lunes, 31 de agosto de 2020

Avancemos, no retrocedamos

Antonio Montoya H.

Por Antonio Montoya H.*

Por causa de la pandemia, el gobierno ha tomado muchas decisiones amparado en el estado de emergencia social, económica y ambiental, que han contribuido a minimizar los impactos en los trabajadores, familias, empresarios y en general en los ciudadanos colombianos. Algunos de esos decretos expedidos en la emergencia no pasaron la evaluación jurídica en la Honorable Corte, que los ha declarado inexequibles, otros han pasado, pero sin duda alguna el interés del gobierno y su equipo de trabajo ha sido proactivo y, aunque se dude, ha logrado que el desastre sea menor de lo esperado.

Si bien es cierto que las empresas colombianas están en dificultades y que cada día será peor a pesar del levantamiento de las medidas a partir del 1° de septiembre de 2020. Muchos buscarán regresar al puesto de trabajo y no lo lograrán, serán despedidos, otros ya lo fueron porque los negocios cerrados tanto tiempo no aguantan, los costos son altos y la liquidez empresarial poca. No soportaron más las cargas y otros están llegando al límite de sus posibilidades, por ello reiniciar labores es lo mejor, eso sí, cumpliendo protocolos de bioseguridad y con la conciencia individual de protegerse y no tomar riesgos innecesarios.

Pero aquí viene algo que me preocupa y es que el gobierno emitió un decreto en el que aquellos que devenguen menos de un salario mínimo no tienen que estar sujetos al sistema de seguridad social en Colombia, lo cual es gravísimo. Regresaremos a viejas épocas de inicios de siglo pasado, año 1915 y siguientes, cuando se dieron las primeras normas laborales en nuestro país. Es retroceder. Han pasado más de cien años y no podemos mirar hacia atrás, debemos pensar de manera diferente, buscando la protección, bienestar y seguridad del trabajador colombiano, que a la hora de la verdad casi todos lo somos.

Sé que es necesario generar empleo, incentivar el empresarismo, facilitar el ingreso de los industriales a créditos blandos para organizar las empresas, flexibilizar normas para que el empresario y las personas naturales se acojan a la ley de insolvencia, en fin, se busca normalizar la economía, pero no a costa del trabajo.

Para formalizar el trabajo, no es necesario que las nuevas generaciones pierdan beneficios adquiridos, o que le cambien las reglas a aquellos que tienen que recurrir nuevamente a emplearse después de la pandemia. Formalizar se debe entender en el sentido profundo de la palabra. Ya desde las reformas laborales del año 2002, se habla de un sistema laboral de seguridad social, entendiendo que quien se vincula laboralmente a una empresa tenga seguridad social (EPS, pensión, ARL); para él y su familia, el derecho a las cesantías, prima de servicio, vacaciones anuales, horas extras cuando se den, recargos nocturnos y dominicales cuando se den, y estos grandes avances se deben garantizar, proteger y propender por que ese cincuenta por ciento de trabajadores colombianos que están en la informalidad logren beneficiarse de la formalidad.

No a las ideas de generar trabajo sin protección social, no a las normas que retroceden los avances laborales, y esto no es para unos pocos es para todos. Avanzar en estos temas laborales es lo que nos hace verdaderos demócratas, protectores de los trabajadores.

Como siempre debo plantear propuestas para generar empleo verdadero, serio, que sea protector y que garantice el acceso a la salud, bienestar, recreación y a la posibilidad de recibir una pensión alta, mediana o baja, al final de la vida laboral, porque de lo contrario será el Estado benefactor el que tendría que proteger a los ancianos en sus últimos años.

La solución podrá ser temporal o definitiva dependiendo del análisis de los resultados que se obtengan y por lo tanto invito a que se piense en que todo nuevo trabajador en Colombia desde el momento de su vinculación tenga todos los beneficios laborales y sociales que del contrato se desprendan. Lo único es que no tendrían derecho a la indemnización los que se vinculen a partir de una fecha determinada, el derecho de los vinculados con anterioridad no se pierde. Como lo he expresado en otros artículos, a las empresas no les interesa despedir trabajadores, les interesa mantenerlos por experiencia, conocimiento y valor del trabajo, y si se perdiese el empleo, fácilmente serían contratados en otro lugar por que al empresario lo que le da temor es la indemnización.

Pensemos distinto, avancemos, protejamos los derechos laborales y creemos empleo. No nos dé miedo retirar la indemnización, todos los trabajadores formales e informales se beneficiarán.

sábado, 29 de agosto de 2020

EPM, sociedad de economía mixta de mayoría de capital público

Andrés de Bedout Jaramillo

Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Durante 23 años se pudo mantener la joya de la corona como empresa industrial y comercial del Estado, 100% de capital público municipal.

Nadie ha estado dispuesto al desgaste político que implica cambiar su naturaleza jurídica, a una sociedad por acciones, así se conserve la mayoría en cabeza del municipio, por la sencilla razón de generar tufillos de privatización.

En 1997, cuando la transformación obligada por ley, se trataba en el Concejo de la ciudad, el único visionario que se atrevió a mencionar el tema en el seno de la corporación, fue Álvaro Uribe Vélez, quien nos dedicó mucho tiempo para solicitar transformar a EPM en sociedad por acciones de mayoría de capital público; hacia cálculos, en los que vendiendo una pequeña parte, podríamos haber salido del desatrazo vial al que todavía estamos sometidos, además de advertirnos sobre los inminentes riesgos para la gobernanza de la empresa en manos del sector político.

Si le hubiésemos parado bolas, nos habrían tirado tomates podridos, pero, tendríamos vías en Antioquia y unas EPM muchísimo más grandes que las actuales. Habríamos evitado el desgaste al que, sometida a los vaivenes de la política, han estado nuestras EPM, manteniendo inclusive ese esquema de manejo corporativo que compromete a estado-empresa-academia.

Hoy es necesario capitalizar la empresa, para hacerle frente a la culminación de proyectos (Hidroituango, Caribe, etc.), a evitar los altos costos y dificultades en la consecución de créditos con la banca nacional y extranjera, a las dificultades en la colocación de bonos y al mantenimiento de la excelencia en la prestación de los servicios públicos domiciliarios, que permitan su permanencia en el ambiente de competencia, en y por el mercado.

Estamos en el momento oportuno y en la obligación de acometer este paso de transformación de EPM, dejarla cómo está, sería alcahuetear el proceso de deterioro, propio de quienes tienen intereses de frenar el empuje de Antioquia, pegándole donde más le duele.

Desafortunadamente por las buenas no se pudo establecer un mecanismo acorde en los requisitos y designación de los miembros de la junta directiva y del gerente, por esta última.

Hay que transformar a EPM en una sociedad por acciones de mayoría de capital público; Colpensiones, los fondos de pensiones, los empleados de EPM, los ciudadanos de Antioquia, serían los llamados a capitalizar la empresa, plata fresca, estatutos actualizados, que permitan manejos estables, responsables y eficientes, que redunden en beneficio de Medellín, de Antioquia, de Colombia.

