo que explica sus equivocaciones. En cambio, Duque, advertido ampliamente, no quiso prevenir lo que se venía, confiado en la magia de los buenos consejos que no se cansaba de prodigar. Y después de lo ocurrido, yerra culpando a “los vándalos”, porque no quiere reconocer las fuerzas que guían a esos terroristas y que en ningún caso son ocasionales, fortuitas ni espontáneas.

El aterrador desgaste del gobierno no presagia nada bueno, porque desde ahora y hasta 2022 solo se podrá apuntalar con base en componendas y concesiones.

Desde que, desoyendo las clarísimas advertencias de Casandra, unos irresponsables abrieron las puertas de Troya para la entrada del famoso caballo, no se recuerda nada peor.

***

Nunca ha sido más oportuno recomendar a los gobernantes la lectura de Psicología de las Multitudes (1895), de Gustave Le Bon.

sábado, 23 de marzo de 2019

La Estambul de Latinoamérica


Por John Marulanda*

John Marulanda
¿Qué hay que espiarle Colombia? En asuntos de defensa nacional, no mucho. Luego de que Santos desmantelara el DAS y redujera al mínimo los recursos de la inteligencia militar, el máximo nivel de confidencialidad que se maneja es: la discreción personal. Hoy, casi todo secreto se puede comprar. La poca tecnología que se emplea, es prestada a EUA, a Inglaterra o comprada a proveedores que venden los mismos equipos, y mejorados, a nuestros potenciales rivales. En la inteligencia criminal, los principales casos de corrupción nos los revelan el FBI, la DEA, la CIA o el MI5, las pruebas se filtran a la prensa y los acusados se ponen a disposición de una justicia nada confiable, o lo que es peor, en manos de la espuria JEP.

Aunque la contrainteligencia está en manos de funcionarios voluntariosos pero inopes, en menos de tres meses, se han descubierto un iraquí vinculado al extremismo islámico en cercanías a la Brigada de Fuerzas Especiales en Melgar, un cubano merodeando la base aérea de Palanquero, venezolanos espiando el Comando Aéreo de Transporte Militar en Bogotá y la base Naval de Puerto Carreño, además de diplomáticos maduristas manteniendo contacto con las FARC y el ELN. Cuba, de probada y nefasta experiencia en espionaje, posee el dosier de todos quienes desfilaron por sus instalaciones durante los entreguistas diálogos con los narcoterroristas farianos. Grabaciones secretas, fotos, videos, documentos, reposan en los archivos del G2, que, de acuerdo a la conveniencia, serán compartidos con el Sebin y la DGCIM venezolanos y con el DID nicaragüense, organismos descendientes de la Stasi alemana comunista.

Los agentes e informantes del G2 campean por el país, analizando las dinámicas sociales del momento, planeando escándalos desestabilizadores, hilando contactos, filtrando noticias, ayudando a caotizar al país mientras las células de Hezbola lavan dinero y acumulan información sobre potenciales blancos. Los rusos se benefician de este escenario y USA participa protegiendo sus intereses geoestratégicos regionales. Así las cosas, USA, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, Irán, Inglaterra, Hezbola, China y Turquía por los laditos, convierten a Bogotá, por su excepcional ubicación frente al problema venezolano, en la Estambul de Latinoamérica, recordando la importancia de esta capital turca durante la Guerra Fría.

Ojalá la frontera colombo-venezolana no se degrade a la Siria de la región.