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lunes, 9 de febrero de 2026

Sin unión no hay paraíso

No son personalismos: es sobre el modelo de país. Los mínimos civilizatorios que requerimos.

María Cristina Isaza

*Lo diré claramente: en mi concepto la mejor propuesta (seria, desinteresada, que sí estaba en pro de salvaguardar a Colombia) fue la de los expresidentes Gaviria y Uribe, cuando propusieron una gran consulta en la que participaran todos juntos: desde Abelardo, hasta Fajardo. Ese claramente era el camino.*

Colombia parece empeñada en repetir sus errores. Y lo más inquietante es la incapacidad del espectro político y ciudadano del centro a la derecha para entender la magnitud del momento histórico que vivimos.

El escenario que se está configurando para 2026 lo veo peligrosamente similar al de 2022: egos desbordados, ciudadanos comportándose como barras bravas defendiendo personas en lugar de modelos de país, fuego amigo (entre candidatos y entre equipos) y una profunda incapacidad para priorizar el modelo de país sobre las aspiraciones individuales.

La ironía brutal, es que mientras tanto, el proyecto de izquierda radical ha avanzado, disciplinado, cohesionado y con objetivos claros. (Aunque esa cohesión se fragmentará con la no participación de Cepeda en la consulta, inevitablemente se armará el bloque que rodee a Cepeda y el que apoye a Roy, quien en este panorama es el gran opcionado).

Las similitudes al 2022.

Fragmentados, otra vez:

Por un lado, un centro–centro izquierda que minimiza la amenaza y desprecia el riesgo sistémico, y por otro, un bloque del centro a la derecha fragmentado, ruidoso y más ocupado en atacarse que en construir una mayoría viable para ganar presidencia y tener un buen Congreso.

El resultado es predecible: dispersión del voto, una segunda vuelta favorable al continuismo que ya exacerbó la feria burocrática, que hizo la gran movida irresponsable y populista de un aumento desmedido del salario mínimo (sin importar las consecuencias para el empleo formal e inflación). Además, el candidato del continuismo goza de ser “suavizado” por algunos sectores, a pesar del peligro real que representan sus ideas para la economía de mercado y la democracia (apoyó todas las reformas nefastas de Petro, ve con buenos ojos a Cuba y la Venezuela del chavismo).

En 2022, Rodolfo Hernández logró capitalizar el hastío y pudo desligarse de la etiqueta de “derecha, establecimiento”. Hoy eso no es posible. Abelardo, quien se denomina como “anti establecimiento”, carga con símbolos, amistades, alianzas y estilos que le dificultan enormemente la ampliación hacia el centro y centro izquierda. Y en política, sin ampliación muy difícil la victoria. Le ayudaría buscar una alianza para Vicepresidencia con alguien del centro político. También parece que los candidatos del centro a la derecha (los de la consulta, Abelardo y demás) están concentrados en hablarle al votante de derecha, que es el que tiene más que claro que no quiere continuismo.

El “extremo centro” con su abstención moralista y la renuncia a su responsabilidad histórica.

Hay algo especialmente preocupante en el comportamiento del llamado “centro bien pensante” (también se comporta como un extremo). Ese sector que, ante la disyuntiva histórica, siempre opta por la “abstención moralista”, el voto en blanco o “irse a ver ballenas” antes que asumir una decisión incómoda; aunque lo que esté en juego sea el modelo político y económico.

Se repite el mismo patrón: se subestima la amenaza, se relativiza el daño y se acusa a quienes alertan de “extremistas que asustan con el comunismo”. Exactamente el mismo error que cometió buena parte de la élite intelectual venezolana en los primeros años del chavismo.

La historia es terca: los procesos autoritarios no llegan de golpe. Llegan paso a paso. Empiezan reformando la Constitución, debilitando contrapesos, capturando instituciones, destruyendo empresas estratégicas y normalizando el clientelismo.

Decir hoy que “esto no se volvió Venezuela” no es un argumento: es una negación peligrosa. Venezuela tampoco lo era en 1999 (solo hasta el segundo período de Chávez comenzaron las expropiaciones, en 2007 anunció el “socialismo del siglo XXI”, en 2009 se estableció la reelección indefinida, en 2012 comenzó crisis económica, social y política; en 2016 estalló la hiperinflación y comenzaron los éxodos masivos).

*Un proyecto que ya tiene el camino abonado*

El petrismo no está improvisando. Tiene estructura, tiene narrativa y tiene objetivos claros. Ya dieron el primer paso para una Asamblea Nacional Constituyente (ya pueden comenzar a recoger firmas). Ya han presionado al Banco de la República para que emita y aplique políticas no ortodoxas. Ya han promovido que debieran aplicarse controles de precios. Ya han debilitado a Ecopetrol, replicando el mismo libreto con el que Chávez destruyó PDVSA: expulsar técnicos, politizar la empresa y convertirla en fortín burocrático.

Colombia ha resistido, no por “lo bueno del Gobierno”, sino a pesar de él:

* Gracias a instituciones que aún se sostienen.

* A un empresariado resiliente que ha soportado ataques constantes.

* A condiciones macroeconómicas favorables.

* A instituciones que han hecho contrapeso como el Banco de la República, las Cortes y el Congreso (aunque el clientelismo y la corrupción hicieron mucha mella en el último)

*Aquí no es sobre personas, ¡es sobre el modelo!*

Este no es un debate entre nombres propios. Es un debate entre dos modelos de país: uno basado en la libertad de mercado, la institucionalidad y el progreso. El otro, basado en el estatismo, el clientelismo y la desconfianza hacia la empresa.

Un segundo mandato de irresponsabilidad económica y políticas anti empresa podría ser letal.

La elección que no estamos entendiendo

En este contexto, apostar todo a una segunda vuelta es un error estratégico grave: hay presión armada en múltiples territorios (aunque en este sentido nos sirvió la reunión con Trump, quien le puso reglas claras, y ya vimos que ordenó bombardeo al ELN), tienen el poder político, presupuesto… además no olvidemos la posible compra de votos y fraude electoral (en lo que pienso también nos pudo incidir positivamente la reunión con el presidente Trump). La mejor posibilidad real de frenar este proyecto es ganar en primera vuelta, o al menos llegar con una ventaja clara y una coalición sólida.

*Lo diré claramente: en mi concepto la mejor propuesta (seria, desinteresada, que sí estaba en pro de salvaguardar a Colombia) fue la de los ex presidentes Gaviria y Uribe, cuando propusieron una gran consulta en la que participaran todos juntos: desde Abelardo, hasta Fajardo. Ese claramente era el camino.* Pero unos candidatos (por ejemplo Vicky), se dedicaron al “fuego amigo” a estigmatizar a Abelardo como de “extrema derecha” y a atacarlo constantemente. Por otro lado Fajardo y Abelardo se negaron a participar cuando ya fueron formalmente invitados : Fajardo aludiendo a que la consulta “polariza”, es de “extremos” y Abelardo porque “tiene un mandato popular y la consulta genera gastos innecesarios”. Lamentable…

Hoy podríamos pagar el costo de la falta de cohesión y de no entender el verdadero objetivo. A Venezuela le ha costado 26 años unirse. Ojalá, al menos en segunda vuelta, prime finalmente el país sobre los egos y se rodee al candidato que sea pro mercado, pro seguridad y no simpatizante de las dictaduras cubana y venezolana. Esos son los acuerdos mínimos fundamentales.

