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lunes, 9 de febrero de 2026

Sin unión no hay paraíso

No son personalismos: es sobre el modelo de país. Los mínimos civilizatorios que requerimos.

María Cristina Isaza

*Lo diré claramente: en mi concepto la mejor propuesta (seria, desinteresada, que sí estaba en pro de salvaguardar a Colombia) fue la de los expresidentes Gaviria y Uribe, cuando propusieron una gran consulta en la que participaran todos juntos: desde Abelardo, hasta Fajardo. Ese claramente era el camino.*

Colombia parece empeñada en repetir sus errores. Y lo más inquietante es la incapacidad del espectro político y ciudadano del centro a la derecha para entender la magnitud del momento histórico que vivimos.

El escenario que se está configurando para 2026 lo veo peligrosamente similar al de 2022: egos desbordados, ciudadanos comportándose como barras bravas defendiendo personas en lugar de modelos de país, fuego amigo (entre candidatos y entre equipos) y una profunda incapacidad para priorizar el modelo de país sobre las aspiraciones individuales.

La ironía brutal, es que mientras tanto, el proyecto de izquierda radical ha avanzado, disciplinado, cohesionado y con objetivos claros. (Aunque esa cohesión se fragmentará con la no participación de Cepeda en la consulta, inevitablemente se armará el bloque que rodee a Cepeda y el que apoye a Roy, quien en este panorama es el gran opcionado).

Las similitudes al 2022.

Fragmentados, otra vez:

Por un lado, un centro–centro izquierda que minimiza la amenaza y desprecia el riesgo sistémico, y por otro, un bloque del centro a la derecha fragmentado, ruidoso y más ocupado en atacarse que en construir una mayoría viable para ganar presidencia y tener un buen Congreso.

El resultado es predecible: dispersión del voto, una segunda vuelta favorable al continuismo que ya exacerbó la feria burocrática, que hizo la gran movida irresponsable y populista de un aumento desmedido del salario mínimo (sin importar las consecuencias para el empleo formal e inflación). Además, el candidato del continuismo goza de ser “suavizado” por algunos sectores, a pesar del peligro real que representan sus ideas para la economía de mercado y la democracia (apoyó todas las reformas nefastas de Petro, ve con buenos ojos a Cuba y la Venezuela del chavismo).

En 2022, Rodolfo Hernández logró capitalizar el hastío y pudo desligarse de la etiqueta de “derecha, establecimiento”. Hoy eso no es posible. Abelardo, quien se denomina como “anti establecimiento”, carga con símbolos, amistades, alianzas y estilos que le dificultan enormemente la ampliación hacia el centro y centro izquierda. Y en política, sin ampliación muy difícil la victoria. Le ayudaría buscar una alianza para Vicepresidencia con alguien del centro político. También parece que los candidatos del centro a la derecha (los de la consulta, Abelardo y demás) están concentrados en hablarle al votante de derecha, que es el que tiene más que claro que no quiere continuismo.

El “extremo centro” con su abstención moralista y la renuncia a su responsabilidad histórica.

Hay algo especialmente preocupante en el comportamiento del llamado “centro bien pensante” (también se comporta como un extremo). Ese sector que, ante la disyuntiva histórica, siempre opta por la “abstención moralista”, el voto en blanco o “irse a ver ballenas” antes que asumir una decisión incómoda; aunque lo que esté en juego sea el modelo político y económico.

Se repite el mismo patrón: se subestima la amenaza, se relativiza el daño y se acusa a quienes alertan de “extremistas que asustan con el comunismo”. Exactamente el mismo error que cometió buena parte de la élite intelectual venezolana en los primeros años del chavismo.

La historia es terca: los procesos autoritarios no llegan de golpe. Llegan paso a paso. Empiezan reformando la Constitución, debilitando contrapesos, capturando instituciones, destruyendo empresas estratégicas y normalizando el clientelismo.

Decir hoy que “esto no se volvió Venezuela” no es un argumento: es una negación peligrosa. Venezuela tampoco lo era en 1999 (solo hasta el segundo período de Chávez comenzaron las expropiaciones, en 2007 anunció el “socialismo del siglo XXI”, en 2009 se estableció la reelección indefinida, en 2012 comenzó crisis económica, social y política; en 2016 estalló la hiperinflación y comenzaron los éxodos masivos).

*Un proyecto que ya tiene el camino abonado*

El petrismo no está improvisando. Tiene estructura, tiene narrativa y tiene objetivos claros. Ya dieron el primer paso para una Asamblea Nacional Constituyente (ya pueden comenzar a recoger firmas). Ya han presionado al Banco de la República para que emita y aplique políticas no ortodoxas. Ya han promovido que debieran aplicarse controles de precios. Ya han debilitado a Ecopetrol, replicando el mismo libreto con el que Chávez destruyó PDVSA: expulsar técnicos, politizar la empresa y convertirla en fortín burocrático.

Colombia ha resistido, no por “lo bueno del Gobierno”, sino a pesar de él:

* Gracias a instituciones que aún se sostienen.

* A un empresariado resiliente que ha soportado ataques constantes.

* A condiciones macroeconómicas favorables.

* A instituciones que han hecho contrapeso como el Banco de la República, las Cortes y el Congreso (aunque el clientelismo y la corrupción hicieron mucha mella en el último)

*Aquí no es sobre personas, ¡es sobre el modelo!*

Este no es un debate entre nombres propios. Es un debate entre dos modelos de país: uno basado en la libertad de mercado, la institucionalidad y el progreso. El otro, basado en el estatismo, el clientelismo y la desconfianza hacia la empresa.

Un segundo mandato de irresponsabilidad económica y políticas anti empresa podría ser letal.

La elección que no estamos entendiendo

En este contexto, apostar todo a una segunda vuelta es un error estratégico grave: hay presión armada en múltiples territorios (aunque en este sentido nos sirvió la reunión con Trump, quien le puso reglas claras, y ya vimos que ordenó bombardeo al ELN), tienen el poder político, presupuesto… además no olvidemos la posible compra de votos y fraude electoral (en lo que pienso también nos pudo incidir positivamente la reunión con el presidente Trump). La mejor posibilidad real de frenar este proyecto es ganar en primera vuelta, o al menos llegar con una ventaja clara y una coalición sólida.

