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miércoles, 8 de abril de 2026

Uribe, un demócrata vigente y necesario

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Luis Guillermo Echeverri Vélez

No se puede descartar la práctica sencillez y el sentido patrio de Álvaro Uribe. Petro, Cepeda y el narcoterrorismo que los respalda ya plantearon los términos de la batalla por el poder y sus intenciones de estatizar el sistema de libertades al expresar que el enemigo a vencer es Uribe.

Eso no parecen entenderlo los campamentos de la democracia que cada que atacan a Uribe o entre ellos, le están sumando votos a los enemigos de Colombia como república democrática fundamentada en la legalidad y la libertad.

Por mucha bronca que le lleve la mamertería a Uribe, sus postulados son el reflejo del espíritu del “hombre colombiano”, de la gente del común que está cansada de la novelería de la concesión de impunidad y la incomprensión arrogante de las diferencias sociales, convertidas en odio de clases.

Uribe demostró con resultados tangibles en desarrollo socioeconómico que donde existe un propósito de nación que une a todos los que respetamos la ley, florece una esperanza en el sentir de la gente sencilla, humilde y trabajadora.

Su corazón sigue siendo tan grande y generoso como su lucha en favor de la verdad y la libertad de los indefensos. La consistencia de su integralidad como demócrata solo se compara a la firmeza de su ideario y sus actos en favor de la legalidad, hechos que lo convirtieron en un gran líder hemisférico que sigue tan vigente como su inmensa presencia digital.

Soy testigo de que a partir del 2010 cuando los IPhone y los androides reemplazaron a los Black Berry, Uribe extendió su dialogo personal permanente con las comunidades a las redes sociales formando un urdimbre de seguidores que a la fecha supera los 10 millones y creando una fuerza digital orgánica que no puede ser ignorada por las calenturas triunfalistas que nublan el entendimiento de los actores políticos y fanáticos que cada cuatro años cambian de idolatría.

Por su carisma y su disciplina personal supera ampliamente en búsquedas a Cepeda, Abelardo y Paloma. Los únicos que lo rebosan a golpe de bodegas y del comportamiento anómalo que registran sus redes, son Petro y Bolívar, que generan y compran “likes” con los impuestos de todos nosotros.

Lo dicho lo respaldan los hechos: Iván Duque y Paloma Valencia, 47 parlamentarios cabalgaron sobre los lomos del poderío de la presencia física y digital de Uribe en los corazones de millones de colombianos en las consultas surtidas en 2018 y 2026.

Veinte años después de su incontestable reelección en 2006, al igual que en 2016, en la segunda vuelta del 2026 la “Fuerza Uribista” estará presente en la definición de la gran batalla cultural por la libertad en contra de un narcosocialismo siglo XXI caracterizado por la conformación de una dictadura constitucional respaldada por la conjunción de todas las formas de lucha por el poder con que ya por décadas han oprimido naciones enteras en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

En cada elección unos se quieren apropiar de sus postulados y otros solo encuentran manera de figurar denigrando de su persona, sin comprender que es precisamente eso lo que les impide lograr despertar por su cuenta un propósito de país genuino que una a todos los colombianos que siempre hemos anhelado una convivencia tranquila y un país para trabajar.

Hoy nos estamos debatiendo entre la libertad y el Estatismo representado en la entrega de la finca llamada Colombia que Santos le prometiera formalmente a las FARC-EP en Cuba; y seguimos en manos de los mismos aduladores de ocasión que hacen parte de la buitrera partidista que en Colombia degeneró en docenas de movimientos políticos sin un ideario ni unas estructuras y una ética de trabajo social bien establecidas.

Que no nuble el entendimiento de los candidatos de la democracia ni de sus asesores y fanáticos de ocasión el efecto embolatador que produce la ilusión de poder y en medio de su eufórica esperanza de triunfo ignoren el efecto del poderío de llegada digital de las redes de Uribe, y mucho menos la credibilidad de sus postulados, su palabra de hombre honorable y su insuperable patriotismo.

El gran colombiano sigue vigente, es un guerrero de la libertad que lo ha dado todo por Colombia y por la construcción un país donde la nación se transforme en una sociedad desarrollada.

lunes, 2 de febrero de 2026

Innovación en la democracia como propósito de nación

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Los problemas sociales, políticos y económicos siguen siendo los mismos de hace 50 años y como sociedad solo hemos profundizado en las excusas para no solucionarlos. Se han agudizado y el 8 de marzo el país define entre el bien y el mal, el modelo de económico de mercados o el narco-comunismo modelo SSXXI, entre ser libres o ser secuestrados por la subversión.

Cobran actualidad los discursos de la ANDI de 1974 a 1991, y los de posesión de Uribe en 2002 y 2006 respaldados por los resultados de la seguridad democrática como política de Estado. ¿Y que es la seguridad democrática? Simplemente una metodología innovadora que conjuga: seguridad ciudadana, garantías y libertades sociales, transparencia en la gestión pública, una actividad económica orientada a la cohesión social, y el respeto por la independencia de poderes.

Antes y después la seguridad democrática, en lugar de transformarnos hemos dejado multiplicar y normalizar la corrupción, la impunidad, la ilegalidad, la informalidad y los efectos nocivos de un narcoterrorismo disfrazado de ideología de izquierda. Nos gobierna el crimen organizado y corremos el riesgo de que se consolide el caos y la miseria que causa el modelo narco-SSXXI.

Cuando hay determinación política responsable de hacer las cosas bien, en derecho las cosas se pueden deshacer de la misma forma en que se hacen, sin necesidad de comprar conciencias, de violentar las leyes ni de acudir al clientelismo.

Para que el país funcione y haya efectividad en el desarrollo, la construcción de políticas públicas implica voluntad de servicio, de mejorar lo que ha dado resultado y enmendar los errores cometidos, eliminar las conductas e iniciativas que han permitido el desprestigio de un parlamento dedicado al debate ideológico, eliminar lo que no es compatible con el sistema de libertades, y adoptar legislaciones que atiendan las necesidades de la gente.

Si queremos democracia, necesitamos un parlamento innovador, que trabaje en equipo con el administrativo por el bien común, capaz de enfocarse en el fortalecimiento institucional por medio de la recuperación ética y moral, la innovación conceptual y tecnológica en la operatividad del Estado y así contener una cleptocracia que se nutre de la dependencia entre de poderes.

En nuestro caso innovar es tan simple como respetar y hacer cumplir la ley y el debido gobierno corporativo, asumir la digitalización del Estado, capacitar y calificar a todos los servidores públicos, preservar la ortodoxia en el manejo macroeconómico, crear incentivos a la inversión, y evitar vacíos legislativos obligando a todo servidor público a presentar un parte médico de salud física y mental, un pasado judicial y unos conocimientos acreditados con resultados.

Colombia necesita emprender un cambio cultural que eleve su conciencia ética y educativa. Lo demás son habladurías, cháchara, paja para lograr beneficios, figuración y vanaglorias individuales, que reducen el debate electoral a una contienda de loritos en una estaca haciendo bulla a ver quién “parlotea” más duro.

Recordemos que no hay libertad sin límites legales que impidan los abusos propios del libertinaje. Que la equidad consiste en darle a cada uno lo que le corresponde sin pretender que todos seamos lo mismo, mientras la igualdad solo aplica ante la ley y la generación de oportunidades.

