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martes, 9 de enero de 2024

La hora de la democracia representativa

Héctor Hoyos Vélez
Por Héctor Hoyos Vélez

Estamos evidenciando que el poder del presidente en Colombia es suficientemente fuerte para que, mediante el manejo del presupuesto, incida en las decisiones del Congreso, para beneficiar o combatir a organizaciones criminales, para debilitar o apoyar a las fuerzas armadas, para propiciar o no el desarrollo de obras públicas y generar un ambiente de crecimiento y de inversión o para afectar las iniciativas de las regiones o de los empresarios, entre otras muchas decisiones que alteran el buen funcionamiento de la economía y el bienestar de los individuos.

El balance del Gobierno en esos aspectos mencionados, hasta la fecha no satisface y más bien preocupa tanto, que el ambiente y la participación política del pueblo en general busca un destino contrario a las pretensiones del presidente, como lo demostró en las elecciones regionales y en las manifestaciones espontáneas de rechazo en los escenarios públicos. Por esa razón, se espera que los nuevos gobernantes territoriales ejerzan un contrapeso al poder presidencial por su liderazgo en sus regiones, por la discriminación que desde la Presidencia han ejercido entre quienes representan a los afectos u opositores al Gobierno, y lo más importante, por la necesaria resistencia a las políticas de sometimiento al sistema que destruye lo construido para someter a la población bajo la ideología comunista totalitaria. Pero no solo los nuevos gobernantes regionales son trascendentales para hacerle frente a un Gobierno que no coopera con el desarrollo y el bienestar; concejales, diputados y los mismos congresistas, como intérpretes del clamor del pueblo, tendrán que atenderlo para que prevalezca la democracia, la ley, la seguridad y se alcancen metas de desarrollo, empleo, bienestar y prosperidad en cada región. Es la hora de las instituciones que representan al pueblo, de las asambleas y de los concejos municipales y es la hora del Congreso para preservar la República instituida para la libertad y la democracia.

Esta condición favorable de nuestra democracia representativa que descentraliza el poder político, hay que resaltarla porque de ella depende un mejor futuro para los colombianos. Conviene apreciar y valorar esa autonomía política alcanzada de los territorios, en desarrollo del espíritu descentralista de la Constitución, para elegir sus dirigentes, en este momento de la vida de la nación que resiste ante tanta adversidad provocada desde el Gobierno nacional, para fortalecer el poder regional con una mejor distribución de las rentas del Estado.

La lucha contra el centralismo siempre ha sido una constante del pueblo antioqueño que poco a poco se ha ido expandiendo en todo el territorio nacional, la Federación de Departamentos, en los últimos años, ha propendido por el federalismo, el presidente del Congreso, doctor Iván Name, viene promoviendo la autonomía territorial y el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, propone un referendo para redistribuir las rentas del Estado en los niveles municipal y departamental.

Coinciden hoy diversas circunstancias que propician la autonomía territorial además de las mencionadas:

1. La resistencia desde las regiones a las políticas nacionales de este Gobierno. Indudablemente la política regional está ansiosa por ejercer su poder en favor de las aspiraciones de los conciudadanos en especial en materia de seguridad donde el Gobierno nacional no ejerce la debida autoridad.

2. El nivel de desarrollo alcanzado en las regiones que se sustenta en el emprendimiento de millones de empresarios en todos los sectores, que creemos en nuestra capacidad para valernos por nosotros mismos y que observamos con indignación la concentración de poder y de recursos en un gigantesco Estado central, impedido para atender las necesidades de las poblaciones en la periferia y que funciona con base en la corrupción estructurada para condenarlas al atraso y la miseria. Nada puede impedir la conquista de aspiraciones de los colombianos que vemos oportunidades de progreso desde nuestras regiones.

3. El espíritu de la Constitución que los ciudadanos tenemos que hacer cumplir porque lleva consigo la justa retribución al esfuerzo regional de contribuir al funcionamiento y los deberes del Estado, y reconoce la identidad cultural de las regiones de Colombia para expresarse, organizarse y alcanzar sus aspiraciones: Artículo 1o. Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general.

Todos los colombianos hoy debemos unirnos en dos objetivos principales; preservar la libertad y la democracia contra el totalitarismo comunista y alcanzar la autonomía territorial de los departamentos para salir del atraso y la pobreza.

viernes, 29 de diciembre de 2023

Petro vs. Antioquia

María Cristina Isaza

Hoy es la hora de las regiones y de promover la acción cívica

Por: María Cristina Isaza

Es innegable la animadversión del Gobierno de Gustavo Petro por el departamento de Antioquia. Ad portas de nuevas administraciones locales, que nos dan esperanza a los paisas, es importante que nuestros nuevos mandatarios locales trabajen en “llave” y que en esta articulación también se integre con éxito a la acción cívica, para que unidos, ciudadanía y políticos locales, podamos ajustar las velas al viento que sopla en contra, desde el Gobierno nacional y para pensar y ejecutar los pasos que lleven a Antioquia a consolidarse como “La mejor esquina de Latinoamérica”. Antioquia tiene todo para desarrollarse exitosamente: talento, riqueza natural, cultura emprendedora. En extensión, es más grande que países como: Estonia, Dinamarca, Suiza, Países Bajos, Bélgica, Singapur, Taiwán. ¡Somos costeños! Antioquia es el tercer departamento de Colombia con mayor extensión de costa, después de Chocó y La Guajira. Además es el segundo departamento que más aporta al PIB de Colombia (más de un 15% del total). Sin embargo, contrastamos con otra realidad, que el centralismo no ha ayudado a resolver: de los 125 municipios que conforman nuestro departamento, más de 100, pertenecen a las categorías 5 y 6, es decir, los más pobres.