*Lo diré claramente: en mi concepto la mejor propuesta (seria, desinteresada, que sí estaba en pro de salvaguardar a Colombia) fue la de los ex presidentes Gaviria y Uribe, cuando propusieron una gran consulta en la que participaran todos juntos: desde Abelardo, hasta Fajardo. Ese claramente era el camino.* Pero unos candidatos (por ejemplo Vicky), se dedicaron al “fuego amigo” a estigmatizar a Abelardo como de “extrema derecha” y a atacarlo constantemente. Por otro lado Fajardo y Abelardo se negaron a participar cuando ya fueron formalmente invitados : Fajardo aludiendo a que la consulta “polariza”, es de “extremos” y Abelardo porque “tiene un mandato popular y la consulta genera gastos innecesarios”. Lamentable…

Hoy podríamos pagar el costo de la falta de cohesión y de no entender el verdadero objetivo. A Venezuela le ha costado 26 años unirse. Ojalá, al menos en segunda vuelta, prime finalmente el país sobre los egos y se rodee al candidato que sea pro mercado, pro seguridad y no simpatizante de las dictaduras cubana y venezolana. Esos son los acuerdos mínimos fundamentales.

Hoy veo con preocupación que, de los candidatos de la gran consulta, solo Paloma ha sido directa en decir que apoyaría a Fajardo o a Abelardo en una eventual segunda vuelta sin el ganador de la consulta. Si estos dos candidatos hubieran sumado a la gran consulta, los demás participantes tendrían que rodearlos y se hubiera bajado un poco el ruido a los ataques y señalamientos que de nada nos sirven hoy. Eso es parte del encanto de este mecanismo.

*Algunas preguntas que deberíamos estar haciéndonos como país:*

¿Cuánto más habría crecido Colombia con un Gobierno comprometido con el progreso?

¿Cuánto hemos dejado de ganar por malas decisiones en el sector minero-energético, clave para la estabilidad fiscal?

¿Cuántos colombianos no han salido de la pobreza por la negligencia del actual gobierno?

martes, 3 de febrero de 2026

De cara al porvenir: izquierda, derecha y centro

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

En el ámbito político, los términos "izquierda", "derecha" y "centro" son utilizados para describir diferentes ideologías y posiciones políticas. A continuación, exploraremos el origen de cada concepto, sus características y algunos autores que las respaldan.

Orígenes de los términos

La distinción entre izquierda y derecha tiene su origen en la Revolución Francesa, cuando los diputados que apoyaban al rey Luis XVI se sentaban a la derecha del presidente de la Asamblea Nacional, mientras que los revolucionarios se sentaban a la izquierda. Esta disposición se convirtió en un símbolo de las diferentes posturas políticas.

La izquierda

La izquierda se enfoca en la igualdad social y la justicia. Sus características incluyen:

* Intervención del Estado: la izquierda promueve la intervención del Estado en la economía para garantizar la igualdad y la justicia social.

* Distribución de la riqueza: la izquierda busca una distribución equitativa de la riqueza y la reducción de la brecha entre clases sociales.

* Protección social: la izquierda prioriza la protección social y los servicios públicos, como la educación y la salud.

Algunos autores que respaldan la izquierda son:

* Karl Marx: Marx es uno de los principales exponentes del socialismo y el comunismo. Su teoría se centra en la lucha de clases y la alienación del trabajo.

- Friedrich Engels: Engels fue un colaborador cercano de Marx y contribuyó significativamente a la teoría marxista.

La derecha

La derecha se enfoca en la libertad individual y la economía de mercado. Sus características incluyen:

* Libertad individual: la derecha prioriza la libertad individual y la propiedad privada.

* Economía de mercado: la derecha promueve la economía de mercado y la no intervención del Estado en la economía.

* Valores tradicionales: la derecha a menudo se asocia con valores tradicionales y conservadores.

Algunos autores que respaldan la derecha son:

* Adam Smith: Smith es conocido como el padre del liberalismo económico. Su teoría se centra en la mano invisible del mercado y la división del trabajo.

* Ayn Rand: Rand fue una filósofa y escritora que defendió el individualismo y el capitalismo laissez-faire.

El centro

El centro se enfoca en encontrar un equilibrio entre la izquierda y la derecha. Sus características incluyen:

* Moderación: el centro busca encontrar soluciones moderadas y pragmáticas a los problemas políticos y sociales.

* Equilibrio: el centro promueve el equilibrio entre la libertad individual y la justicia social.

* Pragmatismo: el centro se enfoca en encontrar soluciones prácticas y efectivas a los problemas.

Algunos autores que han escrito sobre el centro son:

* Giovanni Sartori: Sartori fue un politólogo italiano que escribió sobre la democracia y el centro político.

* Ángel Rodríguez Kauth: Kauth es un académico e investigador que ha escrito sobre el centro político y su papel en la sociedad.

En resumen, la izquierda, la derecha y el centro son conceptos políticos complejos que han evolucionado con el tiempo. Entender sus características y orígenes puede ayudar a clarificar las diferentes posiciones políticas y promover un diálogo más informado y constructivo.

Ahora bien, hay posturas extremas que hacen parte del recorrido de este péndulo ideológico:

Ultraizquierda:

La ultraizquierda se refiere a una posición política que busca una transformación radical de la sociedad, a menudo a través de medios revolucionarios. Sus características principales son:

* Rechazo al capitalismo y la economía de mercado.

* Apoyo a la propiedad colectiva o estatal de los medios de producción.

* Defensa de la igualdad y la justicia social.

* A menudo, apoyo a la violencia revolucionaria como medio para lograr el cambio.

Algunos exponentes y autores asociados con la ultraizquierda son:

* Karl Marx y Friedrich Engels (fundadores del comunismo).

* Vladimir Lenin (líder de la Revolución Rusa).

* Mao Zedong (líder de la Revolución China.)

* Che Guevara (líder revolucionario argentino-cubano).

* Hugo Chávez (presidente de Venezuela, 1999-2013).

Ultraderecha:

La ultraderecha se refiere a una posición política que busca preservar o restaurar la autoridad y la tradición, a menudo a través de medios autoritarios. Sus características principales son:

* Rechazo al cambio social y la modernización.

* Apoyo a la autoridad y la jerarquía.

* Defensa de la identidad nacional o étnica.

* A menudo, apoyo a la restricción de las libertades individuales y la represión de la disidencia.

Algunos exponentes y autores asociados con la ultraderecha son:

* Friedrich Nietzsche (filósofo alemán).

* Benito Mussolini (líder fascista italiano).

* Adolf Hitler (líder nazi alemán).

* Augusto Pinochet (dictador chileno).

* Steve Bannon (asesor político estadounidense).

