Mostrando las entradas con la etiqueta Paro nacional 21 de noviembre. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Paro nacional 21 de noviembre. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Técnica de la defensa del Estado


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Entre 1931 y hoy, la técnica del golpe de Estado, recogida por Malaparte, no ha avanzado mucho en lo que dice al uso de medios físicos contra los puntos más débiles como el transporte público, la electricidad y hasta el acueducto, para generar con su destrucción la desesperación y el caos, pero sí ha progresado exponencialmente en lo tocante al uso de los medios de comunicación. Las redes sociales son prácticamente incontrolables y el uso universal del celular facilita la difusión de consignas, indica para dónde moverse y extiende el clima de zozobra, que muchas veces va acompañado por el goce del desorden, la destrucción y la participación en la consiguiente orgía de la masa en torno a ritmos primitivos y el fuego hipnotizante…

Paralelamente, la técnica de defensa del Estado ha avanzado de igual manera. Su espina dorsal viene desde Richelieu, creador de los renseignements generaux suministrados diariamente por una red de informantes. Esta, ahora, en los estados modernos, está reforzada por los servicios de espionaje y las escuchas electrónicas. A esto se le llama “inteligencia”. El gobierno que sabe lo que se prepara dispone de medios superiores a los de sus enemigos de la subversión y el crimen, empezando por la policía y el ejército, sin olvidar la batería de instrumentos constitucionales que puede emplear para conservar el orden público, como los estados de excepción.

Desde hacía meses sabíamos que se preparaba algo muy grande para el 21 de noviembre. Siguiendo el adagio de que “Guerra avisada no mata soldado”, se pensaba razonablemente que el gobierno tomaría todas las medidas preventivas previstas por los protocolos de que se dispone, fruto de experiencia centenaria, internacional, histórica y técnica…

No fue así. La guerra avisada, por fortuna, causó un número mínimo, aunque lamentable, de muertes, pero metafóricamente mató al gobierno. Este ya había dado muestras frecuentes de debilidad y pusilanimidad, pero después del 21 consolida como el más lánguido en la historia de Colombia. Desde don Manuel Antonio Sanclemente no se veía nada igual…

El gobierno, en vez de apoyarlo, cambió un inepto ministro de defensa cuando por excepción había acertado. A esta mala señal siguió el nombramiento de otro personaje igualmente impreparado para la inminente jornada subversiva.

Así llegamos al 21 con ejército acuartelado, presidente que delegaba sus funciones en mil y pico de alcaldes, confiables algunos, incapaces muchos, y varios, abiertamente enemigos, sin declaratoria de conmoción y sin ordenar las restricciones informativas requeridas por la ocasión.

Basta pensar en los destrozos que unos cuantos miles de soldados desplegados a tiempo hubieran podido evitar en la Plaza de Bolívar, en las estaciones de Transmilenio y en los centros comerciales, para no hablar de Cali.

Afortunadamente, aunque hubo muchos estragos, pasó mucho menos de lo que esperaban sus organizadores, que, no obstante, deben estar muy satisfechos con los resultados obtenidos de esta tentativa de golpe, que sin embargo resultó un buen ensayo. Ya saben cómo harán más exitosos los incesantes paros que vendrán.

En Chile todo estaba muy bien preparado dentro del mayor sigilo. El presidente Piñera fue entonces sorprendido por el inesperado estallido, lo que explica sus equivocaciones. En cambio, Duque, advertido ampliamente, no quiso prevenir lo que se venía, confiado en la magia de los buenos consejos que no se cansaba de prodigar. Y después de lo ocurrido, yerra culpando a “los vándalos”, porque no quiere reconocer las fuerzas que guían a esos terroristas y que en ningún caso son ocasionales, fortuitas ni espontáneas.

El aterrador desgaste del gobierno no presagia nada bueno, porque desde ahora y hasta 2022 solo se podrá apuntalar con base en componendas y concesiones.

Desde que, desoyendo las clarísimas advertencias de Casandra, unos irresponsables abrieron las puertas de Troya para la entrada del famoso caballo, no se recuerda nada peor.