La seguridad es el cimiento de la legalidad y la justicia como aplicación igualitaria del derecho, no de la distribución igualitaria del empobrecimiento. Comprobado está que las sociedades se descarrilan y no pueden rodar libres y de manera ordenada las democracias, sin generación de riqueza que financie el desarrollo.

Colombia sabe mejor que nadie que una sociedad que no es segura no puede ser justa, no puede educarse, ni formar una cultura fundamentada en la ética de trabajo en equipo. La mejor definición de seguridad es el respeto a la ley y la justa medida de libertad y orden; no la trampa individualista, el rebusque, el engaño y la violencia.

Uribe es el único verdadero enemigo político que reconocen Petro, Cepeda y sus aliados criminales, pues saben que no lo pueden comprar ni engañar, y porque es el único que ha demostrado que sin seguridad democrática fracasan la legalidad y justicia.

¿Por qué somos tan soberbios e individualistas y estamos obstinados en ir divididos a una elección sin garantías, en lugar de dejar a Uribe comandar las banderas de la libertad y el orden, mientras podemos volver a una democracia funcional?

Votemos bien en marzo porque lejos están de la justicia social, las ideas revaluadas del comunismo, el socialismo Castro-Chavista, el populismo y el progresismo, que parten del odio de clases enmascarado de clamores de igualdad.

viernes, 15 de agosto de 2025

Revolución asesina

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Fortaleza y solidaridad ante el dolor de la injustica a su familia. El senador de la República y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay no murió, lo asesinaron. Lo ocurrido es un crimen de Estado y un delito de lesa humanidad. Todos vimos quien le disparó, pero las circunstancias de todo lo ocurrido tienen un origen en el odio y el resentimiento de la violencia verbal que vitorea desde el poder la impunidad como bien transaccional en favor de la criminalidad.

El mensaje es claro. Advertidos de muerte están quienes quieran ondear las banderas de la legalidad, la justicia y la libertad. Advertidos están quienes sigan la doctrina del hombre que por la vía democrática combatió al crimen organizado en favor de los indefensos.

Despertemos como sociedad, no es cuestión de una elección en manos de un tirano que ya sabe cómo engañar al electorado y al sistema. Es cuestión de entender que el Estado está constituido para proteger a los ciudadanos que cumplen sus obligaciones legales y no a los delincuentes ni a las organizaciones criminales y narcoterroristas, mucho menos a quienes a nombre del pueblo le imponen formas autocráticas al ejercicio del poder.

La importancia de Álvaro Uribe en este siglo sobrepasa la figura del “Gran Colombiano”. Sus formas simples, amables y respetuosas, humildes, pero frenteras y determinadas, tiene un significado tan grande como el de la verdad en la libertad de los seres humanos.

En su concepción ideológica y en los resultados de su obrar como estadista, gobernante y figura pública siempre respetuoso de la ley, de la justicia y combatiente del crimen y las injusticias, se encarna un “demócrata integral” y es ahí donde radica el valor que él y su doctrina representan para el ejercicio de la política en democracia y para el progreso de Colombia y de todos los países de la región.

El legado de Uribe es prueba de que no hay causa perdida en función del progreso mientras haya servidores públicos con vocación ética, dispuestos a luchar contra la pérdida de valores que para nuestras sociedades representa hoy el mal llamado “progresismo”, así en esa lucha haya que dejar la vida por la patria como lo ha hecho Miguel Uribe Turbay, un joven valiente determinado a servir a su país.

Uribe simboliza la confianza del bien común que pretende la participación democrática en el debate ideológico enmarcado en legalidad. La simpleza y el poderío de su doctrina están respaldados por un legado que, aún atropellado por la injusticia y la violencia, le agrega al patrimonio moral de la nación y a toda una Latinoamérica que lo admira y respeta.

Como es lógico el poderío de su verdad despierta la envidia y el odio propios de quienes lo resienten a falta de facultades para obrar de forma correcta.

Por ello parte Miguel Uribe asesinado, y por eso hoy Álvaro Uribe es víctima de quienes tienen que apelar a la mentira y al engaño como única forma de sobresalir a costa de la verdad, de causarle un mal a los demás, a la patria y sin duda al pueblo indefenso que aducen representar desde su usurpación de los poderes del Estado.

Hoy se suma a las manifestaciones de las mayorías que marcharon el pasado jueves 7 de agosto, el dolor de la nación colombiana por la pérdida de uno más de los héroes de la patria a manos de este narcoterrorismo criminal auspiciado por el Estado colombiano.

Hoy se nos revive el terror a todos los colombianos que sufrimos la violencia de los 80 y los 90 y que hoy volvemos a revivir el miedo que causa la indefensión y la pérdida de un valiente, de un padre, de un hermano y un hijo que vio partir a su madre a manos de la misma calaña de asesinos que hoy dominan la nación.

Hoy estamos todos puestos a prueba. Debemos resolver con valor si aún somos una sociedad consciente, pensante y sensible que está harta de la politiquería, del clientelismo y la corrupción, del narcotráfico, la violencia, la inseguridad y el abuso de poder, o si vamos a seguir jugando con la impunidad que solo causa muerte.

Hay que pensar con humildad en la razón por la cual seguimos consintiendo la politiquería clientelista y corrupta, la figuración mediática inmerecida, el enriquecimiento personal o el desfogue de odios y resentimientos, y no le damos la importancia que tienen la legalidad, la ética y la moral, en la formación y ejecución de políticas públicas entendidas como forma de consolidación de la convivencia y el bienestar social.

Sentenciar al presidente Uribe y asesinar a quien pueda representar su doctrina en la conducción del Estado era un trofeo buscado por sus opositores, por quienes se han valido de su bondad para llegar al poder, y por la arrogante mamertería de una oligarquía que hoy se abraza bajo el disfraz del progresismo, con la impune cleptocracia emergente que nos gobierna, para tapar la degeneración institucional y personal en la que ha caído el ejercicio del poder en Colombia.

La doctrina de la seguridad democrática es la encarnación de la única esperanza de recuperar la democracia. Como sociedad debemos ser capaces de capitalizar el fracaso de la mal llamada y falsa izquierda que no es más que la mezcla de odios ciegos, resentimientos, envidias, incapacidades de muchos ingenuos e ignorantes que operan bajo la guía de un puñado de figurines macabros que solo entienden de politiquería, de clientelismo, de corrupción y de violencia física y verbal, y que llevan al pueblo engañado al matadero con discursos cargados de la dialéctica ideológica del comunismo asesino.

La muerte de Miguel Uribe y la privación injusta de los derechos de Álvaro Uribe, no mengua la libertad con que su espíritu transita por el camino de la verdad y la corrección amparado por la solidez de sus convicciones.

Por el contrario, lo ocurrido impide que sus ideas sean destruidas. Ambas injusticias inmortalizan el legado de grandeza respaldo en los hechos y logros que componen una doctrina democrática de profundo contenido social, distante de la politiquería y enmarcada en los corazones y en el entendimiento de las personas bien criadas y que mamaron principios y valores éticos dentro de nuestra sociedad.