Hoy veo con preocupación que, de los candidatos de la gran consulta, solo Paloma ha sido directa en decir que apoyaría a Fajardo o a Abelardo en una eventual segunda vuelta sin el ganador de la consulta. Si estos dos candidatos hubieran sumado a la gran consulta, los demás participantes tendrían que rodearlos y se hubiera bajado un poco el ruido a los ataques y señalamientos que de nada nos sirven hoy. Eso es parte del encanto de este mecanismo.

*Algunas preguntas que deberíamos estar haciéndonos como país:*

¿Cuánto más habría crecido Colombia con un Gobierno comprometido con el progreso?

¿Cuánto hemos dejado de ganar por malas decisiones en el sector minero-energético, clave para la estabilidad fiscal?

¿Cuántos colombianos no han salido de la pobreza por la negligencia del actual gobierno?

martes, 3 de febrero de 2026

De cara al porvenir: izquierda, derecha y centro

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

En el ámbito político, los términos "izquierda", "derecha" y "centro" son utilizados para describir diferentes ideologías y posiciones políticas. A continuación, exploraremos el origen de cada concepto, sus características y algunos autores que las respaldan.

Orígenes de los términos

La distinción entre izquierda y derecha tiene su origen en la Revolución Francesa, cuando los diputados que apoyaban al rey Luis XVI se sentaban a la derecha del presidente de la Asamblea Nacional, mientras que los revolucionarios se sentaban a la izquierda. Esta disposición se convirtió en un símbolo de las diferentes posturas políticas.

La izquierda

La izquierda se enfoca en la igualdad social y la justicia. Sus características incluyen:

* Intervención del Estado: la izquierda promueve la intervención del Estado en la economía para garantizar la igualdad y la justicia social.

* Distribución de la riqueza: la izquierda busca una distribución equitativa de la riqueza y la reducción de la brecha entre clases sociales.

* Protección social: la izquierda prioriza la protección social y los servicios públicos, como la educación y la salud.

Algunos autores que respaldan la izquierda son:

* Karl Marx: Marx es uno de los principales exponentes del socialismo y el comunismo. Su teoría se centra en la lucha de clases y la alienación del trabajo.

- Friedrich Engels: Engels fue un colaborador cercano de Marx y contribuyó significativamente a la teoría marxista.

La derecha

La derecha se enfoca en la libertad individual y la economía de mercado. Sus características incluyen:

* Libertad individual: la derecha prioriza la libertad individual y la propiedad privada.

* Economía de mercado: la derecha promueve la economía de mercado y la no intervención del Estado en la economía.

* Valores tradicionales: la derecha a menudo se asocia con valores tradicionales y conservadores.

Algunos autores que respaldan la derecha son:

* Adam Smith: Smith es conocido como el padre del liberalismo económico. Su teoría se centra en la mano invisible del mercado y la división del trabajo.

* Ayn Rand: Rand fue una filósofa y escritora que defendió el individualismo y el capitalismo laissez-faire.

El centro

El centro se enfoca en encontrar un equilibrio entre la izquierda y la derecha. Sus características incluyen:

* Moderación: el centro busca encontrar soluciones moderadas y pragmáticas a los problemas políticos y sociales.

* Equilibrio: el centro promueve el equilibrio entre la libertad individual y la justicia social.

* Pragmatismo: el centro se enfoca en encontrar soluciones prácticas y efectivas a los problemas.

Algunos autores que han escrito sobre el centro son:

* Giovanni Sartori: Sartori fue un politólogo italiano que escribió sobre la democracia y el centro político.

* Ángel Rodríguez Kauth: Kauth es un académico e investigador que ha escrito sobre el centro político y su papel en la sociedad.

En resumen, la izquierda, la derecha y el centro son conceptos políticos complejos que han evolucionado con el tiempo. Entender sus características y orígenes puede ayudar a clarificar las diferentes posiciones políticas y promover un diálogo más informado y constructivo.

Ahora bien, hay posturas extremas que hacen parte del recorrido de este péndulo ideológico:

Ultraizquierda:

La ultraizquierda se refiere a una posición política que busca una transformación radical de la sociedad, a menudo a través de medios revolucionarios. Sus características principales son:

* Rechazo al capitalismo y la economía de mercado.

* Apoyo a la propiedad colectiva o estatal de los medios de producción.

* Defensa de la igualdad y la justicia social.

* A menudo, apoyo a la violencia revolucionaria como medio para lograr el cambio.

Algunos exponentes y autores asociados con la ultraizquierda son:

* Karl Marx y Friedrich Engels (fundadores del comunismo).

* Vladimir Lenin (líder de la Revolución Rusa).

* Mao Zedong (líder de la Revolución China.)

* Che Guevara (líder revolucionario argentino-cubano).

* Hugo Chávez (presidente de Venezuela, 1999-2013).

Ultraderecha:

La ultraderecha se refiere a una posición política que busca preservar o restaurar la autoridad y la tradición, a menudo a través de medios autoritarios. Sus características principales son:

* Rechazo al cambio social y la modernización.

* Apoyo a la autoridad y la jerarquía.

* Defensa de la identidad nacional o étnica.

* A menudo, apoyo a la restricción de las libertades individuales y la represión de la disidencia.

Algunos exponentes y autores asociados con la ultraderecha son:

* Friedrich Nietzsche (filósofo alemán).

* Benito Mussolini (líder fascista italiano).

* Adolf Hitler (líder nazi alemán).

* Augusto Pinochet (dictador chileno).

* Steve Bannon (asesor político estadounidense).

Es importante destacar que estos términos son a menudo utilizados de manera peyorativa y que muchos de los individuos mencionados no se identificarían como "ultra zquierda" o "ultraderecha". Además, el espectro político es complejo y no se reduce a estas dos categorías.

lunes, 15 de septiembre de 2025

Asesinato, narcotráfico, corrupción y trampa

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Armas de la izquierda para perpetuarse en el poder

Los acontecimientos más recientes tienen que llevarnos a la conclusión de que la izquierda radical que nos conduce al abismo no ha abandonado su maléfico propósito de aferrarse a las mieles del poder.

Por el contrario, lo ha renovado apelando a las cuatro herramientas en las que ha comprobado ser más fuerte, aquellas que las gentes de bien no utilizamos pues nos lo impiden nuestra formación moral y los principios y valores que forman parte de nuestra razón de ser.

