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viernes, 12 de julio de 2024

Qué está pasando en Antioquia

Félix Alfázar González Mira

Dicen que cuando el país estaba en momentos de quiebre histórico y vientos turbulentos, el viejo López Pumarejo preguntaba, “¿qué está pasando en Antioquia?”. Parece que la historia es cíclica, repetitiva, pero con nuevos protagonistas produciendo los aconteceres que van moldeando las naciones y las regiones.

Contrasta, de modo radical como la noche al día, lo que está sucediendo con el Estado nacional en comparación con el departamento de Antioquia. El bogocentrismo, que recauda el 84% de las rentas estatales, las derrocha con voracidad de nuevo rico en burocracia innecesaria e improductiva, gastos suntuosos, nuevos ministerios, nuevas embajadas, viajes al exterior con acompañamiento sin consideraciones y muchos etcéteras; le sale al paso a la iniciativa más adelantada de las últimas décadas, construida en la región de Colombia que más puede aportar al desarrollo cierto de la periferia nacional y a esta en su conjunto. La región antioqueña, liderada en buena hora por el gobernador más legitimado de los tiempos de la elección popular establecida en la Constitución de 1991.

La historia nos enseña que durante la vigencia de la Constitución de 1863 de Los Estados Unidos de Colombia con sus nueve Estados Soberanos, el país y particularmente Antioquia dio el salto a la prosperidad al desatarse de los amarres centralistas que le permitieron crear instituciones de educación técnica, impulsar procesos que alentaron el desarrollo en materia de caminos, ferrocarril, minería, agricultura y comercio pasando de ser en el siglo XVIII “la más atrasada del reino a la más opulenta” como lo presagió Mon y Velarde.

¡Claro! La nación bajó su recaudo del 92% de las rentas estatales al 48%, el recaudo municipal pasó del 5% al 22% y el de los Estados Soberanos se incrementó del 3% al 22%. Eso es precisamente lo que Antioquia está pensando para beneficio nacional. Que Colombia pase a hacer parte del 16% del club de naciones autonómicas y federales que más aportan al producto interno bruto mundial, a la riqueza universal con el 70% de esta y sacarla de ese 84% del club de países centralistas que reproducen la pobreza aportando escasamente el 30% de la riqueza universal.

El agitador permanente que tenemos de presidente nos sale con que “este referendo propuesto lo único que construiría es más pobreza en la mayor parte de los departamentos de Colombia. Concentrar los recursos en una región es el mayor acto de egoísmo social que se puede hacer en la historia de un país…” Pero dos cosas si señala reconociéndolas: que después de 138 años de centralismo se ha construido pobreza en la mayor parte de los departamentos del país y que el aporte de Antioquia es vital para las finanzas nacionales.

Eso es lo que está pensando Antioquia de la mano de su gobernador Andrés Julián Rendón, que avancemos hacia la Autonomía fiscal de las regiones de Colombia, con rentas propias recaudadas en el territorio porque el centralismo fiscal en ejercicio desde el siglo XIX, lo que ha generado es mayor pobreza, que se reproduce décadas tras décadas en los departamentos. Y a aquellos con generación de menores rentas, se atenderán con un fondo común que contempla la idea del referendo, garantizándoles mayores recursos a los actualmente destinados por el presupuesto de la nación.

Decía el general Rafael Reyes en 1905 que el país requería, después de salir de la Guerra de los Mil Días, “menos política y más administración”, más gerencia. Eso está pensando y haciendo Antioquia. Con el recaudo del 86% de las rentas estatales, la Nación y sus mandos están en bacanales de derroche a borbotones, despilfarros nunca vistos y corrupción desbordada en todos los niveles que parecen en piñata infantil inacabable. Esa en la noche centralista, que en contraste con la alborada que surge en la región Antioqueña donde se recauda, en conjunto todos los departamentos, el 4% de las rentas; con recorte del empleo improductivo y burocrático, austeridad en el gasto, ahorro en funcionamiento, achatamiento del Estado elefantiásico que genera mayor inversión social, desvío de recursos hacia el desarrollo, generación de empleo productivo, Estado más fuerte y con mayor propensión a ocupar la totalidad de su territorio; Andrés Julián Rendón está dando ejemplo nacional de la cierta y real gerencia pública que interpreta completamente al país nacional y pone a pensar al país político e introduce el cuerpo de doctrina en el que se ha formado, para beneficio de las comunidades abandonadas y relegadas históricamente del presupuesto público, en un ejercicio de austeridad suprime 17 secretarías, adelgazando el estado burocrático innecesario e improductivo y generando 69 mil millones de ahorros para inversión.