Uribe es un verdadero guerrero de la libertad y la justicia social que, al igual que Miguel Uribe proviene de una base liberal honrada y honorable. Ambos, uno en nuestros corazones y el otro desde la eternidad, representan la esperanza de sana convivencia dentro del marco de la legalidad y sin que ello mengüe para nada su apego al orden, al deber ser, a la corrección en el obrar.

Es hora de que esta sociedad siga con total determinación el ejemplo de Uribe, quien ha combatido frontalmente el crimen, el clientelismo politiquero y la mediocridad, siempre defendiendo al sector productivo y a toda la condición emprendedora del ciudadano colombiano, sea este empleado o empleador, de quien ha combatido sin tregua todas las actividades ilícitas e ilegales empezando por la droga y el terrorismo y sus nocivos efectos en la sociedad.

Llegó el momento, hoy en 2025 y no en 2026, de que no se permita que el Estado siga engañando al país, patrocinando el crimen y azuzando delincuentes para que eliminen a sus opositores políticos. No permitamos que se siga abusando del significado y la importancia que tiene el ideal de la paz en favor de la impunidad criminal.

viernes, 8 de agosto de 2025

La Crónica: fragmentos en tiempo convulso

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

La Academia Antioqueña de Historia acaba de publicar El Asesinato de Rafael Uribe Uribe ¿Quiénes son? que traigo a colación porque el juicio al general fue político y amañado para desaparecer los verdaderos autores intelectuales del suceso y desviar el fallo. Leyendo las pesquisas realizadas por Marco Tulio Anzola, abogado contratado por Julián y Tomás Uribe hermanos del general y su yerno Carlos Adolfo Urueta, encontré que fue perseguido, amenazado y obligado al exilio y su libro publicado en 1917 recogido por los adversarios del general. En este hay grandes similitudes con dos casos actuales: la investigación del atentado contra Miguel Uribe Turbay desviada para ocultar a los verdaderos autores intelectuales, y el tortuoso juicio al expresidente Álvaro Uribe Vélez con el fin de sacarlo del ruedo político y cuyo “delito” fue haber servido sin descanso a la patria y doblegar a las FARC y a los paramilitares. De ellos viene la revancha.

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La actitud de Petro y Benedetti para crear un conflicto limítrofe de grandes proporciones con el fin de ocultar entuertos y evitar la celebración el siete de agosto en el lugar de la batalla de Boyacá donde no podía ir por el paro minero que había sido incapaz de resolver, es, no solo irresponsable, acerca a un conflicto internacional. Les recomiendo leer La verdad sobre la guerra escrito por el capitán Carlos Uribe Gaviria ministro de Guerra en 1932 y, como tal, comandante de la guerra con el Perú. Allí encontrarán las causas, consecuencias, acuerdos limítrofes y el prorrateo de territorios entre Colombia y el Perú que despejan toda duda.

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La mayor fuerza que tiene Petro para mantener su imagen, desacreditar a sus opositores, difundir mentiras sobre falsos logros y engañar ingenuos, son sus bodegas de redes sociales con cientos de “influencers” a los que citó al Palacio de Nariño para fijar posiciones para las elecciones de 2026 y, como es costumbre, los dejó esperando ocho horas mientras atendía una de sus “agendas privadas”.

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Tengo amigos abogados de alto reconocimiento y los escucho defendiendo la fortaleza de nuestras “instituciones” y me pregunto ¿de cuáles? De vez en cuando surge un buen fallo, algo parecido a las ganancias en los casinos para incitarte a seguir jugando. Pero hay cosas que extrañan: el “error” de la Fiscalía que parece desembocar en la pérdida del principio de oportunidad del señor Olmedo presunto autor de uno de los chanchullos más grandes de la historia de nuestra patria que le cerraría la boquita para que no se conozcan los detalles del “negocio”, los autores del reparto de billete para comprar conciencias y el enriquecimiento de quienes recibieron la mermelada. ¿Qué pasó con la aplicación del artículo 109 de la Constitución en la Comisión de Acusaciones de la Cámara? Si me extendiese en todos los casos, muchas páginas serían un apretado resumen.

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Señor presidente, después de los “cuatro gatos” que marcharon el 7 de agosto en favor de Álvaro Uribe Vélez ¿sigue creyendo que la razón es suya y que lo sacó del ruedo?

¿Estaremos despertando por fin? ¡Ojo con el 2026!

El Rincón de Dios

“Aléjate de acusación falsa, y no mates al inocente ni al justo, porque yo no absolveré al culpable” Éxodo 23:7

viernes, 1 de agosto de 2025

Ciega, coja y de ruana

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Me ha estado dando vueltas en la cabeza la imagen de Temis, la diosa griega de la justicia, representada simbólicamente en esa mujer esbelta que tiene los ojos cubiertos y en sus manos sostiene una balanza y una espada. Tiene sentido: ecuanimidad, equilibrio, rigor. Jocosamente aquí en Macondo decimos, además, que es coja por lo lenta y para los de ruana porque pareciera no ser igual con todos.

Pero lo que más me ha llamado la atención, en medio del agite suscitado por la sentencia contra el expresidente Uribe, es que algunos personajes, comenzando por el presidente, cacarean por redes sus afectos o desafectos, según la conveniencia de turno, es decir, si me gusta y estoy de acuerdo con sus fallos, entonces hay que acatar, respetar, someterse. Pero si me afecta, no me gusta, me condena, entonces es porque está sesgada, politizada, manipulada.

Por supuesto también he pensado que no es una diosa griega ni romana la que imparte justicia, sino que son hombres y mujeres de carne y hueso, con virtudes y defectos, para quienes hacer justicia dictando sentencias, no debe ser una tarea nada fácil y sus fallos estarán siempre expuestos a amores y odios, filias y fobias, admiración o desprecio. Se necesita mucho coraje, tenacidad y cuero duro para ejercerla.

Idealmente, la justicia está vendada en sus ojos, sin que deba ser ciega, porque no debe sesgarse por afectos o desafectos sino regirse por principios y valores iguales para todos. La balanza simboliza más que igualdad, equidad. Sí igualdad como punto de partida, pero finalmente equidad porque puede inclinarse a un lado u otro una vez sopesados los argumentos. La espada simboliza la lucha contra la maldad, el crimen y todo lo que afecte, vulnere o irrespete los derechos y deberes humanos. Aquí decimos que cojea porque se demora en llegar, desespera por lo lenta, se toma mucho tiempo en hacerse sentir. Y decimos también que es para los de ruana porque, lamentablemente, se ha visto cómo ha sido implacable con unos y laxa y benévola con otros, proceder realmente incomprensible a primera vista.

Y a propósito de violación de los derechos humanos, ya hace años, mi hermano jesuita Javier Giraldo me hizo una distinción al respecto que me resultó iluminadora por sensata y sabia: los únicos que violan esos derechos son los agentes del Estado, porque por oficio son los garantes de los mismos y jamás deberían omitir su estricto cumplimiento. En tanto los demás que procedan mal, no los violan, sencillamente son unos delincuentes que deben ser tratados como tales. El error de base es el mismo (por ejemplo, el asesinato de una persona) pero la calificación del delito es diferente, cualitativamente hablando, por la condición del actor que comete el crimen, pues si lo comete un defensor de la vida es mucho más grave que si lo hiciese un vulgar delincuente.

