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viernes, 7 de marzo de 2025

Mesianismos a la carta

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

La estratégica ubicación geográfica de Israel como corredor de paso entre tres continentes ha sido apetecible para los grandes imperios persa, griego y romano, por hablar solo de los del pasado. Hoy también sigue siéndolo, solo que después del holocausto y empoderados como ahora están, repiten la tragedia cambiando de rol.

El pueblo muchas veces atropellado, avasallado, oprimido, experimenta la necesidad de un mesías liberador. Evidentemente de perfil político y carácter fuerte que cual superhéroe de la mejor factura lo redima sacándolo del sometimiento y la esclavitud para convertirlo en un pueblo grande y poderoso. Por eso Jesús de Nazaret resultó un fiasco porque su propuesta mesiánica fue netamente religiosa.

Mesías siempre han existido, han generado entusiastas expectativas, han cautivado multitudes, han seducido pueblos enteros, han encantado sus discursos, han conmovido con sus gestos de inefable cercanía popular, pero borrachos de aplausos y ratings elevados, se tuercen en sus bondadosas intenciones iniciales y finalmente se derrumban estruendosamente por culpa de sus egos exacerbados. Lo trágico del asunto es que la historia se repite una y otra vez por culpa de una amnesia colectiva que hace que el pueblo con escasa conciencia crítica sucumba reiteradamente ante líderes de turno que cual ciegos guiando ciegos terminan todos en el abismo.

Amigos, en esta posmodernidad fragmentada, no nos podemos quejar. Tenemos a la carta un abanico bastante variado de mesías políticos que nos prometen el oro y el moro. Escojan, por favor. Están a la carta y traen múltiples y asequibles presentaciones. Por aquí cerca o un poquito más lejos, pero están allí, en vitrina, expuestos, listos para la degustación y el consumo. ¿Qué quiere usted?, ¿cómo lo quiere?, ¿de qué modelo y tamaño?, ¿apetece de derecha o izquierda? Tenemos ofertas efervescentes: Putin, Trump, Zelenski, Macron, Erdogan, Netanyahu, Ortega, Maduro, Milei, Meloni, Uribe, Petro... ¿cuál prefiere? Se le tiene.

Los de nuestras ofertas están convencidos de que son los mejores, que como ellos no hay otro, que redimirán por fin los males que nos agobian, que el pasado fue desastroso pero el futuro será grande y mejor.

Por honestidad con nuestra distinguida clientela debemos recordar también que estas ofertas tienen fecha de caducidad y si las dejan hasta su fecha de expiración su final no es bueno. Productos recientes nos lo confirman: Hitler, Mussolini, Stalin, Hussein, Khadafy, Amin Dada, Chávez...

No es para desanimarse, pero ¿apostaría usted ingenuamente por uno de estos nuevos mesías a sabiendas de su irreversible caducidad?

lunes, 30 de diciembre de 2024

Repletos de egoísmo y egomania

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Cada que conozco más los animales entiendo menos al hombre. Los animales no razonan, pero son nobles y no tienen egos.

Ahora voltea el calendario y aquí en lugar de pensar en solucionar los graves problemas de la gente sólo se habla de candidatos que nadan en su egolatría.

Este es un mensaje dirigido a nuestros líderes, un llamado a que como nación formemos unidos una cultura sana enmarcada en la legalidad, con respeto por la niñez, por la vida de las personas de bien y de los soldados y policías que luchan por nuestra seguridad.

Pensando en qué le ocurre al liderazgo público y privado en Colombia, sin temor a equivocarnos hay que entender que tenemos un problema social, cultural y educativo que nos ha llevado a perder el sendero del crecimiento interior como personas.

Entendamos que primero están las obligaciones, y es su cumplimiento el que nos otorga derechos. Venimos a este mundo a aprender a ser mejores seres humanos, no a cosechar materialidad, poder, fama y riqueza que alimente nuestros egos.

Está la nación en manos de engreídos que sólo viven en función de una nociva competencia entre los egos de quienes figuran por un discurso demagógico que sólo oculta su apego a lo fútil y material, y no por la fortaleza interna reflejada en la ética y la positividad de sus actos.

El país no se transformará sin un liderazgo que sepa meditar y pensar bien las cosas para poder actuar de la manera correcta, seria, constructiva, y dejar de lado todo aquello que representa un lastre para la sociedad e impide la formación de seres íntegros y buenos seres humanos, como las negociaciones que solo resultan en impunidad y multiplicación del crimen organizado, la violencia intrafamiliar, entre ciudadanos, contra el Estado, la desnutrición infantil, y la cultura mafiosa del engaño, la rumba y la droga.

Parece que quienes hoy se dedican a la politiquería nunca logran conocerse a sí mismos, y sólo presumen de virtudes para tratar de compensar un ego que es la manifestación vívida de su verdadera condición humana. Un ego que los traiciona y les impide vivir en función de un desarrollo interior y un obrar creativo, activo y positivo fundamentado en altruismo, empatía, amor y alegría como medios para desarrollar la capacidad y la voluntad de hacer siempre lo mejor.

El ego es el factor que no deja a las personas diferenciar entre crear para transformar o destruir.

El ego nos hace esclavos de una falsa conveniencia personal que nos aleja de la superación y de la comprensión de nuestras propias capacidades. El ego siempre es cobarde, nos refiere al pasado y nos limita a las ambiciones del futuro. Es la manifestación del temor a avanzar por miedo a morir y a vivir el presente.

Todos los trabajos honestos dignifican al hombre. Por eso todo hay que hacerlo bien. Sólo trabajando con interés genuino logramos disfrutar de lo que creamos o construimos interna y externamente en favor de otras personas y de toda la nación.

