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lunes, 26 de febrero de 2024

Editorial: sucesos de la semana No. 37

Para esta semana, en su editorial de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H., reseña el nombramiento de Laura Sarabia como directora del Departamento Administrativo de la presidencia; la caída de la inversión privada en el país; los súper poderes que busca Gustavo Petro sobre las vigencias futuras del presupuesto; la renuncia de Efraín Cepeda a la presidencia del Partido Conservador; el hecho de que todavía no se elija fiscal general de la nación, y concluye comentando la fractura de los diálogos con el ELN. No dejes de verlo.

lunes, 23 de enero de 2023

Editorial: madeja de enredos diarios

En esta editorial, el doctor Antonio Montoya H. inicia su locución aplaudiendo la postura del fiscal y la procuradora, quienes han rechazado tajantemente interrumpir las órdenes de captura que hay sobre aquellos delincuentes con los que el Gobierno pretende adelantar su proyecto de paz total. También habla de los 31 proyectos que intenta impulsar el Gobierno ante el Congreso, sobre sus declaraciones en Davos, Suiza; los subsidios a peajes y Soat, las relaciones con Guatemala, los escándalos sexuales en el Congreso, y, finalmente, la corrupción en los cementerios de Bogotá. No dejes de verlo.

lunes, 12 de septiembre de 2022

Emergencia económica y otros temas

En este nuevo editorial para El Pensamiento al Aire, el doctor Antonio Montoya H. establece que la emergencia económica que pretende declarar el presidente Gustavo Petro, es una fórmula aceptada por la Constitución y totalmente legal. También expresa su desacuerdo con la sentencia de la hija de la senadora Merlano y le parece alta traición la decisión que han tomado las directivas del Partido Conservador de hacer parte del Gobierno, desconociendo su tradición y la opinión de sus mayorías. Además, llama la atención sobre la participación del alcalde Daniel Quintero en el Congreso de Analdex, cuyas afirmaciones oportunamente el gobernador de Antioquia desmintió, y finalmente, resalta la participación de nuestros ciclistas en la Vuelta a España. No dejes de verlo.


domingo, 28 de noviembre de 2021

El partidismo en la modernidad

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio*

Muchos años atrás el Partido Liberal y el Conservador eran las grandes fuerzas políticas antagónicas con diferencias ideológicas que defendían a capa y espada sus postulados. El ejercicio democrático se respetaba, pero luego llegó el llamado Frente Nacional y la sombra de Maquiavelo comenzó a aparecer. Relativamente hace poco, se unieron para votar por el mismo, (Santos) en la llamada unidad nacional. Esto me llevó a la pregunta. ¿Qué tan necesario son hoy los partidos políticos? ¿Qué desdibujadas ideologías persiguen más el reparto burocrático que una causa mayor de buscar el interés general sobre el particular?

Hoy estamos a toda suerte de cruces ideológicos mimetizado en cantidad de partidos y grupos significativos de ciudadanos que se acomodan a las oportunidades del momento. Salen fórmulas de todas partes. Vote por el que diga este, vote por el que esté en contra del otro, qué viva el partido del chontaduro, del tomate, la Coalición de la Esperanza, de la Experiencia, el Pacto Histórico, el nuevo y viejo liberalismo, el equipo ganador, el centro-centro y cuánta impactante fórmula que sume votos.

Aparecen candidatos de todas las estirpes y con variopintas estrategias de marketing político. Salir sin camisa, cargando niños ajenos, comiendo sancocho en plaza, marchando por cualquier motivo o abrazado con algún influencer político.

Los ciudadanos deben ir más allá del simple partidismo e investigar la historia, trayectoria y propuestas de cada candidato. Es un gran paso para formar una cultura política que fortalezca la democracia.

En mi opinión personal la Ley de bancadas es una muestra de cómo a estas alturas se coarta el pensamiento. No se puede estar de acuerdo en todo. Cada persona debería tener autonomía sobre sus decisiones. Las curules no deberían ser de los partidos sino de las personas y cada quien debe hacerse cargo de su pensamiento e ideología más allá de los desdibujados partidos.

P.d.1. En las elecciones a Congreso del 2018 surgieron 1.4 millones de votos anulados y/o no marcados. Lo que denota un alto analfabetismo político.

