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martes, 5 de abril de 2022

De cara al porvenir: dar línea

Pedro Juan González Carvajal

Por Pedro Juan González Carvajal*

En un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo, acompañado de una competencia intensa y global, es donde se puede evidenciar o no la existencia de una verdadera casta directiva, la solvencia, la experiencia y la experticia gerencial para enfrentar con éxito los retos que cada día nos trae.

El concepto Gerencia viene del latín “Gerare” que quiere decir, dirigir. Y dirigir es simplemente, marcar el rumbo, definir la ruta, establecer el camino que ha de seguirse para poder alcanzar los objetivos organizacionales básicos, cuales son: sobrevivir, desarrollarse y dar utilidades.

El ser gerente requiere no solo preparación, sino espíritu, compromiso, capacidad de aguante y capacidad de riesgo.

Un buen Gerente desarrolla habilidades que le permiten crear escenarios que le ayudan a prever acontecimientos.

Un buen Gerente es reconocido por sus superiores, sus pares y sus subalternos como alguien que es capaz de dimensionar adecuadamente la importancia de los eventos, de las acciones y de los problemas y sabe, además, anticipar sus efectos y posibles consecuencias.

Obviamente se requieren atributos como la claridad de objetivos, las buenas comunicaciones, la capacidad de hacer seguimiento y de servir de inspiración ante su equipo de trabajo, sin poder permitirse flaquezas, bajadas de guardia o desánimos, pues a él le compete el ser el ejemplo para seguir, el ser el líder a quien sus compañeros de trabajo o subalternos le han de creer y han de imitar. La lealtad, la paciencia y la persistencia, son otros atributos que deben acompañar al líder.

No por ocupar el cargo de presidente o de vicepresidente, de gerente o de subgerente, de rector o de vicerrector, de general o de coronel, de director o de subdirector, entre algunos ejemplos de nomenclatura, se quiere decir que se tiene la vocación y la capacidad para actuar y ejercer el cargo como verdaderamente se requiere, teniendo la capacidad de tener en la cabeza tanto lo macro, como lo micro, y en su debida proporción lo estratégico, lo táctico y lo operativo.

Nada más lamentable que un directivo o gerente que deba argumentar que “hay que obedecerle porque él es el que manda”. Quien tenga que apelar a esta afirmación es un imbécil y un incompetente.

Los subalternos saben medir las capacidades de su jefe temporal. Si toma o no las decisiones correctas y oportunas, si sabe expresar bien sus ideas, si tiene claros los objetivos, si tiene dimensionado el tamaño de los problemas y los enfrenta, si entiende las repercusiones de las variables que se desarrollan fuera de la organización y que pueden llegar a impactar la propia, en suma, debe tener credibilidad.

Los problemas son para resolverlos, no para coexistir con ellos. Es por ello necesario e imprescindible, una vez definida la ruta de acción, hacerles un seguimiento permanente a los cronogramas, los presupuestos y los responsables para poder ir sabiendo si las cosas se están haciendo con los resultados esperados o no. El seguimiento implica la conjugación del gerundio de modo que podamos ir construyendo el futuro. El seguimiento no puede ser solamente un ejercicio de revisar que pasó, sino de qué está pasando y de qué pasará.

Al subalterno hay que hablarle con la verdad. Los estilos gerenciales son muy distintos y hay directivos francos y directos y otros que les dan vueltas a las cosas, se van por las ramas, ya por delicadeza o ya por falta de carácter y de personalidad.

El Gerente debe ser consciente que la toma de decisiones, cualquiera sea su dimensión, toca intereses y generará adeptos o enemigos gratuitos. Es por eso que para ser Gerente se requiere talante, personalidad y carácter.

Las relaciones entre los grupos de trabajo deben ser claras y respetuosas, sin mentiritas piadosas y siempre poniendo por encima de todo la dignidad de las personas y los altos objetivos organizacionales, construyendo un ambiente de confianza.

Las actividades deben ser formalizadas, los cronogramas cumplidos y los presupuestos satisfechos. Los Grupos Primarios o la nomenclatura semejante que se emplee deben servir para que fluyan en todos los niveles de la organización, las políticas, los objetivos, las comunicaciones formales y las de coyuntura. Son espacios para garantizar que la organización al unísono sepa para donde va y siga el camino correcto, que la organización tiene su propio método y ritmo.

Como todos somos temporales en las empresas, todas estas reuniones deben estar soportadas por actas donde se refleje lo tratado y se haga seguimiento a lo que quedó pendiente en la reunión anterior y lo que quedará por desarrollar, con su respectivo cronograma y responsables para las próximas sesiones.

No sobra decirlo, pero las actuaciones gerenciales deben estar regidas por la corrección, la legalidad y el cumplimiento de los principios éticos ante cualquier situación y circunstancia. Esta postura, no tiene negociación posible.

 

 

miércoles, 24 de junio de 2020

Parcelado, descuadernado y desarticulado

Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
El panorama del país, parcelado, descuadernado y desarticulado, no es cosa del actual gobierno. Así lo heredó. A continuación, fue sometido a una, dizque, “resistencia” permanente y agresiva, que apenas se ha suspendido, en parte por la pandemia, en las ciudades principales, mientras arrecia en las zonas cocaleras (copadas por las “disidencias”) y en los territorios indígenas (250.000 Km2), donde no impera la ley colombiana. Esta tampoco rige en el poder judicial, donde se sigue la voluntad de las variadas emanaciones del partido comunista clandestino.

