sábado, 23 de noviembre de 2019

Ahora sí, a ponernos serios y de acuerdo


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Yo personalmente pensé que las marchas civilizadas, evitarían el desbordamiento de los violentos encapuchados, desadaptados y que la fuerza pública podría ponerlos a buen recaudo, deteniéndolos. Advertí en mi anterior escrito que los que marcharan tuvieran muy claro el motivo, porque al hacerlo se pondrían en riesgo ellos, a sus familias y a la sociedad, permitiendo golpear la frágil economía de nuestro país, agravando aún más la situación.

Desafortunadamente la prudencia, el poder de contención de nuestros gobernantes y de nuestra fuerza pública, sumado al factor sorpresa, a la violencia suicida de los encapuchados, camuflados en las marchas y los cacerolazos, nos están sumiendo en una especie de paro nacional, donde ya los ciudadanos tenemos que defendernos de las turbas que intentan violentarnos, poniéndose las cosas de otro color.

Es absolutamente necesario el uso de la fuerza del Estado para contener a los bandidos encapuchados que están destruyendo y violentando las propiedades públicas y privadas; es necesario que los que protestan pacíficamente, suspendan su accionar para no terminar como los protectores de los bandidos, entorpeciendo el trabajo de las autoridades en la contención de los violentos destructores, saqueadores, que están dejando heridos y muy pronto muertos, en su loco accionar.

Tenemos que rodear a nuestros gobernantes, a nuestra fuerza pública, en su actuar, para que el gobierno rápidamente se pueda concentrar en los diálogos propuestos por el presidente.

El congreso podría dar un buen ejemplo sacando rápidamente todos los puntos de la consulta anticorrupción votada ya no tan recientemente y que quedó como si nada hubiese pasado.

Rapidito tienen que legislar sobre el abuso de mujeres y menores, contra el reclutamiento forzado, en fin contra tantas situaciones y materias que están sobre diagnosticadas y que curiosamente en el congreso se paralizan.

La Corte Suprema de Justicia, tiene que llenar las vacantes y elegir al fiscal, pero rapidito.

En fin, queremos ver resultados, que todos nos pongamos serios a trabajar, no podemos perder más tiempo, hay que resolver los problemas que tienen al país al borde de la hecatombe.

De no ser así, sufriremos mucho, no quiero ni pensar, que le toque renunciar al presidente, a la vicepresidente y que ninguno de los ministros del Centro Democrático dé la talla para reemplazarlos y que tenga que ser el Congreso el que decida quién nos gobierne, todo bajo la presión de un paro cívico permanente con los encapuchados, violentos y suicidas, aprovechándose de las circunstancias.

Tenemos que tomar todas las medidas que permitan que el salario que reciben la mayoría de los colombianos alcance en la satisfacción de las necesidades de sus familias.

Yo pensé que lo que sucedería el 21 sería una protesta pacífica de una sociedad madura, nos colocaría en lugar preferencial en Latinoamérica, que la inversión extranjera se volcaría a Colombia, orientada al desarrollo del sector agropecuario, cuando el mundo está ávido de alimentos, que podríamos orientar nuestros esfuerzos a producir en institutos y universidades, campesinos profesionales que amen y se amañen en el campo.

Que había llegado la hora de que ese 50% de economía informal, importantísima para la economía del país y para las mediciones de empleo, pueda aportar a los sistemas de salud, riesgos y pensiones, bajo alguna fórmula que se inventen nuestros gobernantes.

Este gobierno ha demostrado su disposición al diálogo, pero también a enfrentar la delincuencia en todas sus manifestaciones, inclusive a los pillos que en la jornada del 21 se dedicaron a dañar lo público y lo privado, estoy seguro de que les pesará lo que hicieron, les caerá todo el peso de la ley, las pruebas que la tecnología permite, los llevará a la cárcel.

Me atrevo a pensar que, si dejamos el egoísmo, ponemos el interés general por delante, le perdemos el miedo a los corruptos delincuentes denunciándolos, vamos a cambiar el rumbo del país.

Colombia está cerca de convertirse en la primera potencia de América del Sur; tenemos que ser capaces de salir de esta situación. Con mucho trabajo, mucho optimismo, mucho positivismo y dedicación, lo vamos a lograr, todos como colombianos enamorados de nuestro país, podemos  llegar muy lejos, trabajando muy duro en lo social, no vamos a permitir pobreza, todos tenemos que generar empleo, permitir educación gratuita y por qué no obligatoria, vamos a ser inclusivos y tolerantes en la diferencia, mejor dicho a seguir el ejemplo de nuestro señor Jesucristo, comportándonos todos lo mejor posible para evitarnos y evitarle problemas a los demás.

Vamos para adelante, para atrás ni para coger impulso.