P.d.2. En plena era moderna donde las tecnologías de las comunicaciones las tenemos en la palma de la mano debemos buscar una comunicación bidireccional permanente entre electores y representantes políticos.

P.d.3. El engaño al sufragante debe ser un delito sancionado con la destitución. Ocurre cuando se promete algo en campaña y se hace lo contrario luego de ser elegido. Es mejor sospechar de políticos que ofrecen ríos de leche y miel.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Un directorio impenitente

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Conservador de toda la vida, —y además ospinista—, no podía dejar de interesarme en la Convención Programática del partido, el 22 de noviembre, celebrada de manera virtual.

Sonaba muy atractivo, desde luego, aquello de “programática”, porque el partido durante los dos periodos de JM Santos dio la espalda a su imperecedero programa de 1849, de Caro y Ospina; y sus congresistas, intoxicados con abundantísima mermelada, y los ministros que tuvo en los años entre 2010 y 2018, fueron dóciles instrumentos, paniaguados y alzafuelles de un gobierno que entregó el país a la subversión, con el acuerdo final, rechazado por el pueblo, pero consagrado como supraconstitución mediante una proposición espuria, que contó con los votos conservadores en el Congreso.

No hay palabras suficientes para condenar esos ocho años de desvío, porque la razón de ser del partido, en los 161 años que van desde su fundación hasta el inicio del gobierno de Santos, es la de procurar el bien común, puesto que el conservatismo

(…) reconoce y sostiene (…) el orden constitucional, contra la dictadura; la legalidad, contra las vías de hecho; la moral del cristianismo, contra las doctrinas corruptoras del materialismo (…); la propiedad, contra el robo, y la usurpación ejercida por los comunistas, los socialistas o cualquiera otros (…) la civilización, en fin, contra la barbarie.

Más claro no canta un gallo. El conservatismo, dique secular contra la revolución y el populismo, no podía participar en la entrega del país a la barbarie comunista, ni tampoco podía cambiar la doctrina pontificia por la praxis marxista. Y sin embargo, “colaboró” (en el sentido infamante del término) con el proceso de Timo y Santos.

Así como Álvaro Gómez decía que en Colombia hay más conservatismo que partido conservador, podemos afirmar que en las bases de la colectividad hay más conservatismo que en su Directorio.

Después de haber apoyado durante ocho años la entrega del país al comunismo, la Convención Programática era el momento para retomar el rumbo, para comprometerse de hecho —no solamente de palabra— con la defensa de la democracia, y para regresar como una fuerza política determinante para impedir la llegada del castro-chavismo colombiano al poder dentro de 21 meses.

Después del elegante discurso inaugural del presidente del Directorio (18 min.) y de la intervención del presidente Duque (36 min.), habló el doctor Andrés Pastrana Arango. Lo mejor de la Convención fue ese cuarto de hora en que el expresidente denunció el desvío del partido, rechazó la infame imposición del acuerdo con las FARC y llamó la atención sobre los peligros del inmediato futuro. Sus ponderadas e incontrovertibles palabras nos hicieron pensar por un momento que el partido volvería por sus fueros para convertirse nuevamente en la gran fuerza democrática y cristiana de su historia…

Pero después del expresidente, la Convención, que he seguido minuciosamente a través de 23 videos, escuchó unas dos docenas de intervenciones, unas mejores desde luego, todas “políticamente correctas”, porque ninguna enfrentó los grandes problemas nacionales: impotencia del gobierno maniatado por el acuerdo, justicia politizada, impunidad casi absoluta, narcotráfico e inmensos cultivos ilícitos, indoctrinamiento marxista y en ideología de género, pésima calidad de la educación, exportaciones raquíticas, agotamiento de los yacimientos convencionales, desorden público, inseguridad generalizada, descarado incumplimiento de los pocos compromisos de las FARC, mientas el gobierno se esmera en honrar ese acuerdo desigual, pésima situación fiscal, desbordamiento burocrático y despilfarro, en un país de desempleados, agobiado por los efectos económicos, sanitarios y políticos de la pandemia.

El partido, entonces, decide seguir como apéndice burocrático y mendicante de los sucesivos gobiernos, y como todavía se nota esa situación subalterna al santismo, las estrellas de la Convención fueron Juan Camilo Restrepo, Mauricio Cárdenas, Juan Carlos Echeverry y Juan Carlos Pinzón, ministros conservadores de Santos, a quienes, en vez de expulsar del partido, se considera dignos de candidatura presidencial.