En el frente económico, el gobierno tampoco heredó soberanía verdadera, porque son las exportaciones ilícitas las que generan las divisas para mantener una especie de normalidad que, por otra parte, no permite tener una tasa real de cambio, que estimule el desarrollo industrial y conduzca al equilibrio en la balanza de pagos. En buena parte nuestra economía es rehén del narcotráfico…

Actualmente, el Estado colombiano se parece a la piel de zapa, porque cada día se recorta más el poder del gobierno central, sitiado por las “altas cortes” y entrabado por las ruedas sueltas de Fiscalía, Procuraduría, Contraloría, Defensoría, Registraduría del Estado Civil, para no hablar de un Congreso diabético pero nostálgico de mermelada, que todo obstaculiza.

Cada órgano autónomo merecería el detenido análisis, que no vamos a hacer, porque en parte alguna se ve voluntad política de rescatar al ejecutivo, maniatado por una supraconstitución.

De esta pandemia saldremos empobrecidos, hambreados y atados al Acuerdo Final, que nos deja sin esperanza de tener un gobierno eficaz, para transformar las instituciones, recuperar la economía y conjurar la doble debacle electoral de 2022, cuando la demagogia tendrá, además de la miseria, luz verde, por la indolencia, frente a la incesante ofensiva subversiva.

Es lamentable el clima de resignación ante los hechos cumplidos, porque el espurio AF blinda la acción revolucionaria mientras inhibe la reacción política. El gobierno, a pesar de sus buenas intenciones, sigue, o al garete (para unos) o avanza al paso soros-santista (para otros).

Desde la Colonia miramos a la capital del Reyno, de la cual se ocupan obsesivamente los políticos y los medios. Saturados de Bogotá, no observamos lo que pasa en el resto de un país donde las mayores industrias (narcotráfico, minería ilegal y contrabando) están en las peores manos y el poder ejecutivo se ha parcelado hasta extremos increíbles: 1.126 alcaldes y 35 gobernadores, verdaderos reyezuelos que desde noviembre del 2019 son delegatarios para el manejo del orden público. Envalentonados, van erodando diariamente la autoridad central, completando, ampliando, aumentando, corrigiendo y enredando las disposiciones nacionales.

Conviene, entonces, comentar con algunos ejemplos la extralimitación, ya habitual, entre los mandatarios locales, que nadie sanciona:

* La señora alcalde de Bogotá no da pie con bola, no solo por su inexperiencia e intemperancia, sino, especialmente, por su desmedida ambición. Parlotea, sabotea y recrimina continuamente las determinaciones presidenciales. Capitaliza los pocos éxitos de su actuación desordenada y atribuye los efectos desfavorables al presidente. Si seguimos como vamos, con medios fletados, inmensos presupuestos y más de un millar de juntas de acción comunal, la López, cuya popularidad crece en razón directa de su logorrea, tiene asegurada la presidencia en el 2022, salvo intervención divina, porque no se aprovechó la facultad de suspender a tiempo a la gárrula y obstructiva funcionaria, que seguirá dictando protocolos de imposible cumplimiento, para estimular el empobrecimiento colectivo, que la favorece especialmente.

* Varios alcaldes están preparando la llegado masiva de misiones médicas de esclavos cubanos, cuando tenemos miles de médicos mejor preparados, pero no parece posible que el gobierno, después de su meliflua declaración de amor a la dictadura cubana, esté dispuesto a descalificar ese despropósito.

* En Manizales, un travesti ocupa la Secretaría de la Mujer, y el alcalde propone gravar la “plusvalía de los inmuebles” para aplastar a la clase media.

* Pinturita, elegido por el petro-fabiovalencismo (!!!), no es un personaje inexperto pero inofensivo, como lo presentan en Medellín los radioperiódicos subsidiados por el Municipio. Acaba de retribuir generosamente a Juan Carlos Monedero, el número 2 del partido comunista Podemos, para proponernos por teleconferencia el modelo con el cual su gobierno está destruyendo a España. Con ese mentor, ¿qué de raro tiene que haya embadurnado calles y paredes con arcoíris y demás emblemas LGBTI, antes de que su administración supere los cinco mil y más millones dados por su antecesor a ese abigarrado movimiento político-ideológico.

* El gobernador del Magdalena, en el Plan departamental de desarrollo, logró decretar que todas las tierras ganaderas son explotaciones contrarias a la ecología, preparando así su expropiación cuando empiece, el año venidero, la reforma agraria integral convenida entre Santos y Timo.

Bien sé lo impopular y políticamente incorrecto que es llamar la atención en un país desorientado, desinformado e indolente, pero ¿cuándo vamos a dejar de mirar a través de gafas rosadas? ¿Y cuándo aparecerán los líderes de una Colombia erguida, para enfrentar una amenaza pavorosa y cercana? ¡Para mañana es tarde!