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miércoles, 6 de noviembre de 2024

Una conversación sobre los peores males de Colombia

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

En las últimas semanas he tenido el privilegio de conversar varias veces con uno de los pocos personajes clarividentes en la política colombiana, alguien que ocupó cargos de fundamental importancia en empresas del Estado, en el servicio exterior, y tanto en la dirigencia política como en la logística comicial. En los últimos años, con su amplia formación como abogado, economista agrario y empresario, escribe, denuncia y defiende la democracia amenazada, sin consideraciones de figuración personal.

No me corresponde citar aquí su nombre, pero debo manifestar que mi última conversación con él me ilumina sobre la verdadera dimensión de los problemas que nos aquejan y que, por ser ignorados, no inquietan, ni interesan al estamento llamado a corregirlos, la clase política.

Esos males —estructurales sin duda—, superan el enfrentamiento entre derechas e izquierdas, porque se refieren al concepto mismo de patria.

Siguiendo el razonamiento de mi interlocutor, no queda duda de que el peor problema del país es la desnutrición infantil. Se calcula en más de millón y medio el número de niños afectados por el hambre. Quienes no han tenido la alimentación adecuada en los primeros meses (y también en sus primeros años), nunca desarrollarán plenamente su cerebro y serán incapaces de aprender. Llegarán a la adolescencia sin criterio y estarán condenados a una vida mediocre y marginada.

Se pregunta entonces cómo podrá cambiar Colombia, en la edad del conocimiento, la ciencia y la tecnología, con un personal humano disminuido, condenado a los oficios más humildes, aquí o en el exterior.

Como anillo al dedo, otro buen amigo me recuerda, citando a Beatriz Londoño, directora en 2004 del ICBF, que, ni con la intervención de un millón de dólares, un niño de 3 a 5 años se recupera de la desnutrición fetal ni de la subsiguiente.  Esta denuncia condujo a la expedición de una ley, propuesta por Jaime Restrepo Cuartas en 2006, para garantizar el plan de alimentación de la madre gestante y de los niños, hasta los 5 años, jamás cumplida durante los gobiernos subsecuentes, que dedicaron todo su interés a la “negociación” con los grupos criminales, cuya acción ha hecho imposible el progreso que permite cambiar las condiciones de vida.

Desde luego —acoto—, no tiene perdón un Estado capaz de girar 9, 10 billones anuales para los terroristas, y billón y medio para los mamos y caciques, que los evaporan, mientras las indiecitas y sus niños mendigan en las aceras de todo el país.

Volviendo a los temas de la conversación que evoco, llegamos fatalmente al del modelo político y económico requerido para eliminar el hambre y potenciar el desarrollo intelectual y físico de nuestro pueblo.

Obviamente, el modelo de decrecimiento económico, la destrucción del modelo minero-energético y la sustitución de sus exportaciones por la de estupefacientes, no pueden conducir a situación diferente a la venezolana, donde la miseria comunista hace imposible mejorar la nutrición y saciar el hambre, cosa que hay que afirmar ahora con la mayor energía, frente a la amenaza de la jurisdicción agraria, que no es otra cosa que el inicio de la reforma rural, improductiva y destructiva, propia de los modelos leninistas.

Ahora bien, no podemos engañarnos: la mutación de nuestro comercio exterior y de nuestra economía obedecen a deliberadas políticas prioritarias del actual Gobierno.

Sigue la conversación, con el recuerdo de vuelos de nuestro personaje sobre el sur del país, donde ha contemplado un mar de coca, lo que lo lleva a calcular que ya debemos haber pasado de las 400.000 Has.

Y termina la conversación con una observación aterradora: ¡Según evaluaciones recientes, cerca de la mitad de los niños de las escuelas primarias en Bogotá no conocen a sus padres biológicos!, lo que nos obliga a meditar sobre la ausencia de bases para edificar el gran país que hubiéramos podido ser.

viernes, 5 de mayo de 2023

Señor presidente, ¿dónde están las soluciones para los más necesitados?

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo

Es tal el desconcierto que hay quienes creen que Petro está tan enredado, que lo más posible es que empiece a escuchar, ceda y suspenda esa acción dañina en la que está empeñado. Por las últimas medidas tomadas a la luz del estruendoso fracaso en su intento de lavarle la cara a Maduro, en la convención por Venezuela, en la rabieta que lo llevo a terminar la coalición con los partidos y a sacar al ministro de Hacienda, entre otros, que venía actuando como el polo a tierra en las innumerables malas ideas de Petro, que están llevando al país a un punto de no retorno, otros piensan que obliga a los sectores políticos, económicos y sociales, a formar un frente común que pueda frenar esta locura.