¡Claro! A López Pumarejo hace 90 años, como ahora le asiste la razón, “El meridiano político nacional pasa por Antioquia”.

jueves, 2 de noviembre de 2023

Elección de gobernantes

Félix Alfázar González Mira
Por: Félix Alfázar González Mira

No ha existido un momento de nuestra historia republicana más singular, crítico y único que el que estamos viviendo en los tiempos que corren. Desasosiego, incertidumbre, dudas, desesperanza, desánimo, angustia y todos los etcéteras que quepan para describir las inmaterialidades de las almas tristes en la condición humana.

Colombia, buscando el cambio está encontrando el caos, pretendiendo cambiar a la clase política corrupta, que es bastante, está encontrando un relevo igual o peor en los lodazales de la corrupción; buscando una esperanza está encontrando frustraciones, pretendiendo encontrar ideas nuevas está encontrando las más caducas de demostrado fracaso en todas las latitudes donde se han aplicado, buscando la paz está encontrando el miedo. Y así podríamos seguir describiendo los opuestos de lo buscado en los caminos de lo encontrado.

Recuerdo en el año 1992, como alcalde electo de mi municipio, que al abandonar un taxi que me dejaba en el Palacio de las Exposiciones, no existía Plaza Mayor, para un evento de capacitación, el conductor me señalaba que iba para una mafia mayor que la de Pablo Escobar que andaba, por esa época, en la voz de todo el mundo por los daños que estaba causando a la sociedad.

Y fue esa expresión altamente premonitoria porque, años después, escuché a un parlamentario, enredado en lazos de la justicia, señalar que era más rentable invertir en ganar alcaldías que en las mismas actividades ilícitas por las cuales extraditan colombianos.

Lo anterior lo escribí antes de las elecciones territoriales en una tarde de desahogo por lo que veía en el acontecer de las campañas electorales.

¡Pero vaya! El comportamiento responsable del pueblo colombiano, y del antioqueño en particular, que nos permite decir como Álvaro Uribe, «No hay causa perdida», nos señala la esperanza que arropa al colectivo regional.

Oportunidad está dando la opinión votante a los nuevos gobernantes, a los nuevos liderazgos que a pesar de que en buena parte del territorio se dieron esas prácticas de negocios señaladas arriba, tienen la circunstancia coyuntural de responder al giro del electorado, que al ensayar nuevas políticas y nuevos liderazgos que le causaron frustración, se espera no dar motivos renovados de nuevas situaciones que conduzcan al desasosiego de estos cuatro años en Medellín y quince meses en Colombia.

Y ello se consigue con la aplicación y puesta en práctica del cuerpo de doctrina Uribista señalado en el comunicado del Centro Democrático al establecer que «Los electos que asumirán las responsabilidades públicas están comprometidos con el Estado pequeño y austero, la disminución de la burocracia y la transparencia en el manejo de recursos para mayor inversión social. Y el convencimiento pleno que recuperar la seguridad es el elemento determinante para alcanzar la paz».

lunes, 9 de octubre de 2023

¡Ojo! Mucho ojo Antioquia

Félix Alfázar González Mira
Por Félix Alfázar González Mira

Se empieza la última y definitiva etapa de consolidación de candidaturas hacia la elección de gobernadores y alcaldes en Colombia. Cruciales son las que vienen por el rumbo que puedan tomar los territorios. Definitivas son las del 29 de octubre próximo para rencauzar el país desde las regiones o avanzar por los senderos de la incertidumbre sobre nuestro sistema político. Reafirmamos en los poderes locales y regionales el respeto por nuestra democracia con todo lo que comporta o caminamos hacia un propósito estatizante de producción de bienes y servicios definitivos para la vida cotidiana de los ciudadanos. En definitiva y como decía Simón Bolívar en el Congreso de Angostura… “la forma de Gobierno que vais a adoptar debe ser para la felicidad del pueblo”. O avanzamos en la construcción del camino que nos conducirá a la miseria y el sufrimiento del pueblo. No es de poca monta lo que definiremos los colombianos de las regiones sobre la política de gobierno que tendremos en los próximos cuatro años.

Antioquia, que se crece en las tormentas, sobradamente demostrado en el transcurso de su acontecer histórico; en esta oportunidad también lo hará. Los que saben dicen que “las cometas se elevan contra el viento” y eso hará esta tierra ante los huracanes nacionales que la vienen asistiendo: intervenciones a Savia Salud, Comfenalco, Junta del Metro, cuatro megaproyectos mineros y el anuncio de cortar los recursos para terminar las vías 4G en nuestro territorio.