El ego no nos deja entender que el trabajo y la disciplina son el medio para desarrollarnos como seres humanos creativos que entregan todo al presente con total audacia y desprendimiento. Las personas con grandes egos pueden tener destellos geniales de creatividad, pero por lo general viven en un continuo caos interno, no son libres ni felices, son prisioneros de sus miedos y frustraciones.

La egolatría solo lleva a las personas por el camino de las ambiciones desmedidas, les impide poner los cinco sentidos en hacer las cosas bien. Los seres que carecen de valores éticos tienen miedos e inseguridades que superan sus mejores deseos y los llevan al camino equivocado.

El egoísmo es la consecuencia de la inseguridad a aventurarse a vivir una transición inmaterial constante como ser humano y lleva a las personas a no poder ser conscientes del deber ser, al no tener el valor de tomar los riesgos de hacer lo correcto.

El resentimiento, la envidia y el odio, agigantan el ego, evocan al materialismo y la vida dedicada sólo a aquello que nos produce placer. Estos son los problemas que tienen las personas que no están contentas consigo mismas, las que no les gusta lo que ven en el espejo, pues les refleja su descontento por lo que no son.

Quienes están supeditados a las ambiciones desmedidas de sus egos solo se nutren de la identidad material. Caen en propia trampa y terminan sin entender que no hay que hacerle el mal a nadie para sobresalir si uno se exige a sí mismo y se comporta con ética y real voluntad de servir.

Muchos falsos líderes, son seres incompletos, inseguros, cambiantes, dependen de las opiniones de los demás, solo buscan poder, reconocimiento, fama, éxito, dominio, riqueza, placer o belleza, y por eso gravitan en sus propios defectos y dependen de su capacidad de engañar y de hacer daño.

El ego siempre condiciona al miedo. Hay que vivir con valor y ser siempre auténticos sin reparar en el qué dirán, en la repercusión o el costo mediático. Lo demás es un autoengaño. Lo dijo Aristóteles 350 años antes de Cristo: “El pensamiento condiciona la acción. La acción determina el comportamiento. El comportamiento repetido estructura hábitos. Los hábitos estructuran el carácter. Y el carácter marca el destino”.

Seamos conscientes de las graves dificultades actuales del país, pues la manera de pensar, de ser y de obrar de nuestros líderes, es el factor que más determina lo que le suceda al ciudadano promedio, y lo que define el nivel de cultura de una nación, especialmente cuando estamos frente a líderes débiles, egolátricos, temerosos, destructivos e incapaces de construir y transformar, porque son el producto del resentimiento, la violencia, el odio, las envidias y los vicios que pululan nuestra sociedad.

viernes, 23 de febrero de 2024

Hay que hacer algo

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Almorcé en estos días con dos amigos del mundo de la política. Uno, veterano líder de un partido tradicional que fue concejal, senador y embajador, otro, joven promesa que ya fue cónsul en Estados Unidos. Dos generaciones distintas y una sola preocupación verdadera: nuestro país y su futuro.

La amistad y nuestras periódicas tertulias se suscitaron a propósito de una columna como estas que se volvió sorprendentemente viral: al meollo del asunto. Se me invitó entonces, en tiempos electorales, a lanzarme a la política como tantos curas lo han hecho. Agradecido, por supuesto, con tamaña propuesta, obviamente la decliné. No voy a colgar los hábitos por tan seductora tentación. Mi vocación es de cura, no de la política partidista. Otra cosa es que de lo político no podamos sustraernos. Ese es mi tema de hoy.

Tengo que reconocer que la política me gusta. Un ciudadano de la polis no puede eludir interesarse por la suerte de su pueblo. Lo que pasa es que la política tiene mala fama y se asocia automáticamente con falsas promesas, oportunismos, virajes camaleónicos, corruptelas. Y eso es lo que denominamos despectivamente como politiquería. Su verdadero sentido se ha desvirtuado y eso, en tanto a muchos espanta y los vuelve apáticos, a otros los atrae para obtener prebendas e irse por la senda equívoca. El daño está hecho, pero hay que resarcirlo, sin comerse el cuento de que muchos han sentido ser mesías para terminar siendo más de lo mismo.

Esa apatía, indiferencia, ignorancia o también el desprecio de lo político ha sido el caldo de cultivo para estar como estamos. Todos nos quejamos del estado actual de las cosas, pero amnésicamente se nos olvida que así lo hemos querido, o al menos, permitido. Esto no comenzó ayer, al menos hay que remontarse a los tiempos de la patria boba que resultaron ciertos a pesar de la oportuna advertencia del tribuno del pueblo, José de Acevedo y Gómez. Los intereses personales de los líderes populares de turno han primado sobre los colectivos en tanto las masas, cual veletas, son movidas por no decir manipuladas por esas conveniencias.

Hay que despertar, hay que sacudirse, hay que hacer algo. Se ha dicho hasta la saciedad: vamos corriendo vertiginosamente hacia el abismo. No podemos seguir así. Hay que hacer un alto y reflexionar un poco si no se quiere repetir la historia. Quisiera pensar que todavía estamos a tiempo, quisiera imaginar que hay muchos todavía que desean salir del letargo para proponer algo distinto. Hemos pensado convocar gente de todos los partidos, de todas las edades, de toda condición, eso sí con algunas primeras condiciones: que sean de mente abierta, que escuchen y hablen con respeto, es decir, que sepan dialogar sin agresiones e insultos, que no traguen entero, que quieran construir país, que no busquen sus intereses egoístas, sino que anhelen el bien de todos. ¿Eres uno de esos?

martes, 7 de noviembre de 2023

¡Aquí no hubo elecciones!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

El pasado 29 de octubre, 9 de cada 10 votantes se manifestaron en contra de un gobernante indigno, porque se dieron cuenta de su desequilibrio, depravación, perversidad, incompetencia, y de la obsesión ideológica con la que conduce al país, deliberadamente, al caos económico, social y político, previo a la transformación de Colombia en otra Venezuela.

