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jueves, 15 de febrero de 2024

El gran "coste de la oportunidad" que paga hoy Colombia

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Toda decisión tiene un costo de oportunidad asociado y representado por el valor de la alternativa a la que se renuncia, lo que se rechaza, sacrifica o se deja de lado. Dicen lo montañeros de mi tierra: “El que saca, y no le echa, se le acaba la cosecha”. Una nación no progresa cuando un Gobierno tiene como misión terminar con el sector productivo del país.

En pleno siglo XXI las naciones no soportan el costo asociado a la volatilidad de los extremos ideológicos ni los ensayos restrictivos de la libertad desde el ejercicio del poder. Eso resulta en la quiebra de cualquier hacienda pública, en la miseria del sector privado y perpetúa la ignorancia como dictadura.

Colombia votó en 2022 por un cambio a la loca, por un salto al vacío, pero sin paracaídas. Nunca se le dijo al ciudadano cuál sería el costo directo, ni el costo de oportunidad que ese cambio le representaría frente al gran potencial de nuestro país, a sus libertades democráticas y al bolsillo de todos los que no vivimos del derroche gubernamental.

Para entender las consecuencias de permitir que un gobierno imponga un nuevo modelo que auspicia el terrorismo, emulando los cambios que viene generando el socialismo del siglo XXI en naciones hermanas, miremos el costo de oportunidad, lo que perdemos al desviarnos de una tradición democrática de más de 200 años, corriendo el riesgo de caer en una tiranía neo-estalinista patrocinadora del narcoterrorismo y producto de un viaje psicodélico gubernamental sin precedentes.

¿Qué puede haber más valioso que la vida y el tiempo? Y mientras aquí lo que llaman paz se paga con vidas, si sumamos el tiempo perdido de 50 millones de personas a causa de decisiones equívocas producto de la mediocridad, la ignorancia, la soberbia, el odio, el resentimiento personal o ideológico, o los egos de las figuras que dominan la política, esos son, el mayor costo de oportunidad que puede pagar toda una nación.

¿Cuál es el costo de oportunidad para el desarrollo si los fondos públicos y los recaudos impositivos se dedican a financiar acuerdos utópicos con el crimen organizado, dejando de lado la financiación de la nutrición infantil, la seguridad ciudadana, la salud, la construcción de infraestructura, la educación y el deporte, la conectividad y la formación de empresas y actividades económicas lícitas?

Colombia, en comparación con la gran mayoría de las naciones desarrolladas, está ubicada en el ombligo del mundo, es país tropical y andino, con montañas y forestas que le dan recursos hídricos y energéticos limpios, está llena de minerales preciosos e hidrocarburos que le pueden garantizar autoabastecimiento e ingresos para su desarrollo y para pagar una transición energética gradual y sostenible. Nuestro país es, comparativamente a su tamaño, la gran potencia en biodiversidad, selvas tropicales húmedas y páramos, con regímenes lluviosos trimestrales, y unas planicies sujetas a sequías e inundaciones semestrales.

Nuestra diversidad cultural y complejidad geográfica están llenas de un capital humano y una cultura laboriosa y de superación de la que emana un ingenioso espíritu emprendedor. Aquí nunca ha sido fácil formar capitales, la necesidad esencial ha sido progresar como nación y hoy podríamos estar avanzando en desarrollo con el propósito de migrar a una sociedad del conocimiento de la forma en que lo hicieron Corea del Sur, los Tigres Asiáticos o Emiratos Árabes Unidos.

Por tanto, nuestro país, manejado de manera confiable y consistente en lo que queda de este siglo, puede ser uno de los principales centros de atracción de inversión extranjera global para la preservación y la transformación del planeta, donde las grandes naciones deben ser los principales actores de la descarbonización y nosotros los grandes proveedores de energías limpias, biodiversidad, conocimiento, recursos y servicios.

Colombia puede ser, en medio de la complejidad geopolítica actual, un centro global y regional físico y digital a la vez, que articule inversión productiva, turismo, maquila, distribución y comercio internacional. Tiene costas en los dos océanos, puede desarrollar redes de trasporte y ductos que superen la complejidad de nuestra accidentada geografía.

Colombia puede ser un lugar seguro en toda la extensión de la palabra si el Estado garantiza la legalidad y la justicia como los rieles sobre los cuales rueda una democracia; si cuajamos la determinación de contar con políticas de Estado a mediano y largo plazo que sean sólidas y sostenibles, que propendan por una educación intelectual, científica y deportiva sustentada en la formación de una cultura sana de desnarcotización de la juventud, de la economía y de la política, ayudada con nuevas tecnologías que protejan todo ese acervo de recursos anteriormente enumerado.

Ello requiere que los gobiernos venideros dejen el populismo ideológico y administren bien el Estado, en lugar de dedicarse a la politiquería y el clientelismo con cargo a la miseria del pueblo que dicen representar.

Pagamos un gran costo de oportunidad por no tener legalidad para garantizar la vida, la seguridad a la inversión y la propiedad de los nacionales y los extranjeros. Pagamos por no poder fortalecer la macroeconomía explotando de manera tecnificada nuestro activo minero-energético y haciendo un uso juicioso de su producido en la construcción de una gran infraestructura física y digital que nos permita avanzar en esta era del conocimiento, y desarrollar nuevas industrias y servicios integrados a la globalización, a la regionalización y a ser un centro de turismo cualificado y calificado.

Pagamos caro el costo de no tener un sistema integrado de manejo del recurso hídrico, coordinado con reglas claras de protección y mitigación ambiental balanceadas, compatibles con las necesidades y demandas del desarrollo socioeconómico, y la construcción de presas y generadoras en los afluentes de los grandes ríos, y así poder construir reservas hídricas, sistemas de riego y manejar canales para habilitar tierras productivas en las planicies, evitando sequías e inundaciones.

Pagamos un alto costo por no hacer la reconstrucción de las ferrovías, interconectar física y digitalmente las urbes y el campo, no ampliar los sistemas de vías primarias de nueva generación, ni mejorar de las vías terciarias, por no hacer una construcción masiva de túneles, puentes, por no mejorar la navegabilidad de algunos ríos y ampliar la red de poliductos para hidrocarburos y aguas, por no construir más puertos, por no mejorar en lugar de destruir los sistemas integrados de salud y transporte, los centros educativos, deportivos y cárceles, de modo que el Estado le garantice a cada ciudadano las oportunidades propias del debido cumplimiento de sus obligaciones.

Pero como dice un viejo adagio: “por la cagada se conoce el pato”. Y cuando lo que Colombia necesita es seguridad, un manejo serio, competente, consistente y sostenible de la cosa pública, educación, cultura y salubridad física y mental, lo que este Gobierno intencionalmente deja en cada decisión que toma es: destrucción de valor económico e institucionalidad, miseria humana y empobrecimiento colectivo, mediante la legitimización del crimen organizado, asociado a la violencia criminal, el narcoterrorismo y el subsidio a la milicianización y el microtráfico.

martes, 13 de febrero de 2024

De cara la porvenir: como las olas

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

En un país como Colombia, donde la incertidumbre, la zozobra y la violencia son absolutamente normales, el ejercicio de los análisis económicos gira alrededor de las especulaciones de futuro y en las explicaciones de por qué estas no se cumplieron finalmente, acompañados de promesas y compromisos gubernamentales que siempre son incumplidos -Feliz 4 X 1.000 temporal- o –Ya no habrá más reformas tributarias-... ¿Le suenan amable lector?