La justicia siempre será susceptible de equivocarse porque está mediada por el actuar humano, pero si fallare la humana en todas sus instancias, nos consuela la divina en el tribunal de Dios, el Justo por antonomasia.

martes, 9 de enero de 2024

La encarnación de la mentira y el engaño

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Como siempre, Santos le miente al país de manera brutal y descarada. Y si alguien tiene la culpa de que el narco comunismo esté instalado en el poder, de la degeneración de la justicia y de que la producción, el proceso y comercialización de coca sean la fuente de todos los males en Colombia es Juan Manuel Santos.

Fui testigo de todo esto que voy a relatar: Santos al decir que ayudó a Uribe, como todo en su vida, sólo se vale del engaño y la patraña que es lo suyo. Santos es la reencarnación del “Bilongo” cubano, un ser al que nunca se le ha podido pillar en una sola verdad.

Gabriel Silva Luján, entonces embajador, se negó por orden de Santos y por su condición traidora, a “ayudar” a Uribe que fue quien lo nombró embajador a solicitud de Santos. Primero mandó la razón de que pagarían los abogados, otra trampa premeditada, a la cual Uribe con la honestidad que lo caracteriza se negó rotundamente.

Gabriel Silva Luján descaradamente, tras negar la ayuda diplomática que se le debe a todo ciudadano y más a quien los eligió y los llevó al poder, dijo que lo único que podía hacer era recomendar un abogado que le había ayudado a su familia en un lío de café. Un día, en el aeropuerto de Miami, cuando Uribe lo quiso abordar, corrió a esconderse como una niña para no dar explicaciones al expresidente.

Silva se lavó las manos como Poncio y Santos, nunca defendió a Uribe, aunque sí utilizó su legado a conveniencia propia para convencer a americanos y europeos de su utopía de paz.

Que no venga ahora el pastorcito mentiroso a decir que hizo una gestión de “alto nivel”, cuando él opera como la ley del embudo: “todo pa adentro y nada pa afuera”. Santos sólo usa las personas, jamás le ha ayudado a Uribe a nada, y como carece de carisma y no se unta de pueblo, todo en su vida gira alrededor de la mentira y el engaño en función de su propia figuración mediática.

Santos antes de 2010 iba a WDC, al igual que otro expresidente, a decir que Uribe era paramilitar. Yo eso lo sufrí cuando llegué al BID y ese era el chisme que habían armado Santos y sus áulicos.

Santos engañó a Uribe desde que noblemente lo ayudó a lucirse como ministro de Defensa, a cuenta de los logros del presidente quien le hizo el ministerio.

Santos nada tuvo que ver con el primer mandato de Uribe. Trató, ya a finales de 2005, de acercarse a Uribe por medio de sus amistades, incluidos personajes como Luis Alberto Moreno, y varios amigos y asesores.

A Santos se lo arrimaron a Uribe, entre otros, Luis Guillermo Vélez y Óscar Iván Zuluaga al formar la Unidad Nacional. Un partido que Santos transformó en la “U” y luego se quedó con él por medio de un saldo de parlamentarios voltearepas.

En 2006 Santos trató de meterse con el famoso J. J. Rendón a la campaña de Uribe, pero Fabio Echeverri los sacó por donde entraron con propuestas propias de su baja condición humana.

Santos usó todo cuanto pudo para engañar a Uribe, con tal de que lo nombrara ministro de Defensa. En ese entonces fingía ser el peor enemigo y contradictor de Chávez, pero por debajo ya tenía andando toda su lisonja.

Sin duda no fue limpia ni justa la manera como Santos preparó a los medios para que olvidaran sus responsabilidades como ministro de Defensa, y para que a su llegada al poder empezaran a desprestigiar a Uribe que fue quien, a pesar de sus limitaciones, lo llevó cargado hasta el poder.

Santos y su hermano, estrellas de la titulación, lograron, una vez en el Gobierno, mediática y socialmente convertir a Uribe, entre las esferas del poder capitalino, en el diablo, para ellos poder pecar. Y así se confeccionó el estupro electoral recurrente del 2010, del 2014 y del 2016.

Santos engañó al país prometiendo la continuidad de la seguridad democrática (ver discurso de agosto 7 de 2010), cuando ya estaba en negociaciones clandestinas desde que era ministro con las FARC-EP con Cuba y Chávez. Todo con miras a colgarse el Premio Nobel de la Paz, que Pastrana no fue capaz de comprar, pero él sí estaba determinado a conseguirlo a cualquier costo.

Santos y sus amigotes siempre envidiaron a Uribe, por su determinación de servir, su valor, su rectitud y su honestidad personal.

Y seamos claros: Santos desde que logró la candidatura puso a trabajar a su hermano Enrique, a Frank Perl, Silva, Villegas, Leyva, Eder, y a sus secretarios de “La oficina de Rosales”, con los asesores españoles, el juez Baltasar y Enrique Santiago, y engatusó a Naranjo y otros uniformados con el fin de ablandar las fuerzas armadas.

Todo esto lo presencié siendo director en el BID. Si algo de lo dicho es falso que me lo desmienta alguien en la cara. Ahí están los vídeos y las entrevistas que confirman la secuencia de los hechos relatados.

jueves, 4 de enero de 2024

¡Jamás le perdonarán!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

Los episodios de la vendetta contra el doctor Álvaro Uribe Vélez se han convertido en infundios a los que nadie pone atención, porque se suceden cotidianamente desde el propio día de su posesión como presidente, el 7 de agosto de 2002.

Desde hace 21 años, rutinariamente, sin faltar un solo día, el doctor Uribe Vélez es objeto de ataques virulentos para castigarlo por haberse opuesto a la toma del país por parte de todas las fuerzas revolucionarias combinadas, en su propósito de alcanzar el poder, del que ya se veían dueñas.

Al finalizar su segundo mandato la vindicta se agudizó, para perseguirlo hasta el último día de su vida por el crimen imperdonable de haber aplazado ocho años la toma comunista del Estado.

Como el odio es la mayor motivación anímica del comunismo, lo anterior no es de extrañar.

Su primer sucesor traicionó al país suscribiendo el infame “acuerdo final” con las FARC, que se puso en vigencia contra la expresa voluntad del pueblo colombiano; y el segundo se vio maniatado por un ordenamiento constitucional deslegitimado y prostituido por su origen fraudulento.

Con semejantes premisas, la caída del país era inevitable y Colombia se encamina ahora hacia un destino comparable al de Venezuela, bajo la actual narco-dictadura...

Álvaro Uribe Vélez fue un gran presidente en todas las áreas: recuperó el orden público; derrotó militarmente a la subversión; saneó las finanzas; propició el crecimiento económico, y con la reforma del raquítico servicio de salud pública puso las bases que permitieron convertir el sistema asistencial colombiano en uno de los mejores del mundo.

Colombia, en vez de agradecer esa gestión incansable, eficaz y benéfica, de uno de los mejores gobernantes de toda su historia, presta oídos a la diaria catarata de desinformación y calumnias, que lo pinta como un cruel asesino con las manos manchadas de sangre, culpable de incontables masacres y violador de todos los derechos humanos, para que de tal manera las nuevas generaciones lo vean incluso como émulo de Hitler.