Aquí hubo votación, pero no elecciones, porque, aunque Petro contabilizó 8 millones menos de votos que los que tuvo hace 15 meses, la totalidad del establecimiento político se hizo de la vista gorda para no versen obligados a exigir el cumplimiento de la Constitución, con la remoción inevitable del presidente, si se cumplen las leyes.

Si elegir es escoger, los políticos no aceptaron el cambio que los ciudadanos exigieron por la vía electoral, y, por tanto, el Gobierno, a pesar del repudio total, puede seguir avanzando con la eliminación del sistema eficaz de salud, la expropiación del ahorro pensional y de los fundos productivos, la desaparición de la libertad laboral, la consolidación del narcotráfico y la demolición de las industrias energéticas.

Todo lo anterior sucede velozmente, en un país donde cada mañana una nueva porción del territorio se entrega a las milicias narco-comunistas y a las guardias campesinas, mientras, a través del acuerdo vinculante con el ELN, llega dentro de pocos meses el modelo alternativo colectivista y sangriento del peor grupo leninista radical, después del cual ya nunca volverá a haber votaciones libres y auténticas.

Cualquier “acuerdo nacional” con Petro es letal, porque mientras el Congreso esté dominado por una mayoría venal y fluctuante, que vota en función de sobornos cada vez más elevados, el futuro del país no es otro distinto de la anarquía que precede al caos, la revolución y la muerte.

La ley inexorable de la vida exige la renovación generacional. Por esa razón ha llegado el momento de que los viejos dirigentes den un paso al costado y el país se dote de líderes en sintonía con el pueblo, para dar la batalla definitiva por la libertad. Decir esto es duro pero necesario.

Hay, por fortuna, personajes que puedo citar por orden alfabético, como María Fernanda Cabal, Hernán Cadavid, Alejandro Char, Andrés Forero, Carlos Fernando Galán, Federico Gutiérrez, Francisco José Lloreda, Rafael Nieto Loaiza, Miguel Uribe Turbay y Juan Zuluaga, listos y maduros ya para relevar a quienes deben pasar de ser actores grandes y respetados, a consejeros, porque ha llegado el momento de detener, con un esfuerzo juvenil supremo y definitivo, las fuerzas macabras que nos llevan al abismo.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Homenaje a dos maestros

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Con 10 días de diferencia fallecieron en Medellín dos gigantes de la educación católica colombiana, ambos expresidentes nacionales de Conaced, ambos religiosos: mujer ella, dominica de la presentación: Camila de La Merced; varón él, lasallista: Álvaro Llano Ruiz.

A juntos los conocí; admiré y aprendí mucho a su lado. De ellos recibí su valioso legado en la conducción del gremio de colegios más grande del país. Fueron líderes inspiradores, apasionados por la educación, echados pa’lante como buenos paisas, simpáticos, alegres, trabajadores incansables, frenteros, creativos, emprendedores. A los dos les tocó sortear tiempos difíciles, pero nunca se amilanaron. Fueron cualificados interlocutores ante los ministros de educación, respetados por su carácter firme y decidido, por nunca ceder en el ideario de la escuela católica. Con ellos, Conaced, la Confederación Nacional Católica de Educación, se posicionó y consolidó como gremio. Con sus acertadas orientaciones tuvimos un norte claro. Las federaciones crecieron y florecieron. Sus carismas religiosos con hondo arraigo educativo los formó para ser verdaderos educadores maestros.

En sus presidencias aprendimos a cantar el himno de la confederación y a orarle a Jesús Maestro. Su contagiosa mística alentaba nuestra misión de educadores. Sus consejos sabios nos ayudaron a hacer las cosas con acierto. Su temple nos animó a no claudicar ante las adversidades propias de nuestras tareas.

En un contexto donde sobran docentes, hay pocos profesores y escasean los maestros; en un país mediocre en sus resultados educativos, donde interesan más los títulos para ascender en el escalafón y ganar más dinero, pero interesa menos poner ese conocimiento al servicio de una educación de calidad; en un ámbito profesional donde el educador no es valorado y su trabajo se considera de tercera, hacen falta referentes como Camila y Álvaro.

Para ser educador se necesita vocación. No es una tarea fácil. No basta tener un cartón de una universidad fru-fru que acredite unos estudios. Se requiere enamorarse de una causa, amar sus estudiantes, contagiar el gusto por los contenidos que se enseñan, tener mucha esperanza en un mundo mejor, combinar magistralmente la exigencia con el afecto, la razón con el co-razón, los necesarios datos con la experiencia. Pero se necesita, sobre todo, ser facilitador para que cada uno de los discípulos encuentre el sentido de su vida y sea plenamente feliz.

Hoy doy gracias al Señor por la vida de estos dos grandes educadores-maestros. Ofrendaron lo mejor de sus vidas a cientos y miles de personas qué hoy los recordamos con cariño y gratitud y les rendimos justo homenaje porque a ejemplo del Maestro dejaron una huella imborrable en nuestra memoria y en nuestro corazón. Gracias Camila, gracias Álvaro.

viernes, 10 de diciembre de 2021

Convocatoria para nuestros jóvenes

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Siempre he creído en nuestros jóvenes. Y lo hago porque “yo también tuve 20 años” y muchos adultos de entonces creyeron en mí. Recuerdo mis experiencias de ser a los 16 años secretario del Comité Arquidiocesano de Laicos y a los 18 presidente de la Comisión de Juventud del Consejo Nacional de Laicos. Jesuitas y lasallistas educadores creyeron en mi liderazgo y muy pronto me confiaron responsabilidades. Años atrás el Concilio Vaticano II nos había dicho que nosotros éramos los primeros evangelizadores de nuestros coetáneos y los obispos en Puebla hicieron una opción explícita por los jóvenes.