Los antioqueños debemos apropiarnos de nuestra región y tomar las riendas de nuestro destino, a pesar de Petro.

A continuación, enumero 10 puntos que considero claves, para logarlo:

1. No pisarnos las mangueras: en nuestra Antioquia, grande y próspera, hay espacio para todo tipo de industrias, empresas, proyectos productivos y para el desarrollo exitoso de todos los sectores: turismo, cultural y creativo, minero – energético, manufacturas, agroindustria, ganadería, servicios, industria, etc. Por esta razón, no hay que “demonizar” sectores. Un ejemplo fue lo sucedido con Quebradona, un proyecto con los más altos estándares de la minería mundial que fue estigmatizado inicialmente por otros empresarios y propietarios de tierra en la región, siendo un proyecto que traería prosperidad, riqueza y desarrollo a los habitantes de Jericó. Hoy padecemos un Gobierno nacional, que hace lo propio y va marcatizando los diferentes sectores productivos y empresas (esta semana, el turno fue para Van Camp´s). Ser conscientes y solidarios, empieza por dar la bienvenida a la prosperidad, para que la gente salga de la pobreza.

2. Hacer oposición inteligente: que responda ordenada y estratégicamente a los ataques provenientes del Gobierno nacional. La batería de acciones incluye: gestiones cívicas, jurídicas y de comunicación, las cuales deben ser coordinadas y pensadas.

3. Estar unidos: empresarios de diferentes tamaños y sectores, gremios, academia, medios de comunicación, líderes de opinión, intelectuales, políticos y sociedad (mediante sus organizaciones cívicas, culturales, fundaciones), etc., debemos unirnos y apoyarnos, principalmente, cuando el Gobierno nacional lanza ataques injustificados hacia cualquier entidad/persona.

4. Prospectiva: debe primar la visión a largo plazo de nuestro departamento, soñarnos la Antioquia que queremos e irla construyendo para hacerla realidad. Planes como Antioquia 2040, con polos de desarrollo en las diferentes regiones del departamento, el impulso de mega obras como ferrocarril, PTI (Puente Terrestre Interoceánico), navegabilidad de ríos Magdalena y Atrato, puertos, aeropuertos, parques industriales, interconexión vial, disposición de basuras (waste to energy), etc., necesitan de nuestra determinación y de la búsqueda de inversionistas y aliados estratégicos, nacionales e internacionales, que cooperen con nosotros. Créditos mediante el IDEA (como lo ha propuesto AJR) y hacer uso de obras por impuestos.

5. Promover autonomía regional: es imperativo respaldar al gobernador entrante, doctor Andrés Julián Rendón, en la promoción y ejecución, con éxito, del referendo por la autonomía de las regiones, que le devolvería la autonomía fiscal a Antioquia. Hoy, de 30 billones que aporta el departamento, solo recibe 5 de vuelta. De lograrse la autonomía fiscal, recibiría 14 billones aproximadamente.

También apoyar el acto legislativo que se impulsará desde el Congreso, que busca dar mayor independencia a los departamentos, para que no estén sujetos a un centralismo asfixiante y que no ha sido eficaz para llevar prosperidad a todas las regiones, de un país tan grande y diverso, como lo es Colombia.

6. Tener departamentos aliados: para sacar adelante proyectos que beneficien a diferentes territorios de Colombia y que podamos trabajar conjuntamente, por ejemplo: trabajar de la mano con el departamento de Chocó el PTI y la navegabilidad del Atrato. Trabajar en planes conjuntos de seguridad con el departamento de Córdoba. Crear una gran universidad de ciencias agrícolas y ambientales en el Magdalena Medio donde confluyen los departamentos de Caldas, Tolima, Antioquia, Boyacá y Santander y un proyecto para devolver navegabilidad al río Magdalena (Fernando Correa). Hacer la gran red cultural “promotora paisa “con los departamentos de Quindío, Risaralda y Caldas.

Además, para promover el referendo de autonomía regional.

7. Implementar en nuestro ADN la innovación: Medellín hoy cuenta con un gran auge turístico y recibe miles de nómadas digitales, además, como Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación, debe promover la innovación como un eje transversal para la solución de todo tipo de retos. Otro objetivo es consolidar a Medellín como ciudad inteligente (Smart City), que brinda oportunidades y una gran calidad de vida a sus habitantes. Medellín debe ser mentora de los municipios de Antioquia para recorrer este camino. Con innovación, abarataremos costos, dispararemos productividad, impulsaremos el desarrollo, seremos más atractivos, incrementaremos PIB, tendremos menos corrupción y burocracia. Esto nos dará mayor autonomía y nos fortalecerá.

