Mostrando las entradas con la etiqueta Populismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Populismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de mayo de 2026

Que queriendo ser libres no nos convirtamos en esclavos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Quedan cuatro semanas para convencer al gran electorado indeciso de salir a votar por su libertad. Dejen ya esa inconducente peleadera entre demócratas. En nuestras manos está el futuro de toda una nación. El verdadero enemigo de Colombia es la maldita cocaína asociada al sanguinario comunismo terrorista.

El concepto de legalidad no puede seguir siendo relativo, ni estar secuestrado por el resentimiento y el odio progresista que pregona el Estatismo. Las envidias y las ambiciones de poder nublan la conciencia. Exijamos a los candidatos obrar con grandeza de estadistas, no como indolentes politiqueros populistas. Dejen ya de escuchar lambones de ocasión y asesores mercenarios, acudan a la sensatez y demuestren que son dignos de liderar una nación sufrida y aguantadora.

Demuestren que tienen la grandeza necesaria para conducir un país en el peor momento de su historia, cuando más se necesita unida la nación en búsqueda de un propósito común, y no en favor de un símbolo o una persona. Eviten que se pierdan el Estado de derecho y la democracia.

Escuchemos al pueblo que gritó fuera Petro y ahora pide libertad y unidad democrática. Sean serios que son candidaturas presidenciales de un gran país que demanda sensatez. Sean leales con Uribe que a todos les dio la oportunidad de llegar a donde están. Si siguen peleando como niños entre un carro, van a distraer al conductor, se va a salir del camino y muere la libertad de toda la familia colombiana. Si no formamos el mejor equipo para salvar la democracia y las campañas no cautivan electores, ya están los criminales disfrazados de ovejas, prestos a comerse vivo a quien sea que llegue a segunda vuelta vestido de caperucita.

Dejen ya la rebatiña todos los politiqueros que apoyan ambas campañas y concéntrense en darle confianza a la gran mayoría de 42 millones de personas habilitadas para votar; recuerden que en marzo solo votó el 19 %, y que el 70 % de los votos está en los estratos 2 y 3, y es esa mayoría la que debe salir a salvar su libertad y a demostrarle al mundo que seguiremos siendo una democracia.

Dejen ya señores, dueños de los medios y comunicadores su diablura, paren de atizar peleas innecesarias que este no es el momento. Dejen ya señores asesores y estrategas, gerentes y lambones de ocasión de hacerle daño a este país, tengan un poco de respeto por lo que está en juego que es el destino de la nación. Dejen ya atados a los sabuesos perdedores y a los inútiles que buscando colocas se arriman a echarle gasolina a una candela que incendie toda una nación.

El enemigo por vencer es la violenta y sanguinaria alianza narcocomunista entre ilegales empoderados políticamente. Y por eso, hoy más que nunca, un país que quisiera poder creer que hay esperanza, necesita que se unan los trabajadores y los empresarios con esa seguridad y la confianza que Uribe le ha representado al pueblo colombiano que hoy está asustado e indeciso.

No descarten a Uribe, aquí no se vale la gratitud de ocasión, pues gústele o no a quien sea, él tiene la experiencia y la virtud del corazón grande del líder leal a unos valores y principios democráticos que fue capaz de darle confianza y seguridad a la nación, y la mano firme que representan su autoridad moral por ser insobornable y tener la voluntad de hierro consistente de servir a la patria, en un mundo donde eso poco se despacha.

Sean sensatos señores de las candidaturas de la democracia, no incendien su propio país, pónganse de acuerdo, salven la libertad de los colombianos, no condenen un pueblo a la miseria esclavizante del narcocomunismo, dejen de lado los egos, la soberbia y la ambición, y verán que el pueblo los lleva a una victoria por el bien de todos los colombianos.

Se es amo de sí mismo, cuando se tiene conocimiento y virtud, y es esclavo aquel que está subordinado a sus pasiones, miedos y deseos. Es el momento de demostrar que los colombianos somos libres porque nuestra mente no está subordinada a nada ni a nadie.

viernes, 6 de febrero de 2026

De villanos, ladrones e indefensos ante la sorda cobardía institucional

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

“La honorabilidad del Estado no reposa en las leyes, sino en quienes las hacen cumplir, cuando fallan las personas a cargo, falla el sistema”. Lo dice el erudito jurisconsulto doctor Mauricio Gaona al dar la alarma sobre la emergencia institucional propia de un vacío de responsabilidad de quienes tienen a cargo la custodia constitucional.

Advierte que la siniestra secuencia del populismo que llega al poder, se transforma en autocracia y luego consolida el cambio de modelo a una dictadura constitucional por medio de una asamblea constituyente, aduciendo que hay que cambiar la constitución porque permite la oposición política, o porque el orden público está alterado; claro, a causa de su alcahuetería con la criminalidad.

Dice Gaona: “Es el carácter de quienes lideran las instituciones, gremios y asociaciones, lo que sostiene el sistema democrático”. La voluntad general debe ser la suma de las voluntades individuales de hacer lo debido. Entonces la misión de los directivos es impedir que el ejercicio político utilice la degeneración de la democracia en autocracia como herramienta para que continúen en el Gobierno falsos defensores de los derechos humanos afines a las organizaciones criminales.

Ya tuvimos con Santos el primer cambio ilegítimo de la Carta disfrazado de proceso de paz, ignorando el mandato del constituyente primario, otorgándole impunidad y derechos políticos a los criminales de lesa humanidad bajo la noción de “conflicto armado” que da paso al “estatus de beligerancia”, al “derecho de rebelión” y a la “conexidad de delitos” cuando se aduce que se comenten por razones ideológicas.

Lo más grave es la caída cíclica de la autoridad moral y ética de quienes deben tomar las decisiones viendo que se quiere alterar conceptualmente la ley cuando se rompen los preceptos que constituyen los límites normativos dentro de los cuales debe funcionar un Estado, usando la ficción de que el poder popular está representado por una figura presidencial, que se excede de manera abierta e ignora el principio de la legitimidad de la función pública.

El populismo acomoda la historia alterando la responsabilidad ideológica de las acciones subversivas en el tiempo mediante la manipulación de la narrativa para validar que caiga el sistema constitucional, dejando a la nación expuesta a la desesperación de la fuerza por no haber sido capaz de defender la libertad y el orden como esencia del pacto social.

Las salvaguardias de la democracia son la supremacía constitucional y la separación e independencia de poderes evitando la interdependencia política entre los mismos. Cuando la Constitución se acomoda a la voluntad de un presidente: un país está bajo una dictadura, se pierden las libertades, el orden y el respeto a la ley.

Lo que está pasando es que vamos a una forma totalitaria de manera diferente a lo que fueron las dictaduras militares del siglo XX; hoy se instaura una dictadura poniendo la ley al servicio de la política, y no está al servicio de la ley, lo que arruina los sistemas de control de la democracia.

Estamos a punto de que se reemplace lo que queda de nuestro ordenamiento constitucional y se consolide en las narices de la sordera de los partidos, los gremios y de los que viven de las rentas y la burocracia estatal. El sistema del SSXXI: un modelo cleptocrático, narco-comunista violador de derechos humanos.