***

Nunca ha sido más oportuno recomendar a los gobernantes la lectura de Psicología de las Multitudes (1895), de Gustave Le Bon.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Vándalos


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
No pensé que los sucesos del 21 de noviembre me llevarían a afirmar que en Colombia somos unos aduladores de todo lo que sucede en el exterior. Algunos de los líderes del paro consideran muy valioso replicar en nuestra tierra lo que ha sucedido en los últimos años en el mundo como La Primavera Árabe, Los Chalecos Amarillos en Francia, en Hong Kong las manifestaciones constantes, Chile, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y ahora Colombia. Somos tontos que copiamos lo malo, sacamos a la palestra nuestro odio, resentimiento, envidia, ignorancia, lo cual todo es elevado a la potencia y en las manifestaciones hace que la masa se convierta en una marea incontrolable, destruyendo todo lo que esté a su alcance.

No puedo aceptar que personas que piden mejoras para la educación, sean las que destruyan la universidad, roben los cajeros electrónicos, pongan bombas, se cubran la cara, quiebren vidrios, tumben todo a su alrededor; es un contrasentido total. Piden y no saben que piden, destruyen y no construyen; pobres estudiantes, me avergüenzo de ellos y de su destino. Son motivados por la izquierda recalcitrante, que no entiende nada y que se vale del clamor mundial para incendiar el país. No lo lograrán.

Felicito a los estudiantes que, mostrando su rostro, enfrentaron a los vándalos, les impidieron los actos de terrorismo y defendieron su universidad; ellos sí son dignos de resaltar por su valor, por lo que hicieron por su institución y por el derecho que defendieron que no es otro que el de la dignidad y respeto por la propiedad pública.

No podemos entender que los líderes y promotores del paro, acepten personas encapuchadas, que se tapan para cometer sus actos vandálicos y no son capaces de hacerlo de frente. Si son tan guapos para atentar contra el orden público, deberían ser valientes para actuar sin máscara. Les aseguro que en su casa no dañan nada y que la defenderían si alguien intentara destruir algo. Valientes enmascarados, pobre de ellos, la conciencia espero los haga recapacitar y cambiar el rumbo.

Nadie ha dicho que no se marche o proteste, pero que, si se hace, sea sin violencia. Pagarán los platos rotos de este desastre nacional como lo dije en anterior artículo, los nuevos alcaldes y gobernadores, serán ellos quienes tendrán que buscar los recursos que les permitan reparar el daño.

Es necesario expresar que si bien es cierto hoy tenemos indicadores negativos en el empleo, el cual decrece; los promotores del paro que lo motivaron con especulaciones sobre proyectos no presentados como pensión y salarios, que ni se conocen y que de ser presentados se deben estudiar y aprobar por el Congreso de la República, le están haciendo un mal irreparable al país al mentirle.

El mal ejemplo cunde. Por ejemplo, el caso de la youtuber Epa Colombia que promueve con alto grado de desfachatez y de criminalidad el daño al Transmilenio en la ciudad de Bogotá y lo hace efectivamente. Debe ser judicializada y condenada, magro ejemplo para quienes la ven.

Las redes sociales siguen mostrando una polarización gravísima para el país, lo cual perjudica la convivencia y la civilidad, debemos entender que tenemos un objetivo común que es el bienestar general.

También creo que es triste, lamentable e inadmisible que la izquierda colombiana liderada por Petro, promuevan y azuce la continuidad del paro y la parálisis del país. Perdió en las urnas y quiere crear el caos buscando su propio beneficio.

Es necesario que la ciudadanía en los barrios, en los edificios se prepare y diseñe estrategias de defensa para contrarrestar a los vándalos que quieren robar los apartamentos y generar zozobra.

Por último, insisto en la responsabilidad que tiene el gobierno y el congreso de aprobar importantes proyectos que la ciudadanía requiere: por ejemplo, que no exista la casa por cárcel, legislar definitivamente contra los violadores; los congresistas deben rebajarse el sueldo o por lo menos no incrementarlo en varios años, no permanecer más de dos periodos, condenar a los ladrones del erario público, y otros más que son necesarios para generar credibilidad en la población. Si así lo hacen y entienden que le están fallando al país, rápidamente podremos convertir esta crisis en una oportunidad para mejorar las condiciones del país.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Ahora sí, a ponernos serios y de acuerdo


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Yo personalmente pensé que las marchas civilizadas, evitarían el desbordamiento de los violentos encapuchados, desadaptados y que la fuerza pública podría ponerlos a buen recaudo, deteniéndolos. Advertí en mi anterior escrito que los que marcharan tuvieran muy claro el motivo, porque al hacerlo se pondrían en riesgo ellos, a sus familias y a la sociedad, permitiendo golpear la frágil economía de nuestro país, agravando aún más la situación.