Me resisto a creer que se nos haya agotado el ingenio y más en estos momentos; al parecer las marchas pacíficas no son leídas por Petro, que hoy amenaza con marchas violentas, que nos llevarán aceleradamente al fracaso total de nuestro país. Petro no atiende ni encuestas, ni marchas, ni periodismo nacional ni internacional, ni columnas de opinión, ni consejos de nadie que piense diferente a él.

El país se le salió de las manos y el Congreso debe tomar cartas en el asunto rápidamente o esperar a que Petro los revoque. Si no lo atajan los va a revocar para poder afincarse como dictador. Su defendido castrochavista, Maduro, así lo hizo, pero su amigo Castillo en Perú, no lo pudo hacer porque el congreso se lo impidió.

Petro está siendo totalmente injusto con todos los colombianos, especialmente con los pobres a quienes dice defender. Debería estar mostrando acciones reales y concretas de mitigación del hambre del que tanto habla en los discursos. Yo no he visto ni comedores comunales, ni reparto de mercados ni acciones conjuntas con fundaciones privadas y bancos de alimentos, orientadas a mitigar el hambre de tantas familias que no pueden tener las tres comidas diarias. Sigue distraído en radicar leyes para otorgar subsidios insostenibles, pudiendo concentrarse en soluciones sencillas y efectivas que realmente calmen el hambre de los colombianos que lo están padeciendo. ¿Será que por lo menos ya tienen detectadas con exactitud las poblaciones que urgentemente requieren la atención? ¿Será que ya llegaron a la Guajira con la comida que necesitan los niños para no seguir muriendo por desnutrición?

No me parece justo con los enfermos estar desgastando al Gobierno con una reforma a la salud, dizque para poder atender a la población campesina e indígena de los lugares apartados. No hemos sabido de brigadas de salud organizadas por el gobierno de Petro para atender los enfermos de esas zonas, pudiendo hacerlo inclusive como lo hacen tantas organizaciones privadas. No hemos visto que estén pensando en hogares de paso para llevar a los ciudadanos a tratamientos en las grandes ciudades donde se cuenta con la infraestructura, por vivir allí el 70% de la población. No entiendo para qué se le quiere entregar un cuarto del salario mínimo a los ancianos, cuando ellos lo que necesitan son hogares donde los atiendan en su alimentación, vestido, salud y les den el cariño que ya sus familiares no les dan. ¿Cuántas entidades privadas podrían si el gobierno las apoyara, aumentar los cupos en estos ancianatos o mejor, hogares para los más necesitados de la tercera edad?, ¿será que por lo menos ya los tienen detectados?

¿Cuántos proyectos productivos, sostenibles, han logrado montar para los campesinos a los que les han entregado tierras?

¿Quién está midiendo y estableciendo el costo beneficio de lo que está haciendo el Gobierno para que lo comuniquen por favor?

Señor presidente hay que pasar de la carreta y el discurso inútil, a la práctica de las soluciones sencillas y efectivas, medibles y mostrables.

Que el Espíritu Santo los ilumine; si a Petro le va bien, a todos nos va bien, pero como vamos, vamos mal todos.

jueves, 9 de febrero de 2023

Alternativa contra el hambre

Félix Alfázar González Mira
Por Félix Alfázar González Mira*

En el Hay Festival que acaba de acontecer en Medellín se presentó una buena entrevista con un periodista de la BBC de Londres que contaba en su libro, no traducido aún al español, las experiencias conocidas en todos los continentes y muchos países sobre la diversidad de alimentos para los humanos y el riesgo corrido por la desaparición de algunos.

Señalaba que la “revolución verde”, la que introdujo fertilizantes de síntesis química, pesticidas de origen químico, insumos agroindustriales fabricados por multinacionales; había uniformizado la alimentación en el mundo ocasionando ciertamente la pérdida de la biodiversidad en la alimentación creciente de los habitantes de la tierra.