Es importante destacar que estos términos son a menudo utilizados de manera peyorativa y que muchos de los individuos mencionados no se identificarían como "ultra zquierda" o "ultraderecha". Además, el espectro político es complejo y no se reduce a estas dos categorías.

viernes, 17 de diciembre de 2021

El futuro está en la transformación, no en la revolución

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez*

“Toda transformación surge siempre de un liderazgo auténtico, visionario y estratégico que respete los principios fundacionales de las naciones y construya futuro a partir de los mismos. La revolución destruye los cimientos de los pactos sociales y engaña al pueblo con la retórica de un discurso demagógico y populista de odio de clases, del cual hoy se vale el comunismo narcoterrorista para alimentar el descontento social y proteger su negocio, manteniendo estados de anarquía, caos e ilegalidad que solo pueden producir miseria y desesperanza”.

Mientras la transformación agrega valor, la revolución lo destruye. Es la gran conclusión que resulta después del análisis de las realidades de nuestra región en contraste con las grandes transformaciones en las últimas siete décadas de naciones como Japón, Corea de Sur, Singapur, Hong–Kong y Emiratos Árabes Unidos. Los números y los hechos no mienten, demuestran la razón del desarrollo de estas naciones.

En este lado del mundo, desde la revolución francesa, quienes, sin logros propios, se adueñaron de la intelectualidad, nos vendieron la basura revolucionaria comunista, que en siglos pasados los propios europeos nunca aplicaron más que como herramienta para reemplazar un sistema opresor o un autoritarismo por otro.

Hoy, Cuba y la retrograda izquierda Iberoamericana, nos siguen empaquetando como socialismo del siglo xxi, el virus revolucionario del comunismo opuesto a la libertad de mercados que sostiene las democracias. Única forma de justificar la esclavización de naciones enteras que pierden la esperanza, la moral y la ilusión que alimenta el espíritu libre de nuestros pueblos.

Pongámonos las pilas y salgámonos del ring de boxeo entre izquierda y derecha. Como están las cosas en la geopolítica actual, respetando los principios fundacionales con que iniciamos hace doscientos años sobre los conceptos de libertad y orden, hoy más que nunca, Colombia vuelve a tener la oportunidad de abordar con unidad de visión, estrategia y profesionalismo, una transformación histórica para atraer inversión global y salir del subdesarrollo.

El país debe aprovechar el relevo generacional e ideológico que representó el triunfo de Duque en 2018 por más de dos millones trecientos mil votos sobre la absurda presencia de un candidato guerrillero con un claro pasado antisocial.

Le queda ahora a la sociedad y a la clase dirigente nacional la tarea de encontrar una unidad de visión para proteger la institucionalidad y continuar el camino del desarrollo y el progreso. Colombia unida debe desechar la devastadora propuesta atada a las ideas revolucionarias, y construir sobre las “Políticas de Estado transformacionales” que le deja la presidencia de Duque al país como doctrina de progreso para la construcción de un mejor futuro para todos en materia de legalidad, emprendimiento y equidad.

Está en manos del pueblo, del nuevo parlamento, del sistema judicial y de quien llegue a conducir al país; elegir entre el costo y el poder destructivo de una revolución que lleva al caos totalitario, y el camino de la transformación productiva responsable marcado por el gobierno de Duque.

Anexo. Ocho políticas de Estado que le deja el gobierno de Duque al país

1. Gratuidad en la Educación para los jóvenes más necesitados

Con visión y audacia en el momento económico más crítico del país, Duque logró establecer esta política de Estado, como la única vacuna de equidad a largo plazo contra la pobreza. Ello garantiza elevar el nivel cultural de la sociedad en función de una convivencia civilizada y la continuidad futura de los procesos transformacionales.

2. Vacunación masiva ejemplar y fortalecimiento del sistema de Salud

Los resultados son el producto del trabajo del gran capital humano con que cuenta el sistema de salud colombiano y la dedicación constante, profesional y personal del presidente y su equipo, a la protección “igualitaria y equitativa” de todo el pueblo colombiano frente a una pandemia.

3. Asistencia humanitaria sin precedentes en las crisis migratorias mundiales

Al lograr solventar, con herramientas de formalización y solidaridad social, la llegada de dos millones de desplazados por la dictadura venezolana, con poca solidaridad internacional, Duque le hizo frente a este problema migratorio con un sentido humanitario sin precedentes en ninguna otra crisis similar en el mundo.

4. Formación de una verdadera cultura de la legalidad

El gobierno de Duque, con profundo respeto de los derechos humanos, se ha dado a combatir la violencia por medio de la formación de una verdadera cultura de la legalidad. No ha negociado con la ilegalidad ni con las organizaciones criminales. Sin necesidad de cambiar constituciones en favor de la impunidad, ni poner en riesgo los derechos de las víctimas ni las libertades de todos los ciudadanos que cumplen sus obligaciones, rompió toda una tradición de diálogos, que de antemano se sabe que son estériles mientras las organizaciones criminales no se sometan voluntariamente al respeto y la observancia de la Ley.

5. El Estado al servicio del emprendimiento económico, la inversión, los mercados y del sector privado como principal generador de empleo y reactivación económica

Duque ha defendido sin cálculo político, el sistema de libertades y la economía de mercado solidaria, razón por la cual ha sido constantemente atacado por todo tipo de opositores, y de alcahuetas o defensores de las economías clandestinas y el crimen organizado.

Veamos que ha hecho Duque con los empresarios:

5.1. Se recuperó la confianza inversionista y las cuentas deficitarias recibidas en 2018.

5.2. Enfrentó la depresión causada por el COVID con transferencias a los más necesitados.

5.3. Ayudó a los empresarios a mantener empleos y evitó el desplome del sector productivo.

5.4. Ayudó al sector financiero a poder mantener su papel de articulador de actividad económica.

5.5. Llevó al país a una franca recuperación del PIB y el ingreso real de los ciudadanos.

5.6. Se protegieron las finanzas de los servicios públicos y el suministro energético. (Electrocaribe, EPM).

5.7. Se preservó la propiedad de ISA en cabeza del Estado creando un conglomerado energético regional.

6. Protección a la biodiversidad y el medio ambiente, y transformación energética

6.1. Ejerciendo un liderazgo diplomático que parte de la responsabilidad compartida, Duque posiciona a Colombia como líder global en protección y mitigación ambiental.

6.2. Concientiza al mundo de la correlación entre la producción de cocaína, la pérdida de biodiversidad por medio de la deforestación que acelera el calentamiento global y el cambio climático amenaza la capa de ozono y la existencia de la atmosfera.

6.3. Propone sellar gradualmente la selva tropical húmeda y las zonas de producción natural de agua, e inicia una dinámica de mitigación ambiental que no afecte la explotación y utilización de los recursos naturales, multiplicando la generación y utilización de energías limpias, economías circulares y la modernización y tratamiento en el manejo de aguas y desastres naturales.