Qué paradoja, hace 23 años vender un pequeño porcentaje de EPM, para alejarlas de la política dañina, nos habría dado las vías requeridas por Antioquia que hoy todavía no tenemos. Hoy seguramente tocará disponer de un porcentaje mayor, para capitalizar a las EPM, y de una vez, a varias de sus filiales. Algo hay que hacer con TIGO-UNE, la cogió la pandemia sin equipos ni infraestructura para aprovechar las oportunidades de crecimiento que los requerimientos de la virtualidad impuesta por la cuarentena, exigen.

No queremos a EPM como un Pedevesa, de esta salimos; nuestro Señor Jesucristo nos va a dar la inteligencia y la fuerza necesaria para acometer este proceso de transformación y capitalización de nuestras EPM.

viernes, 28 de agosto de 2020

Decálogo para la paz en el país soñado

José Leonardo Rincón Contreras

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

El reconocido politólogo, hoy emérito profesor de la Universidad Nacional, Eduardo Pizarro Leongómez, publicó en El Tiempo en días pasados un lúcido artículo en el que esencialmente invita a la Comisión de la Verdad a que más que hacer memoria del pasado con señalamientos de culpables de lado y lado, haga una proyección de un futuro reconciliado donde las lecciones aprendidas nos convoquen a todos a construir en paz el país soñado. Por respeto con su autor y porque considero sensatas y brillantes sus propuestas, las transcribo literalmente:

“1. La izquierda jamás volverá a utilizar las armas como un recurso para intentar acceder al poder. Solo las vías constitucionales son legítimas.

2. El monopolio de las armas es un patrimonio del Estado y de sus FF. AA.: nunca más aceptarán que grupos privados, promovidos por agentes estatales o élites regionales, ejerzan funciones de orden local o regional.

3. Nunca más ningún actor armado utilizará el secuestro (incluso bajo el eufemismo de retención) como un mecanismo de financiación, siendo como es un crimen de lesa humanidad.

4. El Estado y sus FF. AA. nunca más utilizarán como criterio de evaluación de la eficacia de sus miembros o de sus unidades el número de bajas (body count).

5. La Dirección Nacional de Inteligencia no volverá a ser una rueda suelta en el andamiaje del Estado y se definirán mecanismos claros de control institucional riguroso.

6. El cuerpo de la mujer no volverá a ser jamás un botín de guerra.

7. El uso de métodos de interrogatorio fundados en presiones físicas o psicológicas ilegales (tortura) jamás volverán a ser utilizados.

8. Las niñas, niños y adolescentes nunca más volverán a ser objeto de reclutamiento forzado.

9. Jamás los atentados contra oleoductos y pozos petroleros volverán a ocurrir, debido a su inaceptable impacto ambiental.

10. El país implementará medidas de distinto orden para reducir la pobreza urbana y rural, la desigualdad en la tenencia de la tierra y en los ingresos.”

Así las cosas, si bien es importante la memoria para que nunca más haya repetición de tantas barbaridades cometidas, se haga efectiva reparación y logremos la reconciliación, será necesario poner el énfasis más que en el espejo retrovisor que solo contribuye a mantener abiertas las heridas, a mirar hacia adelante, con esperanza, poniendo en ejecución este decálogo. ¿Qué opinan?

jueves, 27 de agosto de 2020

Vigía: el fantasma de los misiles islamistas de Chávez

Coronel John Marulanda (RA)

Por John Marulanda*

La advertencia del presidente Duque sobre la eventual compra de misiles iraníes por parte de la nomenklatura madurista, se incluye dentro de la dinámica geopolítica global. Varios analistas serios señalan que Irán entró a la órbita del control chino, en referencia a los acuerdos firmados hace pocas semanas entre el gobierno del partido comunista chino y la teocracia chiita de los ayatolas. Peligrosa alianza, naturalmente, presente en Venezuela. También hace pocos días el Consejo de Seguridad de la ONU, terminó el embargo de armas a Irán, enviando un mensaje de inseguridad al Medio Oriente y, con la advertencia de Duque, a esta parte del mundo.

La idea venezolana de conseguir misiles surgió en octubre de 2010, cuando se firmó un convenio entre Chávez y Ahmadinejad para establecer una base de este tipo de cohetes en la península de Paraguaná o en isla Margarita. Serían los Shahab-3, que alcanzan hasta 2.000 kilómetros o los Scud de un alcance menor. Tal acuerdo fue informado por el diario alemán Die Welt. Pero entró en escena Moscú a quien Caracas eligió comprarle tres baterías de misiles Buk M2E, los mismos que en el 2014 derribarían sobre Ucrania un avión civil de pasajeros de Malasya Airlines, matando a 298 ocupantes. También le compraron a Rusia 11 baterías de misiles Pechora S-125, de mediano alcance, que ya no se producen; 3 baterías de S-300, de largo alcance y uno de los más modernos del arsenal ruso, aunque ya está a la venta, el S-500 cuya adquisición por Turquía ha generado advertencias y presiones de US. Y para redondear el negocio, se adquirieron cientos de misiles portátiles Igla-S de corto alcance.

Por efecto de las precarias condiciones locales de Venezuela, la deserción de militares entrenados para operar este armamento y las dificultades de mantenimiento, gran parte de este arsenal se ha deteriorado, a pesar de los continuos envíos de técnicos rusos para repararlo y mantenerlo operativo. Lo mismo sucede con los tanques T-72 y otro material ruso que es muy eficiente, pero de difícil mantenimiento debido a líneas logísticas y de abastecimiento muy largas, lentas y con funcionarios corruptos. Esa sólida defensa antiaérea, la mejor de Latinoamérica, se convirtió en una potencial amenaza contra Colombia, cuando en octubre del 19, Diosdado Cabello señaló los sectores residenciales bogotanos que serían blancos de los cohetes maduristas. Ahora, a pesar de su desbarajuste, Venezuela busca opciones armamentistas frescas e Irán es una. Su tecnología misilera y de drones es reconocida.

De adquirir los misiles iraníes, diseñados para ataque tierra-tierra, a diferencia de los rusos que son tierra-aire, esta amenaza adquiere una nueva dimensión. Pasará Venezuela del modo defensivo al modo ofensivo y sería un escalamiento significativo sobre todo por la retórica bélica de ese país. Un verdadero polvorín regional. A lo que se debe agregar la posibilidad de que Evo regrese al poder en las próximas elecciones, que Correa logre otro tanto y que en Colombia la izquierda chavista haga lo propio.

US tiene las capacidades técnicas y humanas para detectar el transporte de misiles iraníes a Venezuela, enteros o por partes. En eso confía Colombia, pero ¿sería del interés de US prevenir esto, o por el contrario, convertirlo en la justificación total para una acción militar? ¿Y esta alerta de Duque, confirmada por Pompeo, cómo juega en la compleja y agresiva campaña presidencial norteamericana?

La visita de un asesor de seguridad de Washington al mandatario colombiano, el día anterior a sus declaraciones, son parte especulativa de este juego de presiones geoestratégicas y geopolíticas y apunta a un escenario muy complejo, como que el gobierno brasileño le ha ordenado a sus FFMM prepararse para intervenir en un posible conflicto regional, que pueda afectar sus intereses.

Duque también advirtió de la entrega de armas oficiales de Venezuela a las FARC y al ELN, otro elemento perturbador que hay que mirar con detalle, pues en este país vecino abundan los misiles rusos unipersonales Igla-S, que las FARC nunca entregaron y se construyen drones con tecnología iraní.

