viernes, 30 de enero de 2026

Corrupción: el mejor instrumento de la izquierda para ganar

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Lastimosamente, el ejercicio del poder, en todos los tiempos y en todas las latitudes, ha atraído la corrupción. Así se puede constatar en la historia de todos los pueblos.

Con la aparición del comunismo, la maquinaria del Estado fue creciendo desmesuradamente a medida que su influencia llegaba a todos los aspectos de la vida en sociedad, hasta convertirse en una máquina totalitaria que en todo interviene y que exprime hasta la médula los recursos de la población para atender a su propia subsistencia.

De ahí que sea la conquista del Estado el primordial objetivo de la izquierda. Su lema, bien conocido, es la utilización de todas las formas de lucha para lograrlo.

Durante mucho tiempo apeló el partido comunista a la más cruel violencia para imponer sus falaces doctrinas: la invasión armada, los golpes de Estado, los movimientos guerrilleros, las purgas dentro del partido, las masacres en nombre de la “revolución”. Luego, su estrategia introdujo otras formas de apoderarse del Gobierno, infiltrándose en los sistemas democráticos, gastando enormes sumas de dinero en una batalla cultural para manipular la opinión pública y, por supuesto, invirtiendo en el mejor negocio del mundo: comprar el resultado de las elecciones para perpetuarse en el poder.

Colombia, por desgracia, es ahora víctima de este infernal mecanismo de la compra de los resultados electorales como forma de lucha para la toma del poder por la extrema izquierda. El Consejo Nacional Electoral, pese a las presiones ejercidas por el régimen, dictaminó que en la campaña presidencial de Gustavo Petro se violaron los topes financieros fijados por la ley con gastos por valor de $5355 millones de pesos, entre los que se cuentan aportes no declarados de la Unión Sindical Obrera y de Fecode, publicidad en Caracol Televisión y en testigos electorales. En el proceso fueron sancionados el gerente de la campaña, Ricardo Roa, premiado con la gerencia de Ecopetrol, y varios subalternos suyos. Los movimientos que llevaron al poder a Petro, Colombia Humana y Pacto Histórico, fueron multados cada uno con la suma de $1000 millones de pesos. Quien fue elegido de forma tan irregular permanece en el cargo pues goza de fuero presidencial, ya que la Comisión de Acusaciones, organismo competente para juzgarlo, se ha negado a actuar de conformidad con el acervo de cargos presentado. Hasta el hombre de confianza de Petro, Armando Benedetti, confesó por audio conocido en todo el país que había conseguido para la campaña cerca de $15000 millones de pesos y que cuando lo comunicara a las autoridades se irían todos a la cárcel. Igualmente, el hijo de Petro confesó haber recibido dineros no declarados ante el Consejo Nacional Electoral. Presentó la ciudadanía, ante la Comisión de Acusaciones, una demanda solicitando la separación del cargo de quien lo usurpa, en ejercicio del art. 109 de la Constitución, juicio que no recibió el respaldo de los dirigentes políticos de la oposición, más interesados en sus propios intereses que en la suerte del país.

Estos antecedentes han propiciado el inicio prematuro de la campaña de la extrema izquierda para elegir al heredero de Petro, el recalcitrante Iván Cepeda, quien se ha caracterizado por perseguir al expresidente Uribe Vélez, comprando testimonios en las cárceles que ha visitado y por defender a los narcoterroristas de las FARC, responsables de los crímenes más crueles de nuestra historia.

Desde el comienzo del Gobierno han sido múltiples los escándalos de corrupción por parte de los subalternos del presidente y la entrega de dineros a legisladores para que aprueben los proyectos del Ejecutivo y autoricen los excesivos gastos oficiales. Tanto el presidente del Senado como el de la Cámara de Representantes fueron procesados por recibir dineros de la corrupción rampante que se tomó al país.

Pilares de esta campaña de recolección de dinero para fines electorales han sido la toma de recursos del sistema de salud que tiene a los colombianos a las puertas de la muerte por falta de atención hospitalaria, las nóminas paralelas de contratistas independientes sin otro oficio conocido que respaldar la campaña de continuismo del régimen, el decreto de emergencia económica sin que exista motivo sobreviniente que lo justifique, y el aumento del IVA a licores y cigarrillos, fuentes mayoritarias de ingresos de las entidades territoriales.

Lo aterrador de esta demoníaca estrategia es que no importa ya el desprestigio del petrismo por su pésima gestión, ni el rechazo mayoritario de la sociedad colombiana al odio de clases, a la inseguridad, al despilfarro en los dineros públicos, a la destrucción del sistema de salud, al empobrecimiento general de la población. Sin darnos cuenta, ya el régimen tiene asegurado el resultado para arrebatar a los colombianos la democracia y para instalarse en el poder por varias décadas sin que nadie pueda enfrentársele. Las cifras lo demuestran:

En las últimas elecciones obtuvo Petro, por los irregulares métodos explicados, 11291987 votos en la segunda vuelta. Es lógico presuponer que en las próximas elecciones se requerirá una cifra mínima de 15000000 de sufragios para obtener la victoria. Fuentes de la mayor credibilidad procedentes de varias regiones, nos informan que los activistas de Cepeda están ofreciendo entre $700000 y $1000000 a quienes depositen su voto por Cepeda y que serán transportados en buses hasta la mesa de votación.

Quiere decir, que para asegurar los 15 millones de votos requiere el régimen la cantidad de 15 billones de pesos. Ya vimos algunas de las ilícitas fuentes de financiación que ha puesto en marcha el régimen desde el inicio de su gestión. Pero la guinda del pastel la pone el endeudamiento externo que sin freno ni respeto por la normatividad y por la salud financiera del país, se está contratando. En diciembre de 2025 expidió bonos por 15 billones de pesos y otro tanto en enero de 2026, para un total de 30 billones de pesos. Esto es el doble de lo que se requiere para comprar los 15 millones de votos necesarios para hacerse dueños del país por varias décadas. Con la totalidad del poder en sus garras no habrá ni Congreso, ni Cortes ni organismos de control que investiguen cómo se invirtieron los préstamos o los beneficios de la corrupción.

En esta espantosa coyuntura para nuestra querida Patria duele que algunos colombianos honorables, que se supone sean conocedores de nuestra tragedia, insistan en alentar la división de quienes buscan satisfacer su vanidad a sabiendas de que no cuentan con los recursos y los votos para dar la cara a tan monumental amenaza.

Seamos lógicos, tengamos un poco de rigor y desprendimiento en nuestro análisis y procedamos como lo espera Colombia: Apoyemos en la primera vuelta a Abelardo. No le demos un aire ficticio a una consulta que no tiene sentido ni busca ninguna unión. Su interés no es otro que sacar a Abelardo de la segunda vuelta para colocar a cualquiera de los del “club de los hunos”.