Desafortunadamente la prudencia, el poder de contención de nuestros gobernantes y de nuestra fuerza pública, sumado al factor sorpresa, a la violencia suicida de los encapuchados, camuflados en las marchas y los cacerolazos, nos están sumiendo en una especie de paro nacional, donde ya los ciudadanos tenemos que defendernos de las turbas que intentan violentarnos, poniéndose las cosas de otro color.

Es absolutamente necesario el uso de la fuerza del Estado para contener a los bandidos encapuchados que están destruyendo y violentando las propiedades públicas y privadas; es necesario que los que protestan pacíficamente, suspendan su accionar para no terminar como los protectores de los bandidos, entorpeciendo el trabajo de las autoridades en la contención de los violentos destructores, saqueadores, que están dejando heridos y muy pronto muertos, en su loco accionar.

Tenemos que rodear a nuestros gobernantes, a nuestra fuerza pública, en su actuar, para que el gobierno rápidamente se pueda concentrar en los diálogos propuestos por el presidente.

El congreso podría dar un buen ejemplo sacando rápidamente todos los puntos de la consulta anticorrupción votada ya no tan recientemente y que quedó como si nada hubiese pasado.

Rapidito tienen que legislar sobre el abuso de mujeres y menores, contra el reclutamiento forzado, en fin contra tantas situaciones y materias que están sobre diagnosticadas y que curiosamente en el congreso se paralizan.

La Corte Suprema de Justicia, tiene que llenar las vacantes y elegir al fiscal, pero rapidito.

En fin, queremos ver resultados, que todos nos pongamos serios a trabajar, no podemos perder más tiempo, hay que resolver los problemas que tienen al país al borde de la hecatombe.

De no ser así, sufriremos mucho, no quiero ni pensar, que le toque renunciar al presidente, a la vicepresidente y que ninguno de los ministros del Centro Democrático dé la talla para reemplazarlos y que tenga que ser el Congreso el que decida quién nos gobierne, todo bajo la presión de un paro cívico permanente con los encapuchados, violentos y suicidas, aprovechándose de las circunstancias.

Tenemos que tomar todas las medidas que permitan que el salario que reciben la mayoría de los colombianos alcance en la satisfacción de las necesidades de sus familias.

Yo pensé que lo que sucedería el 21 sería una protesta pacífica de una sociedad madura, nos colocaría en lugar preferencial en Latinoamérica, que la inversión extranjera se volcaría a Colombia, orientada al desarrollo del sector agropecuario, cuando el mundo está ávido de alimentos, que podríamos orientar nuestros esfuerzos a producir en institutos y universidades, campesinos profesionales que amen y se amañen en el campo.

Que había llegado la hora de que ese 50% de economía informal, importantísima para la economía del país y para las mediciones de empleo, pueda aportar a los sistemas de salud, riesgos y pensiones, bajo alguna fórmula que se inventen nuestros gobernantes.

Este gobierno ha demostrado su disposición al diálogo, pero también a enfrentar la delincuencia en todas sus manifestaciones, inclusive a los pillos que en la jornada del 21 se dedicaron a dañar lo público y lo privado, estoy seguro de que les pesará lo que hicieron, les caerá todo el peso de la ley, las pruebas que la tecnología permite, los llevará a la cárcel.

Me atrevo a pensar que, si dejamos el egoísmo, ponemos el interés general por delante, le perdemos el miedo a los corruptos delincuentes denunciándolos, vamos a cambiar el rumbo del país.