6.4. Propone un cambio de enfoque en la lucha contra la deforestación, reemplazando la teoría de la sustitución de cultivos por la relocalización del desarrollo socioeconómico y la generación de empleos rurales con cercanía a los mercados, en función de la protección del ecosistema Andino-Amazónico y la modernización y tecnificación de la producción extractiva.

6.5. Promueve la educación en materia ambiental, la cultura de la siembra de árboles y la reforestación natural y programada, mientras combate la deforestación, la colonización, el desarrollo ilegal y siembra y producción de coca y el narcotráfico como principales causas de destrucción de la biodiversidad del país y el medio ambiente del planeta.

7. Transformación digital del Estado y construcción de incentivos a la innovación y la creatividad de la mano de la construcción de infraestructura física con una ejecución transparente sin precedentes

La digitalización del Estado y la conectividad han avanzado mucho más que nunca, lo cual habilita el desarrollo de la innovación en las industrias y economías creativas y los procesos productivos. Al tiempo el país avanzó mucho en: conclusión de obras de infraestructura física, vías 4-G, secundarias y terciarias, eficiencia en puertos, vivienda y propiedad habitacional, calidad de los combustibles y del aire en las grandes urbes.

8. Ejemplo presidencial de manejo responsable y transparente del Estado y la hacienda pública

Duque ha conducido el Estado con voluntad de servicio, conocimientos, seriedad y sensatez, sin comprometer la transparencia en la utilización de los recursos del Estado, combatiendo las prácticas clientelistas generalizadas, y trabajando por garantizarle al país niveles altos de seguridad nacional y ciudadana, respetando la independencia de poderes, combatiendo la criminalidad, y soportando una oposición violenta apoyada y financiada por el crimen organizado narcotraficante.

domingo, 5 de diciembre de 2021

Emiratos Árabes Unidos: reflexiones desde Dubái Expo-2020

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por Luis Guillermo Echeverri Vélez*

¡Parece que vamos a convertir a Latinoamérica en la Tierra del Olvido!

1. Educar es construir cultura, lo cual demanda vocación, conocimientos, profesionalismo, generosidad, dedicación y disciplina. En cambio, destruir y malcriar es asunto sencillo.

Nuestra civilización entró en la era del conocimiento y dependemos de un ámbito global intercomunicado en tiempo real gracias a la convergencia digital, tecnológica y científica. Lograr o no la “SosTecnibilidad” del planeta y de sus especies requiere que el balance económico y social de cada país sea bueno, para que a los negocios y a los ciudadanos les pueda ir bien en materia de empleo, ingreso real y calidad de vida. Además, es imprescindible que cada región o bloque de naciones con identidad cultural, camine en la misma dirección, pues del progreso o el atraso de cada mercado depende del de sus vecinos o naciones hermanas.

Presencial o virtualmente nuestros maestros y los medios en buen uso de su misión de informar a la sociedad, con ética, mística y mentalidad positiva, deberían mostrarle como ejemplo a la juventud estudiante, todo lo que representa esta impresionante exposición mundial Expo-Dubai 2020, que encarna el globalismo y las comunicaciones convergentes, en lugar de seguir abonando la mediocridad y el resentimiento social, con la trasnochada sopa del populismo regional asociado con el terrorismo.

Al contrastar los estándares de progreso de regiones como la Unión Europea, algunos bloques asiáticos y del mediano Este, con el conjunto de las sociedades de América Latina, se concluye que, en lugar de progresar vamos en un franco retroceso. Mientras que el Asia galopa, en nuestro hemisferio, la inversión y las personas que desarrollan negocios en el sector privado, que son quienes contribuyen y mantienen nuestras economías, no encuentran cómo confiar en aquella otra parte de la sociedad que realiza la conducción política, judicial y administrativa de los Estados.

Al compararnos con casos de éxitos más recientes cómo los de Corea del Sur, los Emiratos Árabes Unidos, Israel, Singapur o Malasia, vemos cómo sus líderes crearon una cultura de superación basada en el respeto a la ley, el orden, la disciplina, el cumplimiento de las obligaciones, el ahorro y la seguridad ciudadana fundamentada en un comportamiento respetuoso de los derechos de los demás. Son naciones donde la sociedad castiga con fuerza la ilegalidad y la corrupción, y tiene un objetivo común: Trabajar para progresar.

2. El elevado costo de los egos, vanidades e Individualismos y de la politización del liderazgo institucional.

Cuando el interés general está primero que el personal, se invierte en educación y no en resentimiento, la justicia representa una garantía, se construye una infraestructura moderna, con la planeación adecuada, se mejora la eficiencia de los servicios básicos, la movilidad y la conectividad, se mantienen los sectores extractivos respetando el medio ambiente con eficiencia, y en general se vive un espíritu de progreso colectivo permanente.

Con escasas excepciones, el liderazgo político e institucional de nuestra región ha demostrado mediocridad y esterilidad en su capacidad constructiva y de ejecución, y cuando asoma la cabeza un buen líder, los egos y vanidades de sus pares, predecesores y opositores, levantan la mano y lo apedrean con alevosía, no sin estar ellos libres de pecado alguno.

Cada país acusa sus propios problemas, pero quienes tenemos responsabilidades institucionales debemos unirnos para reflexionar antes de que sea muy tarde y para que en lugar de décadas perdidas lleguemos a un punto de no retorno en materia de atraso y miseria colectiva.

Y es que cuando China y Rusia se han integrado a la globalización, no sin diferencias, claro está, son innegables los desastres políticos, sociales y económicos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, para no hablar de lo que viene ocurriendo en Bolivia, Perú, Chile, Argentina, México y Ecuador, y de las amenazas ideológicas latentes en Colombia, Guatemala, Honduras y El Salvador.

No hay que ser ilustrado para entender que a diferencia de los líderes mundiales que construyen progreso y bienestar para las sociedades que conducen, el problema en Latinoamérica, más que un asunto de derecha e izquierda, es una mezcla de comunismo y populismo, agravada por falta de integridad personal y de responsabilidad, y por la permisividad con la corrupción y el crimen organizado.

Hoy, cuando más profesionales educados y capaces tenemos en la región, no se comprende cómo los egos y las vanidades de los líderes, no les permiten a los partidos fichar profesionales éticos y preparados, sensatos, con experiencia demostrada, alejados de la reencauchadora del clientelismo, caracterizada por reciclar personas “de profesión político”, que nunca han pagado una nómina ni enfrentado un estrés financiero en su vida.

Es culpa nuestra no elegir a las personas con las mejores aptitudes, calidad humana, formación ética, atributos profesionales y con vocación de servicio a la patria y retribución a la sociedad, y no solamente a su peculio o al de sus mecenas electorales de ocasión.