Ya jesuita educador creamos el Curso Taller de Formación Integral, una experiencia para formar jóvenes líderes que ha marcado en más de tres décadas a cientos de estudiantes de nuestros colegios. Estoy convencido de que los jóvenes no son el futuro, son el presente. Siempre lo han sido. Algunos lo entendieron así y ahora se destacan por su servicio a la sociedad desde responsabilidades diferentes. Otros, pudiendo explotar sus talentos, prefirieron ser del montón.

Con ocasión de la jornada electoral del pasado domingo que eligió los Consejos de Juventud y donde la abstención fue alta y la participación promedio fue de poco más del 10%, me he quedado pensando en qué pasó con esos miles de jóvenes que salieron durante las marchas, muchos pacíficamente, otros con expresiones más agresivas o incluso violentas, ¿Qué se hicieron? Porque era domingo, ¿les dio pereza ejercer su legítimo derecho? Ya había pasado en la jornada del plebiscito cuando la gente creyó en las encuestas que daban ganador al SÍ con un 80%, se abstuvieron de votar y resultaron perdiendo por un margen pequeño. Al otro día los jóvenes salieron a marchar con antorchas para mostrar su respaldo a los acuerdos: ¿ya para qué?

Queridos jóvenes: ¡este es su cuarto de hora! En nuestra democracia tenemos espacios institucionales para que se hagan sentir, para expresarse en sus anhelos y sueños, para participar en los ámbitos de decisión, para promover cambios y sacarlos adelante, para liderar la transformación de nuestro país. No importa de qué color son sus preferencias, lo que importa es que vean en la política una opción válida y lo hagan a fondo, con honestidad y firmeza, dispuestos a no repetir la dramática historia que hemos vivido, decididos a construir un mejor país para todos rechazando con firmeza todos esos males sociales que nos agobian y apostando por lo que parecería un sueño imposible.

Todavía estemos a tiempo. Sería maravilloso verlos organizados dando un primer paso a través de los órganos legislativos de participación donde podrían tener una representación importante y comenzar a cambiar hacia un mejor futuro para todos. Solo falta hacer evidente su vocación de servicio, la decisión de trabajar duro y parejo en equipo y sin mezquindades, mostrando lo mejor y más noble en valores que ustedes poseen. A las generaciones precedentes les quedó grande el reto, a la de ustedes no. Háganlo ahora o no vuelvan a quejarse. No es fácil, pero es mejor que cruzarse de brazos, resignarse o preferir dormir hasta mediodía después de ver películas toda la noche. ¡Es su turno, ha llegado su hora, adelante!

lunes, 6 de diciembre de 2021

Yo afirmo

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Es indudable que uno de los grandes problemas que tenemos en Colombia es el de la elección popular a cargos públicos y entre ellos tenemos los de presidente, gobernadores y alcaldes, Congreso de la República (Senado y Cámara), diputados y concejales, para no referirme sino a los más representativos en la democracia. Esa problemática se da desde la Constitución colombiana que no exige sino edad y ser ciudadano en ejercicio para acceder a esos cargos públicos, y por ello, en mi opinión, tenemos el origen de las grandes dificultades que se tienen que sortear para poder tener leyes serias, coherentes, que faciliten la vida en comunidad y no como ocurre hoy que son leyes llenas de intereses personales, desconociendo el beneficio o interés colectivo lo cual no se perciben sino al final, después de ser aprobadas y estar vigentes.

En muchas ocasiones se aprovechan del desconocimiento de la misma ley, de la forma en que funciona el sistema de aprobar las leyes, las ordenanzas o los acuerdos, que los llevan a cometer grandes errores que perjudican a la comunidad. Ello se da porque no están preparados, no tienen experiencia publica, no son profesionales, ni técnicos, ni tecnólogos; muchos son hombres de bien que llegan a esos cargos con una gran voluntad, pero que rápidamente caen en los acuerdos y compromisos adquiridos.

Hay recordados casos, pero no quiero decir nombres para no molestar u ofender a las personas, que es de lo que más nos tenemos que cuidar, porque una mala frase, una palabra mal utilizada queda en la mente y el corazón de quien ofendemos y difícilmente se borra esa sensación de malestar y dolor, por ende, no incurriré en él. Solo manifiesto que en las campañas los políticos de carrera, curtidos en los avatares de elecciones recurren a personas muy reconocidas, buenas, con grandes logros en sus vidas, pero con un desconocimiento total de la vida política. Como magos que son los ilusionan y les pintan pajaritos prometiéndoles ayudarles a que sus comunidades mejoren la calidad de vida, y llegado el día se dan contra la tierra al vivir en carne propia, con crudeza, su triste realidad. Entienden que los llevaron a distintos sitios únicamente para contar con esos votos recogidos por el reconocimiento de sus glorias, y luego se ven abandonados, tirados, votando proyectos sin razón, qué triste eso.

Sin duda alguna la no exigencia de mayores requisitos para acceder a cargos públicos lleva a obtener los desatinos que permanentemente vemos en el texto de las leyes, por cuanto gobernar no es tarea fácil y menos cuando el desconocimiento de las normas conlleva al surgimiento de más problemas, leyes injustas, mal redactadas y con problemas jurídicos.