En el mundo hoy se discute acerca del conflicto que se tiene alrededor de dos posturas divergentes: la necesidad de generar riqueza a partir de su creación o a la búsqueda de la renta a través de la especulación y el alto riesgo.

Pareciera que, a este punto y hora, como ha ocurrido de manera cíclica, va ganando la segunda postura.

Cuando se habla de riesgo país se habla de unos factores que deben mantenerse dentro de unos estándares prefijados sin tener en cuenta las realidades particulares de cada país, lo cual lleva, por ejemplo, a que Colombia casi siempre esté mal parada o entre perdiendo a la evaluación.

No es de extrañar que estemos en los últimos lugares de resultados comparados con los miembros de la OCDE. Lo importante es que sepamos aprovecharlos para que nos ayuden a salir adelante.

Ahora bien, ¿es la competitividad un asunto de país en abstracto, de minorías pudientes, de empresarios o de toda la población?

En un reciente estudio se concluía que la mayoría de los asalariados en Norteamérica no tienen como atender una contingencia de US 1.000.00 teniendo que recurrir a préstamos o vender algún activo.

Esto demuestra la fragilidad del mercado interno, y que, en muchas ocasiones, si se tiene la fortuna de tener empleo, se vive al debe.

Obviamente, Colombia no es la excepción.

La competitividad es un asunto de todos, se mide por resultados económicos y se evidencia en un mayor bienestar de toda la población.

Por eso no es necesario someternos a discusiones bizantinas. Existen los creadores de riqueza, que son los empresarios de todos los tamaños que se arriesgan y madrugan todos los días, existen los empleados o trabajadores de todos los sectores y subsectores, y existe la población que debe ser atendida por el Estado.

Facilitar y promover la creación de riqueza con trabajos dignos y una adecuada y eficiente redistribución son los elementos necesarios para que se pueda dar una verdadera sinergia política, económica y social.

Soy un gran admirador del doctor Ariel Armel Arenas, uno de los más distinguidos gerentes que tuvo el antiguo Idema y quien se ha convertido en un verdadero misionero de las causas de protección a los consumidores.

Como todos somos consumidores de algo, bienes, productos o servicios, sin ninguna excepción planetaria, considero que todos nos hemos visto sorprendidos cuando los empaques, los pesos y, por qué no, la calidad de algunos productos resulta engañosa.

Al comprar drogas en la farmacia o artículos en el supermercado, muchos de los empaques son rimbombantes y excesivos con respecto al contenido. O somos testigos de un gran despilfarro y exceso de empaque o del déficit intencional de producto.

Eso sí, lo que es claro es que ya estamos acostumbrados a que los precios suban y las cantidades bajen, cuando no es la atención y la calidad en algunos restaurantes de moda.

De manera paralela, los consumidores locales ven como uno de los efectos nocivos del turismo, el que los precios se adaptan al turista que en teoría viene a gastar, afectando al que simplemente está viviendo. Estamos llenos de “experiencias gastronómicas” sofisticadas, de buena calidad y muy costosas con respecto al promedio de los buenos restaurantes internacionales, todo bajo un evidente tufillo esnobista.

Alguien mencionaba con razón que ir a un supermercado de buen nivel o ir a un restaurante de moda, es semejante a ser víctima del “paseo millonario”. La cuenta no baja de ese valor.

Dice el intelectual Niall Ferguson que “La Unión Europea prioriza la regulación sobre la innovación, la burocracia sobre los negocios. Esta es la razón por la que el crecimiento de Estados Unidos supera al de la UE”.

Algunos otros coinciden que el excesivo respeto a la tradición es un impedimento frontal para la innovación.

miércoles, 16 de agosto de 2023

Transición energética, desarrollo y adaptación al cambio climático como propósito nacional

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Ponencia presentada en el foro Sostenibilidad y Transición Energética. Pasos necesarios para tener un mejor país

Introducción

Quiero agradecer a Hassan Nassar y a la revista Alternativa por invitarme a este importante foro para plantear ideas de cómo realizar una transición energética lógica y sensata dentro del contexto de compatibilidad entre el desarrollo socioeconómico, el calentamiento global y el cambio climático.

Esta presentación se conceptualiza desde el punto de vista del sentido común, compaginado con la implantación de nuevas tecnologías como elemento necesario en todo proceso transformacional.

No soy técnico ni especialista, pero he tenido la oportunidad de aprender y conocer personalmente la diversidad colombiana y global, y los procesos relacionados con la materia. Desde el Fondo Nacional del Café y Proexport-Colombia, tuve como economista agrícola la posibilidad de hacer unos análisis de todas las regiones y la productividad nacional como país tropical andino y entender lo que ello significa. Desde el directorio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), durante 8 años, pude conocer a fondo 48 países del mundo y analizar sus realidades geográficas, ambientales, políticas y sus condiciones de vida socioeconómicas, y después tuve el gran honor de poder colaborarle al país en la Presidencia de la Junta de Ecopetrol.

En esta ponencia sobre me refiero a varios ejes fundamentales que tienen que integrarse al hablar de transición energética:

·       La compatibilidad de la convergencia tecnológica con el desarrollo humano cultural y socioeconómico.

·       El cuidado y el aprovechamiento de la biodiversidad y las forestas tropicales.

·       El recurso minero-energético en todas sus formas, empezando por el manejo hídrico y la debida exploración, explotación y mitigación ambiental de todo tipo de minerales.

Fundamentos de transición energética: la experiencia en Ecopetrol

Con miras a poder delinear un plan responsable de transición energética de corto, mediano y largo plazo para el grupo empresarial Ecopetrol, que ayudara al país y la región, desde principios del 2019 analizamos con expertos mundiales todas las variables asociadas al cambio climático, al calentamiento global y al desarrollo energético.

Lo hicimos en paralelo al desarrollo de la metodología con la cual iniciamos una transformación integral de todos los flujos de negocio sujetos de mejora; trabajamos con la administración en una arquitectura que nos permitiera un proceso de cambio tecnológico innovativo y acelerado mediante la implantación de sistemas digitales que habilitaron a la empresa a concluir su transición de ser una petrolera bajo modelos de asociación, a ser un grupo regional y global de servicios, dedicado a todo el sector energético a partir del 2021 y con metas claras a 10, 20 y 40 años, que comprendía mejoras críticas en todo el negocio de hidrocarburos, avances en gas y descarbonización e incursión en nuevas formas de generación, transporte y distribución energética.