Por ello hemos advertido que estamos frente a una batalla cultural desigual. Hemos derrotado al régimen en las calles, demostrando –como sucedió el pasado 7 de agosto– que las mayorías están contra Petro y sus compinches. Ya en el Senado de la República y en las cortes asoman señales inequívocas de independencia frente a los halagos y presiones a las que han venido siendo sometidas por la corrupción oficial. Y el dolor por el asesinato de Miguel Uribe y tantos colombianos sacrificados en los recientes actos de barbarie de los últimos días, nos obliga a reflexionar sobre cuál debe ser nuestra respuesta a este mar de violencia e iniquidad en el que naufragamos.

La desigualdad proviene, en primer lugar, de la exacerbación de la violencia, la estrategia preferida por los zurdos para hacerse con el poder en contra de las mayorías. Así lo hicieron con Trump, quien milagrosamente se salvó de morir, después de un disparo que le rozó una oreja; o con Bolsonaro, a quien un seguidor del izquierdista Lula da Silva lo cosió a puñaladas que no cumplieron su cometido gracias a la oportuna intervención de los médicos; con Miguel Uribe, cuya partida colmó de dolor y rabia a los colombianos. Nos llega ahora la noticia de que Charlie Kirck, un joven americano, fue asesinado a tiros en Utah, por haber cometido el crimen de defender los principios conservadores y cuestionar la retórica progresista en los campus universitarios. El homicidio fue justificado por las “palabras horribles” del joven activista, según la cadena roja MSNBC.

La omnipresente influencia del narcotráfico determina los resultados en un país que, como Colombia, ostenta el campeonato, en el ámbito mundial, de exportación de cocaína. A nadie se le escapan las abultadas contribuciones de los capos de la droga a la pasada campaña petrista, ni su correspondiente compensación gubernamental para blindar el sucio negocio y beneficiar con impunidad absoluta a los carteles de la droga. Será ahora el momento para cobrar el saldo a favor del Gobierno con el dinero que haga falta para comprar conciencias, manipular las elecciones y manipular votos en todo el territorio nacional.

Se ha caracterizado este período presidencial por ser el más corrupto de nuestra historia. Los sucesivos escándalos, desde la posesión fraudulenta del presidente hasta estos días marcados por el mayúsculo escandalo de la UNGRD que involucra a altos funcionarios del Gobierno y a congresistas nos conceden la razón. El desastre del déficit fiscal no ha sido óbice para seguir malgastando y robándose el erario a manos llenas. Ya no hay límite moral, ni jurídico que no pueda rebasarse: hay que aprovechar hasta el último momento para dejar las arcas vacías, desfinanciados el sistema de salud y el sector eléctrico, paralizadas las obras de infraestructura, suspendidos o recortados los programas de beneficio social, desmantelada la fuerza pública y, por ende, la seguridad de los ciudadanos. Lo que importa es ganar las elecciones. Para ello se está vinculando un ejército de vagos en cada ministerio sin otra finalidad que la de hacer activismo en favor de la continuidad de esta funesta gestión.

Está preparada la “mise en scène” (puesta en escena) para perpetrar de nuevo, ahora corregido y aumentado, el fraude ensayado con éxito en el 2022. Está el pueblo aterrorizado, la tesorería roja alimentada con infinitos recursos estatales y mafiosos, la maquinaria oficial bien aceitada para seguir elaborando toda clase de trampas y una carencia absoluta de ideas salvadoras por parte de quienes deberían orientar a las mayorías indignadas con la injusticia y el caos.

Numerosos ciudadanos aspiran al voto de los colombianos para llegar a la Presidencia, pero pocos se dedican a buscar verdadera solución a la hecatombe que vivimos. Se limitan a repetir frases de cajón, sin alma ni corazón. Solo a Abelardo de la Espriella le abonamos su vehemente llamado a poner orden en casa, proteger a los buenos, castigar sin contemplaciones a los malos y gobernar con quienes no han participado en la destrucción de Colombia.

Tampoco logramos comprender por qué los directores políticos permiten a sus bancadas, o a parte de ellas, respaldar con sus votos proyectos o designaciones patrocinadas por el Gobierno.

Ninguno de ellos, a pesar de dirigir partidos que dicen respetar la democracia, ha respaldado el derecho constitucional de los ciudadanos para pedir la separación del cargo por indignidad de quien lo ocupa fraudulentamente. Sus electores tienen derecho a conocer las razones por las cuales sus dirigentes no respaldan a quienes ejercen sus derechos constitucionales.

A quien aún le faltan razones para combatir con firmeza a los zurdos, sin tibieza ni claudicaciones, les recuerdo estas palabras que trae Marcelo Duclós recientemente: «De acuerdo con Agustín Laje, hasta el momento, la izquierda ha tenido éxito en ‘maquillarse’ para hacer creer que ellos son los cultores de la diversidad y la paz… Los que tenemos alguna formación sabemos muy bien que son los responsables de 100 millones de muertes, de guerrillas sanguinarias, violencia política, de secuestros y violaciones. Para ellos, la forma de imponer sus ideas es siempre mediante el uso de la violencia”», concluyó.

martes, 29 de abril de 2025

El detonante para la victoria

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Transcurridos dos años y ocho meses del proceso de desmoronamiento moral y material del país, no queda ninguna duda de que estamos enfrentando no solamente una confrontación electoral por el poder como sucede en cualquier país democrático, sino una lucha a muerte entre dos grandes corrientes: la extrema izquierda –totalitaria y marxista– que pretende atornillarse al poder aunque sea a costa de la destrucción del país, y quienes representamos la libertad, la democracia y la búsqueda del bien común, que componemos el resto de ciudadanos.

Permitir que la reinante tiranía continúe su tarea depredadora equivale a convertirnos en cómplices del colapso de nuestra nación y de la negación de oportunidades a las futuras generaciones. Debemos, en consecuencia, aplicarnos al prioritario objetivo de impedir la continuidad del desastre.

¿Cómo hacerlo? Con inteligencia, sin apasionamientos inútiles, y sin dejarse manipular de la catarata de ofensas, falacias, demenciales propuestas y desvaríos mentales del camarada presidente.

Hay que seguir utilizando los medios que brinda la Constitución y exigir a los congresistas que cumplan con su deber adelantando el juicio político instaurado contra el dictador por violación de los topes económicos de la campaña, y a los partidos políticos que actúen de conformidad con la ley de bancadas para sancionar a quienes crucen los límites prohibidos.

Se intentará, no lo dudemos, conducir al país a un caos total, replicando las masacres del Catatumbo, el Cauca y Buenaventura; se profundizará la crisis económica con las insensatas decisiones gubernamentales; se alimentará el odio y la pugnacidad entre los colombianos con los incendiarios mensajes y las belicosas consignas que a diario vomita la casa presidencial; se seguirá estigmatizando a la oposición y culpando a los demás de los garrafales errores del régimen. Todo vale porque para nuestros gobernantes el mantenimiento del poder justifica todas las formas de lucha, todos los medios lícitos o ilícitos.