Podrán entender por qué en nuestro país no se reforma el Congreso. Una simple razón, porque ellos mismos lo deben hacer y por ende no existe el interés legítimo de reformarse, de dar muestras de trasparencia. La mayoría de los congresistas están maniatados, no tienen la fuerza necesaria los pocos que deseen disminuir el número de congresistas y los salarios, no hay con quien, la ignorancia y la torpeza impedirá la gran reforma que se requiere y los mismo en la justicia. Es que, sin estructura, sin entender el concepto de democracia, de respeto por la ley, sin conocimiento de las diversas ramas del saber, no podrán, más allá de sus narices, gobernar.

Por todo lo anterior, es que preocupa la forma en que se están conformando las listas para las próximas elecciones de Congreso, a dedo. Cada jefe o grupo las va armando de acuerdo con los intereses partidistas y no con base en el conocimiento, el respeto por la ley y el orden.

Estamos equivocando el camino, el país requiere desde sus gobernantes ortodoxia en el manejo público, que nos dirijan y gobiernen personalidades que enarbolen valores, prestigio, conocimiento, disciplina y orden, y lo que veo es lo contrario, personajes groseros, intolerantes exigen respeto, pero no lo dan, son enemigos de la democracia aspirando a los cargos públicos para coadyuvar a la destrucción de Colombia.

Es la oportunidad, única, última para reflexionar con seriedad al momento de ir a las urnas, no votemos por los amigos, votemos por quienes han sido verdaderos defensores de la democracia, que están preparados y tienen en su mente al territorio nacional y a ellos démosle todo el apoyo, fuerza moral y acompañamiento real.

Viva la democracia, viva la institucionalidad.

viernes, 1 de octubre de 2021

Mi candidato

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Aumenta el número de aspirantes presidenciales. Los hay de todas las corrientes, edades, posturas, ideologías, proyectos, partidos, formaciones, experiencias. No es fácil comprender por qué quieren llegar a la primera magistratura del Estado, cuando en realidad lo que se van a ganar es un soberano dolor de cabeza, con tantos problemas de fondo por afrontar, en un país catalogado en los últimos rankings como de los más inequitativos, más violentos, más corruptos, más antiecológicos, más feminicidas…

Se necesita, no sé, si mucho amor patrio y honesto o ingenuo deseo de servir, o masoquismo consciente porque, a no dudarlo, su cabello sin necesidad de tinturarlo se volverá blanco en cuatro años, se convertirá en el objetivo de toda clase de críticas porque sí y porque no, recibirá palo porque bogas y palo porque no bogas, querrá estar bien rodeado, pero no faltará quien le falle y lo haga quedar mal. En fin… es un honor de muy alto costo pues, aunque pueda tener la mejor voluntad, a su alrededor rondarán toda clase de intereses, desde los más nobles hasta los más perversos y tendrá que estar muy cercano, no de una corte de áulicos u obsecuentes turiferarios, sino de verdaderos amigos que lo asesoren bien, no lo dejen meter la pata, le ayuden a comunicar oportuna y verazmente lo que hace, con apertura para recibir críticas y sugerencias de modo que no haya riesgo de dormirse en los laureles y quedarse saboreando las mieles del poder.

La verdad, no me interesa mucho si es de tal o cual partido, o si no lo tiene, el hecho es que necesita contar con apoyo consistente en el Congreso para que pueda efectivamente gobernar sacando adelante su plan de gobierno y no le pase lo que a muchos que, por ser fruto de múltiples alianzas y coaliciones, a la postre se quedan sin apoyo de muchos de ellos, desencantados de que no haga lo que ellos quieren.

No tengo preferencia sobre si es hombre o si es mujer, lo importante es que tenga carácter, eso que llamamos personalidad auténtica y bien definida para sortear con reicidumbre los más duros y complejos problemas. No me estresa saber su religión, pero sí me afana que tenga principios y valores claros, respete la libertad de cultos, sea un demócrata y tenga claro que debe servir sin distingos ni preferencias a todos los colombianos, que quiera erradicar la polarización y tenga como propósito la reconciliación y la paz.

Mi candidato habrá de estar bien preparado para asumir tamaño encargo. Entre más experiencia tenga y mayor conocimiento de la realidad del país, mejor. No basta haber paseado por todas las regiones haciendo populistas campañas, tomándose fotos con todo el mundo para aparecer empático y simpático con gente que en realidad no le interesa y que cuando esté en el poder no volverá a saludar, ni querrá recibir para dialogar sobre los problemas que les aqueja.

Sinceramente no creo en promesas electoreras de esas que endulzan oídos incautos en tanto obtienen votos y después nos dejan viendo un chispero: “gobernaré con los más capaces y honestos”, “puedo esculpir sobre piedra que no subiré impuestos”, “mejores salarios y menos impuestos”, entre otras muchas mentiras. Un conocedor realista del Estado respeta la nación entera.

Por eso es importante que sea honesto, respete la separación e independencia de los poderes y concite a todo el país para sacarlo adelante frente a la peor crisis y el mayor caos y anarquía en la que se ha sumido. Sigo en búsqueda.

Sé que no puede ser Supermán o La Mujer Maravilla, pero están descartados los que han alimentado el odio y la venganza, quienes en el ejercicio de sus cargos ya han tenido la oportunidad de mostrar lo mejor de sí mismos, pero pelaron el cobre, los camaleones oportunistas y los revanchistas compulsos que se van a pasar todo el tiempo con retrovisor en mano en vez de construir futuro. Todavía estamos a tiempo de evitar la debacle. Dejemos de lado las pasiones viscerales y pensemos en grande, sin mezquindades y seudo valores rastreros y de la peor estopa.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Se buscan líderes

José Leonardo Rincón Contreras

José Leonardo Rincón, S. J.*

Echando un vistazo global observo que, si por aquí llueve, por otras latitudes no escampa. El vacío efectivo de liderazgo auténtico es enorme. No basta tener el poder, hay que contar con autoridad. No basta gobernar, hay que saber mandar. No basta tener un andamiaje perfecto para controlar, hay que tener respaldo y credibilidad. No basta ocupar los primeros puestos para ser importante, hay que saber servir.