Reconozco que el expresidente sí persiguió a los narcotraficantes, los secuestradores, los paramilitares y los guerrilleros que reclutaban y violaban niños, traficaban narcóticos, volaban oleoductos contaminando ríos y vegas, y a los demás benévolos terroristas que mataban para crear un país justo.

Como los individuos anteriormente citados gobiernan ahora el país, no es de extrañar la persecución judicial emprendida contra Uribe con denuncias falsas, como en el caso Monsalve. Como esa acusación no puede ser más endeble —aunque ha dado lugar a una saga judicial interminable— ahora se preparan dos nuevos “frentes judiciales” contra el expresidente:

 1-Extralimitando sus facultades, en la “justicia especial para la paz” se prepara su incriminación por la siempre creciente cifra de “falsos positivos”, y 2. Se le acusa de crímenes imprescriptibles de lesa humanidad, en Argentina.

En algunos países, dizque los jueces disponen de jurisdicción universal que les permite investigar y castigar los delitos contra la humanidad cometidos en cualquier lugar del mundo.

Parece que en Argentina existen leyes que permiten esa grotesca intervención en otros países, y por tanto, un colectivo comunista colombiano de la peor índole está intentando una acción contra Uribe, como la que llevó a la detención del general Pinochet en Londres.

Preocupante actuación, porque allí también puede aparecer el juez prevaricador que se preste a una maquinación como la que se prepara contra Uribe Vélez, quien se ha dirigido al pueblo argentino en un excelente comunicado en el que desbarata las principales calumnias en su contra.

Mejor haría la justicia argentina en juzgar a los delincuentes políticos de su repugnante pasado peronista, que en perseguir a un ciudadano extranjero por el crimen de haber defendido a su país.

jueves, 25 de mayo de 2023

Testimonio a la juventud: el Álvaro Uribe Vélez que yo conozco

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Este es mi testimonio sobre la vida que conozco de un gran hombre. Para mí, mucho más que un verdadero amigo, es un ejemplo de vida y un líder digno de seguir y luchar a su lado. Este es mi recuento de lo que encarna una persona extraordinaria, gran ser humano, virtuoso chalán, magnífico compañero de viaje, hombre de familia, patriota y estadista de inconmensurable naturaleza.

El Uribe que yo conozco es un ser honorable y cumplidor, de mente lúcida y corazón espléndido, un noble guerrero de las causas justas e incansable defensor de la libertad, el orden y la democracia. Es un hombre íntegro, honorable y de palabra. Señor y caballero, un ser humano sencillo y bondadoso. Sin duda alguna, Uribe representa la encarnación caracterizada de los valores más puros de esa inconfundible cultura honrada, laboriosa, decente, confiada, austera, franca y sincera, tan propia del campesinado antioqueño.

En su persona confluyen los valores elementales del hombre de campo y de a caballo, transformados en un gran líder que representa la integralidad del demócrata humanista y la universalidad del gran estadista reconocido mundialmente. Su condición humana, bondadosa, compasiva y crédula y su trato en extremo respetuoso, en veces convierten en fallas sus virtudes a manos de los abusos del descaro ajeno, y en ocasiones resulta siendo envidiado por la aversión propia de los colgajos del poder político, mientras lo respetan y admiran grandes líderes y comunes, a lo largo del mundo occidental.

El Uribe que yo conozco, es la viva representación humana de lo mejor que da esta tierra. Es carácter y semblanza de la ardua geografía de este hermoso trópico infernal del que deriva una gama extraordinaria de culturas, y entre ellas, está la de los antioqueños o paisas como nos denominan en las demás regiones del país.

Antioquia es un pesebre lleno de flores y selva, de montañas que tienen en sus adentros un gran un tesoro escondido, de laderas y cañadas donde el hombre, la mujer y las bestias amanecen y terminan cada jornada desafiando la fuerza de gravedad y el poder de la naturaleza. Donde sacarle un céntimo a la tierra requiere a más de fe en el creador, una inagotable devoción al trabajo y esa determinación que apodamos, “verraquera”.

Uribe representa nuestra cultura, forjada por la tenacidad de quienes hace 500 años entraron en la montaña y, a lomo de mula, poblaron estrechos valles y crestas de cordilleras en búsqueda del valor aurífero de sus arenas y vetas rocosas, que luego invirtieron en el exquisito y virtuoso cerezo que copó nuestras laderas y conquistó con su aroma el mundo entero. Oro y café, que sirvieron de cace para iniciar el desarrollo de una cultura industriosa y de un comercio sano que llevaba por garantía la palabra empeñada del arriero que cuida con su vida la encomienda. Y así es el Uribe que conozco.

En Antioquia, las familias amén de extensas, labraron su distinción sobre el valor del reconocimiento de la honorabilidad y la honradez y los dones humanos de cada individuo, que no por aquello “del metal de vos”. En Antioquia, el respeto lo da la igualdad. Allí se mira a los ojos a todo mundo, pues sus gentes crecieron entre el trato libre, franco y respetuoso, sin odios ni distinciones, que representa un espíritu de independencia que le dio a esta la tierra marcada por la austeridad y la sencillez, su prosperidad, ajena de toda discriminación económica o social.

En 1995, siendo él gobernador y yo director de Proexport – Colombia en la Florida, hablamos en mi casa de su candidatura presidencial. Aquel gobernador activo que promovía el programa batuta para que un niño que amara un instrumento musical no empuñara jamás un fusil, y que ya entonces era objetivo militar de FARC, ELN y toda suerte de organizaciones criminales, pregonaba la sana convivencia democrática dentro de la legalidad, la libertad y el orden, y practicaba la austeridad en el manejo de la hacienda pública y la lucha contra la corrupción y el clientelismo. Ya tenía listas las premisas de su discurso de posesión. Él partió a Inglaterra, yo hice empresa, y recuerdo que me dijo “trabaje duro que en unos años voy a necesitar ayuda”.

Manejó luego mi padre sus dos campañas presidenciales en 2001, 2002 y 2006, y forjaron ambos una relación de cariño y mutua admiración extremadamente respetuosa de la cual tuve siempre el privilegio de ser testigo presencial. Ambos liberales, tenían una firme identidad de criterio sobre la necesidad de hacer un gobierno con un profundo contenido social y un juicioso manejo de la economía en función del crecimiento.

Conozco bien los principios de Uribe, pues ambos venimos de familias que han sostenido la amistad sobre los mismos valores forjados por ancestros cultos que pasaron el Cauca, abrieron el monte e hicieron trochas por las que transcurrió la colonización y el progreso del Suroeste del departamento. Sus abuelos paternos, don Luis Uribe y doña Celia Sierra se frecuentaban con los míos, don Luis Guillermo Echeverri Abad y doña Lucia Correa Arango. De Alberto Uribe Sierra, de su hermana María Elena y de sus parientes políticos, los Mesa, fue amigo mi padre; un cariño y apreció que heredé, pues nos une además de una vocación de servicio a la sociedad, una desmedida afición por el campo, el ganado y especialmente por el caballo.

A Álvaro Uribe y a sus hermanos los vi muchas veces en mi infancia al lado de su padre en las exposiciones ganaderas de Medellín en el coliseo Aurelio Mejía, el recuerdo es tan claro como las imágenes de la coqueta yegua Postal, el compás del tostado Candelazo, y la presencia del Petrarca azabache.