Por otra parte, el país persa viene consolidando en territorio venezolano su cabeza de playa para América Latina. Recientemente la empresa Mahan Air, de la Guardia Revolucionaria iraní, sancionada internacionalmente por vínculos con grupos terroristas, activó, sin ningún tipo de control aduanero ni migratorio, vuelos de 16 horas entre los aeropuertos de Teherán, de Paraguaná y de Maiquetía. La teocracia iraní, ha instalado en Petare el supermercado Megasis, de 20 mil metros cuadrados de superficie, con productos como carne de cordero enlatada, con etiquetas en persa y en inglés. Precios en dólares, claro. La cadena televisiva iraní Hispan TV sigue propagandizando sin pausa y las células de Hezbolá continúan con sus tareas de lavado de dineros y de inteligencia en toda la región.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Reforma agraria, ¿sí o no?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

La extrema izquierda, cada vez más enardecida, viene exigiendo al gobierno el inicio de su “reforma agraria integral”; y como Timo y Santos, en reciente e impúdico contubernio la reclaman, es urgente llamar la atención, porque detrás de esa seductora falacia llegarán la violencia, la hambruna y el derrumbe de la democracia.

La reforma agraria de corte marxista-leninista arranca con la repartición de la tierra productiva, para que los campesinos, agradecidos, se conviertan en partidarios de la revolución. Consolidada esta, se procede a la segunda etapa, la eliminación de los nuevos propietarios para colectivizar la agricultura, dogma no negociable en la ideología comunista clásica.

Como a todos duele la miseria y pobreza de tantos campesinos, la reforma agraria se convierte en una idea popular, en un mito político obsesivo como camino hacia una sociedad justa; y mientras menos se sabe de economía agraria —rama de las más difíciles—, con mayor vehemencia se propende por el cambio del modelo rural, para llegar a algo así como un idílico país de pequeños y poco productivos propietarios, sin detenerse a pensar en la posibilidad de que existan otras formas de organización de la producción del campo más capaces de hacer justicia social, desarrollo económico y bienestar colectivo.

Tratando de estos temas hay que tener en cuenta que ni en Colombia predomina el latifundio, ni este siempre es repudiable, porque grandes extensiones incultas preservan la naturaleza prístina. En realidad, desde un punto de vista ecológico, mientras más tierras se conserven intactas, más se protege la biodiversidad.

La agricultura moderna logra en menor extensión resultados asombrosos en lo que dice a producción y productividad, pero en nuestro país sigue vigente el espejismo de la ampliación indefinida de la frontera agrícola.

Ahora bien, se requiere con urgencia máxima una reforma agraria tecnológica, ecológica, capital-intensiva, con empleo digno y volcada hacia la exportación, en lugar de la regresiva e improductiva de Timo y Santos, porque nuestra realidad agrícola es vergonzosa. Según el DANE, en 2015 importábamos 11.4 millones de toneladas de alimentos, y para 2020 se prevé la llegada de 14.4 millones de toneladas.

Lo anterior significa que importamos casi el 30% de los 39 millones de toneladas que consumimos cada año.

Un buen futuro depende de la creación de una gran agricultura moderna, que nos convierta en crecientes y voluminosos exportadores de alimentos, en vez de volvernos inmensos importadores de millones y millones de escuálidas cajas clap, como en Venezuela, donde ya disfrutan de la economía agraria castro-chavista.

En realidad, rechazar el modelo petrista de un país sin petróleo, dependiente de la monoexportación de cocaína y de algunos aguacates, será el tema crucial en las elecciones de 2022.

Por la importancia del asunto, me extraña el silencio en torno a las declaraciones del ministro de Agricultura, Rodolfo Zea, a la revista Dinero, el pasado 8 de junio, en las que descartó reforma agrícola en el término del período presidencial.

Esa es una noticia de fundamental importancia. Hay que rodear al gobierno para que no ceda nada ante la implacable ofensiva farc-santista, porque ellos exigen que cuando pase la pandemia se inicie la “implementación” de la reforma agraria del AF, con inmensas partidas presupuestales, de imposible cumplimiento, además, no solo por la penuria fiscal, sino por su naturaleza letal y tóxica, que convertiría el gobierno del doctor Duque en el de “la transición”. De ese acto de resistencia depende en buena parte la supervivencia de nuestra muy amenazada democracia.

***

Si la periodista (y abogada) María Isabel Rueda (El Tiempo, agosto 16/ 2020), leyó en realidad las 1.554 páginas del auto más extenso de la historia, ¿por qué se limita a criticar apenas tres o cuatro frases donde encuentra fallas estilísticas, en vez de informarnos sobre la multitud de prevaricatos, abusos y fraudes procesales de ese arbitrario pronunciamiento?

Ante tantos fallos judiciales, informes y columnas en los medios y actuaciones oficiales, que se suponen imparciales, equilibrados y neutrales, recuerdo que alguna vez, durante la guerra, preguntaron a Churchill sobre la neutralidad de Irlanda y el repreguntó: ¿Neutral contra quién?

¡Aquí hay demasiada neutralidad!

***

¡Pinturita resultó más dañino que un mico en un pesebre…!

martes, 25 de agosto de 2020

De cara al porvenir: gobierno corporativo

Pedro Juan González Carvajal

Por Pedro Juan González Carvajal*

Mucho se ha hablado en estos días con respecto al concepto de gobierno corporativo, códigos de buen gobierno y buenas prácticas de gobierno, entre otras tantas nomenclaturas y denominaciones.

El tema de por sí es apasionante pues trata de establecer unas reglas previas, un acuerdo básico de cómo manejar la dirección y la toma de decisiones en una organización, en el entendido de que los órdenes de magnitud de cada empresa u organización tendrán y requerirán el establecimiento de sus propias normas y procedimientos, de acuerdo con sus propias lógicas. Una cosa es una empresa familiar de mediano tamaño y otra una multinacional; una es una entidad privada y otra una entidad pública, entre todas las variedades posibles.

Eso de conciliar intereses, visiones y estrategias entre dueños o accionistas paritarios o no, con mayorías y minorías evidentes, no es cosa fácil.

Alguien debe fungir como dueño y ese dueño debe explicitar sus expectativas ante quienes asumirán como directores o miembros de junta o de consejo, para poder organizar el trabajo y compatibilizar métodos y mecanismos de operación.

Cabe precisar que un órgano directivo como una junta directiva, no tiene por qué meterse en temas operativos, para no perder el foco estratégico y de desarrollo y para no interferir e irrespetar a quien se desempeña como gerente o como presidente de la entidad en cuestión. Esto es fácil de decir, más no necesariamente fácil de implementar.

La pretensión de generar armonía no debe cercenar la posibilidad de desacuerdos y de puntos de vista distintos, que deben ser presentados, discutidos y evaluados con el fin de tomar la mejor decisión de acuerdo con los objetivos organizacionales. En este punto debemos precisar que el consenso no es un fin por sí mismo, sino una forma de tomar decisiones.

El buen espíritu de trabajo y de entendimiento no debe confundirse con trabajar de manera acomodada, en pasar de agache y no generar discusiones, para no meterse en problemas, o contentarse con participar y enunciar solo aquello que sea políticamente correcto.