3. Un ejemplo de cuánto significa la conciencia social colectiva en función del progreso.

No hay que ir muy lejos para ver las diferencias de los modelos. Si un empresario argentino que da empleo y labora honorablemente va al Uruguay, observará un país mucho más pequeño pero organizado, que crece económicamente de manera estable, donde la gente está tranquila y convive sin miedo, donde la inflación es baja y el PIB per cápita es de tres o cuatro, aunque sus recursos y posibilidades no le lleguen a esta ni a los tobillos.

Lo que está claro es que el pueblo uruguayo asume con seriedad y responsabilidad sus posibilidades y es una sociedad más culta que la argentina, y donde la derecha es mejor que la derecha argentina y la izquierda es mejor que la izquierda argentina, y donde el pueblo es más educado, más sobrio, más humilde, y sabe que debe trabajar duro para vivir mejor. Un país donde todos cuidan un propósito común que se llama Uruguay, porque saben que necesitan que al país le vaya bien para que a todos les vaya bien.

4. ¿Y si Colombia se mira en el espejo qué pasa?

Pareciera que vamos a perder contra la mediocridad, sin darle una buena batalla. En la contienda del 2022 tenemos que ser inteligentes y como nación con 210 años de tradición democrática ininterrumpidos debemos hacernos las siguientes preguntas para no perder el rumbo del país:

4.1. Seguimos durmiendo con los enemigos del sistema de mercado y libre empresa.

¿Vamos a seguir el camino democrático sustentado en los principios fundacionales de la libertad y el orden que inició Uribe y hoy ha continuado Duque, o volvemos a la “lavandería” y la estafa electoral y legislativa en que nos sumieron con el acuerdo de Cuba?

¿Qué dicen quienes lideran los gremios productivos, acaso tenemos una crisis de unidad de propósito y liderazgo?

¿Cuál es la posición oficial de los gremios frente a que sigamos vinculando a la delincuencia organizada en los procesos políticos?

¿Cuál es el papel y la responsabilidad social de los medios de comunicación? ¿Será defender el sistema que los alimenta como empresas que son, o van a seguir alentando la mezquindad propia del discurso demagógico que maneja el populismo?

¿Quién, en lugar de criticar y renegar todo el día, se atreve a defender a un líder justo y sensato como el que tenemos? y ¿Quién es capaz de condenar a un puñado de proxenetas del terrorismo, indignos de toda consideración?

4.2. Sin seguridad jurídica no hay inversión; sin inversión no hay generación de empleo; y sin empleo las familias no tienen suficiente para mercar.

¿Qué dicen las desprestigiadas Cortes sobre su propia responsabilidad en relación con la impunidad y la sequía de justicia, que espanta en lugar de custodiar la inversión?

¿Qué tan politizadas y burocratizadas están las entidades de control como balanzas del equilibrio en la división de poderes?

¿Por qué da la impresión de que se dedican a obstruir a los que construyen, pero no se meten con los grandes delincuentes?

¿Qué dicen los controles internos, que deben tener las Cortes, sobre quienes mendigan o empeñan la “toga” y sobre los que se sabe que van al congreso para enriquecerse o para ayudar otros a robar?

¿Qué dicen sobre la realidad de una justicia paralela confeccionada a la medida de los intereses del narco-comunismo revolucionario internacional?

4.3. ¿Cuándo vamos a entender las razones por las cuales no se puede negociar con el terrorismo?

¿Qué opina la justicia democrática de los que están defendiendo las ideas importadas del movimiento inspirado en una revolución cubana de hace siete décadas, que desde sus inicios fracasó convirtiéndose en un régimen totalitario, opresor, esclavista y al que solo le queda mantener a su gente en la indigencia para poder exportar al resto de la región el virus de un comunismo violento y totalmente revaluado, en asociación con grupos narcoterroristas que se financian con todo tipo de actividades ilícitas?

¿Es democrático tener que competir en cualquier tipo de elecciones contra candidatos respaldados por las armas del narco-terrorismo y el crimen organizado?

4.4. El cambio es una constante en todo en la vida, menos en el liderazgo político colombiano.

¿Por qué no renovamos nada en la política regional y en la colombiana? La respuesta parece ser que, en nuestra cultura politiquera, a diferencia de las sociedades cultas donde los políticos que pierden una elección se hacen a un lado y permiten la sucesión, mientras aquí los políticos, ganen o pierdan, son más inmortales que los temibles “zumbies” de las películas de terror.

¿Por qué seguimos apegados y rindiéndole pleitesía a los mismos líderes anacrónicos de izquierda y de derecha que fracasaron, a los mismos actores clientelistas que no sueltan la teta y emulan una cultura mafiosa que no ha permitido que nos desarrollemos ni hayamos crecido a los niveles que deberíamos estar creciendo?

¿Por qué nadie logra armar un movimiento coherente, honorable, y con espíritu de servicio al progreso de nuestra sociedad?

¿A dónde vamos si los partidos están convertidos en agencias de empleo estatal de casi todos los populismos remedos de democracias actuales, especialmente en Iberoamérica? Va uno a ver los partidos de toda la región y encuentra que están inundados de estructuras abusivas y procedimientos sinuosos y son, casi todos, incapaces de calificar a nadie medianamente apto para conducir un país, por más que los resquicitos legales sean tan solo la cédula, la mayoría de edad, publicar cualquier mamarracho y hacer una que otra pavada.

5. En la primavera colombiana de abril y mayo pasados, a muchos líderes les pudo su vanidosa y mezquina arrogancia sobre su flaco compromiso con la patria.

En el contexto latinoamericano actual, resulta inaudito que en Colombia, los grandes líderes de los partidos políticos tradicionales incluidas sus disidencias, los expresidentes y hasta los altos directivos de los gremios, hayan impedido la entrada al Congreso de una obligada reforma social, y además hayan dejado solo al presidente de la República para que se arreglara como pudiera, precisamente cuando una oposición populista aliada con el comunismo regional, el castro chavismo y el narcoterrorismo criollo, que no le rebajan al presidente el calificativo de “dictador”, optaron por el terrorismo y las manifestaciones violentas, y trataron de bajarlo del poder a golpe de terrorismo cibernético y físico, liderando violencia en las calles y bloqueos a la economía en puertos y carreteras y en los barrios de las ciudades capitales.