Tenemos, y es nuestra obligación vital, que estar en campaña política permanente con el vecino, con el del lado, el amigo, el compañero de trabajo y de estudio; en las redes sociales como que es la tribuna de expresión moderna, en los cafés, en todas nuestras manifestaciones respetuosas; ayudando en el debate a construir posiciones en defensa de nuestro departamento, de nuestro desarrollo y de nuestras instituciones. Y buscando candidaturas a la gobernación y en todos los municipios de Antioquia que interpreten lo mejor de esta comarca, que tengan claridad de propósitos, que no van a contribuir al aterrizaje de esos vientos que soplan desde el nivel nacional.

Las fortalezas, formación, la epigenética de las gentes de esta tierra, nos llevará a tomar decisiones acertadas hacia quienes son los indicados para, en la coyuntura histórica que acontece, convertirlos en los timoneles más pertinentes y adecuados para atravesar este mar proceloso que está ocasionando los huracanes del Gobierno nacional.

El Uribismo y el partido Centro Democrático es la única expresión política monolítica que, de manera respetuosa pero contundente, ha venido señalando los abismos a los que nos conduce las reformas de toda naturaleza que viene impulsando el Gobierno nacional en materias altamente sensibles para la vida cotidiana de los ciudadanos. Y no es propiamente para, como nos enseñaba el Libertador… “la felicidad del pueblo”.

Los amigos de la Autonomía Territorial nos reafirmamos en la necesidad imperiosa de profundizar en el tema autonómico que sería el contrafomeque ante los desmanes del centralismo que nos ahoga.

martes, 27 de junio de 2023

Autonomía y patrimonio cultural

Félix Alfázar González Mira
Por Félix Alfázar González Mira*

Hay un bello escrito del filósofo de Envigado, Fernando González, en el cual en su finca de “Otraparte” cuando era bucólica, describe el cuerpo de la vaca. Empieza a recorrerla desde la cabeza hacia atrás, a describir sus formas y sus partes, a mirar sus venas turgentes como tuberías flexibles que conducen la sangre cuyos nutrientes son necesarios para que los alvéolos mamarios la transformen en leche; y concluye: todo en la vaca concurre a la ubre. ¡Al líquido vital!

Pues bien, donde quiera que en nuestra patria se hable de políticas públicas que tengan que ver con mejorar las condiciones de vida de las gentes, el tema de la autonomía territorial siempre estará transversalmente presente.

Asistí en Aguadas, Caldas, al segundo encuentro de Pueblos Patrimonio de este departamento y de Antioquia dentro del marco de los programas de la Región Administrativa de Planificación, RAP, entre los dos departamentos sobre el agua y la montaña. Reunión para compartir experiencias de los municipios de Santa Fe de Antioquia, Jardín, Jericó, Salamina y Aguadas; con invitación a Abejorral y Manizales.

Todas las exposiciones de los diversos municipios tenían un elemento en común: la lejanía y lentitud de las autorizaciones por parte del Ministerio de la Cultura para intervenir bienes en su territorio. Rayaban casi en la indolencia.

En el pujante pueblo de Aguadas manifestaban sus autoridades la pereza de las gentes para seguir haciendo parte de esa organización, en atención a lo dispendioso de hacer intervenciones en los bienes atendiendo normas nacionales de conservación; a tal punto que el señor alcalde manifestó su preocupación por el deterioro y caída de su bello patrimonio arquitectónico.

En Manizales llevan dos años esperando autorización para una pequeña modificación que comporta una escalera menor y una puerta para habilitar un espacio necesario para una notaría que espera mejorar sus servicios, para lo cual les exigen un ingeniero calculista. Es una exigencia descomunal para ese permiso, y eso que la Facultad de Arquitectura de esa tierra es de las reputadas del país.

En Jericó la cotidianidad de la vida intergeneracional de familiares herederos de bienes patrimoniales es afectada altamente al no poder disponer de acomodo en esos espacios físicos por los complejos requerimientos de la centralidad.

Su parque, construido hace treinta años, para cambiar lozas menores e invertir 40 millones de pesos, necesitó seis meses de espera para acometer esos nimios trabajos.

En el precioso edén que es el Municipio de Jardín los hoteleros vienen parando las inversiones por lo dispendioso con el Ministerio, su plataforma y generar los permisos. Su teatro, bastante antiguo, avanza lentamente en su remodelación con las limitaciones de presupuesto y la “paciencia jobiana” de las autorizaciones.

Lo de Abejorral si constituye una tragedia total. Con buena intención el Ministerio de Cultura declara, desde 2002, mayor parte de sus bienes urbanos patrimonio cultural. Inmoviliza cualquier decisión e intervención de sus propietarios legítimos. No acuden a atender requerimientos de las comunidades produciendo que esos inmuebles se deterioren al punto de estarse cayendo y generando lo contrario de lo deseado: ¡conservarlos!