Mientras nos distraemos con el triste espectáculo que ofrecen los 50 o más candidatos o precandidatos a la Presidencia, cuando ni siquiera estamos seguros de que el sátrapa permita la convocatoria a elecciones, ya comenzó la campaña para la “mini reelección de Petro”, según la definición que su alfil Benedetti le da a la llamada consulta popular. Son aterradoras las noticias de lo que viene ocurriendo en esos comités de campaña, donde se ataca a lo que ellos califican de oligarcas, se enfatiza en la necesidad de conservar el poder y se recibe “adiestramiento ideológico” de parte de miembros de Fecode y otros radicales fanáticos activistas.

Necesitamos urgentemente un detonante que nos permita derrotar a esta maquiavélica conjura que amenaza la viabilidad del Estado y el bienestar del pueblo colombiano. No lo vamos a encontrar en las melifluas intervenciones de los candidatos presidenciales ni mucho menos en las acomodaticias declaraciones de los caciques políticos.

El detonante somos nosotros, si tenemos la capacidad de organizar nuestras fuerzas a través de las redes sociales para llegar hasta el último rincón de la patria.

No podemos esperar que llegue alguien a salvarnos de esta tragedia anunciada.

Tampoco podemos esperar que sea la Fuerza Pública, maniatada por el Gobierno y con la espada de Damocles pendiente sobre cada uno de los oficiales de alto rango que ose actuar sin el consentimiento presidencial para dar cumplimiento a su función básica, como es garantizar el orden constitucional y proteger a los ciudadanos.

Actuemos ya, y en el camino nos encontraremos con el líder que este movimiento requiere. No nos apresuremos a ensillar sin traer la bestia.

jueves, 14 de noviembre de 2024

¿Qué es lo que no acabamos de entender?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

En un mundo globalizado como este que nos ha correspondido compartir, no podemos soslayar lo que ocurre allende nuestras fronteras para sacar conclusiones aplicables a nuestra realidad.

El sorpresivo triunfo de Donald Trump cuando parecía que la primera democracia del mundo se había doblegado ante la ideología “woke”, el avance del materialismo, el abandono de los valores morales en aras de la ideología de género, y, en general, la pérdida de los valores espirituales surgió con ímpetu increíble –como un tsunami–, la movilización de las masas para dar la victoria a quienes defendieron ideales tan caros para el pueblo como “Dios, patria y familia”.

Es un ejemplo del que podemos extraer sólidas enseñanzas que nos ayuden a entender nuestra propia coyuntura y a actuar de conformidad.

Nos hemos quedado en un rechazo al régimen que dicen las estadísticas está cerca del 70%, y en una indignación adobada de impotencia que se traduce en el grito desesperado de las multitudes que corean “Fuera, Petro” donde quiera que se reúnen en forma multitudinaria.

Pero nos negamos a entender que estamos en presencia de una camarilla que nos quiere arrebatar nuestra identidad nacional. Pasamos de largo ante la dura realidad que nos plantea una batalla cultural, no una mera confrontación para cambiar al presidente de turno. ¿Cuándo vamos a entender que lo que nos estamos jugando es el futuro del país y el de nuestra descendencia?

Comprendamos de una vez por todas que si perdemos esta batalla caeremos en las garras del comunismo, ahora oculto bajo las banderas del “cambio” o del “progresismo”. Revisemos una por una las decisiones de la camarilla gobernante enderezadas a la pauperización del pueblo para colocarlo bajo su control, al desmoronamiento de las fuerzas del orden para impedir que podamos recuperar el orden constitucional perdido, a la destrucción de la familia para que sea el Estado totalitario quien forme o deforme a nuestra juventud, al blindaje del narcotráfico y de la criminalidad para que sirvan de aliados en la tarea de perpetuar el régimen comunista en las próximas décadas.

¿Qué es lo que no queremos entender cuando nos informan a diario sobre lo que está ocurriendo en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua y lo que quieren reeditar en Bolivia, Ecuador, Brasil, Chile y Colombia?

¿Por qué no somos consecuentes y actuamos de manera eficaz ante la amenaza que se cierne sobre nuestras vidas y las de nuestros hijos? Si el llamado es a librar una batalla cultural, no podemos responder con la tímida convocatoria a las próximas elecciones, con un candidato vinculado a las viejas élites, para ofrecer al potencial electorado más de lo mismo.

A grandes males, grandes remedios. Es el momento para revitalizar nuestra democracia despojándola de los mecanismos que la han encadenado al clientelismo, a la compra de votos, a la corrupción, a la politización de la justicia y tantos males que ahora se convierten en las principales armas para perpetuar a los representantes del mal en el poder. Sobre el particular opina Jacques Maritain:

“Aquí nos hallamos en presencia de ese maquiavelismo impetuoso, irracional, revolucionario, violento y demoníaco, para el que la injusticia sin límites, la violencia sin límites, la mentira y la inmoralidad sin límites, son los medios políticos normales, y que extrae una abominable fuerza de ese carácter ilimitado del mal. Y bien podemos advertir qué clase de bien común es capaz de aportar a la humanidad un poder semejante, que sabe perfectamente cómo no ser bueno, y cuya hipocresía es una hipocresía consciente y feliz, una hipocresía ostentosa y gloriosamente promulgada, cuya crueldad aspira tanto a destruir las almas como los cuerpos y cuya mentira es una perversión total de la función misma del lenguaje.”

Somos testigos de excepción de numerosos eventos que evidencian la inmoralidad y la absoluta carencia de ética en la gestión de quienes nos gobiernan. Para muestra un botón: En marzo del 2023 unos encapuchados autodenominados “guardia indígena” secuestraron a 78 agentes de la Policía y degollaron al subintendente Ricardo Monroy. Los patrulleros habían sido enviados a proteger las instalaciones de la empresa Emerald Energy, amenazada por los terroristas, y la Casa de Nariño los envió sin armas de fuego letales para su protección personal. Durante varias horas fueron atacados por los secuestradores defendiéndose solamente con cartuchos de gases lacrimógenos hasta que fueron apresados y despojados de radios, instrumentos de defensa y uniformes. En medio del ataque solicitaron los agentes el apoyo del Gobierno, el cual les fue negado, a pesar de que se encontraba a poca distancia un contingente del Ejército que recibió órdenes de retirarse del lugar. Ni el ministro de Defensa, Iván Velásquez, ni el de Interior, Alfonso Prada, hicieron absolutamente nada para socorrer a los policías secuestrados. Este último calificó el secuestro como un “cerco humanitario”. Ha pasado más de un año y este concurso de delitos (concierto para delinquir, homicidio, secuestro, porte ilegal de armas) que involucra la complicidad del alto Gobierno, continúa impune. En cualquier país del mundo no solamente habría sido sancionado con las máximas penas, sino que estaría en entredicho la permanencia en el poder del presidente, los ministros y los altos mandos salpicados de coautoría o complicidad.