En realidad, después de oír a esos cuatro exministros y a personajes como Nadia Blel, Blanca Oliva Cardona, Juan Camilo Cárdenas, María Paulina Rivas, Jaime Murgas, Bladimiro (sic) Cuello, Nelson Cubides, Jesús Erazo, Mauricio Chiquillo y José Darío Salazar, queda la impresión de que los políticos conservadores directoristas ignoran la situación real del país, y que, con ingenuo optimismo, quieren seguir creyendo que aquí no pasa ni va a pasar nada y que la política seguirá como un agradable juego para el ascenso personal.

En medio de esa tónica, entre 9:00 a.m. y 7:00 p.m. transcurrió la reunión virtual para unos 1.260 delegados que sobre nada deliberaron. Las únicas proposiciones aprobadas, sin discusión, fueron tres, presentadas por el exministro Carlos Holguín, para reiterar el apoyo irrestricto al gobierno, para proponer entendimientos y diálogos nacionales gaseosos e inanes, y para reconocer la importancia del sector privado en la recuperación económica, pero advirtiendo —ahí sí con razón— que el partido no apoyará una reforma tributaria antes de que se consolide una firme tendencia hacia la superación de la crisis. El doctor Holguín insinúa también la conveniencia de préstamos del Banco de la República al gobierno, expediente que parece mejor que seguir apelando al endeudamiento externo.

El resultado de la Convención, a mi juicio, no fue, pues, la recuperación programática y política del partido para enfrentarlo a la revolución rampante, sino la reiteración de la reciente vocación burocrática y clientelista de su acomodaticia dirigencia.

lunes, 9 de noviembre de 2020

El Frente Nacional y sus consecuencias

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

En la segunda mitad del siglo XX, tuvimos en Colombia serias dificultades sociales y políticas, después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, porque si bien es cierto, desde antes se estaba enraizando el germen de la violencia, fue después de la muerte del caudillo y con los gobiernos de Ospina Pérez, Laureano Gómez y Urdaneta, que reemplazó a Gomez en su enfermedad, que la violencia se despertó cruentamente y en casi todo el territorio nacional. La muerte llegó a los pueblos, a las ciudades, y en general, todas las familias se encontraron con divisiones en su interior; unos liberales y otros conservadores, generaron caos al interior de sus casas, se separaron, murieron unos y los otros salieron en fuga. Esa tragedia nacional solo paró en realidad cuando llegó el general Gustavo Rojas Pinilla al poder mediante un golpe de estado que se concreto el 13 de junio de 1953, periodo en el cual logró pacificar a los liberales del Llano y quienes, como muchos otros, se defendían a lo largo y ancho del país. Vale la pena resaltar que esa paz que se acordó con el gobierno de la dictadura se hizo en forma honesta y logró frutos.

En otra ocasión hablaré de la dictadura, lo bueno y lo malo, y los grandes errores que cometió, que al final lo llevaron a la pérdida del poder.

En esta época hubo un hombre liberal que lideró la posibilidad de lograr un acuerdo con los conservadores y ese fue Alberto Lleras Camargo, presidente dos veces, la primera en reemplazo de Alfonso López Pumarejo y la otra, en propiedad, al ganar las elecciones que lo llevaron a la presidencia durante el periodo de 1958 a 1962.

Este hombre, Alberto Lleras, en España, en el año de 1956, logró sentarse a manteles con Laureano Gómez, y otros personajes, y lograr lo que se denominó el Pacto de Benidorm, firmado el 24 de julio de ese mismo año, que permitió preparar y acometer el trabajo político que terminaría socavando a la dictadura.

En mayo 10 de 1957, salió el dictador y asumió el poder una junta militar integrada por los mayores generales Gabriel París y Deogracias Fonseca, el contralmirante Rubén Piedrahita y los brigadieres generales Rafael Navas Pardo y Luis E. Ordóñez, que gobernó por un año y dirigió el país con serenidad y verdadero espíritu democrático. Así se lograron efectuar elecciones y darle inicio al llamado Frente Nacional, en el año 1958.