El presidente Iván Duque, ha sorteado con firmeza tres tormentas al mismo tiempo:

i. La herencia de unas finanzas en crisis y un acuerdo leonino con el crimen organizado, forzado en la Constitución Nacional desconociendo la voluntad del electorado.

ii. La crisis sanitaria y la depresión económica causada por la pandemia; y

iii. Una oposición violenta vinculada al terrorismo urbano y cibernético y a las noticias falsas generadas por grupos ilegales, opositores políticos y perseguidores mediáticos que no le perdonan haberse elegido al lado de Uribe, un gran líder al que algunos injustamente han tratado de convertir en “El Diablo”, para ellos poder pecar.

El gobierno de Duque ha promovido una cultura de legalidad y emprendimiento, y ha manejado con éxito la prestación de los servicios de salud y la vacunación, las ayudas económicas para la continuidad de los negocios y para mantener empleos durante la pandemia, y las catástrofes naturales; ha realizado y entregado muchísimas obras de infraestructura que estaban paradas; ha combatido sin tregua el crimen organizado y el narco-terrorismo; pero, además, Duque alza hoy de manera ejemplar ante la comunidad internacional dos banderas importantes para Colombia, el mundo y la civilización:

i. El manejo probo de una crisis y un éxodo humanitario fronterizo sin precedentes, y

ii. La implantación de políticas de estado ambientales que compaginan la utilización de los recursos naturales con la mitigación y adaptación al cambio climático, y evitan la deforestación y la destrucción de la selva tropical húmeda, de la biodiversidad y de las cuencas acuíferas, sin menoscabo del desarrollo sostenible de nuestra sociedad.

6. La importancia de las políticas de Estado en materia de continuidad y consistencia.

Sin posibilidad de ser reelecto, los hechos muestran el gran trabajo de Duque y su equipo en medio de todo tipo de dificultades inconmensurables. Se equivocan de bola a bola los medios y los candidatos al creer que atacando al gobierno de Duque y a su gestión construyen algo positivo. Eso es tan estúpido como comprar una tierra produciendo y en lugar de abonarla, cuidarla y recoger la cosecha, destruyen los sembrados porque al nuevo dueño no le cae bien el anterior propietario.

Aquí jugaron todos los gallos al mismo tiempo, y por ahora no parece haber nadie determinado a recibir la posta y seguir avanzando en la construcción de futuro sobre la base de la legalidad y el emprendimiento en función de una mayor equidad social. No creo en la disculpa de la amplitud democrática frente al mérito ganado con esfuerzo, ni en las bondades de roscas políticas clientelistas, menos cuando llevan engendrada la trampa en favor de la conveniencia personal.

No me como el cuento de que avalemos a cualquiera para aspirar a conducir los destinos del país por el solo hecho de venir del abanico de figuras públicas mediáticas, más conocidas por sus escándalos que por sus realizaciones, y mucho menos por el hecho de ser un guerrillero resentido, permisivo con el narcoterrorismo, activista social, intelectual radicalizado o académico despistado.

7. Colombia tiene que asumir el liderazgo democrático y la representación regional dando ejemplo de valores y sensatez.

No nos equivoquemos. Ni nos conformemos con importantes victorias parciales en la región. El tema es de fondo y la crisis de valores no es asunto de Derecha o Izquierda, es generalizada. Convengamos en que hemos permitido que se genere inconformidad, y de ahí la locura de apoyo parcial a los populismos.

Los ciudadanos que no pertenecen al cerrado circulo de la contienda política lo que quieren escuchar se relaciona con la incertidumbre de cuál será su futuro en materia de confianza, y esto es: su seguridad física y la de su familia, su empleo y la estabilidad de su ingreso, el acceso a la salud, la seguridad de sus ahorros, las garantías jurídicas a la inversión acompañadas de menor intervención del estado y más facilidades para desempeñar el emprendimiento y la actividad privada. Aquí en esta cultura latina, unos pecan por la paga y otros pagan por pecar.

Aprendamos del propósito de orden, disciplina de las naciones que lideran el progreso, respetando la virtud de nuestras libertades democráticas, y levantemos entre todos a Colombia y a la región. No dejemos a los indefensos en manos de los mismos, de la mediocridad de los cínicos que operan un sistema infestado de demagogia, ni de las alimañas que respaldan a quienes predican el populismo injurioso y el odio de clases disfrazado de justicia social.

viernes, 12 de noviembre de 2021

La izquierda no es mejor que la derecha

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Lo que acaba de vivir Nicaragua es realmente bochornoso, vergonzoso. Unas circenses elecciones que de antemano se sabían fraudulentas, porque el dictador encarceló a los siete candidatos que se le oponían. Ridículo.

A finales de los 70 y comienzos de los 80 la revolución sandinista era motivo de esperanzadora inspiración para los oprimidos países gobernados por déspotas y tiranos en Latinoamérica. La familia Somoza se había instalado en el poder por décadas empobreciendo al ya empobrecido pueblo nica. Los Chamorro, desde La Prensa hicieron oposición, pero fueron perseguidos, violentados, asesinados. Muchos clérigos, entre ellos el jesuita Fernando Cardenal, abierta y directamente se unieron a la causa revolucionaria, de modo que cuando cayó la dictadura la fiesta fue enorme y la alegría desbordante. Un nuevo amanecer había acontecido. El nuevo gobierno presagiaba cosas buenas: sacerdotes eran el canciller y algunos ministros. El pueblo se había sacudido del yugo y este triunfo icónico eran un hito histórico.

Tanta belleza no duró mucho y una vez más se confirmó que el poder corrompe, téngalo quien lo tenga. Porque, no nos digamos mentiras, querer el poder cuestionando a quien lo ostenta, no es para servir, sino para tener el turno de poder mandar y dirigir, para hacer lo que no se ha hecho, para tener el control de las cosas, para perpetuarse en él, para… repetir la historia. Daniel Ortega, otrora revolucionario de izquierda ha resultado peor que Anastasio Somoza. Uno a uno, los líderes del idilio fueron hechos a un lado y en los asomos de la democracia esos ideales se fueron trastocando.

El capitalismo salvaje, neoliberal indiferente, ha enriquecido unos pocos a costa de las grandes mayorías, abriendo brechas nada fáciles de superar. Los discursos populistas de corte socialista tienen allí, en bandeja, el pretexto para ofrecer un mejor mañana para todos. No es verdad. No lo ha sido ciertamente.  Qué pena, pero la revolución cubana instaló a los Castro en el poder por 60 años y si bien mostró resultados interesantes en salud educación, el precio de la libertad se pagó muy caro. La revolución bolivariana instaló a Chávez y a Maduro por más de 20 años y no parece verse al pueblo muy contento con sus resultados. En otras latitudes, cuando la oposición ha conquistado el poder, no ha sabido aprovechar su cuarto de hora para hacer un buen gobierno, mostrar gestión eficiente y evidenciar resultados. Han sido igualmente decepcionantes.