Ni la sociedad, ni los altos mandos de la Fuerza Pública, ni los organismos de investigación, ni nuestra pomposa administración de justicia han tenido tempo para sancionar este execrable atentado contra la ley, la autoridad y la seguridad de los colombianos. ¿Cuándo acabaremos por entender que aquí lo que se requiere es un revolcón para restablecer el Estado de Derecho, el orden constitucional, la dignidad de la persona humana y el bien común, espiritual y material de todos los colombianos?

miércoles, 16 de octubre de 2024

¿Cuál es nuestra peor desgracia?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Entre las múltiples plagas que el advenimiento de la extrema izquierda al poder nos ha dejado, resulta difícil señalar cuál de todas es la que más daño viene causando a nuestra sociedad y al futuro de los colombianos.

Entendemos que mucha gente mira con alarma cómo se desmorona el sistema de salud, catalogado como uno de los más eficientes del continente; la economía, manejada más con desuetos postulados ideológicos que con ánimo de contribuir al crecimiento del país, va en caída libre a pesar de los esfuerzos de los empresarios; el sistema pensional, ahora amenazado por la voracidad de los nuevos burócratas, caerá indudablemente en la insolvencia; la inseguridad tiene en vilo a empresarios, y trabajadores, completamente impotentes para defenderse de la acción depredadora de guerrillas, narcotraficantes, bandas criminales y milicianos protegidos por la impunidad oficial; como si lo anterior fuera poco, los escándalos protagonizados por los familiares, subalternos y amigos del guerrillero-presidente, alimentan cada vez más el rechazo a la camarilla gobernante.

Podríamos –a manera de ejemplo– registrar el inusitado aumento de la corrupción, como el más dañino de los males que nos agobian, no solamente por el deterioro fiscal que genera o porque entorpece la realización de obras que podrán beneficiar a la comunidad, sino también porque acarrea desconfianza de la población en la transparencia y rectitud de sus gobernantes. Constituye, además, un pésimo antecedente para las nuevas generaciones que toman nota de cómo sus dirigentes acceden impunemente al dinero fácil con la alcahuetería del régimen.

Ante el inveterado fracaso en el control y la reducción de esta plaga, nos corresponde como ciudadanos amantes de nuestro terruño, indagar sobre las causas de la corrupción y eliminarlas de tajo.

Y, ¿cuáles son esas causas?

1. La pérdida de la ética y de la moral. La moral no es otra cosa que un conjunto de normas, principios, valores y creencias que a través de la historia ha adoptado la humanidad como modelo para distinguir el bien del mal en la conducta del ser dentro de la sociedad. Es la relación entre la moral y la conducta del ser humano dentro de la sociedad. El funcionario público debe ajustar su gestión a la ética, con el cumplimiento de planteamientos básicos como la honestidad, la responsabilidad, la transparencia o la equidad. Son varias las razones que impiden a los funcionarios mantenerse dentro de los parámetros de la ética: la falta de formación en valores éticos desde la etapa de la educación (familia, escuela, universidad); el nombramiento de personas acostumbradas a hacer mal uso del poder en cargos públicos; la ambición de llegar y mantenerse en el poder a toda costa; el poder corruptor del dinero; la ausencia de moral y ética en quienes dirigen la gestión del Estado.

2. Falta de mecanismos eficientes para garantizar la ética estatal. No son suficientes las sanciones usuales (inhabilitación, suspensión, multas, destitución, cárcel por períodos relativamente cortos, beneficios penales). Hay que implementar una solución drástica para erradicar el mal, garantizando que accedan a la administración pública en todos los niveles y todas las ramas los ciudadanos más preparados académicamente, con una trayectoria impecable y un perfil adecuado al cargo que van a desempeñar.

3. Carencia de valores en la sociedad. No es serio querer acabar con esta inveterada plaga con soluciones a corto plazo. La corrupción no se acaba por decreto ni con base en las promesas electorales de los candidatos. Si de verdad queremos reconstruir a Colombia devolvámosle la moral mediante una batalla cultural en contra de las ideologías marxistas, materialistas y ajenas a nuestra tradición. Mientras nuestra sociedad no actúe conforme a los valores y principios de la moral que nos quiere robar el régimen, no habrá futuro para Colombia ni para nuestros hijos.

viernes, 1 de marzo de 2024

Ay, la izquierda, la izquierda, ay

Alberto Avelino Saldarriaga P.
Por Alberto Avelino Saldarriaga P.

No es el monstruo destructor y no toda su estructura filosófica es perversa y dañina. En Alemania, por ejemplo, la izquierda alterna con los otros partidos y la gobernanza muestra grandes beneficios para sus ciudadanos. La zurda también tiene su ladito bueno.

En nuestra patria la izquierda tiene su peor enemigo en Petro con sus anacrónicas y absurdas decisiones. Poco a poco se parecen más a las dictaduras como las de Venezuela, Cuba o Nicaragua, que tienen a sus pueblos sumidos en la pobreza y la desesperanza, con la ruina del aparato productivo y con carencias de lo más necesario para vivir dignamente.

Así pues, que no hay peor cuña que la del mismo palo… Lentamente se van horadando las bases de la democracia dando muestras de su permanencia en el poder hasta cumplir sus macabras intenciones dictatoriales.

Utiliza Petro la victimización como arma y justificación para aferrarse al poder. Si algo no es de su agrado, entra en cólera o descabeza a quien no es de su gusto y complacencia. Solamente clasifican los politiqueros a ultranza.

En el entretanto se van llenando de dinero sus áulicos y familiares, así como en mala hora, Medellín quedó semidestruida con la anterior alcaldía de Pinturita; el mismo corte, corrupto y destructor.

Este presidente ha dado muestras fehacientes de un autocratismo que tiene al país a las puertas de una recesión. Su presidencia se caracteriza por la terquedad, con el agravante de que sus asesores han sido escogidos más por su activismo político que por sus capacidades y preparación.

Los que descollaban por sus capacidades renunciaron o fueron despedidos por el autócrata.

En estos 18 meses de desgobierno ha mostrado sus verdaderas intenciones; lentamente va configurando su ejército de alfiles alimentados a base de prebendas y mermelada.

Por el lado de la oposición crece el descontento y disminuye exponencialmente la aprobación a su desafortunada gestión. Comienzan los debates en el Congreso sobre la salud, las pensiones y la laboral, esperando que prime la sensatez y el buen juicio de senadores y magistrados.

En caso de ser aprobadas le entrarán billones al presidente, para ser repartidos a sus mamertos seguidores, en forma de prebendas y mermelada, a manos llenas. Y ahí sí, ¡apague y vámonos!

