viernes, 6 de febrero de 2026

De villanos, ladrones e indefensos ante la sorda cobardía institucional

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

“La honorabilidad del Estado no reposa en las leyes, sino en quienes las hacen cumplir, cuando fallan las personas a cargo, falla el sistema”. Lo dice el erudito jurisconsulto doctor Mauricio Gaona al dar la alarma sobre la emergencia institucional propia de un vacío de responsabilidad de quienes tienen a cargo la custodia constitucional.

Advierte que la siniestra secuencia del populismo que llega al poder, se transforma en autocracia y luego consolida el cambio de modelo a una dictadura constitucional por medio de una asamblea constituyente, aduciendo que hay que cambiar la constitución porque permite la oposición política, o porque el orden público está alterado; claro, a causa de su alcahuetería con la criminalidad.

Dice Gaona: “Es el carácter de quienes lideran las instituciones, gremios y asociaciones, lo que sostiene el sistema democrático”. La voluntad general debe ser la suma de las voluntades individuales de hacer lo debido. Entonces la misión de los directivos es impedir que el ejercicio político utilice la degeneración de la democracia en autocracia como herramienta para que continúen en el Gobierno falsos defensores de los derechos humanos afines a las organizaciones criminales.

Ya tuvimos con Santos el primer cambio ilegítimo de la Carta disfrazado de proceso de paz, ignorando el mandato del constituyente primario, otorgándole impunidad y derechos políticos a los criminales de lesa humanidad bajo la noción de “conflicto armado” que da paso al “estatus de beligerancia”, al “derecho de rebelión” y a la “conexidad de delitos” cuando se aduce que se comenten por razones ideológicas.

Lo más grave es la caída cíclica de la autoridad moral y ética de quienes deben tomar las decisiones viendo que se quiere alterar conceptualmente la ley cuando se rompen los preceptos que constituyen los límites normativos dentro de los cuales debe funcionar un Estado, usando la ficción de que el poder popular está representado por una figura presidencial, que se excede de manera abierta e ignora el principio de la legitimidad de la función pública.

El populismo acomoda la historia alterando la responsabilidad ideológica de las acciones subversivas en el tiempo mediante la manipulación de la narrativa para validar que caiga el sistema constitucional, dejando a la nación expuesta a la desesperación de la fuerza por no haber sido capaz de defender la libertad y el orden como esencia del pacto social.

Las salvaguardias de la democracia son la supremacía constitucional y la separación e independencia de poderes evitando la interdependencia política entre los mismos. Cuando la Constitución se acomoda a la voluntad de un presidente: un país está bajo una dictadura, se pierden las libertades, el orden y el respeto a la ley.

Lo que está pasando es que vamos a una forma totalitaria de manera diferente a lo que fueron las dictaduras militares del siglo XX; hoy se instaura una dictadura poniendo la ley al servicio de la política, y no está al servicio de la ley, lo que arruina los sistemas de control de la democracia.

Estamos a punto de que se reemplace lo que queda de nuestro ordenamiento constitucional y se consolide en las narices de la sordera de los partidos, los gremios y de los que viven de las rentas y la burocracia estatal. El sistema del SSXXI: un modelo cleptocrático, narco-comunista violador de derechos humanos.

Vivimos en la era del conocimiento digital y hemos tenido un país laborioso con gran capital humano y profesional, pero estamos gobernados por mentes análogas, sordas, retrógradas, mediocres, incapaces, retorcidas y dañinas.

Estamos al borde de ser un Estado fallido, de entrar a una cesación de pagos y, en estas elecciones, podemos terminar sin gobernabilidad cuando hay formas legales para cambiar al presidente que es el problema y no a la constitución.

Somos uno de los grandes productores de vicio del mundo y tenemos que orientar la formación de políticas públicas a erradicar la producción ilícita de minerales, cocaína y el narcotráfico, repatriar, retener y capacitar el capital humano, proteger el agua, el sistema andino - amazónico e incentivar los medios de producción lícitos para poder salir de ese círculo perverso de la droga que solo crea ilegalidad, violencia y capitales ilícitos que corrompen el derecho constitucional.

Si consigue estar bien administrada, por muchas razones Colombia es uno de los países de ingreso medio con mayor futuro en lo que queda del siglo. Cuidemos en esta elección las libertades, pues los países sin empresas privadas entran de cabeza al caos, la degradación y la miseria, no pueden funcionar ni crecer, y por eso la gente se tiene que ir a otras naciones que ofrecen oportunidades.