Es habitual que el consumo de nuestra proteína animal se reduzca a cuatro géneros de ese reino cómo son los bovinos, porcinos, pescados y aves. Descartamos, por desconocimiento o por cultura, otras ofertas de la naturaleza como el búfalo, cordero, conejo, pato, pavo, avestruz, el cuy y tantas otras que podrían resultar más económicas en su levante y producción ante los precios inalcanzables que están adquiriendo aquellas. Estas, al ser más rústicas, no necesitarían ni demandarían granos importados ni concentrados elaborados de manera industrial con todo lo que comportan el precio del dólar, la crisis mundial de fertilizantes y granos. En las fincas con sus pasturas naturales, agua abundante y forrajes es perfectamente posible establecer programas de producción que estén en armonía permanente con la diversidad y el ambiente natural. Se demora más en el tiempo su levante para ofrecerla en el mercado o para su consumo, pero justifica por sus bajos costos de producción comparados con los que se levantan con el grano importado. Solamente se necesita regresar y recuperar las prácticas ancestrales anteriores a la aparición de la agroindustria, donde en el campo había todo tipo de forrajes comestibles y con altos contenidos de proteína. Había abundancia con costos efectivamente bajos.

Recuerdo de pequeño en la finca familiar que los campesinos reproducían tórtolas y palomas supliendo su necesidad de proteína animal preparándolas en forma de albóndigas.

Podría ser oportuno pensar en programas agrarios urbanos que aprovechen especies menores para que las gentes puedan suplir sus carencias de proteína de buena calidad ante los precios inaccesibles de los animales de especies mayores.

Lo mismo sucede con los alimentos de origen vegetal que su consumo se agota con el arroz, trigo, maíz, cebada, frijol, papa, yuca y otras pocas especies ante la urbanización del mundo, todos demandando tecnologías de la “revolución verde” que comporta la aplicación de agroquímicos importados, abandonando la otrora diversidad que nos prodiga la naturaleza tropical.

Productos como el gandul, chachafruto, cidra, frijoles petaco, cachetón y vida (y miles de especies más) con buenos contenidos de proteína, pululaban en nuestros campos de manera silvestre dando cuenta de la buena y abundante alimentación de nuestras abundantes y numerosas familias, acompañados los platos de la aguapanela y el aguacate de solares y huertas.

Ahora que empiezan las campañas hacia la definición de los poderes locales y regionales, y dada la preocupación que debe asistir a quienes aspiran a esas posiciones, sobre el hambre que padecen más de la mitad de los colombianos manifestado en los discursos presidenciales, es hora de pasar de este a los hechos ciertos de las soluciones concretas de esa inhumana circunstancia. Si verdaderamente nos preocupa la hambruna y la carencia de proteína animal de buena calidad de nuestras gentes, se hace urgente plantear estos temas como proyecto de vida en el entendido de que no es con subsidios monetarios que vamos a abordar las soluciones a esta problemática.

martes, 31 de enero de 2023

De cara al porvenir: ¿Y de la demografía qué?

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Uno de los acontecimientos más importantes e impactantes que dejó el 2022 y que pasó casi que inadvertido para todos, es que se llegó al nacimiento del habitante 8.000.000.000 (ocho mil millones) en este congestionado, pobre, inequitativo e injusto planeta.

De manera casi que premonitoria para algunos, el nombre que le colocaron a la criatura fue Damián, sí, Damián, como el personaje central de la exitosa serie de La Profecía, lo cual nos puede llevar a un esquema de pensamiento cabalístico, especulativo y conspirativo.

Siendo respetuoso con las posturas religiosas y legales que no están de acuerdo con el tema de la planificación demográfica, es innegable que esta variable se ha convertido en un vector generador de muchos problemas en algunos lugares del planeta, no permitiendo el desarrollo de una vida digna para millones de personas en el mundo.

Pensemos en el aire, el agua, el espacio, la comida, la educación, la atención sanitaria, la vivienda y las posibilidades de trabajo que mínimamente requiere un humano para vivir con algún nivel de dignidad.

Para peor, el contexto actual no muestra ni los mejores síntomas ni las apropiadas condiciones de mejora, con un cambio climático inocultable y de manifestaciones crecientes, con modelos políticos y económicos agotados, con una pobreza y una iniquidad que sobrepasan las previsiones de los más pesimistas, con relatos, como dicen los analistas, que no son capaces de soportar las explicaciones básicas o mínimas de lo que está aconteciendo y mucho menos de generar propuestas para reorientar el rumbo.