No es el monstruo destructor, y, no toda su estructura filosófica es perversa y dañina.

jueves, 15 de febrero de 2024

El gran "coste de la oportunidad" que paga hoy Colombia

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Toda decisión tiene un costo de oportunidad asociado y representado por el valor de la alternativa a la que se renuncia, lo que se rechaza, sacrifica o se deja de lado. Dicen lo montañeros de mi tierra: “El que saca, y no le echa, se le acaba la cosecha”. Una nación no progresa cuando un Gobierno tiene como misión terminar con el sector productivo del país.

En pleno siglo XXI las naciones no soportan el costo asociado a la volatilidad de los extremos ideológicos ni los ensayos restrictivos de la libertad desde el ejercicio del poder. Eso resulta en la quiebra de cualquier hacienda pública, en la miseria del sector privado y perpetúa la ignorancia como dictadura.

Colombia votó en 2022 por un cambio a la loca, por un salto al vacío, pero sin paracaídas. Nunca se le dijo al ciudadano cuál sería el costo directo, ni el costo de oportunidad que ese cambio le representaría frente al gran potencial de nuestro país, a sus libertades democráticas y al bolsillo de todos los que no vivimos del derroche gubernamental.

Para entender las consecuencias de permitir que un gobierno imponga un nuevo modelo que auspicia el terrorismo, emulando los cambios que viene generando el socialismo del siglo XXI en naciones hermanas, miremos el costo de oportunidad, lo que perdemos al desviarnos de una tradición democrática de más de 200 años, corriendo el riesgo de caer en una tiranía neo-estalinista patrocinadora del narcoterrorismo y producto de un viaje psicodélico gubernamental sin precedentes.

¿Qué puede haber más valioso que la vida y el tiempo? Y mientras aquí lo que llaman paz se paga con vidas, si sumamos el tiempo perdido de 50 millones de personas a causa de decisiones equívocas producto de la mediocridad, la ignorancia, la soberbia, el odio, el resentimiento personal o ideológico, o los egos de las figuras que dominan la política, esos son, el mayor costo de oportunidad que puede pagar toda una nación.

¿Cuál es el costo de oportunidad para el desarrollo si los fondos públicos y los recaudos impositivos se dedican a financiar acuerdos utópicos con el crimen organizado, dejando de lado la financiación de la nutrición infantil, la seguridad ciudadana, la salud, la construcción de infraestructura, la educación y el deporte, la conectividad y la formación de empresas y actividades económicas lícitas?

Colombia, en comparación con la gran mayoría de las naciones desarrolladas, está ubicada en el ombligo del mundo, es país tropical y andino, con montañas y forestas que le dan recursos hídricos y energéticos limpios, está llena de minerales preciosos e hidrocarburos que le pueden garantizar autoabastecimiento e ingresos para su desarrollo y para pagar una transición energética gradual y sostenible. Nuestro país es, comparativamente a su tamaño, la gran potencia en biodiversidad, selvas tropicales húmedas y páramos, con regímenes lluviosos trimestrales, y unas planicies sujetas a sequías e inundaciones semestrales.

Nuestra diversidad cultural y complejidad geográfica están llenas de un capital humano y una cultura laboriosa y de superación de la que emana un ingenioso espíritu emprendedor. Aquí nunca ha sido fácil formar capitales, la necesidad esencial ha sido progresar como nación y hoy podríamos estar avanzando en desarrollo con el propósito de migrar a una sociedad del conocimiento de la forma en que lo hicieron Corea del Sur, los Tigres Asiáticos o Emiratos Árabes Unidos.

Por tanto, nuestro país, manejado de manera confiable y consistente en lo que queda de este siglo, puede ser uno de los principales centros de atracción de inversión extranjera global para la preservación y la transformación del planeta, donde las grandes naciones deben ser los principales actores de la descarbonización y nosotros los grandes proveedores de energías limpias, biodiversidad, conocimiento, recursos y servicios.

Colombia puede ser, en medio de la complejidad geopolítica actual, un centro global y regional físico y digital a la vez, que articule inversión productiva, turismo, maquila, distribución y comercio internacional. Tiene costas en los dos océanos, puede desarrollar redes de trasporte y ductos que superen la complejidad de nuestra accidentada geografía.

Colombia puede ser un lugar seguro en toda la extensión de la palabra si el Estado garantiza la legalidad y la justicia como los rieles sobre los cuales rueda una democracia; si cuajamos la determinación de contar con políticas de Estado a mediano y largo plazo que sean sólidas y sostenibles, que propendan por una educación intelectual, científica y deportiva sustentada en la formación de una cultura sana de desnarcotización de la juventud, de la economía y de la política, ayudada con nuevas tecnologías que protejan todo ese acervo de recursos anteriormente enumerado.

Ello requiere que los gobiernos venideros dejen el populismo ideológico y administren bien el Estado, en lugar de dedicarse a la politiquería y el clientelismo con cargo a la miseria del pueblo que dicen representar.

Pagamos un gran costo de oportunidad por no tener legalidad para garantizar la vida, la seguridad a la inversión y la propiedad de los nacionales y los extranjeros. Pagamos por no poder fortalecer la macroeconomía explotando de manera tecnificada nuestro activo minero-energético y haciendo un uso juicioso de su producido en la construcción de una gran infraestructura física y digital que nos permita avanzar en esta era del conocimiento, y desarrollar nuevas industrias y servicios integrados a la globalización, a la regionalización y a ser un centro de turismo cualificado y calificado.

Pagamos caro el costo de no tener un sistema integrado de manejo del recurso hídrico, coordinado con reglas claras de protección y mitigación ambiental balanceadas, compatibles con las necesidades y demandas del desarrollo socioeconómico, y la construcción de presas y generadoras en los afluentes de los grandes ríos, y así poder construir reservas hídricas, sistemas de riego y manejar canales para habilitar tierras productivas en las planicies, evitando sequías e inundaciones.

Pagamos un alto costo por no hacer la reconstrucción de las ferrovías, interconectar física y digitalmente las urbes y el campo, no ampliar los sistemas de vías primarias de nueva generación, ni mejorar de las vías terciarias, por no hacer una construcción masiva de túneles, puentes, por no mejorar la navegabilidad de algunos ríos y ampliar la red de poliductos para hidrocarburos y aguas, por no construir más puertos, por no mejorar en lugar de destruir los sistemas integrados de salud y transporte, los centros educativos, deportivos y cárceles, de modo que el Estado le garantice a cada ciudadano las oportunidades propias del debido cumplimiento de sus obligaciones.

Pero como dice un viejo adagio: “por la cagada se conoce el pato”. Y cuando lo que Colombia necesita es seguridad, un manejo serio, competente, consistente y sostenible de la cosa pública, educación, cultura y salubridad física y mental, lo que este Gobierno intencionalmente deja en cada decisión que toma es: destrucción de valor económico e institucionalidad, miseria humana y empobrecimiento colectivo, mediante la legitimización del crimen organizado, asociado a la violencia criminal, el narcoterrorismo y el subsidio a la milicianización y el microtráfico.

martes, 23 de enero de 2024

FFMM: de la emasculación al control

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

Para Lenin, quien sostenía que el poder depende del fusil, la consolidación del Estado totalitario no es posible si al poder militar no se le suman los poderes político, económico y cultural.