Aquí aparece el principal de los componentes de un gobierno corporativo y es el comportamiento ético de sus miembros, quienes se comprometen a trabajar dentro de la legalidad, respetando el marco previamente establecido de buen gobierno y los estatutos vigentes, anteponer los intereses institucionales a los particulares y dedicar tiempo para el estudio de los proyectos que llegan a dicha instancia directiva.

Lo anterior se desprende de una de las principales características de los lineamentos de gobierno corporativo que suelen materializarse en códigos de buen gobierno: tales lineamientos son asumidos de manera voluntaria y autorregulatoria e incluso, pueden ser más rigurosos que la misma ley y los estatutos. Por tal razón, no es de recibo justificar el incumplimiento de lineamientos de buen gobierno con el argumento de que no se está actuando en contra de previsiones legales o estatutarias.

En el caso de entidades de gran tamaño, de Holdings, la experiencia ha demostrado que los directores son de dedicación exclusiva, es decir, trabajan de tiempo completo para la organización, a su alto nivel, y no se inmiscuyen en las tareas del día a día.

Los perfiles de los directores deben estar respaldados por una previa experiencia y una idoneidad incuestionable. En una Junta deben aparecer múltiples visiones disciplinares que, en su conjunto, arropen las distintas actividades organizacionales: mercadeo, finanzas, recursos humanos, tecnologías, aspectos legales y obviamente, conocimiento de la actividad específica de la organización.

Alguien dirá, con alguna razón, que el único requisito que existe en Colombia para ser ministro o miembro de Junta Directiva es el ser nombrado. Doctores tiene la Santa Madre Iglesia.

Como la mayoría de los seres humanos tenemos y desarrollamos múltiples relaciones de todo tipo a través de nuestra vida, es importante que en términos éticos y legales el miembro de junta que considere que algún tema en discusión puede relacionarse con otro tipo de intereses que él tenga, pues simplemente declara que para el tema específico él no participa, pues considera que puede haber conflicto de intereses, y no pasa nada, y se libera una presión o una postura que podría verse como inconveniente. Sin embargo, algo tan obvio se puede diluir, pues es más o menos evidenciable que, en nuestro medio, no ha existido una conciencia clara acerca de lo que es el conflicto de intereses y mucho menos de la importancia de revelarlo cuando alguien siente que puede estar en situación de conflicto.

Recordemos que un texto sin contexto es un pre-texto.

No se pueden revolver ni trastocar los conceptos: cada cosa en su lugar y cada lugar en su cosa. Una cosa es la ética y otra cosa es la etiqueta.

lunes, 24 de agosto de 2020

Contra quién luchar

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

El adagio popular que dice “divide y vencerás” es el que estamos viviendo hoy en Colombia. Los grupos de izquierda, exguerrilleros, comunistas, y todas las otras facciones que se mimetizan en el ejercicio de la democracia, sí están unidas, cumplen a raja tabla sus objetivos, no cesan día y noche de “trabajar” para lograr el poder, y no es de hoy, es desde hace muchos años que han venido forjando el camino para obtener el control del gobierno. Cada uno cumple una función para poner contra las cuerdas al gobierno y lograr que en las próximas elecciones lo tenga al borde del colapso. Es un plan que se va desarrollando día a día y lo percibimos todos en la radio, la prensa, la televisión; todos van contra la institucionalidad, la que les abrió el camino, esta llamada democracia, que como bien piensa la ciudadanía, es la mejor forma de gobernar, pero ella misma permite para que quienes se quieran aprovechar se apoyen en ella para destruirla.

Un solo ejercicio, simple, pongo a consideración de ustedes: analicemos quiénes gobiernan las tres primeras ciudades de Colombia hoy. La respuesta es obvia, personas de izquierda, con tradición en la subversión como es Cali y Bogotá. Hay algunos otros en regiones del país, pero lo principal está en sus manos. Allí vemos como la alcaldesa de Bogotá, confronta al presidente en todo, lo culpa de sus males, no de sus decisiones, actúa como si estuviera en campaña y tiene prensa, radio y televisión, para actuar contra la democracia. Me pregunto yo si en estos meses a gobernado bien o simplemente esta dando bandazos a diestra y siniestra con sus decisiones de ciudad.

Medellín ni hablar, cada día el caos es mayor. Mostró el cobre desde los primeros meses de su mandato y algunos de sus asesores ya le están dando la espalda. Lo que ocurrió con EPM, transformación de su objeto social, retiro del proyecto cuando lo había presentado a discusión al Concejo de la ciudad, el manejo de la pandemia, la crisis de gobernabilidad en EPM, RUTA N, en el aeropuerto de la ciudad y así, sucesivamente, el juego de las decisiones, pero escuchando a sus asesores Petro, y otros a los que sí les cumple. Qué horror. También lamento la ausencia de los concejales de Medellín en este debate, con excepción de uno o dos, nada pasa allí.

Cali, repitiendo la historia de hace algunos años, lo que avanzó, lo retrocede y así va desarrollándose el plan, caos, desestabilización y obtención del poder total.

Se les olvida a los ciudadanos, a los partidos históricos, a los nuevos partidos y a sus líderes que, si no hay compromiso real para que el cambio sea efectivo, perderemos lo que en tantos años de democracia se ha logrado, libertad e igualdad. Hoy ya no tenemos justicia, a duras penas el legislativo funciona y el ejecutivo se va quedando solo.

El país vive día difíciles acrecentados por la crisis del virus que se nos metió hasta el alma, por la poca coherencia de quienes nos representan, por no escuchar la voz del pueblo, cuando pide cambios simples pero profundos, que se vean reflejados en empleo, salud, recreación, seguridad y un mayor bienestar. Para ello se debe empezar con un acuerdo de gobernabilidad entre las fuerzas verdaderas de la democracia, no aquella que recibe todo y no da nada a cambio, la que logró una firma de paz espuria, que concedió escaños en el gobierno a los que por años y años acabaron con los pueblos colombianos, que asesinaron, violaron, secuestraron y extorsionaron sin remordimiento alguno y hoy son los adalides de la verdad. Qué horror.

Observo como los líderes de los partidos, Andrés Pastrana, el expresidente César Gaviria, hoy presidente eterno del partido liberal y el doctor Germán Vargas, cada uno tira por su lado, retiran apoyo al presidente y eso no conviene. Estos representantes de los colombianos deben buscar es unidad, organización, y plan de trabajo conjunto, no divisiones, porque así perderán y lamentarán su actuar. Se requiere es grandeza de corazón y de mente para mantener la mecha encendida de la democracia y que no acabemos como algunos países vecinos, la noche podría ser larga y llena de lamentos.

En fin, escribimos con la ilusión de que nos oigan, porque esta voz es la misma que otras personas tienen y que guardan la esperanza de que analicen nuestros líderes estas opiniones y corrijan el camino.