Vivimos en la era del conocimiento digital y hemos tenido un país laborioso con gran capital humano y profesional, pero estamos gobernados por mentes análogas, sordas, retrógradas, mediocres, incapaces, retorcidas y dañinas.

Estamos al borde de ser un Estado fallido, de entrar a una cesación de pagos y, en estas elecciones, podemos terminar sin gobernabilidad cuando hay formas legales para cambiar al presidente que es el problema y no a la constitución.

Somos uno de los grandes productores de vicio del mundo y tenemos que orientar la formación de políticas públicas a erradicar la producción ilícita de minerales, cocaína y el narcotráfico, repatriar, retener y capacitar el capital humano, proteger el agua, el sistema andino - amazónico e incentivar los medios de producción lícitos para poder salir de ese círculo perverso de la droga que solo crea ilegalidad, violencia y capitales ilícitos que corrompen el derecho constitucional.

Si consigue estar bien administrada, por muchas razones Colombia es uno de los países de ingreso medio con mayor futuro en lo que queda del siglo. Cuidemos en esta elección las libertades, pues los países sin empresas privadas entran de cabeza al caos, la degradación y la miseria, no pueden funcionar ni crecer, y por eso la gente se tiene que ir a otras naciones que ofrecen oportunidades.

martes, 16 de diciembre de 2025

De cara al porvenir: el populismo

Pedro Juan Gonzalez Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

El populismo es una forma de política que se centra en la relación directa entre el líder y el pueblo, enfatizando la lucha contra la corrupción y la injusticia social. A continuación, se presentan las ventajas y desventajas del Populismo, así como sus diferencias con otras propuestas políticas.

Ventajas del Populismo

Empoderamiento del pueblo: el populismo puede dar voz y poder a las personas que se sienten marginadas o ignoradas por las élites políticas tradicionales.

Lucha contra la corrupción: el populismo puede desafiar las estructuras de poder arraigadas y promover una mayor transparencia y rendición de cuentas en el gobierno.

Promoción de la justicia social: los líderes populistas pueden implementar políticas que beneficien a los sectores más vulnerables de la sociedad, como la reforma agraria, la nacionalización de industrias clave y programas de bienestar social.

Desventajas del populismo

Concentración de poder: el populismo puede llevar a la concentración de poder en manos del líder, lo que puede socavar las instituciones democráticas y limitar los derechos y libertades de los ciudadanos.

Polarización y división: el populismo puede promover la polarización y la división en la sociedad, lo que puede dificultar la búsqueda de soluciones políticas constructivas.

Tendencias autoritarias: los líderes populistas pueden exhibir tendencias autoritarias, como el desprecio por el estado de derecho, los ataques a la libertad de prensa y el rechazo al compromiso y la negociación políticos.

Diferencias con otras propuestas políticas

Democracia representativa: el populismo se diferencia de la democracia representativa en que enfatiza la relación directa entre el líder y el pueblo, mientras que la democracia representativa se basa en la intermediación de partidos políticos y estructuras burocráticas.

Nacionalismo: el populismo se centra en la lucha por la justicia social y la redistribución de la riqueza, mientras que el nacionalismo se enfoca en la construcción de una identidad nacional y la defensa de la soberanía.

Socialismo: el populismo puede compartir algunas características con el socialismo, como la promoción de la justicia social y la redistribución de la riqueza, pero se diferencia en su enfoque en la relación directa entre el líder y el pueblo.

Instrumentación de un gobierno populista

Relación directa con el pueblo: un gobierno populista se caracteriza por la relación directa entre el líder y el pueblo, sin intermediarios.

Políticas de justicia social: un gobierno populista puede implementar políticas que beneficien a los sectores más vulnerables de la sociedad, como la reforma agraria, la nacionalización de industrias clave y programas de bienestar social.

Deslegitimación de la élite política y económica: un gobierno populista puede buscar deslegitimar a la élite política y económica tradicional, promoviendo una mayor transparencia y rendición de cuentas en el gobierno.

El populismo ha sido un tema de debate en la política contemporánea, y su impacto en la crisis de la democracia es complejo y multifacético. A continuación, se presentan algunos de los aportes del populismo a la crisis de la democracia:

Aportes positivos

1. Dar voz a los marginados: el populismo puede dar voz a los sectores de la sociedad que se sienten marginados o ignorados por las élites políticas tradicionales.

2. Promover la participación ciudadana: el populismo puede promover la participación ciudadana y la movilización política, lo que puede ayudar a fortalecer la democracia.

3. Cuestionar las estructuras de poder: el populismo puede cuestionar las estructuras de poder arraigadas y promover una mayor transparencia y rendición de cuentas en el gobierno.

Aportes negativos

1. Polarización y división: el populismo puede promover la polarización y la división en la sociedad, lo que puede dificultar la búsqueda de soluciones políticas constructivas.

2. Erosión de las instituciones democráticas: el populismo puede erosionar las instituciones democráticas y limitar los derechos y libertades de los ciudadanos.

3. Tendencias autoritarias: los líderes populistas pueden exhibir tendencias autoritarias, como el desprecio por el Estado de derecho, los ataques a la libertad de prensa y el rechazo al compromiso y la negociación políticos.

El populismo ha tenido un impacto significativo en la crisis de la democracia, y su influencia puede ser tanto positiva como negativa. Es importante considerar cuidadosamente los aportes del populismo a la crisis de la democracia para entender mejor sus implicaciones y buscar soluciones efectivas.

Entre sus principales representantes están Juan Domingo Perón, Hugo Chávez, Rafael Correa, Donald Trump, Marine Le Pen, Viktor Orbán, Getulio Vargas, Lázaro Cárdenas, Silvio Berlusconi.

Recordemos a H.L. Moncker cuando precisa: “Un demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas, a personas que sabe que son idiotas”.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

La Crónica: Petro y el refranero popular

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

En Colombia, el humor popular no es solo una forma de reírse de la vida: es una herramienta de análisis social. Las frases que usamos para describir lo absurdo, lo exagerado o lo frustrante tienen una capacidad única para capturar el sentir colectivo. Y si hay un personaje hecho a la medida de estas expresiones, ese es Gustavo Petro.

Desde que llegó a la Presidencia se ha convertido en el protagonista de una narrativa que mezcla política, redes sociales y calle. Su estilo de gobierno, sus discursos y hasta sus silencios han sido interpretados por el colombiano común con una creatividad lingüística que no tiene nada que envidiarles a los analistas políticos.

Cuando el presidente afirmó que los pobres no usan gasolina, la congresista Lina María Garrido respondió con una frase que ya es parte del folclor: “las motos se tanquean con babas”. Una forma directa de señalar la desconexión entre el discurso oficial y la realidad de millones.

La imagen de Petro como hombre humilde ha sido parte central de su narrativa. Pero en el imaginario popular, esa historia se transforma en frases como tan pobre que cuando pasa el camión de la basura le deja una factura”. El humor, aquí, no solo entretiene, cuestiona. Y surge una pregunta: ¿con hijos viviendo en París y la esposa en Italia no es oligarca?