De cuando apenas terminaba yo la primaria, recuerdo el primer logro social y político de Uribe al conseguir la jornada continua en la educación del Departamento, para que los estudiantes pudiéramos trabajar para ayudar económicamente en la casa o empezar a formar un principal. Recuerdo también una vez que fuimos a jugar baloncesto al Colegio Jorge Robledo, ver a Uribe parado en un muro desde donde decía que sería presidente de los colombianos.

Famosos fueron sus debates, legendarios en la turbulenta Universidad de Antioquia, donde unos pocos manifestaban la rebeldía propia de los 60, llena de espíritus exaltados por la ilusión revolucionaria, toda una época donde nació la “burgués mamertería” y la altanería palurda que con piedras salía manifestante en contra de las ventanas del comercio y la policía. Entre los cargos ocupados en que más se destacó están la Dirección de Aeronáutica Civil, la Alcaldía de Medellín, la Gobernación de Antioquia, y sus dos encargos como senador y presidente. He sido testigo de muchas aclamaciones y honores con los que Uribe ha sido distinguido en decenas de países y organizaciones internacionales, de su devoción por la promoción de Colombia en el exterior y su inconmensurable trabajo en defensa de la democracia hemisférica, a lo cual se dedicó entre 2010 y 2014.

A golpe de trabajo, sencillez e inteligencia, de un trato amable a las personas, desde la secretaría general de EPM inició una brillante carrera pública administrativa. Destacada fue su militancia política en las bases liberales, desde donde fraguó una trayectoria dedicada al servicio social y a la mejora de la calidad de vida del ciudadano colombiano. Desde su actuación como liquidador de las minas de la Choco-Pacific, este hombre, aunque controvertido por algunos, es el autor de la Ley 100 que marcó un gran progreso en nuestra seguridad social y ha sido el más asiduo defensor del trabajo y los trabajadores en Colombia.

Uribe, a diferencia de la gran mayoría de los “políticos” actuales, no vive de la política, de gestiones ni intrigas clientelistas, es ante todo un empresario del campo que siempre ha pagado nómina y ha generado empleo. Su virtuosa formación y su espirito laborioso le ha permitido ir arando un principal ganadero que con los años se convirtió en un modelo social de empresa agropecuaria compartida con quienes han sido a lo largo de los años sus más importantes colaboradores en el fértil valle del Sinú.

Y es que este hombre despierto, atento, rápido en la respuesta, gentil y respetuoso de todos por igual, nunca para. Camina ligerito, no deja de observar y comentar, ni menos perder algún detalle sobre temas tan variados como la economía del país, los problemas globales, las características de la geografía, de los suelos, los árboles y los pastos, la belleza de las especies o los dolores que aquejan a cada comunidad y a cada rincón de su país o de aquellos países por los cuales ha recorrido.

Uribe es un ser único, un hombre valiente, de profundas convicciones con un propósito de servirle a Colombia y al hemisferio, que es apenas comparable a lo insultante que resulta su gran memoria. Al Uribe que conozco no se le pasa detalle, saluda a todos por su nombre, les recuerda con cariño sus menciones pasadas a dolencias y alegrías. A todo aquel con que se encuentra, le habla con cariño sobre cada registro vivido o cada conversación del pasado que almacena, no sé cómo, en su cabeza, el disco duro más grande que uno se pueda imaginar.

Uribe ha educado sus hijos con amor y con firmeza. Les ha exigido ser amables y correctos en su conducta y sus maneras, les ha dado un gran ejemplo de laboriosidad que los ha convertido en valiosos empresarios, amigos y padres de familia. Su relación con la gran mujer que es doña Lina Moreno se resume en un trato sincero, franco, dulce y amoroso, en un complemento de posiciones tan diversas en su forma como afines en su esencia, en una relación en la cual se comparten con respeto las sencillas alegrías que componen la cotidianeidad del campo, las grandes preocupaciones sobre toda la nación y las alegrías y tristezas propias de dos seres que genuinamente quieren a Colombia y a todas sus gentes sin distinción alguna.

Como hombre con devoción por la familia y como ser humano extraordinario vestido de figura pública, el corazón de Uribe está marcado por el ejemplo hacendoso, solidario y el liderazgo político de su madre, y su dinámica imparable proviene del amor por su padre, un personaje único, un enamorado de la vida, de la galantería, de la tierra y el caballo, y que gozaba del don de la alegría y la palabra, con la cual protagonizaba todo tipo de conversas.

El Uribe que yo conozco, nunca cesa de hacer preguntas. A todas las personas les hace un examen exhaustivo sobre todo aquello que pasa por su mente, sus ojos o su memoria, rebulle las ideas hasta cristalizarlas sin nunca rehusar a llegar hasta el fondo de cada asunto que se mete en su atención. Absorbe y registra todo aquello que interesa y desprecia tanto la censura a las personas como la indolencia de las quejas.

Aquello de “trabajar, trabajar y trabajar”, no es un decir. Viajar con Uribe representa soportar jornadas infinitas. Este hombre guapo, resuelto y audaz que ha sobrevivido decenas de atentados contra su vida solo le teme a la responsabilidad de no cumplir. Ya a las 4 de la mañana desde el lugar más lejano del planeta ha repasado por Skype y por teléfono el estado de los ganados, de los cercos y los pastos, luego le pasa revista a los pendientes, y repasa la seguridad de cada una de las regiones del país, y luego en medio de sus múltiples ocupaciones, no escatima esfuerzos para contestar todas los mensajes que le llegan y llamar con una voz de consuelo y amistad a todas aquellas personas que han sufrido un revés o una perdida.

He sido honrado en mi haber, con la confianza y la amistad de este gran maestro, a quien como colombiano y como padre que soy, le profeso infinita gratitud y reconocimiento. Son innumerables las anécdotas y registros que sobre este hombre llevo dentro, episodios que la vida me ha permitido presenciar al lado suyo. Sin duda el gran colombiano, como lo ha registrado ya la historia, más que nadie, representa el ADN del mejor hombre al servicio de esta patria.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Llamamiento, por orden alfabético, a nuestro jefes políticos

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

La figura del avestruz evoca a quienes entierran la cabeza para no ver lo que pasa a su alrededor, posición tan incómoda como inútil.

Después de la llegada de Petro al poder, la mayoría de los políticos democráticos en Colombia aparecen inmovilizados como avestruces, confiados en la operancia de un orden constitucional que ya no existe. Persisten así en mantener celosamente sus amenazados feudos, mientras avanza la toma del Estado para poder luego cambiar el modelo económico y social, replicando inevitablemente el hambre, el despotismo y la ruina que sufre Venezuela.

Pensar que en octubre los gobiernos locales serán conquistados por atomizadas y contrapuestas fuerzas democráticas, no pasa de ser una consoladora ilusión… antes de un amargo despertar.

El país va hacia el abismo, sin que nadie con suficiente autoridad política llame a la resistencia organizada y eficaz, que solo tendría posibilidades de éxito si todas las fuerzas democráticas se unieran para salvar al país.

