miércoles, 15 de noviembre de 2023
Entrevista con Fabio Pulgarín
martes, 5 de abril de 2022
De cara al porvenir: dar línea
Por Pedro Juan González
Carvajal*
En un mundo volátil,
incierto, complejo y ambiguo, acompañado de una competencia intensa y global,
es donde se puede evidenciar o no la existencia de una verdadera casta
directiva, la solvencia, la experiencia y la experticia gerencial para
enfrentar con éxito los retos que cada día nos trae.
El concepto Gerencia viene
del latín “Gerare” que quiere decir, dirigir. Y dirigir es simplemente, marcar
el rumbo, definir la ruta, establecer el camino que ha de seguirse para poder
alcanzar los objetivos organizacionales básicos, cuales son: sobrevivir,
desarrollarse y dar utilidades.
El ser gerente requiere no
solo preparación, sino espíritu, compromiso, capacidad de aguante y capacidad
de riesgo.
Un buen Gerente desarrolla
habilidades que le permiten crear escenarios que le ayudan a prever
acontecimientos.
Un buen Gerente es
reconocido por sus superiores, sus pares y sus subalternos como alguien que es
capaz de dimensionar adecuadamente la importancia de los eventos, de las
acciones y de los problemas y sabe, además, anticipar sus efectos y posibles
consecuencias.
Obviamente se requieren
atributos como la claridad de objetivos, las buenas comunicaciones, la
capacidad de hacer seguimiento y de servir de inspiración ante su equipo de
trabajo, sin poder permitirse flaquezas, bajadas de guardia o desánimos, pues a
él le compete el ser el ejemplo para seguir, el ser el líder a quien sus
compañeros de trabajo o subalternos le han de creer y han de imitar. La
lealtad, la paciencia y la persistencia, son otros atributos que deben
acompañar al líder.
No por ocupar el cargo de presidente o de vicepresidente,
de gerente o de subgerente, de rector o de vicerrector, de general o de
coronel, de director o de subdirector, entre algunos ejemplos de nomenclatura,
se quiere decir que se tiene la vocación y la capacidad para actuar y ejercer
el cargo como verdaderamente se requiere, teniendo la capacidad de tener en la
cabeza tanto lo macro, como lo micro, y en su debida proporción lo estratégico,
lo táctico y lo operativo.
Nada más lamentable que un
directivo o gerente que deba argumentar que “hay que obedecerle porque él es el
que manda”. Quien tenga que apelar a esta afirmación es un imbécil y un
incompetente.
Los subalternos saben
medir las capacidades de su jefe temporal. Si toma o no las decisiones
correctas y oportunas, si sabe expresar bien sus ideas, si tiene claros los
objetivos, si tiene dimensionado el tamaño de los problemas y los enfrenta, si
entiende las repercusiones de las variables que se desarrollan fuera de la
organización y que pueden llegar a impactar la propia, en suma, debe tener
credibilidad.
Los problemas son para
resolverlos, no para coexistir con ellos. Es por ello necesario e
imprescindible, una vez definida la ruta de acción, hacerles un seguimiento
permanente a los cronogramas, los presupuestos y los responsables para poder ir
sabiendo si las cosas se están haciendo con los resultados esperados o no. El
seguimiento implica la conjugación del gerundio de modo que podamos ir
construyendo el futuro. El seguimiento no puede ser solamente un ejercicio de
revisar que pasó, sino de qué está pasando y de qué pasará.
Al subalterno hay que
hablarle con la verdad. Los estilos gerenciales son muy distintos y hay
directivos francos y directos y otros que les dan vueltas a las cosas, se van
por las ramas, ya por delicadeza o ya por falta de carácter y de personalidad.
El Gerente debe ser consciente
que la toma de decisiones, cualquiera sea su dimensión, toca intereses y
generará adeptos o enemigos gratuitos. Es por eso que para ser Gerente se
requiere talante, personalidad y carácter.
Las relaciones entre los
grupos de trabajo deben ser claras y respetuosas, sin mentiritas piadosas y
siempre poniendo por encima de todo la dignidad de las personas y los altos
objetivos organizacionales, construyendo un ambiente de confianza.
Las actividades deben ser
formalizadas, los cronogramas cumplidos y los presupuestos satisfechos. Los
Grupos Primarios o la nomenclatura semejante que se emplee deben servir para
que fluyan en todos los niveles de la organización, las políticas, los
objetivos, las comunicaciones formales y las de coyuntura. Son espacios para
garantizar que la organización al unísono sepa para donde va y siga el camino
correcto, que la organización tiene su propio método y ritmo.
Como todos somos
temporales en las empresas, todas estas reuniones deben estar soportadas por actas
donde se refleje lo tratado y se haga seguimiento a lo que quedó pendiente en
la reunión anterior y lo que quedará por desarrollar, con su respectivo
cronograma y responsables para las próximas sesiones.
No sobra decirlo, pero las
actuaciones gerenciales deben estar regidas por la corrección, la legalidad y
el cumplimiento de los principios éticos ante cualquier situación y
circunstancia. Esta postura, no tiene negociación posible.
martes, 3 de agosto de 2021
De cara al porvenir: para abajo ruedan las piedras
Por Pedro Juan González Carvajal*
Esta época impactada por la pandemia,
a la cual no debe ni puede llamarse por ahora post pandémica, ‒puesto que
todavía no la hemos superado‒, ha servido para que los líderes de las
diferentes organizaciones puedan evidenciar su real valía, su entereza y su
capacidad para enfrentar grandes retos.