Aunque en su momento histórico, este acuerdo de los partidos que se llamó el Frente Nacional, logró dimensionar a nuestro país de otra manera, ya la muerte no era la que invariablemente era la noticia, sino los acuerdos que se lograban, el llamamiento a elecciones con grandes mayorías liberales, y la instauración del primer gobierno del Frente Nacional que encabezó, como lo dije anteriormente, Alberto Lleras Camargo.

Todo esto, extraordinario en su momento e importante en los primeros 16 años de alternancia en el poder, llevó a que en esa época ningún otro movimiento político tuviera acceso al gobierno, únicamente los liberales y conservadores se repartían la burocracia, las gobernaciones y alcaldías; embajadas y consulados eran para sus miembros y nadie más lograba ocupar cargo alguno.

Indudablemente intelectuales, jóvenes profesionales, artistas, políticos y excluidos fueron alimentando la idea de obtener el gobierno y más aun cuando pasados los 16 años de alternancia se siguió repartiéndose el poder, en los años posteriores, entre los dos partidos tradicionales.

Los partidos ya no se diferenciaron, únicamente les quedó el nombre y por ello hoy pagan sus consecuencias. Ya pocos siguen los partidos, las ideologías desaparecieron y aparecieron las empresas electorales que no tienen como objetivo gobernar, sino robarse el erario, con excepción de personajes políticos con conocimiento, preparación y aptitudes de verdaderos dignatarios, que los podemos encontrar fácilmente luchando por la estabilidad de la nación, de diversas tendencias, pero sin tener el apoyo de los partidos tradicionales que se dividieron y optan por el poder.

Ese contraste entre el beneficio del acuerdo del Frente Nacional, tuvo su primer contraste en las elecciones de 1970, cuando habiendo recuperado su dignidad el general Gustavo Rojas Pinilla, casi logra el triunfo a través de un grupo llamado Anapo, que tenía a muchos liberales y conservadores de otras tendencias que querían otra alternativa de gobierno. Allí, como bien saben ustedes, surgió el movimiento guerrillero denominado M19; sus actos conocidos, las muertes que generaron, la toma del palacio, la muerte de su jefe Jaime Bateman en un accidente, el posterior acuerdo con el gobierno del presidente Virgilio Barco, en Caloto, Cauca (1990), y la muerte de su líder Carlos Pizarro León Gomez..

Tuvimos más grupos guerrilleros que partidos políticos, casi todos ellos hoy con acuerdo de paz, pero sin lograr esta de una forma seria y definitiva.

En fin, podría ser interminable, pero en conclusión para aquellos que no recuerdan estas épocas, para los que no la vivieron y no la conocen, les digo que no olvidemos nuestra historia, porque seguiremos repitiéndola sin fin. El conocimiento nos puede hacer pensar distinto y hoy más que nunca debemos pensar en nuestras familias, hijos y la herencia que dejamos. Un país en violencia es inviable y si se requiere otro gran acuerdo nacional entre todas las partes habrá que analizarlo, pensarlo y ejecutarlo; vivimos en el mismo país y todos tenemos un espacio.

sábado, 5 de octubre de 2019

Los conservadores en Antioquia de plácemes


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Esta semana tuve la oportunidad de escuchar las posturas del candidato conservador a la Gobernación de nuestro Departamento. Desde hace como 20 años no veíamos en el tarjetón de gobernadores para Antioquia un candidato conservador, partido fundado hace como 170 años, que tiene a la familia como el núcleo de la sociedad, que se rige por los principios de la religión católica, que defiende a la libertad y el orden, que hoy tiene a un joven candidato a la gobernación de Antioquia, dispuesto a hacer valer estos principios, para bien de la sociedad, priorizando el interés general sobre el interés particular; un joven representante de los demás jóvenes dispuestos a los caminos de la verdad y el amor.

Los conservadores debemos hacernos contar en las elecciones del próximo 27 de octubre. No podemos perder esta oportunidad que se nos presenta a través de un líder joven, valiente y decidido, guiado por los principios de nuestra religión católica y por un profundo convencimiento de recuperación de la institucionalidad como principio de solución a los problemas que nos carcomen.

El partido, en crisis de liderazgos, acertó al darle el aval a un joven líder, Juan Camilo Restrepo, con experiencias exitosas en los sectores público y privado, valiente y decidido, pero se equivocó abandonándolo. Desafortunadamente si el partido no aprovecha esta oportunidad, seguirá por el sendero de su autodestrucción, que empezó hace muchos años con los egoísmos internos generados por nuestros líderes en los que primó la satisfacción de intereses personales y grupales. Así nos dejaron huérfanos a los conservadores del común, a tal grado que esos mismos líderes se fueron al Centro Democrático, a continuar allí sus confrontaciones y a generarle problemas a ese relativamente nuevo partido, con problemas de viejo partido.