El señor gobernador de Antioquia se quejó, en visita a la Ciudad Madre, que la autorización del ministerio de cultura para intervenir el puente histórico, entre los municipios de Olaya y Santa Fe de Antioquia, se hubiera demorado más de un año. La remodelación de la plaza mayor Simón Bolívar de la ciudad histórica fue bastante lenta en atención a todos los requisitos que exige la centralidad.

El gobernador de Caldas manifestó que en Colombia había más territorio que Estado entendiendo que la autonomía permitía que el Estado copara el territorio.

Preocupa constatar que en todos los territorios de la patria existan preocupaciones comunes en todos los sectores de la vida nacional. Que el centralismo desde el siglo XIX esté presente en todos los rincones e instituciones que conforman nuestra organización estatal. Que el artículo primero de la Constitución de 1991 que establece la Autonomía de las entidades territoriales, dentro del Estado unitario y descentralizado, no esté reglamentado para que desate el desarrollo impetuoso y latente presente en nuestras gentes y territorios.

Pero anima saber y sentir que en todos los lares entienden y saben que, como en la vaca, ¡todo concurre hacia la autonomía fiscal territorial como líquido vital que alimentará el progreso y prosperidad de nuestras regiones, gentes y territorios!

lunes, 13 de marzo de 2023

De El Salvador a Colombia

Félix Alfázar González Mira
Por Félix Alfázar González Mira*

Se va convirtiendo la pequeña república centroamericana de El Salvador en un referente latinoamericano y mundial en materia de seguridad, inversión extranjera y rescate de la confianza en términos del aumento de los visitantes extranjeros a conocer todas sus expresiones naturales.

Recuerdo, en mis actividades como funcionario nacional, que fui invitado a un congreso de alcaldes de ese país en su capital, San Salvador, y cuál no sería mi sorpresa al notar el contraste como fue recibido el presidente de la época, Antonio Saca y como era el encuentro del presidente Álvaro Uribe Vélez en eventos similares en Colombia. Allá me encontré con abucheos, silbidos, gritos y saboteos a su gobernante y acá vivimos tiempos de contento, de recibimiento de pie con aplausos cerrados de los alcaldes, gritos de viva el presidente Uribe, desfile del mandatario como estrella de farándula internacional al querer, todos y cada uno, tomarse fotografías con su gobernante.

Claro, el presidente Antonio Saca fue reconocido, juzgado y condenado como corrupto por las autoridades judiciales de ese país.

Queriendo las gentes enderezar el rumbo, eligieron para el siguiente periodo al representante del partido de izquierda, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, el señor Mauricio Funes. Buscaron mejores políticas públicas, que en su discurso la izquierda siempre ha formulado para oídos incautos, pero en las realizaciones siempre han constituido fracasos; el aumento de las pandillas siguió su curso extorsionando todo el aparato productivo desde el trabajador informal hasta el más encopetado de los empresarios, el control territorial ejercido y creciente con sus beneficios económicos y sociales derivados de su accionar, la corrupción se acentuó, como suele suceder también con la izquierda, a tal punto que el presidente Funes fue Juzgado por esos asuntos y se encuentra exiliado en su vecina y socia Nicaragua.

Los salvadoreños, ante esa tragedia diaria que vivían allá desde el proceso de paz de principios de los años noventa, que desembocaron en las pandillas de los maras, vieron en el joven empresario Bukele, ya formado en las lides públicas como alcalde de su capital San Salvador, con resultados ciertos en todas las áreas de gobierno; una esperanza que está resultando útil en atención a los resultados visibles de su política de seguridad como eje transversal a todas las áreas socio-económicas de la nación.

Hay que estarle contando a la juventud actual y recordándole permanentemente a los colombianos más adultos que Colombia era un “Estado fallido” en el año 2002. El verdadero “estado de naturaleza” de Hobbes al estar controlado el territorio nacional en tres sectores donde la autoridad en uno era ejercida por las guerrillas, en otro por los grupos paramilitares (originados por aquellas ante la impotencia del Estado para combatirlas) y la institucionalidad en el resto. Casi que en el 2% del territorio, el país urbano, estaba la autoridad y la fuerza del Estado. No podíamos salir de las ciudades y 300 alcaldes despachábamos desde las capitales. El 98% del territorio geográfico era controlado por esos grupos terroristas. El país nacional, más no el político que se sumó después, eligió por mayorías contundentes a Álvaro Uribe. En 8 años de gobierno mejoró todos los indicadores del cuerpo de la nación. Al encontrarlos en rojo los entregó en verde y a Colombia como la estrella que brillaba en el firmamento latinoamericano.