De lo contrario, nuestro futuro será como el de Venezuela, una narco-dictadura con una oposición fragmentada y tolerada dentro de ciertos estrechos límites, para dar la impresión de normalidad institucional, cuando la realidad es la de una complicidad vergonzante entre la tiranía y sus aparentes contradictores.

En Colombia tenemos seis grandes líderes que no pueden seguir cada uno por su lado.

Sin otro título que el de ciudadano imploro a los doctores Iván Duque Márquez, César Gaviria Trujillo, Enrique Gómez Martínez, Andrés Pastrana Arango, Álvaro Uribe Vélez y Germán Vargas Lleras, que se reúnan y deliberen el número de horas o de días que sea necesario para unificar y compactar todas sus fuerzas en un gran movimiento nacional, único capaz de detener la anarquía y la revolución.

Ninguno de esos seis jefes es mejor que los demás. Los he citado por orden alfabético, porque llegados al momento actual las diferencias del pasado no cuentan. Aunque ninguno de ellos es perfecto, todos han servido bien a Colombia, mientras la propaganda política y docente de los últimos años los presenta como objetos de ludibrio. No podemos seguir tolerando que se los pinte como malhechores, corruptos, asesinos, latifundistas y esclavistas. Pocos países tienen un elenco directivo tan sobresaliente.

Si esta media docena de grandes líderes dejan de lado banderías y viejas rencillas para acometer la empresa indispensable de impedir que el país sea aniquilado, la esperanza renacerá. De lo contrario, el comunismo arrasará con todo lo bueno en Colombia, empezando por estos líderes y sus movimientos políticos, que han hecho posible la democracia en Colombia.

lunes, 13 de marzo de 2023

De El Salvador a Colombia

Félix Alfázar González Mira
Por Félix Alfázar González Mira*

Se va convirtiendo la pequeña república centroamericana de El Salvador en un referente latinoamericano y mundial en materia de seguridad, inversión extranjera y rescate de la confianza en términos del aumento de los visitantes extranjeros a conocer todas sus expresiones naturales.

Recuerdo, en mis actividades como funcionario nacional, que fui invitado a un congreso de alcaldes de ese país en su capital, San Salvador, y cuál no sería mi sorpresa al notar el contraste como fue recibido el presidente de la época, Antonio Saca y como era el encuentro del presidente Álvaro Uribe Vélez en eventos similares en Colombia. Allá me encontré con abucheos, silbidos, gritos y saboteos a su gobernante y acá vivimos tiempos de contento, de recibimiento de pie con aplausos cerrados de los alcaldes, gritos de viva el presidente Uribe, desfile del mandatario como estrella de farándula internacional al querer, todos y cada uno, tomarse fotografías con su gobernante.

Claro, el presidente Antonio Saca fue reconocido, juzgado y condenado como corrupto por las autoridades judiciales de ese país.

Queriendo las gentes enderezar el rumbo, eligieron para el siguiente periodo al representante del partido de izquierda, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, el señor Mauricio Funes. Buscaron mejores políticas públicas, que en su discurso la izquierda siempre ha formulado para oídos incautos, pero en las realizaciones siempre han constituido fracasos; el aumento de las pandillas siguió su curso extorsionando todo el aparato productivo desde el trabajador informal hasta el más encopetado de los empresarios, el control territorial ejercido y creciente con sus beneficios económicos y sociales derivados de su accionar, la corrupción se acentuó, como suele suceder también con la izquierda, a tal punto que el presidente Funes fue Juzgado por esos asuntos y se encuentra exiliado en su vecina y socia Nicaragua.

Los salvadoreños, ante esa tragedia diaria que vivían allá desde el proceso de paz de principios de los años noventa, que desembocaron en las pandillas de los maras, vieron en el joven empresario Bukele, ya formado en las lides públicas como alcalde de su capital San Salvador, con resultados ciertos en todas las áreas de gobierno; una esperanza que está resultando útil en atención a los resultados visibles de su política de seguridad como eje transversal a todas las áreas socio-económicas de la nación.

Hay que estarle contando a la juventud actual y recordándole permanentemente a los colombianos más adultos que Colombia era un “Estado fallido” en el año 2002. El verdadero “estado de naturaleza” de Hobbes al estar controlado el territorio nacional en tres sectores donde la autoridad en uno era ejercida por las guerrillas, en otro por los grupos paramilitares (originados por aquellas ante la impotencia del Estado para combatirlas) y la institucionalidad en el resto. Casi que en el 2% del territorio, el país urbano, estaba la autoridad y la fuerza del Estado. No podíamos salir de las ciudades y 300 alcaldes despachábamos desde las capitales. El 98% del territorio geográfico era controlado por esos grupos terroristas. El país nacional, más no el político que se sumó después, eligió por mayorías contundentes a Álvaro Uribe. En 8 años de gobierno mejoró todos los indicadores del cuerpo de la nación. Al encontrarlos en rojo los entregó en verde y a Colombia como la estrella que brillaba en el firmamento latinoamericano.

Siendo traicionado en todo por el ser más miserable que ha dado el mundo, Juan Manuel Santos, empieza a erosionarse su obra de gobierno, a desinstitucionalizar el país comprándolas con favores y dinero. El Congreso, las cortes, la gran prensa fueron cortejadas hacia la toma de decisiones favorables al régimen para permitirle realizar el negocio ($$) con las FARC y dejar, hasta hoy, la corrupción desaforada en su gobierno durmiendo tranquilamente en la inaplicación de las normas. Hay que recordar que su reelección fue financiada por Odebrech (que tiene varios muertos y presos entre nosotros y presidentes del continente enjuiciados y en la cárcel). Ocho años, dos periodos que le quitaron el impulso que el país traía. Y preparando el terreno para que el Estado actual de cosas se presentara precedido por un periodo insípido de gobierno que queriendo quedar bien con todo el mundo quedó mal con todos, hasta con la historia de la República. Iván Duque y su contraste de buena gerencia pública y desastre político evidente.

Movidos por el discurso del cambio, por el cansancio agotador de los de siempre, por las ansias juveniles por lo nuevo, por las infamias contra Uribe Vélez, por la distorsión de los brillantes resultados de su gobierno, por el cansancio de la asqueante corrupción, por los estragos de la primera línea y muchos etcéteras; el país eligió a Gustavo Petro como presidente llegando a convertirse en el primero de claro corte izquierdista en la historia republicana.

El inteligente pueblo de El Salvador escogió el camino de la seguridad como su salvación y el pueblo colombiano escogió el abismo como su destrucción. Ahí están sus políticas y sus resultados.

El 8 de marzo, Día de la mujer, la primera línea vandalizó la Plaza de Cisneros, los edificios referentes de la Plaza de la Luz y la emblemática Plaza Botero, en Medellín. En El Salvador estarían detenidas y acá se pediría su excarcelación.

Paradójico que allá sí hay “Paz Total” y acá “incertidumbre total”.

Algo va ¡de Bukele a Petro!