Colombia está cerca de convertirse en la primera potencia de América del Sur; tenemos que ser capaces de salir de esta situación. Con mucho trabajo, mucho optimismo, mucho positivismo y dedicación, lo vamos a lograr, todos como colombianos enamorados de nuestro país, podemos  llegar muy lejos, trabajando muy duro en lo social, no vamos a permitir pobreza, todos tenemos que generar empleo, permitir educación gratuita y por qué no obligatoria, vamos a ser inclusivos y tolerantes en la diferencia, mejor dicho a seguir el ejemplo de nuestro señor Jesucristo, comportándonos todos lo mejor posible para evitarnos y evitarle problemas a los demás.

Vamos para adelante, para atrás ni para coger impulso.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Vigía: hoy 21


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Si logran instalar en Colombia una perturbación que dure más de 48 horas, con reinas de belleza y obispos a bordo, podríamos empezar a caer en una “guerra social prolongada” o “guerra civil molecular”. Sus planificadores saben que la aplicación selectiva de violencia la generalizará y para los mentecatos marxistas leninistas, la violencia sigue siendo la partera de las nuevas sociedades. Y eso es lo que anhelan, mirando a Ecuador y Chile en donde están logrando constituciones acordes a sus ambiciones de poder. Es el “nuevo eje progresista” que promueven el Grupo de Puebla, Fernández de Argentina y AMLO, protector de narcos, correístas y evistas.

Las técnicas del Ju Jitsu político o golpes suaves del politólogo Gene Sharp, instrumentalizadoras de la primavera árabe, no tienen aquí su principal punto de palanca porque ni Colombia, ni Ecuador, ni Perú, ni Chile, son dictaduras. Por eso funcionaron muy bien en Bolivia, aunque en Venezuela son anticipadas y reprimidas por Cuba, con el narcotráfico en el trasfondo del zaperoco.

A diferencia de Ecuador y Chile, en Colombia ante la previsible violencia “capucha”, estilo Black Bloc, se está promocionando por redes sociales una “legítima defensa” espontánea de ciudadanos cansados de los vandálicos paros sinsentido de Fecode, de avinagrados sindicatos promoviendo un país justo, es decir, ajustado a sus apetitos.

Esta irritación acumulada de una sociedad harta, intoxicada de desinformación, puede estallar incontenida y las fuerzas de seguridad difícilmente podrán contenerla. La policía puede ser desbordada, los militares serán reticentes a utilizar fuerza letal, como en los países mencionados antes y el gobierno estará en graves aprietos.

El discurso rojo del odio de clases se caldea mientras cubanos, orteguistas y chavistas se frotan las manos: la profecía científica de sus gurúes parece estarse cumpliendo, mientras sus conciudadanos esperan su turno de rebelión.

Una contra-brisa está resultando de esta intentona comunista por la retoma del poder regional, utilizando la inconformidad acunada por élites excluyentes, políticos corruptos, una impunidad escandalosa y Estados disfuncionales o inoperantes. Pero si lo de hoy no se radica en el país, será un golpe en el vacío que aumentará el desprestigio de parásitas organizaciones gremiales y ONGs gorronas y que puede sepultar el comunismo en la región, algo merecido después de causar más de 150 millones de muertos desde su fundación y sumir en tribulación y hambre a los países que ha gobernado. Como Venezuela. He ahí la trascendencia de hoy 21.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Llegó el 21


Por Antonio Montoya H.*


Antonio Montoya H.
Día esperado por todos los colombianos para bien o para mal, cae jueves y será trascendental para la democracia, la institucionalidad, la civilidad, la esperanza y el futuro.

Hay mucho que decir, pero solo me referiré a varios puntos que considero deben ser sopesados por la opinión pública:

1. Los recientes elegidos gobernadores, alcaldes, concejales, diputados y miembros de las juntas de acción comunal, deben manifestarse públicamente en cada una de sus regiones para invitar a sus electores a tener un comportamiento adecuado, evitando desmanes, atropellos, quemas y pedreas por donde trascurran las manifestaciones. Ellos tienen liderazgo y lo acaban de demostrar en las urnas. Pues que se sientan el 21, y desde antes, convocando a la civilidad, porque, además, serán ellos mismos los que tendrán que iniciar el proceso de solución de los daños y perjuicios que se generen desde el momento en que se posesionen.