Estamos en un cambio de época donde los avances tecnológicos abren enormes posibilidades, no necesariamente para todos, pero donde las peores condiciones que tenemos como especie salen a flote y no nos permiten salir del pantanero en el que estamos. Egoísmos extremos de personas, instituciones y Estados nos mantienen al borde del abismo y donde cualquier acción premeditada o accidental puede desembocar en conflictos que pueden ser simples escaramuzas o simplemente el inicio del Armagedón.

Consumismos impulsados culturalmente nos llevan a la extracción extrema de los recursos naturales y a la explotación del humano con sus lamentables e inevitables consecuencias.

La no sincronización de los ritmos entre los avances tecnológicos, la capacidad de respuesta desde la política, el endemoniado y frenético acontecer económico y la lenta capacidad de asimilación y cambio desde lo cultural y lo educativo, hacen improbable que podamos encontrar respuestas inteligentes, oportunas y pertinentes para enfrentar la situación en el corto plazo.

Pero también, la esperanza en que el espíritu humano sea capaz de levantarse y rescatar a la humanidad a través de los humanos, hombres y mujeres que sean capaces de sobreponerse a sus intereses individuales y coloquen de nuevo en el centro de todo análisis, de toda consideración y de toda especulación al hombre, nos permitiría pensar en una nueva posibilidad y oportunidad de emprender un nuevo Renacimiento.

domingo, 26 de junio de 2022

La esperanza está viva

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo

En las elecciones presidenciales se impuso un mandato a la unidad, a la austeridad, a la lucha contra el abuso y la corrupción, en la búsqueda permanente del bien común, del interés general, dentro de un ambiente de polarización extrema y de un 50% de desconfianza en el nuevo gobierno definido democráticamente; la incertidumbre está presente y la esperanza está viva, la invitación de Petro al diálogo, ha sido escuchada por casi todos los colombianos de los diferentes partidos y movimientos, inclusive por el Centro Democrático, o mejor, por Álvaro Uribe, su máximo líder y opositor, quien en un acto de grandeza y en contra de muchos de sus más cercanos seguidores, aceptó la invitación a un diálogo encaminado a encontrar los puntos en que pueden estar de acuerdo y la forma en que podrían sacarlos adelante.

Yo diría que el tema principal gira en torno al dinero requerido para solucionar el problema más urgente, el hambre. Ese dinero en mi humilde opinión y en la de muchos colombianos está fácil de conseguir rápidamente, a través de una gran cruzada por la austeridad en el gasto irracional y desmedido en los gobiernos nacional, departamentales y municipales de las tres ramas del poder público y de los organismos de vigilancia y control; el gran pacto por la austeridad.

Yo estoy seguro de que este necesario actuar, inmediato, permitiría ubicar los recursos para alimentar esos veinte millones de colombianos, se recuperaría en muy buena parte la confianza en las instituciones y en sus funcionarios, mientras se definen y tramitan las reformas requeridas por el país, donde todos tendremos que ceder para evitar desgastes, incremento en la desconfianza y en la polarización.

En el cruce de Twitters entre Petro y Uribe, yo le doy mucho valor a los términos: el mismo país y un país común, ahí ya hay una identificación que permite iniciar el diálogo, que repito con un pacto de austeridad total, permitirá los recursos para satisfacer la primera necesidad de nosotros los humanos: el hambre.

Los demás temas vendrán por añadidura, concertados y alimentados por la sabiduría de nuestros líderes, que ya tienen la lectura exacta que busque conciliar lo que queremos los colombianos, unirnos dentro de las diferencias para poder salir adelante.

Démonos la oportunidad, depongamos las agresiones, las desconfianzas, el proceso de recuperación económica va por buen camino según los indicadores, hay que frenar la salida de capitales, hay que formalizar la economía, hay que generar muchas oportunidades de empleo, educación, salud, etc. Para lograrlo hay que quitarles el hambre a los que lo están padeciéndolo, la plata está en la racionalización del gasto público, cojan los presupuestos, estúdienlos, retiren todo lo superfluo, lo innecesario, lo que solo satisface intereses personales y pásenlo urgentemente para alimentación sería, responsable y de buena calidad para nuestros niños, nuestros jóvenes y nuestros adultos mayores.