Es el momento del ejercicio de la
verdadera gerencia por parte de verdaderos gerentes, de asumir riegos, de tener
prudencia, de ser proactivo, de ser motivador, retador e inspirador. Se pondrán
en evidencia los gerentes mediocres, aquellos que saben pasar de agache, que
están llenos de lugares comunes y que ponen el consenso ‒que es un medio y no
un fin‒ por encima de los resultados inmediatos que hoy se requieren.
Esta posibilidad es una real
exigencia, pues lo que hoy se encuentra en riesgo es la factibilidad, la
viabilidad, la sostenibilidad y la sustentabilidad de todas las organizaciones
planetarias, en el entendido de que, en términos económicos, cuando alguien
pierde, alguien puede estar ganando y viceversa.
Y es que hoy el principal objetivo a
lograr por las organizaciones es la supervivencia que garantice la continuidad
de la operación, el cumplimiento de los compromisos, la preservación de los
puestos de trabajo, la atención a las demandas de los públicos objetivos ‒stakeholders‒
y el impacto positivo en el entorno para servir como detonantes de cadenas de
reacción positivas.
La cabeza de la organización debe
hacer un gran esfuerzo por mantener la cabeza fría, lo cual no es fácil, pues
las decisiones deben tomarse basados en la urgencia para atender la coyuntura ‒que
no da espera‒ ya que están supeditadas a decisiones de instancias superiores, a
decisiones que se toman en caliente sobre otras decisiones, a la dinámica, los
ritmos y el compromiso de los miembros del equipo de trabajo, que no siempre
son lo que se requiere, ya por su parsimonia, ya por su incapacidad para
atender varios frentes al tiempo, ya por su desorden, ya por su incompetencia,
ya por su temor o ya por su falta de comprensión y dimensionamiento de lo que
está en juego. Estamos evidenciando, al menos en Colombia, la lentitud con la
cual se toman decisiones, se elaboran procesos, se desarrollan proyectos y se
obtienen resultados, tanto en las organizaciones privadas, como en las públicas,
como en las sociales.
Pasar de la teoría a la práctica, de
la idea al resultado, es una verdadera epopeya.
Hay que entender que estamos en un
momento del tiempo similar al de un período de guerra. Quien no lo entienda
así, quien no lo enfrente así, se convertirá en un lastre y en un estorbo para
la dinámica organizacional requerida para pretender salir adelante.
Hay que hacer en menos tiempo lo que
antes daba espera. Hay que revisar y ajustar los presupuestos, hay que ajustar
y cumplir con los cronogramas, hay que evaluar y revaluar el portafolio de
productos y servicios, hay que escuchar las sugerencias de los funcionarios en
caso de que sean propositivos, hay que liberar las cargas fijas y tratar de
convertirlas en variables, hay que mantener o crecer los márgenes de
contribución gracias a ejercicios que permitan mejorar la eficiencia y la
eficacia de los procesos, hay que sacarle mayor provecho a los activos y
capacidades instaladas y ante todo, ser flexibles, proactivos, creativos,
innovadores, ágiles y fluidos en el implementación, es decir, hay que hacer que
las cosas sucedan.
Además, es necesario saber si lo que
se tiene es un negocio cuyos ingresos dependen de eventos de alta probabilidad
y bajo impacto ‒bajos márgenes‒, lo cual lleva necesariamente a la exigencia de
los volúmenes, o si dependen de eventos de poca probabilidad y alto impacto, ‒negocios
grandes‒, lo cual nos lleva a la búsqueda de altos márgenes.
Mención aparte merece la necesidad de
mantener unido y motivado al equipo o grupo de trabajo. Todos tenemos intereses
particulares, presiones individuales, familiares, empresariales, académicas,
compromisos económicos y proyectos en remojo y además tenemos que atender y
rendir en todos los frentes. Es así de duro, pero esa es la realidad que nos ha
correspondido vivir.
La forma histórica de hacer las cosas,
la reverencia a lo tradicional, ante esta coyuntura, podrían convertirse en la
soga que apriete nuestro cuello y nos ahogue.
Es el momento no solamente de
controlar gastos, sino, paralelamente, de generar más ingresos.
Uno no puede quitarle el oxígeno a la
organización recortando gastos y costos de manera indefinida: si no hay cuidado
con esto, podemos terminar anulando a la organización.
También es el momento de los
sacrificios, de realizar contribuciones haciendo labores marginales,
redistribuyendo cargas, de buscar economías de escala, de hacer realidad las
integraciones horizontales y verticales en caso de que sean aplicables a la
organización en particular, de no duplicar esfuerzos, de hacer las cosas bien
desde la primera vez, que no haya que repetir mucho, que no congestionemos con reuniones
permanentes, que dejemos trabajar a la gente.
No es el momento de remilgos, ni de
debilidades, ni de contemplaciones, ¡Es hora de actuar!
¡Buena suerte y buena mar!
Nota: como es tradicional, el nombre propuesto para la nueva
mal llamada reforma tributaria, “Proyecto de Ley de Solidaridad Sostenible”,
es bien intencionado y es engañoso, pues trata de desvirtuar el verdadero
sentido del proyecto de ley: asegurar un recaudo adicional para solventar la
caja del Gobierno.