Entendiendo la importancia de la anticipación a la velocidad del cambio y que el mundo está pasando de la “economía del conocimiento” a la “economía del comportamiento” (Behavioral Economics), emprendimos ese proceso de cambio completamente apalancados en una función tecnológica, para poder hacer mucho más eficiente todo el concepto de parámetros ESG: (Ambiente, Social y Gobernanza y Administración Corporativos).

Nos apoyamos en todos los aspectos de la convergencia digital y tecnológica aplicada en tiempo real a la recolección, proceso y analítica de datos, mediante sistemas de manufactura avanzada y economías circulares, internet de las cosas, inteligencia artificial, robótica, nanotecnología y realidad aumentada, lo cual le garantizó al grupo seguridad física, eficiencia operativa y eficacia financiera, que se vieron reflejadas inmediatamente en la forma en que logramos navegar la depresión que causó la pandemia y en los resultados económicos de los años 2021 y 2022.

Así fue como llegamos al concepto metodológico, operativo y administrativo bajo parámetros T.E.S.G. que trabajamos con denominación de SosTecniblidad®.

Apalancados en el extraordinario talento humano existente en Ecopetrol y sus casi 100 compañías y en tecnologías de punta, se logró en pocos meses terminar de implementar y fortalecer con inversiones intensivas, una transformación muy grande que ya había iniciado la empresa desde 2016, pero requería el compromiso de una junta directiva que desde la primera reunión creó un Comité de Tecnología e Innovación, con el fin de respaldar una administración completamente abierta y enfocada al cambio.

Todo esto se plasmó en la estrategia corporativa del Grupo Empresarial Ecopetrol que se aprobó bajo el nombre de “Plan Estratégico 2040”.

Hablemos de cómo se debe abordar plan lógico para Colombia en materia de transición energética.

¿Qué no podemos y qué podemos y debemos transformar, y cómo?

Empecemos por decir que todas las transformaciones y los cambios positivos, a lo largo de la historia de nuestra civilización, son cambios tecnológicos, y no pertenecen al mundo de la ideología, la retórica ni de la demagogia propia de la política.

Lo anterior quiere decir que la transición energética es un objetivo global de largo plazo, un proceso tecnológico innovativo continuo en el tiempo que requiere mucha inversión económica, y que sea constante y consistente.

Es un proceso de análisis, planeación, desarrollo de conocimiento y capacidad humana, digital y científica dedicada a la adaptación e implementación y compaginación de sistemas innovativos y nuevas tecnologías.

Entendamos también que hay dos tipos de cambios: los que nos impone la naturaleza, y aquellos que son producto de una función de conocimiento científico y tecnológico.

No existen cambios generados por los humanos que no estén relacionados con la ciencia y la tecnología. Los cambios fundamentados en ideologías, por lo general, resultan opuestos a los primeros y definitivamente no pertenecen al mundo especulativo ni a realizades factuales.

El cambio climático tiene dos factores determinantes: Unos exógenos que pertenecen a las dinámicas de la naturaleza universal y sobre los cuales no tenemos control los seres humanos. Otros endógenos que sólo podemos mitigar parcialmente mediante el desarrollo de nuevas tecnologías, su adopción cultural e implantación económica.

Los exógenos: son aquellos factores que dependen más de la rotación de la Tierra, de lo que le pase a la galaxia, de la Luna, del Sol, de en qué punto esté el planeta dentro de unas órbitas elípticas, de cuál es la inclinación y rotación sobre el mismo eje terrestre, todo lo cual determina cambios ineludibles que se van dando en periodos mucho más largos de tiempo, pero que se manifestarán en un momento determinado, de la misma forma en que hoy sabemos que ocurrió y sigue ocurriendo la transformación tectónica de planeta.

Los endógenos: son los que están dentro de la atmósfera y con relación a los cuales, los humanos sensatamente debemos comprender cómo abordar la transición energética como un proceso en el tiempo que atienda dos tendencias inevitables: la descarbonización y la electrificación.

Hablar de transición energética es un proceso complejo y costoso, que para nada se relaciona con el “Abra-cadabra” del abuso que representa un discurso políticamente correcto sobre ambientalismo. Se trata de que encontremos nuevas soluciones tecnológicas que compaginen un proceso gradual de descarbonización, con nuevas formas de proveerle a la humanidad nuevas soluciones que atiendan una creciente demanda energética, eléctrica y calórica o alimenticia.

Por tanto, la transición energética necesariamente depende de que un país tenga los recursos económicos, el talento humano y la infraestructura para implementar las nuevas soluciones de contar con esas energías, de forma compaginada con el cuidado del medio ambiente y con el bienestar y la calidad de vida que nos puede ofrecer esta era del conocimiento. Esto se complica más en países en vía de desarrollo con las complejidades presupuestales propias de un ingreso medio.

Tiene que ser un propósito global, no un tema partidista ni electoral, el propender por no alterar negativamente los ciclos y las fuerzas de esos factores endógenos que determinan la vida en los pocos kilómetros que conforman las tres capas de la biósfera.

Para una ilustración general sobre estos aspectos recomiendo un video en YouTube de “History Channel”, un programa de dos horas que cuenta la historia de la formación del mundo, expresada de una forma bastante lógica y didáctica.

¿Cuál debería ser el plan de transición energética de Colombia y cómo debe engranarse con el plan de un grupo energético que es el que está llamado a ser el abanderado de la energía en el país, a 20, 50 y a 100 años?

A mi juicio es algo que tiene que existir como política de Estado con metas realizables de corto, mediano y largo plazo, que en lugar de eliminar los ingresos estatales que le permiten una sostenibilidad energética en el mediano plazo, utilice esos recursos y los ingresos que generan el petróleo y el carbón para ir haciendo un puente, basado en gas, que conduzca al crecimiento de generación energética por medio de formas existentes y de nuevas tecnologías que aún están por desarrollarse e implementarse a niveles que puedan sustituir lo existente.

Pero aquí ningún político habla de ello con propiedad, sólo utilizan los conceptos básicos acomodándolos a su propia conveniencia. Hablan del cambio climático y la transición energética, como hacen con otras banderas ideológicas minoritarias, como una bandera ideológica sin respaldo en el mundo real para armar un movimiento o un partido desde el cual abusan del erario y engañan al elector y al ciudadano.