El comunismo no fue mejor que el capitalismo que tanto criticó. Tenemos que aprender en carne ajena. Las dictaduras militares y fascistas, las dictaduras socialistas y comunistas, los capitalistas rampantes, todos ellos, no velan sino por sus propios intereses. El pueblo siempre pierde y lo hace por ingenuo, seducido por floridos discursos engañosos, desesperado por el hambre y la necesidad. Nosotros, ad-portas de un nuevo proceso electoral, deberíamos parar un momento y pensar críticamente, no tragar entero, no comer cuentos. ¿Hasta cuándo la historia tendrá que repetirse?, ¿Cuándo seremos capaces de construir algo propio, novedoso, diferente, pero, sobre todo, justo y equitativo?

martes, 20 de julio de 2021

De cara al porvenir: el enemigo externo

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En su lúcido libro sobre aprendizaje organizacional, “La quinta disciplina”, Peter Sengue precisó como una de las barreras para ese aprendizaje, lo que denominó “el enemigo externo”. Se refiere a la práctica generalizada de echar la culpa de los errores a los demás y no reconocer nunca los propios errores. Esto, como él lo afirma, imposibilita la corrección de los errores, así como el cuestionamiento de las premisas en las que se fundamentan las propias acciones, lo cual impide, el aprendizaje.

Es usual en nuestro medio empresarial atribuir la culpa de los malos resultados a ese enemigo externo: hicimos todo lo posible, pero…, el clima…, el dólar…, el petróleo…, el virus…, etcétera. En el mundo deportivo, perdemos los partidos por culpa del árbitro, lo cual casi nunca es cierto, excepto si el árbitro es Pitana. Y en la faceta política no podría ocurrir nada diferente.

Desde la expedición de la Constitución de 1886, por definir un hito importante, en Colombia se ha presentado la siguiente pendulación en el ejercicio del poder ejecutivo: de 1886 a 1930 hubo una hegemonía conservadora; de 1930 a 1946, una hegemonía liberal; de 1946 a 1953 regresaron los conservadores; de 1953 a 1958 hubo gobierno militar; de 1958 a 1974 se presentó la alternancia pactada en el Frente Nacional; de 1974 a 1982, dos gobiernos liberales; en 1982, gobierno conservador; de 1986 a 1998, dos gobiernos liberales; de 1998 a 2002, gobierno conservador y de ahí en adelante, ante la dilución de los partidos tradicionales, habría que decir que han existido tres períodos Uribistas y dos Santistas.

En otras palabras: desde 1886 a la fecha (136 años), nos han gobernado los mismos con las mismas, con algunas diferencias, sobre todo, en materia de estilo. Pero como no puede faltar el enemigo externo, ahora resulta que todos los males de nuestro país son culpa de la izquierda, sector político que jamás ha ejercido el gobierno en el orden nacional.

Es posible que de haber gobernado la izquierda las cosas fueran peores, pero eso, que solo representa una hipótesis imposible de demostrar, no puede hacernos perder de vista que todo lo bueno, lo malo o lo feo que pueda pasar en nuestra sociedad es atribuible solo a quienes nos han gobernado o, mejor, desgobernado.

La situación de movilización social vivida desde 2019, interrumpida por la pandemia y retomada con toda la fuerza desde hace algunos meses, representa el cansancio generalizado con la clase política que ha ejercido el poder en Colombia sin el más mínimo interés en el bien general y, entonces, frente a la posibilidad de que ese cansancio se refleje en las urnas, salen las voces agoreras a gritar: “Ojo con el 2022”. Pues bien, el grito no debería ser ese, sino: “Ojo con lo que hemos hecho con el país, ojo con la desesperanza que hemos sembrado en la juventud, ojo con la corrupción generalizada que fomentamos…ojo con la viabilidad de Colombia”.

NOTA: A mí personalmente me parece que somos poco serios con nuestra relación con Cuba. Cuando los necesitamos, les buscamos el lado y cuando no, los acusamos de todo.

sábado, 9 de mayo de 2020

Ni derecha, ni centro, ni izquierda


Por Santiago Cossio*

Santiago Cossio
A veces proponer algo que no esté establecido es visto como amenaza para los paradigmas ideológicos tomados como ciertos. Este articulo va más allá de los fanatismos partidistas y busca ayudar a salir del embrollo sobre la construcción colectiva de riqueza, paz y felicidad, pero seguramente también será objeto de críticas de todos los frentes.

Primero veamos la norma de normas que en su artículo 334 dice “La dirección general de la economía estará a cargo del Estado. Este intervendrá, por mandato de la ley, en la explotación de los recursos naturales, en el uso del suelo, en la producción, distribución, utilización y consumo de los bienes, y en los servicios públicos y privados…”

Los economistas aún no hallamos las fórmulas mágicas para solucionar los problemas de abundancia y riqueza colectiva. Seguimos indagando, investigando y opinando sobre esta compleja ciencia sombría. Para la dirección desde gobierno público lo que se tiene a la mano son los modelos de derecha, centro e izquierda. No analizaremos otros sistemas.

Hace algún tiempo viendo como pelea el ser humano por sus convicciones y donde muchas personas abrazan ideologías de estos tres sistemas político-económicos me hice a la tarea de analizar cada uno buscando una respuesta a los problemas colectivos y encontré algo más revelador aún: no funciona ni la derecha, ni el centro, ni la izquierda.

Para que un sistema político-económico funcione bien, necesita varios tópicos fundamentales los cuales aún no se cumplen en Colombia. Esto es lo que tenemos:

1). Atraso cultural. A los colombianos lo que les falta es ética, moral, cívica, urbanidad y buenas costumbres. Faltan los pilares de la educación para la cultura como la identidad, el respeto, la responsabilidad y la felicidad. Como ejemplo del desarreglo, la cátedra de ética en la educación superior es percibida como un relleno que le falta forma y fondo. También hay un desconocimiento general de las normas y las leyes.

2). Atraso comunicacional. La comunicación debe ser la didáctica de la educación. En Colombia tenemos es programas de chismes, narconovelas y prostinovelas. Increíble que le hagamos una telenovela a un sicario con toda la maleducación a que eso puede conllevar. Pasaron una novela llamada “La prepago” que es más una invitación a la prostitución. con esos malos contenidos nunca podremos salir de la pobreza humana.

3). Atraso en la relación educación-economía. Colombia no sabe qué produce ni qué debería producir. Falta aptitud vocacional y aplicación económica. También debemos encontrar nichos de mercado internacional para nuestros productos. Muchas veces nuestros agricultores siembran según su “corazonada” pero no hay una dirección científica y técnica desde gobierno público. Lo mismo pasa en el tejido empresarial colombiano.