Siendo traicionado en todo por el ser más miserable que ha dado el mundo, Juan Manuel Santos, empieza a erosionarse su obra de gobierno, a desinstitucionalizar el país comprándolas con favores y dinero. El Congreso, las cortes, la gran prensa fueron cortejadas hacia la toma de decisiones favorables al régimen para permitirle realizar el negocio ($$) con las FARC y dejar, hasta hoy, la corrupción desaforada en su gobierno durmiendo tranquilamente en la inaplicación de las normas. Hay que recordar que su reelección fue financiada por Odebrech (que tiene varios muertos y presos entre nosotros y presidentes del continente enjuiciados y en la cárcel). Ocho años, dos periodos que le quitaron el impulso que el país traía. Y preparando el terreno para que el Estado actual de cosas se presentara precedido por un periodo insípido de gobierno que queriendo quedar bien con todo el mundo quedó mal con todos, hasta con la historia de la República. Iván Duque y su contraste de buena gerencia pública y desastre político evidente.

Movidos por el discurso del cambio, por el cansancio agotador de los de siempre, por las ansias juveniles por lo nuevo, por las infamias contra Uribe Vélez, por la distorsión de los brillantes resultados de su gobierno, por el cansancio de la asqueante corrupción, por los estragos de la primera línea y muchos etcéteras; el país eligió a Gustavo Petro como presidente llegando a convertirse en el primero de claro corte izquierdista en la historia republicana.

El inteligente pueblo de El Salvador escogió el camino de la seguridad como su salvación y el pueblo colombiano escogió el abismo como su destrucción. Ahí están sus políticas y sus resultados.

El 8 de marzo, Día de la mujer, la primera línea vandalizó la Plaza de Cisneros, los edificios referentes de la Plaza de la Luz y la emblemática Plaza Botero, en Medellín. En El Salvador estarían detenidas y acá se pediría su excarcelación.

Paradójico que allá sí hay “Paz Total” y acá “incertidumbre total”.

Algo va ¡de Bukele a Petro!

O de El Salvador a Colombia

miércoles, 15 de febrero de 2023

Antioquia y la recentralización

Félix Alfázar González Mira
Por: Félix Alfázar González Mira*

Decía Alfonso López Pumarejo en los años 30 que el país parecía “andar a la penúltima moda” y no se equivocaba para aquella época como para esta.

Es claro que los países que tienen en su estructura constitucional los modelos autonomistas y federalistas son los más prósperos y desarrollados del mundo. Son pocos en el concierto de las naciones y contribuyen a generar mayor riqueza en términos del PIB mundial y a su interior son los de mayor ingreso per cápita para beneficio de sus habitantes y territorios.

Demostrado está, entonces, que estos sistemas de arreglo de los gobiernos son la moda cierta para avanzar en el desarrollo, la creación de riqueza y bienestar de las gentes. Que sus ciudadanos y en sus territorios sean los dueños de las decisiones que competen a su entorno en varias de las materias requeridas para el buen gobierno: sus recursos fiscales, servicios como salud, educación, asuntos como el desarrollo agrario y la intervención del territorio, puertos, vías departamentales y vecinales, etcétera.

La llamada Constitución del 91 establece claramente en su artículo primero que Colombia es un Estado social de derecho organizado en forma de república unitaria, descentralizada y “con autonomía de sus entidades territoriales”. Resaltado en el discurso de posesión del presidente Petro en el sentido de que haría cumplir este mandamiento constitucional. Goethe decía que una cosa era la intención y otra muy distinta era ejecutarla al señalar que la tarea entre la una y la otra era mucho más ardua. Pues parece que esta consigna del filósofo alemán se cumple perfectamente en este gobierno y para el departamento de Antioquia. Es paradójico que un país cuya  Constitución establece ser descentralizado y con autonomía de sus entidades territoriales le esté sucediendo precisamente lo contrario. Cada día más centralizado en sus recursos fiscales, obligaciones, competencias y funciones cuyas decisiones se toman desde La Centralidad (como la llamamos en La Corporación Colombia Autonómica). El 84 % del recaudo fiscal lo hace la nación, el 12 % los municipios y el 4 % los departamentos. Las políticas públicas sobre los territorios más alejados se diseñan, ejecutan y aplican desde la nación. De razón vemos a gobernadores y alcaldes con sus agendas mayormente ocupadas en la ciudad capital, Bogotá, vuelos ocupados por funcionarios regionales y locales rumbo a La Centralidad que maneja los recursos y las grandes decisiones.

Algunas acciones que en materia de minería y en desarrollo de la misma  Constitución, se habían delegado a algunos departamentos como Boyacá, Cesar, La Guajira, Bolívar, Norte de Santander y Caldas ya fueron recogidas nuevamente por las autoridades nacionales.