Y la retórica populista ideológica no debe ser el camino del cambio en materia de transición energética y menos de la mitigación del cambio climático. Estos son asuntos que tienen que hacer parte de un propósito global no de una sola nación. Debemos entender que la huella ambiental actual de Colombia es simplemente una parte pequeña, tal vez el 0,2% de todo lo que pasa en el ambiente del planeta, de manera que de poco o nada nos sirven políticos hablando por todo el mundo de que van a ser los salvadores del cambio climático y el calentamiento global, cuando nada hacen internamente por combatir aspectos tan críticos como:

a. La deforestación. Que incluye la devastación de la biodiversidad, la depredación de especies en vía de extinción, la contaminante y devastadora minería ilegal no tecnificada y sin mitigación alguna, la explotación ilegal de maderas duras y los atentados terroristas a la infraestructura de transporte de hidrocarburos.

b. La colonización. Muchas veces forzosa y engañosa de zonas aisladas con propósitos de politiqueros y de lucro individual o de colectivos legales o ilegales.

c. Los conceptos de desarrollo indeseado. Como la sustitución de cultivos en zonas aisladas y donde sólo debe haber selva tropical húmeda o proyectos de reforestación natural o comercial.

d. La deforestación para la siembra de cultivos ilícitos. Coca, amapola y mariguana, su proceso, producción y comercialización de cocaína, heroína y cannabis como drogas adictivas, que integran toda la cultura social y económica criminal asociada al narcotráfico y al narcoterrorismo.

Desafortunadamente los políticos en la civilización actual solo tienen un interés personal en el corto plazo, representado en sus políticas de gobierno y no en la formación de políticas de Estado, y ello se relaciona con que el paso por el poder es efímero y carece de la real determinación y capacidad de implementar transformaciones sostenibles.

Hay tres valores prioritarios que deben ser políticas de Estado no banderas de campañas ni simples políticas de un gobierno.

Entonces, ¿qué es lo que hay que cambiar para recorrer en el tiempo un camino a una transición energética, lógica, sensata y sostenible?

Primero. Defender la diversidad y multiplicarla;

Segundo. Defender el agua que es energía, aprender a manejar el recurso hídrico con tecnología y multiplicar la producción o transformación energética;

Tercero. Educar, como el elemento cultural, el valor más importante para que los dos anteriores puedan sostenerse. Entender que tenemos un gran capital humano, inexplotado, subestimado, falto de educación.

Como nación debemos concentrarnos en crear la cultura del mejoramiento ambiental mediante la participación de toda la ciudadanía en la siembra de árboles y en la reforestación y su cuidado, del aprendizaje de idiomas, matemáticas, civismo e ingenierías, en lugar de estar enseñando odio y resentimiento como ha hecho Fecode con la niñez y la juventud.

Debemos dejar de predicar una transición energética prohibitiva y politizada, hay que enseñarle al ciudadano del futuro cómo prepararse científica y tecnológicamente, para poder realizar cambios transformacionales positivos, como el manejo del agua y la generación de energías limpias.

Además, hay acciones que no dan espera

Y voy a tratar de terminar esta intervención, diciendo lo siguiente: en Colombia tenemos que hacer tres cosas:

Primero. Desarrollar responsable, legal, técnica y eficientemente el potencial minero-energético que nos dio la naturaleza cuando creó nuestra variada y accidentada geografía.

Si Colombia quiere tener con qué poder abordar una verdadera transición energética en el tiempo, necesita incentivar y desarrollar al máximo todo el sector minero-energético, pues es la única fuente económica de base para poder progresar y poder invertir en que la nación no sólo proteja, sino que pueda convertirse en un polo de inversión en biodiversidad y energía, y que pueda multiplicarlas, porque eso es lo que nos dio la naturaleza como país tropical-andino.

Este no es un país agrícola en términos comparativos con los subtrópicos o las zonas estacionales, nosotros somos tropical-andino o montañoso y la agricultura y las forestas de nosotros se fundamentan en la fotosíntesis y la exuberancia no en la productividad de cultivos estacionales, por ende es muy limitada y lo seguirá siendo, porque no hay las tierras tractoréales, porque lo que hay son llanos y fronteras de suelos deficientes y ácidos en montañas y en las planicies, y porque allá llega el agua de las épocas de lluvia y destruye todo, o llega una sequía y también se queda parado todo porque no tenemos los manejos de esos flujos de agua.

Segundo. Crear un sistema integrado de manejo de aguas.

Entonces, necesitamos un sistema integrado de manejo de agua y lo que eso valga es financiable en el largo plazo, pues el mundo entero lo necesita.

Primero, hay que abordar el análisis de los flujos hídricos del país y mejorar la medición y la predicción meteorológica y el análisis cuantitativo de todos estos para, sobre esa información y esa data o ese blue print, empezar a construir un sistema integrado de manejo de agua que venga del sur al norte, de las cordilleras a las planicies y a la selva.

Esto implica que haya desarrollo de una infraestructura que necesita el país para tener un manejo adecuado de los grandes flujos perdidos de agua que tiene, y aprovechar que no estamos como muchos otros países o como California llevando del bulto sin agua. Aquí lo que pasa es que la tenemos en abundancia, pero no la sabemos manejar, no tenemos la menor idea de cómo manejarla.

Entonces, aquí tendría que haber ya un sistema integrado de manejo hídrico del país que pueda administrarse en tiempo real, que integre el cuidado de las cuencas, y ello no quiere decir que no se haga minería, sino que se realice bien con tecnologías de punta y se deje de lado ya la doble moral que protege con su silencio la minería ilegal y el daño ambiental sin mitigación de ninguna naturaleza.

Tercero. Emprender el cuidado de la biodiversidad.

Mientras deforestemos para sacar madera, sembrar más coca, para abrir indebidamente fronteras ganaderas, para acabar con la vida animal y vegetal, y no tengamos identificados con información satelital en tiempo real toda esa problemática y no contemos con un verdadero sistema policivo ambiental que sea fuerte, y no empecemos a sellar territorios de selva tropical húmeda, mientras no emprendamos una política de Estado a largo plazo bajo el concepto multimodal que hemos llamado “seal the rainforest”, con tecnología de avanzada y no comprendamos que los polos de desarrollo, y la agricultura de la seguridad alimentaria deben estar cerca de los mercados y de la infraestructura de transporte, y que las poblaciones agrícolas toda la vida han sido nómadas en función de esas oportunidades, seguiremos acribillando la biodiversidad, sembrando el cultivo que mata y afectando el principal pulmón de la humanidad que es el sistema andino-amazónico.

No podemos hablar de biodiversidad cuando se tumban dos hectáreas de bosque tropical húmedo para sembrar una hectárea de coca, y cuando deforestamos las cuencas hídricas para sembrar heroína en la parte alta de las montañas.

Tenemos que entender el valor del trópico donde una foresta si se deja sola sin la presencia del ser humano se restituye y empieza a oxigenar nuevamente en 16 meses o tres períodos de lluvias.

Nada tiene que ver eso con hacer una minería legal y bien hecha y lo mismo pasa con los yacimientos no convencionales, con la extracción del gas y con todos esos elementos que son los únicos que nos pueden dar la riqueza para educar esta gente que luego es la gente que va a evitar que nos convirtamos en nuestro propio hormiguero y que, a la vez, nos convirtamos en una solución para el planeta, en materia energética y en materia de manejo hídrico.

Consideraciones finales

El agua es vida, el agua es energía, y gracias a ello tenemos la gran riqueza que representa la biodiversidad y una capacidad única y variada de generación de energías limpias que debemos financiar en el futuro con los réditos de una juiciosa utilización de la gran riqueza de recursos no renovables que nos otorgó la naturaleza.

