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lunes, 26 de enero de 2026

¿Qué es lo que más le conviene al país?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Hace 2400 años existía en Grecia un ciudadano, hijo de un cantero y una comadrona, que gustaba de indagar a sus contemporáneos sobre diferentes temas para conocer sus respuestas. Observó que la gente opinaba sin saber por qué lo hacía. Es decir, carecían sus opiniones de otro fundamento distinto a los gustos del entrevistado. El ciudadano se llamaba Sócrates.

Surgió de allí la mayéutica, método para llegar al conocimiento de la verdad a través de preguntas que conducen a la realidad de las cosas, no sólo a las preferencias de cada cual.

Podemos constatar en nuestros días que esa tendencia del género humano no ha cambiado. Respondemos como autómatas a los grandes interrogantes que deberían ser objeto de profundas reflexiones, de manera instintiva, pasional, primitiva, sin medir las consecuencias de nuestras aseveraciones.

No de otra manera se explica que, después de más de 3 años del régimen más corrupto, desquiciado y torpe de nuestra historia, aparezca el candidato de la continuidad, el comunista Cepeda, con un 30 % de opinión favorable y con opción casi segura de ganar la presidencia en la segunda vuelta. ¿En qué están pensando los compatriotas que todavía acompañan esa fórmula de condescendencia con la violencia, apoyo al narcotráfico, al caos económico, a la destrucción de los sistemas de salud y de pensiones? ¿Prefieren, acaso, estos conciudadanos que se haga trizas el Estado de derecho, que la miseria impere en los próximos decenios y que la población sufra la inseguridad y el terror bajo el régimen totalitario del marxismo, antes que trabajar conjuntamente por el bienestar común de la sociedad y el progreso de nuestra nación?

Otros, que se catalogan como el fiel de la balanza, como el centro donde confluye la posesión de la verdad y el privilegio de obrar con ecuanimidad, optan por una solución intermedia, que no responde a ninguna de las necesidades sentidas de la población. Son los que aplauden la captura del tirano de Venezuela, pero condenan a Trump dizque por haber violado la normativa internacional, los derechos humanos, la soberanía nacional, etcétera. ¿Por qué nunca defendieron a todo un pueblo sojuzgado por una feroz tiranía narco-comunista?

Se atreven a posar de opositores al régimen, aunque varios de ellos defendieron a capa y espada el espurio acuerdo entre Santos y las FARC que inauguró la autopista para la llegada de la extrema izquierda al poder; otros patrocinaron desde el Congreso, con su voto o con su presencia para alcanzar el quórum, los proyectos y nombramientos que interesaban al régimen. Sin embargo, todavía encontramos colombianos que, como los atenienses de hace 2400 años, creen en una consulta para elegir un candidato entre esos tibios, sin razones serias para hacerlo, distintas a que les gusta una candidata o candidato en particular. Y, ¿dónde están los intereses superiores de la patria?

Recordemos el método socrático, la mayéutica, y empleémoslo con nuestros confundidos compatriotas. Tenemos una fórmula imparable, contundente, que cumple con el objetivo de devolver al país todo lo que con el régimen petrista se ha perdido; que, además, nos abre la oportunidad de convertir a Colombia en el “milagro económico” de América. Para eso necesitamos el voto de todos, inclusive el de aquellos que, por consideraciones personales o de otro tipo, preferirían otra solución. Preguntémonos y respondamos sinceramente: ¿Por qué me gusta Fulano o fulana de tal para presidente? ¿Qué es más benéfico para Colombia, lo que yo estoy pensando o el apoyo decidido al “tigre” Abelardo, quien sí está dispuesto a salvar a la patria y defenderla con coraje de sus enemigos?

Lo que se predica respecto de la campaña presidencial, es perfectamente válido para las de Congreso, que son más próximas. Hay muchos aspirantes entre los que debemos escoger, no los que más nos gustan, sino los que convienen a la salud del país y, por ende, a la candidatura mayoritaria de Abelardo de la Espriella. Si aplicamos el método socrático, por encima de las preferencias de algunos, están los elevados intereses de la república. Lo que conviene está muy claro: reforcemos la candidatura de Abelardo con una arrolladora votación por la lista de Salvación Nacional que encabeza para Senado el doctor Enrique Gómez Martínez, jefe de Debate de Defensores de la Patria. ¿Existe, por ventura, alguna alternativa que convenga más a los intereses de la Patria?

martes, 2 de septiembre de 2025

Es posible alcanzar lo imposible

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Durante los tres últimos años hemos padecido los colombianos la etapa más tenebrosa de nuestra historia. Sin una solución a la vista, hemos presenciado cómo la criminalidad, el terrorismo, la corrupción y el narcotráfico han dejado su horrorosa huella en el territorio de la Patria y colmado de angustia a nuestros compatriotas.

Condenados a soportar un régimen obsesionado con la implantación del fracasado “socialismo del siglo XXI”, y dedicado exclusivamente a aferrarse perpetuamente al poder y a destruir lo construido en el pasado, nos hemos debatido en una estéril búsqueda de propósitos, liderazgos y acciones colectivas para superar la hecatombe.

Aturdidos por el cúmulo de desgracias que a diario derrama el régimen sobre nuestra atribulada sociedad, perdimos de vista la máxima de oro que nos dejó Marco Aurelio: Todas estas cosas que estás viendo, pronto se transformarán y ya no existirán” (Meditaciones, pag. 82).