2. Las fuerzas armadas y la policía deberán estar atentos, no provocando a los manifestantes que bajo cualquier pretexto iniciarán su actividad vandálica, argumentando la violencia del estado. Pero sin duda alguna, tenemos un ministro de Defensa, el doctor Carlos Holmes Trujillo, que desde el inicio mostró talante, conocimiento y sobre todo compromiso enérgico con la legalidad; además, enunció diez pilares con los cuales dará cumplimiento al encargo. Se ve desde la cabeza unas fuerzas armadas que recuperan su dignidad y que enfrentarán a los enemigos de la democracia con coraje, voluntad y energía.

3. Los partidos políticos en cabeza de sus dirigentes deben salir a opinar, no deben estar callados, metidos en sus trincheras de la sede del partido. Por medio de su palabra que den una voz de apoyo al gobierno, a su propio partido y a sus propios intereses. No deben actuar mañosamente y sí deben exigir a sus miembros activos que se abstengan de cometer actos delictuosos porque ellos mismos serán los afectados.

4. Las organizaciones sindicales ya están citadas a Palacio en los próximos días, con el fin de analizar temas de productividad, salarios y otros tópicos de importancia como la eventual reforma pensional y una reforma laboral sobre salarios diferenciales. Por esto no vemos necesidad de que los sindicatos convoquen a la marcha y entren en conflicto con el Estado, están en mesa de diálogo, concertación y por ende no es oportuna la salida masiva a las calles. De todas maneras, si lo hacen que sea en forma respetuosa; piensen que si agreden el comercio están atacando su propia fuente de trabajo.

5. Docentes y Fecode, nada que decir, se mantienen en paro, la ilegalidad es su marca, deberían dedicarse a enseñar y a dar ejemplo a la juventud; la sociedad merece el respeto de ellos. Si tienen diferencias sobre temas específicos o sobre incumplimiento a los acuerdos, se deben arreglar y solucionar en la mesa sin levantarse hasta lograr un pacto definitivo que le dé tranquilidad al país por mucho tiempo.

6. Estudiantes, muchos tienen en vilo sus semestres, pendientes de un hilo, lo cual afecta a sus padres, la economía y al desarrollo; deberían estar dedicados a formarse y a capacitarse en diversos saberes para aportar al crecimiento económico. Deben recordar que recientemente les asignaron recursos importantes a la educación y a las universidades públicas.

7. Desempleados, si salen a marchar que sea con respeto, de lo contrario quienes más se verán afectados serán ellos mismos, por cuanto con los daños y perjuicios económicos a las empresas por causa del cese del trabajo, se dificultará su nueva vinculación a prestar un servicio remunerado.

8. Los países que recientemente han tenido y aún tienen problemas de gobernabilidad, que han sufrido los desmanes, cuyas hordas incontrolables movidas por la izquierda, que han sumido a Chile, Bolivia, Ecuador y Venezuela en zonas de conflicto social, son palpable ejemplo del estado al que podríamos llegar sino estamos todos prestos a defender la institucionalidad.

En consecuencia, un paro nacional, que tiene su fundamento en la valides de la protesta social, no puede conllevar al caos. Protestar para hacer daño no tiene excusa; reflexionemos y pensemos en grande; matando gente y dañando el bien común no da méritos. Salgan en silencio, caminen y protesten donde se pueda medir el malestar, sin daño, así se puede dar una muestra del sentimiento nacional, de la necesidad de cambiar, de cumplir las promesas.

Ojo colombianos, es cierto también, y no se puede negar, que debemos en este sistema democrático buscar con ahínco, con decisión, derrotar los índices de pobreza extrema, mantener controlado el costo de vida, proteger el trabajo, buscar la mayor eficiencia en la prestación del servicio de salud, el acceso a la educación (aunque vale la pena decir que tenemos educación gratuita hasta el último año de bachillerato), fortalecer las artes y oficios que son los que nos permitirán crecer en las regiones, además de fortalecer el agro, la recreación y el deporte. Es necesario que trabajemos en ello y que digamos la verdad, que no es otra que, reconocer que nos han robado el país unos pocos, que sabemos quiénes son, que no están en la cárcel sino en sus casas, y que por ellos la credibilidad en las instituciones es poca. Debemos terminar con la permisividad en el Congreso, tener leyes fuertes y sin protecciones especiales para nadie, así estaremos generando confianza para avanzar.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Se terminó 2019


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Cuando nos vamos poniendo viejos, sentimos como el tiempo corre más rápido, y es para nosotros motivo de agradecimiento cada día de vida que nos da el creador, para disfrutarlo con las cosas simples que son las más valiosas, bajo el convencimiento de que cada momento trae su afán.