O de El Salvador a Colombia

sábado, 17 de octubre de 2020

Aprendizajes de los casos Uribe y Cepeda

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Mientras Uribe renunció al Senado y durante su detención domiciliaria se dedicó más a generar propuestas concretas para el país, Cepeda sigue dedicando sus horas de trabajo a única y exclusivamente seguir buscando la forma de exterminar a Uribe. Ni una sola propuesta en sus años de senador siquiera le he leído. No pueden seguir siendo tan miopes sus electores y continuar llevando al Senado a una persona para sólo atacar a Uribe, cuando en esta institución requerimos generadores de ideas que permitan, acordes con los objetivos del desarrollo sostenible 2030, establecidos en el pacto global de la ONU, acometer los problemas del mundo, que son nuestros problemas: sociales, medio ambientales y económicos, los tres caminan juntos, son interdependientes, cada uno depende del otro y de cada uno se desprenden miles de tareas que no podemos dilatar, que nos obligan a construir, nunca a destruir y recordemos siempre que podemos pecar por acción o por omisión.

Eso es lo que está haciendo Uribe, moviendo temas concretos, objetivos para el desarrollo sostenible, y lo que no está haciendo Cepeda, quien debería renunciar a su curul en el Senado, para que, en señal de respeto a los colombianos, siga su guerra contra Uribe, que, al parecer, es lo único que sabe hacer, en igualdad de condiciones con su contrincante. Sin curul de senador; Cepeda liberará una curul y una UTL, costosa y de poca utilidad en la generación de ideas, para que de pronto quien lo remplace, pueda utilizar UTL y curul, en la generación, estudio y trámite de ideas propias y agenda que puedan servir al país, a los objetivos del desarrollo sostenible.

El Congreso y el país debemos tomar como derrotero, el planteado por Uribe en su última intervención, ahí está la agenda e inclusive sería muy útil que los otros sectores se manifiesten sobre las propuestas.

Por ejemplo, los temas sociales planteados, deben ser de urgente atención, acompañados de los laborales, económicos y ambientales, que son los posibilitadores de los apalancamientos al desarrollo sostenible de nosotros los colombianos en el ámbito mundial.

La paz, para realmente acercarse a ella, toca meterles duro a los programas que han funcionado y pueden hacerlo y con los reinsertados que con seriedad han venido aprovechando su nuevo estilo de vida en compañía de sus familias. Lo mismo no podemos predicar de los que no quisieron corregir su rumbo y siguen engañándose, engañándonos y enredándonos a todos, para evitar las acciones que permitan sacar al país adelante.

Es que el interés general es de lógica, es de acción, es de verdad, es de amor, es que, en el interés general con buena fe, no puede caber el odio, el desprecio, la exclusión, mínimo caben los debates y las discusiones, pero que sean productivas, medibles, realizables.

Definitivamente necesitamos que se sienten a reorganizar agendas, a revisar propuestas, a priorizar estudios y concertar definiciones. Este país va a salir adelante y el ejemplo que nos ha dado Uribe, renunciando al Senado para enfrentar el proceso penal y dedicando mucho más tiempo a ordenar agenda para el país, que el que ha dedicado a su defensa, nos muestra la calidad del líder y lo más importante, nos aclara el camino de la esperanza, pero eso sí, todos tenemos que ayudar convenciendo a los líderes con los que simpaticemos, a que se dediquen a estudiar los temas propuestos y otros que surgirán, que las rencillas personales las saquen de los escenarios de discusión, que produzcan para el país, que se comporten, que nos comportemos todos muy bien, todos fuimos creados libres y esa libertad es la que nos permite andar por el camino bueno o por el camino malo y si queremos amar y ser felices, no es sino que todos andemos por el camino bueno y todo cambiará para bien de todos, dándole cabida al interés general, donde la buena fe y la verdad van a reinar.

Yo soy práctico y no me da pena decir que he encontrado en las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo, herramientas de comportamiento para la fuerza, la paz y la tranquilidad que requerimos para ser útiles a nuestras familias, a la sociedad y lo más importante, a nosotros mismos, sin necesidad de fanatismos ni comportamientos raros, que vayan más allá de evitar conductas esclavizantes que nos hacen mal como individuos y afectan nuestros entornos. Esas conductas son una lista muy larga, que en la medida en que las evitemos los beneficios serán muchísimos.

sábado, 29 de agosto de 2020

EPM, sociedad de economía mixta de mayoría de capital público

Andrés de Bedout Jaramillo

Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Durante 23 años se pudo mantener la joya de la corona como empresa industrial y comercial del Estado, 100% de capital público municipal.

Nadie ha estado dispuesto al desgaste político que implica cambiar su naturaleza jurídica, a una sociedad por acciones, así se conserve la mayoría en cabeza del municipio, por la sencilla razón de generar tufillos de privatización.

En 1997, cuando la transformación obligada por ley, se trataba en el Concejo de la ciudad, el único visionario que se atrevió a mencionar el tema en el seno de la corporación, fue Álvaro Uribe Vélez, quien nos dedicó mucho tiempo para solicitar transformar a EPM en sociedad por acciones de mayoría de capital público; hacia cálculos, en los que vendiendo una pequeña parte, podríamos haber salido del desatrazo vial al que todavía estamos sometidos, además de advertirnos sobre los inminentes riesgos para la gobernanza de la empresa en manos del sector político.

Si le hubiésemos parado bolas, nos habrían tirado tomates podridos, pero, tendríamos vías en Antioquia y unas EPM muchísimo más grandes que las actuales. Habríamos evitado el desgaste al que, sometida a los vaivenes de la política, han estado nuestras EPM, manteniendo inclusive ese esquema de manejo corporativo que compromete a estado-empresa-academia.

Hoy es necesario capitalizar la empresa, para hacerle frente a la culminación de proyectos (Hidroituango, Caribe, etc.), a evitar los altos costos y dificultades en la consecución de créditos con la banca nacional y extranjera, a las dificultades en la colocación de bonos y al mantenimiento de la excelencia en la prestación de los servicios públicos domiciliarios, que permitan su permanencia en el ambiente de competencia, en y por el mercado.

Estamos en el momento oportuno y en la obligación de acometer este paso de transformación de EPM, dejarla cómo está, sería alcahuetear el proceso de deterioro, propio de quienes tienen intereses de frenar el empuje de Antioquia, pegándole donde más le duele.

Desafortunadamente por las buenas no se pudo establecer un mecanismo acorde en los requisitos y designación de los miembros de la junta directiva y del gerente, por esta última.

Hay que transformar a EPM en una sociedad por acciones de mayoría de capital público; Colpensiones, los fondos de pensiones, los empleados de EPM, los ciudadanos de Antioquia, serían los llamados a capitalizar la empresa, plata fresca, estatutos actualizados, que permitan manejos estables, responsables y eficientes, que redunden en beneficio de Medellín, de Antioquia, de Colombia.

Qué paradoja, hace 23 años vender un pequeño porcentaje de EPM, para alejarlas de la política dañina, nos habría dado las vías requeridas por Antioquia que hoy todavía no tenemos. Hoy seguramente tocará disponer de un porcentaje mayor, para capitalizar a las EPM, y de una vez, a varias de sus filiales. Algo hay que hacer con TIGO-UNE, la cogió la pandemia sin equipos ni infraestructura para aprovechar las oportunidades de crecimiento que los requerimientos de la virtualidad impuesta por la cuarentena, exigen.

No queremos a EPM como un Pedevesa, de esta salimos; nuestro Señor Jesucristo nos va a dar la inteligencia y la fuerza necesaria para acometer este proceso de transformación y capitalización de nuestras EPM.