Su gestión en temas como la reforma a la salud o el manejo económico ha dejado a muchos confundidos. Y nada lo resume mejor que “más perdido que piojo en peluca”. Sus discursos, cargados de referencias históricas y giros inesperados, hacen que más de uno se pregunte dónde está el GPS ideológico del Gobierno.

Petro es incansable en redes sociales, pero su ritmo de ejecución ha sido blanco de críticas. Soy experto fingiendo que la opinión de los demás me importa, revela una percepción de supuesto esfuerzo sin resultados concretos y cómo desoír sugerencias de todo tipo.

En su gabinete, los cambios constantes y las contradicciones son el pan de cada día. “Está más embolatado que aguacate en ceviche”, es la forma en que el colombiano resume esa sensación de caos administrativo.

Los escándalos que han salpicado su entorno político también tienen su frase: “tan salado que se le ahoga el pez en la pecera”.

Sus alocuciones interminables, muchas veces sin acciones que las respalden, se describen con precisión callejera: “echa más carreta que vendedor de Herbalife”.

Incluso sus momentos más desconcertantes, como los trinos incoherentes tras atender una agenda privada reciben su dosis de sarcasmo: “más ordinario que submarino con gotera”.

Este refranero popular no es solo una colección de frases graciosas. Es una radiografía del sentir nacional. Petro, como figura que polariza se convierte en el espejo que proyecta las frustraciones, esperanzas y sarcasmos. Acá, hasta la política tiene sabor a chiste callejero.

El Rincón de Dios

"Por favor, Job, explícame esto, tú que eres tan viejo y sabio".

lunes, 21 de octubre de 2024

El poder en manos del ilegítimo

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

¿Presenciamos el primer enjuiciamiento revolucionario en Colombia?

Justo cuando la era del conocimiento y la convergencia digital le ofrecen a la humanidad más oportunidades de transformación efectiva, aquí seguimos con la maña de convertir todo lo ilegal en legal, y nos alineamos con las naciones parias en un mundo polarizado por una lucha acrecentada entre el bien y el mal; donde el mal está armado, es violento y se apalanca en el narcotráfico y el terrorismo, y la mayoría de los líderes que se deben al bien, están atrapados entre inoficiosas divagaciones ideológicas de izquierda y derecha, la cobardía de un discurso políticamente correcto e intereses individualistas e inmediatistas.

Los países se desarrollan cuando las naciones se educan y trabajan, no subsidiando el facilismo y la violencia. La civilización occidental parece haber relajado sus resortes éticos, morales e institucionales ante ideologías oscuras, falaces y lisonjeras como la imposición disfrazada y predominante de un progresismo globalista, impulsado por el multilateralismo y apuntalado en la imposición de las agendas minoritarias a la gran mayoría, por medio de cambios constitucionales o acciones de facto de los gobiernos de los países que abrazan los lineamientos del socialismo del siglo XXI y que esclavizan sus pueblos sumiéndolos en la miseria de sus debilitadas democracias.

Bajo la dialéctica de culpar a los demás del mal proceder propio, la regla es que los pájaros “matan” las escopetas, que pagan justos por pecadores, que el caos y los escándalos de corrupción son el circo y el pan de cada día, que las dictaduras regionales posando de democracias, le avientan al pueblo por medio de la dialéctica demagógica populista, desde el balcón mediático de los engaños.

Siempre existieron alianzas oscuras y poco notorias entre la política y un crimen organizado que era mucho más incipiente; no las excuso, pues nos llevaron a donde estamos. Pero la ley contaba con la fuerza coercitiva de la justicia y eran condenados social, política y penalmente la gran mayoría de los descarrilamientos, con excepciones de conveniencia.

En el caso colombiano, sin desconocer los injustificables errores y las injusticias del pasado propios de otras circunstancias, a fuerza del trabajo y honradez de las mayorías se vieron superadas muchas equivocaciones políticas con los niveles de desarrollo alcanzados, por una estabilidad democrática inquebrantable, una clase media creciente y un manejo ortodoxo de la economía, que hoy lamentablemente no existen.

Santos institucionalizó la ilegalidad, cuando le abrió la puerta de la cocina a todo el crimen organizado narcoterrorista disfrazado de progresismo y salió a echarle la culpa de todo, a quien lo llevó al poder confirmando aquello de que, “mal le paga el diablo a quien bien le sirve”.

Tan perversa, como el mote de “Uribe paraco” a quien encarceló un paramilitarismo que hoy rebrota con el intercambio de sombreros vueltiaos, fue la santa estrategia propagandística de convertir a Uribe en el diablo, para así, entre hermanos, ñaños, siervos y gotereros, poder pecar.

El juicio a Uribe no es sólo a la persona de Álvaro Uribe. Es la forma de ajusticiar todo lo que él representa para para las democracias hemisféricas. Se trata del primer juicio revolucionario que se desarrolla en Colombia, y está libreteado desde lo más profundo y lo más oscuro que se ha infiltrado en todas las ramas del poder del Estado.

Si desde la sociedad civil democrática y la institucionalidad privada no logramos defender todo aquello que ha significado Uribe en lo que va de este siglo, no hay la mínima posibilidad de una elección limpia, justa y equilibrada en 2026. Sobre eso no tengan duda, como no hay duda de que la elección del 2022 nos dejó un Gobierno ilegítimo, pero que, al correr la línea ética el progresismo lo pasó de ser un hecho doloso, al plano revolucionario que siempre ha desconocido la legitimidad del Estado, la Constitución y las leyes, y por tanto se ha sentido con derecho a la insurgencia con estatus de beligerancia y derecho de rebelión.

Esa insurgencia revolucionaria que hoy utiliza todas las formas violentas físicas y verbales es algo que opera desde adentro de todas las ramas del poder público. Como explica un gran constitucionalista: “Hoy se subvierte el Estado desde dentro”.

El apaciguamiento político es amoral por definición. Aquí las desmovilizaciones de terrorismo son de mentiras, está confirmado por el incremento de la inseguridad, la violencia y la degradación de la coercibilidad de la ley. Y gran parte de la directiva gremial del país lo suscribe con su ética averiada. Tan culpable es “el que peca por la paga como el que paga por pecar”, y no menos lo es el que empeña sus principios para llenar su propio costal.

Nacimos como una sociedad minera y si queremos transformarnos debemos aprovechar esa riqueza minero-energética; no es un tema ideológico es un asunto de tiempo y la pregunta es si lo continuamos haciendo ilegalmente y devastando el medioambiente, o nos ponemos el reto de hacerlo de forma tecnificada y con la debida mitigación, compensación e inversión social.

Bien saben los revolucionarios que las ciudades no viven sin el campo, que la fuga de capitales no puede llevarse la tierra ni los semovientes para otras geografías, y que los países no se transforman ni trascienden si no explotan debidamente sus recursos naturales, mientras la ciencia y la tecnología nos llevan producir con qué pagar el alto costo de ser una sociedad del conocimiento.