Antioquia es el único departamento formado en la minería, su Escuela de Minas con más de 140 años es icónica en América Latina, sus tierras arrugadas son pródigas en minerales necesarios para la transición energética, somos el principal productor y mayor exportador de oro de Colombia, la delegación minera ha sido responsable en su ejercicio como está establecido por los impactos en sus subregiones donde se explora y explotan minerales.

Todo ello y mucho más no ha sido óbice para que La Centralidad esté recentralizando más funciones que deben ser ejercidas por las comunidades regionales, en contravía de lo establecido por la Constitución.

Lo del cobre y el oro en Jericó se definió desde Bogotá. Deben ser sus ciudadanos y los de su entorno regional y bien informados los que tomen las decisiones sobre esos asuntos vitales para su desarrollo y bienestar. Las capacidades institucionales del departamento con articulación de las entidades nacionales deben ser responsables de los proyectos estratégicos y de interés nacional, Pine, cuyo impacto toca a cuatro subregiones de nuestro departamento a saber Suroeste, Occidente, Nordeste y Bajo Cauca. No, pero es la Agencia Nacional de Minería la que reasume en su totalidad, desde La Centralidad (Bogotá), todo lo atinente a estos proyectos ubicados en nuestro territorio.

Otra perla recentralista: el Ministerio de Ambiente ambienta un proyecto de resolución donde declara una Área Especial de Reserva sobre 92 mil hectáreas en la región del Suroeste donde no se podría adelantar nada productivo; metiéndose abruptamente en la Autonomía de las Corporaciones Autónomas Regionales al señalarles los estudios y pasos a adelantar en el entendido de que ello puede durar varios años. ¡Ojo con el Suroeste!

La Constitución del 91, el presidente Petro ha señalado que es legado del M-19, interpretó el grito de las regiones hacia su Autonomía, pero los encargados de aplicarla siguen, como ahora 90 años, a la penúltima moda del desarrollo del mundo.

jueves, 9 de febrero de 2023

Alternativa contra el hambre

Félix Alfázar González Mira
Por Félix Alfázar González Mira*

En el Hay Festival que acaba de acontecer en Medellín se presentó una buena entrevista con un periodista de la BBC de Londres que contaba en su libro, no traducido aún al español, las experiencias conocidas en todos los continentes y muchos países sobre la diversidad de alimentos para los humanos y el riesgo corrido por la desaparición de algunos.

Señalaba que la “revolución verde”, la que introdujo fertilizantes de síntesis química, pesticidas de origen químico, insumos agroindustriales fabricados por multinacionales; había uniformizado la alimentación en el mundo ocasionando ciertamente la pérdida de la biodiversidad en la alimentación creciente de los habitantes de la tierra.

Es habitual que el consumo de nuestra proteína animal se reduzca a cuatro géneros de ese reino cómo son los bovinos, porcinos, pescados y aves. Descartamos, por desconocimiento o por cultura, otras ofertas de la naturaleza como el búfalo, cordero, conejo, pato, pavo, avestruz, el cuy y tantas otras que podrían resultar más económicas en su levante y producción ante los precios inalcanzables que están adquiriendo aquellas. Estas, al ser más rústicas, no necesitarían ni demandarían granos importados ni concentrados elaborados de manera industrial con todo lo que comportan el precio del dólar, la crisis mundial de fertilizantes y granos. En las fincas con sus pasturas naturales, agua abundante y forrajes es perfectamente posible establecer programas de producción que estén en armonía permanente con la diversidad y el ambiente natural. Se demora más en el tiempo su levante para ofrecerla en el mercado o para su consumo, pero justifica por sus bajos costos de producción comparados con los que se levantan con el grano importado. Solamente se necesita regresar y recuperar las prácticas ancestrales anteriores a la aparición de la agroindustria, donde en el campo había todo tipo de forrajes comestibles y con altos contenidos de proteína. Había abundancia con costos efectivamente bajos.

Recuerdo de pequeño en la finca familiar que los campesinos reproducían tórtolas y palomas supliendo su necesidad de proteína animal preparándolas en forma de albóndigas.

Podría ser oportuno pensar en programas agrarios urbanos que aprovechen especies menores para que las gentes puedan suplir sus carencias de proteína de buena calidad ante los precios inaccesibles de los animales de especies mayores.

Lo mismo sucede con los alimentos de origen vegetal que su consumo se agota con el arroz, trigo, maíz, cebada, frijol, papa, yuca y otras pocas especies ante la urbanización del mundo, todos demandando tecnologías de la “revolución verde” que comporta la aplicación de agroquímicos importados, abandonando la otrora diversidad que nos prodiga la naturaleza tropical.