Esos recursos enterrados no sirven para nada, por el contrario, bien explotados son el puente al desarrollo y a una sociedad del conocimiento.

Comparen cuánta biodiversidad hay en un bosque europeo o asiático, con cuánta biodiversidad hay en nuestro bosque tropical húmedo que es el ombligo y el abdomen del mundo, y verán que Colombia no solamente está localizado estratégicamente para convertirse en un gran centro (HUB) energético y de vida, de biodiversidad, de estudio, de ciencia, de desarrollo, de nuevas tecnologías, de nuevas ideas. Mientras aquí, localmente, hemos elegido proteger el negocio y la cultura de la cocaína, en los cuales solo nos darnos bala y nos llenamos de odio, dejándole el país a una parranda de delincuentes.

Nacimos como una nación minera y tenemos que poder llegar a ser una verdadera potencia minera que genere los recursos para que la nación pueda proyectarse hacia el futuro y sobre eso construir una infraestructura responsable, educar la gente, cuidar el bosque tropical húmedo, sacar los recursos naturales, hacer el mejor aprovechamiento para que esa transición que llamamos cambio climático, pueda estar acompañada de un gran cambio tecnológico y de una nación de avanzada en la era del conocimiento, en una nación que sea la que lidere todo lo que pase en este epicentro que cubre el Caribe, Centroamérica, los países andinos, incluso Brasil, en materia del manejo del territorio y sus recursos, integrado y bien hecho.

Si no se cuida la biodiversidad y a la vez se activa el sector minero-energético, si no se cuidan y administran los flujos hídricos y se genera más energía limpia por todos los métodos habidos y por haber, si aquí todo sigue sometido a las conveniencias politiqueras, no se puede llegar a nada diferente a la administración de un empobrecimiento exponencial que nos llevará a ser miserables sentados en una gran riqueza.

Ecopetrol se dejó con un plan 2040 que a mi juicio no debe ser tocado y que ya perdió un año en su debida ejecución. Cerraron los pozos petroleros, dijeron que no a los proyectos de ciclo corto, yacimientos no convencionales o el mal llamado “fracking”, les mandaron a los mercados el mensaje de que no van a hacer contratación petrolera hacia el futuro.

Es decir, en tan solo un año hicieron todo lo contrario a lo indicado y que venía siendo crítico para el Estado y el país: dijeron aquí vamos a renunciar a los principales ingresos del Estado, a vivir en la miseria y no nos vamos a abocar a ser una sociedad de conocimiento apalancada en los recursos naturales, en la ciencia y la tecnología que hoy en día tenemos disponible, no vamos a realizar el cuidado de las fuentes hídricas ni vamos a manejar los flujos de agua, ni vamos a proteger todo lo que representa la floresta tropical húmeda para el futuro de la civilización.

martes, 2 de mayo de 2023

De cara al porvenir: macro variables

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

En un mundo tan complejo como el que nos está tocando lidiar, resulta al menos dificultoso determinar cuáles aspectos son aquellos que generan mayor impacto en las dinámicas económicas, sociales, políticas y tecnológicas, que son las que finalmente generan los entornos en los cuales nos desenvolvemos.

El mundo actual se caracteriza por la volatilidad de los acontecimientos, la incertidumbre que tenemos todos, personas e instituciones, con respecto a los pronósticos de futuro, la complejidad de las situaciones que desbordan lo secuencial y que generan realidades de simultaneidad y la ambigüedad por la falta de certeza con respecto a la objetividad y validez de los registros y divulgaciones de los hechos.

Sin embargo, ante este panorama, me atrevo a rescatar tres variables que en el hoy podrían servir como vectores de análisis para tratar de enfrentar los retos que se nos presentan. Hablo de la demografía, de la democracia y de la sostenibilidad.

Con cerca de 8.000 millones de habitantes, la realidad nos muestra enormes iniquidades, reconversión de la pirámide poblacional –donde la tendencia muestra envejecimiento generalizado y decrecimiento de la natalidad–, y una creciente tendencia de ubicación y concentración en zonas urbanas.

El relato que soportaba la idea de que la democracia es la menos mala de las formas de gobierno, parece agotado dentro de los ires y venires de la historia, donde el recorrido del péndulo vuelve a orientarse por los movimientos autoritarios y populistas.

El tema de la sostenibilidad, sin caer en fanatismos, nos evidencia el riesgo que hoy tenemos de atentar contra la estabilidad de la naturaleza que es la que permite el desarrollo y la conservación de las diferentes formas de vida como hoy las conocemos.

Ante esta situación, solo una mirada integral del asunto en términos sistémicos, una vez identificados los componentes, nos permitirá la determinación de unas pautas de acción razonables, las cuales obligatoriamente deberán ir acompañadas de la voluntad política y de las renuncias a egoísmos e intereses que atenten contra el bien común.

¿Será mucho pedir? ¿Cuál es el legado que responsablemente deberemos entregarle a las generaciones por venir? ¿Si tenemos algún nivel de conciencia acerca de cuáles son las decisiones que deben ser tomadas bajo la fundamentación ética?

La evolución de la humanidad ha estado siempre acompañada de grandes cambios y de grandes revoluciones y transformaciones. Sin embargo, desde que tenemos registros históricos, es la primera vez que los números nos dan cuenta de realidades completamente diferentes a las anteriormente enfrentadas.

Solo el librepensamiento permitirá generar nuevas formas de observar y entender el mundo con una visión cosmopolita y planetaria, donde el concepto de terrícola, como habitante común del planeta, sea históricamente reconocida y aceptada como nueva identidad.

Atrás quedarán los conceptos nacionales, habrá que replantear el concepto de Estado como hoy lo entendemos, desaparecerá la noción de fronteras y el territorio será entendido bajo nuevas dimensiones.

Los sentimientos y las emociones también se verán impactados y la sobre saturación de información por cualquier medio, generará nuevos entornos –reales o virtuales– que modificarán los comportamientos y los criterios de análisis para la toma de decisiones.

Recordemos que las cosas no son como se llaman, sino que las cosas son lo que son.

¡Amanecerá y veremos!

martes, 3 de agosto de 2021

De cara al porvenir: para abajo ruedan las piedras

Por Pedro Juan González Carvajal*

Esta época impactada por la pandemia, a la cual no debe ni puede llamarse por ahora post pandémica, ‒puesto que todavía no la hemos superado‒, ha servido para que los líderes de las diferentes organizaciones puedan evidenciar su real valía, su entereza y su capacidad para enfrentar grandes retos.

Es el momento del ejercicio de la verdadera gerencia por parte de verdaderos gerentes, de asumir riegos, de tener prudencia, de ser proactivo, de ser motivador, retador e inspirador. Se pondrán en evidencia los gerentes mediocres, aquellos que saben pasar de agache, que están llenos de lugares comunes y que ponen el consenso ‒que es un medio y no un fin‒ por encima de los resultados inmediatos que hoy se requieren.