Por eso se están creando soberanías especiales dentro de la soberanía. Jurisdicciones especiales en paralelo a una justicia ideologizada por plata y permisiva con el delito. El desgobierno está generando injusticia, impunidad, caos y más desigualdades frente a la ley, amplificando aquello de que: “la ley es para los de ruana” e instaurando dos tipos de ciudadanía: la delincuencial de mejor derecho y las mayorías que pasaron a ser de menor derecho ante las causas minoritarias convertidas en banderas políticas multicolores.

Cada que, por acomodarnos a circunstancias coyunturales, caprichos vanagloriosos de un gobernante en negociaciones inertes con el narcoterrorismo o para generalizar una agenda minoritaria, dejamos de lado el Estado de Derecho, estamos sacrificando libertades democráticas en favor del engaño del libertinaje progresista aliado con la careta revolucionaria del narcoterrorismo, y le abrimos un hueco a la constitucionalidad que soporta el pacto social.

viernes, 10 de mayo de 2024

Al borde de la patria boba en plena era digital

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Lo dijo Mark Twain: “La verdad no tiene defensa contra un idiota decidido a creer una mentira”.

Hoy el mundo real se confunde con el mundo digital entreverados en la representación de una nueva verdad inventada. Y Colombia, agobiada por la violencia del narcoterrorismo en las regiones, está ad-portas de una desorganización civil y política, revolucionada por una total anarquía digital en la cual la verdad es mentira y la mentira parece ser verdad.

Estamos viviendo una implosión del Estado colombiano, de las garantías y libertades sociales, de la transparencia en la gestión pública y de los cimientos que sostienen la independencia de poderes.

Evitar que la realidad nacional se convierta en lo que se pretende con la farsa digital de la narrativa populista, es trabajo de todos, no de unos influenciadores, de un solo líder, ni de candidatos amañados desde el bazar de las firmas financiadas por los grandes contratistas.

Salvar a Colombia del despeñadero autocrático y la tiranía neo narco estalinista, depende de la unión de todos en una narrativa digital y boca a boca, positiva y llena de esperanza, acompañada de acciones reales que se impongan sobre el discurso del populismo, que diariamente nosotros mismos y el periodismo multiplicamos al sentirnos amenazados.

Desde el engaño al electorado del 2010 y el estupro del acuerdo de Cuba, que embutió corruptamente la impunidad a los crímenes de lesa humanidad en la Constitución y el Congreso, tenemos embolatada la noción de lo que es o no legal, pues nos inocularon todo lo ilegal bajo la noción propagandística narcoguerrillera de que el Estado, tal y como nos ha servido más de 200 años, es un conjunto institucional ilegítimo.

El presidente de una nación libre no puede ser un zombi mesiánico, “adanista”, un autista con complejo de rey sol que invoque en sus viajes psicodélicos su propia voluntad como si fuese la del pueblo.

Hoy el mundo entero ya sabe quiénes protagonizan la rebatiña multicolor por el botín del erario nacional, quién es el capitán de los corruptos, de los vagabundos, y de los violentos subsidiados con nuestros impuestos que lideraron las manifestaciones violentas que pretendían tumbar el Gobierno democrático en 2019 y 2021.

Hoy un presidente de gobierno no puede liderar un Estado acompañado de un narco-libretista y una caterva cleptócrata nombrada por él mismo, llena de delincuentes, de mentes torcidas, perversas, resentidas, envidiosas.

Hoy un jefe de Estado tiene al menos que medir el alcance, la responsabilidad y los impactos pecuniarios y reputacionales asociados a cada palabra enunciada antes de enarbolar en discursos populistas las brutalidades con las cuales, de manera enajenada, proclama una lucha personal contra la corrupción y un liderazgo popular inexistentes. Más aún cuando su propio círculo de poder está hasta auto implicado en gravísimos escándalos de descomposición y deshonestidad, que en cualquier otro país ya hubiesen generado una destitución o al menos una honrosa dimisión.

Un presidente “economista”, tiene la obligación de proteger y mantener de manera sostenible el riesgo país y el principal activo que tiene la nación; debería saber cómo operan los mercados y cómo se manejan los controles de una empresa que cotiza en bolsa como garantía al accionista y al inversor. Debería saber al menos que el dinero del grupo empresarial Ecopetrol es controlado por la SEC, y no se maneja en bolsas plásticas ni en maletas de viaje. Debería saber que sus inversiones son para mantener la seguridad energética de toda la nación y no para financiar el paramilitarismo.

Debería no confundir la economía lícita con la ilegal que alimenta los negocios de sus protegidos ideológicos, las FARC-EP, el ELN y demás organizaciones criminales que históricamente se roban el petróleo de los oleoductos para elaborar cocaína o para revenderlo en el mercado negro.

Hoy el Estado colombiano parece conducido por un espanto enajenado, que va recorriendo en sus alocuciones y discursos, uno a uno los sectores de la economía, destruyendo la confianza y el futuro de las empresas, sin siquiera razonar que es allí donde labora y jornalea el pueblo colombiano.

La construcción del futuro del país como están las cosas, con una confusión entre una izquierda democrática y la presencia hegemónica de grupos narcoterroristas armados en todas las regiones, no puede ser asunto de un candidato supersónico de un solo partido o movimiento o de una ideología, tiene que ser asunto de todos.

Colombia no necesita un líder estilo Supermán o Mujer Maravilla que en solitario sea capaz de solucionarnos todos los problemas, esa tarea solo se puede abordar en equipo cuando todos los aspirantes y los líderes de las diversas fuerzas sociales dejen de lado sus egos, angurrias y sus habilidosas y taimadas negociaciones clientelistas, y respalden a un equipo profesional con las personas más capaces del país, hecho a pulso con realizaciones propias y que pueda llegar al poder proponiendo las cosas que la gente necesita.

El país cansado de tanta verborrea destructiva, quiere escuchar planteamientos serios de los políticos en materia de salud, seguridad en toda la extensión de la acepción, ahorro e ingreso real, inversión para que la economía crezca y se genere empleo, saneamiento, manejo integrado de las aguas y la producción de energía competitiva, movilidad y soluciones de transporte, vías, aeropuertos, trenes de verdad y no imaginarios, producción minero-energética con la debida conservación de la forestas y mitigación  ambiental, y sobre todo, si vamos a tener una formación de cultura cívica y valores personales que nos permita ser una sociedad educada y no mafiosa, y potenciar, sin perder más tiempo, las infinitas posibilidades de formación de capital humano y atracción de inversión productiva, en un mundo globalizado en el cual podemos perfectamente ser uno de los países que sigan los modelos de las naciones que han dado un salto cuántico en materia de desarrollo, y no un mal remedo de las realidades de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

miércoles, 17 de mayo de 2023

El circo de los payasos y los feudos clientelistas

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Si queremos progresar bajo un modelo de verdadera democracia representativa, tenemos que ser auténticos, transparentes, honestos e innovar con nuevas tecnologías, en la forma de participar y de administrar la política partidista.