Claro, también es cierto que es muy fácil criticar la corrida de toros desde la barrera, o a los jugadores de fútbol y al árbitro desde la gradería o una cabina de transmisión, o al ciclista que no pudo ascender la cumbre de un premio de montaña desde la sala de televisión, o al jefe porque hizo o no hizo esto o aquello desde el corrillo de lenguas viperinas. De seguro que nunca se han parado solos frente a frente con un miura, no han sido capaces de hacer un solo gol en su vida, no han pedaleado seis horas seguidas subiendo una cuesta, mejor dicho, nunca han tenido ni coraje ni cojones para enfrentarse solos ante grandes retos y toma de decisiones. Pero todos se sienten con derecho a juzgar, descalificar y condenar.

Decía mi mamá que “el que se mete de redentor muere crucificado” porque el pueblo indolente y manipulable es también camaleónico y rastrero. Los mismos que te alabaron el Domingo de Ramos cuando estabas en tu cuarto de hora exitoso, son los mismos que piden crucificarte el Viernes Santo, cuando atraviesas horas difíciles y al caído hay que caerle. Hay que estar preparados y dispuestos para ello. También decía, “uno no es monedita de oro para todos”, “ni se es más porque te alaben ni menos porque te vituperen”. Y también concluía: “el que quiere azul celeste, que le cueste”. Sabiduría de siglos con actual pertinencia.

El líder no nace, se hace. Debe ser auténtico, tener carisma, pasión, ganas, alta capacidad de trabajo, principios y valores bien claros y definidos, capacidad de sacrificio, cuero duro y resistencia, coraje, tesón, capacidad de convocatoria, ascendiente, credibilidad, comportamiento ético, autoridad moral, testimonio de vida, bondad y simpatía, carácter y firmeza, honestidad y transparencia, decisión, eficiencia en la gestión (efectividad + eficacia). Se dirá, un supermán. No, un ser humano de carne y hueso, pero sí un líder de verdad.

No necesitamos mesías. El mesías verdadero, el auténtico, ya vino hace dos mil años y esta es la hora que no le hemos hecho caso. Los otros son seudos, son falsos. Engañan, mienten, generan pánico, dividen y polarizan, levantan muros, incitan al odio, la destrucción, la violencia, la muerte y la guerra. Se mueven por mezquinos intereses, son vengativos, adulan y son obsecuentes hasta que traicionan, hoy sonríen mañana apuñalan, amigos del dinero fácil quieren lucrarse y enriquecerse pronto, ladrones y corruptos. Alimentan su ego de manera insaciable, voraces del poder se sienten morir cuando lo pierden. Se creen imprescindibles y eternos. Se les olvida que son efímeros, que hoy les hacen estatuas y mañana se las derriban. ¡Se buscan líderes!

martes, 16 de junio de 2020

De cara al porvenir: carroñeros

Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Coinciden algunos de los principales analistas y comentaristas del mundo contemporáneo, que el momento de crisis por el cual atravesamos no tiene antecedentes en la historia, y que lamentablemente, ha coincidido la aparición de la bendita pandemia, con el momento en que más escasos son los líderes mundiales (que entre otras cosas no se ven y no se identifican) y cuando más opacos son en su conjunto, los gobernantes en ejercicio a lo largo y ancho del planeta.

En la mayoría de los casos, los gobernantes de turno son los responsables directos de las polarizaciones que se agudizan al interior de sus países, de la fractura del necesario equilibrio de poderes y del desmembramiento de la tan anhelada y dispendiosamente construida, comunidad internacional.

Irrespeto por los pactos firmados, discontinuidad de políticas y programas, y engreimientos y soberbias propios de las monarquías, son las señales que hoy se ven, fuera de la falta de preparación y la falta de carácter de las cabezas de los sistemas republicanos en el ámbito ejecutivo, obviamente, con las naturales excepciones propias de cualquier actividad humana.

Que los presidentes y primeros ministros de muchas partes del planeta hubieran tenido que esperar a que apareciera una pandemia que distrajera a los ciudadanos y aplazara sus reclamos y descontentos, para comenzar a gobernar o para simular que gobiernan, los convierte en seres débiles, que con ganada razón, no cuentan con el mínimo de gobernabilidad y de aceptación que sirven como respaldo a la legitimidad de un mandato constitucional.

Se supone que para abajo de una cuesta las piedras ruedan, y en un momento de crisis, pues le corresponde al gobernante de turno ponerse los pantalones, remangarse la camisa y comenzar a actuar, a irradiar aliento, y sobre todo, a servir de inspiración y de ejemplo.

No es motivo de agradecimiento que un gobernante haga su trabajo. Para eso luchó hasta con las uñas para su elección y ahora le corresponde trabajar. El disponer de los recursos del erario no es cuestión de buena voluntad y de iniciativa personal, sino que es su responsabilidad la administración de los recursos públicos aportados por todos los contribuyentes, sin ninguna excepción. ¿Le da usted las gracias, amigo lector al cajero electrónico cuando le entrega el dinero que acaba de retirar? Pues claro que no, pues es su dinero y es obligación entregarlo si tiene saldo favorable o cupo de sobregiro aprobado. Hoy somos testigos de una especie de piñata donde todos los días se anuncian ayudas, subsidios, tratamientos especiales, incremento de la deuda pública, liberación parcial del encaje bancario, acompañados, eso sí, por un séquito de plañideras que con razón o sin ella se acercan como mendigos a la mesa del rico Epulón para suplicar sus favores o al menos recoger algo de las migajas que caen de su mesa.