Pd: ¿Cómo innovamos para agilizar la resolución de conflictos, pleitos judiciales? Las sociedades más prósperas, son las que tienen sistemas de solución de conflictos más eficientes.

8. Mejorar educación: una sociedad educada en pensamiento crítico, análisis y comprensión lectora, responsabilidad, finanzas personales, valores morales positivos, y en la que además se eduque en las carreras pertinentes y con oferta de oportunidades, más difícilmente cae en los cantos de sirena populistas de políticos megalómanos.

En las regiones, promover carreras con enfoque territorial, para que el desarrollo lo genere la misma gente de las comunidades.

Recuperar el buen rumbo del programa Buen Comienzo, para una primera infancia feliz, nutrida y educada, en valores morales positivos, no en resentimiento.

9. Promover cultura y valores: ¿qué nos une a los paisas? Con un Gobierno que incluso ha amenazado la integridad territorial del departamento, es necesario responder a esta pregunta y promover efectivamente, principalmente entre los jóvenes, el amor por nuestra tierra, costumbres, valores e historia.

Campañas culturales similares a las exitosas “Cultura Metro” o “Quiero a Medellín”, son necesarias hoy.

Vale la pena mencionar la novela del momento, Rigo”, en la que se rescatan valores tradicionales, muy asociados a la cultura paisa, como la disciplina, responsabilidad, resiliencia, determinación, la capacidad de emprender, la creatividad, etc.

10. Fortalecer la actividad cívica: todo lo anterior se facilita si se trabaja en una profunda articulación entre las administraciones municipales, la departamental y la sociedad civil. Los grupos cívicos actúan como vasos comunicantes de doble vía que ayudan en el propósito de promover el diálogo social para que se pueda tener una visión compartida de la Antioquia que queremos.

Un conjunto de ciudadanos diversos, empoderados, con oportunidades; que entienden sus derechos, pero mejor aún, sus deberes; con conocimiento, que son escuchados y tienen herramientas para apoyar los procesos colectivos, son el mejor antídoto contra el populismo de un líder individual mesiánico.

Al promover la cooperación social, se alcanzan más fácilmente los objetivos de bienestar social que buscan los diferentes entes de la administración pública. También sirve para comunicar y articular estrategias, para ser asertivos, para encontrar redes cívicas de cooperación y apoyo, para socializar buenos programas e ideas con la comunidad. A su vez, esta comunidad independiente, hará veeduría, seguimiento, observará la actuación de los gobernantes, será crítica y denunciará.

Por lo anteriormente expuesto, creo que las administraciones, que comienzan este 1 de enero, deben encaminarse para ser muy participativas, y creo que un primer paso en esa vía sería que al exitoso Comité Empresa Estado Universidad (CUEE), le fuera agregado formalmente la “S” de sociedad civil (CUEES).

Termino este artículo, manifestando la firme convicción que tengo de que en 2026 superaremos esta mala hora y saldremos fortalecidos. ¡Feliz 2024!

martes, 12 de septiembre de 2023

De cara al porvenir: convicción descentralista y federalista

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Por estos días vuelve a hablarse del tema de la posible federalización del país, teniendo en cuenta que todos seguimos incumpliendo –por acción o por omisión– el mandato constitucional de la descentralización.

La falta de conciencia geográfica e histórica, acompañados de la poca madurez de la ciudadanía –en general– en términos políticos y cívicos, pues dificulta enormemente cualquier discusión con altura, sobre un tema tan trascendental.

El solo hecho que la concentración de poder en el ámbito nacional se dé en Bogotá y que análogamente, por ejemplo, en lo departamental se establezca en sus capitales como el caso que se da en Medellín, en Cali, en Barranquilla, en Manizales, en Bucaramanga, en Pasto, etc., pues dificulta aún más el entendimiento y la discusión seria del asunto.

Cuando hablamos del poder político, de la capacidad y potencialidad económica, del censo electoral, de los grandes proyectos de infraestructura, quienes de ustedes amables lectores se acuerda que existen ciudades importantísimas –de segundo nivel– como Mosquera, Neiva, Yumbo, Cota, Palmira, Valledupar, Yopal, Barrancabermeja, Funza, Tocancipá, Candelaria, Duitama, Dosquebradas, Chía, Soacha, Zipaquirá, Bello, Envigado, Floridablanca, Facatativá, Sogamoso, Malambo y Piedecuesta, por nombrar solo algunas, a sabiendas de que como mínimo todos deberíamos identificar sin “gaguiar”, la capital y la segunda ciudad de cada departamento de los 32 que existen en la actualidad según nuestra división político administrativa.

La descentralización implica cambio de concepción en cuanto a deberes y responsabilidades de las unidades político administrativas a nivel departamental y municipal y ojalá aún corregimental, pues de otra manera la existencia de varias Colombia seguirá dándose: La Colombia Insular, la Colombia Andina, la Colombia Atlántica, la Colombia Pacífica, la Colombia de la Orinoquía y la Colombia de la Amazonía, con esa separación que pareciera más bien una cicatriz entre la Colombia urbana y la Colombia rural.