Estamos luchando contra nosotros mismos, no contra aquellos que buscan el caos y la desestabilización para beneficiarse de ello y tomar el poder, y así gozan y nos destruyen esperando simplemente que se acaben las oportunidades de redención.

viernes, 21 de agosto de 2020

Maldita violencia

 

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Al darle el título a este artículo, recordé inmediatamente la vieja cumbia de Gabriel Romero: Oigo el llanto que atraviesa el espacio para llegar a Dios, es el llanto de los niños que sufren, que lloran de terror. Es el llanto de las madres que tiemblan con desesperación. Es el llanto, es el llanto de Dios. ¡Violencia!, ¡maldita violencia!… ¿por qué te empeñas en teñir de sangre la tierra de Dios?, ¿por qué no dejas que en campo nazca nueva floración? ¡Violencia!, ¿por qué no permites que reine la paz, que reine el amor?, que puedan los niños dormir en sus cunas sonriendo de amor…”

Dije vieja cumbia, porque la cantaba de niño, hace medio siglo, cuando ya para entonces llevábamos más de medio siglo de guerras civiles, fratricidas mortandades por causa de los odios políticos partidistas y de una injusticia social que fue el caldo de cultivo para nuevas violencias, las de las guerrillas, que años después, ante su creciente expansión y un vacío de Estado en casi todo el territorio patrio, alentó la justicia por propia mano de grupos paramilitares. Una dramática secuencia en la que unos y otros distorsionaron su causa por culpa del narcotráfico, que los corrompió a ellos y además permeó todas las instituciones, generando un caos enloquecedor de no viabilidad como país. El “país del Sagrado Corazón”, el más católico, fue diagnosticado por Juan Pablo II como “moralmente enfermo”, porque su cáncer ético, lejos de remediarse, se ha venido desmejorando hasta la metástasis, por culpa de la corrupción que ha podrido sus células y ha pervertido el corazón de la gente.

Aquí, excusen lo directo y por la generalización, pocos se salvan. Porque se necesita estar muy dañado en el alma, para no querer la reconciliación y el perdón, para preferir la guerra como negocio lucrativo, así sea, al cantar de Sosa, ese “monstruo grande” que “pisa fuerte la pobre inocencia de la gente”. Se necesita estar muy mal para solo querer muerte y venganza a los que nos han hecho daño. Para preferir volver a la violencia cuando se han hecho acuerdos de paz, para liquidar sistemáticamente los así llamados líderes sociales, para añorar las masacres y los asesinatos colectivos y no descansar hasta que la sangre del que siente y piensa distinto no haya sido derramada, para mirar indiferentes 33 matazones solo en este año y no hacer nada. Este es un país de bárbaros politiqueros de derecha y de izquierda que soliviantan a millones de ignorantes de lo político pues nunca nos enseñaron a pensar críticamente, a no tragar entero, a no comerles cuento. Literalmente, rebuznan unos y otros y la manada alienada y estúpida, corre feliz al despeñadero. Mienten todos. Nos engañan, nos manipulan, juegan con nuestros sentimientos, trastocan nuestros valores. Y nosotros, también llevados de la nariguera cual borregos, aplaudimos sus errores permanentes, cerramos los ojos ante verdades evidentes, negamos la realidad, tapamos con aserrín la caca del gato para que no huela y no se vea, pero ahí está el bollo hediondo y nauseabundo.

Qué tristeza ver que esta pandemia no sirvió para arreglar a nadie. Quizás se necesite algo todavía más fuerte para reaccionar, algo que nos sacuda y despierte de ese apendejamiento en el que estamos. ¡Despierta Colombia!

jueves, 20 de agosto de 2020

Vigía: Colombia, hacia una Venezuela mexicanizada

Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda (RA)
Las Narcofarc, sin pausa, están desarrollando su estrategia de combinación de todas las formas de lucha con el brazo político aposentado en el Congreso y el brazo armado, protegido por Venezuela, fortaleciéndose. Esto es una evidencia empírica que intentan desvirtuar algunas ONG, quintacolumnistas de los bárbaros. Comentaristas sobre asuntos de seguridad, algunos muy jóvenes e inexpertos, otros viejos y enviciados marxistas-leninistas, ven el problema con diferentes ópticas, que no dejan de enriquecer el debate, pero que desvían la atención o desnaturalizan los hechos. Por otra parte, la fuerza pública, que conoce el asunto más que nadie, pero sin fuero para pelear, asustada por una justicia corrompida, intimidada por hordas de indígenas borrachos o campesinos manipulados por delincuentes, amadrinada en la subordinación y con jefes políticos pacatos, ha sido impotente para contener el narcotráfico, el mayor problema de seguridad nacional, a pesar del continuo sacrificio de sus hombres.

En el lejano oriente colombiano, el nuevo Cartel Sur Narcofariano se escenifica una guerra intestina entre alias Gentil Duarte y alias Iván Márquez. Duarte ha venido fortaleciendo un corredor estratégico que va desde las fronteras de Venezuela, Brasil y Perú hasta la frontera colombo-ecuatoriana por el occidente. En esta franja se disputan control territorial y humano, cocaína, minería ilegal, coltán, organizaciones narcoterroristas presentadas por las autoridades como grupos armados delincuenciales o grupos armados residuales sin cariz político y para los cuales se emitió una ley inane de sometimiento, tratando de convencerlos que se entreguen sin pelear. Vano esfuerzo. Con o sin disfraz político, los carteles de las FARC están apoderándose del suroriente del país. El ELN, a su vez, con su gerontocracia segura en Cuba, dinamiza dos núcleos importantes. Uno que desde Arauca y con la colaboración con las fuerzas armadas venezolanas, pelea por el control total en Catatumbo y la Guajira en Colombia, mientras campea orondo con emisoras y bolsas “clap” en Zulia, Táchira, Apure, Barinas, Bolívar y Amazonas, llegando hasta Santa Elena de Guairá, frontera con Brasil, en Venezuela. Y otro núcleo, desde un sangriento Cauca, avanza a punta de bala y machete por el Chocó hasta el Darién colombo-panameño por el norte, y al sur trasiega las fronteras con Ecuador y Perú. La histórica y funesta ausencia de Estado en la costa del Pacífico, por donde sale el 70% de la cocaína que producimos; una arisca geografía de montañas, selva y ríos imposibles de vigilar; guardias indígenas paramilitares de izquierda apoyando comunidades abandonadas que expulsan la fuerza pública de sus territorios; proliferación de narcobandas asesinas con presencia de emisarios del cártel de Sinaloa y trochas incontrolables en la frontera ecuatoriana, componen el mortal descontrol, que no se arreglará solamente con más soldados y policías.

No faltará el desinformado o el perverso que sindique a la fuerza pública por “inoperante” y el fiscal o juez malintencionado que los encause por “omisión”. Como dijo el Mindefensa desde Popayán, se está deslegitimando la FFPP. Y esto será decisivo para el futuro inmediato de nuestra seguridad pública nacional, pues esa pinza, FARC – ELN, buscará asfixiar el corazón de la República como lo intentaron hasta el 2009, solo que ahora hay una injerencia directa, armada desde Caracas y política desde La Habana. 

Las recientes masacres en el Valle, Cauca y Nariño, serían un abrebocas de lo que viene para el país, tal como lo hemos venido advirtiendo desde hace años. Parecería que un nuevo ciclo de violencia está arrancando desde el suroccidente del país, la zona con la mayor extensión de cultivos ilícitos de coca en el mundo, resultado de muy malas decisiones del gobierno Santos. Mientras desde el lejano oriente colombiano, se anima y apoya la perturbación callejera en Bogotá y otras ciudades del país, la mayoría de la opinión pública le sigue negando credibilidad, fuerza moral, a los turbios acuerdos habaneros y a sus espurios engendros, la JEP y la Comisión de la Mentira.

