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viernes, 17 de noviembre de 2023

Cuando te ganas enemigos

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Lo que más se puede admirar en una persona es que sea ella misma, natural, genuina, auténtica. Pero es precisamente la búsqueda de esa virtud o cualidad la que le puede granjearse enemistades gratuitas.

Vivimos en el mundo de las apariencias, de las falacias y de la hipocresía. “Amigo, cuánto tienes, cuánto vales, principio de la actual filosofía” cantamos. Eres importante no por lo que eres, sino por los bienes que tienes, por el poder que ostentas, porque me puedes ser útil para mis intereses, porque tienes amigos influyentes que pueden servirme de palanca. Ya lo decía el Eclesiástico: amigos de conveniencias que en tanto estés bien estarán contigo, te adularán, serán zalameros, lambones babosos, turiferarios de abundante incienso, genuflexos. Pero cuando dejes ese poder, ya no seas importante, pierdas influencia, te voltearán la espalda, no te saludarán y hasta hablarán mal de ti difamándote. Amigos oportunistas, muchos. Amigos verdaderos, pocos.

Buscar ser recto, andar por la senda correcta, ser honesto, expresar lo que realmente se siente y piensa, ser de una pieza, pasa factura. No gusta. Si quieres tener el éxito del mundo debes ser camaleónico, adaptarte al terreno que pisas, sonreír, aunque te duela, disimular que algo no te gusta, llevar la corriente, estar con quien tiene la sartén por mango, no controvertir, ser políticamente correcto. En realidad, estarás bien con todos, pero a la hora de la verdad, con ninguno. La sociedad exalta quien así procede y lo hace con maestría.

Comienzas a ganarte gratuitos enemigos cuando hablas para decir que no estás de acuerdo, que no te parece algo, que has descubierto un error, que hay cifras que no cuadran, que eso que se está diciendo no es cierto, cuando defiendes a alguien mientras todos lo atacan, cuando dices la verdad de frente, cuando eres tú mismo. Inmediatamente baja tu rating de popularidad, te vuelves incómodo, fastidias, dicen que eres intransigente, severo, inflexible.

Cuando nos vamos volviendo viejos, cuando hemos visto correr tanta agua debajo del puente, cuando aprendemos a ladrar sentados, es porque la vida misma se ha encargado de darnos muchas lecciones de sabiduría. Es verdad, no han sido fáciles, han sido duras, nos produjeron dolorosas decepciones, nos dejaron solos y a la deriva. Se paga un precio alto, pero no se claudica, no se cede en principios, ni valores, cueste lo que cueste. Derrotados ante el mundo, victoriosos en nuestra conciencia. Es lo que finalmente vale, pues la rendición de cuentas definitiva es ante Dios, no ante una humanidad falible y acomodaticia que depende de un aplausómetro.

Obra siempre bien, sé auténtico, di siempre la verdad, no te arrepientas de ello. No importa que te ganes enemigos, sean de la jerarquía que sean, tengan el poder que tengan, digan lo que digan. Finalmente, la verdad se impondrá y las malas acciones, su proceder incorrecto, se harán evidentes para vergüenza suya. ¿Que cuesta? ¡Claro que cuesta! Nadie ha dicho que es fácil. Es lacerante y saca lágrimas. Que el de Nazaret te recuerde que ya pasó por esas. Será tu mayor consuelo.

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Entrevista con Héctor Quintero Arredondo

En este nuevo encuentro de El Pensamiento al Aire, el invitado es el reconocido abogado Héctor Quintero Arredondo, defensor de que las regiones tengan una mayor autonomía en el manejo de sus recursos y en esta entrevista explica sus razones. No dejes de verlo.

Héctor Quintero Arredondo es abogado de amplia trayectoria en el sector público y privado. Ha sido senador y representante, embajador de Colombia en el Perú, presidente de Findeter, y asesor del Ministerio de Comercio. De igual manera, desempeñó importantes cargos en la Gobernación de Antioquia. En el sector privado fue gerente general de Uniban y Augura, entre otras compañías. Como docente tiene una experiencia de más de 30 años, destacándose su vinculación con Universidades Pontificia Bolivariana, en las facultades de Derecho y Ciencias Políticas, y la de Medellín, en la Escuela de Economía.

lunes, 17 de enero de 2022

Propósito común

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

En todo grupo social que esté unido y que además sobresale por el sentido de superación en el logro de objetivos, siempre se percibe que existe un propósito común, que es el que les da fuerza y coherencia al trabajo que se realiza. Para cada caso, para cada proyecto, el propósito común puede variar, pero siempre está presente la unidad del grupo y la perseverancia para obtener resultados.