Esta reconceptualización implica cambio de motor a un avión mientras está volando.

Pero lo anterior es fácil comparado con la alta dosis de comprensión, generosidad y pragmatismo que se requiere para un cambio como estos.

Superar los intereses a todos los niveles territoriales y de los poderes clásicos establecidos, fortificados y atrincherados en la capital de la República y en las capitales de departamento.

No sobra recordar que una de las “buenas prácticas” que establece la OCDE es que 32 de sus 34 miembros son repúblicas unitarias con organización federal. Si tenemos 2 dedos de frente, considero que es fácil entender su importancia y vigencia.

Importante al plantear la discusión, entender y reconocer  que somos un país multidiverso, que es necesario comprender qué se entiende por riqueza y cómo se crea –pasando de lo extractivo al aporte de valor agregado–, reconocer cuáles son nuestras ventajas comparativas –que existen y muchas– y nuestras ventajas competitivas –que están por construir–, que la equidad se construye desde la educación en el territorio, que debemos definir qué tipo de ciudadanos queremos y a qué nos vamos a dedicar, que debemos ser capaces de integrar y comunicar cada parte de nuestro territorio, que debemos tener un sistema de justicia que funcione, que debemos extirpar la corrupción en cualquiera de sus varias manifestaciones cueste lo que cueste, que debemos replantear a fondo nuestro sistema tributario para que pueda soportar tanto la descentralización como la posible federalización, y que ante el caos mundial, nuestra agua, nuestros bosques, selvas y humedales, y nuestro enorme potencial agropecuario, nos permiten mirar el futuro con prudente optimismo.

Ya es hora de que no nos quede grande la grandeza y que comprendamos de una vez por todas lo que significa y lo que implica la manoseada palabra “cambio”.

Como dice un buen amigo, “No expectativas, satisfacción asegurada”.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Entrevista con Róbinson Giraldo Mira

Antonio Montoya H.
En la entrevista de la semana de El Pensamiento al Aire, Róbinson Giraldo Mira nos da ejemplo de una vida cargada de aprendizajes y el aprovechamiento de oportunidades, además de presentarnos su visión de territorio y lo que se puede hacer con un liderazgo que desarrolle el capitalismo en el país, un objetivo que no se puede alcanzar aún debido al centralismo. Lo(a) invitamos a verlo.

Róbinson Giraldo Mira, empresario textilero y abogado. Natal de Vegachí, tierra donde nació su madre, se siente orgulloso de que su padre tuvieran su cuna en Marinilla, Antioquia, y a ambos territorios los considera su terruño. Estudio en el Instituto Técnico Industrial, en donde además de la academia aprendió saberes como el manejar un torno, fresadora, pulidora, electricista, metalista soldador, ebanista, máquina de coser, talabartería y dibujo técnico, habilidades que le permitieron enfrentar el mundo laboral a muy temprana edad. A los 18 años ya era funcionario público, estuvo en la oficina de planeación de Vegachí, en Corantioquia, luego estudió derecho buscando nuevos horizontes y se convirtió en un líder desde su universidad. Estos estudios complementaron su faceta de empresario, campo en el recorrió distintas regiones vendiendo ropa.

martes, 20 de junio de 2023

De cara al porvenir: federalismo, descentralización y autonomía

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

A buena hora y con motivo de la conmemoración de los 160 años de expedición de la Constitución de Rionegro, se ha vuelto a ventilar con alguna fuerza la idea de pensar en la posibilidad de implementar para Colombia un modelo de República Unitaria con organización federal, como lo son, por ejemplo, 32 de los 34 países pertenecientes a la OCDE, lo cual no deja de ser una motivación importante, pues en la OCDE están los países democráticos con mejores prácticas en el planeta.

Para la OCDE es importante que el 70% de los recursos fiscales que maneja un país sean manejados a nivel central y el 30% a nivel territorial. Para Colombia hoy, el 80% de los recursos fiscales se manejan a nivel central y solamente el 20% se manejan a nivel territorial.

Para que este cambio ocurra sobre un país en marcha y no al momento de su fundación, es importante tener en cuenta varias circunstancias y múltiples variables.

Lo primero es definir cómo se va a administrar el territorio, a partir de figuras conocidas como regiones, subregiones, provincias, entidades territoriales indígenas, departamentos, municipios, corregimientos, veredas, centros poblados, entre otras varias posibilidades.

Esto debe tener en consideración las características geográficas y morfológicas del territorio, y sus particularidades. Para el caso colombiano, tenemos un territorio continental acompañado por dos océanos, con presencia insular y con una topografía e hidrografía muy particular.

En extensión, Colombia ocupa el puesto 29 entre los países del mundo.

Lo segundo, es armonizar y actualizar –garantizando su pertinencia–, el Estatuto Departamental y el Estatuto Municipal, en el caso de que se siga insistiendo con estas figuras político-administrativas, así como la legislación y el Estatuto Tributario del ente central y de los entes territoriales.

Lo tercero sería reflexionar si para una extensión territorial de un poco más de un millón cien mil Kilómetros cuadrados, ¿se requieran 32 departamentos, 1.123 municipios y 5 distritos?