Contexto y racionalidad:

La formación de buenas políticas de Estado que generen crecimiento cultural, humano y desarrollo socioeconómico, demanda profesionalismo, sensatez y seriedad, pues es el asunto más importante para la nación en la conducción del Estado y del país en general. Hoy la administración de un gobierno local o nacional no debe estar afectada por un estéril debate ideológico y menos por narrativas propias de la demagogia, con que se acuña la dialéctica y la retórica populista.

Mediciones previas a la campaña presidencial de 2018 demostraron, con un alto grado de certeza estadística, que el 85% del mercado potencial electoral no creía ni confiaba en los políticos ni en los partidos, dejando un espacio predefinido y reducido al 15% a lo que se denomina como “las maquinarias partidistas”, y convirtiendo los comicios en una especie de “programa de telerrealidad” que se presenta durante los períodos electorales en medios y redes digitales.

¿Está la formación de políticas públicas convertida en un absurdo y patético teatro mediático?

Veamos. Desde que aquí, en contra de la voluntad popular, el gobierno de turno le abrió desde Cuba la puerta principal del Congreso a las organizaciones criminales, para que participaran a partir de 2018 del presupuesto nacional y el ponqué burocrático, todo lo que era importante para el país pasó a ser una representación escénica en la que conviven abiertamente la mediocridad profesional, la laxitud ética que caracteriza la protervia que se apoderó de los partidos, y los representantes del crimen organizado.

Hoy la gestión de los grandes órganos del Estado tiene lugar en el teatro mediático que les sirve de amplificador para la difusión de todo de tipo de narrativas lisonjeras y escandalosas.

El debate parlamentario y el absurdo forcejeo por la dominancia entre los poderes del Estado actual, en los países cuyas sociedades son objeto de una polarización severa, es una triste y vergonzosa representación bufa que sólo se compara al grotesco y ordinario espectáculo que encarna la falaz y circense lucha libre moderna, presentada en grandes coliseos y en los canales de televisión de los Estados Unidos donde, por largas horas, una pila de payasos vestidos de forma ridícula, simulan una batalla en la que se insultan y golpean violentamente; pero en realidad todo es sólo una coreografía montada para llamar la atención y atraer el morbo colectivo; un juego mentiroso donde todos al final de cada función pasan a cobrar en la misma taquilla y se van juntos de rumba a meter vicio o a beber cerveza.

El grado de cultura de un parlamento es sin duda un termómetro de la media del pueblo que representa. El debate parlamentario actual en Colombia no es la versión moderna del foro democrático griego, pero sí del salvaje circo romano.

Hoy los cuerpos colegiados se convirtieron en escenarios donde todo tipo de impostores distraen a los medios y a la opinión pública, con insultos y escándalos, mientras liban del erario, y los únicos que salen perdiendo y engañados somos quienes tributamos con cargo a nuestro propio pecunio: empresarios y asalariados privados. Flaco favor le presta al desarrollo de la sociedad.

¿Está la fútil problemática partidista, entrampada y dominada por prácticas clientelistas?

La convivencia democrática asociada a la legalidad constitucional, operada por partidos serios y éticamente estructurados sobre conceptos ideológicos compatibles con los principios de libertad y orden, en lo corrido de este siglo, degeneró en feudos partidistas netamente clientelistas, lo cual a su vez redunda en un deterioro del capital humano que gestiona la cosa pública.

En un corto tiempo, un país que históricamente era bipartidista pasó a tener 15 partidos, y hoy hay 36 grupos políticos validados para participar en los comicios, todo un gran bazar clientelista.

Al volátil inmediatismo mediático, propio de la explosión digital actual, se suma una notoria irresponsabilidad por el fichaje clientelista que tiene infectados a todos los partidos, bajo el control de quienes otorgan los avales que representan una patente de corso contra el erario, sin que existan filtros, estándares éticos o de idoneidad diferentes al padrinazgo metálico de contratistas que prepagan campañas.

Hoy son los aspirantes a cargos de elección popular los que deciden a qué bando se arriman a pedir el aval. Son ellos los mismos artistas del transfuguismo que aparentan mudar de plumaje antes de los comicios, cuando en realidad, solo se cambian el disfraz y el maquillaje, y el país vuelve y paga para ver el mismo lacónico espectáculo interpretado por los mismos payasos.

No podemos seguir consintiendo como sociedad que se avalen candidatos a cualquier posición pública, por roscas o cooptación clientelista. Hay que exigir que los partidos formen y fichen sus candidatos, como se hace en los equipos profesionales de ciclismo o de fútbol, en la selección Colombia o en el mundo corporativo.

Y como no pasa nada si inflan o falsifican la hoja de vida, se debe exigir que les hagan primero todo tipo de exámenes para comprobar su salud física y mental, sus valores y principios, sus aptitudes, capacidades, su potencial, y que les hagan firmar costosos condicionamientos de rendimiento y conducta.

Aquí tristemente la selección de los jugadores de los partidos y del equipo que gobierna el país, resulta compuesta de una nómina mediocre mezclada con cafres y oportunistas.

La política local, es como en las películas de terror donde los malos nunca mueren, y siguen controlando todo los mismos actores desgastados y algunos imberbes muñecos que se presentan a las elecciones sin preparación alguna, para responder por el encargo de representación popular.

Para que la gente engañada por el populismo y el comunismo lo tanga claro: vivimos en una cleptocracia remolcada por el resentimiento y el abuso de unos pocos, en la que, la promesa de cambio consiste en que los que llegaron al poder están pasando de ser “pobres” a ser “ricos” a cuenta de los impuestos, los ahorros, las pensiones y la salud de los que trabajan por un salario digno y de los empresarios que han puesto sus capitales al servicio de la economía nacional, del desarrollo y la generación de empleo en este país.

¿Cómo crear políticas de Estado sensatas para salir del círculo vicioso del ejercicio politiquero?

Lo primero es entender que las revoluciones destruyen, las transformaciones construyen sobre lo edificado, y que pocas campañas electorales predican continuidad, muchas hablan de cambio, cuando los cambios ideológicos sólo representan la continuidad en el enriquecimiento de pocos, a cuestas del empobrecimiento de la mayoría.

No podemos seguir sin que nos importe cómo se forman las políticas de Estado. No debemos vivir resignados a que la dirigencia política legisladora siga cómoda dilapidando presupuestos con su ineficacia, y en franco retroceso frente al avance de la ciencia y las nuevas tecnologías.

Si algo está claro es que, a lo largo de la historia de nuestra civilización, no han existido cambios ni transformaciones que no se hayan originado en un avance tecnológico, y todas las revoluciones que se refieren al control del Estado sobre las libertades ciudadanas sólo han destruido tiempo, valor, familias y vidas humanas.

Por ejemplo, si le cambiamos el sistema operativo a un computador por uno no compatible, no podremos conectarnos ni comunicarnos. Pues si cambiamos el sistema de libertades y garantías sociales y económicas, compatible con la generación de capital privado dentro de la economía doméstica, el Estado deja de ser confiable, no es compatible ni les sirve a los negocios que generan el dinero y pagan los impuestos, para que la sociedad prospere y se desarrolle.