El año 2019, en pleno siglo XXI, en un mundo convulsionado, nos obliga, en mi parecer, a hacer un alto en el camino de nuestras vidas, para revisarnos internamente como personas, como familias, como sociedad; para enrutar nuevamente nuestro accionar en la búsqueda del bien común y del mejoramiento de la calidad de vida, bajo la premisa de ser un compromiso de todos.

Empecemos por revisar si como personas estamos cuidando nuestro cuerpo y nuestra alma, los activos más preciados de nuestra existencia. El día que podamos decir que ya somos capaces de cuidarnos nosotros mismos, ese día seremos capaces de cuidar como debe ser, a nuestras familias, a nuestra sociedad, a nuestro país, a nuestras cosas.

Nuestro papel frente al paro del 21 de noviembre debe ser de respeto a los que marcharán pacíficamente y de absoluto repudio a los que lo harán con violencia, destruyendo lo que con mucha dificultad hemos construido para el servicio de todos. Perderemos tiempo precioso y golpearemos la economía del país.

Yo confío y respaldo las medidas que a nivel nacional está tomando el presidente y sus colaboradores, yo confío en el profesionalismo y el accionar de nuestra fuerza pública, de nuestros jueces, para contener y castigar a los violentos, a quienes recomiendo manejarse bien. Entre más groseros y dañinos se pongan, más duro serán castigados, la obligación de los que marchen pacíficamente es la de contener, detener y entregar a la fuerza pública a los violentos y dañinos, so pena de convertirse en encubridores, copartícipes y cómplices.

Yo confío en la sensatez de los colombianos inconformes que marcharán el 21, en forma organizada y pacífica, pidiéndoles que tengan muy claro el motivo por el cual han decidido ponerse en riesgo como personas, poner en riesgo a su familia, a la sociedad y a la economía del país.

En Colombia tenemos un sistema democrático de elección popular que ha funcionado bien, dentro de las dificultades e imperfecciones que tienen todas las obras humanas. Tenemos un presidente, unos gobernadores, unos alcaldes y unos cuerpos colegiados elegidos popularmente bajo un sistema que ha ido venciendo lenta pero eficientemente la apatía de los ciudadanos. Prueba de ello son los niveles de abstención actuales, menores al 50%. Hoy, un poco más de la mitad de la población de más de 18 años está definiendo sus gobernantes; esto nos obliga a respetar las urnas y darles la oportunidad y el tiempo, ganaron en franca lid.

Tenemos que mirar para abajo y darnos por bien servidos, estamos mucho mejor que muchos países del mundo, tenemos un mar de oportunidades que no vamos a desperdiciar, tenemos un hermoso país que tenemos que cuidar, donde la gran mayoría de quienes lo habitamos somos gente buena, con los defectos e imperfecciones de los seres humanos, contra los que estamos dispuestos a luchar todos los días, para mejorar individualmente, conscientes de que los ríos de leche y miel no existen y si existieran nos empalagarían.

Yo no creo que parando al país podamos acelerar su progreso y mejorar la calidad de vida de sus habitantes; tampoco creo en los milagros que un paro pueda hacer, todo en la vida es un proceso, tenemos muchísimos retos como para perder tiempo y ponernos a golpear nuestra economía.

Debemos trabajar más en resaltar y mostrar las cosas buenas, ser más positivos, más optimistas, más agradecidos, más sensibles, más solidarios, más inclusivos, más equitativos, más trabajadores, más familiares, más tranquilos, más felices.

El 21 no vamos a dejar que pase nada diferente a tomar atenta nota de las inconformidades, para buscarles solución en la medida de las posibilidades, entre todos y para todos, bajo el mando de las personas que elegimos, vigilantes de su accionar, dentro de la ley, dentro de las posibilidades económicas, con la transparencia, el trabajo y el esfuerzo permanente que apunte a la satisfacción del interés general, con énfasis en las clases más desfavorecidas.

Recordemos, lo único que no puede fabricar el hombre, es, tiempo.