Lo más importante no es el orden en que adquiere el control de esos poderes, sino ejercer el dominio absoluto sobre todos ellos.

En Colombia avanza ese proceso: tienen el ejecutivo, buena parte del judicial, se aprestan a ocupar la fiscalía, y un Congreso siempre sobornado les aprueba todo; y para transformar la cultura, actúan sobre tres frentes:

1. Ahora, en vez de suprimir la Iglesia —como hicieron en 1917 en Rusia y como hizo Castro en Cuba a partir de 1959—. esta, a través de la teología de la liberación, se pone al servicio de la revolución, mientras los templos se desocupan y la poca doctrina que queda se diluye.

2. Los medios masivos son tomados ideológicamente por “comunicadores” de izquierda, y los que son libres o contestatarios son marginados o eliminados.

3. El sistema educativo, desde la guardería hasta el posgrado, se ha convertido en un mecanismo de adoctrinamiento colectivo.

Como todo lo que se ha logrado hasta hora es endeble, si no se tiene el absoluto poder militar, hay que conquistarlo para hacer posible la revolución.

Si consideramos la actual correlación de fuerzas podemos pensar:

1. Que las fuerzas militares apenas están neutralizadas, y, por tanto, no son todavía plenamente confiables para el Gobierno.

2. Que las incipientes milicias campesinas aún no están entrenadas, y por tanto no son operacionales.

3. Que todavía falta reclutar y entrenar los 100.000 “jóvenes de paz”, para que se conviertan en algo comparable a los Colectivos Bolivarianos de Venezuela.

Entonces, como el Gobierno no dispone aún plenamente del monopolio de la fuerza, todavía tiene que simular que se mueve dentro de la Constitución y la Ley.

Pasemos ahora a considerar lo de las fuerzas armadas legítimas. Tan pronto se posesionó Petro, con la remoción de unos 80 generales fueron emasculadas, castradas o capadas. A esa calificación masiva de servicios —que las desorienta, por decir lo menos—, siguieron la reducción presupuestal, la deficiencia operativa y la inhibición en el cumplimiento de su misión, por el cese unilateral del fuego, decretado por el Gobierno.

En Perú, Chile y Argentina, las fuerzas militares no pudieron ser emasculadas. En consecuencia, Castillo está preso; Boric, maniatado; y Milei, elegido, mientras Petro, en medio de diarios e inconcebibles escándalos, sigue, sin pausa, ejecutando el plan estratégico para convertirnos en otra Venezuela.

El país va muy mal, pero Petro muy bien. Y para él ha llegado entonces el momento de intentar el control absoluto de las fuerzas militares. Los generales despachados son reemplazados por coroneles, y estos, por otros oficiales, y así sucesivamente ocurre en cada grado, de manera que a todos los peldaños solo pueden acceder los militares que estén dispuestos a aceptar la nueva orientación, es decir, una oficialidad obediente y leal al Gobierno.

Con unas fuerzas armadas depuradas de preocupaciones sobre la Constitución, la legitimidad, la democracia y el modelo económico-social de libertades individuales, la revolución no puede detenerse.

Por eso, Petro ha iniciado una ofensiva, hasta ahora asordinada, de seducción y amable acercamiento hacia el personal militar, cuyo bienestar ahora le interesa. A la Armada ya se le ha prometido el manejo portuario; el torcido mindefensa actual será cambiado por alguien simpático y accesible, mientras se prepara la adquisición de material procedente de los nuevos y generosos países “mejor-amigos”.

Entretanto, según se filtra, los seiscientos y punta de oficiales que se preparaban para ascenso en los distintos escalones, han sido cuidadosamente perfilados para que el Gobierno —que aprueba las promociones— pueda estar seguro de su lealtad. Hasta donde se sabe, cerca de 300 de esos aspirantes, que habían completado sus cursos, han sido retirados del servicio activo.

El gran Brusiloff no fue el único general zarista que se plegó a la revolución, y sobre los cimientos del Ejército Imperial se edificó el Ejército Rojo.

Vamos hacia unas fuerzas armadas donde la lealtad política, en lugar de la preparación profesional y el compromiso con la Constitución, sea lo determinante para el ascenso y la dirección de las operaciones.

El tiempo vuela: ¡Es hora de mirar lo que se está moviendo en las fuerzas militares!

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¡Antes de su visita al Vaticano, para asegurar la colaboración eclesiástica en la paz total, nuestro piadoso gobernante se reúne con la Comunidad de San Egidio, tan católica como el ELN!

martes, 10 de octubre de 2023

¡Concertación: 80 contra 23... y entrega!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

Por la puerta falsa avanza, sin pausa y en la sombra, el proceso constituyente del Comité Nacional de Participación, convenido entre Petro y el ELN, en presencia de los jefes habaneros de ambos.

En ese comité “deliberan” ochenta “organizaciones” que dizque representan a la “sociedad civil”. Setenta y cuatro (74) de ellas, de extrema izquierda, y seis (6) de talante democrático. En consecuencia, por 74 versus 6, siempre y a la sombra, se prepara el documento “vinculante” para suplantar la Constitución cuando se firme el acuerdo ELN-Petro. Es decir, el día en que ambos brazos de la revolución colombiana estén seguros de contar con la supremacía “militar”, la capacidad de aniquilar al enemigo burgués, esclavista, explotador, nazi-fascista, terrateniente, capitalista, etcétera, etcétera.

Ese día, no tan lejano, no habrá plebiscito, ni tampoco será necesario el prevaricato legislativo, porque no permitirán que se repita la jubilosa sorpresa del pueblo colombiano hace siete años cuando se conocieron los resultados adversos a la entrega a las FARC.

No me canso de repetir lo anterior, porque ese desenlace no es fantasía, sino que ha sido cantado sin el menor rubor por ambos actores revolucionarios, mientras los partidos democráticos se resignan al juego parlamentario. Para ellos, mientras haya debates y dietas en la Cámaras, dizque sigue vigente la Constitución, ignorando que esta es una convicción, una creencia colectiva que no puede confundirse con un cuadernito sujeto a los juegos dialécticos de la lucrativa política clientelista.

Pues bien, en medio del más aterrador clima de corrupción, entre escándalo y escándalo, entre delito y delito, entre amenazas y tomas, el Gobierno navega plácidamente, porque sabe que la clase política está al margen de la moral y de los principios en los que se fundamenta la legitimidad.

Entonces, en estos tiempos de confusión, “la concertación” a través del proceso parlamentario aparece como la fórmula salvadora de la democracia.