Esta posibilidad es una real exigencia, pues lo que hoy se encuentra en riesgo es la factibilidad, la viabilidad, la sostenibilidad y la sustentabilidad de todas las organizaciones planetarias, en el entendido de que, en términos económicos, cuando alguien pierde, alguien puede estar ganando y viceversa.

Y es que hoy el principal objetivo a lograr por las organizaciones es la supervivencia que garantice la continuidad de la operación, el cumplimiento de los compromisos, la preservación de los puestos de trabajo, la atención a las demandas de los públicos objetivos ‒stakeholders‒ y el impacto positivo en el entorno para servir como detonantes de cadenas de reacción positivas.

La cabeza de la organización debe hacer un gran esfuerzo por mantener la cabeza fría, lo cual no es fácil, pues las decisiones deben tomarse basados en la urgencia para atender la coyuntura ‒que no da espera‒ ya que están supeditadas a decisiones de instancias superiores, a decisiones que se toman en caliente sobre otras decisiones, a la dinámica, los ritmos y el compromiso de los miembros del equipo de trabajo, que no siempre son lo que se requiere, ya por su parsimonia, ya por su incapacidad para atender varios frentes al tiempo, ya por su desorden, ya por su incompetencia, ya por su temor o ya por su falta de comprensión y dimensionamiento de lo que está en juego. Estamos evidenciando, al menos en Colombia, la lentitud con la cual se toman decisiones, se elaboran procesos, se desarrollan proyectos y se obtienen resultados, tanto en las organizaciones privadas, como en las públicas, como en las sociales.

Pasar de la teoría a la práctica, de la idea al resultado, es una verdadera epopeya.

Hay que entender que estamos en un momento del tiempo similar al de un período de guerra. Quien no lo entienda así, quien no lo enfrente así, se convertirá en un lastre y en un estorbo para la dinámica organizacional requerida para pretender salir adelante.

Hay que hacer en menos tiempo lo que antes daba espera. Hay que revisar y ajustar los presupuestos, hay que ajustar y cumplir con los cronogramas, hay que evaluar y revaluar el portafolio de productos y servicios, hay que escuchar las sugerencias de los funcionarios en caso de que sean propositivos, hay que liberar las cargas fijas y tratar de convertirlas en variables, hay que mantener o crecer los márgenes de contribución gracias a ejercicios que permitan mejorar la eficiencia y la eficacia de los procesos, hay que sacarle mayor provecho a los activos y capacidades instaladas y ante todo, ser flexibles, proactivos, creativos, innovadores, ágiles y fluidos en el implementación, es decir, hay que hacer que las cosas sucedan.

Además, es necesario saber si lo que se tiene es un negocio cuyos ingresos dependen de eventos de alta probabilidad y bajo impacto ‒bajos márgenes‒, lo cual lleva necesariamente a la exigencia de los volúmenes, o si dependen de eventos de poca probabilidad y alto impacto, ‒negocios grandes‒, lo cual nos lleva a la búsqueda de altos márgenes.

Mención aparte merece la necesidad de mantener unido y motivado al equipo o grupo de trabajo. Todos tenemos intereses particulares, presiones individuales, familiares, empresariales, académicas, compromisos económicos y proyectos en remojo y además tenemos que atender y rendir en todos los frentes. Es así de duro, pero esa es la realidad que nos ha correspondido vivir.

La forma histórica de hacer las cosas, la reverencia a lo tradicional, ante esta coyuntura, podrían convertirse en la soga que apriete nuestro cuello y nos ahogue.

Es el momento no solamente de controlar gastos, sino, paralelamente, de generar más ingresos.

Uno no puede quitarle el oxígeno a la organización recortando gastos y costos de manera indefinida: si no hay cuidado con esto, podemos terminar anulando a la organización.

También es el momento de los sacrificios, de realizar contribuciones haciendo labores marginales, redistribuyendo cargas, de buscar economías de escala, de hacer realidad las integraciones horizontales y verticales en caso de que sean aplicables a la organización en particular, de no duplicar esfuerzos, de hacer las cosas bien desde la primera vez, que no haya que repetir mucho, que no congestionemos con reuniones permanentes, que dejemos trabajar a la gente.

No es el momento de remilgos, ni de debilidades, ni de contemplaciones, ¡Es hora de actuar!

¡Buena suerte y buena mar!

Nota: como es tradicional, el nombre propuesto para la nueva mal llamada reforma tributaria, “Proyecto de Ley de Solidaridad Sostenible”, es bien intencionado y es engañoso, pues trata de desvirtuar el verdadero sentido del proyecto de ley: asegurar un recaudo adicional para solventar la caja del Gobierno.

domingo, 14 de marzo de 2021

Transición energética

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Documento de contexto para la discusión sobre transición energética en el marco de la Asamblea de Gobernadores del grupo BID que ser realizará en Barranquilla, Colombia durante el presente mes de marzo de 2021.

En el contexto de este importante evento financiero del grupo BID, hay dos trabajos recientemente publicados de gran importancia global y regional, que recomendamos como lecturas complementarias a empresarios, funcionarios públicos, comunicadores, analistas, educadores y estudiantes. Me refiero al libro escrito por el excelentísimo señor presidente de Colombia, Dr. Iván Duque Márquez y por el ministro de Minas y Energías Dr. Diego Mesa Puyo sobre transición energética: “Un legado para el Presente y Futuro de Colombia”, y al libro, “El Nuevo Mapa – Energía, Clima y el Choque de Naciones”, del Profesor Daniel Yergin una autoridad internacional en materia política y económica. (“The New Map” – Energy, Climate, and The Clash of Nations).

Anticipación a la velocidad de cambio: clima, conocimiento y nuevas tecnologías y energía

Transición Energética El Presidente Duque de manera muy clara desde su campaña presentó una aproximación sabia al dilema que existe entre, conocimiento, conservación, el desarrollo socio-económico y la debida mitigación de la inevitable huella ambiental, bajo la sabia premisa de: “Conservar produciendo y producir conservando”. Algo que solo se logra adoptando y adaptándonos a nuevas tecnologías o aplicaciones del conocimiento convergente.

Y es que sin duda la “Conservación del Planeta” y el desarrollo socio económico en aquellas regiones del mundo en que aún vivimos en condiciones de subdesarrollo, en función del progreso y de una expansión global de una economía moderna, sostenible y que utilice la convergencia digital tecnológica y científica, pasan por el mejoramiento en las prácticas de las economías extractivas, el manejo integral del agua, y la viabilidad económica de las otras fuentes alternativas (solar, viento, olas y utilización de hidrógeno, la división de átomos, la biomasa, los aceites vegetales, etc.), y también pasan por la inclusión en toda la ecuación de las nuevas aplicaciones en la utilización de combustibles fósiles y la mejora en el manejo y reciclaje de materiales residuales.