En esta era del conocimiento, el deber ser debe estar respaldado por lo cuantitativo y por el compromiso del Estado de garantizarle bienestar a los ciudadanos, por medio de políticas de Estado sostenibles, que no estén supeditadas a discusiones dialécticas e ideológicas improductivas que polarizan y encubren agendas sectarias e intereses personales, con la llegada de cada elección.

Hoy todos vemos cómo, tras la elocuencia con que se enuncia la falsa narrativa populista, se ocultan las falencias del mentiroso discurso autocrático o totalitario contra el capital, los bancos, las industrias energéticas y extractivas debidamente tecnificadas, contra los falsos terratenientes agropecuarios que aún tenemos negocios al sol y al agua en este trópico infernal, y contra quienes por generaciones hemos creído e invertido en el país, generando empleo al crear grandes empresas, pequeños y medianos emprendimientos, comercios, servicios y producción industrial.

El poder, como el licor, emborracha y todo trono burocrático tiene una válvula que le infla el ego y la vanidad, al que lo ocupa. Pero el manejo de la cosa pública es asunto delicado, que solo produce buenos resultados cuando se conduce con sensatez, conocimientos, preparación, humildad, y sabiendo seleccionar los mejores equipos profesionales en cada ramo.

Gobernar una nación es una cuestión seria, que requiere personas de principios sólidos y honorabilidad inquebrantable, no admite demencia, indolencia, arrogancia, ineptitud, payasadas, estupideces, mediocridad, ni equivocaciones, pues la factura de su costo va directo a toda la sociedad y la seguirán pagando las generaciones futuras.

En un Estado de derecho funcional, resulta totalmente inaceptable que un jefe de Estado o su gabinete, utilicen medios de comunicación digital para amenazar y amedrentar al poder judicial y a la misma libertad de expresión de manera camorrera o mafiosa, y que ignorando que se le deben a todo un pueblo por igual, se dediquen a comprar conciencias en el poder legislativo y a engañar al ciudadano mediante narrativas ideológicas falaces tras las que esconden intereses de fama y enriquecimiento.

Por último, es crítico que se comprenda que la exégesis de la Constitución, nada tiene que ver con los trastornos ideológicos enmascarados en la demagogia populista, es asunto de la rama judicial que es la que tiene el mandato de resolver en derecho. No es competencia del jefe de Estado, quien es solo un servidor público con el encargo temporal de defender la Carta, en los mismos términos en que juró hacerla cumplir.

domingo, 7 de mayo de 2023

Corrupción

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

En múltiples ocasiones en estos últimos once años de opinar continuamente en el blog de El Pensamiento al Aire y en el canal de YouTube a través de los videos, he hablado de la corrupción, y la he descrito como el peor flagelo que tiene Colombia y el mundo, pero a pesar de ello muchas personas de las que nos leen a mí o a los otros columnistas, insisten en decir que hablamos mal del presidente Petro y no de la corrupción que no le corresponde a él.

Tendré que decir que la corrupción es un mal generalizado, enquistado en los seres humanos con mente torcida que pretenden beneficiarse ellos solos y sus compinches de los dineros que no les corresponden, que son de la sociedad en general, que tienen destinaciones específicas para realizar obras públicas, para atender necesidades de las comunidades y por ello debemos ser categóricos en afirmar que la corrupción no tiene partidos políticos, es causa de la ambición desmedida de las personas que pretenden enriquecerse rápidamente olvidando que fueron vinculados al sector público para trabajar en beneficio de las comunidades y solo para eso.

La corrupción es definida “como el mal uso del poder público para beneficio personal y privado, en detrimento del interés general”.

Hay corrupción en crecimiento por varias razones que llevan a que los ladrones, bandidos, avivatos, aprovechen la oportunidad por causas como:

a. La justicia no actúa pronto y eficazmente, absuelve lo evidente o si condena otorga casa por cárcel y ellos, los corruptos no devuelven el dinero, lo esconden y con el paso de los años vuelven a la calle como si nada; no perdieron la fama y siguen participando nuevamente en política.

b. La corrupción no es solo del sector público, proviene en muchas ocasiones del sector privado que ofrece dineros para obtener prebendas, contratos o beneficios especiales, es decir intervienen terceros que hacen posible el robo o el desvió de los dineros públicos, prorrogando contratos, realizando adiciones a los contratos, promoviendo acciones con aparente legalidad para obtener dádivas del sector privado, ejemplo las adiciones a las vías 4g, construcción de puentes, escuelas, centros de salud sin terminar, y así va uno recorriendo el país con elefantes blancos que surgieron por la corrupción y la amistad de personas del sector privado y público, es un entramado general de beneficiarse de dineros que no les corresponde.

c. No existe condena social, que en mi opinión es lo más grave, no son rechazados y continúan sus familias disfrutando de esas fortunas grandes o pequeñas conseguidas por actos de corrupción.

d. Las personas que acceden a cargos públicos, (no todas) ven una oportunidad para solucionar sus problemas presentes y futuros, no existe ética del trabajo, ni moralidad alguna.

e. Los partidos políticos, son permisivos, no investigan a los corruptos, no coadyuvan las investigaciones y pasan de agache para no ser salpicados. Como decía un gran político: “tapen, tapen”.

Existe una molestia ciudadana por el crecimiento de la corrupción, son miles y miles de casos que a diario se publican y son solo unos pocos los que terminan en condena, la mayoría se pierde porque las contralorías o la misma procuraduría, se hacen los de la vista gorda y dejan prosperar por acción u omisión el enriquecimiento de los bandidos. Consideramos y creemos los ciudadanos, que los condenados no pueden tener el beneficio de casa por cárcel, ni uso de celular, ni beneficios especiales, deben compartir con otros prisioneros porque ellos no son de mejor familia, son iguales, el delito no tiene estrato social y deben trabajar para pagarse la comida. Les garantizo que pensarán dos veces antes de meterse en actos de corrupción, porque, si hay sanciones y fuertes, posiblemente se abstendrán de realizar actos en contra del bien común.

El flagelo de la democracia es no solo el populismo presente en el actual Gobierno, sino la corrupción que hace que la gente evada el pago de impuestos porque no ve el resultado de ellos invertidos en obras de beneficio colectivo, o en mejoramiento de parques, escuelas, vías, acueductos, internet, hospitales y generación de fuentes de trabajo. Sin corrupción y gobiernos dignos todos tendremos una mejor calidad de vida.

Desde los años 90, existen procesos de corrupción vigentes que aun no terminan y los pocos que terminan no tienen grandes sanciones, ni escarnio público alguno para los que los cometieron, por lo tanto con la venia de todos recordaré esos grandes casos enumerando algunos en los que están envueltos miles de millones de pesos que se perdieron y que hoy están en el limbo y casi sin posibilidad de recuperación, llevando a que esa memoria histórica facilite que nuevamente salgan a la luz pública y no se queden en el olvido, que expliquen qué pasa con ellos o si simplemente engrosarán los anaqueles de los juzgados.

