Luis Alfonso García Carmona
Hace 2400 años
existía en Grecia un ciudadano, hijo de un cantero y una comadrona, que gustaba
de indagar a sus contemporáneos sobre diferentes temas para conocer sus
respuestas. Observó que la gente opinaba sin saber por qué lo hacía. Es
decir, carecían sus opiniones de otro fundamento distinto a los gustos del
entrevistado. El ciudadano se llamaba Sócrates.
Surgió de allí la
mayéutica, método para llegar al conocimiento de la verdad a través de
preguntas que conducen a la realidad de las cosas, no sólo a las
preferencias de cada cual.
Podemos constatar
en nuestros días que esa tendencia del género humano no ha cambiado.
Respondemos como autómatas a los grandes interrogantes que deberían ser objeto
de profundas reflexiones, de manera instintiva, pasional, primitiva, sin medir
las consecuencias de nuestras aseveraciones.
No de otra manera
se explica que, después de más de 3 años del régimen más corrupto, desquiciado
y torpe de nuestra historia, aparezca el candidato de la continuidad, el
comunista Cepeda, con un 30 % de opinión favorable y con opción casi segura
de ganar la presidencia en la segunda vuelta. ¿En qué están pensando los
compatriotas que todavía acompañan esa fórmula de condescendencia con la violencia,
apoyo al narcotráfico, al caos económico, a la destrucción de los sistemas de
salud y de pensiones? ¿Prefieren, acaso, estos conciudadanos que se haga trizas
el Estado de derecho, que la miseria impere en los próximos decenios y que la
población sufra la inseguridad y el terror bajo el régimen totalitario del
marxismo, antes que trabajar conjuntamente por el bienestar común de la
sociedad y el progreso de nuestra nación?
Otros, que se
catalogan como el fiel de la balanza, como el centro donde confluye la posesión
de la verdad y el privilegio de obrar con ecuanimidad, optan por una solución
intermedia, que no responde a ninguna de las necesidades sentidas de la
población. Son los que aplauden la captura del tirano de Venezuela, pero
condenan a Trump dizque por haber violado la normativa internacional, los
derechos humanos, la soberanía nacional, etcétera. ¿Por qué nunca defendieron a
todo un pueblo sojuzgado por una feroz tiranía narco-comunista?
Se atreven a posar
de opositores al régimen, aunque varios de ellos defendieron a capa y espada el
espurio acuerdo entre Santos y las FARC que inauguró la autopista para la
llegada de la extrema izquierda al poder; otros patrocinaron desde el Congreso,
con su voto o con su presencia para alcanzar el quórum, los proyectos y
nombramientos que interesaban al régimen. Sin embargo, todavía encontramos
colombianos que, como los atenienses de hace 2400 años, creen en una consulta
para elegir un candidato entre esos tibios, sin razones serias para
hacerlo, distintas a que les gusta una candidata o candidato en particular. Y,
¿dónde están los intereses superiores de la patria?
Recordemos el método
socrático, la mayéutica, y empleémoslo con nuestros confundidos
compatriotas. Tenemos una fórmula imparable, contundente, que cumple con el
objetivo de devolver al país todo lo que con el régimen petrista se ha
perdido; que, además, nos abre la oportunidad de convertir a Colombia en el “milagro
económico” de América. Para eso necesitamos el voto de todos, inclusive el
de aquellos que, por consideraciones personales o de otro tipo, preferirían
otra solución. Preguntémonos y respondamos sinceramente: ¿Por qué me gusta
Fulano o fulana de tal para presidente? ¿Qué es más benéfico para Colombia, lo
que yo estoy pensando o el apoyo decidido al “tigre” Abelardo, quien sí está
dispuesto a salvar a la patria y defenderla con coraje de sus enemigos?
Lo que se predica
respecto de la campaña presidencial, es perfectamente válido para las de
Congreso, que son más próximas. Hay muchos aspirantes entre los que debemos escoger,
no los que más nos gustan, sino los que convienen a la salud del país y, por
ende, a la candidatura mayoritaria de Abelardo de la Espriella. Si aplicamos el
método socrático, por encima de las preferencias de algunos, están los
elevados intereses de la república. Lo que conviene está muy claro: reforcemos
la candidatura de Abelardo con una arrolladora votación por la lista de
Salvación Nacional que encabeza para Senado el doctor Enrique Gómez
Martínez, jefe de Debate de Defensores de la Patria. ¿Existe, por ventura,
alguna alternativa que convenga más a los intereses de la Patria?