En realidad, la transición energética significa que, de una movilidad y una combustión que dependen hoy del carbón y los hidrocarburos, pasaremos, con gradualidad acelerada y a cuenta de la amenaza climática, a una oferta energética consolidada en diversas formas y proporciones, acorde a la velocidad del cambio de la convergencia tecnológica, pero no, sin la gran incertidumbre sobre el futuro de cuándo, dónde y cuánto decrecerá la importancia y utilización de los hidrocarburos en lo que nos queda de la primera mitad de este siglo.

Nuestra región requiere llegar pronto a un consenso adecuado a las necesidades de desarrollo de nuestras naciones y sus economías, sobre la forma en que se cubran las brechas en infraestructura básica, electrificación, conectividad y conocimiento o educación. Y ello requiere un balance entre lo Energético-Extractivo, el manejo Ambiental-Climático, y el Conocimiento Tecnológico como función de la Conectividad.

En este punto debemos preguntarnos claramente, cuál va a ser el papel de la banca multilateral de desarrollo en este proceso. De manera que estas entidades no pierdan relevancia en su rol de soporte financiero y guía conceptual que garantice que la región contribuya a las soluciones climáticas del planeta y a la vez realice la importancia de su potencial como fuente oxigenante, acuífera y minero-energética.

La transición representa, pasar por una actividad minero-energética responsable que a la vez nos permita financiar el desarrollo de una economía plena del conocimiento y los servicios sistematizados, donde el hombre pasa a valer más dentro de la sociedad por su aporte intelectual que por su trabajo físico.

Las oportunidades en el nuevo mapa: ƒ = (conocimiento + descarbonización + electrificación)

Hoy vivimos entre la preocupación por el papel de la energía frente a la comprensión de la urgencia y la gravedad en materia de cambio climático, lo cual representa un reto impresionante para la economía global de cada nación y en particular para la forma de vida de las personas.

El libro de Yergin nos hace un recorrido por lo que él denomina el “nuevo mapa” que se dibuja en materia geopolítica y energética, en medio de un mundo en crisis y cambiante, donde confluyen alteraciones en oferta y demanda, transformación y transición energética, cambio climático y la disputa entre los grandes poderes políticos y económicos.

La explotación de los yacimientos no tradicionales, a la cual se refiere Yergin como la primer revolución energética de nuestra era, que le permitió a los Estados Unidos recuperar su seguridad energética y reforzar su condición de poder establecido, debe entenderse en nuestra región, como un gran amortiguador y acelerador que nos permite montarnos al trampolín de esa necesaria e inevitable transición energética, sin correr el riesgo de caer en una piscina vacía representada por la posibilidad de no contar con unas reservas probadas y disponibles de petróleo y gas, que puedan atender en el corto, mediano y parte del largo plazo, las necesidades de demanda de nuestra nación, y de una región que aún tiene grandes falencias en materia de desarrollo, movilidad, construcción de infraestructura básica y transformación productiva.

Estos factores sin duda, han acelerado una segunda revolución energética contemporánea en busca de un futuro bajo en emisiones de carbono. Pasaremos entonces por un período impredecible pero obligado, de los combustibles fósiles a las energías renovables, de un ecosistema familiar del transporte convencional a una nueva revolución de la movilidad, y probablemente a nuevas tecnologías como el hidrógeno y la fusión fría.

En diversas geografías, diversas serán las soluciones dentro de un rango amplio de fuentes energéticas, pero sin duda el compromiso con el planeta hace parte tan esencial en nuestra supervivencia como civilización, como la adopción e implementación de la convergencia de conocimientos.

Todo lo anterior lo describe el autor, como un proceso que se ha visto acelerado por la pandemia y por la oscuridad del momento económico global que vivimos.

Si nos queremos imaginar cuál puede ser ese nuevo mapa, debemos analizar que, a lo largo de la historia, siempre hay un poder establecido, un poder emergente, y que en esa primera línea juegan también un papel importante países o regiones que aspiran a ser protagonistas de la lucha por el liderazgo en el mundo. Debemos también proyectarnos a un mundo pos-pandemia, diferente, digital y físico en paralelo, con nuevas formas de vida y cada vez más universal como consecuencia de la interconexión propia de las comunicaciones digitales modernas.

En el siglo pasado, el proceso transformacional fue la industrialización, enfocada en la producción y venta de bienes de capital y consumo, hecho que paulatinamente le dio paso a las economías de servicio y del conocimiento a finales del período.

Durante las guerras mundiales y la guerra fría, era claro cuáles fueron los poderes establecidos, cuáles los emergentes, y cómo se disputó en el mundo el liderazgo como función del desarrollo de la civilización. Y los elementos que acompañaron ese proceso, apalancados en la aparición de la luz eléctrica, el teléfono y los motores a combustión, fueron el carbón y los hidrocarburos, los minerales y una primera generación de tecnología industrial.

Durante el inicio del siglo el poder dominante era el Imperio Británico, los Estados Unidos el emergente, y Alemania se convirtió en un elemento de desestabilización que desencadenó en las guerras mundiales. Luego los Estados Unidos fue el poder establecido y Rusia pasó a ser el poder emergente, dentro del marco evidentemente político ideológico que generó la guerra fría, de la cual emana la competencia por una segunda generación de desarrollos científicos y tecnológicos, como la conquista del espacio, la aviación, las armas nucleares, y el inicio de la revolución de las comunicaciones, la informática y toda una serie de resultados materiales que mejoraron significativamente nuestra calidad de vida.

Observamos que, durante ambos períodos iniciales, al igual que en la guerra fría, siempre se formó un segundo nivel o capa de países emergentes que lograron modelos de desarrollo importantes, durante el periodo de la revolución industrial, en la primera revolución verde de la agricultura, en los períodos de recuperación después de ambas guerras y a partir de la gran depresión al inicio de la década de los 30.

Ejemplos de esas naciones que se industrializaron en diversos momentos fueron, Argentina, Francia, Alemania, Japón, Italia, España, Turquía, Israel y Corea del Sur entre otros otros.

Hoy, las circunstancias que determinan el “Nuevo Mapa” son diferentes. Los elementos que caracterizan el posicionamiento en una nueva ola de desarrollo global, no solo se relacionan con la industrialización a partir del carbón, los hidrocarburos, el hierro y unas tecnologías elementales para aprovechar el acero y otros minerales básicos. La nueva era la representa el conocimiento, la electrificación, y los nuevos factores de desarrollo se fundamentan en la convergencia tecnológica, científica y digital, que habilitan la sostenibilidad ambiental del planeta.

La geopolítica global sin duda está pasando por un periodo de reseteo y actualización conceptual, representado por la disputa por la dominancia energética, el liderazgo en materia de clima y la propiedad intelectual. Factores estos, que van a determinar el juego de poderes dentro de la transición a esa nueva distribución del poder político y económico.