¿Por qué no 50 departamentos? ¿Por qué no 7 departamentos?

¿Por qué no 10.000 municipios? ¿Por qué no 200 municipios?

¿Por qué no 15 distritos?

¿Es apropiada y pertinente nuestra actual realidad urbana y rural?

Estos interrogantes no hacen parte de la lógica, ni del interés general, ni de la agenda política, pero ante un eventual cambio del modelo actual centralista a uno federalista, se vuelve imperativo obtener respuestas razonables.

Lo cuarto sería establecer el mecanismo para instrumentar el nuevo modelo, lo cual deberá tener o una reforma Constitucional tramitada por el Congreso de la República con pocas posibilidades de éxito pues los congresistas defenderían sus particulares intereses electorales y de poder local o a través de una Asamblea Constituyente figura sobre la cual se tienen muchas reservas pues no se sabe una vez convocada, que tipo de rumbo y cuales intereses defenderá.

Se requiere madurez, conocimiento y voluntad férrea para sacar este proyecto adelante.

Ahora bien, ¿Qué tal si por ahora cumplimos con el mandato constitucional e instrumentamos una verdadera descentralización? Hasta la fecha, de 1991 a hoy, el Gobierno central, haciendo honor a su denominación, cada vez les entrega más responsabilidades operativas a los departamentos y municipios, pero con menos recursos. Ante los resultados actuales y las evidencias palmarias, personalmente considero que los honorables representantes a la Cámara han incumplido totalmente su función y no han sabido o querido defender los intereses de los territorios que los han elegido.

Se requiere una reforma profunda al régimen tributario territorial o la expedición de uno completamente nuevo.

También me llama la atención el silencio tanto de la Corte Constitucional como de la Procuraduría ante este incumplimiento flagrante, por más de 30 años, al mandato Constitucional.

¡Qué viva nuestro país de leyes!

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Descentralización y autonomía

Félix Alfázar González Mira
Por Félix Alfázar González Mira*

La frase permanentemente vieja y fresca, como las fuentes de agua, de hacer las cosas siempre de la misma manera no se obtienen resultados diferentes, se aplica a la arquitectura fiscal de nuestra organización estatal.

Los 34 años de la elección popular de alcaldes y los 30 de la de gobernadores nos ha traído experiencias necesarias de renovar y valorar; y otras de revisar y transformar en la interpretación de los nuevos acontecimientos que demandan los tiempos modernos.

La Constitución Nacional en su artículo primero señala que Colombia es un Estado unitario, descentralizado y con autonomía de sus entidades territoriales. Estas son departamentos, municipios, distritos y resguardos indígenas. Pues bien, estas tres categorías se vienen cumpliendo de manera desigual. En teoría podemos decir que lo del Estado unitario está funcionando bien; en la realidad lo de descentralizado ya cumplió su ciclo transicional; y la realidad profunda que se siente y palpita en cada centímetro de la geografía nacional es que la autonomía territorial no existe ni se ha desarrollado en la Colombia citadina ni en el territorio profundo de sus departamentos y municipios.

El presidente de la República señaló en su discurso de posesión que hará que se cumpla ese artículo primero de nuestra constitución.

En esa dirección la Comisión de Ordenamiento Territorial (COT) del Senado de la República y la Corporación Colombia Autonómica realizamos un evento el próximo jueves 3 de noviembre en la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, en el que debatimos ese tema tan importante y pertinente para el desarrollo del país. La COT con una sesión descentralizada y la Corporación con un aporte académico que comprende desde la profundización del concepto constitucional de la autonomía pasando por clarificación de conceptos de descentralización y federalismo, clarificando sobre el agotamiento de la descentralización, avanzando sobre la necesidad de un nuevo ordenamiento territorial en Colombia y concluyendo sobre el caso exitoso de autonomía del país vasco en España.

Gracias al senador Guido Echeverri Piedrahita exgobernador de nuestro hermano departamento de Caldas y conocedor como el que más de las angustias regionales, por carencia de recursos para atender las necesidades crecientes de los ciudadanos; esta sesión descentralizada del Congreso de Colombia se llevó a cabo en nuestra ciudad.

Esperamos que podamos avanzar en desarrollos legales que permitan a las entidades territoriales desarrollar su verdadera autonomía en la seguridad de que esa es la vía hacia el empleo, el ingreso y el bienestar como lo demuestran los países que adoptan este tipo de políticas.

Volveremos sobre esta temática.

Entrevista con Héctor Quintero Arredondo

En este nuevo encuentro de El Pensamiento al Aire, el invitado es el reconocido abogado Héctor Quintero Arredondo, defensor de que las regiones tengan una mayor autonomía en el manejo de sus recursos y en esta entrevista explica sus razones. No dejes de verlo.

