Luis Guillermo Echeverri Vélez
Los
problemas sociales, políticos y económicos siguen siendo los mismos de hace 50
años y como sociedad solo hemos profundizado en las excusas para no
solucionarlos. Se han agudizado y el 8 de marzo el país define entre el bien y
el mal, el modelo de económico de mercados o el narco-comunismo modelo SSXXI,
entre ser libres o ser secuestrados por la subversión.
Cobran
actualidad los discursos de la ANDI de 1974 a 1991, y los de posesión de Uribe
en 2002 y 2006 respaldados por los resultados de la seguridad democrática como
política de Estado. ¿Y que es la seguridad democrática? Simplemente una
metodología innovadora que conjuga: seguridad ciudadana, garantías y libertades
sociales, transparencia en la gestión pública, una actividad económica
orientada a la cohesión social, y el respeto por la independencia de poderes.
Antes
y después la seguridad democrática, en lugar de transformarnos hemos dejado
multiplicar y normalizar la corrupción, la impunidad, la ilegalidad, la
informalidad y los efectos nocivos de un narcoterrorismo disfrazado de
ideología de izquierda. Nos gobierna el crimen organizado y corremos el riesgo
de que se consolide el caos y la miseria que causa el modelo narco-SSXXI.
Cuando
hay determinación política responsable de hacer las cosas bien, en derecho las
cosas se pueden deshacer de la misma forma en que se hacen, sin necesidad de
comprar conciencias, de violentar las leyes ni de acudir al clientelismo.
Para
que el país funcione y haya efectividad en el desarrollo, la construcción de
políticas públicas implica voluntad de servicio, de mejorar lo que ha dado
resultado y enmendar los errores cometidos, eliminar las conductas e
iniciativas que han permitido el desprestigio de un parlamento dedicado al
debate ideológico, eliminar lo que no es compatible con el sistema de
libertades, y adoptar legislaciones que atiendan las necesidades de la gente.
Si
queremos democracia, necesitamos un parlamento innovador, que trabaje en equipo
con el administrativo por el bien común, capaz de enfocarse en el
fortalecimiento institucional por medio de la recuperación ética y moral, la
innovación conceptual y tecnológica en la operatividad del Estado y así
contener una cleptocracia que se nutre de la dependencia entre de poderes.
En
nuestro caso innovar es tan simple como respetar y hacer cumplir la ley y el
debido gobierno corporativo, asumir la digitalización del Estado, capacitar y
calificar a todos los servidores públicos, preservar la ortodoxia en el manejo
macroeconómico, crear incentivos a la inversión, y evitar vacíos legislativos
obligando a todo servidor público a presentar un parte médico de salud física y
mental, un pasado judicial y unos conocimientos acreditados con resultados.
Colombia
necesita emprender un cambio cultural que eleve su conciencia ética y
educativa. Lo demás son habladurías, cháchara, paja para lograr beneficios,
figuración y vanaglorias individuales, que reducen el debate electoral a una
contienda de loritos en una estaca haciendo bulla a ver quién “parlotea” más
duro.
Recordemos
que no hay libertad sin límites legales que impidan los abusos propios del
libertinaje. Que la equidad consiste en darle a cada uno lo que le corresponde
sin pretender que todos seamos lo mismo, mientras la igualdad solo aplica ante
la ley y la generación de oportunidades.
La
seguridad es el cimiento de la legalidad y la justicia como aplicación
igualitaria del derecho, no de la distribución igualitaria del empobrecimiento.
Comprobado está que las sociedades se descarrilan y no pueden rodar libres y de
manera ordenada las democracias, sin generación de riqueza que financie el
desarrollo.
Colombia
sabe mejor que nadie que una sociedad que no es segura no puede ser justa, no
puede educarse, ni formar una cultura fundamentada en la ética de trabajo en
equipo. La mejor definición de seguridad es el respeto a la ley y la justa
medida de libertad y orden; no la trampa individualista, el rebusque, el engaño
y la violencia.
Uribe
es el único verdadero enemigo político que reconocen Petro, Cepeda y sus
aliados criminales, pues saben que no lo pueden comprar ni engañar, y porque es
el único que ha demostrado que sin seguridad democrática fracasan la legalidad
y justicia.
¿Por
qué somos tan soberbios e individualistas y estamos obstinados en ir divididos
a una elección sin garantías, en lugar de dejar a Uribe comandar las banderas
de la libertad y el orden, mientras podemos volver a una democracia
funcional?
Votemos
bien en marzo porque lejos están de la justicia social, las ideas revaluadas
del comunismo, el socialismo Castro-Chavista, el populismo y el progresismo,
que parten del odio de clases enmascarado de clamores de igualdad.
.jpg)