Tampoco hemos gozado de la serenidad, en medio de los infaustos acontecimientos de los últimos días, para comprender que el grado de ignominia al que ha sido sometida nuestra patria con los viles asesinatos de Miguel Uribe, de los policías derribados con un dron y de la población caleña atacada con una tractomula cargada de explosivos frente a la base aérea, ha generado la más profunda reacción ciudadana contra los enemigos de Colombia incrustados fraudulentamente en el poder y sus aliados narcoterroristas.

Cambió la política como reacción a la violencia, a la grotesca impunidad con la que se quiere cubrir a sus responsables, a la sesgada justicia que condena a los inocentes y libera a los bandoleros, a la execrable gestión de un Gobierno ejercido por mediocres, sin escrúpulos éticos, y fanatizados por la ponzoña del marxismo.

La discusión sobre la copiosa lista de autonombrados presidenciables quedó en un segundo plano. Pasaron la mayoría de ellos, sin pena ni gloria, como pequeñas almas que sustentan un cadáver”, al decir de Epicteto, sin aportar nada a las esperanzas de un país carente de liderazgo.

Por fortuna un aire nuevo se respira por doquier. Un solo objetivo reúne a los colombianos de bien, es decir al 99 % de la población que no estamos involucrados en la criminalidad, en la corrupción, en el narcotráfico ni en la guerrilla: defender el país.

Líderes de la talla de Abelardo de la Espriella, Enrique Gómez Martínez y el general Eduardo Zapateiro comandan esta legión de buenos ciudadanos que salvarán a Colombia.

No será a través de la condescendencia con el delito, de las buenas maneras con los corruptos, del blindaje al sucio negocio de la coca, de la impunidad para los salvajes terroristas de las guerrillas, aunque ahora se hagan llamar “disidencias”. Será con la sencilla fórmula de ejercer la autoridad para que la ley proteja a los buenos y castigue a los malos. Sólo hacen falta dos cosas: Voluntad política y coraje.

Dos acciones se requieren de manera inmediata:

1. Respaldemos sin egoísmos la denuncia contra Petro que cursa en la Comisión de Acusaciones por indignidad, pues está probada la extralimitación de lo que gastó su campaña por encima de los límites fijados por la ley. La sanción, de acuerdo con el art. 108 de la Constitución, es la separación del cargo de presidente.

2. Unámonos con quienes mejor interpretan los deseos de seguridad, justicia y salvación del país, para que todos los colombianos de bien, en la consulta interpartidista del próximo marzo, escojamos el candidato que lidere este proceso de derrotar a la criminalidad y salvar a Colombia.

Nos recomienda Marco Aurelio”: “Conseguirás tus propósitos, si ejecutas cada acción como si se tratara de la última de tu vida, desprovista de toda irreflexión, de toda aversión apasionada que te alejará del dominio de la razón, de toda hipocresía, egoísmo y despecho de lo relacionado con el destino” (Meditaciones, pgs. 60 – 81)

miércoles, 3 de mayo de 2023

Llamamiento, por orden alfabético, a nuestro jefes políticos

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

La figura del avestruz evoca a quienes entierran la cabeza para no ver lo que pasa a su alrededor, posición tan incómoda como inútil.

Después de la llegada de Petro al poder, la mayoría de los políticos democráticos en Colombia aparecen inmovilizados como avestruces, confiados en la operancia de un orden constitucional que ya no existe. Persisten así en mantener celosamente sus amenazados feudos, mientras avanza la toma del Estado para poder luego cambiar el modelo económico y social, replicando inevitablemente el hambre, el despotismo y la ruina que sufre Venezuela.

Pensar que en octubre los gobiernos locales serán conquistados por atomizadas y contrapuestas fuerzas democráticas, no pasa de ser una consoladora ilusión… antes de un amargo despertar.

El país va hacia el abismo, sin que nadie con suficiente autoridad política llame a la resistencia organizada y eficaz, que solo tendría posibilidades de éxito si todas las fuerzas democráticas se unieran para salvar al país.

De lo contrario, nuestro futuro será como el de Venezuela, una narco-dictadura con una oposición fragmentada y tolerada dentro de ciertos estrechos límites, para dar la impresión de normalidad institucional, cuando la realidad es la de una complicidad vergonzante entre la tiranía y sus aparentes contradictores.

En Colombia tenemos seis grandes líderes que no pueden seguir cada uno por su lado.

Sin otro título que el de ciudadano imploro a los doctores Iván Duque Márquez, César Gaviria Trujillo, Enrique Gómez Martínez, Andrés Pastrana Arango, Álvaro Uribe Vélez y Germán Vargas Lleras, que se reúnan y deliberen el número de horas o de días que sea necesario para unificar y compactar todas sus fuerzas en un gran movimiento nacional, único capaz de detener la anarquía y la revolución.

Ninguno de esos seis jefes es mejor que los demás. Los he citado por orden alfabético, porque llegados al momento actual las diferencias del pasado no cuentan. Aunque ninguno de ellos es perfecto, todos han servido bien a Colombia, mientras la propaganda política y docente de los últimos años los presenta como objetos de ludibrio. No podemos seguir tolerando que se los pinte como malhechores, corruptos, asesinos, latifundistas y esclavistas. Pocos países tienen un elenco directivo tan sobresaliente.

Si esta media docena de grandes líderes dejan de lado banderías y viejas rencillas para acometer la empresa indispensable de impedir que el país sea aniquilado, la esperanza renacerá. De lo contrario, el comunismo arrasará con todo lo bueno en Colombia, empezando por estos líderes y sus movimientos políticos, que han hecho posible la democracia en Colombia.