Héctor Quintero Arredondo es abogado de amplia trayectoria en el sector público y privado. Ha sido senador y representante, embajador de Colombia en el Perú, presidente de Findeter, y asesor del Ministerio de Comercio. De igual manera, desempeñó importantes cargos en la Gobernación de Antioquia. En el sector privado fue gerente general de Uniban y Augura, entre otras compañías. Como docente tiene una experiencia de más de 30 años, destacándose su vinculación con Universidades Pontificia Bolivariana, en las facultades de Derecho y Ciencias Políticas, y la de Medellín, en la Escuela de Economía.

martes, 21 de junio de 2022

Se acepta la derrota

En su editorial para esta semana Antonio Montoya H., extiende su invitación para que a pesar de los resultados electorales, se levanten los ánimos, evaluemos el por qué se perdió y miremos el futuro con esperanza y corrigiendo las equivocaciones del pasado. La corrupción, la desidia, el no entender la necesidad del prójimo son temas que debemos revisar. Escúchalo.

sábado, 4 de junio de 2022

Cuando el alumno se raja, el que no sirve es el maestro

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Como sociedad estamos hoy pagando muchos errores de nuestros antepasados; yerros que como nación y país debemos tratar de enmendar con las debidas proporciones de sentido común, inteligencia y humildad, antes de que sean fuerzas afines a la corrupción, la violencia y el narcotráfico las que de forma equívoca realicen cambios profundos soportados en una filosofía revolucionaria perversa y destructiva, que luego resulten irremediables en materia de pérdida de valores democráticos, cultura media y civismo en toda nuestra sociedad.

En mi humilde opinión, todos los problemas sociales parten de la formación básica y el proceso de educación de las personas, que se origina del ejemplo que los niños ven en el hogar, en la escuela y luego en el referente de aquellos pares o grupos con los cuales se relacionan durante su maduración y formación; algo que de la niñez pasa por la adolescencia y termina con las responsabilidades que debemos asumir como ciudadanos al convertirnos en adultos.

A mi juicio, el error más grande de quienes tras casi un siglo de guerras civiles y debate desdeñable e improductivo, ignorando las realidades y las subculturas que integraron nuestra nación hace ya dos siglos, fue no haber optado por un modelo federal, en el cual la necesidad y conveniencia del espíritu asociativo o cooperativo nos hubiera unido en un sistema donde cada región aportaría las ventajas de su identidad a una federación que velaría por los intereses de toda la nación, en lugar de tener en medio de esta agreste dificultad geográfica tropical, el sistema operativo del poder centralista, acaparador, abusivo, clientelista y discriminante que tenemos.

Pero un cambio a un modelo federativo como el que tienen muchas naciones que han logrado unidad de propósito en materia de desarrollo, resulta utópico en medio de la mezquindad de las élites del poder capitalino vendidas a la conveniencia, y la dificultad que puede representar tener el poder en las manos de fuerzas criminales que nos podrían lleven a una guerra civil. Dios no lo permita.

Históricamente, nuestra sociedad controlada por la cultura encomendera centralista, ha menospreciado y mal tratado socialmente a tres actores esenciales para el desarrollo y la sana convivencia nacional:

Los maestros, que son quienes tienen la misión de educar nuestros hijos cuando no están en el hogar; los miembros de las fuerzas armadas, que son quienes custodian nuestras vidas, nuestras normas y nuestros haberes, y los jueces, que son quienes, con equidad, imparcialidad y rectitud, tienen la misión de solucionar en estricto derecho, nuestras disputas, conflictos y problemas.

Colombia no puede seguir entrando en la inercia de pregonar democracia y apertura en el debate, pero que cuando se expresan ideas diferentes, aunque no necesariamente encontradas con las del indefinible y mal denominado progresismo moderno, entonces sean rechazadas o satanizadas como polarizadoras e inadmisibles, sin sopesar su virtud en función del deber ser, el sentido común, la ética o la moral media que requiere toda sociedad para poder avanzar en el difícil sendero del desarrollo.

Vivimos en la era del conocimiento donde el internet y la conectividad representan el factor de equidad más grande que haya visto la historia de civilización alguna, vivimos en la era donde los dogmas han sido desplazados por el conocimiento de la naturaleza, y así como no podemos permitirnos que un solo niño sufra de por vida de pobreza intelectual a causa de desnutrición, violencia intrafamiliar o inseguridad física, el maestro no puede enseñar valores si no está debidamente calificado y reconocido, y menos, si su ideología está predeterminada.

La nación colombiana precisa de un sistema que forme mejor y dignifique a los educadores, para que sus pupilos puedan triunfar en la vida, un sistema que los califique para poder garantizar que el docente cumple su propósito formativo, cuando no se le rajan los alumnos.

No se le puede pedir al uniformado que defienda el deber ser, cuando quienes ostentan el poder premian a los delincuentes y a las organizaciones criminales, dándoles espacios primordiales dentro de la escala social del poder político y dirigencial.

De la misma forma, no podemos pedirle a la rama judicial que obre con justicia, cuando está politizado e ideologizado el sistema que rige su estructura. Para que una nación pueda tener un sistema económico y de relacionamiento social funcional, los jueces tienen que estar capacitados y socialmente reconocidos para que su justicia pueda ser ciega, imparcial, ética, honrada e implacable.

Algo anda muy mal en la forma en que, por un lado, ignoramos a quienes se comportan debidamente y cumplen sus obligaciones cívicas, y por otro premiamos con reconocimiento mediático, político y social, a quienes obran por fuera del debido marco del interés general, fundamentados en ideas revolucionarias y no transformacionales como son el odio, la conveniencia individual o la envidia que es el camino más corto al resentimiento.