Yo creo que Colombia debe cimentar la política en los partidos, lo que sería el inicio de la recuperación de la institucionalidad. Los partidos deben ser reflejo de la búsqueda del interés general a través del servicio; no pueden seguirse convirtiendo en la búsqueda de intereses particulares de pequeños grupos de personas que buscan perpetuarse en el poder, cerrando las posibilidades a los nuevos liderazgos jóvenes, como el que hoy se le presenta al partido Conservador en Antioquia, con Juan Camilo Restrepo, quien inyectándole liderazgo nuevo y joven al partido, se convierte en una excelente opción para gobernar a Antioquia y refundar el partido en nuestro departamento. Hay que darle cabida a los jóvenes que comulgan con los principios del partido. Recuerdo mucho a mi padre Jacques de Bedout Villa, conservador de los de verdad, que practicaba sus principios con devoción. Recuerdo los sábados conservadores, destinados a la capacitación, al consejo, a la satisfacción de las necesidades más elementales de los conservadores más necesitados, a eso deben regresar los partidos, como semilla del volver al interés general.

Si los que a nombre del partido que ostentan hoy las mieles del poder en el congreso, asamblea y consejos, dejaron solo al candidato avalado, por pensar en sus intereses personales, los que nos consideremos conservadores del común, sin prerrogativas, así tengamos otras preferencias, debemos abandonarlas para acompañar la causa de las nuevas posibilidades, de los nuevos vientos para nuestro partido.

Esta es la oportunidad, para que los conservadores, que desde años atrás nos hemos venido sintiendo huérfanos de partido, la demos toda, acompañando a Juan Camilo Restrepo.

Su programa de gobierno satisface mis expectativas, además de estar dispuesto a llegar hasta el final, llenándonos de esperanzas a los conservadores y a los antioqueños en general.

Recuperemos el partido, la institucionalidad, para los conservadores del común, aprendamos del ejemplo de valentía y arrojo que nos está dando Juan Camilo Restrepo, acompañémoslo, no perdamos esta oportunidad. Si nos ponemos todos los conservadores a motivar a nuestros copartidarios, familiares y amigas(os), reventando las redes sociales y las relaciones interpersonales, podremos lograrlo. Trabajemos duro para que vean las calidades y cualidades de nuestro candidato en los debates que faltan, necesitamos subir rápidamente el nivel de reconocimiento del candidato.

Juan Camilo Restrepo ha sido muy claro, tiene el aval y va con toda, sin alianzas, sin apoyos a candidato a la Alcaldía de Medellín, en vista de no haber el partido avalado a ninguno.

Yo me sentiría muy feliz de volver a ver un Partido Conservador con identidad propia, donde los militantes que migraron a otros partidos regresaran, donde la inclusión, el equilibrio, el trabajo social con autoridad y mucho desprendimiento, permita vencer la iniquidad. Que el Partido Conservador regrese a las épocas donde el interés general prevalecía claramente sobre el interés particular.

Las circunstancias están dadas, no nos preocupemos por las encuestas, preocupemos por el futuro de Antioquia, bajo los principios conservadores de nuestro partido, que nuestro voto deje de ser visceral, que sea un voto consciente y responsable para bien de las generaciones futuras.

En esta contienda electoral para gobernador de Antioquia, el centro derecha que ofrece Juan Camilo a nombre del partido conservador, sería lo mejor para nuestro departamento y para el resurgir institucional partidista sin entregarse a alianzas que obligan a servir a muchos señores, de grandes egos, impidiendo el interés general como objetivo fundamental de la política destinada al servicio de las comunidades.

Juan Camilo Restrepo, líder joven, fogueado en los campos públicos y privados, católico de convicción, se va hasta el final, yo lo voy a acompañar y le pido a los conservadores y a los jóvenes en Antioquia que lo acompañemos para ganar las elecciones entre todos y recuperar al Partido Conservador para los jóvenes de Antioquia, para que las generaciones futuras participen en la reconstrucción de un partido que en sus principios representa la esperanza de Antioquia.