Es la hora de la objetividad, de la racionalidad, pero también de la compasión y el respeto, así como de la solidaridad por parte de todos.

Es hoy cuando se evidencia la falta que nos hace tener una cultura de la previsión y del ahorro.

Hoy más que nunca se requiere de la grandeza de las almas y lo que menos se necesita es la grandilocuencia, o dicho en palabras del común, los discursos politiqueros y los cálculos políticos.

Finalmente, y ante la inoperancia de nuestro aparato de justicia, malditos, mil veces malditos sean los que aprovechan estas penosas circunstancias que estamos padeciendo y esta grave emergencia, y hacen negocios turbios con las ayudas, las donaciones o los recursos del Estado, haciendo de la tragedia humana un festín para alimentar la corrupción.

NOTA 1: Expresa el doctor José Gregorio Hernández G. con respecto a la presencia de tropas extranjeras en Colombia: “Al tenor de nuestra Carta Política, el solo tránsito -con mayor razón la permanencia- de tropas extranjeras en el territorio colombiano requiere permiso del Senado, que hoy no está en receso. Y, si lo estuviera, se requeriría concepto previo del Consejo de Estado”. En este asunto no opino pues no soy experto en el tema. Las que sí me parecen simpáticas son las voces patrioteristas de aquellos que inmediatamente salen a vociferar reclamando respeto por la soberanía nacional, siempre tan pisoteada. Es como si las prostitutas lideraran una campaña en pro de la virginidad.

NOTA 2: Pasaron de agache los gremios económicos y los defensores de la economía de mercado ante la desconcertante intervención del primer mandatario para vetar el nombramiento de quien había sido electo por su Junta Directiva como presidente de Asocaña. Muy mal mensaje por lado y lado.

NOTA 3: Mi completa solidaridad con el señor gobernador Aníbal Gaviria Correa y su distinguida familia.

martes, 10 de diciembre de 2019

De cara al porvenir: Fijar objetivos


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Sigo insistiendo en que una de las labores más complicadas y complejas a las cuales nos enfrentamos los individuos y las instituciones es la de saber fijar adecuadamente los objetivos que queremos lograr.

Obviamente esto se dificulta si no tenemos claro cuál es nuestra situación real presente y con cuáles recursos contamos para enfrentar los retos que nos proponemos alcanzar; aunado lo anterior a un alto nivel de desconocimiento de las circunstancias que nos rodean, incluyendo a aquellos que pueden tener afinidades o diferencias con respecto a nuestros propósitos.

Ayuda mucho tener un líder que oriente y ayude a definir los objetivos y a precisar las estrategias para poder alcanzarlos.

Esta reflexión aplica tanto para esfuerzos individuales como colectivos. Hemos visto cómo recientemente se han organizado marchas de protesta iniciadas por la invitación a un paro nacional del cual aún tenemos actividades en desarrollo, como los llamados cacerolazos.

Las preguntas concretas alrededor del tema serían:

1. ¿Cuál es el objetivo del paro? Una posible respuesta obvia es protestar por el actual orden de cosas, y hasta ahí vaya y venga. Cuando le preguntaban al azar a algunos de los marchantes por qué lo hacían, las respuestas, aun cuando legítimas, evidenciaban que algunos no sabían exactamente contra qué estaban protestando, o colocaban como objetivo de la marcha el tema particular que les interesaba, lo cual es legal y legítimo, pero poco contundente.

Habría que preguntarle a los organizadores y promotores del paro nacional si sí han logrado lo que buscaban, si es que ellos lo han tenido claro.

2. Si se protesta contra algo, otra pregunta sería ¿Qué es lo que se propone? Porque una cosa es denunciar y otra cosa es tratar de solucionar. Se intuye sin mucho esfuerzo, que no hay contrapropuestas al estado de cosas. Proponer una mesa de conversación o un diálogo nacional es un mecanismo para adormecer los ánimos y mostrar voluntad de querer arreglar las cosas, pero sin tener propuestas concretas. A nivel planetario lo que vemos es una crisis de identidad del humanismo, pues la humanidad en su conjunto y el humano individual estamos sintiendo cierta desazón y cierta frustración por el orden de cosas establecido. La deslegitimación generalizada de las instituciones vigentes, que como el gran Leviatán se convirtieron en organismos no representativos, lleva al desorden, al no contar con una educación política que nos permita implementar un modelo anárquico, es decir, un modelo donde podamos convivir sin necesidad de ningún tipo de referentes o de reglamentos. La casi extinción de los partidos políticos ante el desvanecimiento de las ideologías, lleva a una crisis del modelo democrático, ante lo cual los llamados humanistas no tienen propuestas alternativas, ya que están en conflicto con los pontificadores de la tecnología, obnubilados y subsumidos en su micro mundo, el de la tecnología, que nos ha transportado a estadios de desarrollo desconocidos e inimaginables, pero que no han servido para alcanzar la igualdad, la equidad y el bienestar para la humanidad.

Ahora es que necesitamos que los sociólogos, los filósofos, los politólogos, los antropólogos, los historiadores, los psicólogos, los artistas, los intelectuales todos, asumamos la responsabilidad de echarnos el planeta al hombro, mientras los científicos tratan de buscar remedios a los impactos y huellas catastróficas que todos estamos dejando en nuestra casa común.

Conciliar los desarrollos tecnológicos en todos los campos con las debilidades de los sistemas sociales, políticos y económicos vigentes se hace necesario si no queremos que un estallido social imprevisto, nos devuelva, en un momento, a la edad de piedra.