Debemos ya dejar atrás el modelo del “Estado cantinero” en el cual con el producido del vicio se financia una educación de baja calidad, y no ir a extrapolarlo a toda otra suerte de actividades ilegales en manos de la clase política nacional.

Es el momento en que el país tiene que pensar a largo plazo y realmente darle el espacio de importancia y reconocimiento que se merecen dentro de las estructuras sociales e invertir en la formación profesional estricta, cualitativa y exigente de los maestros, los uniformados y los jueces, pues es en sus manos donde está jugado el futuro de toda la nación.

martes, 6 de julio de 2021

De cara al porvenir: reforma estructural

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Decía Maquiavelo que “No hay nada más difícil de impulsar que intentar cambiar el orden de las cosas, pues se tendrá como enemigos gratuitos a todos aquellos que obtienen beneficios de las situaciones actuales y como defensores tibios a quienes no tienen nada que perder”.

Ahora que se iniciarán en forma las campañas electorales, y ante el entorno caldeado que tenemos, agravado por los efectos de la pandemia, no es nada extraño que pronto comencemos a escuchar a algunos candidatos diciendo, más no argumentando, que el país requiere de verdaderas reformas estructurales, o que hay que refundar el Estado, sin que realmente tengan muy claro a qué se están refiriendo.

"El término «reformas estructurales» fue acuñado en la década de los ochenta por los organismos financieros internacionales para referirse al conjunto de políticas económicas orientadas a abrir la economía, facilitar el funcionamiento de los mercados y reducir la injerencia del Estado en las actividades productivas”.

Según el diccionario, “Estructural, por su parte, se vincula a una estructura (la manera en la que se organizan los componentes de un todo, la base que sustenta una construcción)”.

De acuerdo con lo anterior, para poder plantear las reformas estructurales que el país requiere, no es suficiente con elaborar el listado de problemas que tenemos que resolver: educación, salud, justicia, vivienda, infraestructura, déficit fiscal, pensiones, seguridad, deslegitimación del Estado, pobreza, iniquidad, corrupción, falta de competitividad, entre otros varios asuntos, todos ellos, graves.

Para poder enfrentar el tema de la reestructuración del Estado, primero tenemos que aprender a hacer las preguntas correctas y entender el recorrido histórico que hemos trasegado y que nos ha llevado a la situación actual, con una plena inconciencia geográfica e histórica y con un concepto de civilidad y otro de ciudadanía, que son simples quimeras.

Veamos, por ejemplo, redondeando las cifras: para un país como Colombia con cerca de 50 millones de habitantes, con una extensión territorial continental de casi 1.100.000 Kms2, con presencia insular, con una extensión marítima de aproximadamente 900.000 Kms2 (sin tener en cuenta la porción que está en riesgo con Nicaragua), con 2.900 Kms de costas, con fronteras continentales con 5 países y fronteras marítimas con 9 países ¿qué es lo que  verdaderamente se necesita conocer y hacer para administrarlo de manera correcta y eficiente?

Algunas respuestas por desarrollar serían:

1.    ¿Cuál sería nuestro acuerdo básico como sociedad?

2.    ¿Cuáles serían los objetivos superiores u objetivos nacionales que queremos alcanzar como sociedad?

3.    ¿Queremos conscientemente configurarnos y constituirnos como nación?

4.    ¿Cuál es la estrategia para convivir y coexistir en medio de nuestra enorme multiculturalidad?

5.    ¿Cómo vamos a densificar o redensificar el territorio?

6.    ¿La división y estructura político - administrativa seguirá siendo centralizada o nos la jugamos con la federalización alrededor de una república unitaria?

7.    ¿Para qué sirven nuestras 6 regiones naturales?

8.    ¿Necesitamos 32 departamentos o 100 o 15?

9.    ¿Necesitamos casi 1.150 municipios, o necesitamos 5.000 o 100?

10. ¿Necesitamos un congreso bicameral con cerca de 400 miembros? ¿O necesitamos uno bicameral o uno unicameral con 100 o con 34 miembros?

11. ¿Necesitamos 16 ministerios o necesitamos 50 o 7?

12. ¿Qué vamos a hacer con el berenjenal de leyes, ordenanzas, acuerdos y normas de todo tipo que hoy tenemos en todos los niveles de la administración pública?

13. ¿Cuál es la postura vertical a plantear ante la corrupción?

14. ¿Cuál es la postura vertical a plantear ante el tema de las drogas?

15. ¿Qué consideramos como ejercicio de la soberanía nacional?

16. ¿Podremos dimensionar y plantear un objetivo nacional de soberanía alimentaria?

17. ¿Podremos dimensionar y plantear un objetivo nacional de soberanía energética?

18. ¿Estamos en condiciones de inventariar, expedir y desarrollar las políticas públicas que se requieren para un desarrollo armónico de los territorios y la sociedad en su conjunto?

19. ¿Estamos en condiciones de reconocer y sacarle provecho a las ventajas geopolíticas naturales que poseemos?

20. ¿Cuál es la propuesta para presentar una verdadera reforma tributaria y fiscal?