En esta dinámica, la Reserva Activa y sus simpatizantes, jugarán un papel decisivo en la defensa de los principios que nos formaron como sociedad y como cultura, solo si logran articular sus dispersos grupos interesados en el poder político. Articular es el nombre del juego, porque vamos hacia una Venezuela mexicanizada, aunque muchos aún no lo crean.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Timo y Santos nos anuncian su reforma agraria

José Alvear Sanín

Por José Alvear Sanín*

Los 31 minutos 11 segundos del video de la amistosa charla entre dos compinches, compadres o socios, Timo y Santos, es estremecedor, porque nos permite ver su identidad de propósitos.

Entre mutuas sonrisas y falacias transcurre ese diálogo inquietante, en el que quizá la única verdad que se expresa es cuando Rodrigo –así trata el expresidente al terrorista—afirma que Manuel (es decir Tirofijo), alguna vez le manifestó “si esta oligarquía fuera inteligente, estaríamos perdidos” (¡en eso sí estoy completamente de acuerdo!).

Tanto Rodrigo como Juan Manuel afirman que después de la JEP, lo más importante es lo que ellos llaman “reforma agraria integral” o “el problema de la tierra”.

Esa declaración es ominosa, porque con ella conminan al actual gobierno (que se ufana de estar cumpliendo el AF, mientras las FARC nada cumplen), para que lo siga cumpliendo con su tal “reforma agraria”.

Seguir esas instrucciones equivale a la destrucción de la agricultura y la ganadería colombianas en aras de uno de los más perversos dogmas leninistas, el que exige colectivizar la agricultura, proceso que tiene lugar pocos años después de engañar a los “despreciables” campesinos (como los calificaba Vladimir Ilich), con la entrega de las tierras ajenas.

A cada reforma agraria comunista solo la sigue el hambre, como en Rusia en 1919, el Holodomor en Ucrania en 1932, la penuria alimentaria durante toda la historia de la URSS, el hambre siempre insatisfecho durante el maoísmo y en Norcorea, la pobre Cuba y la martirizada Venezuela. La próxima víctima será Colombia, si desde el año entrante empezamos con la reforma agraria de los dos responsables máximos del AF, y si sus seguidores, en 2022 ganan las elecciones…

El futuro económico de Colombia requiere indudablemente una reforma agraria, no la comunista, sino la que ponga a producir alimentos para dejar de importarlos, y que nos permita exportar inmensas cantidades de ellos para poder mejorar la suerte de todos, en vez de copiar los experimentos atroces e improductivos de la misérrima Cuba.

El progreso de nuestro país no vendrá de la industria, sino del campo, si escogemos un modelo rural adecuado. La superficie de Holanda equivale a la mitad de la de Antioquia, lo que no le impide haberse convertido en el principal exportador mundial de productos agropecuarios, mientras Cuba, que la triplica en superficie y la supera en calidad de suelos, debe importar el 80% de la comida para su pobre e insuficiente dieta.

Pero Timo y Santos, los dos jefes políticos más poderosos de Colombia, nos ordenan ejecutar la fórmula cubana, la misma que ha producido el Holodomor venezolano, precursor del que tendremos bajo Petro, Claudia o Cepeda (¿cuál ha de ser…?, ¿cuál ha de ser…?)

Con la “reforma agraria integral” pasa lo mismo que con la “paz”. Ambas son palabras bellas y seductoras. Por ese motivo, quien se atreve a decir que lo que salió de La Habana no fue la paz sino la entrega del país, es estigmatizado, denostado y descalificado. De la misma manera procederán contra quienes consideren que la reforma agraria comunista es inconveniente, tóxica y fatal para Colombia.

La “reforma agraria integral” del AF creará, primero, un conflicto sangriento, y luego, hambruna, atraso y miseria. Por tanto, si el gobierno a partir de 2021 se decide por la resolución timo-santista del “problema de la tierra”, habrá que perder toda esperanza, porque, además, los colombianos no tendremos la suerte de los venezolanos, que encontraron un país dónde mendigar.

****

Sin duda alguna, el país ha llegado a una situación de ingobernabilidad, por el efecto combinado del desorden constitucional y la aplicación del Acuerdo Final. La realidad es que enfrentamos al dilema “reconstrucción o catástrofe”.

Tanto el Foro Atenas http://www.lalinternaazul.info/2019/08/21/analisis-de-la-situacion-politica-de-colombia/ como la Alianza para la Reconstrucción de Colombia (ARCO), orientada por el doctor Luis Alfonso García Carmona, están convocando a todas las fuerzas democráticas de Colombia para que se unan, obtengan una amplia mayoría parlamentaria en el 2022 y logren la elección de un presidente que, con debido respaldo, pueda enderezar al país. Si esto no se logra, Colombia caerá en el abismo.

Así pues, invitamos a nuestros amigos a ingresar también a https://www.alianzareconstruccioncolombia.org,  donde se encuentra información actualizada diaria sobre el avance de la subversión y cómo contrarrestar esa aterradora ofensiva, de la que muchas personas no se han dado cuenta o no quieren ver, porque “aquí, eso no va a pasar”.

****

“La sobreproducción intelectual, educativa, psicológica y artística, justamente con la superproducción económica, amenazarán la civilización. La gente se verá inundada, cegada, ensordecida, y mentalmente paralizada por un torrente de externalidades vulgares que no dejará tiempo para descansar, pensar o divertirse”.

J.K. Chesterton (1931)

martes, 18 de agosto de 2020

De cara al porvenir: y todos tan contentos

Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal*

Resultados recientes de la Encuesta Mundial de Valores nos ratifican una realidad que hemos construido por generaciones y que de alguna manera explica y justifica por qué somos lo que somos y cómo somos.

Comencemos por la conclusión: los colombianos vivimos satisfechos, en algunos casos felices, pero somos absolutamente desconfiados.

El que estemos satisfechos y en algunos casos felices, implica un amplio recorrido del péndulo que pasa de un desconocimiento absoluto de la realidad que nos rodea, hasta llegar a concluir que definitivamente no nos importa, lo cual explica el egoísmo, la indolencia, la falta de interés en conocer de dónde venimos y por qué estamos aquí. Nos contentamos con satisfacer ciertas necesidades primarias y nos entretenemos con cosas baladíes, debido a una pésima educación que definitivamente, al menos en los últimos 200 años, no ha permitido una adecuada formación ciudadana. De pronto la falta de cultura ciudadana y de civilidad, es lo que nos permite contentarnos con lo que cada cual recibe o consigue de cualquier manera, sin importar el concepto ni la realidad del otro, y la consolidación de aquella postura de “sálvese quien pueda”.

También permitiría inferir que somos un grupo de resignados, para quienes la figura del “Gran Pater o del Pater familia” sigue siendo un referente como en los antiguos clanes medioevales, lo cual explica por qué somos proclives a seguir esperando mesías y mientras tanto, aceptamos a los caudillos de turno que entretienen y reparten migajas a quienes no valoran el verdadero sentido de lo que sucede a su alrededor.