Productos como el gandul, chachafruto, cidra, frijoles petaco, cachetón y vida (y miles de especies más) con buenos contenidos de proteína, pululaban en nuestros campos de manera silvestre dando cuenta de la buena y abundante alimentación de nuestras abundantes y numerosas familias, acompañados los platos de la aguapanela y el aguacate de solares y huertas.

Ahora que empiezan las campañas hacia la definición de los poderes locales y regionales, y dada la preocupación que debe asistir a quienes aspiran a esas posiciones, sobre el hambre que padecen más de la mitad de los colombianos manifestado en los discursos presidenciales, es hora de pasar de este a los hechos ciertos de las soluciones concretas de esa inhumana circunstancia. Si verdaderamente nos preocupa la hambruna y la carencia de proteína animal de buena calidad de nuestras gentes, se hace urgente plantear estos temas como proyecto de vida en el entendido de que no es con subsidios monetarios que vamos a abordar las soluciones a esta problemática.

viernes, 6 de enero de 2023

Pragmatismo y desarrollo agrícola

Félix Alfázar González Mira
Por: Félix Alfázar González Mira*

Se repite en los ciclos de la historia de Colombia el tema de la Reforma Agraria. Experiencias van y vienen desde la conformación de la república hasta nuestros días. Con excepción de la ley 200 de tierras del gobierno de López Pumarejo, ninguna es digna de repetir por sus pobres resultados.

El desplazamiento campesino a las ciudades ocasionado por la violencia liberal-conservadora de las décadas del 40 y 50 representó un acaparamiento de la tierra por parte de los llamados gamonales locales.

La creación del Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, Incora, en los años 60 generó expectativas en las comunidades campesinas donde el Estado se convirtió en el gran comprador de esos bienes inmuebles rurales. En muchos casos, grandes haciendas productivas, al parcelarlas y entregárselas a campesinos frenaron su ciclo productivo generando ruina en las regiones que pretendían alentar en su desarrollo. En otros eventos, grandes extensiones de tierras productivas quedaron divididas en manos de familias campesinas que se asentaban en un rancho de zinc en medio de precarias matas de plátano y yuca. Significó la pobreza bastante bien distribuida cuando se pretendía era lo contrario, distribuir equitativamente la riqueza.

En la década de los 90 y principios del 2000 se presentó otro desplazamiento de población rural hacia las ciudades producto del avance de las guerrillas en la ocupación del territorio rural y la respuesta paramilitar para competirle por tierras, bienes, poder político y económico a aquellas; generando otra ocupación de los territorios por nuevos dueños que a fuego, amenazas y ayudas veladas de alguna institucionalidad se convertían en propietarios. La ley de víctimas es la respuesta a estos episodios.

Muchos tememos que el ciclo de la “incorización” lo volvamos a repetir en esta década cuando el Estado pretende nuevamente ser el gran dinamizador del intercambio de bienes rurales, al adquirir fincas y haciendas productivas a unos precios razonables del mercado de tierras y no tener recursos e institucionalidad suficientes para hacerlas ciertamente productivas. Se corre el riesgo de convertirlas en improductivas adornadas con covachas habitadas por campesinos ansiosos de prosperidad pero impotentes de hacerlo en atención a que el esfuerzo económico se destinó a la adquisición del predio.

Un medio de comunicación resaltó el encuentro del presidente Petro con el delegado de Corea de Sur en la posesión del presidente del Brasil de la siguiente forma.

” En la reunión, que también contó con la presencia del canciller Álvaro Leyva y la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, Petro resaltó la capacidad histórica que ha tenido ese país para tecnificar el campo y adelantar sus propias iniciativas agrarias. Con base en ese reconocimiento, se acordó un impulso a la ejecución de este proyecto que también abarcará la compra de tierras a organizaciones como Fedegán”. Resaltado mío.

Pues bien, tratemos de diseñar entre nosotros nuestras propias iniciativas agrarias acudiendo a nuestra cultura, costumbres, tradiciones y experiencias buenas, regulares y desastrosas.

La aparcería, el arrendamiento temporal, el descuaje del rastrojo (dicen para “civilizar” la tierra), el ganado al partir o a medias, el canon mensual por cabeza de ganado, el préstamo de uso de un porcentaje de la hacienda, la concurrencia de esfuerzos de diferente naturaleza hacia el predio (experiencia ancestral en la ladera colombiana en la producción de caña panelera con los “cosecheros”), arreglos cooperativos exitosos, uniones de pequeños inversionistas para utilizar conjuntamente el medio de producción o bienes de capital hacia las economías de escala; en fin en otras latitudes de Colombia hay diversos tipos de relación entre las gentes y la tierra.