Como reformar es “modificar algo con el fin de mejorarlo” (DRAE), vemos que las de Petro no son reformas sino demoliciones. La tributaria ya afectó el crecimiento de la economía. La agraria nos conducirá a la hambruna. La sanitaria nos dejará sin atención médica. La pensional, sin jubilaciones dignas ni mecanismos de financiación de la infraestructura. La laboral, en vez de crear empleo, lo destruye, y con la “estabilidad” anula la libertad empresarial...

Como si esto no fuera tóxico en grado sumo, seguirán las “reformas” de la educación (preparadas por Fecode), el establecimiento de la jurisdicción agraria, para eliminar el derecho de propiedad rural, y las demás necesarias para completar el modelo colectivista que se inicia con las cuatro primeras.

La respuesta de los partidos democráticos es continuar con una “actitud constructiva” frente a un Gobierno destructivo, lo que solo puede añadir uno que otro articulito cosmético a sus iniciativas. Todas ellas son ferrocarrileadas con la locomotora de la mermelada.

Basta considerar que la infame “reforma” de la salud pasó con 80 votos contra 43 en la Cámara, y que todos y cada uno de los atentados legislativos contra el país pasarán raudos por 80 contra 43, mientras en el Senado se prevén también sólidas y embadurnadas mayorías.

En esas condiciones, en pocos meses todo el modelo de libertades personales, económicas y empresariales habrá desaparecido “democráticamente”... ¡Y todos contentos, mientras la atención desmejora y la muerte acecha en las largas colas de espera burocrática en el arcaico sistema cubano-colombiano!

Todas las iniciativas de este Gobierno son funestas y, por lo tanto, no concertables. Así nos van a llevar, en pocos meses, a ser otra Venezuela, pero ¡qué viva la democracia...!

Cua - cua, cantaba un pajarillo sobre el lomo de la serpiente, en la inmortal fábula de Luis Carlos López...

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A medida que se acumulan los escándalos, los jefes y sus partidos políticos guardan silencio cómplice y culpable, con la valerosa excepción del expresidente Pastrana Arango y de Enrique Gómez, que exigen la anulación de la elección de Petro y Francia, cuya extralimitación de gastos ronda apenas los veinte mil millones de pesos...

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En cambio, el doctor Álvaro Uribe Vélez, digno expresidente de la República, será sometido a un juicio grotesco, en un despacho politizado, para saciar la venganza comunista, que lo perseguirá siempre, por haberles aplazado la toma del país...

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¡Democráticamente, entre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, Nicolás Petro y su papá serán consagrados como paradigmas morales, injustamente calumniados por una periodista y perseguidos por un fiscal!

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El nombramiento de Juan Carlos Florián en el Ministerio de las Locas, los Locos y les Loques indica el nivel intelectual y moral del actual Gobierno colombiano.

martes, 18 de julio de 2023

Lo que nos deja el comunismo

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

La inconsciencia colectiva y la ausencia de sólidos valores en la clase dirigente llevan con frecuencia a las naciones al abismo materialista y totalitario del régimen comunista.

Fue lo que acaeció en Colombia el pasado año a pesar de las públicas amenazas del Foro de Sao Paulo, desatendidas por gobernantes y dirigentes políticos, más interesados en su perpetuación en el poder que en la suerte de sus coterráneos.

Se entregó el poder a una camarilla ajena a los más elementales principios éticos, obnubilada con la implantación de las doctrinas marxistas-leninistas, sin importar los medios que haya que utilizar ni las consecuencias de anarquía, miseria y esclavitud que sobrevendrán necesariamente a la población bajo su yugo.

Comenzó con la decapitación de la cúpula militar para devastar su capacidad operativa, mientras se arman grupos irregulares de vándalos y sicarios bajo los remoquetes de guardias campesinas e indígenas o gestores de paz, como ha ocurrido en otros pueblos que han caído bajo el dominio comunista.

Todo un programa de beneficios a los cultivadores de coca e impunidad para vándalos, terroristas, políticos corruptos y narcotraficantes que apoyaron la campaña petrista a la Presidencia se ha puesto en marcha, cobijado con el engañoso lema de la “paz total”.

Con las reformas tributaria, laboral y pensional, y los proyectos contra la explotación de hidrocarburos y a favor de la expropiación, sólo cabe esperar la destrucción del sector empresarial y el advenimiento del desempleo, la miseria y el caos social que han caracterizado los sistemas comunistas.

Pero si esto es lo que se ha podido vislumbrar en el primer año del régimen totalitario del camarada Petro, todavía nos espera lo peor. Con el pretexto de las negociaciones de paz con los narcoterroristas del ELN, se está entregando el futuro de la patria al totalitarismo comunista, a espaldas del pueblo colombiano y, lo que es más grave, con la complicidad de la clase política.

Ya Petro creó, por pedido del ELN, la Comisión Nacional de Participación, “para recoger, sistematizar y presentar las propuestas de la sociedad civil que deben ser acogidas de manera automática y vinculante por la mesa de negociación”.

Y, ¿quiénes son los que representan a la sociedad civil? Pues 70 grupos o colectivos de orientación marxista-leninista, entre los cuales se encuentran Fecode, Comando Nacional Unitario, Mesa Permanente de Concertación Indígena, dos frentes de la Primera Línea, personas privadas de la Libertad, y otras “juntanzas” por el estilo, y unos 10 representantes del Gobierno, el Congreso y los gremios que servirán de comodines para dar apariencia de neutralidad a este contubernio del “yo con yo”.

Como certeramente anota el filósofo Alfonso Monsalve Solórzano: “Lo que recomienden será asumido por la mesa de negociación y convertido en ley de la república o norma constitucional, como sucedió con las FARC. El cambio de nuestro modelo de Estado impuesto por la puerta de atrás. Y un proceso de negociación con reconocimiento político es lo que también se nos viene con el Estado Mayor Central y la Segunda Marquetalia. Y reforzado con la presencia de cien mil mercenarios pagados por Petro con el dinero de los colombianos, para que «no maten»”. (http://www.lalinternaazul.info/2023/07/16/doxa-solipsismo/)

No es ahora el momento para quejarse o llorar sobre la leche derramada. Es la hora de la unión de los colombianos de bien, de los que aún creemos en la libertad y en los principios cristianos y los valores democráticos que dieron origen a nuestra nacionalidad. Debemos unirnos en una sola voluntad, dejando a un lado el egocentrismo y el afán de protagonismo para que formemos una gran fuerza pluralista, independiente de la cuestionada clase política y dispuesta a luchar por la salvación del país. Una fuerza a la que podríamos llamar “Colombianos al rescate”.

Su primer objetivo debe ser apoyar el juicio político para destituir a Petro, con fundamento en la denuncia presentada por el jurista José Manuel Abuchaibe ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, por violación de los topes financieros de la campaña electoral señalados por la ley. Cumplida esta tarea, debemos prepararnos en los próximos 3 años para recuperar el poder, archivar las funestas iniciativas del régimen comunista y rescatar nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestra Nación, de las garras del lobo con piel de oveja que se apropió fraudulentamente del poder.