Llenémonos de optimismo, nuestro señor Jesucristo no nos desampara; si todos mejoramos nuestro comportamiento, saldremos adelante. La unión hace la fuerza. La esperanza está viva, no la matemos.

martes, 22 de marzo de 2022

De cara al porvenir: sucesos

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Martin Wolf sostiene que “Los humanos hemos sido capaces de construir un mundo global, pero gobernado por tribus”.

Nada más serio, más cierto, ni más contundente. Parece mentira –y sé que parece ingenuo– que ni los países poderosos ni las organizaciones multilaterales de todo tipo, sociales, políticas, económicas, tecnológicas, financieras, militares, no hayan sido capaces o no hayan querido construir un mundo equitativo y justo, objetivos para los cuales, entre otras curiosidades, fueron fundadas, lo cual se demuestra en el incremento de la pobreza, la concentración desmedida de la riqueza y la iniquidad, la pobreza y la  injusticia rampantes a lo largo y ancho del planeta.

Paralelamente la anunciada mentalidad cosmopolita y el hablar de “la casa común” suena bonito, pero seguimos trabajando en medio de una institucionalidad anacrónica que no fue creada con esa perspectiva.

El ejemplo rampante y triste lo vimos y lo vivimos con la pandemia y el papel de la Organización Mundial de la Salud –OMS–, sometida al aporte de presupuesto por parte de los países ricos que tienen sus propias agendas.

Nos consolamos con la formulación y el anuncio rimbombante, primero, de los incumplidos “Objetivos del Milenio” y luego, con los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”, que hoy nos sirven de guía, lo cual es innegable, pero que no hemos sido capaces de cumplir, por la falta de voluntad de los responsables, que son todos los Estados del mundo.

Hoy tenemos un poco más de dos docenas de conflictos militares en el planeta, aun cuando quien se lleva los titulares de prensa en estos momentos es el tema ucraniano.

No es fácil coexistir y tratar de vivir en relativa calma… ¡La paz es una quimera!

El concepto de víctimas, victimarios y salvadores son temas de discusión y los grandes poderes y los medios de comunicación como instrumentos del poder, califican y definen quien asume el papel de cada concepto, es decir, quién es el bueno y quién es el malo.

Es por eso necesario conocer la historia para medio poder contextualizar los acontecimientos y las decisiones asociadas, en el entendido de que todos tenemos intereses y algunos tienen la capacidad militar de tratar de alcanzarlos por la fuerza.

Resulta más que significativo y diciente el reconocer que en este gobierno, han sido liquidadas 13 EPS y que existen cerca de 20 que podrían ser liquidadas en 2022. Esto es una muestra inequívoca que algo no funciona como debe funcionar en el sistema de salud colombiano, sin dejar de reconocer que ha habido algunos avances.

Los recientes resultados electorales invitan a desarmar los espíritus, bajarle el tono a la emotividad, y guardar y propiciar el respeto debido entre contendores y entre seguidores.

Son de mal gusto la mayoría de los mensajes que circulan al respecto en las diferentes redes sociales. Hay personas que se ocultan detrás de estas herramientas tecnológicas para sembrar incertidumbre, permaneciendo en un cobarde anonimato.

Alguno de los candidatos será elegido como presidente, y si se cumplen los procedimientos legalmente establecidos, en términos democráticos, será nuestro presidente, el presidente de todos los colombianos, electo de manera legal y ojalá legítima.

No hay que generar heridas ni reabrir aquellas que algunos guardan como sus “muy queridos y antiguos odios”.

Exijamos propuestas serias y alcanzables y no toleremos posturas de corrupción.

Colombia se merece lo mejor, los colombianos tenemos el derecho a alcanzar el desarrollo y el bienestar en medio de un pleno ejercicio de los postulados democráticos.

NOTA: No sé cuál debería ser el procedimiento legal para establecer el cómo asegurar que personas con problemas judiciales, incluido su círculo más cercano, no puedan presentarse como candidatos a ningún tipo de elección popular, ni ser nombrados para ocupar cualquier cargo público.No hacerlo es cohonestar con la corrupción.

lunes, 21 de marzo de 2022

Los asuntos que preocupan

Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

Tuve el inmenso privilegio y la enriquecedora oportunidad de haber sido candidato al Senado en los comicios del pasado 13 de marzo. Quizás las líneas que siguen, al mismo tiempo que dejan entrever una reflexión personal alrededor de mis acciones y omisiones, también me sirven de catarsis ante el desfavorable resultado que obtuve. Mi participación en la campaña y en la contienda, me permitieron cambiar mi perspectiva.  Trato de hilvanar estas palabras más desde la no autorizada sugerencia que desde la crítica.