Un segundo elemento es que somos absolutamente desconfiados, lo cual implica que somos unos cusumbosolos, que vivimos a la defensiva y que no sabemos vivir en sociedad. Partimos del anti-principio de la “mala fe” y esperamos el zarpazo por parte de los otros, lo cual tiene mucho que ver con un sistema de justicia inoperante alrededor del cual la impunidad ha permitido que muchos individuos y organizaciones de todo tipo vivan al borde de la ley. Si no se respeta la ley, o se respeta, pero no se cumple, estamos en medio de una manada de salvajes para quienes el concepto de sociedad, y más aún el de sociedad política es desconocido, o es inalcanzable.

Se desconfía del desconocido, del distinto, del otro. No tenemos confianza en ninguna de las instituciones representativas de una sociedad: no se cree en el gobierno, ni en las fuerzas armadas, ni en las grandes empresas, ni en las iglesias, ni en el congreso, ni en la policía, ni en los jueces, y mucho menos en los políticos (Fuente: World Values Survey Association).

El tradicional concepto de familia que nos ha acompañado por milenios hoy se recompone y el cuarteto maestro-sacerdote policía-juez, ya no se reconoce ni se respeta y obviamente, no pesa.

Dejamos de creer en ideologías de cualquier tipo y de tener referentes, pero no los cambiamos ni los remplazamos por nada, lo cual nos lleva a no tener ni ideales, ni formas, ni esquemas que nos guíen.

Dejamos de respetarnos a nosotros mismos y de esta manera es imposible e impensable que podamos respetar a los demás.

Las muestras de incivilidad dadas en esta pandemia por personas de los estratos bajos que salen a trabajar a pleno riesgo y que juegan futbol y hacen fiestas callejeras, no distan mucho de los comportamientos de personajes de estratos altos que hacen fiestas en lugares privados y que tratan de esquivar los retenes para poder ir a pasar los puentes festivos en sus fincas o en las casas de campo  de los amigos, lo cual para un analista frio, da mucho para pensar y no deja que quede títere con cabeza.

Qué pesar, que nuestra rica y exuberante Colombia, tradicionalmente, mal querida y mal administrada, está llena de colombianos promedio, que distan mucho de ser los elementos básicos que se requieren para construir una sociedad moderna. Claro que hay excepciones, pero aquel estribillo de que “los buenos somos más”, no deja de ser un estribillo también mediocre que, a la hora de la verdad, tampoco se ve y mucho menos impacta.

NOTA: Mi absoluta solidaridad con el señor gobernador Aníbal Gaviria Correa y su distinguida familia.

lunes, 17 de agosto de 2020

Nuevo panorama

Antonio Montoya H.

Por Antonio Montoya H.*

Este nuevo panorama político y empresarial que se está generando en Medellín, ha puesto en la palestra publica dos bandos en contienda, el sector empresarial, por un lado, que a lo largo de la historia antioqueña ha sido el que ha dado vida a la industria, creando empresas e innovando. Así se construyó una Antioquia industrial y próspera. Grandes sectores de la economía tuvieron origen aquí desde principios del siglo XX, a saber, sector textil con Pantex, Fabricato, Tejicóndor, Coltejer, Vicuña, Pepalfa, Telaraña, Invatex, Textiles Rionegro, y muchas otras más. Hoy con alto desarrollo en la confección que dieron y generaron nombre a nivel mundial, crearon miles de empleos y dieron fuerza y vigor a la economía. También en el sector de la industria de alimentos, cervecera, cementos, bancaria, deportiva, que fueron importantes; al igual que en el sector de la música ya que aquí se crearon las grandes disqueras de Colombia, que aun están presentes y aportan a la cultura y a la economía, en fin, y si bien muchas de ellas hoy no existen sí forjaron en la mente antioqueña el liderazgo, formación, dedicación y empuje que hoy se continua percibiendo con la creación de empresas de tecnología, turísticas y de servicios, es decir cambiaron los sectores lideres pero no se perdió la creatividad ni el talante antioqueño.

Por el otro lado está el bando político, que también ha sido liderado por grandes hombres antioqueños desde antes de la independencia, que tuvieron arraigo popular y fundamentaron las bases de la sociedad, lideraron el comercio y la política, ocuparon grandes cargos y promovieron la descentralización, todos ellos conquistaron un alto nombre en Antioquia y en la historia de Colombia.

Ambos sectores, trabajaron unidos. Se apoyaban de una manera racional, armónicamente, siempre con mentalidad progresista. Hoy, en Medellín, nos enfrentamos a un nuevo panorama diferente a los de los años anteriores, y no porque se investigue a Empresas Públicas, lo cual se debe hacer y se está haciendo, sin tapar, pero buscando verdad y reparación.

Lo que sí es un contrasentido es el accionar del alcalde, que, para lograr el objetivo de alcanzar la alcaldía, mostró mansedumbre, hábilmente bajo el miedo, se presentó de una manera diferente y luego de obtener el triunfo hace cosas contrarias a lo prometido; apoya paros, alimenta a los marchantes, limpia vidrios, trae a dirigir las secretarias a personajes de otras ciudades del país, que no conocen la ciudad ni su espíritu, presiona a la junta de EPM y logra que renuncien, lo que en mi sentido fue una equivocación porque se debieron mantener en el cumplimiento de sus funciones hasta que el alcalde los despidiera. Además, trae miembros de junta de otras ciudades, es decir no confía en la gente que hace parte de la ciudad que administra.

Hasta lo comprendo porque ha construido su carrera política con Petro y Gaviria, su hijo, no con un sentido liberal propiamente dicho, sino más allá, en la izquierda que donde ha gobernado ha traído caos y corrupción, y a él lo vimos encapuchado, apoyando a Petro. Entonces qué más esperaban, él es firme en su pensamiento y objetivo de hombre de izquierda, reciben todo y no dan nada a cambio, no cumplen y listo.

Esto no es un problema de empresarios y alcalde, este es un tema político, que se debió prever a tiempo y hoy costará hacerlo entrar en razón y seguramente tendremos que irnos a una revocatoria.

Se tendrá que jugar con las armas de la democracia.

sábado, 15 de agosto de 2020

EPM

Andrés de Bedout Jaramillo

Por Andrés de Bedout Jaramillo*

El año pasado tuvimos la oportunidad de votar por un candidato que presentaba la propuesta más importante para Medellín, la continuidad de Jorge Londoño en la gerencia de EPM. Hoy nos damos golpes de pecho porque están acabando nuestra empresa insignia, en manos de casas políticas de varios partidos, que llevaron al actual alcalde al poder, quien de entrada los engañó, al igual que a sus votantes, ofreciendo un gerente independiente, escogido por una empresa cazatalentos. Todo parece indicar que se dejaron enmermelar, al igual que los concejales de la ciudad, porque no le hicieron valer lo prometido. Lo único claro es que cogió el camino opuesto al trazado en el acuerdo de transformación, que trabajamos y aprobamos en el Concejo de Medellín en diciembre de 1997, hace casi 23 años; ningún alcalde, ningún concejo, ningún gerente, se habían atrevido a hacer lo que están haciendo hoy con EPM.