En Colombia tenemos un sentimiento de nación, que es el que podemos diferenciar del concepto de Estado, y que entendemos por él, en un sentido simple, a “un grupo social delimitado espacialmente bajo el seno del cual se ejerce el poder político, económico y social”. Por ello aceptamos que Colombia, nuestro territorio, que linda con dos mares y las naciones de Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela y Panamá, se diferencie de ellos por el propósito, por el sentido de unidad, por la perseverancia en trabajar unidos y desarrollarnos por el apoyo de cada uno para que cada región sobresalga. Al final intentamos que cada parte del territorio prospere y logre superar las dificultades de su región y así el sentido de nación impere y mantenga su unidad.

Por ello, en mi opinión, es más importante el sentido de unidad, de propósito común, que el mismo territorio. Como ejemplo puedo decir que los palestinos y los israelitas, que son grupos humanos unidos por la historia, la tradición y sus creencias, fueron primero naciones que Estados.

Por lo tanto, hoy en Colombia debemos recuperar ese sentimiento de unidad, de propósito común, y para iniciar debemos aceptar que no hay lugar, región o sitio que sea más importante que otro y que cada conciudadano es igual, independiente de la gran ciudad que habiten o del pequeño lugar de residencia que tengan. Allí, en cada lugar, podemos tener un sentido de nación, aquello que nos hace sentir parte de algo, en este caso, de un territorio y de un Estado.

He tenido la oportunidad de recorrer nuestro territorio tanto la zona del pacifico,  como la del atlántico y desde Nariño  hasta la guajira y puedo afirmar que todas y cada una de las personas con las que comparto se sienten felices de vivir y haber nacido en Colombia, pero, todas ellas esperan y desean una mejor presencia del estado en sus territorios y con esos conceptos  podrán apreciar ustedes como el sentido de nación existe, pero imploran presencia del estado, por lo tanto en las regiones tenemos serios problemas económicos y sociales y debemos resolverlos.

Todo esto me lleva a pensar que es importante que pensemos, actuemos y cambiemos el modelo de gestión administrativo en nuestra Colombia. Debemos descentralizar, dar vida a la autonomía regional que implora la región de la costa y que también añora Antioquia, y así dividamos el país en regiones autónomas, que tengan más control y decisión de sus ingresos y de sus propios proyectos. No se trata de separaciones, seguiremos siendo un solo país más descentralizado, no dependiendo del centralismo que nos ahoga, y así las asambleas departamentales y los concejos municipales serán más importantes y valiosos en el desarrollo de cada región. Seguramente será una sola asamblea por región y se continuará con los concejos municipales.

Aprovecho la oportunidad de dar respuesta a un ciudadano, amigo mío, por cierto, que me dijo que yo prefería a los antioqueños por encima de los de las demás regiones, lo cual no es cierto. Así le respondí, porque tengo conocidos que valoro, aprecio y en general veo el esfuerzo de cada una de las personas de esas regiones por superarse y eso a mí me llena de emoción. Tienen mi apoyo, los impulso y quisiera poder hacer más por el mejoramiento de las condiciones de vida de ellos y sus familias, pero, lo que sí es cierto es que he logrado la unidad del territorio en muchos aspectos, en el respeto, la valoración de las características étnicas propias, sus tradiciones y necesidades. Reconozco la importancia de sus regiones y cómo se le aporta al folclor. Cada uno de ellos reflejan la sensación de unidad y de sentido de nación, por lo cual, al final de cuentas, no tengo sino agradecimiento y aprecio por todos ellos y sus familias.

Todo esto para reafirmar que cada región podrá superarse y crecer si sus dirigentes trabajan por la región, se crean empresa grandes o pequeñas, se respetan los dineros públicos y damos mejores condiciones de vida a nuestros hermanos colombianos.

Los invito a que ese sentimiento de nación, el querer pertenecer al Estado de Colombia, sea para mejorar, superarnos y pensar en el bienestar colectivo y no en el personal.

Un Estado autonómico, respetuoso del derecho de las otras regiones, facilitará el apoyo y trabajo conjunto entre regiones para hacer un país grande y libre, así tendremos todos un propósito común.