Ahora que estamos cerca de las elecciones del próximo presidente de Colombia, mi percepción es de una casi total asincronía o desconexión entre los asuntos que de verdad preocupan diariamente a la gente y lo que los candidatos a la Presidencia creen que necesita el país. Esa asincronía o desconexión es una de las causas, no la única, de la apatía y el rechazo generalizados por la política.

De acuerdo con las últimas encuestas o sondeos de opinión, lo que he escuchado en las calles y caminos, y mi percepción de la realidad, los principales asuntos del país que preocupan a los colombianos son:

* Su situación económica (prioritariamente comida, vestido, vivienda)

* La corrupción

* La inseguridad

* El desempleo y su pensión

* Su salud

* Su educación y la de sus hijos

* El medio ambiente

* Su transporte

* Los impuestos que tiene que pagar

* La justicia

Los candidatos debieran estar ocupándose prioritariamente de todos estos asuntos.

Al examinar sus campañas, sus propuestas, sus intervenciones, sus alocuciones, sus debates, pareciera concluirse que hubiera dos países distintos, uno el país real, el de la gente, y otro el país político, el de los candidatos.

Si bien el líder debe anticiparse, marcar el rumbo, el camino, lo cierto es que la autoridad se consigue es a partir del conocimiento de las necesidades de sus seguidores y de las soluciones que implemente. Todos buscan poder, pocos ganan autoridad.

Cada una de estas preocupaciones bien merece y requiere un análisis profundo.

Necesitamos propuestas concretas, claras, sencillas y por sobre todo realizables, para abordar todas estas preocupaciones reales, permanentes y angustiantes de nuestra gente.

En el mejor de los casos, las iniciativas de los candidatos apuntan es hacia la construcción del modelo de Estado y gobierno que ellos y/o sus asesores estiman que es el mejor para el país. No necesariamente van dirigidas a subsanar las múltiples falencias que aquejan a nuestra población. Y, lo que es peor, muchas veces llevan oculto o soterrado un interés particular del candidato.

Además de esta muy desafortunada asincronía o desconexión, considero que los candidatos tienen serios problemas con el lenguaje que utilizan. Su discurso está dirigido a una élite profesional, académica, social. No logran llegarle a la gente, ni hacerse entender.

A veces creen que ganan más adeptos mientras más hablen y sus alocuciones se tornan en unas peroratas o retahílas interminables, que ni se comprenden, ni se asimilan. Muchos sufren de vanilocuencia, esa verbosidad inútil e insustancial (hablan mucho y no dicen nada).

Son expertos en contestar evadiendo responder, utilizan sofismas de distracción por doquier. No abordan los temas que les preguntan y se refieren a otros diferentes.

Se extienden en auto alabarse, mejor dicho, todo lo que han hecho ha sido una maravilla, y se desprestigian unos a otros, olvidando que no se es buen candidato porque el otro sea malo.

Para mal de todos, existe el riesgo de que, en ese forcejeo y malabarismo del lenguaje entre los diferentes candidatos, resulte ganador aquel que misteriosamente le llega más a la gente, aunque ni le hayan entendido ni recuerdan lo que dijo, y voten llevados por una falsa ilusión o un pasajero beneficio.

Por favor señores candidatos, vamos a las cosas, no nos embolaten. Los colombianos sin distingos de ninguna clase necesitamos que los dirigentes se ocupen de nuestros problemas y nos planteen verdaderas soluciones.

No nos hagan recordar aquel dicho popular: si así son de novios, ¿cómo serán de esposos?

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domingo, 29 de marzo de 2020

El nuevo contrato social del equilibrio y la solidaridad


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Definitivamente el equilibrio y la solidaridad son la solución. Una sociedad, tan desequilibrada, tan insolidaria, no puede prosperar, ni subsistir, ni sobrevivir, ni soportar, y menos, hacerle frente al sin número de problemas que la aquejan a nivel mundial (pandemias, guerras, desastres naturales, hambre, desempleo, informalidad, drogas, alcohol y todo tipo de adicciones, etcétera).