Debemos precisar entonces los objetivos del Gobierno de turno, los objetivos del Estado colombiano y los objetivos de la Nación colombiana, una vez nos hayamos tomado la molestia de construirla.

viernes, 1 de marzo de 2019

Ni izquierda, ni derecha


Por José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón
Así como para escribir este artículo tuve que utilizar unos comandos en Word, quitando la margen izquierda que ordinariamente trae, para luego poner el título en el centro, con negrilla y mayúscula y después de colocar mi nombre en la margen derecha, quitarla para luego escribir el texto justificado en las dos márgenes, así me parece que es la vida que vivimos.

El cuerpo humano tiene dos costados y ambos son necesarios e importantes. Algunos somos diestros, otros zurdos, y en ambos casos nos desenvolvemos con mayor propiedad, de modo que cuando falla o falta esa mano, nos sentimos limitados y obligados a ejercer una habilidad mayor en el costado que había estado relegado o subutilizado. Así lo experimenté cuando me operaron del manguito rotador del brazo derecho: descubrí que con mi mano izquierda tenía una inusitada habilidad para comer, peinarme y realizar varias actividades. Cuando tuve una fractura en el peroné de la pierna izquierda, la derecha le tocó duplicarse en funciones para suplir temporalmente lo que la otra no podía hacer. En ambos casos, al centro, la cabeza ordenaba, coordinaba, decidía.

En el devenir humano algunos, al rastrear su historia, han juzgado que existe un movimiento pendular, muy similar al de esos relojes de cuerda que había en nuestras casas y hace que ese pendulo esté un momento a la derecha y enseguida otro a la izquierda. Les conté también, hace meses, cómo Mario Mejía, aquel simpático jesuita salamineño, se definía de “extremo centro” y cómo a sus críticos internos, en tiempos de polarizaciones, les decía que efectivamente era café con leche, porque no era tinto que quitara el sueño, ni leche que curara úlceras, sino café con leche, esto es, alimento.

Por allá en los años 30 del siglo pasado, Enmanuel Mounier, filósofo francés, escribió una de sus obras más relevantes: “Manifiesto al servicio del personalismo”, con la cual inspiró todo un movimiento que busca exaltar el valor de la persona frente al atropello de la que ha sido víctima por causa de los regímenes siniestros llamados capitalismo, fascismo, comunismo, los tres, por igual. Aquel libro era ya preanuncio de lo que décadas más tarde un grupo de filósofos caracterizarían como uno de los rasgos de lo que algunos llaman posmodernidad: el fracaso de esos metarelatos, constructos ideológicos que puestos en práctica resultaron siendo un auténtico fiasco.

De modo que lo que los Obispos latinoamericanos, reunidos en Puebla a finales de los 70, denunciaron tan claramente al proclamar que ni el capitalismo ni el comunismo eran la solución para la humanidad, hoy sí que se hace evidente. Esas ideologías perversas nos tienen postrados. Nos han desgastado por décadas enteras haciéndonos luchar intestinamente tras falsas promesas de ilusorios paraísos. Todo es mentira. Nos siguen engañando con cuenticos de baratija. Cuando la derecha exacerbada ha empobrecido por la injusticia pueblos enteros, aparece el lobo de la izquierda disfrazado de salvador para acabar con lo que quedaba. Nuevamente regresa la derecha para redimirnos de tan cruel fiera, pero es una nueva mentira que la izquierda desenmascarará para volver por sus víctimas y así, pendularnemente, como pareciera convertirse esta trágica historia de nuestros pueblos. La persona no importa, lo único que se busca es alimentar su insaciable voracidad. Finalmente son lo mismo aunque digan que son distintos. Y son lo mismo porque ambos mienten, ambos son corruptos, ambos explotan, ambos alimentan odios y rencores, ambos quieren lucrarse hasta el infinito, ambos viven del conflicto y de la guerra porque ese es su mejor negocio.

Para muestra un conjunto de botones: ¿Quién dio vida a la seguridad democrática? Las FARC. ¿Quién le dio aire a un gobierno sin rumbo? El ELN. Y así nos han distraído de la corrupción en Odebrecht, del revés de Hidroituango. ¿Qué hacemos tan obsecuentes y tan arrodillados con Trump armando líos en Venezuela y buscando guerras que no queremos? Por supuesto que eso de ninguna manera justifica las bellaquerías de Maduro y sus cómplices rusos, turcos o iraníes. ¿Quiénes fueron y están siendo carne de cañón y víctimas de todo esto, mírese desde donde se mire? El pueblo, nuestra gente. Pueden morirse de hambre por un régimen asesino o morir igual azuzados desde el otro lado para que sus masacres justiquen una intervención militar. Lo que cuenta, finalmente, no son ellos como personas, lo que cuenta es llenar las arcas de los demonios de la guerra. ¿Quiénes dan vida a Mr. Trump? Putin, Erdogan, Maduro, Kim Jong un!; ¿Y a un Ortega? ¡Somoza!; ¿y a Bolsonaro? ¡Lula!; ¿y a Lopez Obrador? ¡Peña Nieto! Llámense como se llamen, en el fondo son lo mismo.

En la medida que pasan los años y el tiempo nos va aleccionando, cual implacable escuela de duro rigor pedagógico, me da más asco el burdo capitalismo y el hipócrita comunismo. Me harta caer en juegos discursivos de derechas e izquierdas polarizantes. Si uno habla de derechos humanos o justicia social es mamerto o de izquierda y si habla de orden, rigor y disciplina es de derecha. Todo es pantomima, todo es teatro, todo es circo. Y esos payasos solo producen risa, por no decir lástima, porque son como nosotros, sólo que se disfrazan para alcanzar sus mezquinas fechorías. De modo que ni de derechas ni de izquierdas. Unos y otros tienen cosas buenas pero también muchas equivocaciones. Desde el centro vayamos buscando alternativas más nobles, más humanas, más acordes con el evangelio. Puede sonar a utopía, pero de eso ya hablamos hace una semana.