Luis Alfonso García Carmona
Sin entrar a
diagnosticar lo que ya es de dominio público, preocupa a los colombianos lo que
piensan los candidatos más opcionados a la presidencia sobre el problema
prioritario: ¿cómo garantizar la seguridad de la población, deteriorada de
manera desproporcionada durante el régimen petrista?
El heredero de
Petro y candidato de las FARC, Iván Cepeda, se ha negado a debatir con su
principal oponente, el doctor Abelardo de la Espriella, sus propuestas a
los colombianos y en sus intervenciones poco manifiesta sobre tan preocupante
tema.
Cepeda enfoca el
problema de la inseguridad en Colombia desde una perspectiva de transformación
estructural, abogando por superar el enfoque militarista del Estado
para convertirlo en un "Estado social de derecho". Propone la defensa
de la vida y la movilización popular, junto con proyectos sociales y
el desarrollo rural, como herramientas clave para enfrentar la violencia
subyacente.
* Reforma estructural: propone
reestructurar la fuerza pública, argumentando que debe dejar de operar bajo un
enfoque de guerra, incluso en la seguridad ciudadana.
* Paz y derechos humanos: busca
conectar las políticas de seguridad con la defensa de los derechos humanos y la
implementación de la "paz total".
* Solución social: enfatiza
que la seguridad no es solo un tema militar, sino de cerrar las brechas de
desigualdad y pobreza.
* Enfoque territorial: apoya la
inversión en zonas históricamente afectadas por el conflicto, como el
Catatumbo.
En resumen, Cepeda
defiende una política de paz y seguridad que combina la negociación con
el cambio social para combatir la raíz de la violencia.
En estos más de tres
años, el electorado ha visto el fortalecimiento de los grupos armados, y el
aumento de delitos como el secuestro, la extorsión y el reclutamiento forzado
de niños. Para muchos, es el fracaso de la política de paz total, de la que
Cepeda fue arquitecto.
Al respecto publica El
País/50: “(León) Valencia añade que Petro, a pesar del evidente
fracaso de la paz total, ha mantenido una mesa de diálogo en Qatar con el grupo
armado más grande del país, el Clan del Golfo para que no escale la violencia
en tiempo de campaña. Su estrategia es tenerlos ahí para apaciguar un poco el
momento, pero Cepeda necesita inventarse un cuento adicional para tomar
distancia”.
Senadores de oposición
organizaron un debate de control político contra el Gobierno por la revelación
de Noticias Caracol de que disidentes al mando de alias Calarcá infiltraron
altos cargos en el Ejército y la Dirección Nacional de Inteligencia. Son
disidentes que, anotó la senadora uribista Paloma Valencia, también
precandidata presidencial, tiene una mesa de negociaciones con el gobierno
bajo la paz total. Sus ataques no se limitaron al presidente.
“Bienvenido, senador Cepeda, siquiera regresa a este recinto, donde cada vez
que hablamos de los problemas de la paz total, donde aparece su firma, usted no
está aquí para responder”, dijo en su intervención.
Gerson Arias,
investigador de la Fundación Ideas para la Paz, ha seguido de cerca la
paz total y coincide en la dificultad que enfrenta Cepeda por esa
desprestigiada política: En 2022, el senador editó y lideró un borrador de
documento que inspiró la apuesta del Gobierno por negociar en simultáneo con
todos los armados, y hacer ceses al fuego con ellos para frenar la crisis
humanitaria, explica Arias. También aportó los contactos logísticos
internacionales para apoyar los procesos, e impulsó la ley de paz total
que dio al Gobierno las herramientas para avanzar. Luego fue una voz clave
en la fallida negociación con la guerrilla del ELN.
Vale la pena aclarar:
a. La reforma
estructural de la Fuerza Pública consiste, según sus propias palabras, en
incorporar los efectivos de las FARC a las fuerzas militares. Es el aterrador
futuro que le espera a Colombia si este funesto personaje llega a la
presidencia.
b. El fortalecimiento
de la llamada “paz total”, a la que el pueblo conoce como “paz mortal”
redundará en la toma de la totalidad del territorio nacional por las bandas
narcoterroristas que apoyan la candidatura de Cepeda. Hasta el propio candidato
reconoce el deterioro de la seguridad durante el régimen petrista,
pero insiste en perpetuar la fórmula maldita de la negociación indefinida
con los grupos armados y la desnaturalización de la función militar
que cumplen las fuerzas armadas, por mandato constitucional, de acuerdo con el
fin primordial para el cual fueron creadas.
c. Acude a la defensa
de los derechos humanos como base de su programa de seguridad, aunque jamás
en su prolongada vida pública se le ha conocido una manifestación suya de
protesta por los genocidios, masacres, toma de poblaciones, ataques con
explosivos a la población civil y demás actos de barbarie cometidos durante
seis décadas por los grupos narcoterroristas a los que con tanta ardentía
defiende. ¿Es que los campesinos, trabajadores, empresarios, profesionales,
estudiantes, amas de casa, menores de edad, sacrificados por la narcoguerrilla
carecen de derechos humanos? o ¿es que solamente la izquierda radical y sus
aliados guerrilleros pueden reclamar por sus derechos humanos como el de la
vida?