Debemos partir de la satisfacción de las necesidades básicas insatisfechas, superemos el hambre y la salud, que hoy, con la pandemia, requieren de todos los recursos disponibles; de no poderlo hacer, la guerra por la comida saturará aún más los servicios insuficientes de salud y los muertos, los servicios funerarios.

Estados Unidos y Arabia Saudita, tienen que buscar un arreglo equilibrado, con Rusia y China, y a la inversa, ambos tienen que ceder, no pueden seguir destruyendo las economías y los empleos del mundo, tienen que compartir sus riquezas y ser más solidarios, de no ser así, esto se les va a devolver, ya está declarada la recesión mundial.

El mundo necesita urgente comida, pruebas que detecten con certeza y oportunidad los virus, servicios médicos y hospitalarios para manejar los aislamientos de los infectados, drogas y vacunas para su recuperación y mucha capacitación y elementos (tapabocas, desinfectantes, guantes, etcétera) que permitan comportamientos sociales que impidan el contagio, sin paralizar las actividades productivas de bienes y servicios, que eviten la quiebra, por parálisis, de las grandes, medianas y pequeñas empresas, públicas, privadas y mixtas.

El esfuerzo que tenemos que hacer todos para cambiar las costumbres de saludar, de toser, estornudar y escupir, de lavarnos las manos, de desinfectar y desinfectarnos, de hacer fila, de auto cuidarnos para cuidar a los demás, de respetar para que nos respeten, de ceder el turno, el puesto, la silla, en fin, de comportarnos como nuestro Señor Jesucristo nos enseñó, tiene que ser un compromiso solidario, donde con mucho equilibrio y tranquilidad, nos podamos exigir su cumplimiento, los unos a los otros y los otros a los unos.

Llegó el momento en que no deben existir salarios superiores a los $15.000.000 mensuales, ni en el sector público, ni en el privado; que arranquen con el ejemplo nuestros congresistas, para que en su primera sesión virtual se disminuyan el sueldo y en las grandes y medianas empresas en sus primeras asambleas y juntas virtuales, acuerden la disminución.

Las altas cortes, que siguen creciendo en número de cortes y magistrados, deben sin dilaciones ni disculpas, ajustar sus salarios al máximo permitido de $15.000.000.

Las cámaras de comercio, las entidades gremiales y las cajas de compensación familiar, también quedarían sujetas a este máximo salarial.

Ya nos están dando ejemplo los grandes talentos y clubes deportivos del mundo, donde sus deportistas y ejecutivos, ya se bajaron el sueldo, para garantizar el de los que ganan menos y la supervivencia propia y de sus clubes deportivos de las diferentes especialidades.

Todas las entidades públicas y privadas, que sobrevivan a la crisis y desde este preciso instante deben entrar en austeridad total y absoluta; se deben acabar los carros de representación, los esquemas de seguridad innecesarios, los viajes en primera clase, etcétera, con el dinero de los contribuyentes, de los accionistas y de sus clientes.

Hay que frenar el crecimiento desmesurado del Estado, en sectores no prioritarios, replantear los planes de inversión, de desarrollo, los flujos de caja y por ende los presupuestos.

Increíble que ya están producidos el alcohol, los ventiladores, las máscaras, etcétera, y las autoridades de salud del gobierno, no han sido capaces de priorizar las licencias correspondientes.

Queda demostrado que todas las reuniones se pueden hacer virtualmente y creo que los únicos que ni eso han podido son nuestros congresistas. Queda demostrado que son muchas las actividades que responsablemente se pueden realizar desde los hogares, virtualmente, hasta el estudio virtual.

Queda demostrado que las actividades de las cadenas alimentaria y de salud, entre otras, requieren de mucho personal expuesto en las calles, obligados a costumbres de auto cuidado extremo, para protegerse y proteger a los demás.

Lo anterior exige diferentes regímenes laborales, más justos y adecuados a la satisfacción de las necesidades básicas y al interés general.

Lo mejor, se acabó el espacio para los polarizadores de extrema derecha y extrema izquierda; afortunadamente, están entretenidos en estas vacaciones obligadas y pagadas.

Esperemos que nuestro comportamiento permita que el temporal pase pronto y llegue la calma, con todos los cambios que necesitamos, para que el equilibro y la solidaridad, se impongan.

Pongámonos en las manos de nuestro Señor Jesucristo.