Eso es lo que ocurre a diario en Colombia y posiblemente en muchos otros lugares del mundo. No es un tema exclusivo nuestro, aunque sí está arraigado desde tiempos inmemoriales. Desde la época de la Conquista y la Colonia tenemos historias de robos, pérdidas de dinero de la corona española y condenas diversas por ese tipo de delito.

Para mí el problema está en que, en vez de controlarse, se expande a diario por todo el territorio nacional; no hay municipio, corregimiento o departamento en el que no se den graves problemas por causa de la corrupción, las obras públicas no se concluyen, los anticipos se pierden, hospitales sin terminar, miles y miles de millones de pesos que no se vuelven a ver, nadie logra recuperarlos, los beneficiarios de esos dineros mal habidos se pierden en la maraña de la contratación y los que quedan inmersos en procesos penales logran al poco tiempo salir por falta de pruebas, por vencimiento de términos, en fin por la acción de los propios abogados defensores que diluyendo el proceso, aplazando audiencias por los motivos más diversos e increíbles, obtienen el beneficio de la libertad y así estos bandidos vuelven a sus hogares a disfrutar del dinero que ya tenían encaletado en lugares donde nadie los encuentra y logran así reinsertarse en la vida civil por no ser condenados riéndose del Estado y disfrutando de dinero que no les corresponde.

Desde los grandes actos de corrupción como Reficar, los Nule, Dragacol, alimentos para los niños, edificios sin terminar, el Túnel de la Línea, contratos de carreteras que se tienen que adicionar, colegios, en fin, no terminaríamos la lista de los grandes desfalcos de este país, pero a ellos que son los de renombre nacional, se les unen a diario miles y miles de contratos donde está la mano metida de la corrupción. Por ejemplo nos podemos referir a la feria de contratos que por causa de la pandemia se han dado en nuestro país, comprometiendo elevadas sumas con contratistas que no cumplen requisitos, o por cifras más altas que cualquier mercado del país; medicinas de valor astronómico y todos esos negocios que aparecen a pesar de que en meses recientes los grandes entes de control de nuestro país, a saber la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía, se presentaron públicamente en la televisión y nos informaron de las investigaciones abiertas sobre las cuales aseguraban que de encontrarse realmente las pruebas estas personas serían condenadas y purgarían su delito.

Señores lectores, tenemos que cambiar, estos actos diarios que conducen al detrimento del erario público, están también en la justicia con el ya conocido Cartel de la toga, vendiendo fallos o embolatando procesos para favorecer a congresistas, el crecimiento de las tutelas desbordando el objeto para el cual fueron creadas en la Constitución del 91, el mismo Congreso sin ser capaz de renovarse, controlarse y extinguir el mal que lo carcome, evitando a toda costa su reducción en número de congresistas, su renovación, su no reelección más de dos veces, sus salarios, en fin, allí nace el desastre de este país y no facilitamos que triunfe la moralidad pública.

Se han intentado referendos, y nosotros los ciudadanos tampoco ayudamos. En uno de ellos faltó poco para llegar al umbral de votos requerido, en el otro, por unos pocos votos, no se logró el objetivo, y aunque se ha intentado el cambio bajo proyectos de ley, estos tampoco prosperan porque los mismos congresistas los derrotan lo que vuelve extremadamente difícil extirpar el cáncer de la corrupción.

Es increíble observar en las redes, las noticias y los periódicos, cómo salen a diario actos de corrupción, de desfalcos y pérdida de dineros del Estado; por eso cuando dicen que habrá reforma tributaria me parece increíble oírlo, no se puede aceptar, debemos exigir que se proteja el dinero de los contribuyentes que exista pronta y eficaz justicia y para ello deberían ayudar las veedurías ciudadanas y los mismos antes de control vigilando desde el origen de la contratación antes de entregar dineros, que se tenga certeza de los proyectos, de las licitaciones y de los controles, es decir, debemos tener el control de los entes antes de que se cometen los delitos, de lo contrario no justifica tenerlos. Exijamos trasparencia.

Miren pues, es triste y lamentable, la corrupción nos avasalla y nos gana por la pusilanimidad de los ciudadanos, que cada dos o cuatro años volvemos a votar por los mismos nombres o partidos y así el cambio, el verdadero cambio, no se logrará y sí facilitará que el populismo continue haciendo de las suyas en nuestro país. La corrupción es la causa de todos nuestros males.

viernes, 5 de mayo de 2023

Señor presidente, ¿dónde están las soluciones para los más necesitados?

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo

Es tal el desconcierto que hay quienes creen que Petro está tan enredado, que lo más posible es que empiece a escuchar, ceda y suspenda esa acción dañina en la que está empeñado. Por las últimas medidas tomadas a la luz del estruendoso fracaso en su intento de lavarle la cara a Maduro, en la convención por Venezuela, en la rabieta que lo llevo a terminar la coalición con los partidos y a sacar al ministro de Hacienda, entre otros, que venía actuando como el polo a tierra en las innumerables malas ideas de Petro, que están llevando al país a un punto de no retorno, otros piensan que obliga a los sectores políticos, económicos y sociales, a formar un frente común que pueda frenar esta locura.

Me resisto a creer que se nos haya agotado el ingenio y más en estos momentos; al parecer las marchas pacíficas no son leídas por Petro, que hoy amenaza con marchas violentas, que nos llevarán aceleradamente al fracaso total de nuestro país. Petro no atiende ni encuestas, ni marchas, ni periodismo nacional ni internacional, ni columnas de opinión, ni consejos de nadie que piense diferente a él.

El país se le salió de las manos y el Congreso debe tomar cartas en el asunto rápidamente o esperar a que Petro los revoque. Si no lo atajan los va a revocar para poder afincarse como dictador. Su defendido castrochavista, Maduro, así lo hizo, pero su amigo Castillo en Perú, no lo pudo hacer porque el congreso se lo impidió.

Petro está siendo totalmente injusto con todos los colombianos, especialmente con los pobres a quienes dice defender. Debería estar mostrando acciones reales y concretas de mitigación del hambre del que tanto habla en los discursos. Yo no he visto ni comedores comunales, ni reparto de mercados ni acciones conjuntas con fundaciones privadas y bancos de alimentos, orientadas a mitigar el hambre de tantas familias que no pueden tener las tres comidas diarias. Sigue distraído en radicar leyes para otorgar subsidios insostenibles, pudiendo concentrarse en soluciones sencillas y efectivas que realmente calmen el hambre de los colombianos que lo están padeciendo. ¿Será que por lo menos ya tienen detectadas con exactitud las poblaciones que urgentemente requieren la atención? ¿Será que ya llegaron a la Guajira con la comida que necesitan los niños para no seguir muriendo por desnutrición?

No me parece justo con los enfermos estar desgastando al Gobierno con una reforma a la salud, dizque para poder atender a la población campesina e indígena de los lugares apartados. No hemos sabido de brigadas de salud organizadas por el gobierno de Petro para atender los enfermos de esas zonas, pudiendo hacerlo inclusive como lo hacen tantas organizaciones privadas. No hemos visto que estén pensando en hogares de paso para llevar a los ciudadanos a tratamientos en las grandes ciudades donde se cuenta con la infraestructura, por vivir allí el 70% de la población. No entiendo para qué se le quiere entregar un cuarto del salario mínimo a los ancianos, cuando ellos lo que necesitan son hogares donde los atiendan en su alimentación, vestido, salud y les den el cariño que ya sus familiares no les dan. ¿Cuántas entidades privadas podrían si el gobierno las apoyara, aumentar los cupos en estos ancianatos o mejor, hogares para los más necesitados de la tercera edad?, ¿será que por lo menos ya los tienen detectados?