21. Otras pertinentes.

Algunas de la Políticas Públicas básicas requeridas, para definir o desarrollar, si es que ya existen, son:

1.    De relaciones internacionales.

2.    De fronteras.

3.    De puertos marítimos.

4.    De puertos fluviales.

5.    De zonas francas.

6.    De desarrollo económico.

7.    De ordenamiento territorial.

8.    De desarrollo urbano.

9.    De movilidad.

10. De desarrollo rural.

11. De desarrollo industrial.

12. De desarrollo minero.

13. De desarrollo agrícola.

14. De mares.

15. De costas.

16. De recursos hídricos.

17. De fuentes de agua.

18. De ríos.

19. De manejo de residuos.

20. De manejo del patrimonio cultural e histórico.

21. De arte y cultura.

22. Del deporte.

23. Del manejo de la biota.

24. De tratados comerciales.

25. De turismo.

26. De soberanía energética.

27. De soberanía alimentaria.

28. De territorios olvidados.

29. De la Colombia insular.

30. De nevados, selvas y bosques.

31. De la demografía.

32. De la densificación territorial.

33. Del manejo de bienes de extinción de dominio.

34. De la investigación aplicada.

35. De especies en vía de extinción.

36. Del ejercicio de la soberanía nacional.

37. De la educación sexual.

38. De trabajo digno.

39. De aguas servidas.

40. De lucha contra el narcotráfico.

41. De lucha contra el contrabando.

42. De lucha contra el lavado de activos.

43. De fortalecimiento tributario.

44. De explotación minera.

45. De reciclaje.

46. De recreación.

47. De tiempo libre.

48. De fortalecimiento regional.

49. De fortalecimiento de corregimientos y veredas.

50. De puentes y vías.

51. De inversión extranjera.

52. De medios de transporte.

53. De lucha contra la evasión de impuestos.

54. De reforestación.

55. Del agua.

56. De transformación digital.

57. De inclusión y no discriminación.

58. De equidad de género.

59. De acceso universal a la salud.

60. De acceso universal a la educación.

61. Otras pertinentes.

Algunas de las principales ventajas geopolíticas que posee Colombia y que deberían aprovecharse como palanca, son:

1.    Colombia es el geocentro de la Gran Cuenca Oceánica Mundial.

2.    Colombia es el país bisagra de los Grupos de Integración.

3.    Colombia es vértice de la Cuenca Latina del Gran Caribe.

4.    Colombia es vértice de la Gran Cuenca Ecológica Mundial.

5.    Colombia es vértice de la Cuenca Solar del Gran Caribe.

6.    Colombia es vértice de la mayor Cuenca de Energía Primaria del Mundo.

7.    Colombia posee la única Cordillera Intertropical del Mundo.

8.    Colombia es país Esquina de la Cuenca del Gran Caribe.

9.    Colombia es Cuenca con vastas extensiones de aguas jurisdiccionales (Mar Económico) en los Litorales Caribe y Pacífico.

10. Colombia posee enorme riqueza en biodiversidad.

Las circunstancias actuales y nuestra vinculación a la OCDE nos muestran algunas mejores prácticas que pudieran o deberían servir de guía en nuestro esfuerzo por alcanzar un estado de cosas semejantes:

1.    Se han establecido como repúblicas unitarias con organización federal.

2.    Han desarrollado autonomía fiscal.

3.    Se han reconocido como nación.

4.    Han definido objetivos nacionales.

5.    Han desarrollado planes de largo plazo.

6.    Han definido sectores económicos estratégicos.

7.    Tienen planes de ordenamiento territorial nacionales y sub nacionales.

8.    Han consolidado su mercado interno.

9.    Han alcanzado soberanía alimentaria.

10. Han conseguido autosuficiencia energética.

11.  Y han logrado un alto nivel de respeto por jueces, maestros, policías, ancianos.

12. Han logrado alto nivel de respeto por los animales.

13. Han construido en términos militares una capacidad de defensa – ataque similar a la de sus vecinos.

14. Promueven el ahorro interno.

15. Promueven la sociedad anónima.

16. Poseen una bolsa de valores y un mercado bursátil sólidos.

17. Han definido un acuerdo sobre lo fundamental.

18. Se respeta la independencia de los poderes públicos.

19. Tienen un Estado sólido.

20. Se respeta la libertad de prensa.

21. Existe participación ciudadana.

22. Existen partidos políticos fuertes.

Lo anterior es simplemente una propuesta de esquema básico que puede servir de guía para construir una propuesta pertinente, si lo que queremos es realmente buscar un replanteamiento estructural de nuestra débil, injusta e inequitativa sociedad. Lo demás son voces grandilocuentes llenas de lugares comunes, enunciados políticamente correctos asociados a burdos cálculos electorales, propuestas vacías y desconocimiento o falta de compromiso de enfrentar lo que verdaderamente se debe impulsar para intentar construir una sociedad justa, equitativa, solidaria y previsiva.

Cualquier propósito de esta envergadura deberá contar no solamente con un buen candidato, sino con un sólido ideario filosófico – político, un programa sólido e innovador y un partido o movimiento político fresco, comprometido, creativo y pulcro.