d. Trata de desviar el
tema de inseguridad trayendo a colación el tema del cambio social. Sin
embargo, después de 3 años y medio de gobierno de la izquierda que representa
Cepeda, el resultado no puede ser peor para las clases populares. El régimen
destrozó la seguridad social para apoderarse de sus recursos, hostilizó al
sector productivo para desestimular la creación de empleo y crear un ejército
de desocupados dedicados al “rebusque”, se ha gastado enormes recursos en
aumento de las nóminas con fines electorales, suprimiendo las obras planeadas
para servicio de las comunidades, disparó la curva tributaria llevando a la
quiebra a los pequeños y medianos emprendedores, y ahora nos habla Cepeda de “cambio
social” para justificar el cambio de misión de las fuerzas armadas.
En contraste con lo
anterior, el doctor Abelardo de la Espriella, candidato del movimiento “Defensores
de la Patria” ha propuesto en materia de seguridad lo siguiente, en
entrevista con Noticias Caracol :
“El candidato
sostiene que el principal «combustible» de la criminalidad es el narcotráfico: ‘tenemos
330.000 hectáreas de coca en plata blanca. Nunca antes el crimen organizado
había tenido tantos recursos. Entonces, lo primero que tenemos que empezar a
hacer para retomar la seguridad, porque la fuente de toda forma de violencia es
la coca, es fumigar de entrada. En ese sentido, propone retomar la
fumigación aérea (usando bioherbicidas y drones) y bombardear campamentos
guerrilleros tras fortalecer la inteligencia militar’. Planea, por
otro lado, implementar un «Plan Colombia 2», por medio de lazos
estratégicos con Estados Unidos e Israel para dotar a la fuerza pública de
tecnología de punta, como inteligencia artificial.”
El Noticiero 90 minutos
publicó: “El candidato (De la Espriella) afirmó que la prioridad debe ser restablecer
la seguridad, al señalar que sin ella no es posible avanzar en ningún otro
frente. Explicó que garantizar seguridad tanto física como jurídica permite
generar confianza entre los inversionistas y atraer capital al
territorio”.
A su vez, indicó que
“esa inversión se traduce en mayores recursos para impulsar programas
sociales a través de los impuestos, siempre y cuando se combata la
corrupción y se asegure un manejo transparente de los recursos públicos, lo que
finalmente contribuye a fortalecer la cohesión social.”
Sus planteamientos han
sido absolutamente coherentes con el reto patriótico de convertir a Colombia en
un lugar seguro para vivir, un país atractivo para invertir y una sociedad
amigable con todo aquél comprometido a respetar la ley, así como la vida y los
derechos de sus conciudadanos.
Considera necesaria la eliminación
de la JEP, convertido en una agencia política para absolver criminales y
perseguir a integrantes de la fuerza pública y opositores al régimen marxistaleninista.
Debe aprobarse una reforma a las normas penales para castigar con mano
dura al terrorismo, el narcotráfico, la corrupción, el reclutamiento de menores
por la guerrilla y las agresiones a la fuerza pública.
Hay que actualizar
la administración de justicia para que cumpla a cabalidad y dentro de los
términos legales con sus tareas.
Se debe modernizar
el sistema carcelario con un plan de construcción de cárceles de alta
seguridad donde los reclusos no puedan seguir delinquiendo y entregar su
vigilancia los veteranos de la fuerza pública.
Recuperar la
inteligencia militar, fortalecer las finanzas de la fuerza
pública, modernizar sus equipos y armamentos y, utilizando las
tecnologías más avanzadas, aumentar sus efectivos y respaldar
jurídicamente a sus integrantes. En la actualidad, los equipos
especializados del candidato estudian las medidas que se adoptarán a partir del
7 de agosto de 2026 y las que se someterán a consideración del Congreso.
Como puede observarse,
es bien diferente el panorama, si nuestra seguridad y la de nuestras
familias queda a merced de Cepeda y sus compinches. Pero es una tarea de
todos impedirlo: Trabajemos diariamente buscando afiliados al movimiento
“Defensores de la Patria”, no distraigamos nuestra atención en aquellos
candidatos que se mueven por sus codicias personales, no por el bien común de
los colombianos, no participemos en consultas que solo buscan desplazar a
Abelardo de la primera vuelta por parte de aspirantes sin opciones reales
de triunfo. Nuestro voto debe ser por nuestra supervivencia y la del
país, no por nuestros gustos personales ni mucho menos por las engañosas
narrativas que tratan de conquistarnos. Tampoco olvidemos la elección de
congresistas. Votemos solo por aquellos que respaldan sin temor el plan
de seguridad de Abelardo. No podemos equivocarnos a última hora.