¿Cuántos proyectos productivos, sostenibles, han logrado montar para los campesinos a los que les han entregado tierras?

¿Quién está midiendo y estableciendo el costo beneficio de lo que está haciendo el Gobierno para que lo comuniquen por favor?

Señor presidente hay que pasar de la carreta y el discurso inútil, a la práctica de las soluciones sencillas y efectivas, medibles y mostrables.

Que el Espíritu Santo los ilumine; si a Petro le va bien, a todos nos va bien, pero como vamos, vamos mal todos.

jueves, 4 de mayo de 2023

Populismo clientelista y calanchín

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Primero de mayo, y en lugar de estar creando más oportunidades de trabajo, el Gobierno está empeñado en destruir las empresas que son las únicas que generan empleo sostenible.

Todo parece indicar que el país del Sagrado Corazón de Jesús ya no aguanta más, y está a punto de convertirse en el “Burdel Colombia”.

Hoy somos un pueblo indefenso a manos de una nueva clase política, populista, clientelista y “calanchina”, que parece empeñada en convertir nuestro hermoso país al comunismo y querer obligar a toda la nación a tener que transigir con la violencia de todo tipo de organizaciones criminales.

Nuestra sociedad está obligada a reflexionar y a no seguir ignorando la forma ilegítima en que se administra la cosa pública en una democracia que ya no es funcional, o terminaremos en un abrir y cerrar de ojos, en las mismas de Cuba, Venezuela o Nicaragua.

Es hora de darnos cuenta de que el país sí ha cambiado y ha avanzado en lo que va del siglo, pero lo que no cambia y va en reversa, es la forma en que se ejerce la actividad política.

Todos los Estados y los sistemas de gobierno presentan defectos como el clientelismo y unas minorías dedicadas a actividades ilegales que tienen que combatirse constantemente. Pero aquí, los partidos, los líderes y quienes conducen el Estado, en su avara ambición de poder, viven enfrascados en la falsa e improductiva discusión entre derecha, izquierda o centro; algo que sólo sirve como envoltura para un tamal politiquero fermentado que sólo produce una gran indigestión social.

En Colombia, parece que todo lo que antes era ilegal ha sido incorporado como parte de la ecuación de impunidad con que se gobierna y se administra justicia. Pocos líderes aportan al desarrollo de la nación, la mayoría anteponen al interés general su vanidosa ambición de figuración y poder, y conviven o son parte de esa cultura terrorista y mafiosa de la droga que está entreverada en toda nuestra sociedad.

Hasta el advenimiento electoral del narco-populismo del siglo XXI en las elecciones colombianas de 2022, fuimos la democracia de mostrar en la región, ausente de la volatilidad propia del totalitarismo fuimos la economía manejada con mayor ortodoxia, en un sistema de libertad de empresa y de mercados, y existió una administración ordenada de la cosa pública enmarcada en una institucionalidad que garantizaba ante todo el imperio de la ley, en un Estado de derecho relativamente funcional.

Como sociedad nos confiamos y permitimos que la tiranía de las ideas comunistas disfrazada de socialismo se aliara con la politiquería calanchina y con el narcoterrorismo, y se tomaron el poder por la vía democrática.

Repugna la falacia con que salió hace unos meses un alto diplomático extranjero, al aterrizar de barriga en la cultura de este trópico criollo, cuando dijo tan tranquilo que: “él veía, que el nuevo equipo que gobierna el país está compuesto por funcionarios bien intencionados y que están tratando de mejorar el país desde la política”. ¿Seguirá hoy ese míster pensando lo mismo?

Ojo, señores de la nueva ola diplomática mamerta y permisiva, que los hechos en Colombia demuestran los resultados del total desgobierno. No nos engañemos, la región entera está asechada por una minoría ladrona e insensata, obnubilada con el comunismo que ya hace varias décadas se nutre del narcotráfico y otras actividades ilegales altamente lucrativas.

En Colombia, el liderazgo oficial se encuentra empeñado sirviendo de garante a toda suerte de organizaciones criminales, mientras el resto de la política colombiana está extraviada en el bazar inmediatista de los egos encefálicos de todo tipo de ex, y en el transfuguismo partidista.

Muchos extranjeros preguntan ¿cómo fue que en Colombia permitieron un sistema autocrático que controla la aprobación de las leyes y tiene enmudecida y coartada la justicia, neutralizadas las fuerzas armadas, anestesiadas las instituciones y la tan cacareada sociedad civil?

¿Cómo es que los cargos públicos los estén llenando de personas cuestionadas y de criminales fraudulentamente indultados?

¿Por qué los gremios parecen complacidos con que imperen todas las modalidades delictivas conocidas en materia de administración pública, y con el deterioro acelerado de la seguridad ciudadana y de las condiciones sociales y económicas que debe garantizarles el Estado a las personas naturales y jurídicas que cumplen sus obligaciones?

Pero hay más. Es claro que quien se eligió con un discurso populista ofreciendo un cambio, mintió, y hoy le quiere imponer a toda la ciudadanía un Estado caótico, que moralmente en nada difiere del vergonzoso turismo del vicio y la pederastia por el cual ya estamos marcados como destino preferido de toda suerte de degenerados en el ámbito mundial.

Hoy, cuando gracias a la evolución de la información y a la tecnología se sabe a ciencia cierta qué decisiones y qué acciones son efectivas para el bien común y el interés general de la ciudadanía, hay una desconexión total de la clase política con las realidades de la gente; siguen entrampados en discusiones ideológicas caducas y contrarias a las mediciones que arroja el conocimiento.

¿De qué le vale a la sociedad la verborrea con que luchan entre una izquierda democrática enredada en las garras de un populismo corrupto y una derecha democrática acusada de fascista por una izquierda extrema que le da pena mostrar su cara comunista? Recordemos que nazismo y fascismo, fueron movimientos originados en el socialismo de comienzos del siglo pasado y que al igual que Rusia, China, Cuba, Nicaragua y Venezuela, se convirtieron en dictaduras totalitarias.

Entre tanto lo que ocurre con la mayoría de los gobiernos de la región bajo la denominación de izquierda hispanoamericana o socialismo del siglo XXI, es sólo una careta o piel de oveja que oculta los colmillos del lobo comunista totalitario que habita en quienes como lo hicieron antes el Che Guevara y los Castro, Chávez, Diosdado y Maduro, Ortega, los Kirchner, Boric y ahora Lula y Petro, traspasaron hace tiempo el lindero que hay entre el bien y el mal, al crear condiciones de impunidad para los sanguinarios que han cometido crímenes de lesa humanidad escondidos tras un disfraz ideológico.