El acuerdo municipal a que me refiero, donde por ley teníamos que transformar la figura jurídica de EPM, lo construimos de la mano del talento del patrimonio más grande de la compañía, su gente, expertos, responsables, honrados, hábiles, abnegados y estables ejecutivos que dirigían la compañía de los antioqueños.

Revisamos todas las posibilidades, escuchamos a todos los sectores de Medellín y concluimos que la figura más pertinente era la de empresa industrial y comercial del Estado, de capital público municipal. Ya no podía seguir siendo un establecimiento público del orden municipal, la ley 142 lo impedía.

Éramos conscientes de que el riesgo de politización siempre estaría presente; afortunadamente los acaldes elegidos popularmente siguieron la línea de crecimiento trazada por Diego Calle y las cifras corroboran lo dicho. El progreso de nuestra ciudad se debe en un alto porcentaje a las transferencias y a las inversiones de EPM.

Desafortunadamente en la ejecución de la obra más importante para la generación hidroeléctrica del país, una mega obra de altísimo riesgo, se presentaron problemas por fenómenos de la naturaleza, que han sido capitalizados por sectores que iniciaron de tiempo atrás una campaña de desprestigio, estúpida, absurda, propia de los que no tienen más de dos dedos de frente. Lograron su cometido, acabar en 8 meses con el gobierno corporativo de principios y valores, y acabar con la estabilidad laboral de carrera y formación tradicionales. También quiere arrasar con las empresas privadas antioqueñas, que han generado el empleo y el desarrollo, que matan de envidia a los que no entienden que el desarrollo se logra es trabajando muy duro, como lo hacemos y lo hemos hecho en Antioquia, asumiendo riesgos, arropando y defendiendo nuestras empresas públicas y privadas, grandes, medianas y pequeñas, que generan los empleos y pagan los impuestos, que permiten nuestro bienestar, nuestro desarrollo y nuestra felicidad.

La junta directiva con su valiente renuncia colectiva, nos está pidiendo a gritos, que abramos los ojos, que está vaina se está saliendo de madre, que nos están desbaratando la empresa y se quieren llevar entre los cachos al sector empresarial. Mejor dicho, como dice mi hermano Roberto de Bedout, están convirtiendo a EPM en una Pedevesa.

Los sectores políticos que subieron al alcalde al poder, tienen que poner la cara y pararlo en la raya inmediatamente. Los sectores políticos que colocaron los concejales actuales, también tienen que poner la cara y obligarlos a defender nuestro patrimonio más preciado.

Alcalde y concejales tienen que acordar inmediatamente y de frente a la ciudad, una gerencia y una junta directiva, que nos garanticen frenar en seco la politización de la compañía, que regrese el gobierno corporativo, la trasparencia en la contratación, que ya ni se publica como se hacía antes, la carrera administrativa por méritos, en fin, volver al sendero. Estamos a tiempo si arrancamos inmediatamente.

No podemos esperar una revocatoria, sería muy tarde tener que esperar cuatro meses para iniciar su trámite y quién sabe cuántos para que se dé o no.

Tampoco nos va a salvar esperar las resultas de una demanda que podrá demorar en el mejor de los casos 10 años; 10 años sometidos al desgaste de EPM, Medellín y todo lo que nos rodea, vamos a perder todos y por todo lado.

Alcalde, concejales, por favor nos arreglan este problema, para eso los eligieron, no nos tiren por el despeñadero, lo que está sucediendo no es justo, no es racional, ustedes tienen que ser serios, tienen que ser responsables con ustedes mismos, con sus familias, con sus votantes. Si no arreglan este problema, no se lo vamos a perdonar, políticamente hablando.

Que nuestro Señor Jesucristo ilumine al alcalde y a los concejales de Medellín, oremos por ellos.

viernes, 14 de agosto de 2020

Escribir por escribir

José Leonardo Rincón Contreras

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Hace algunos años había un programa radial nocturno que se llamaba “Hablar por hablar”. Era un espacio abierto donde la gente llamaba a la emisora y hablaba de cualquier cosa. La habilidad de la periodista que orientaba el programa, a quien después conocí y me sorprendió por su juventud, era lograr una buena interlocución conversando sobre el tema propuesto, preguntando, planteando alternativas, buscando soluciones, aconsejando, etc. En el fondo, lo que se buscaba era que la gente tuviera una tribuna de expresión y diálogo. Hubo temas interesantes y otros no tanto, pero creo que la audiencia gozaba identificándose o no con los temas propuestos. Siempre había algo de qué hablar y en todos los casos fue una catarsis que ayudó a muchos a drenar sus propios atascos existenciales.

Cuando se escribe y más en el caso de una columna semanal, muchas veces constreñido por el espacio, la cosa es distinta. Ni se puede uno extender demasiado, ni se puede hablar de cualquier cosa. El reto es tratar de ser genuino en el texto que aluda a un tema que pueda también resultar atractivo para quien lo lee. Cuando uno escribe se da a conocer en su pensamiento, expone sus principios y valores, se revela en sus pasiones y en sus fobias. Busca cautivar al lector y llegarle, tocarle, impactarle, interpelarle, ponerle a pensar, y quizás, suscitar polémica. No se trata de escribir por escribir pues, se supone, hay que ponderar muy bien lo que va a quedar consignado por escrito: lo escrito, escrito está, pues a diferencia de cuando se habla, no hay vuelta atrás: es que lo que quise decir, de pronto no me hice entender, me comprendió mal, el tono que usé no fue el adecuado, habría que matizar…

Más escribir no es fácil y es verdad que no todo el mundo tiene la habilidad para hacerlo. Tampoco es una realidad que brote espontáneamente o de forma automática. Se necesita inspiración y no siempre se está inspirado. Es más, hay ocasiones en las que quisiera escribir simultáneamente sobre cinco asuntos distintos y la pluma fluye sin descanso y hay otras en las que no se ocurre siquiera una íngrima y sola, y la musa se ha tomado vacaciones. A veces, el artículo del viernes está escrito desde el jueves y otras veces faltando dos horas para publicarlo no se ha ocurrido nada. Siempre existe la conciencia de la responsabilidad sobre eso que se escribe pues, aunque uno quiere expresar lo que piensa y siente, en un país tan complejo como el nuestro, no se trata de echar leña al fuego para polarizar y destruir, sino para hacer reflexionar críticamente con la intención de construir y proponer.

Finalmente, escribir, como orar, cantar, pintar, bailar… es una destreza que se adquiere con la práctica constante y se evoluciona y progresa cuando se ha tenido buenos maestros de lengua castellana, redacción y ortografía (aunque parece ser que hoy día eso ya no se enseña, y si se hace, no es con el rigor de antaño). En mi caso, el reto lo tuve hace ya poco más de 25 años, cuando siendo rector del Colegio San Francisco Javier en Pasto, el director del Diario del Sur, me pidió mantener la columna de mi predecesor, debajo de su editorial, todos los miércoles. Dejé de hacerlo unos cuantos años, hasta que Antonio Montoya me convenció volver a la columna semanal los días viernes en su blog de El Pensamiento al Aire. A ellos les agradezco confiarme ese reto semanal, nada fácil, pero sí muy placentero. Y a ustedes por leerme con paciencia, siempre: ¡muchas gracias!