Los resguardos indígenas con las etnias y la ley 70 con las comunidades negras poseen millones de hectáreas y no tienen, necesariamente, una relación de producción empresarial o de oferta de bienes agrícolas a los mercados. La Ley 70 de 1993 reconoce la propiedad colectiva de la tierra de las comunidades afrocolombianas que históricamente han habitado en un territorio. El espíritu de esta se basa en un principio fundamental de la cultura negra y es el de la propiedad colectiva de la tierra.

Cada región de la patria tiene su singular historia en el desarrollo agrario. Aprovechar todas esas variopintas y diversas experiencias para alentar ciertamente el desarrollo del campo es el mejor cumplimiento al primer punto del acuerdo con las FARC. No necesariamente comprando tierras para una población rural crecientemente disminuida se logra el objetivo. Colombia es ya un país urbano y esfuerzos ingentes habrá que hacer para retornarlos a la ruralidad con resultados inciertos.

¿Por qué no pensar entonces en figuras nuestras que involucren todo ese conocimiento ancestral para hacer desarrollo agrario dónde todos ganen? Por supuesto que la compra directa de tierras en algunas regiones puede consultar las realidades socioeconómicas y culturales de las mismas, como el arrendamiento o leasing agrario con opción de compra puede consultar esas realidades en otras.

Un proyecto productivo bien planificado de bienes con destino a la exportación es garantía y tranquilidad para el propietario que arrienda su tierra por un tiempo. Los 20 millones para adquirir el predio es capital suficiente por hectárea para sacar adelante el emprendimiento que generará excedentes hacia la compra futura del predio. Igualmente, con productos para el mercado interno que aseguren la alimentación de los colombianos.

Se me dirá que ello es para sociedades premodernas, que es un planteamiento de derecha. La academia señalará que es regresar al feudalismo con un planteamiento atrasado, los teóricos marxistas no les gusta porque no alienta el desarrollo de las fuerzas productivas en el campo cada vez más deshabitado. Todo ello es ideologización de propuestas que consultan todo un acumulado histórico, de costumbres, culturas y prácticas ancestrales que han conformado históricamente el campo colombiano.

Volveremos sobre el tema.

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Descentralización y autonomía

Félix Alfázar González Mira
Por Félix Alfázar González Mira*

La frase permanentemente vieja y fresca, como las fuentes de agua, de hacer las cosas siempre de la misma manera no se obtienen resultados diferentes, se aplica a la arquitectura fiscal de nuestra organización estatal.

Los 34 años de la elección popular de alcaldes y los 30 de la de gobernadores nos ha traído experiencias necesarias de renovar y valorar; y otras de revisar y transformar en la interpretación de los nuevos acontecimientos que demandan los tiempos modernos.

La Constitución Nacional en su artículo primero señala que Colombia es un Estado unitario, descentralizado y con autonomía de sus entidades territoriales. Estas son departamentos, municipios, distritos y resguardos indígenas. Pues bien, estas tres categorías se vienen cumpliendo de manera desigual. En teoría podemos decir que lo del Estado unitario está funcionando bien; en la realidad lo de descentralizado ya cumplió su ciclo transicional; y la realidad profunda que se siente y palpita en cada centímetro de la geografía nacional es que la autonomía territorial no existe ni se ha desarrollado en la Colombia citadina ni en el territorio profundo de sus departamentos y municipios.

El presidente de la República señaló en su discurso de posesión que hará que se cumpla ese artículo primero de nuestra constitución.

En esa dirección la Comisión de Ordenamiento Territorial (COT) del Senado de la República y la Corporación Colombia Autonómica realizamos un evento el próximo jueves 3 de noviembre en la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, en el que debatimos ese tema tan importante y pertinente para el desarrollo del país. La COT con una sesión descentralizada y la Corporación con un aporte académico que comprende desde la profundización del concepto constitucional de la autonomía pasando por clarificación de conceptos de descentralización y federalismo, clarificando sobre el agotamiento de la descentralización, avanzando sobre la necesidad de un nuevo ordenamiento territorial en Colombia y concluyendo sobre el caso exitoso de autonomía del país vasco en España.

Gracias al senador Guido Echeverri Piedrahita exgobernador de nuestro hermano departamento de Caldas y conocedor como el que más de las angustias regionales, por carencia de recursos para atender las necesidades crecientes de los ciudadanos; esta sesión descentralizada del Congreso de Colombia se llevó a cabo en nuestra ciudad.

Esperamos que podamos avanzar en desarrollos legales que permitan a las entidades territoriales desarrollar su verdadera autonomía en la seguridad de que esa es la vía hacia el empleo, el ingreso y el bienestar como lo demuestran los países que adoptan este tipo de políticas.

Volveremos sobre esta temática.