4) Atraso en las formas coeconómicas. La estrategia nacional de economía circular debe convertirse en ley nacional. En el reciclaje hay puntos adicionales del producto además de la consecuente mejora del medio ambiente. La producción real debe acompañarse de modelos de economía de préstamo e intercambio, la economía de la felicidad, cooperativismo y generación de confianza interpersonal para una mayor confianza inversionista y societaria.

Antes que ondear las banderas partidistas de la derecha, el centro o la izquierda debemos construir estas bases para el buen funcionamiento de los sistemas político- económicos. Si analizamos bien, estos preceptos no se cumplen en Colombia. El atraso cultural genera atraso económico y debemos procurar primero, salir de la pobreza humana. Ya vemos entonces que como están las cosas, no funciona, ni la derecha, ni el centro, ni la izquierda.

viernes, 1 de marzo de 2019

Ni izquierda, ni derecha


Por José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón
Así como para escribir este artículo tuve que utilizar unos comandos en Word, quitando la margen izquierda que ordinariamente trae, para luego poner el título en el centro, con negrilla y mayúscula y después de colocar mi nombre en la margen derecha, quitarla para luego escribir el texto justificado en las dos márgenes, así me parece que es la vida que vivimos.

El cuerpo humano tiene dos costados y ambos son necesarios e importantes. Algunos somos diestros, otros zurdos, y en ambos casos nos desenvolvemos con mayor propiedad, de modo que cuando falla o falta esa mano, nos sentimos limitados y obligados a ejercer una habilidad mayor en el costado que había estado relegado o subutilizado. Así lo experimenté cuando me operaron del manguito rotador del brazo derecho: descubrí que con mi mano izquierda tenía una inusitada habilidad para comer, peinarme y realizar varias actividades. Cuando tuve una fractura en el peroné de la pierna izquierda, la derecha le tocó duplicarse en funciones para suplir temporalmente lo que la otra no podía hacer. En ambos casos, al centro, la cabeza ordenaba, coordinaba, decidía.

En el devenir humano algunos, al rastrear su historia, han juzgado que existe un movimiento pendular, muy similar al de esos relojes de cuerda que había en nuestras casas y hace que ese pendulo esté un momento a la derecha y enseguida otro a la izquierda. Les conté también, hace meses, cómo Mario Mejía, aquel simpático jesuita salamineño, se definía de “extremo centro” y cómo a sus críticos internos, en tiempos de polarizaciones, les decía que efectivamente era café con leche, porque no era tinto que quitara el sueño, ni leche que curara úlceras, sino café con leche, esto es, alimento.

Por allá en los años 30 del siglo pasado, Enmanuel Mounier, filósofo francés, escribió una de sus obras más relevantes: “Manifiesto al servicio del personalismo”, con la cual inspiró todo un movimiento que busca exaltar el valor de la persona frente al atropello de la que ha sido víctima por causa de los regímenes siniestros llamados capitalismo, fascismo, comunismo, los tres, por igual. Aquel libro era ya preanuncio de lo que décadas más tarde un grupo de filósofos caracterizarían como uno de los rasgos de lo que algunos llaman posmodernidad: el fracaso de esos metarelatos, constructos ideológicos que puestos en práctica resultaron siendo un auténtico fiasco.

De modo que lo que los Obispos latinoamericanos, reunidos en Puebla a finales de los 70, denunciaron tan claramente al proclamar que ni el capitalismo ni el comunismo eran la solución para la humanidad, hoy sí que se hace evidente. Esas ideologías perversas nos tienen postrados. Nos han desgastado por décadas enteras haciéndonos luchar intestinamente tras falsas promesas de ilusorios paraísos. Todo es mentira. Nos siguen engañando con cuenticos de baratija. Cuando la derecha exacerbada ha empobrecido por la injusticia pueblos enteros, aparece el lobo de la izquierda disfrazado de salvador para acabar con lo que quedaba. Nuevamente regresa la derecha para redimirnos de tan cruel fiera, pero es una nueva mentira que la izquierda desenmascarará para volver por sus víctimas y así, pendularnemente, como pareciera convertirse esta trágica historia de nuestros pueblos. La persona no importa, lo único que se busca es alimentar su insaciable voracidad. Finalmente son lo mismo aunque digan que son distintos. Y son lo mismo porque ambos mienten, ambos son corruptos, ambos explotan, ambos alimentan odios y rencores, ambos quieren lucrarse hasta el infinito, ambos viven del conflicto y de la guerra porque ese es su mejor negocio.

Para muestra un conjunto de botones: ¿Quién dio vida a la seguridad democrática? Las FARC. ¿Quién le dio aire a un gobierno sin rumbo? El ELN. Y así nos han distraído de la corrupción en Odebrecht, del revés de Hidroituango. ¿Qué hacemos tan obsecuentes y tan arrodillados con Trump armando líos en Venezuela y buscando guerras que no queremos? Por supuesto que eso de ninguna manera justifica las bellaquerías de Maduro y sus cómplices rusos, turcos o iraníes. ¿Quiénes fueron y están siendo carne de cañón y víctimas de todo esto, mírese desde donde se mire? El pueblo, nuestra gente. Pueden morirse de hambre por un régimen asesino o morir igual azuzados desde el otro lado para que sus masacres justiquen una intervención militar. Lo que cuenta, finalmente, no son ellos como personas, lo que cuenta es llenar las arcas de los demonios de la guerra. ¿Quiénes dan vida a Mr. Trump? Putin, Erdogan, Maduro, Kim Jong un!; ¿Y a un Ortega? ¡Somoza!; ¿y a Bolsonaro? ¡Lula!; ¿y a Lopez Obrador? ¡Peña Nieto! Llámense como se llamen, en el fondo son lo mismo.

En la medida que pasan los años y el tiempo nos va aleccionando, cual implacable escuela de duro rigor pedagógico, me da más asco el burdo capitalismo y el hipócrita comunismo. Me harta caer en juegos discursivos de derechas e izquierdas polarizantes. Si uno habla de derechos humanos o justicia social es mamerto o de izquierda y si habla de orden, rigor y disciplina es de derecha. Todo es pantomima, todo es teatro, todo es circo. Y esos payasos solo producen risa, por no decir lástima, porque son como nosotros, sólo que se disfrazan para alcanzar sus mezquinas fechorías. De modo que ni de derechas ni de izquierdas. Unos y otros tienen cosas buenas pero también muchas equivocaciones. Desde el centro vayamos buscando alternativas más nobles, más humanas, más acordes con el evangelio. Puede sonar a utopía, pero de eso ya hablamos hace una semana.