En este orden de ideas, en medio de una tendencia de des carbonización gradual en el tiempo y de electrificación, que demandan la adopción de la economía del conocimiento, Colombia y toda esta región andina y tropical, rica en agua y recursos naturales, al consolidar un conglomerado eco-energético de distribución y transporte de energías, tiene una oportunidad histórica de abrir una ventana al futuro. Oportunidad que le puede permitir entrar a hacer parte de ese segundo nivel de naciones con mayores posibilidades de desarrollo, y con las cuales necesariamente van a tener que contar los países que están en ese primer nivel, y se disputan el liderazgo dentro de lo que Yergin describe como el nuevo mapa.

Hoy el manejo político mundial está sujeto a una guerra fría entre los EE.UU., como el poder establecido y China como el poder emergente. La relación entre estos dos colosos, está cambiando de un periodo de mutua atracción, a uno de rivalidad estratégica. China emprende un desafío frontal al liderazgo Yankee, muy específicamente centrado en una expansión global tecnológica, comercial y en su manifestación de querer control militar del llamado “Mar del Sur de China”, que representa la ruta más crítica del comercio mundial.

China ya es el primer socio comercial de Latinoamérica y el segundo del hemisferio, además de ser un gran inversionista en temas energéticos y tecnológicos a nivel global. Miremos tres indicadores simples sobre las tendencias tecnológicas y de conocimiento que afectarán el futuro inmediato, y donde vemos la posición clara de China en: solicitudes de patentes por país, la cantidad de satélites en órbita y las compañías líderes en conectividad 5G.

Solicitudes de patentes

Satélites

Compañías líderes en 5G

Hoy el progreso del mundo pareciera depender en la pos-depresión, del buen entendimiento cultural entre los líderes del poder establecido y el poder emergente. Entre tanto, China y Rusia pasaron de un antagonismo a una relación de mutua conveniencia temporal en materia energética, ya que la nueva realidad demográfica y una geografía fragmentada en comparación con las 2/3 partes del siglo pasado, hacen que el país que lidera Putin dependa hoy de sus exportaciones de hidrocarburos a China y especialmente a Europa del Este.

Por otro lado, encontramos los problemas heredados de la resolución de la primera guerra con relación al mapa del Oriente Medio, marcados por las diferencias étnicas y religiosas entre Yihadistas y los grupos revolucionarios iraníes, y la conjunción con occidente representada en las posiciones político-económicas que han mantenido Israel y Turquía mediante sus relaciones tecnológicas y comerciales regionales y globales.

La India al igual que Brasil son gigantes que aún están ocupándose de solventar sus problemas internos, pero que cada día empiezan despertar más preguntas, sobre cuál va a ser su papel en una sociedad globalizada, desde el punto de vista del intercambio de conocimiento y la convergencia digital, tecnológica y científica que representa esta nueva era del conocimiento.

Observamos cambios en los patrones de refinación, en los mercados energéticos europeos y globales. Observamos cambios en los patrones de calificación de la financiación de proyectos y empresas, y observamos cambios en el manejo corporativo de las industrias energéticas en general. Es por ello que el grupo Ecopetrol S.A., este año ha adoptado y adaptado los estándares internacionales E.S.G. (Environment, Social & Governance) y los ha potencializado con la inclusión de las mejores tecnologías de punta aplicables a cada uno de estos tres factores, obteniendo como resultado que somos la primera empresa en incorporar en su ADN corporativo dos conceptos fundamentales: Estándares T.E.S.G., y una lógica operativa identificada con el concepto transformacional de SosTECnibilidad.

TESG


SosTECnibildiad: ƒ = (Sostenibilidad + Tecnología)n

En Ecopetrol hemos definido SosTECnibilidad como, “el modelo de contribución y generación de valor a la sociedad que, a través de Soluciones Innovadoras y Tecnológicas, propende por armonizar el desarrollo económico, social y ambiental bajo un marco de gobierno transparente y ético”.

Es un mecanismo de creación y contribución de valor, que, mediante la sistematización y digitalización de conceptos y procesos, descentraliza, personaliza y elimina intermediaciones innecesarias, acelerando resultados y eficiencias de manera escalable, oportuna.

Sostenibilidad

El trabajo sobre transición energética del presidente Duque, el ministro Mesa y su equipo

Empezaremos diciendo que la banca de desarrollo multilateral y en especial el BID, debe tomar conciencia de las consecuencias de la transición energética y el nuevo mapa, para la región y los países prestatarios, y debe apoyar sus iniciativas verdes, en materia de cambio climático, descarbonización y transición energética, mitigación ambiental, los desarrollos transicionales como la distribución, transformación, transporte y acceso al servicio del Gas como mecanismo que permite mejorar el indicador de necesidades básicas insatisfechas (NBI) y como función de reducción de pobreza multidimensional, la producción más limpia de hidrocarburos y energías renovables, la explotación legal de recursos naturales, y los sistemas de monitoreo de la huella ambiental para evitar deforestación, colonización, minería ilegal, y todos los ejercicios de economía circular que nos lleven a generar desarrollo mientras preservamos, mitigamos y aumentamos el potencial de nuestra naturaleza, biodiversidad e hidrología.

He aquí el valor inconmensurable del trabajo que vienen orientando el Presidente Duque y todo su gabinete con la ayuda y soporte del sector energético nacional desde la conformación de la misión de sabios.

El libro que se presenta ante la Asamblea de Gobernadores del BID hoy en Barranquilla, Transición Energética: Un legado para el presente y el futuro de Colombia, representa la instauración de la transición energética en Colombia como una realidad, y como una política pública de Estado en función de la transformación y el desarrollo de nuestra nación. Con prólogos de Mauricio Claver presidente del grupo BID y del reconocido autor Daniel Yurgin, el trabajo demuestra, cómo a pesar de las dificultades de la pandemia, este gobierno liderado por el presidente Duque, ha logrado que estemos ante un cambio real y tangible que ya lleva un buen camino recorrido.

Se evidencia con datos de resultados, cómo el mecanismo de subastas energéticas ha demostrado idoneidad en materia de incorporación de energías renovables a una matriz cada vez más diversa. Y se trata con mucha propiedad, el asunto no menor, de la complementariedad de los energéticos con relación al largo plazo de la transición energética, como garantía de una movilidad sostenible y con eficiencia en calidad, costos, distribución, disponibilidad, almacenamiento y trazabilidad.

El trabajo en mención, representa una hoja de ruta para la inclusión de nuevas tecnologías que modernicen el sector energético, y coloca al usuario como el centro de la transformación. Involucra las necesidades energéticas del individuo, la familia, las empresas y el propio Estado, dentro de una misión de garantizar una transformación de vida mediante un sistema energético fundamentado en factores de equidad.

Discute también el plan integral de cambio climático en el sector energético y plantea el detalle de las acciones de política pública que apuntan a una consolidación efectiva y eficiente de este importante componente de todo el conjunto minero-energético y de manejo de los recursos naturales, que, sin duda, es líder de la economía nacional.

Finalmente, el panel de discusión al que se refiere este documento como marco lógico, incluye como participantes y expertos, a los doctores: Diego Mesa Puyo, Ministro de Minas y Energía de Colombia; Agustín Aguerre del Grupo BID, y Ricardo Mourinho del EDB.